lunes, 24 de noviembre de 2008

VERDE, QUE TE QUIERO VERDE...



El rojo de la sangre y el verde de la esperanza, son los dos colores de Navidad, ya próxima un año más. La Navidad es eterna, y por ello siempre es la misma. El rojo, a veces, sobre todo cuando acude a las puestas de sol, puede ser un color que invita a la soledad, o propicia que ésta nos invada. Hoy mismo, 24 de Noviembre del año en curso, he podido saber que la soledad "cruje", aunque no sé si ayer Domingo también crujía. Sí sé, pese a ello, que he de olvidarme del "ayer". Y me olvido. Incluso, puedo y quiero olvidarme también del "mañana", al menos a corto plazo. Pero, en todo caso, crujiese o no ayer, cruja hoy o pueda crujir mañana, yo prefiero decir que la soledad "nihiliza", hace nada a las personas, e incluso, algo peor, "cosifica", las hace cosas. Sin embargo, puede resultar también muy esperanzador si ese rojo color deja en el ensangrentado horizonte del ocaso, cuando el sol se oculta, junto a un nombre -eso siempre es imprescindible- y una colmena, un hondo sentimiento que "inunda de calma, de flores y de miel". Entonces, asoma también la esperanza en ese mismo horizonte. Sin embargo, de un modo más lineal y directo, como ya he dicho, el color más propio de la esperanza es el verde. Y la Esperanza, es todo lo que podemos tener, además del dolor (porque, en este caso, es "lo último que se pierde") o de la dicha, que siempre, siempre, quiere alcanzar la cota máxima del amor. De toda clase de amor, entre los muchos amores humanamente posibles. Fundamentalmente del más puro de todos, que es el de tener permanentemente presente al otro cuando le asalta la soledad. Lo es porque, de este modo, ya no está solo, si siente y percibe la compañía de quien está lejos, pero al mismo tiempo tan cerca como lo están las gotas de rocio que se deslizan sobre los petalos de una rosa. Y por eso, hoy ha venido a mí -después de haber contemplado una bellísima puesta de sol- un breve poema de esperanza:


VERDE, VERDE... SÓLO VERDE

Verdes valles, verdes prados,
huertos y olivares verdes...
Verdes hojas, verdes tallos
que, del ocre, nacen verdes...
Verdes mañanas de Mayo,

que al invierno reverdecen.
Verde juventud lejana,
que ha muchos años fue verde,
tocada de azul y oro y... de rojo, pero verde.
Verdes veredas de Octubre,
entre zarzales aún verdes,
cuando el sol de oro salpica
en calma las blancas sienes.
Verde esperanza perdida,
verde esperanza que viene...
Verde... como el Camposanto,

que guardan cipreses verdes.


Luis MADRIGAL


1 comentario:

Alicia María Abatilli dijo...

Hermoso lo que dices en este post.
¿Me lo agregas en los comentarios en mi blog?
Alicia