sábado, 25 de mayo de 2013

UN CANTO A LA VIDA



HUYEN LAS SOMBRAS

Caía ya la tarde y el camino acumulaba luz tan vieja, que las más negras sombras huían a su paso; las esquinas cobraban serenidad y calma, hasta sosegar el alma, antes transida y angustiada en la oscuridad, entre la violencia y el odio. Levanté la mirada a lo más alto y percibí una descarga de paz, que me instaló indefectiblemente en un mundo distinto, nuevo, donde cesaban el ruido y la congoja. Se disipaba el pavor. Se esfumaba la asfixiante irracionalidad del egoísmo más animal y cuanto  -al andar el camino-  pesa aún más que el plomo, cual inútil tara y lastre de vacío, tan sólo lleno de estulticia, perversidad y abyectos deseos. Seguí caminando, con firmeza, con el ademán contundentemente cierto y seguro que otorga la convicción plena. Aquel sendero, súbitamente transformado en vía de luz, me conduciría al estado puro de mi propio ser, sin las cadenas de la esclavitud de la materia ni los gruesos exabruptos que apareja la existencia sin razón ni causa para existir. Sin la sonrisa bobalicona y estúpida de la necedad, ni del peor y más execrable mal gusto, que desciende a la más baja cota, hasta revolcarse en el fango. Sin la abulia del no ser. Sin el bostezo despierto de la mediocridad y del hastío… Dios, esa substancia infinitamente eterna, sin principio ni fin, causa de todas las causas, principio sin principio, Luz de todas las luces, no sólo es infinitamente grande y omnipotente sino que además es el bien, sólo el bien, el sumo bien y la bondad sin límite, y por encima de todo ello, esencialmente, un Padre dulce y amoroso. Y Él  -sólo Él-  tendrá compasión de mí y tenderá sobre mi miseria la larga mano de su infinita Misericordia. Dios eterno y permanente: Hoy, más que nunca, siento como mi alma grita dentro de mi más profunda morada, sin poderlo evitar: ¡Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, librame, Señor de todo mal! ¡Santo, Santo, Santo, Señor Dios  de los Ejércitos, llenos están el cielo y la tierra de tu gloria! ¡Bendito el que ha venido, y cada día viene en nombre del Señor…! ¡Alegría en el Cielo y… en la Tierra! Sobre todo, aquí abajo, en la Tierra, en este muladar que los hombres hemos hecho de ella, y que solamente Tú, Señor, puedes volver a crear de la nada sobre la que nos arrastramos.

Luis Madrigal





"SIYAHAMBA", es una canción zulú, procedente de Zaire, en el África,
interpretada por el Coro Chamberí Maristas, de Madrid.
Director: José Luis Pinilla



jueves, 23 de mayo de 2013

PADRE NUESTRO, ¿POR QUÉ ESTÁS EN EL CIELO? (y X)



X

AMÉN

Amén, Señor, es “así sea”.
Pero, “así sea”, sólo con palabras,
es un amén que suena... a "que no sea".
Las palabras... el viento se las lleva.
Habrán de ser mis hechos, las razones
de que amor pongo sobre las palabras
y, de palabras, hagan nacer flores
en duro pedregal, yermo y vacío.
Que, sin dar fruto, se secó la higuera
y “por sus frutos”  Tú has de conocernos,
Que no es decir “Señor”, lo que habilita
para entrar en la entraña de tu Reino.
Ni decirlo con métrica... tampoco;
ni tener fe, para mover montañas,
pues ya dijo Santiago, en esa carta,
que fe, sin obras, “es fe muerta”.
Yo quiero, vivir, Señor, quiero cantar…
Mas sobre todo, Señor, quisiera amarte,
llevando al que en la vida me acompaña.
El amor es amor, no son palabras,
aunque palabras diga para amarte.
Ni sólo Misas, o “genuflexiones”...
Ni aún con ellas, Señor, será bastante
ni, sin ellas, tampoco insuficiente.
“Nadie Te ha visto” y, si “Amor eres”,
tan solo amor podrá ser suficiente.
Que no es de aquí mi canto y mi lamento,
ni aquí quiero cantar ni lamentarme.
Donde quiero cantar, es en tu Reino
y, pues  -dices-  “padece violencia”,
por Él, en el amor, he de matarme.
Para que vivan otros, suicidarme
con amor, alumbrando su alegría.
Que alguna vez, al terminar el día,
más bien “a la caída de la tarde”,
sólo de amor habrás de examinarme.
Ni más crimen has de reprocharme,
ni por otro delito has de juzgarme...

Me despido, Señor... Ya que te canto,
resumo, al fin, mi canto brevemente.
Y en oración, mi canto ha tornarse,
(en la plegaria que Tú nos enseñaste).
Mas, si ha muerto ya el “hombre viejo”
y, si muerto, “el nuevo" ya ha nacido,
he de cantar, y canto, más que escribo,
un nuevo y renovado “Padre Nuestro”.
Nuestro, nuestro, Señor... ¡No solo mío!

        
PADRE NUESTRO:

Tantas veces, te dije Padre mío,
         que Padre nuestro, a Ti, mi voz hoy clama
         y, en mi voz, siento arder también la llama
         del fuego de mi pecho, ayer vacío.

         Aunque estás en el Cielo, aquí porfío
         el Reino que la Tierra te reclama:
         tu Justicia, Señor, que amor inflama,
         tu Vida y tu Verdad... ¡En Ti confío!

         Glorificado sea tu nombre santo
         si, cuando parta el pan, mi pulso es fuerte.
         ¡Perdóname!,... si te he ofendido tanto,

         como a otros yo perdono de igual suerte.
         Y, si librarnos no puedes del llanto,
         ¡líbranos ya, Señor, de eterna muerte!

         Te lo pido por nuestra santa Madre
         que, amorosa, nos besará en la frente.


         Luis Madrigal



A cuantos, además de hombres, tratan
de ser cristianos y, muy en especial,
a mí mismo







En la imagen de arriba,
“Adoración ante el Trono de Dios”
(Apocalipsis de Bamberg, Folio 10)


miércoles, 22 de mayo de 2013

PADRE NUESTRO, ¿POR QUÉ ESTÁS EN EL CIELO? (IX)










IX

LIBRANOS, SEÑOR, DE TODO MAL

¡Cuántos males, Señor...!
¡Cuántos me acechan!... Se ciernen sobre mí,
agitando en la noche mis temores.
¿De todos ellos Tú querrás librarme?
¿De esa horrible jaqueca que yo tengo,
casi siempre, y del dolor de espalda?
¿Hasta de esos, que son males menores
por mucho que molesten y quebranten?...
No te pido, Señor, me libres de esos,
ni aún de otros, que son mucho mayores.
Los sufro, sin dolor, aunque me duelan.
Con alguna aspirina y un ungüento
voy paliando los males de este cuerpo...
Los del alma, Señor, son los que cuentan
y  -en el alma-  también los corporales,
pues alma y cuerpo, que son la misma cosa,
yuxtapuestas no están, que están mezclados.
“¡No tengais miedo!”, decía aquel Vicario,
tu Sumo Sacerdote, aquí en la Tierra...
Pero él era hombre santo y Santo Padre;
tenía tu valor, cada mañana,
y lo entregaba a este mundo por la tarde.
Yo, sólo estoy aquí y él era en Roma;
vestía de blanco puro y yo de estambre.
Él, era fortaleza. Yo... soy miedo
y, a mi miedo, gritan todos los males.
La Caja de Pandora, si se abriera,
no podría albergar tantos contrarios.
Miedo a vivir, miedo a dejar de hacerlo;
miedo al riesgo, a la náusea y a la angustia;
miedo al placer y miedo al sufrimiento,
al dolor, a la dicha y al conflicto;
a estar aquí y allá, sin fundamento.
Miedo a la enfermedad, miedo a la muerte;
al ser, a la existencia y... a la nada.
Ya son tantos mis males, no podría
pedirte, mi Señor, que me libraras
de este o aquel, todos al mismo tiempo...
Y tan solo de un mal quiero me libres:
Pues, sea pronto, sea tarde  -o sea mañana-
de la muerte ni Tú puedes librarme
(porque quisiste ver la misma suerte),
si de muerte en la tierra no me libras...
¡líbrame, Señor,... de eterna muerte!


Luis Madrigal





martes, 21 de mayo de 2013

PADRE NUESTRO, ¿POR QUÉ ESTÁS EN EL CIELO? (VIII)




VIII

NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACION

No nos dejes, Señor,
que en ella perecemos, y del riesgo
advierte con prudencia tu Escritura:
Si, temerarios, el peligro amamos,
en él, sin duda alguna, perecemos.
Mas, ¿cuál es el peligro, cuál el riesgo?
Tal vez, aún se dice y con razón,
que son la carne, el mundo y el demonio,
del alma los mortales enemigos.
Tú, hablaste de la carne y del espíritu;
el último “está pronto”, la otra “es débil”.
Pero, Señor, en esto de "la carne"
(¿no se podría ya decir de otra manera?)
tengo yo muchas dudas. Pues no todas
"las carnes" son iguales, ni ellas todas
colgarse pueden en el mismo "gancho".
Ninguna de ellas es especialmente...
menos "carne".
¿No será solo lo del Sexto...?
Extragos hizo eso, en su momento
y sacó tantas cosas de su quicio...
 ¿Tan solo carne es "eso"?

¿Acaso es menos carne “el dividendo”,
que el banquero idolatra y al que adora?
¿Cuál es "la ocasión", para el banquero?;
¿cuál es la "tentación" del poderoso
que en el poder se mira, con él sueña
y del poder hace esclavo a quien lo sufre?
¿Acaso es menos carne el egoísmo,
que solo para sí las cosas quiere?
La gula, la avaricia, el despotismo
de la soberbia, que humilad humilla.
La vanidad, que inflama alma en vacío;
la envidia que corroe el alma misma...
Que siete son los vicios de "la carne"
y no uno sólo... Amor concupiscente
no es amor  -quizá-  pues desde luego
el amor ha de ser benevolente.
Tú bien sabes de Amor, ya que lo eres;
lo creas, nos lo das y lo transciendes,
lo elevas de contrato a sacramento.
Que, el hombre y la mujer, nos dice Pablo,
han de ser dos, en uno, y la simiente
del fruto del amor, de la esperanza
de renovada fe... Y  -según Juan dice-
de luz, en la Luz que vino al mundo.
No me digas que algo tan "transparente",
como la pura luz que el sol imparte,
es ocasión de yerro y desvarío.
Eso, no es tentación. Es... "monumento"
de tu gloria, de tu gusto, de tu arte...
Que todo amor, Señor, es sacramento
y basta para ello, en un instante,
ser libre, consciente, sin dislate,
sin instinto de selva y ningún daño.
No sólo con “palabras de presente”...
Y canonista soy... Mas, sobre el canon,
está siempre el amor, si es transparente.
Apártame, Señor, de tentaciones
pero no del amor, si a nadie hiero,
que en el amor vivo, por él muero
y por él, y en él, Tú nos creaste.
A pesar de estar muertos, nos salvaste
por la Mujer y obra del Espíritu
y, en una cruz, a todos nos amaste.
Que, Tú eres Dios y yo... tan sólo un hombre,
y carne soy  -no solo soy espíritu-
pero tu propio Espíritu en mi carne.

¿El mundo?... Ahí está, en la ventana
de ese televisor, desde el que miro.
No salgo de mi cueva, y lo que veo
(¡que cosas veo, Señor, cómo está el mundo!)
casi siempre me aburre, no me tienta,
y si me tienta, "cierro la ventana".
Que el mundo no soy yo, yo no soy mundo,
solo soy "yo"  -sin ser-  ya que mañana,
de la vida siguiendo la corriente,
con el tiempo, y en forma soberana,
el "yo" que soy, será "Yo" transcendente.
En Ti... estoy yo, Señor. Ahí... está el mundo.

¡El demonio!... Curioso personaje...
Si es preciso, escribo con mayúscula
Satán, Luzbel, "Perico", Belzebú,
Pero Botero o Mefistófeles
(que todos esos nombres son castizos).
Pero... ¿qué es “el demonio”, Señor?... ¿No soy
yo mismo, cuando de Ti me aparto y
me separo?... Mas, si en Ti permanezco,
el enemigo es nada. Que, contigo,
en mí no cabe ya ningún demonio.
No quiero que tu Iglesia me excomulgue,
pues es también la mía, y obedezco...
Mas... ¡líbrame, Señor, de mi egoísmo!,
que del "Demonio"  librarme... sé yo mismo.


Luis Madrigal




lunes, 20 de mayo de 2013

PADRE NUESTRO, ¿POR QUÉ ESTÁS EN EL CIELO? (VII)




VII

PERDONA NUESTRAS OFENSAS...
¿CÓMO PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN?

¿Igual? Siendo así,
perdóname, Señor, cuando te ofendo;
perdona, por favor, pero no olvides,
que cuando yo "perdono" a quien me ofende
perdonar siempre quiero, mas no olvido.
Y, si has de perdonar de igual manera,
del mismo modo con que yo perdono,
justo habrá de ser  -puesto es recíproco-
que no pida de Ti perdón distinto.
Mas, si como perdono me perdonas,
sin que al perdonarme ofensa olvides,
¿qué podrá ser de mí, si así perdonas?
¡Que podrá, así, ser de mí, Dios mío...!
Quizá también, Señor, a veces pasa
que olvido al ofensor y hasta la ofensa,
la desprecio, la ignoro, lo razono,
me tiene sin cuidado, en apariencia,
pero, si a recordar vuelvo... ¡no perdono!
Del perdón, he hecho yo pasivo juego:
Si perdono  -pues grande es-  no olvido
y si  -cómodo-  olvido, no perdono.
Perdonar, es cristiano... Olvidar, "tonto",
que Tú dijiste fuéramos hermanos,
pero nunca jamás dijiste “primos”.
¡No sabes cómo soy, cómo las gasto...
a mí, el que me la hace, me la paga!...
Soy muy listo... no soy ningún “pardillo”,
soy un lince, a mí no “me la da” nadie.
¿Perdonar, yo?... ¡No me da la gana...!
Mas, Señor, soy así... Tú, bien lo sabes.
Pedir no puedo, por ello, me perdones
como perdono yo, que no perdono,
sino como perdonas Tú:
Setenta veces siete...
Gracias, Señor, pues sólo de este modo,
podré tener de Ti visión un día.
Mas te prometo  -insisto, te lo juro,-
ya que es difícil deje de ofenderte,
perdonar, de verdad, si alguien me hiere.
Perdonar... es amar. El más sublime
amor de cuantos haya. Amar al que me
ama, no es gran cosa. Tú lo dijiste.
Mas, a aquel que me maldice,
me persigue, me aruina y hasta me odia,
no sea mi impiedad la que le ofrezca,
sino el amor de tu Misericordia
y con ella el perdón que Tú me ofreces.
Perdón siempre, Señor  -a mí y a todos-
y más a mí, si a todos yo perdono.
Gracias, Señor, que tantas veces me amas,
Gracias te doy, pues me has amado tanto.


Luis Madrigal





jueves, 16 de mayo de 2013

PADRE NUESTRO, ¿POR QUÉ ESTÁS EN EL CIELO? (VI)



VI

DANOS HOY EL PAN DE CADA DÍA

El pan caliente que amasa el panadero,
crujiente y aromático alimento,
que nutre, que sostiene, que se parte.
Que congrega, que une, que hace humanos...
¡Que olor a pan, Señor, a pan caliente!
Tú lo partiste y lo diste aquella vez...
¿Recuerdas?... Ya lo creo... Fue ese día...
Tu palabra, en la falda de aquel monte,
golpea mis oídos todavía.
La gente te seguía y tenía hambre
y Tú les diste... pan y algunos peces.
Y, con el pan, les diste tu palabra.
Da hoy tu pan al mundo, aunque te olvide,
pues tal vez, sólo así, podrá seguirte.
¡Danos el pan, tu pan, el pan de siempre!
Te pido sólo el pan de hoy. Mañana
otro día será... ¿Habrá mañana?
Mas, dame sólo pan, que es suficiente.
No quiero más que un trozo... Acaso vino,
que alegre un poco el corazón. Pues  -triste-
recuerdo aquello, que un niño te decía:
"Da, Señor, pan a los que tienen hambre
y hambre de Ti a los que tienen pan".
Hoy, tengo pan, Señor. Te doy las gracias,
pero, ¿también tengo acaso tanta hambre?
Quizá podrías hacer que mi pan parta
como solías Tú... Tal vez con eso
recuerde yo también cómo lo hacías.
Eso fue en Emaús, si no me engaño,
mas, ¿habrá para todos? ¿Sabes, Señor?...
Tus hijos pasan hambre. Hambre, sí,
las dos terceras partes de la Tierra.
Sin nevera, despensa y micro-ondas,
se arrastran en la arena del desierto,
allá en el África... En los suburbios de
Sao Paulo, de Calcuta, el Altiplano...
También aquí, Señor... ¡Aquí en mi barrio!
Este pan que me das, ¿podré tomarlo,
antes de ir a dormir, y estar tranquilo?
¿Acaso, mi Señor, no me hará daño
la mirada, sin pan, de tantos niños?
Y, ¿si rezo un rosario y voy a Misa,
y te ruego por ellos, con jaculatorias,
y estudio tu Palabra y profundizo
en las altas verdades de los dogmas?
¿Quizá así, Señor, tendrán pan ellos…?
Tal vez, haya de hacer bien mi trabajo,
buscar la técnica, la obra bien hecha,
"enseñar a pescar"... ¿Podré ya entonces
quedarme con mi pan, con mis tres casas,
el producto del fondo de inversiones,
la renta de la tierra, la cosecha
y el sueldo de Jefe de la Fábrica?
Así, Señor, mi alma está tranquila.
¿Qué más puedo hacer ya por tu miseria...?
Sólo mis oraciones de la noche,
algún "retiro", al fin de la semana,
la "visita", la plática y el rezo
del "Ángelus" mediada la mañana.


Luis Madrigal




miércoles, 15 de mayo de 2013

PADRE NUESTRO, ¿POR QUÉ ESTÁS EN EL CIELO? (V)



V

HÁGASE TU VOLUNTAD

En el Cielo...
En el Cielo, sí... Allí, Señor, es fácil.
Tienes a tus santos, y a tus Ángeles.
Tronos, Dominaciones, Potestades...
adoran y bendicen tu palabra.
Mas, aquí abajo es duro al artesano,
al labriego que muere con su arado
en la tierra reseca sin la lluvia;
al obrero que no tiene trabajo
o sufrió con pavor aquel despido;
al patrono que asfixia el sindicato;
a la viuda sin un grano de trigo.
Al enfermo que ve escapar la vida,
al anciano que ya a la vida escapa;
la prostituta que el amor comercia,
el drogadicto y el que tiene el SIDA.
Al elector, al que “el Partido” engaña,
al sacerdote que sufrir no puede
el duro celibato de tu Iglesia...
¿Te parece poco, Señor? Aún hay más:
¿Qué me dices del dolor anónimo,
absurdo, yermo, inútil y vacío?
Del sufrimiento de los inocentes,
del que muere "porque la tenía ahí",
sin razón que lo explique o justifique.
¿Esa es tu voluntad?... Eso se dice.
¿Qué sentido, Señor, acaso tiene
el infiernillo, la chispa del brasero
en la falda de la mesa-camilla?
Aquellos angelitos, que jugaban,
juegan ahora en tu gloria. Eso es bien cierto.
Pero, ¿y su madre? Tú bien lo sabes:
Es asistenta y trabaja por horas...
no pudo estar allí mientras jugaban.
Señor, que creas solo por tu gloria,
sin que de nada necesites nada,
pues sujeto de lo útil nunca eres,
sino tan solo fuente de bondad y
gracia... ¿Por qué de utilidad separas
a quien utilidad al otro daba
al paso de la vida, mientras pasa?
El amor, la alegría, la sonrisa,
siegan presto  -¿por qué?-  tantas desgracias:
Incendios, terremotos, explosiones,
huracanes, galernas, hundimientos
aluviones, sequías y tragedias...
Se estrellan los aviones, chocan trenes
y ese martirio de la carretera
que, incesante, semana tras semana,
con tantos miles de muertos al año,
el luto y el dolor lleva a las casas.
¿Esto es tu voluntad?. ¿Eres un monstruo?
Pero, si Tú, mi Dios, eres Palabra
origen de la vida... ¿Por qué así?
Tal vez siempre derecho escribes  -dicen-
con renglones torcidos en el agua.
Mas, te pido que tu caligrafía
sea legible en forma más palmaria.
¿Nos quieres en Getsemaní, contigo,
pues ni una hora fueron a tu lado?
O aquel cáliz, que Juan y que Santiago
prometieron beber, ¿quieres bebamos?
Dílo claro, Señor. Si ellos pudieron,
también de Él nosotros beberemos… 
Mas, aún bebiendo el cáliz, ¿estaremos
sentados junto a Ti, de cualquier lado?
Eso no es cosa tuya, que es del Padre,
pero es al Padre a quien estoy hablando.
Si así es, Señor... ¡sea así siempre!
Sean tu voluntad y tu palabra.
Aunque, a poder saber, nunca alcancemos,
en el dolor que a veces padecemos,
tus designios de amor y de esperanza.


Luis Madrigal