miércoles, 9 de agosto de 2017

MUY CERCA DE SUS MURALLAS



AL RECORDAR UN ÉXTASIS DE TERESA DE ÁVILA

Como hace ya tantos años, me encuentro por estas fechas  muy cerca de las murallas de Ávila, pero acabo de ver y oír por TV a un coro de Alcalá de Henares, que interpretaba un canto muy entrañable a mis oídos.
Durante la vida de Teresa, en el Convento de Salamanaca había ingresado una novicia, llamada Isabel de Jesús (Jimena), especialmente dotada para la música y el verso. Una tarde de Pascua de Resurrección del año 1571, Isabel cantó una coplilla amorosa que trataba del sentimiento del alma humana ante la ausencia de Dios, y cuyo poema, con toda certeza, la misma Isabel había escrito y compuesto musicalmente. Teresa la escuchó y seguidamente perdió  el sentido, teniendo que ser llevada a su celda en brazos de dos de las hermanas. La propia novicia, Isabel de Jesús, lo testificó así  años más tarde en el proceso de beatificación de Teresa, en 1614. La novicia Isabel de Jesús (Jimena) es persona especialmente significativa en la vida de Teresa, porque,  allí mismo,  en Salamanca, esta misma novicia, de origen segoviano, hará una copia manuscrita de "Camino de Perfección", que la misma autora revisará pormenorizadamente y la autorizará con estas palabras de su puño y letra en la cercana Alba de Tormes: “He pasado este libro; paréceme está conforme al que yo escribí, que estaba examinado por letrados; tiene las setenta y nueve hojas que aquí se dice con ésta en que firmo, en este monasterio de nuestra Señora de la Anunciación del Carmen, en esta villa de Alba de Tormes, a 8 de febrero , año de 1573. Teresa de Jesús, carmelita” (fol. 79r).

Yo mismo, escuché este canto de coro muchas veces durante mi infancia, en León, en la vieja iglesia de mi Parroquia de San Juan de Renueva, cuando era su Párroco Don Eladio Tejedor Alcántara, que había nacido en Villalpando, en la vecina y hermana Provincia de Zamora:  "Rantia Gloria Extolle". O, con mayor orden y precisión: "Gloria ex tollerantia", como hubiera gustado a los Zúñiga.

Pues bien, la coplilla era esta: 

Véante mis ojos,
dulce Jesús bueno;
véante mis ojos,
muérame yo luego.

Vea quien quisiere
rosas y jazmines,
que si yo te viere,
veré mil jardines:
flor de serafines,
Jesús Nazareno,
véante mis ojos,
muérame yo luego.

No quiero contento
mi Jesús ausente,
que todo es tormento
a quien esto siente;
sólo me sustente
tu amor y deseo,
véante mis ojos,
dulce Jesús bueno;
véante mis ojos,
muérame yo luego. 

Es de extrañar, tan sólo en cierto modo, porque los vascos son de la tierra de Ignacio de Loyola, y tradicionalmente fervorosos y recios cristianos, que, en esta época que corremos, la Capilla Músical de la Catedral de Bilbao, con motivo de la celebración del 75 Aniversario de la Schola Cantorum, interpretase muy recientemente, en la Parroquia de San Vicente de Baracaldo, esta joya de espiritualidad eucarística, en el V Centenario de su composición literaria y musical. Con la única objeción, por mi parte, de que en el Programa se atribuyó este poema a Santa Teresa de Jesús, como habitualmente ha venido haciéndose. Pero ni el poema ni la música son de Teresa, sino de una de sus jóvenes novicias, de entre las que tenían en aquel Convento de Salamanca el nombre canónico de Isabel de Jesús. Teresa, "simplemente" entró en éxtasis, al escucharlo. Seguidamente tengo el honor de ofrecer, a quien tenga oídos para escuchar, esta vieja reliquia:


No cabe la menor crítica a la versión de este coro, pero tal vez la subida del archivo a YouTube ha generado algunas deficiencias de sonido. Por ello, voy a ofrecer seguidamente otra versión, la editada por Esperanza Rodriguez Prieto, de sonido mucho más claro, si bien, según me ha parecido, con algunas interpolaciones o adiciones que, según entiendo, no figuran el los versos originales.







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