lunes, 28 de octubre de 2019

SOBRE EL CIELO DE ESPAÑA




SE HA NUBLADO LA LUNA



Además del sol,
se ha nublado la luna,
en una noche triste.
No florece su luz,
entre los densos árboles del Parque
donde, en algún Abril,
nacieron tantas flores:
Las gualdas y dóciles mimosas,
jalonando senderos, entre asfalto azul
sembrado de círculos y bancos,
para acoger los cuerpos cansados.
Las rosas rojas,
que brillaron albergando una gota de rocío
dentro de sí.
Las violáceas lilas,
a veces blancas,
junto a jazmines y alelíes, que velaban su sueño.
Ni la noche del fuego
pudo prender en las hogueras
más calor que el de sus brasas,
casi mortecinas,
donde duermen, bajo la ceniza,
ilusiones nacidas de la nada…
Entre el serpentear, mezquino y miserable,
de tantos aullidos de lobo
como esconden su zarpa
y sus sangrientas dentelladas,
tras el oscuro jardín,
en una noche sin camino...
y sin luna.


Luis Madrigal





lunes, 9 de septiembre de 2019

UN INTOLERABLE FENÓMENO

LA SOCIEDAD NO CORROMPE, PERO SÍ ENFERMA

El Tabaco puede matar

 La Agencia Tributaria,
mata mucho más que el tabaco


Fue Jean Jacques Rousseau, en su conocida tesis sobre la bondad natural del hombre, quien afirmó que todo ser humano nace puro, inmaculado, y que es la sociedad, la historia, y no la naturaleza, quien le corrompe y hace mezquino y miserable.

Frente a esta tesis, sin contradecirla por ello, se alza una antítesis de corte vital-racionalista, en el pensamiento orteguiano propiamente dicho: La sociedad, sin embargo, contiene únicamente, entre todos los demás factores que rodean al hombre, el repertorio de soluciones eficazmente capaz de resolver la inmensa cantidad de problemas y de satisfacer la maraña de necesidades en que la vida humana consiste.

Así, pues, la sociedad hace malo al hombre, pero, al mismo tiempo, lamentablemente, es la única solución para la “fabricación” del quehacer en que esencialmente consiste la vida. La sociedad, corrompe al hombre, pero sin sociedad éste no puede programar ni realizar su quehacer. El dilema resulta trágico. Esto es, o ser bueno sin sociedad, y por tanto sin una vida propiamente humana -sino más o menos genuinamente animal, cuando no vegetal, o vegetativa, siendo siempre un “primer hombre”, como lo es el tigre- o bien alcanzar las supremas cotas del intelecto, la educación, la sanidad, la ciencia, la cultura y el arte, pero sumergiéndose al mismo tiempo en el hedor de la maldad y la corrupción intelectual y moral.

Siguiendo con Ortega, todo tigre es siempre un “primer tigre”. El hombre no es nunca, en cambio, un “primer hombre”, sino  -por ejemplo-  Thomas Alva Edison, que pensaba, al poder mirar tan lejos, tan solo ello era posible porque caminaba “sobre los hombros de un gigante”. Ese gran gigante es la sociedad, organizada y capaz de organizar la suma de descubrimientos, conocimientos y técnicas aplicadas por los hombres y generaciones que le habían precedido.

Pero Rousseau, aquel prerromántico suizo francófono, que enfrentó a su Emilio con Sofía, como quizá él mismo hubo de hacerlo con Thérèse Levasseur, no supo o no acertó a explicar ni fundamentar suficientemente su tesis. La antítesis, sin embargo, parece objetiva y palpablemente confirmada de un modo tajante y demoledor, salvo el romanticismo, más bien falso, creo yo,  -con la única excepción de los eremitas de la Tebaida-  o de esas personas que, según los reportajes de TV,  dicen encontrar, en la mortificante soledad y carencias de todo tipo en esos idílicos “paraísos”, entre aisladas montañas o aguas azul turquesa de islas perdidas en el océano de la nada, la felicidad más prístina y absoluta. Falso, creo yo. Robinson Crusoe no es una realidad, sino un mero producto de literatura, fruto de la imaginación de un londinense, Daniel Defoe, que además de ser filósofo y escritor no pudo evitar que ya por entonces padeciese la sociedad el mal de que también hubiese periodistas. Y por ello, ha sido necesario construir muy diversas síntesis, dentro del esquema hegeliano. Una de ellas, desde luego la más gloriosa, en el ámbito de la propia Filosofía, ha sido la que, en toda su extensión, representa y propone la Ética, cuyo objeto de conocimiento, sin más, es el Bien, siendo preciso considerar asimismo, dentro de aquélla, los conceptos iusnaturalistas, de orden, fin, justicia y otros muchos más, encomendados finalmente a la imperatividad, por no decir coercibilidad, de una herramienta tan sutil, pero también tan tosca en su pragmática aplicación, como el Derecho positivo, sobre todo si ha de serlo a cargo de mentes inferiores, cual dramática y mayoritariamente sucede en nuestros días.

Así es que, además de las revistas del corazón, escritas en papel couché a todo color o bien emitidas por la Radio y la TV, y además del fútbol y los periodistas deportivos, una de las más perversas maquinaciones, en el campo de cuanto se inventa para martirizar al ser humano, es sin duda la creación e implantación, en España, de la Agencia Tributaria y muy en particular el último de sus torturadores inventos: la “Sede Electrónica”, que impone por Ley  -injusta, sin la menor duda-  a los ciudadanos  (también a los que jamás han defraudado nada, ni han tenido jamás la mera intención de hacerlo) la obligación de comunicarse a través de semejante artilugio, con, a su vez, el siempre tan discutible ente administrativo: la Hacienda pública. Si ya tal tipo de entidad, y cuanto rodea a su organización y a la del contenido de las normas jurídicas que aplica, desde los viejos “pecheros” medievales, no se halla precisa y justamente concebido y ordenado al bien común, lo de ahora clama al mismo cielo. Y no se debe incurrir tampoco en el viejo fantasma socialista de que “paguen más los que más tienen”. No se trata de eso.  Ni mucho menos de cuestionar en lo más mínimo la necesidad y el deber de contribuir al levantamiento de las cargas sociales. Si se observa cualquier manual, sin necesidad de ningún tratado, acerca de tal institución jurídica, se convencerá el lector de la estricta e irremplazable necesidad de su existencia. Yo, estudié en su día a Luigi Einaudi, un piamontés gobernador del Banco de Italia, desde 1945 hasta 1948, y segundo presidente de la República italiana, desde 1948 hasta 1955. También tuve oportunidad de conocer en profundidad las teorías del erario y del Fisco, basada esta última en el apotegma o aforismo británico “The King can not be wrong”. El Rey no puede equivocarse.

Pero no se trata ahora de tan altas doctrinas y concepciones. Se trata simplemente de que la llamada Sede Electrónica de la Agencia Tributaria, no funciona con la precisión  de una perfecta máquina de relojería, sino de una forma inestable e insegura, en unión de la información objetivamente falsa y contradictoria que facilitan algunos funcionarios en las llamadas Administraciones Territoriales de tal diabólica Agencia, en orden a su uso y necesidad legal de utilización. No son los Reinos ni las Repúblicas, como diría  Alexis de Tocqueville. Es el todopoderosos conglomerado infalible del Estado  -cualquiera sea su forma política-  quien con su poder soberano, su famosa, pero falsa, división de este último en funciones y, sobre todo, de los “funcionarios” y muy en especial de esa gentecilla de rapazacos y rapazacas que forman parte de las listas electorales, más o menos analfabetos, que pulsan después en el Congreso de los Diputados el timbre, de uno u otro color, tamaño o posición, el que impone  -de manera más o menos similar a la de los terroristas-  el establecimiento de estos métodos de tortura, más o menos similares también al de los potros medievales, que después los esbirros de Hacienda, Inspectores, técnicos TAC y escribientes de tercera, utilizan con extraordinaria diligencia, para “apretar las tuercas” o mover los mecanismos correspondientes, hasta que los más honestos ciudadanos echen espuma por la boca,  sientan desmembrarse sus músculos y finalmente se arruinen por obra y gracia de que Hacienda  -la Agencia Tributaria-  posee el don, es decir el poder, de introducir su  larga e incontenible mano en la cuenta corriente de los ciudadanos más honestos y al propio tiempo de los más económicamente humildes. Los trabajadores, los pensionistas y hasta últimamente se dice también que los mendigos que suplican unas monedas en la calle. Piensa Hacienda que también ellos tienen que tributar y contribuir, para lo cual, sin duda, en fecha más o menos próxima, el Congreso de los Diputados promulgará, de prisa y corriendo, en vacaciones de verano y con nocturnidad, alguna ley para someterlos a la cadena de sus instrumentos de amenaza y tortura.

Claro que, para afrontar el enorme gasto que debe suponer el mantenimiento y alimentación en establecimientos penitenciarios, o Centros de no sé cómo los llaman, donde se recluye a los delincuentes que, en millares atraviesan libremente las fronteras; satisfacer las idénticas necesidades, aparte las médicas, farmacéuticas  y quirúrgicas de cuantos otros se propongan llegar libremente a España, y  tantos generosos esfuerzos en favor de los pobres ciudadanos extranjeros (no sólo “papeles” para todos, sino subvenciones, subsidios, ayudas y otras zarandajas). Y, sobre todo, los fastuosos sueldos y pensiones vitalicias de los políticos, por “apretar el timbre” que computa las votaciones en el Congreso de los Diputados, aunque tan sólo lo hayan hecho un par de semanas, todo eso, requiere la necesidad de acopiar ingentes cantidades de dinero. Desde luego  -ahora sí incido yo también en la monserga socialista-  no a cuenta de los poderosos, banqueros o no, sino de los más humildes españoles, con el pretexto de la “informatización” y automatización de la burocracia tributaria, que es el futuro. Y para esto se ha inventado la “Sede Electrónica”, para cuya certera utilización es preciso, además de adquirir un ordenador, una impresora y un teléfono móvil, ser un experto en la materia, o al menos saber utilizarlos, so pena de tener que contratar a un experto informático, sin perjuicio, pese a todo ello, de requerir presencialmente a un Notario. De lo contrario, ya se sabe: Notificación, iniciación y trámite de audiencia en el expediente sancionador, alegaciones (que por supuesto jamás se leen) y finalmente introducción de la mano en el billetero del más humilde contribuyente, a los ya indicados nobles y solidarios fines sociales.

Naturalmente, fue un socialista, Don Carlos Solchaga Catalán, Ministro de Economía y Hacienda entre el día 6 de Julio de 1985 y el 13 de Julio de 1993, quien inventó este sistema de tortura, en virtud de la Ley de Presupuestos Generales del Estado para 1991 (Ley 31/1990), de 27 de diciembre. La monstruosa maquinaria se constituyó el 1 de enero de 1992 y  está configurada como un ente de Derecho público dependiente de la Secretaría de Estado de Hacienda, integrada orgánicamente en este Ministerio. El Sr. Solchaga, conocido más bien, popularmente, como el señor“Gratis Total”, por razón de sus viajes a las Islas Baleares en la Naviera Transmediterránea, sin abonar ni un céntimo, estará más que encantado de su obra, sobre todo ahora que vuelven los viejos tiempos y, entre fuertes nubarrones, se adivinan, sin orden ni concierto, oleadas de ciudadanos, del sur, el este y el oeste, tan dignos de ser acogidos en la forma más humanitaria y generosa.

Luis Madrigal













miércoles, 26 de junio de 2019

NUNCA VUELVAS
A DECIR NUNCA



Dijiste una vez: ¡Nunca...! Hoy es olvido
de mis verdes prados, de tu nieve fría...
Dijiste que era siempre la alegría
lo que habría llegar, más que lo ido.

Nada ya sé de ti, del tiempo huido
que dejó de fluir, al fin, un día.
 La sombra del no ser, cruel tendía
un negro velo sobre el Mar perdido.

Si nunca yo te vi, ni pude verte,
al fin se cierra el ciclo de la nada.
Tampoco más te oiré, porque tenerte

juego fue de ficción... Imaginada
locura sin razón, pasión inerte,
ojo sin nada ver... y sin mirada


Luis Madrigal







lunes, 24 de junio de 2019



EL HUMANO VIVIR, RECLAMA EL CIELO

Ya no más. dice al cabo el pleno día,
ni más duda, ni dolor, ni cieno...
Tan sólo bien, que solo lo que es bueno
frente al mal, que no cesa, viviría

Nunca el bien, junto al alma dolería,
ni sembraría el odio, que es veneno,
ni el rayo anunciaría nunca al trueno,
ni el fuego que destruye quemaría.

Este es el fin... Y andar a él camino,
es quehacer y tarea. Y es anhelo
de justicia, de paz y del destino

del hombre que se arrastra por el suelo...
Para volar, cantar y alzar el trino
que al humano vivir reclama el cielo.


Luis Madrigal











domingo, 23 de junio de 2019



EN SUELO ÁSPERO Y DURO

Cae el sueño sutil sobre los ojos
que nada ven, ni el día abre la puerta
al recio paso... Ni a la apagada fuerza,
y al yo que anda, sin ansias y sin techo,
para poder volar, sólo el suelo se ofrece. Calla el viento.
El suelo duro, áspero e hiriente,
está lleno de canchos de dientes afilados
que sostienen los pies descalzos con que inciden
sobre el camino incierto...
El que conduce, tal vez, a la esperanza.
Quizá, a ninguna parte
perdida y escondida entre la niebla.


Luis Madrigal






sábado, 22 de junio de 2019



YA NO HAY VERANO



A todos los Aristoi, ya muertos
y a los pocos que sobreviven en la más densa sombra



Camino entre colores de verano,
sin color y sin sangre, sin camino.
Sin la fuerza que lleva hasta el destino
de una verde pradera junto a un llano.

Ya no tengo, si acaso, más de humano
que la sombra que arrastro, tan cansino,
de la nada que aplasta peregrino,
aun de mi ser divino tan cercano.

Volaron, como pájaros, las flores
de aquellos días azules, tan lejanos,
donde, no están  -¡que viven!-  los mejores.

Al rojo atardecer, alzo mis manos
suplicando a lo Alto los valores
que, entre rosas, hollaron mil enanos.


Luis Madrigal


Madrid, 22 de Junio de 2019











martes, 28 de mayo de 2019

UN TIBURÓN MORIBUNDO


EL GRAN TIBURÓN BLANCO




Los tiburones, en general, son esas bestias marinas, maravillosos nadadores entre dos aguas, y en todas las aguas, especialmente en las revueltas, que se deslizan  por los oceános tan silenciosamente como para que ningún otro ser viviente pueda sospechar, ni advertir aún desde muy lejos, sus aviesas intenciones. De entre todos ellos, especie sumamente peligrosa y desgarradoramente mortífera es el tiburón blanco. Se le llama también gran tiburón blanco, tanto por su tamaño y peso, como por el color, pese a que éste sólo es blanco en su parte ventral, mientras que la dorsal es gris o azulada.  Este patrón, común en muchos animales acuáticos, sirve para confundirse con la luz solar (en caso de mirarse desde abajo) o con las oscuras aguas marinas (en caso de hacerlo desde arriba), constituyendo un camuflaje tan simple como efectivo. Se le llama también, a veces, jaquetón blanco, pero sin duda el nombre que mejor puede identificarle es el de marrajo.

En 1758 Carlos Linneo dio al tiburón blanco su primer nombre científico, Squalus carcharias. Andrew Smith, en 1833, le llamó genéricamente Carcharodo, y en 1873 el nombre genérico fue identificado con el nombre específico de Linnaeus y el nombre científico actual, Carcharodon carcharias. Carcharodon viene de las palabras griegas καρχαρίας karcharías, que significa "agudo" o "dentado", y οδους, odous, que significa "diente".

Los tiburones blancos se caracterizan por su cuerpo fusiforme y gran robustez, en contraste con las formas aplastadas que suelen lucir otros tiburones. El morro es cónico, corto y grueso. La boca, muy grande y redondeada, tiene forma de arco, como suele llamarse también a las porterías de fútbol. Permanece siempre entreabierta, dejando ver al menos una hilera de dientes de la quijada superior y una o dos de la inferior, mientras el agua penetra en ella y sale continuamente por las branquias. Durante el ataque, las fauces se abren hasta tal punto que la forma de la cabeza se deforma pues la mandíbula se proyecta, y se cierran luego con una fuerza 300 veces superior a la de una mandíbula humana (12-24 toneladas).

En este momento, se considera que el tiburón blanco más grande del mundo, se llama Deep Blue, de unos 50 años, con unos seis metros de longitud y 2,5 toneladas, que fue visto por vez primera en California y ahora, últimamente, vive en Hawai, uno de los paisajes submarinos más fascinantes del mundo. Su fauna marina es muy rica y por ello son muchas las personas que acuden cada año para contemplarlo. Es el caso de los submarinistas Mark Mohler y George T. Probst, que junto a la fotógrafa Kimberly Jeffries, trataban de fotografiar el fondo del mar, cuando se encontraron con la bestia. Sin embargo, pese a lo observado, los citados submarinistas, en unión de algunos biólogos marinos, han propuesto que esta peligrosa especie se denomine científicamente Carchadoron florens, o bien Florentinus cracharias.

Sin embargo, hacen también notar tales científicos, que afortunadamente parece ser que esta ambiciosa especie se encuentra ya en extinción, tal vez porque, pese a su perverso instinto y su cruenta voracidad, lleva ya más de una década sin poder comer nada. Y, cuando ha mordido con todo el poder de sus macabras fauces parece ser se le ha indigestado la presa, hasta el punto, no de devolverla al mar, puesto que estos escualos jamás devuelven nada a nadie, sino más bien convulsionado todo su enorme cuerpo, y entre los estruendosos gritos de las olas enfurecidas, algunos dicen que prácticamente está ya muerto. Otros, aún conservan la vana esperanza de que navegue al pairo, arrastrado por las corrientes rumbo a alguna playa solitaria y aburrida.

Luis Madrigal


https://youtu.be/lIMokbMWz9o