domingo, 14 de septiembre de 2008

HOY, ES LA EXALTACIÓN DEL AMOR


Es bien sabido que hoy, 14 de Septiembre, celebra la Iglesia Católica la festividad de la Exaltación de la Cruz. También en otra fecha señalada, el 3 de Mayo, se celebra la Invención de la Cruz, que aún es mucho más antigua, apareciendo en España en todos los calendarios y fuentes litúrgicos mozárabes. La primera de ambas fiestas, la de hoy, celebra la dedicación de las basílicas de Jerusalén y es de origen oriental, sin que pasara al Occidente cristiano hasta finales del siglo VII a través de rito romano. Por su parte, en la Invención de la Santa Cruz -la Cruz de Mayo- se conmemora el hallazgo por parte de Santa Elena, la madre del Emperador Constantino El Grande, de la verdadera Cruz de Cristo. Elena, fue enviada por su propio hijo a Jerusalén con el fin de encontrarla, para desentrañar aquellas misteriosas palabras -"In hoc signo vincis"- que le dieron la victoria sobre Majencio sobre el Puente Milvio en el año 312.

Pero, en ambos casos, tanto cuando se celebra la Invención, como hoy la Exaltación de La Cruz, debería decirse y hablarse, más bien, de la Invención o de la Exaltación del Amor. Se dice también frecuentemente, que la Cruz, es la que nos salva, pero no es esto exacto. Lo que nos salva es el Amor. La cruz, el madero, el leño, no salva a nadie, lo que salva a todos es el Amor de quien se entregó a la muerte. Cuando se ama, de verdad, todo se supera, hasta el dolor más crudo. Aunque pueda parecer irresistible, se resiste todo, en aras del amor. Porque amar de verdad es entregarse por completo al ser amado, darle todo cuanto uno es y tiene, sin pedir ni esperar siquiera recompensa alguna. El amor es absolutamente gratuito, se dá de valde. Y amó tanto Dios al mundo, que envió a su Hijo para que recibiera la muerte y.. "una muerte de cruz". Esto es lo que habría que entender hoy de la manera más profunda. Porque lo más esencial, la entraña más viva del cristianismo, no es la muerte, ni tampoco la inmortalidad, sino la Resurrección. La de Cristo Jesús, esperanza única de nuestra propia resurrección, no en "el Valle de Josafat", entre la trompetería apocalíptica, sino en el último día de nuestro contacto personal con el Señor, que por amarnos a todos -a todo hombre, hasta a quiénes le rechazan o maldicen- murió en una Cruz. Y eso es lo que hoy debemos exaltar, no el medio sino el fin, el Amor que le llevó a ella, tan sólo por eso, por Amor. ¡Ya tenía que ser grande e infinito...! Luis Madrigal.-

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