sábado, 24 de enero de 2009

LOS SONETOS DE AMOR DE LORCA (4)




4. SONETO DE LA CARTA. Ver arriba, en ampliación

LOS SONETOS DE AMOR DE LORCA (3)


3. LLAGAS DE AMOR
Esta luz, este fuego que devora
este paisaje gris que me rodea.
Este dolor por una sola idea.
Esta angustia de cielo, mundo y hora.
Este llanto de sangre que decora
lira sin pulso ya, lúbrica tea.
Este peso del mar que me golpea.
Este alacrán que por mi pecho mora.
Son guirnalda de amor, cama de herido,
donde sin sueño, sueño tu presencia
entre las ruinas de mi pecho hundido.
aunque busco la cumbre de prudencia
me da tu corazón valle tendido
con cicuta y pasión de amarga ciencia.
Federico García Lorca
Arriba, facsimil de ABC, con ilustración de Grau Santos

jueves, 22 de enero de 2009

LOS SONETOS DE AMOR DE GARCÍA LORCA (2)


2. SONETO DE LA DULCE QUEJA


Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento
que me pone de noche en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas, y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

No me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi Otoño enajenado.

Federico García Lorca


Arriba, reproducción facsimil de la Edición de ABC
Puede observarse, en el Soneto precedente, la particularidad de que la rima de los dos cuartetos, no responde a la estructura tradicional, de tal modo que, en ambos lógicamente, el primer verso rima con el tercero y el segundo con el cuarto, esto es, Lorca, que escribió estos sonetos, como ya hemos dicho, entre 1935 y 1936, utiliza una rima cruzada en los cuartetos. En el Soneto, los cuartetos mantuvieron las formas de rimas cruzadas (ABAB: ABAB) hasta 1280, pero entre 1280 y 1300 se impuso la estructura ABBA: ABBA. Sin embargo, Lorca, parece ser que no tuvo en cuenta que, desde 1280, habían transcurrido ya, exactamente, 655 o 656 años y, algunos menos desde 1300. Eso se llama tener carácter y personalidad. Conclusión, poetas y poetisas: Haced siempre lo que os guste. La Nota es mía que conste, aunque no presumo de nada.

miércoles, 21 de enero de 2009

LOS MÁS BELLOS SONETOS DE AMOR




Creo que fue en el año 1984, cuando el Diario ABC, de Madrid, exhumó de entre la niebla de la historia -y más de una historia trágica, por muchos motivos- lo que, para mi gusto poético es una de las joyas de la poesía española de todos los tiempos. En aquel año, y volvió a reproducirlos a todo color al año siguiente, ABC publicaba los "Sonetos de amor", de Federico García Lorca. Fue el gran acontecimiento cultural de aquel año, porque aquellos sonetos habían permanecido en el más riguroso inédito, desde que el gran poeta granadino los escribió, entre 1935 y 1936, poco antes de su miserable y vil asesinato. Decía también en aquella ocasión, el editorialista de ABC, que Pablo Neruda, que los había oído recitar, de la propia boca de Lorca, los calificó "de increíble belleza" y dedicó muchas horas de su vida a una larga búsqueda que nunca tuvo éxito. ABC, pudo honrarse entonces, con toda justicia y mérito, de haber podido descrubrirlos y de tener el honor de publicarlos por primera vez. En aquella ocasión, fueron acompañados de comentarios y análisis de personalidades del mundo literario español, entre ellas Fernando Lázaro Carreter, Francisco Giner de los Ríos, Miguel García Posada y Manuel Fernández-Montesinos, sobrino de García Lorca, y publicados nuevamente al año siguiente, a todo color, con ilustraciones del pintor Grau Santos.

Mi criterio literario y poético, no sirve de nada, o de bien poco, pero yo he leído los Sonetos de Garcilaso, de Lope de Vega, de Juan Ramón Jiménez... y de tantos poetas más como han cultivado esta estrofa reina de las rimadas, por su exquisita sonoridad. Y, en esta misma perspectiva, considero que sus "Sonetos de amor", no sólo me parecen la mejor poesía de Lorca, sino los mejores sonetos de amor de toda nuestra literatura. Sé muy bien, que, en el Soneto, los tercetos pueden rimarse "al gusto y criterio del poeta" y, desde luego, con esta rima, los hay excelentes y muy sonoros. Pero también sé, y me permito afirmar, que cuando Garcilaso importó de Italia esta bellísima estrofa, "il suono" (a mi modesto juicio la más apropiada para expresar el amor), a fin de que su musicalidad alcanzase la armonía máxima, era preciso encadenar los tercetos, cosa que tan sólo sucede de vez en cuando, incluso entre sonetistas ilustres. En estos de Lorca, no. Todos ellos son garcilasianos, como ustedes, o vosotros, podrán y podréis comprobar, porque este humilde Blog piensa ofrecerlos a cuantos deseen "gustarlos", bien por no haberlos leído nunca, bien por cualquier otra posible razón. Alimentarse de poesía nunca es malo para el espíritu, ¿verdad?. Un cordial saludo a todos, especialmente a los poetas y... a las poetisas. Luis Madrigal.-

Comenzaré hoy mismo, por el mismo orden de su publicación en ABC, y con las mismas ilustraciones, hasta donde sea posible, del pintor Grau Santos.


1. SONETO DE LA GUIRNALDA DE ROSAS


¡Esa guirnalada! ¡pronto! ¡que me muero!
¡Teje deprisa! ¡canta! ¡gime! ¡canta!
Que la sombra me enturbia la garganta
y otra vez viene y mil la luz de Enero.

Entre lo que me quieres y te quiero,
aire de estrellas y temblor de planta,
espesura de anémonas levanta
con oscuro gemir un año entero.

Goza el fresco paisaje de mi herida,
quiebra juncos y arroyos delicados.
Bebe en muslo de miel sangre vertida.

Pero ¡pronto! Que unidos, enlazados,
boca rota de amor y alma mordida,
el tiempo nos encuentre destrozados.


Federico García Lorca


Arriba, García Lorca, visto por Grau Santos y manuscrito del poema, con las propias correciones efectuadas por el poeta.

lunes, 19 de enero de 2009

LOS MITOS


Con relativa frecuencia, se dice que algo o que alguien “es un mito”, con lo que, en el significado general y vulgar de la expresión, lo que quiere decirse es que eso o esa persona se encuentran al margen de lo real, de la estricta y dura -y a veces triste- realidad. Por ejemplo, yo creo, aunque esto es una visión particular, que el socialismo, como doctrina política y como organización en grupos políticos (los partidos socialistas) es un auténtico y verdadero mito, en lo que tiene de ajeno a la realidad, tanto axiológicamente, como en estrictos términos operativos y pragmáticos. Por eso, yo no he sido nunca socialista, y jamás lo seré. Para eso, ya tengo el cristianismo, que, cuando es verdadero, se constituye en el socialismo más puro y radical, aparte de ser el más dulce y misericordioso. Pero, un mito, no es eso, aunque también sea algo de eso. Si tan sólo lo fuera, la inmensa mayoría, la mayor parte de las cosas que con nosotros entran en contacto en la esfera social, serían un mito. Un mito, es algo mucho más que eso. Esto es, mucho más que una sarta, mejor o peor presentada, de puras mentiras, aunque exquisitas algunas de ellas. Y no sólamente, de las mentiras que constituyen el contenido de la Mitología -no sólo de la greco-latina- sino de cualquier mitología, ya que son muchas, hasta tal punto que no hay cultura o civilización que no tenga o haya tenido la suya propia.

En principio, efectivamente, el mito es una fábula, una ficción alegórica, que puede extenderse, no ya, como tanto se dice, al ámbito o materia religiosa, sino que comienza por afectar, antes que a la religión, a la pura filosofía. Sabido es que si la Filosofía, la ciencia filosófica, o mejor dicho el pensamiento (porque la Filosofía no es una ciencia) que trata de descubrir la causa radical de todas las cosas, llegó a nacer, fué porque, antes, la mera Mitología, no pudo, lógicamente, ser capaz de conformar a los hombres con las diversas explicaciones del mundo, y de cuanto en él acontecía. Los propios griegos, entre quienes nace, no la Mitología (porque hay mitologías muy anteriores en Egipto, Fenicia y Caldea), pero sí la Filosofía, no podrían aceptar, llegado el tiempo, que si el mar se embravecía, ello era así porque a Neptuno le había hecho daño el desayuno o la merienda, o bien por no haber podido conciliar el sueño durante la noche anterior. Por eso, el primer filósofo, tuvo que preguntarse, simplemente eso, sólo preguntarse: ¿Qué habrá más allá del mar?. Y muchas cosas más. Y, por ello, la Filosofía, no consiste en responder, sino esencialmente en preguntar. Para responder, nació la Ciencia positiva, que como decía Ortega, crece y se ensancha, a base de ampliar su diámetro, superándose a sí misma, explicación tras explicación, de tal forma que cada una de ellas corrige o enmienda a la anterior. La Filosofía, en cambio, no crece ni se desarrolla (decía don José) ampliando el diámetro, sino cambiando continuamente de centro, y por ello es “exocéntrica”, a diferencia de la Ciencia, que siempre es “concéntrica”. Cuando un principio o postulado se verifica como cierto, a partir de él, se sigue avanzando, desechando al mismo tiempo todos los que eras falsos. Pero, la Filosofía, toda filosofía, jamás desecha nada, ni puede hacerlo. Simplemente, se limita a cambiar el centro de partida. Y así, van surgiendo infinidad de "centros" y, en consecuencia, de perspectivas de desarrollo. De sistemas filosóficos.

Pero, el mito, es una realidad social compleja, que en consecuencia, no podría expresarse en virtud de una única definición, ni se puede tampoco caracterizar homogéneamente, ni ser objeto de una valoración unánime. Porque, ya nadie entiende que “mito” pueda ser sinónimo de “historia falsa”, o de “fábula”, o bien de elaboración caótica desprovista de toda lógica, y menos aún de “invención fantástica”. Y esto es así, porque hay mitos “reales”, que no son propiamente mitos, sino tan sólo engaños y estafas. Y aunque pueda resultar yo cargante, un buen ejemplo es el que antes proponía, el del socialismo y los partidos socialistas. ¡Y no digamos el del marxismo-leninismo! Cincuenta años, van a cumplirse ahora en Cuba, donde el régimen tiránico de Fidel Castro ha encarcelado y quitado la vida -asesinado- a miles de personas y exilado a más de tres millones. Si alguien preguntase a esos cubanos, a los vivos, claro, pero que lloran muy de cerca a sus muertos, o lamentan la ausencia de los que tuvieron que irse de la Isla, si eso es o no un “mito”, lo negaría categóricamente, porque su realidad chorrea sufrimiento y sangre. Y sin embargo, lo es, es un mito en la misma medida en que es una absoluta mentira, en lo que hace referencia a algo tan esencial como el modo de organizar políticamente la convivencia humana para que, en el seno de esa organización, pueda alcanzarse el mayor bienestar material posible y el mayor grado de felicidad del ser humano. Sin duda alguna, también la democracia es otro mito, pero asimismo un mito real y, tal vez, tampoco “el menos malo”, como dicen que afirmaba Winston Churchill, sino, por el contrario, el más objetivamente falso, si hemos de tomar aquellas palabras que hace pronunciar Henrik Ibsen, al protagonista de “Un enemigo del pueblo”: “Queréis tener razón, simplemente porque sois más”. La realidad pura, era la de que, en aquel balneario, sus aguas contenían gérmenes nocivos para la salud y la vida, pero la realidad práctica es que “sabían más”, porque "eran más", los que apedreaban al médico que lo descubrió, para echarle a pedradas del pueblo, a fin de no arruinar los intereses económicos. Y así sucede, tantas veces, cuando en las noches electorales “se recuentan los votos”, para que quienes hayan obtenido más, puedan dictar a millones de seres humanos la “verdad”, la que les conduzca a la ruina. Eso es, más o menos, la democracia, o gobierno del pueblo soberano y… analfabeto.

El siglo XIX, recibió inicialmente a los mitos enfrentándose a ellos en nombre del racionalismo. Entonces, mito era lo ininteligible en la realidad, el modo de pensar definitivamente superado por la Ciencia. Se consideró incluso una enfermedad del lenguaje, en el que los hombres se convertían en dioses, o personificaban los fenómenos naturales. Pero, el romanticismo, exarcebó la estimación del mito y llamó la atención acerca de su entidad, importancia y seriedad en las religiones tribales. Ello coincidió con los ataques de Nietzsche a la intelectualidad, y Bergson defendió que el mito representa la defensa de la cohesión social gracias a que la “función fabuladora”, como resto del instinto, se opone a la acción disolvente de la inteligencia. Desde luego, yo siempre he creído que el ser humano, se pierde por la razón y se salva por el instinto, pero no sé, no estoy muy seguro, de si en esto se puede dar la razón a Bergson. Paradójicamente, a la corriente anti-intelectualista, vino a sumarse el propio neokantismo, al aportar una estimación positiva del mito, llegando al extremo de otorgarle un valor cognoscitivo no inferior a la Ciencia. Y, parece ser, que aun esto no era suficiente. En el campo de la alta Psicología, Jung vio en el mito una expresión de los arquetipos del inconsciente humano. Para Jung, el mito es nada menos que una manifestación psíquica del ser del alma (noumenon) que se proyecta simbólicamente en alegorías neutralistas por obra del “inconsciente colectivo”. No sólo los psicólogos, también los etnólogos observaron aspectos positivos, de tal forma que llegaron a subrayar en el mito su carácter de “realidad vivida”. Y, por último, en el campo de la religión, uno de los más relevantes historiadores de las Religiones, el rumano Mircea Eliade, que vivió en la India, ha llegado a afirmar que el mito define a la divinidad, plástica y dramáticamente, mientras que la Filosofía y la Teología, “pretenden” definirla dialécticamente. Las comillas, las pongo yo, desde luego, aunque no sería necesario, dado el alcance y contendio semántico del verbo pretender. Porque, si Dios, pudiera ser conocido por el hombre, en ese mismo instante dejaría de ser Dios. Pese a ello, el teólogo luterano Paul Tillich, nacido en Alemania y pastor de su Iglesia en aquel país, pero que terminó explicando Teología en Harvard, también ha considerado el mito una “categoría religiosa”, porque, según él, la experiencia de este carácter capta una hierofanía (o manifestación de lo sagrado, ante un fenómeno natural, sea una noche estrellada o una puesta de sol), porque, según Tillich, el mito desvela (o “devela”, para nuestros amigos argentinos) la realidad absoluta.

En fin, todo esto dicen que es el mito, y no lo que generalmente se piensa de él, a primera vista del término, o del concepto tradicionalmente transmitido. Sin embargo, a mí lo que verdaderamente me gusta, como producto estrictamente literario, es la Mitología, propiamente dicha, muy en particular la greco-latina. Hace ya bastantes años, cobré hacia ella una cierta afición, que me hace releer, alternativamente, alguno de los volúmenes de los que dispongo. Por su sencillez, pese a alcanzar las trescientas páginas, recomiendo, especialmente a los lectores de Wikipedia (“la enciclopedia libre”) -excesivamente libre en ocasiones, diría yo- la obra cuya portada ilustra hoy esta entrada. Juan Humbert, es un excelente especialista en la materia, en esta versión de la 24ª edición francesa. ¡Animaos, amigos! Luis Madrigal.-

EJECUCIÓN DE UN PASTEL Paso a paso