¡Qué susto...! Con esa monserga que todo el mundo llama "la crisis", sin que casi nadie sepa qué es, en qué consiste, cómo se engendró ni cuando terminará, ya pensaba yo que, este año, en Navidad no habría luces en las calles y plazas de Madrid, tan luminosamente florecientes todos los años. Por fortuna, esta misma mañana he podido ver a unos empleados del Ayuntamiento instalando el tendido eléctrico navideño que lucirá cerca de mi casa. En cuanto se haya instalado por completo y luzca perfectamente, ofreceré unas fotografías de elaboración personal, en vivo y en directo, de esta nueva Navidad luminosa de Madrid ¿Cómo podría dejar de ser luminoso el Acontecimiento más incomprensible de la Historia, consistente en que Dios tome nuestra propia carne, en el seno de una Mujer de nuestra raza? Admito que el Hecho es exorbitantemente sorprendente. O tal vez, sería mejor decir "cósmico", mejor dicho meta-cósmico, apocalíptico en el mejor y más puro sentido de este término, que ya conocemos en este humilde Blog. En suma, yo no tengo palabras, no creo que puedan existir, ni que nadie pueda tenerlas para poder describirlo, expresarlo y, desde luego, vivirlo. Esto es lo esencial. Es un Acontecimiento rigurosamente histórico, acontecido dentro del tiempo, pero al propio tiempo eterno. Ello puede explicar, no sólo lo de las luces, que puede ser una “degeneración”, como casi todo lo demás, la fiesta, los vestidos, la comida familiar. Todo eso surgió sin duda a través de los siglos, desde sus orígenes, en la mente sana y sincera de las gentes que se alegraban y lo celebraban tanto porque sabían muy bien lo que significaba que el mismo Dios, bajo la forma de un Niño, señal y símbolo de la pureza y de la ternura, viniera a librarles de la esclavitud de la muerte. Ese es el efecto más radical, unido al de su Muerte y Resurrección, del Nacimiento de Cristo. Por eso se encienden las luces, se celebran comidas y reuniones de amigos y, sobre todo, de la familia. No es nada difícil adivinar que todo lo demás, sin causalizar y explicar tal alegría, carece de sentido por completo, aunque la miserable y canallesca sociedad civil, paganizada, pretenda excluirlo de su verdadero origen, tratando de instaurar progresivamente otro carnaval de fin de año, o unas vacaciones de invierno, como se ha tratado de argumentar. Pero, para nosotros los cristianos, sin renunciar a las luces, a la fiesta en el sentido más humano, llena de alegría, ni por tanto al turrón y al champagne, o a los juguetes de los que vendrán cargados los Reyes Magos, para llenar de fantasía e ilusión a los niños, lo que esencialmente cuenta y nos transciende es el mismo grandioso Misterio de un Dios hecho carne, que esa Noche, tan sólo es un Niño, que nace desnudo y sin riqueza alguna, para librar al mundo de la verdadera muerte. Luis Madrigal.-
jueves, 18 de noviembre de 2010
martes, 16 de noviembre de 2010
LO IMPOSIBLE
Fue Napoleón Bonaparte, aquel maldito corso, aquel bajito tirando a enano, pero también a gigante en tantos aspectos, no sólo estratégico-militares, sino también relativos, a la cultura, el arte o el urbanismo moderno, en su funcionalidad y belleza (se dice que París es diferente, según se le mire antes o después de Napoleón) quien dijo más o menos literalmente que “Lo imposible es el fantasma de los tímidos y el refugio de los cobardes”. Frase redonda para un militar ambicioso, como él lo era, pero sumamente despreciativa para el común de los mortales. Pobres de nosotros los tímidos, cuando no, tantas veces, cobardes, amedrentados por las duras circunstancias de la vida, o apenados por las desilusiones más tristes y radicales, frente a lo que es o nos parece imposible. Comenzando por la Lengua, la palabra “imposible”, en cuanto expresión gramatical, en cuanto lexema, fundamentalmente está formada por este último, de contenido positivo, posible, pero también de un morfema, antepuesto, in, que al preceder a “p”, hace que, ortográficamente, se escriba im-posible. En el sentido más genérico, se trata de un afijo. Los afijos, son secuencias lingüísticas que bien se anteponen, se posponen o incluso se insertan en la palabra. Según esto suceda, constituyen prefijos, sufijos o infijos, respectivamente, en sentido específico. En nuestro caso, el morfema “in” es un prefijo, puesto que se coloca delante del lexema “posible”. Y aun cabría hablar (esto de la Lengua no es tan sencillo como parece, puestos a utilizarla con rigor) de interfijos y de circunfijos; o bien, dentro de los sufijos, de sufijos sustantivos, sufijos adjetivales, verbales o adverbiales, asi como de que los primeros pueden actuar como morfemas flexivos, y todo ello, bien se trate de procesos de flexión o de derivación, con el fin de aumentar el número de palabras de entre las que consta una Lengua, lo que se denomina por los lingüistas “fenómeno de productividad del lenguaje”, formando otras nuevas que, en algunas ocasiones, poseen contenido semántico contrapuesto a aquel que se atribuye a la palabra de la que derivan. Y esto es precisamente lo que sucede en nuestro caso, en el que lo imposible, es radicalmente contrario a lo posible. Por ello, será preciso determinar el concepto esencial de “posible”, para en consecuencia poder determinar lo que no puede serlo, o no lo es. Para ello hay que entrar ya en el ámbito de la Filosofía, y no tanto quizá de la Lógica, sino incluso en el de la Metafísica.
Líbreme Dios a mí de intentar semejante tarea, sobre la que me parecen contados los ensayos filosóficos, por lo que he creído observar. Me parece que todo queda reducido a Laibniz, a la teoría leibniziana sobre la percepción, el principio de identidad y el de razón suficiente, y en último término a Russell y Deleuze, quienes corrigieron algunas órbitas de la cuestión, desde la teoría matemática del análisis del infinito y el cálculo diferencial. Pero tengo la impresión de que, aunque corriesen ríos de tinta sobre el particular, resultaría sumamente complicado alcanzar conclusiones definitivas y contundentes. En otras palabras, me parece estar incurriendo en la paradoja, o en la aporía de admitir que es imposible definir y determinar “lo imposible”. Ya tan sólo gramaticalmente, para asignar o atribuir contenido y significación propia a tal término, y partiendo de que su antípoda, lo “posible”, es “aquello que puede ser o suceder”, el propio Diccionario RAE, en lo que respecta al castellano, define lo imposible tan sólo merced a una figura retórica que “consiste en asegurar que antes de que suceda o deje de suceder algo ha de ocurrir otra cosa de las que no están en lo posible”. En efecto, esto es pura retórica y la retórica no es otra cosa sino un mero artificio, o si se quiere un arte, pero cuyo único fin es el de bien decir y dar al lenguaje escrito o hablado eficacia bastante para deleitar, persuadir o conmover.
Y así las cosas, pobre de mí, desisto de cualquier tipo de aventura en el sentido indicado. Yo no sé, no puedo saberlo, qué es exactamente lo imposible. ¿Lo sabe alguien? Pero hay otro ámbito, un seno tortuoso y amargo, el de la experiencia y también, si se prefiere, el del sentido común y, en esta perspectiva, frente a la idea metafísicamente inaprensible de lo imposible, me refugio en la Poética, que nada tiene que demostrar ni probar, sino tan sólo exhalar algún suspiro que, cuando es doloroso, suele inspirar alguna serie de poemas como los que, por mi parte, iré sucesivamente desgranando en este humilde Blog, intercalándolos entre otras notas, al paso de ese misterio que llamamos “el tiempo”. Mientras éste transcurre -si es que es así- o al menos mientras pasa la vida. Los haré responder a un título genéricamente común a todos ellos. Precisamente el ya indicado: “Cantos desesperados al imposible”. No sé si presuntuosamente, tal vez es así, pero tengo la esperanza de que algunos de estos sucesivos próximos poemas, sean del gusto de ustedes, de vosotros, queridos amigos. Luis Madrigal.-
jueves, 11 de noviembre de 2010
EN LAS HORAS VACÍAS...
EN CALMA TE RECUERDO
En calma te recuerdo...
Pienso en tu cabello de oro iluminado,
que mece el viento junto a un lago
azul y vaporoso, cercado de montañas
donde danzan las Hadas...
Veo blancos penachos,
cabalgando entre ondas,
al joven sol que deja atrás la tarde.
Nada me es posible, nada puedo...
Sólo pensarte,
mientras el tiempo huye, y su sarta
nonótona y monocorde, sin color ni latido,
arrastra impulsos vivos
a un seno de silencio y de muerte...
Mas, al menos, existes,
aunque para mí no seas;
aunque tu imagen vacía e infecunda,
evaporada como el agua,
tiñe de ti las nubes y, entre ellas,
distingo borrosamente tu rostro
que toman mis manos temblorosas
para que, dentro de mí,
nunca se desvanezca.
Luis Madrigal
miércoles, 10 de noviembre de 2010
LAS HORAS QUE NO VUELVEN
LAS HORAS QUE NO VUELVEN
Me obstino en que no fue,
pero ya ha sido…
¡Cuántas horas sin tiempo,
cuántos días…!
Con todo -que fue nada- ya perdido
los minutos se escapan
y no vuelven…
Ya siempre será así
y, sin ti, envuelven
tristeza y agonía…
dolor del corazón,
melancolía,
angustia y soledad…
Del alma, desazón,
sed a porfía,
amargor y calvario…
Día a día.
Luis Madrigal
"APOCALIPSIS" DE AYER Y HOY
ACTO I
(1936)
ESPAÑA, APARTA DE MI ESTE CALIZ
Niños del mundo,
si cae España -digo, es un decir-
si cae
del cielo abajo su antebrazo que asen,
en cabestro, dos láminas terrestres;
niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!
¡qué temprano en el sol lo que os decía!
¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!
¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!
¡Niños del mundo, está
la madre España con su vientre a cuestas;
está nuestra maestra con sus férulas,
está madre y maestra,
cruz y madera, porque os dio la altura,
vértigo y división y suma, niños;
está con ella, padres procesales!
si cae España -digo, es un decir-
si cae
del cielo abajo su antebrazo que asen,
en cabestro, dos láminas terrestres;
niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!
¡qué temprano en el sol lo que os decía!
¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!
¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!
¡Niños del mundo, está
la madre España con su vientre a cuestas;
está nuestra maestra con sus férulas,
está madre y maestra,
cruz y madera, porque os dio la altura,
vértigo y división y suma, niños;
está con ella, padres procesales!
Si cae -digo, es un decir- si cae
España, de la tierra para abajo,
niños, ¡cómo vais a cesar de crecer!
¡cómo va a castigar el año al mes!
¡cómo van a quedarse en diez los dientes,
en palote el diptongo, la medalla en llanto!
¡Cómo va el corderillo a continuar
atado por la pata al gran tintero!
¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto
hasta la letra en que nació la pena!
Niños,
hijos de los guerreros, entre tanto,
bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo
la energía entre el reino animal,
las florecillas, los cometas y los hombres.
¡Bajad la voz, que esta
con su rigor, que es grande, sin saber
qué hacer, y está en su mano
la calavera hablando y habla y habla,
la calavera, aquélla de la trenza,
la calavera, aquélla de la vida!
España, de la tierra para abajo,
niños, ¡cómo vais a cesar de crecer!
¡cómo va a castigar el año al mes!
¡cómo van a quedarse en diez los dientes,
en palote el diptongo, la medalla en llanto!
¡Cómo va el corderillo a continuar
atado por la pata al gran tintero!
¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto
hasta la letra en que nació la pena!
Niños,
hijos de los guerreros, entre tanto,
bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo
la energía entre el reino animal,
las florecillas, los cometas y los hombres.
¡Bajad la voz, que esta
con su rigor, que es grande, sin saber
qué hacer, y está en su mano
la calavera hablando y habla y habla,
la calavera, aquélla de la trenza,
la calavera, aquélla de la vida!
¡Bajad la voz, os digo;
bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto
de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún
el de las sienes que andan con dos piedras!
¡Bajad el aliento, y si
el antebrazo baja,
si las férulas suenan, si es la noche,
si el cielo cabe en dos limbos terrestres,
si hay ruido en el sonido de las puertas,
si tardo,
si no veis a nadie, si os asustan
los lápices sin punta, si la madre
España cae -digo, es un decir-
salid, niños del mundo; id a buscarla!...
bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto
de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún
el de las sienes que andan con dos piedras!
¡Bajad el aliento, y si
el antebrazo baja,
si las férulas suenan, si es la noche,
si el cielo cabe en dos limbos terrestres,
si hay ruido en el sonido de las puertas,
si tardo,
si no veis a nadie, si os asustan
los lápices sin punta, si la madre
España cae -digo, es un decir-
salid, niños del mundo; id a buscarla!...
César Vallejo
(Santiago de Chuco, Perú, 16 de Marzo de 1892 - París, Francia,15 de Abril de 1939)
ACTO II
(2010)
SEÑOR: EN TUS MANOS ENCOMIENDO A ESPAÑA
El Jinete, asoma su pavoroso espectro
tras las rojas colinas, donde el sol poniente
tiñe de fuego su decadente viaje.
El horizonte, que fue ayer tan azul, estalla en ascua,
que abrasa y se retuerce convulsa.
Entre estertores, tiembla la Tierra.
Sus cimientos, se conmueven y agrietan.
Los ríos se desbordan, inundando el mar,
que alza su encrespado manto
hasta el techo de la Montaña inmensa.
Gime el viento, salvaje y arrasador,
y aniquila, a su paso, cuanto antes vivía.
Aquel árbol frondoso; aquella flor,
aquel dulce sonido que embelesa...
En la jungla, no queda ya en pie un muro
sin el estigma -sucio y harapiento- de la repulsiva pintada
y, entre su estúpida grafía de colores sin luz,
el más torpe instinto animal,
deja la zarpa de lo más abyecto.
¡Ha estallado la libertad sin calma y, en su nombre,
se enfangan las paredes!... Se incendian papeleras,
muere el lenguaje y se olvida la Memoria.
La más pura inmundicia, invade los sagrados ámbitos
del ser, de la luz, de la palabra, del amor...
Surgen a raudales, de la nada,
un millón de antropomórficos seres vacíos,
que se enriquecen y cobran nombre
a la sombra de otros de igual raza,
hechos también de sombra.
Nacen sin cuento, cada día, mil universidades
-Villaconejos, pronto tendrá también la suya-
mientras el Alma Mater -triste y sóla- agoniza
entre la asfixia, asaltada por la amorfa masa sin luz.
Los estudiantes, armados de bates, exigen a pedradas
la muerte de las reglas ortográficas,
del Latín, de la Historia, de la Filosofía de Grecia,
del Derecho de Roma.
Aquel cerebro opaco, de desviado sexo,
que es ahora el Sumo Sacerdote, oficia rebeliones
y enciende la liturgia de ciencias que no existen.
Aquella mujer zafia, desgreñada, verdulera,
que berreaba al pie de la pancarta,
ha sido nombrada ministro de algo. De cualquier cosa.
La horrible Caja, entre su hedionda peste,
difunde al día dos mil frentes, en la guerra del fútbol
y, un futbolista, escribe con falsilla
el libro más vendido. Acaso, el más leído. El único...
Ha muerto Montesquieu -hace ya tiempo-, asesinado
en algún callejón, por navajeros
de la política espúrea, vil, canalla.
Y no es el mal más grave...
También ha muerto Erasmo -de tristeza-
y para siempre han muerto, en el olvido
de su palabra exacta y clara como el día,
Heráclito y Parménides, los milesios,
Anaximandro, Tales y Pitágoras;
Protágoras y Sócrates, Platón,
Aristóteles -su virtud dianotéica-
su concepción del Hombre y... su Ética.
Epicuro, Agustín de Tagaste, el Sol de Aquino...
La fe y la razón. Y la Escolástica.
Guillermo de Ockham y su nominalismo,
Kepler y Galileo; Malebranche y René Descartes.
Y Spinoza, Bacon, Hobbes, Locke y Leinniz,
Jorge Bekerley, David Hume y Enmanuel Kant...
Husserl y Heidegger, Ortega y Unamuno.
El existencialismo.
Mounier y Maritain, y su vital personalismo edificante.
Y hasta Hegel, Feuerbach, Engels y Marx,
que predicaban ayer verdad tan falsa
para alentar sangrientas utopías, yacen ahora,
junto a las momias asesinas de la gran muralla.
Ni eso ya queda. El propio crimen, sucumbe a la barbarie.
Han muerto ya...
la Biblioteca, el Ateneo, el Foro, la Academia.
Diderot y D´Alembert. La Enciclopedia.
La Ilustración, el estructuralismo de Lévi-Strauss
y el análisis preciso del lenguaje, de Ludwig Wittgenstein.
Y Domat y Pothier, que vislumbraron
lo que alumbró de Roma Savigny
y que Tronchet, Bigot de Premeneu,
Portalais y Maleville después reunieran
en aquella filigrana de la Norma, para regir al Hombre.
¿Dónde, de su arte, estarán ya -eternas, redivivas-
las inmortales huellas?... Quizá también ya han muerto
el ars antiqva, el nova ars, el canto llano,
la Escuela de Notre Dame y el Codex Reina,
los Conciertos de Bach, el Requiem soberano
del Genio de Salzburgo... El dulce Schubert...
Las nueve sinfonías de Beethoven...
La Eneida, Las Bucólicas, La Arcadia;
los sonetos de Shakespeare y El Quijote;
Las Meninas, El Entierro en Orgaz, La Gioconda...
Quizá, la ley de Newton, Gay-Lussac, o Boyle-Mariotte,
que rigen la materia, alguien haya usado al revés...
en la burda chapuza, que hoy acecha.
Y aquella ecuación de Einstein, universal esencia todavía:
“Que E es igual a.m -que es la masa-
si al cuadrado de c -que es luz en el vacío-
por ella multiplica su energía”,
La gran verdad, halla también olvido. A la masa, sin luz,
no hay quien alumbre. El coeficiente, es cero en el espacio.
En el tiempo, el ser que fue, no es. Ya no es el Hombre.
Solo “está ahí”, como sombra que se mueve. Como cosa.
Solo el fango, la carne y un cuero,
que arranca puntapiés a ras de suelo,
alienta su dasein de cada día.
Cual puro semoviente, va y viene. Se hacina
junto a una barra estrecha, en una esquina
donde la bestia llana encuentra selva.
El horrible artefacto, colgado de un estante,
enciende luces, colores de Arco Iris
que, frenéticas, se expanden al instante
en la honda penumbra. El sol, camina ya hacia su ocaso.
En fértil pasto iluminado, de radiante esmeralda,
se reflejan abigarradas rayas, cuadros y colores
de todos los matices y frecuencias.
Rombos, roeles, franjas, perfiles de picardos
y barrocas las vueltas de unas medias.
A veces, algún viejo escapulario,
cuando no un corazón, con una flecha,
y hasta algún flan que, siempre dulce, atrae
el vuelo y el zumbido de una abeja.
Arlequin y Pierrot, sobre la hierba,
-ayer, mañana, hoy - librarán en el circo mil contiendas.
Lucen ahora los más vivos colores,
vestido y atavío hecho de seda,
para lucir el músculo que grita,
cuando el cerebro duerme su sopor de niebla.
Cambia la luz, el plano, la distancia,
para acercar precisa alguna coz,
un codazo, un chanchullo, una artimaña. Y una voz
disléxica -sin eco ni color- escupe gritos
e infecta el Diccionario. Su alarido,
inflexo, reiterante, sin sonido,
narra la historia, en histriónico concierto,
de estúpidas hazañas que, en el tiempo, vivieron una vez
para dar gloria a la Patria y exaltar a “la furia”, al corazón,
al pundonor de la raza...
Ruge al instante la masa, como si fuera un león.
No sabe que el corazón, la Patria, el tesón, la gloria,
no viven en esa historia,
sino en la de la razón.
Y así, el coprófago humanoide, nutre sus vísceras
de la excrecencia que halla al paso.
En la exaltación de su miseria,
vislumbra ya el Planeta de los Simios.
Perfuma y lustra, cada día, su pelambrera salvaje
con mil afeites y ungüentos. Tiende su mano y su mirada
hacia el enjambre de artificios y prodigiosos mecanismos
que le rodean y envuelven, sin alma y sin vida.
Pero, entre cables, “interfaces”, “chips”
y prodigiosas máquinas, que “piensan” y hablan,
se ha quedado idiotizado y mudo. Ya no es un hombre.
Tan sólo prevalecen los más puros y más bajos instintos
de su ser animal. Lo acepta. Toma el impulso y la energía
del austral ancestro que bajó de los árboles.
Golpea con fuerza los puños sobre su pecho,
percute y hurga en sus axilas con los pulgares
y regresa a grandes saltos...
Se olvida de Platón y se acomoda,
sin un rayo de luz, en la más sombría caverna.
Ha muerto el Hombre. El homo sapiens, se extinguió,
como un día se extinguieron también los dinosaurios.
El Hombre, ya no es. Ni Dios tampoco.
No puede ya ser Dios... si no es el Hombre.
Luis Madrigal
(León, España, 1936)
martes, 9 de noviembre de 2010
HOY, ES LA ALMUDENA, PATRONA DE LA VILLA DE MADRID
¡Y cuánto celebro que haya sido la Coral de la Real Colegiata Basílica de San Isidoro de León, dirigida por mi buen amigo Don Teodomiro Alvárez, quien aclama a la Señora de Madrid...! Hoy, pese a los siglos transcurridos, da la impresión de que los cristianos madriñeños, y los españoles en general, tenemos que continuar con nuestras veneradas imágenes escondidas en las murallas. Pero ya va siendo hora de decir que no. Y hoy, salimos a la calle... Todo el pueblo de Madrid, cristiano o no, debería hacerlo, para que no vuelva a suceder lo mismo que ya ocurrió en el año 712. Como frecuentemente se dice, un pueblo que ignora su propia Historia, está condenado a que se repita. Yo, soy leonés, y "mi" Virgen es la del Camino, pero hoy soy un madrileño más, aunque sea el último de todos, y el alma me pide gritar a pleno pulmón: Cristianos madrileños: ¡Viva nuestra Virgen de la Almudena, Patrona de Madrid!. ¡Españoles: Viva Santiago, el de Clavijo, y... cierra España!
Luis Madrigal
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