Yo sé muy bien que estás en Primavera y los rosales trepan tu ventana... Y sé también que una rosa temprana presta su olor a aquélla fiel gerbera.
Las flores, siempre encuentran la manera de brillar a la luz que, soberana, alumbra su color cada mañana, lo mismo que mi sombra se hace espera.
Se apagó la canción y tu mirada... Si triste sonreía, ahora se ha ido. ¿Dónde estará? Mi alma atormentada
sufre el vacío pleno, aun perdido, como una barquichuela en tierra anclada, y no deja de amar lo que no ha sido.
II
SÓLO ESPERO LA NOCHE
Ya nada espero -ni busco- y dejo al tiempo huir vacío al limbo de las horas, donde la nada se funde con la nostalgia y la tristeza. Siento el frío que baja de las cumbres y se desposa con el silencio, que grita dentro de mí y oscurece mi vida. ¡Quisiera volar...! Poder cruzar el Mar y, en un segundo, estar -sin ser- donde habita la esencia y brilla la palabra. ¿Cómo será? ¡Si ya mis alas, sin nervio y abatidas, no pueden soportar el peso de mi alma, que convulsa se agita dentro de mí...! Estoy aquí. Sólo... estoy solo. Nada busco, ni pido. Nada espero. Solamente la noche, cuando entre las nubes alguno de sus rayos de luz descansa sobre los hierros de mi ventana.
III
ADIÓS... SIN EL CORAZÓN
Si la vida en espera es ya la nada y al corazón inunda el sentimiento; si, cuando ya no hay nada, el sufrimiento deja el pecho vacío y, ni una almohada
puede absorber el llanto, atormentada gime el alma, que no encuentra cimiento, ni calma, ni sosiego... Ni un momento se libra del vacío, ensimismada.
¡Terminó la canción...! Ya nunca el canto tornará en melodía mi suspiro. Sólo -frío- el adiós tendió su manto.
Nada veo a mi paso, y lo que miro veo sin ver... Haber querido tanto ha agotado mi aliento... No respiro.
¡Qué diferencia...! ¡Cómo suena la música -la buena- "en vivo y en directo". ¡Qué diferencia con la "enlatada", por buena pueda ser la "lata", o el envase. Otra vez, y mil, se puede comprobar que todas las cosas, como los frutos naturales, en su propia entidad substantiva, tal y como nacieron para cumplir su destino, son los que verdaderamente nutren y alimentan, sin ningún aditamento nocivo.
He tenido el placer de asistir, este pasado Jueves, día 5 de Noviembre, al 1er Concierto de los Ciclos musicales de la Comunidad de Madrid 2009-2010, que hasta el próximo 23 de Junio, ya entrado el Verano, ofrecerá en el Auditorio Nacional la Orquesta Sinfónica de Madrid. Caminaba yo ese día, ya a punto de anochecer, hacia el Auditorio con una falsa, o al menos aparente "sospechosa" duda, sin duda todo ello fruto de mi analfabestismo musical, que continúa siendo amplio, tanto en profundidad como en extensión. Ciertamente, la Música es, o me parece a mí, inabarcable y, si me lo permiten, incomprensible. Algo que , en su dimensión y objetivo final, no puede ser obtejo de conocimiento sino de sentimiento. Pero, por una parte, aquel compositor, con el que iba a iniciarse el concierto, para mí en aquellos momentos prácticamente desconocido -G. Gombau, decía el Programa- y aquella obra suya: "Don Quijote velando las armas", me causaba la falsa impresión de ir a escuchar una monserga de ruidos, dodecafónicos o no, o más bien "de cacharrería", como esos con los que nos obsequian los nuevos rectores de Radio Nacional (Radio Clásica), en 96.5 de FM, tras su inicialmente anunciada "revolución musical", que yo tuve tristemente ocasión de escuchar cuando la anunciaron, bajo el "leiv motiv" de que la música clásica era para todos, para el pueblo, lo cual es verdad, y estoy de acuerdo en ello, pero no a base de entender por tal lo que estos señores socialistas, o íntimos amigos de ellos -de los bárbaros que mandan y desgobiernan ahora, y que sin duda extienden a todos los ámbitos sus torpes tentáculos como un pulpo gigante- piensan o creen que es la música clásica. Ejemplo aleccionador: Ni se cómo se llama (porque apago la radio inmediatamante), sin soportar un segundo tal bazofía, esperpéntica y pretendidamente musical, que emiten estos energúmenos antes del Programa "Ars canendi". Menos mal que tampoco han retirado este último Programa, como hicieron con "La Noche Cromática", porque ciertamente será para musicólogos eruditos y especilistas en el bel canto, pero necesariamente ha de tener su lugar. Y hace ya mucho que, en la indicada emisora musical, no he podido volver escuchar a los grandes de verdad, sustituidos por una caterva de segundones, al estilo propio -en la música como en todo- de los peores de cada casa y de cada cosa, que son estos señores que ahoran mandan en España.
Pero, en esta ocasión, era mi propia incultura musical la que me hacía albergar tal sopecha. ¡Que torpe e infundado temor! En primer lugar, aunque de modo precipitado y entre candilejas, pude saber, gracias a las Notas al Programa, que "G. Gombau" no era ningún francés, sino un español nacido en la académica Salamanca en el año 1906. La "G" inicial tampoco era la de "Gastón", Gérard, Gerôme, Gilbert ni Grégoire, no, aquella "G" era la de Gerardo. Gerardo Gombau había nacido en el mismo año y en la misma Ciudad en la que Don Miguel de Unamuno había escrito su "Vida de don Quijote y Sancho", acontecimiento literario que muy probablemente comentó el maestro con el padre de nuestro músico, don Venancio Gombau, fotógrafo salmantino aficionado a la Ópera, con el que parece ser conversaba frecuentemente don Miguel. Naturalmente, esto en nada podía influir a levantar el ánimo de mis sospechas, puesto que, ni todos los españoles son "toreros", o "gallegos" aunque vivan en la Argentina, ni todas las francesas son tan descocadas como sugiere Miguel Miura en "Ninette y un señor de Murcia". Y, por la misma razón, ha habido enormes, excelentes músicos franceses, que no es necesario recordar. Sin embrago, el poema sinfónico "Don Quijote velando las armas", de Gerardo Gombau, no desmerece de ninguno de ellos y sus obras... Es una gran obra orquestal, a mi humilde juicio de las pocas que pueden constituir lo mejor del sinfonismo español, en la que el oyente, hasta el más inculto como yo mismo, siente desde el primer momento un divino fervor especial y ya, por momentos, puede ir "viendo" tanto al Caballero de la triste figura, en la aureola de sus meditaciones más sublimes, como a su amada Dulcinea del Toboso, idealizada por Cervantes, hasta convertir a una humilde y tosca aldeanan en la más hermosa de todas las criaturas terrenales. Dice Andrés Ruiz Tarazona, en sus "Notas al programa" de este concierto, que el poema sinfónico de Gombau parece inspirado en el Capítulo III de la Primera Parte del Quijote, y que Unamuno, en su obra literaria, quiso resaltar "el hecho de que Don Quijote hubiera sido armado caballero por un bellaco y dos rameras... las doncellas Tolosa y Molinera, de Toledo y Antequera, respectivamente, a quienes otorgó se antepusieran el honroso Doña a sus nombres". Sin embargo, mientras escuchaba esta bellísima música, en algún momento particular de sus acordes, como una de esas asociaciones de ideas tan libres y espontáneas que ni un mismo puede explicar ni controlar, "sentía" yo, por mi cuenta, que estaba leyendo a Unamuno cuando dice, tampoco recuerdo la página ni me he molestado en buscarla, que, al morir, es cuando Don Quijote recobra la razón y con ello reniega y se arrepiente de todas sus locuras de caballero andante. Pero entiende Unamuno -y esto es lo significativo para mí- que pese a ello el quijotismo no muere. Y no se acaba, tan sólo, porque allí, junto al lecho de muerte de Don Quijote, está Sancho, el materialista, el que no podía comprender los ensueños de su señor. Y es él, el receloso y desconfiado Sancho, el sensato y pragmático Sancho, el que precisamente hereda la divina locura de su amo, al exclamar: "Mire no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como lo tenemos concertado: quizás tras de alguna mata hallaremos a la señora Dulcinea desencantada, que no haya más que ver." Y dice Unamuno: "Consérvale a Sancho su sueño, su fe, ¡Dios mío!, y que crea en su vida perdurable y que sueñe ser pastor allá en los infinitos campos de Tu Seno, endechando sin fin a la Vida inacabable que eres Tú mismo; consérvasela, ¡Dios de mi España! Mira, Señor, que el día en que tu siervo Sancho cure de su locura se morirá, y al morir él se morirá su España, tu España, Señor". ¡Oh, Don Miguel, maestro tan querido y admirado...! Tú, ya te fuiste también -va a hacer dentro de muy poco exactamente 73 años, desde aquel último día del terrible 1936- pero, si ahora vivieras, albergo la gran duda de si no pensarías también que, acaso, ese fatal día ya ha llegado. A nosotros, los españoles, que somos lo único malo -lo peor- de España, tan sólo nos queda la esperanza de que, en el futuro, en lugar de esta hedionda masa, roma y atrofiada, enferma y moribunda, surja una nueva semilla de seres humanos, tan españoles como tú, aunque a los de tu tierra no les guste que lo fueras, ni ellos quieran serlo... Al menos con un poco, una sola brizna, del mucho talento que animó a Gerardo Gombau. Luis Madrigal.-
Lamentablemente, en esta ocasión, no he podido encontrar ninguna muestra de la obra de Gombau "Don Quijote velando las armas", pero sí el I Tema del "Don Quijote" de Richard Straus, op. 35, que también fué ofrecida íntegramente, asi como la Octava Sinfonía de Dvorak, todo ello bajo la dirección del laureado maestro Jesús López Cobos.
Tantas horas de espera, y nunca vienes... Siento un vacío que deja seca mi alma, sin suspiros de olas y sin rosas; sin un puente de tablas, que salpique la espuma que se alzaba hasta mis ojos. ¡No hay corazón, ni piedras, ni tesoro que guardar en un cofre de plata...! Solo hojas secas... Sólo silencio y nada...Sólo el viento, que aulla a veces con el alba, me dicen que tu amor está muy lejos y no puede cruzar el Mar... Ni canta...
Una cola -o dos y hasta varias al mismo tiempo- es, o son, generalmente, una larga fila india de personas que discurren pesadamente hacia una ventanilla, o mostrador. Inútil ser riguroso con la definición académica: "Hilera de personas que esperan vez". ¡Eso!. ¿Quién dá la vez? ¡Qué asco!. Yo, desde siempre, me he negado a pronunciar tal adocenado formulario. Como dice un viejo y buen amigo mío, prefiero ser "trece en docena". A veces, la omisión de tales palabras casi sacrales, en una maldita cola, me ha costado muy caro, porque, tras aguantar un buen rato, casi siempre de pie, nadie me había dado "la vez" y he tenido que recurrir a referencias o circunstancias coetáneas al momento de mi llegada respecto a quienes allí padecían el suplicio. Volviendo al academicismo, la expresión "hacer cola", hasta ha sido recogida en el Diccionario RAE y consiste en "esperar, formando hilera con muchas personas, para poder entrar en una parte o acercarse a algún lugar con algún objeto". Debe subrayarse la palabra "muchas" como elemento o requisito esencial de la definición. En cuanto al objeto, la consiguiente ventanilla o mostrador, puede ser la de un Banco -una entidad financiera, quiero decir- para los ciudadanos de segunda que simplemente efectúan operaciones de la misma índole, para lo cual no necesitan, ni merecen ser recibidos por el Director en su despacho, entre cortinas, butacones de piel y suave penumbra. Esto queda reservado a los ciudanos ricos, aunque sean unos patanes de los que se rascan las espalda en los restaurantes con la pala del pescado, porque acaba de tocarles la Lotería, o bien se han hecho millonarios apretando tornillos, rellenando botes de aire o de alguna otra manera similar y mucho menos honorable. Es decir, robando a diestro y siniestro (generalmente a "siniestra", o más bien desde ella). Estos últimos, nunca hacen cola, porque para ello disponen de quien la haga por ellos. Ya sea para sacar las entradas del cine, teatro, futbol o corrida de toros. Incluso, a veces -¡oh milagro!- hasta para visitar un Museo, con ocasión de alguna exposición extraordinaria o especial, aunque nunca jamás -eso es imposible- para entrar en una Biblioteca. Para esto, nadie hace cola.España, cuando yo nací, que era pobre y destartalada, también era ya un país de colas. Entonces, dicen que el fenómeno se debía a Franco y al hambre de la post-Guerra. Recuerdo aquellos establecimientos oficiales de mi niñez, en León, que se habían dispuesto (además de la tristemente famosa Comisaría de Abastecimientos y Transportes, "ABASTOS") para suministrar alimentos básicos a los sufridos españoles... Hasta recuerdo sus nombres, creo. Uno de ellos, se llamaba O.R.A.P.A., según me parece. Otro, S.E.R.P.E. Nadie me pregunte por el significado de las siglas. Jamás me interesé en ello, pero ahora simplemente las recuerdo como a quien asalta una vieja pesadilla nocturna, en las que nos persigue un toro y no podemos correr sin que por ello tan fiero animal nunca nos alcance, lo que quintaesencia y multiplica la fatiga y el sufrimiento. ¡Por fin, uno despierta y recupera la tranquilidad y el sosiego! Pero, esto de las colas, no se acaba nunca, parece ser. Y quién sabe si al fin terminarán algún día, cuando todos los ciudadanos del mundo puedan conectarse a Internet desde su casa, incluso para votar en las elecciones (ya sean legislativas, municipales, autonómicas o europeas) ese ejercicio tan inútil, se haga cómo se haga, o bien se haga o no, ya que consiste en hacer el paripé, Esto es, en elegir a las personas para distintas atenciones en teoría muy importantes y excelsas, y que aquéllas nos conduzcan después al caos, al aburrimiento, al vacío y al desorden más absoluto, cuando no a la pobreza y nuevamente al hambre.En estos últimos días, precisamente, y casi va ya para un mes o más, las colas más repugnantes, injustas, arbitrarias, fruto de un acto de despotismo y prepotencia, son las que ha organizado el Exmo. Ayuntamiento de Madrid, por no decir directamente su Alcalde, don Alberto Ruiz Gallardón, hijo de su difunto padre y persona, en apariencia brillante y ecuánime, pero está visto que mucho menos de lo que parece. Desde luego, la causa de estas colas municipales -que en realidad son postales- no creo que haya sido establecida por Bando, que es el instrumento propio de un Alcalde para disponer una norma jurídica, tanto como cualquier otra, aunque la última y de ínfima categoría en el rago normativo. El Bando ni figura siquiera en la famosa pirámide del profesor Kelsen. Yo no sé cómo habrá sido, porque aunque soy del oficio -triste oficio, cada vez más triste- nunca he sido ni soy especialista en la materia, esa rama tan secundaria, por no decir espúrea del Derecho y, más aún, del llamado Derecho Muncipal. En general no tengo la menor confianza en ninguna de las llamadas Administraciones públicas. No en vano, ya dijo un gran administrativista, en el prólogo a uno de sus tratados, que el adjetivo pública, cuando se aplica a una mujer cobra automáticamente un sentido manifiestamente peyorativo, pero si se aplica a la Administración, supera las cotas más elevadas del mismo sentido. Tristemente, pese a las sublimes palabras de Alexis Toqueville: "El hombre crea las Repúblicas y los Principados, pero el Municipio parece salir de las manos de Dios", últimamente, tan primaria y singular institución se ha convertido en España, ya sean grandes o pequeños los Municipios y sus correspondientes Ayuntamientos, no sólo en una jaula de grillos, sino en una institución especialmente especializada, sirva la redundancia, en no cumplir los fines y las obligaciones mínimas para cuya realizaciçón existen. Esto último, más bien sucede en los Ayuntamientos pequeños, pese a que ahora ("demasiadas torres para tan poco viento", como diría alguien muy importante, creo que fué Góngora a Lope, o al revés, no recuerdo muy bien), el Ayuntamiento de cualquier pueblucho se haga llamar "Excelentísimo Ayuntamiento de".Uno de los que se caracterizan más acusadamente por el incumplimiento sistemático de lo que la vieja Ley de Régimen Local llamaba "obligaciones mínimas municipales", es el Excelentísimo Ayuntamiento de Las Navas del Marqués (Ávila), fundamentalmente en lo que se refiere al Barrio o "Colonia" de la Estación, cuyos vecinos moradores satisfacen igualmente los impuestos y exacciones correspondientes, pero, según dicen que dice el -supongo también "Excelentísimo"- Sr. Alcalde, él no hace nada de nada bajo el argumento sumamente antijurídico y anticonstitucional, de que en aquel distrito nadie vota, y por tanto nadie puede votarle nunca a él. Y también este pequeño municipio, no sólo el de "Mega-Madrid", ha incrementado ahora, arbitaria e ilegalmente, una tasa, llamada de "Basuras", cobrando pingües cantidades. El de Madrid, ciertamente, sí que los presta, a diferencia del ya citado de Las Navas del Marqués, pero no fundamenta su coste y en las tasas eso es capítulo esencial, el del cálculo y razonamiento del coste del servicio prestado. Pero el caso de Madrid (no voy a penetrar en la ilegalidad de base y de fondo del asunto, que me parece especie menor) es mucho más grave y doliente. El Ayuntamiento de la Capital de España, está enviando, uno a uno, a los propietarios de fincas urbanas, por correo certificado con aviso de recibo, un requerimeinto de pago de tal tasa, arbitrariamente desgajada del I.B.I., en el que se encuadró siendo Alcalde de la Capital don Enrique Tierno Galván, asimismo con muy deficiente técnica jurídica. Y como, normalmente los requeridos no se encuentran en sus casas a la llegada del cartero y el servicio público de Correos (y antes Telégrafos) no funciona desde la nefasta UCD, las colas kilométricas, que discurren además entre peligrosas escaleras, en la Sucursal o Estafeta núm 20, de la Calle Alcalde López Casero, están a punto de causar alguna desgracia humana, en tanto las gentes se estrujan como si se tratase de cucarachas, que es por lo que toman los políticos a los ciudadanos, aparte de paralizar el resto de los servicios postales. Para eso está el Ayuntamiento de Madrid, además de para endeudarse caprichosamente tratando de organizar los JJ.OO. En este caso, además de injusta y arbitraria, la medida municipal es abiertamente cruel. Circulan en Internet diversas muestras de recurso, todas ellas aceptablemente fundadas, pero lo que ninguna de ellas dice es que ningún recurso puede suspender la ejecución de un acto administrativo, ni que, para ello, para que pueda operarse la suspensión, es legalmente preciso prestar caución, es decir garantizar, normalmente mediante aval bancario, el importe de la tasa. Quienes dispongan de dinero, desde luego, pueden permitirse el lujo de que, de momento, tal importe no ingrese en las caprichosamente resecas arcas municipales y si, en este mundo hubiese justicia, no llegaría a ingresar nunca, porque los Tribunales de Justicia, por infinidad de razones, se encargarían de ello. Paciencia, queridos madrileños. Este señor, tan híbrido y "zigzagueante", a mí no me ha gustado demasido nunca, pero cada vez me gusta menos. Espero que de una vez le expulsen del Partido Popular y se vaya con sus amigos y parientes socialistas. Me declaro abiertamente "esperantista", aunque tan sólo pueda ser para poder entendenderme, en ese proyecto de lengua universal con los ciudadanos noruegos, nacionalidad que estoy a punto de solicitar, a fin de que el Sr. Alcalde Madrid, no me convierta en una cucaracha estrujada contra las demás, las cuales, a riesgo de despeñarse por una escalera, sueltan venablos contra su necia Autoridad... Si es que no me acojo antes a la doble que me brinda mi querida Argentina y me voy a vivir a Buenos Aires... Quizá, mejor a Córdoba. Mucho mejor. Luis Madrigal.-
En la imágenes de arriba, diveroso tipos y clases de colas.Junto a una bella canción mejicana
La Festividad, tan clásica, y tan inexacta en la consideración popular, en España, de acudir en masa a los cementerios para recordar a los que se fueron, en lugar de hacerlo hoy, Día de Difuntos, ha pasado un año más. Seguramente, todavía habrá muchas personas, de entre las creyentes, que se pregunten -o no- o bien no acierten a entender que es eso de "los santos", además de "nombres" para designar a las personas, para nominarlas, podríamos decir ahora con toda propiedad, porque, en buen castellano, "nominar" es precisamente eso, "poner" o "imponer nombre" a algo, especialmente a las personas, aunque también a los animales o a las cosas. Y no como en esos horribles repugnantes juegos o concursos de la TV, en los que se dice -se mal dice- "nominar" a los concursantes, pretendiendo decir que se les designa para algo, generalmente para abandonar el estúpido juego o experimento, entre gentes de la más baja estofa y degradada condición humana. Ejemplo sumo del fenómeno, ese asqueroso y maldito juego, obsceno y procaz, abiertamente inmoral y sobre todo de pésimo gusto, llamado "Gran Hermano", que anima y alimenta una mujerona vieja y fea, llena de costurones y arrugas, pero sin duda de muy baja categoría humana, al prestarse a semejante desvergüenza pública simplemente porque le llenan los bolsillos de dinero. Con los santos, de momento, aún no se hacen estos experimentos de escarnio, que naturalemnte serían blasfemos. Simplemente el nombre que tuvieron, se usaba antes -ya casi tampoco- para ser utilizado también por otros seres humanos, con el propósito de que pudiesen imitarles en sus virtudes y en su santidad. Ahora ya no. Ahora, se impone a los niños, cuando nacen, nombres que nada tienen que ver con los santos, y de tal guisa se les llama -a las niñas- "Coral", "Jazmín", "Preciosa", o "Cielo" (sin ninguna connotación sobrenatural o teológica); bien se utilizan los árabes "Aixa", "Soraya" o "Zaida"; los florales "Amapola" o "Camelia", cuando no se hace uso de esa sarta de nombres ingleses, sobre todo si pertenecen a famosas actrices o modelos, "Davinia", "Abie", "Ashley", "Audrey", "Brenda" o "Carrie". Los niños, tampoco "se van de rositas" a la hora de atribuirles nombre, siendo significativas y ya famosas las "cosechas" propias de la moda. En efecto, en otra dimensión menos sacral, o más laical, hay nombres de época, por puro modismo o ireflexivo y maniático propósito, entre las gentes que no pueden resistirse a ello. En particular, pasó ya hace muchos años, la "cosecha" de los "Javis", pero recientemente, hace no muchos menos, se produjeron unas "añadas" insistentes y contumaces de "Sergios" y más tarde de "Adrianes". Exactamente, no se por dónde anda la moda en estos momentos, pero estoy seguro de que se habrá inventado algo al respecto. Extraño fenómeno, aunque inocuo y sin peligro social alguno. Desde luego, lo que casi nadie se llama ya es "Emilio" o "Julio", ni mucho menos "Dolores" (por aquello de que podría asimilarse a "Picores" o "Escozores") y parecen haberse terminado para siempre las "Ascensiones", "Asunciones", "Encarnaciones" o "Purificaciones"... La verdad es que, tal hecho, carece por completo de toda transcendencia.Lo esencial, porque esto es lo único que no pasa, es que "los santos", en el sentido más exacto de lo que son y representan, han de servir para mucho más que, simplemente, para recordar con su nombre a otros seres. Posiblemente, nadie debería ser declarado "santo", ni puesto en los altares ni en las estampitas. Eso es al menos lo que yo siempre he intuido y en estos momentos pienso con mayor convicción personal. Porque "los santos", no son otra cosa, sino -por vía de ejemplo- unos cristales tan perfectos, tan puros y limpios, que se limitan a dejar pasar la luz a través de ellos. Naturalemente, la Luz, la única que puede iluminar todas las sombras, todos los arcanos de la existencia y del misterio del hombre. Y eso... tan sólo Dios, el autor de la luz, puede saberlo. No me fío de los cánones del Codex que regulan "las causas de los santos", ni tampoco mucho del "promotor de la fé", vulgarmente llamado "el Abogado del Diablo". No, sinceramente, no me fío nada. Monseñor Escrivá de Balaguer, es ya santo hace algunos años. En cambio aún no lo es la Madre Teresa de Calcuta... Y no hay congregación o "cofradía" que se precie de algo, que no ande buscando con paciencia, esfuerzo y alguna otra cosa bastante lejana a la santidad, la declaración de santo de su fundador o fundadora. A este paso, hasta podría terminar siendo "santo" este señor, llamado Kiko Argüello (además Kiko con "k"), que anda por ahí con una guitarra bajo el brazo y que, aparte de ser un pésimo pintor de iconos insulsos y de mal gusto, está "barriendo" y haciendo adeptos a "magnis iteneribus" entre gentes de más que elemental cerebro, más o menos lo mismo que la vidente de El Escorial, que asimismo resultaría siendo "santa". Ya, en otras ocasiones, me he referido al fenómeno en este mismo indocumentado y seguramente desvergonzado Blog. Pido perdón a quien proceda, pero eso es lo que pienso. Por ello, quizá esta Fiesta innominada particularmente, en cuanto a la santidad de nadie, y ampliamente generalizada respecto a la de quienes de verdad la hayan alcanzado (Dios lo sabrá), me parece una excelente ocasión de pedir su intercesión, porque sin duda, y no sólo precisamente 144.000 (otra interpretación que ha conseguido millones de dolares en el mundo, a base de tocar el timbre por las casas) son los que allí se encuentran, con sus vestiduras blancas, lavadas en la Sangre del Cordero. Sin duda, hay muchos más, por no decir que casi todo hombre nacido de mujer. Ellos son quienes pueden acordarse de nosotros y, por sus méritos y la Misericordia de Dios, librar del abismo de la nada, el hastío y la perversión, a esta pobre Humanidad doliente. Ellos, desde luego, no pudieron llegar hasta el estado que eternamente poseen, sin la ayuda amorosa y también misericorde de la siempre dulce Virgen María, la Reina de todos ellos, y cuyo melodioso nombre arameo significa "Inmensa como el Mar". Dios te salve, María, Reina de todos los Santos. Luis Madrigal.-