martes, 18 de abril de 2017

ORACIÓN A CRISTO RESUCITADO




DAME, SEÑOR, LA LUZ


¡Dame la Luz, Señor...!
Que he de andar en la noche,
tan oscura, Dios mío, y tan incierta.
Haz que mi alma, al fin de paz cubierta,
no merezca al juzgarme tu reproche.
Hazme sentir, ahora que estoy vivo,
la certerza que tú, Jesús, eres la vida
y, por ello, jamás sentir la herida
de mi muerte podré... Será festivo el día.
Hazme vivir, Señor, si yo sintiere
que nunca he de morir eternamente;
que siempre viviré, tan dulcemente,
si siempre, junto a ti, por ti muriere.


Luis Madrigal




viernes, 7 de abril de 2017

UN ÁRBOL SAGRADO, EL AZUFAIFO





EL ÁRBOL DEL EREMITA 


El Diccionario de la Real Academia Española describe el término "símbolo", como  "elemento u objeto material  -cualquiera fuere, hay que entender-  que, por convención o asociación, se considera representativo de una entidad, de una idea, de una cierta condición, etc." En este sentido propone, a continuación dos ejemplos, sumamente citados al respecto: El de la bandera, representativo de la patria y el de la paloma, que es el símbolo de la paz. Evidentemente, los ejemplos no son limitativos sino meramente enumerativos y hasta enunciativos. Sin embargo, habría que considerar si, hoy en día, los símbolos propuestos son los más indicados. La patria, toma como referencia un paño bordado, serigrafiado, estampado o estarcido en un tejido (en francés, a la bandera se la llama "drapeau", siendo la raíz "dra-p", paño, por lo que en castellano podría significar simple y literalmente sólo eso, un "trapo"). La paz, pretende asemejarse a un animal que, últimamente, apesta nuestras ciudades, pudiendo ser causa de infecciones o endemias. Por eso se les ha llamado, también últimamente, a las palomas, "las ratas del aire".

Parece, pues, que los dos instrumentos materiales propuestos por la Academia para simbolizar los dos magnos y sublimes sentimientos ya indicados, no resultan demasiado apropiados al respecto. Pero, al margen de todo objeto material -las cosas- también las ideas o los sentimientos pueden ser simbolizados, creo yo, a su vez, mediante otras ideas, o incluso abstracciones que puedan establecer una cierta relación de semejanza o similitud. Indudablemente las abstracciones, seguirían, en sí mismas, el mismo interminable camino difusor, un camino hacia lo incomprensible;  o causarían el efecto de que lo representado y el símbolo representante, serían el mismo o lo mismo, conduciendo en el orden lógico a verdaderas tautologías, Y eso, no puede ser.

Por ello, tratándose de las cosas corporales del mundo exterior, incluidos los animales y, sobre todo las plantas, o las flores, es preciso tener sumo cuidado en proponer los instrumentos "simbolizantes" propiamente representativos de lo simbolizado. Así, por ejemplo, si tomamos los árboles como punto de referencia, resulta muy adecuado considerar al sauce como símbolo de la tristeza, pero sería inadecuado tomar por tal sentimiento al roble o la encina, que parecen mucho más adecuados para simbolizar la fortaleza.

Dentro de este mismo mundo arbóreo, y desde hace siglos, nuestra querida Extremadura, la patria chica de los Conquistadores de América, en unión de tantas otras virtudes y excelencias, es solar propio de un árbol señero y altamente simbólico, el azufaifo. Extremadura, es pródiga en este árbol, fuerte, pero al mismo tiempo tan delicado; verde, pese a no precisar casi el riego; dulce, porque sus frutos asemejan su sabor al de la manzana de esta propiedad; aislado y solitario, capaz de crecer sin fundir sus raíces con los de su misma especie ni con los de ninguna otra; melodioso, puesto que su madera es especialmente apropiada para la fabricación de instrumentos musicales de viento, la tenora, la dulzaina y la chirimía. Duro, pero al mismo tiempo suave e impermeable, para rechazar por deslizamiento el salobre agua del mar... Como que se talaron centenares de individuos para que nuestro Felipe II  -gran Rey, sin duda, pero con graves errores-  construyese la Armada Invencible, que fue vencida por la malvada Isabel I de la pérfida Albión. También es verdad que, como por fin han reconocido los modernos historiadores británicos, con la importante cooperación de una  -para ellos-  oportuna infernal galerna. El caso es que la noble y sufrida Extremadura, además de sus hijos, perdió infinidad de individuos adultos de esta especie arbórea, el azufaifo. Ese el el árbol al que no consiguieron derrotar los ingleses, pese a sí haberlo hecho con aquella "invencible" flota, mandada por un imbécil incompetente. Fue lo único que se salvó de aquel desastre: Tan noble árbol, del que fueron hechos los barcos. Tanto, tanto que su madera puede considerarse inmortal y sagrada, puesto que de ella-  se ha llegado a decir-  fue hecha la corona de espinas que ciñó las sienes de Cristo.



Hoy aún persiste, pese a la barbarie y el egoísmo de los hombres. No sólo en Extremadura, sino en la misma Cataluña, donde se ha desatado una polémica pública en torno a si debe o no ser derribado un azufaifo de más de doscientos años. Probablemente se trate de que, por allí, hasta los árboles deben presentar señales de catalanidad reiterada y tal vez pueda ser considerado un árbol "charnego".

Pero si, hasta en Cataluña -como los niños de Orense, Jaén, Zamora o Mairena del Alcor, que allí nacen y viven-  el azufaifo resiste,  sin duda es por haberse apartado a la soledad. Como los hombres que se retiran a ella, los que viven en ella y de ella, que pueden también ser "talados" para otro tipo de empresas, todas ellas propias del espíritu y la grandeza de alma, lejos del consumismo, la economía, la política espuria y canallesca, la moda, la publicidad engañosa y perdularia, los futbolistas, los cantantes y los presentadores de TV. Sobre todo de las mujerzuelas que en ella vociferan, entre otras execrables especies populares, hijas de esta hora tan estúpida y amarga. Por cierto, el símbolo de la estupidez podría ser perfectamente esa peste de la Televisión. Al menos, de la TV en España.

Mas, también por todo cuanto resulta radicalmente contrario, este noble árbol, puede ser tomado como símbolo de la soledad; de la soledad mística, dedicada a comprender y abarcar, con el simple pensamiento ensimismado y profundo, los inconmensurables e indescriptibles paisajes del alma humana, mucho más ricos y misteriosos que los que pueden contemplarse en el mundo exterior, incluidas no sólo las enigmáticas y arrebatadoras puestas de sol, los tupidos y emarañados bosques, o las nevadas cumpres de las cordilleras, sino todo cuanto en el cosmos, en constante y permanente expansión, se pierde más allá de las últimas nebulosas de las galaxias. Y por ello, el azufaifo, es el símbolo de los eremitas, los ermitaños, los anacoretas y de todo hombre, viva donde viva  -incluído el corazón de la grandes urbes llenas de ruido y escándalo- que quiera leer por dentro, saber de sí mismo, enfrentarse al misterio de su esencia y por ende de su existencia.

En definitiva, más que un árbol, el verdadero símbolo del eremitismo es el propio eremita, porque cada hombre ha de ser siempre su propio símbolo, la representación vital y profunda de aquello que quiere ser. Y hablando de hombres, no puedo olvidar, al paso, precisamente, a mi buen amigo y maestro Don Antonio Escudero Ríos, que, de un modo similar al de Espronceda, que nació en Almendralejo (aunque no tenga aún Antonio tanta fama), nació en Quintana de la Serena, también en nuestra gloriosa Extremadura, al fin y al cabo en la misma Provincia de Badajoz, la Civitas Pacis o Pax Julia, el Conventus Pacensis que, en los tiempos de Augusto, formaba parte junto al Emeritensis y al Scallabitanus de la romana provincia de Lusitania. Eso sí, Bajadoz fue reconquistada por Alfonso IX de León y, desde el día 19 de Marzo de 1230 formó y forma parte del viejo Reino, padre de Castilla y de España, cuya Tebaida, la "Tebaida leonesa", está apretadamente repleta, con constancia y ahínco, de cenobios, ermitas, monasterios medievales, santuarios, capillas y cuevas, a lo largo del Valle de Peñalba de Santiago, el Valle del Silencio, donde corre ligero el Río Oza, entre los pliegues de las poderosas cumbres nevadas de los Montes Aquilanos y donde los anacoretas de media europa se concentraron desde el siglo VII hasta los X y XI, para cultivar, dentro de sí, el más riguroso y prístino saber visigodo-isidoriano.


Luis Madrigal

lunes, 27 de marzo de 2017

ORACIÓN POR UN HOMBRE BUENO




D. E. P.


El Señor Don JAIME SERRANO-SUÑER POLO

Dr. Ingeniero de Telecomunicaciones


que falleció en Madrid
el día 17 de Marzo -Viernes- de 2017


Descansa en la Paz del Señor, querido Jaime. Nunca podré olvidar tu enorme bondad, tu integridad moral, el afecto que me otorgaste y la dignidad con la que afrontaste cada uno de los más difíciles momentos de tu vida.


Luis Madrigal Tascón
Abogado del Ilustre Colegio de Madrid,


el último y más insignificante de tus amigos, ruega
a cuantas personas de espíritu cristiano pudieren leer
esta noticia, una oración por el eterno descanso de tu alma.


Dijo Jesús a Marta: "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás".  (Juan 11: 25-26)








jueves, 23 de marzo de 2017

CUANDO EL INVIERNO VUELVE




EL VIENTO BUSCA EL SUR

El frío volvió... Alzóse el viento
que extiende las raíces de los árboles
hacia el lejano Sur... Quiere encontrar
las huellas de un naranjo florecido,
en el ocre rojo del Otoño.
Desde la invernal Primavera alza la vista
con vital esperanza de trocar el frío en calor,
allá donde anida y enraíza la duda.
Mas, nada teme. Renueva su ferviente anhelo
de encontrar, vivo y fecundo,
el suspiro de una rosa
que se durmió en el aire,
abrazada a una sóla gota de rocío.


Luis Madrigal








martes, 21 de marzo de 2017

EN SORDO ESTRUENDO



TRILOGÍA DE SILENCIO

I

BUSCO SIN ENCONTRAR

Te busco, sin hallar
nada en el aire.
Ni en el terrestre espacio
que me acoge.
Nada supe de ti,
ni nada tengo
que me acerque al rincón
donde ahora yaces.
¿Te has ido para siempre
y ya soy nada?
El silencio golpea,
en sordo estruendo,
mis maltratadas sienes,
cual gélida respuesta.
Se lo digo así al aire
y a la blanca aurora;
a la noche que extiende
-azul-  su negro manto.
Y nada me responden,
ni puedo saber nada.
Que nunca nada supe
en el ayer lejano...



II

NADA EN EL AIRE

Nada en el aura pura,
nada en el suave viento
que acaricia las copas de los árboles.
Nada en el agua, ondulada,
de aquel Río
que corre entre gigantes vegas,
tan llenas de verdor y de hermosura.
Nada en las nieves
que besan en la altura
cumbres de hielo
encaramadas, entre riscos y fallas,
siempre al cielo...
Nada en el eco mustio de la tarde,
santuario ayer de la palabra viva,
sudario hoy de un presente árido y frío.
Clamor sin fe, osario, mástil roto
de singladuras muertas.
Nada fue ayer.
Hoy, es. Sólo tristeza.



III

¿DÓNDE ESTÁS...?


¿Dónde estarás...?
¿Qué te ha pasado
que, en este mundo, no apareces?
¿Te has dormido en el aire
sobre una nube blanca?
¿Tal vez, tan triste estabas
que has optado
por la eterna alegría...?


Luis Madrigal








lunes, 20 de marzo de 2017

¿PRIMAVERA...?



UN AÑO MÁS

Un año más, se produce  -se ha producido ya-  el acontecimiento astronómico de la Primavera. Pero ¿acaso ha venido, se sepa o no el por qué? Nadie lo sabe, porque, un año más, parece que inmediatamente continuará siendo invierno, en una vuelta de tuerca meteorológica en sentido contrario a las agujas del reloj. Otra vez, en pocas horas, al frío invierno. Al menos, al frío corporal, sensible de la misma manera termométrica. Al tiempo desapacible y bruscamente cambiante. Malo para el organismo humano, para el cuerpo, y dicen que también psiquicamente malo, o al menos desasosegado e incierto, allá en las bodegas del ser.

El espíritu, en cambio -aunque no sea excesivamente distinto- no es la psique, sino acaso una dimensión cualitativamente distinta, pese a resultar colindante. Eso, lo sabrán los neuro-biólogos, los psicólogos, o los psiquiatras, si es que lo saben, o pueden saberlo. También dicen saberlo los teólogos, alguno de los cuales afirma que la Física del espíritu es la Teología o, más descriptivamente, que el ser humano es una unidad fisio-psico-espiritual.

En todo caso  -y por tanto en cualquiera de todos los posibles-  los hechos siempre son ineludibles. Y hay algunos hechos que, por su presunta apariencia inquebrantablemente tozuda, inquietan sobremanera y hacen presagiar acontecimientos y estados tristes. Quizá haya llegado ya la Primavera, bien para quedarse o simplemente para ser, una vez más, remedo doloroso y quebrantado del más puro Invierno. Será lo que haya de ser, de eso no hay duda. Pero nunca debe perderse un rayo de esperanza. Yo, lo deseo hoy firmemente.


Luis Madrigal


Arriba foto de EUROPA PRESS






lunes, 13 de marzo de 2017

UNA METÁNOIA





LA METÁNOIA DE ANTONIO ESCUDERO


A Doña Isabel Escudero Ríos,
que sigue viviendo, ve y escucha lo que
nunca vió ojo ni oyó oído.


En griego, μετανοῖεν, no significa otra cosa sino, simplemente, cambiar de opìnión. Constituye un enunciado retórico para expresar la idea de que alguien se retracta de algo y, como muchos otros términos griegos, este es compuesto; se fabrica con el ingrediente de otros contenidos semánticos más simples, μετα  (más allá) y νους (mente). Casi podría decirser "alma", ya que en esta última residen las propiedades más esenciales, según el viejo apotegma aristotélico-tomista, que se le atribuyen, la inteligencia, la memoria y la voluntad humanas. Ciertamente, a veces, en la vida, alguien cambia de destino y, consecuentemente, de camino o de rumbo.

En el orden psicológico, Jung entendía este mismo término como un intento espontáneo de la psique por librarse de un conflicto insoportable. Creía que los episodios psicóticos podían entenderse, a veces, como crisis existenciales buscando la autorreparación. Pero, en el Evangelio  -en la Buena Nueva, que bajó a la tierra Jesús de Nazaret-  la metánoia equivale a un cambio interior, a una conversión radical, a una transformación profunda, no sólo de la mente, sino esencialmente del corazón. Y esta transformación, a veces lenta y progresivamente tortuosa; en ocasiones súbita y esplendorosamente feliz, conduce siempre a la santidad, que no es otra cosa sino aquel estado en el que se alcanza la vida misma de Dios. Porque, los "santos", no son esas figuras, a veces de aspecto externo más bien ridículo, que se encuentran en los altares de los templos, sino, simplemente, unos cristales, tan puros y tan limpios, que dejan pasar a través de sí toda la Luz.

La luz es dada a todo hombre que viene a este mundo, según proclama de modo contundente el evangelista San Juan, pero, por circunstancias bien diversas, de todo orden, algunos o muchos seres humanos no llegamos a sentirla, a percibirla, o ni tan siquiera a vislumbrarla. Y cuando, bien a fuerza de pedirla, de suplicarla tenaz y dolorosamente, o bien de que, en virtud de un chispazo súbito, repentino, pero de una extraordinaria potencia, al fin alguien, algún humano, consigue que le alcance la luz, no tiene más remedio que dejarla pasar, limpiamente, a fin de que pueda alumbrar a otros. Y este proceso de conversión, de acertar a ver con especial claridad que eso que llamamos el mundo geo-botánico, el exterior a nosotros mismos, desde un insecto al extremo sideral de las galaxias  -siempre en constante expansión, según se dice-  no es más que una pequeña cosa, porque, dentro de cada ser humano, habita una realidad mucho más grande  -esto-  esto es de verdad una metánoia.

Y esto es lo que muy recientemente (me atrevería a decir que en las postrimerías de este último verano), le ha sucedido a una persona que, aparentemente, a mí me recordaba mucho más a lo que trata de explicar Jung, que a lo que, entiendo, de verdad y en lo profundo le ha sucedido. Desde entonces, le he pedido me tome como un amigo, porque su pureza, la de hombre bueno por naturaleza, y su enorme sabiduría, la consiguiente a su rigurosa formación intelectual y a su pasión por el saber, se ha visto incrementada por un poderoso rayo de la Luz, que, como a Jesús en el Monte Tabor, casi le ha transfigurado, convirtiendo en nieve sus, a veces, rústicas y desmañadas vestiduras.

Este nuevo amigo, y hermano en la fe que yo aspiro poseer, se llama Antonio Escudero Ríos. Es un inquieto colaborador de un periódico digital mejicano llamado "mundojudio.com". Y lo seguirá siendo siempre. En realidad, en Antonio, más que una conversión ex novo, concurren las circunstancias de una "re-conversión", si el término no resultara prosaico y aparentemente análogo a lo que sucede en los torpes procesos industriales. Porque, Antonio, fue bautizado con agua, en nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, como tantos otros seres del mundo. Sus buenos padres, le inculcaron la fe cristiana, aunque permaneciera al margen de ella y de la Iglesia durante cuarenta años consecutivos. Y tampoco puede decirse que Antonio fuese  ningún incrédulo. Por sus venas, intelectuales y morales, durante todos esos años ha corrido de modo caudaloso la savia judeo-cristiana, debido a su enorme amor a Israel y a nuestros Hermanos Mayores. Podría decirse que Antonio, más que de la Iglesia de su pueblo natal  -Quintana de la Serena, en la Extremadura leonesa-  procede de la Sinagoga. Pero, la síntesis final, su convergencia en Cristo Jesús, un judío de la tribu de David, ha sido tan luminosa como la Luz misma y ha producido el prodigioso resultado de ser bautizado con el fuego del Espíritu. Prueba concluyente de ello, ha sido su sentimiento y serena conducta durante la última enfermedad y la muerte de su hermana Isabel, tan querida y admirada por él mismo entre tantas otras personas, a la que sin duda condujo, en sus últimos días de vida, a la Casa del Padre. Es para mí una inmensa alegría poder decirlo.



Luis Madrigal