miércoles, 17 de febrero de 2010

TRECE SONETOS DE AMOR (IV)



ARANDO EL MAR

Este hondo clamor, este vacío
que siente el corazón y trae el viento;
desborda la memoria y, al momento,
es igual que corriente en bravo río.

Grita en la noche, arrasa mi albedrío,
ciega la luz, congela el movimiento,
suspira de dolor, con suave acento,
y muere de alegría, cuando es mío

el aliento lejano que lo eleva
a través de la cresta de las olas
y en la playa, al morir, tu nombre lleva.

O vuela sobre un campo de amapolas
que surgió del trigal y de la esteva
de un arado que llora por ti a solas.


Luis Madrigal





6 comentarios:

Capuchino de Silos dijo...

Creo que llego a la primera.
¡¡¡Qué maravilla de soneto Luis!!!
¡Cómo se aprecia la riqueza del lenguaje y el contenido que fluye como tu bravo rio!¡Cuánto grito hay dentro de tu alma, Dios mío!
También hay aliento y un precioso respiro.
¡Bravo!

Alicia María Abatilli dijo...

Ese mar fecundo que se viste de presagios.
Diez poemas de amor, el cuarto, los anteriores, todos son para dejarlos grabados en piedra.
Abrazos
Alicia

Mercedes dijo...

Tienes una gran habilidad para encontrar la palabra adecuada y colocarla en el lugar perfecto. Un poema muy hermoso.
Hasta pronto.

Man dijo...

Puede que dentro de 100 años, a base de leer sonetos tuyos, yo pueda tener la osadía de intentar unir algunas palabras en esa conjunción, pero nunca conseguiría que fueran tan bellas como son las tuyos.
Dios no me ha tocado con ese dedo que encabeza tu Blog.
Me descubro. Un abrazo.

Luis Madrigal Tascón dijo...

Man, no hay que exagerar. Dentro de 100 años... ya sabes. No seas tan humilde. Inténtalo y te convencerás de que puedes escribir bellos Sonetos. Tienes madera para ello. Yo también estoy seguro de que podré escribir Haikus, aunque nunca lo haya hecho. Todo tiene su dificultad y su belleza. Un abrazo. Luis.-

Luis Madrigal Tascón dijo...

Alicia, no hay que pretender ni esperar que los versos se graben en piedra, sino en el corazón de quiénes los leen. Un beso. Luis.-