jueves, 29 de marzo de 2012

LA PROSA (IV)




PERIODISMO, RADIODIFUSIÓN, TELEVISIÓN
Y “LITERATURA” DE PROPAGANDA



Luis MADRIGAL



Además del género epistolar -en el que brillan verdaderas obras literarias, por ejemplo las Cartas de Gustavo Adolfo Bécquer-  los géneros ya indicados en las entradas anteriores no agotan la dimensión de la Prosa. Ésta se extiende también a otros ámbitos, si no estricta o propiamente literarios sí relacionados con la palabra, escrita o hablada, y en consecuencia con sus estructuras lingüísticas. Tales géneros pueden ser el periodismo, la radiodifusión, últimamente la TV y, lamentablemente, también la llamada “literatura de propaganda”, tan molesta cuando no instrumento de verdadera profanación de la auténtica Literatura, así como de la Música y del Arte.

El periodismo puede ser, en parte, considerado género literario, cuando no lo es estrictamente de tipo informativo, sino que, dentro de lo que constituye la finalidad periodística esencial  -la difusión de las noticias-  acoge producciones que alcanzan la cota de obra literaria. No hay que olvidar que, algunas novelas, u otro tipo de relatos, y hasta la Poesía han irrumpido más de una vez en los periódicos, y no  es preciso recordar para a ello a Valle Inclán y a la novela folletinesca, dicho esto en el sentido menos peyorativo. Simplemente, en cuanto obra fragmentada en fascículos de aparición periódica. No hay que olvidar, entre otras muchas, que las historias de Sherlock Holmes fueron publicadas por primera vez en “The Strand Magazine”, con ilustraciones de Sydney Pager. Y siempre hay que tener presente aquella significativa imagen colectiva que ofreció al mundo toda Inglaterra, cuando Sir Arthur Conan Doyle “mató” a  Sherlock Holmes. La publicación de la historieta en la que el gran enemigo de Holmes, el profesor Moriarty, moría junto a él en las cataratas de Reichenbach, por una trágica caída, provocó un aluvión de quejas y reclamaciones. En Londres las calles comenzaron a llenarse de personas que llevaban crespones negros en señal de luto por el detective, y protestaban por su muerte. Hasta la familia real británica expresó su consternación por el fallecimiento del personaje. Muchos estudiantes se vistieron rigurosamente de luto y así acudieron a las cátedras de Oxford o de Cambridge, o  pasearon por las orillas del Támesis.  Y así, otras muchas veces, en los periódicos, se dieron a conocer también infinidad de obras propiamente literarias, no solo en el ámbito de la novela, sino en el del pensamiento filosófico. A este respecto, hay que recordar necesariamente los artículos de Ortega publicados en los diarios de Madrid, El Imparcial o El Sol, entre otros.








Sin embargo, el periodismo, como género literario empleado para escribir en la Prensa, nace con el siglo XX. Como tal, y cada vez menos, su calidad literaria no es excesiva precisamente. Su nacimiento se debió al incremento de la libertad de expresión política, con el liberalismo y la mayor rapidez de difusión de las noticias, merced a la facilidad de las comunicaciones, que en el tiempo presente ha alcanzado su máxima cota. De ello cabe deducir que el periodismo pueda ser y sea de dos clases: El polémico, o de opinión, en defensa de unas determinadas ideas, políticas, religiosas, sociológicas, antropológicas o culturales en general -fundamentalmente, para atacar a las contrarias-  y el periodismo estrictamente informativo, que se limita a dar noticias o informaciones, si verdaderamente hace honor a su fin, con absoluta objetividad, sin enjuiciar ni valorar la noticia facilitada. El periodismo polémico, presidido por una ideología determinada, suele utilizar la persuasión, tratando de convencer al lector de la verdad que cree poseer. Pero también utiliza en ocasiones la sátira, tratando de poner en ridículo los razonamientos contrarios, o bien el ataque directo, eliminando argumentos adversos, a fin de hacer prevalecer la verdad propia.  Por el contrario, el periodismo informativo, si lo es de verdad, acostumbra a utilizar un estilo y lenguaje claros, nada tortuosos, buscando tan sólo la verdad de lo que sucedió o sucede. Los tipos de información suelen concretarse en la crónica,  que es una narración de los hechos; bien en la entrevista con un personaje, o con cualquier persona de la calle, a fin de que responda a ciertas preguntas, para poder así recabar información en torno a la verdad, y por último el reportaje, que es la exacta y rápida relación de un suceso, tal y como el periodista lo ve. Suele ir acompañado de imágenes, fotografías o dibujos, y en los tiempos actuales de tomas videográficas del hecho concreto, cuando no propiamente cinematográficas, pero en este último sentido, más que de periodismo propiamente dicho, estaríamos hablando de televisión, o de un periodismo de la imagen, género este no sucesor, pero si posterior o secuencial a la radiodifusión, o periodismo de la voz, de la palabra hablada. Aparte de esto, el verdadero género literario, dentro del periodismo, es el artículo, que puede alcanzar o revestir infinidad de temas, matices y estilos. Personalmente, recuerdo  -ellos motivaron mi afición a escribirlos también en los periódicos, muchos de ellos publicados en el decano de mi Ciudad natal, “Diario de León”-  aquellos maravillosos artículos de Don José María Pemán, publicados en la Tercera de ABC, de Madrid. Creo que Pemán, ha sido el mejor articulista español de los últimos tiempos, sin perjuicio de Ortega, naturalmente, pero el egregio filósofo, generalmente, tendía más al ensayo.




La radiodifusión, constituyó y constituye en nuestros días un periodismo vivo y directo, sobre todo, fulminantemente rápido, mucho más aún que la propia televisión, por su mayor versatilidad y ligereza, al necesitar muchos menores medios de infraestructura informativa. Pero, tanto la radio como la propia televisión, en el fondo se rigen por las mismas reglas del periodismo escrito, con las lógicas diferencias que median entre la palabra escrita y la hablada o la presidida y apoyada por la imagen.

Ninguna mención, a mi modesto juicio, merece ser hecha  -a no ser de carácter totalmente negativo- a la llamada literatura de propaganda, que en nada pertenece al ámbito de la Literatura, sino al de la Mercadotecnia, porque su fin es únicamente el de convencer a un presunto comprador potencial de la calidad de un determinado producto comercial. Sin embargo, este tipo de “literatura” ha llegado a alcanzar un enorme volúmen de actividad, sobre todo en los Estados Unidos de América del Norte, donde surgió el “slogan”, término inglés que pretende resumir una idea, basándose en una frase o imagen, breve y expresiva, y cuya característica principal ha de ser la originalidad y la seducción. Pero también en este ámbito hay que contar con la Prosa, pese a que en ocasiones, de especial mal gusto, se llegue a la profanación de frases o expresiones  -y no sólo en Prosa sino incluso en Verso-  tocadas por la mano del Arte y de la Historia, así como de las imágenes o de la música del mismo signo. Me parece a mí ésta, una “literatura” especialmente desagradable, paleta y grosera, producida para “clases de tropa”, además de irrespetuosa e iconoclasta. Aparte de la injusticia notoria, cuando así resulta ser, quizá ésta es una de las plagas más asfixiantes del sistema capitalista-liberal.

Y con cuanto se ha dicho, creo puede darse por cerrado y concluido este capítulo de literatura menor, o incluso de falsa y molesta “literatura”, para centrarme por entero, y, finalmente, en otros dos géneros literarios. Estos sí que lo son, y no pequeños sino muy grandes. Dentro de lo que, en general, podría llamarse análisis, quiero referirme a la crítica literaria y al ensayo. Pero, fiel a la idea de no hacer inacabable estas entradas, de estos dos últimos grandes géneros prosaicos  -ya sabemos que esto no es peyorativo- trataré en una próxima y ya última ocasión. Gracias por la paciencia, a quienes hayan podido leer las anteriores. Estoy persuadido de que, al menos alguien, de entre quien las haya leído, podrá tener en lo sucesivo una idea exacta acerca de lo que es una cosa u otra y, sobre todo, de qué o cómo puede estar hablando, oyendo o leyendo. Por ello, consideraré haber cumplido con lo que me parece un deber


2 comentarios:

Alicia María Abatilli dijo...

Somos muchos los que te leemos, más de los que crees.
Tengo una compañera, por ejemplo, que lo hace. Es profesora de literatura.
Te dejo un abrazo.
Alicia

Luis Madrigal Tascón dijo...

Muchas gracias, Ali. Saludos a tu compañera. Un beso. Luis.-