miércoles, 24 de noviembre de 2010

AQUEL VIEJO INSTITUTO


Lo derribaron un mal día, acaso, o muy probablemente, sin pensar  ni  un segundo que iban a derribar una obra arquitectónica de notable valor artistico, aparte del funcional y del más riguroso sabor académico, con muchas de sus aulas en rampa y escaleras, al viejo estilo universitario. Con un Patio espléndido, donde generaciones de estudiantes pasearon y corrieron, según la edad y las diversas épocas a las que se extendió su funcionamiento. Aquel noble edificio, era obra del gran Arquitecto gallego Antonio Palacios Ramilo, figura importante de la Arquitectura del siglo XIX. Palacios, que nació en Porriño, Ponteverdra, en 1874, estudió Arquitectura en Madrid, ciudad que le debe singulares edificos. Entre ellos, nada menos que el que durante tantos años fue Palacio de Comunicaciones, en la Plaza de Cibeles, hoy sede de la Alcaldía de Madrid; el edificio del Círculo de Bellas Artes, en la calle de Alcalá; el propio Instituto Cervantes y, para no alargar la relación, el Hospital de Jornaleros de Maudes. Cualquiera que deseee contrastar los rasgos de todos estos edificios encontrará similitudes y rasgos comunes con los de aquel viejo Instituto, en el que yo tuve el honor y la fortuna de cruzar sus puertas siete Octubres seguidos, para cursar los estudios de Bachillerato del viejo Plan de 1938, sin duda el mejor de cuantos ha podido haber en España, y Dios me libre de ninguna pasión, y menos aún de ninguna soberbia.

No soy tan viejo como la primera del las fotografías que ilustran esta entrada pudiese hacer pensar o parecer. El periodo durante el que fui alumno de aquel entrañable Instituto, se identifica mucho más con la segunda de las fotografías, de los años 50, en la que puede apreciarse su silueta, al fondo a la izquierda, en la Plaza leonesa de Santo Domingo. Aquel Instituto de León, tenía grabada en su frontispicio esta indicación: "Instituto General y Técnico". Pero, cuando yo acudí a él, tenía otro nombre, aunque un poco largo. Se llamaba: "Instituto Nacional Masculino de Enseñanza Media, 'Padre Isla', de León". Desde luego, no me he tomado la molestia de investigar la fecha de su construcción ni la del comienzo y tipo de sus actividades docentes, porque, para mí, esto es lo de menos. Me limito hoy a recordarlo con añoranza y con nostalgia, pensando en los felices días de la juventud. Recuerdo con afecto y gratitud a casi todos los Profesores que tuve en aquellos días, y los hubo excelentes, pero sobre todo quiero pensar en uno de ellos, a quién desde luego yo no pude entender entonces pero le he entendido perfectamente ahora. Era el Profesor de Filosofía, Don Vicente Losada, a quien los estudiantes llamabamos "el Jefe", por ser al mismo tiempo Jefe de Estudios.  Aquel hombre, no sólamente explicaba  -y muy bien-  Filosofía; además y sobre todo, trataba de enseñar a vivir. Ya dice Ortega, que es falso el repetido  dicho "primero vivir, luego filosofar". Es falso, porque no se filosofa para vivir, sino porque se vive. Lástima que, en aquellas edades  haya cosas tan importantes (¿y qué puede ser más importante que vivir?) que no se pueden aprender simultáneamente al paso de quienes tratan de inculcarlas, pero no por ello estos apóstoles de la verdad pierden el tiempo, porque un día, cuando ya han pasdo los años, ellas mismas se revelan como verdades auténticas y como las únicas que es preciso tener siempre presentes.

¡Cuántas veces, por otra parte, me he preguntado qué habrá sido de mis condiscípulos durante aquellos siete años! Muchos de ellos vivirán aún, sin duda. Hasta, a un pequeño número, he podido detectarlos a través de este medio universal de Iternet, y desde luego me siento orgulloso de lo que han sido capaces de hacer, por lo que he podido saber de ellos. Pero, en general, los recuerdo con cariño a todos y, en este sincero y entrañable recuerdo, quisiera publicar aquí, ahora mismo, "la lista" de los Cursos 5º y 6º, que una vez, hace ya años, pude fijar en un simple papel, con la inestimable ayuda de la memoria, esa excelente facultad de la mente que no es precisamente, como se decía entonces, "la inteligencia de los burros", pese a que pueda serlo en mi caso. Esta era la lista   -incluido yo mismo-  y por el mismo orden que cada Profesor la leía al comienzo de cada clase. Es lo único que puedo hacer, aunque no sea nada, pero a todos los que en ella figuran saludo y abrazo desde aquí en el  alegre recuerdo de entonces. ¡Ojalá, alguno de ellos pueda contestarme!:

1.       Demetrio Solís Muschketov
2.       Luis Madrigal Tascón
3.       Félix Pérez Aláez
4.       Mariano Tovar Hernández
5.       Francisco García Gutierrez
6.       David Ordoñez Escudero
7.       Juan Antonio Álvarez Álvarez
8.       Juan Antonio de Rueda García-Tuñón
9.       Tomás González Martín
10.    José María Pérez Vicente
11.    Demetrio Gómez Mier
12.    Enrique Gómez Palmero (+)
13.    Sebastián Herrero Barrientos
14.    Eliseo del Río García
15.    Bernardo-Ángel Montiel Rodriguez
16.    Benito Fidalgo Llamazares
17.    Francisco González Argüeso
18.    Fernando Ibáñez Fernández
19.    Agustín Puente Alonso
20.    Laudino Martinez Andrés
21.    Luis Ferrero Álvarez
22.    José Luis Chamorro Cuesta
23.    Vicente García Alonso
24.    Gabino González Gutierrez
25.    Eusebio Magaz Rodriguez
26.    Jesús Fernández García
27.    Gustavo García Sampedro
28.    Pedro Sánchez García
29.    Ceferino Carpintero Díez
30.    Clemente Rodriguez Curieses
31.    Domingo Fernández Calleja
32.    Mariano Martinez Pérez
33.    José María Carpintero García
34.    Manuel Fanego Mansilla
35.    Jerónimo Martínez Díez
36.    Álvaro Badiola de Paz
37.    Manuel Ortiz Durán

Un entrañable abrazo, queridos compañeros. Luis Madrigal.-



jueves, 18 de noviembre de 2010

MADRID PREPARA LA NAVIDAD






¡Qué susto...! Con esa monserga que todo el mundo llama "la crisis", sin que casi nadie sepa qué es, en qué consiste, cómo se engendró ni cuando terminará, ya pensaba yo que, este año, en Navidad no habría luces en las calles y plazas de Madrid, tan luminosamente florecientes todos los años. Por fortuna, esta misma mañana he podido ver a unos empleados del Ayuntamiento instalando el tendido eléctrico navideño que lucirá cerca de mi casa. En cuanto se haya instalado por completo y luzca perfectamente,  ofreceré unas fotografías de elaboración personal, en vivo y en directo, de esta nueva Navidad luminosa de Madrid ¿Cómo podría dejar de ser luminoso el Acontecimiento más incomprensible de la Historia, consistente en que Dios tome nuestra propia carne, en el seno de una Mujer de nuestra raza? Admito que el Hecho es exorbitantemente sorprendente. O tal vez, sería mejor decir "cósmico", mejor dicho meta-cósmico, apocalíptico en el mejor y más puro sentido de este término, que ya conocemos en este humilde Blog. En suma, yo no tengo palabras, no creo que puedan existir, ni que nadie pueda tenerlas para poder describirlo, expresarlo y, desde luego, vivirlo. Esto es lo esencial. Es un Acontecimiento rigurosamente histórico, acontecido dentro del tiempo, pero al propio tiempo eterno. Ello puede explicar, no sólo lo de las luces, que puede ser una “degeneración”, como casi todo lo demás, la fiesta, los vestidos, la comida familiar. Todo eso surgió sin duda a través de los siglos, desde sus orígenes, en la mente sana y sincera de las gentes que se alegraban y lo celebraban tanto porque sabían muy bien lo que significaba que el mismo Dios, bajo la forma de un Niño, señal y símbolo de la pureza y de la ternura, viniera a librarles de la esclavitud de la muerte. Ese es el efecto más radical, unido al de su Muerte y Resurrección, del Nacimiento de Cristo. Por eso se encienden las luces, se celebran comidas y reuniones de amigos y, sobre todo, de la familia. No es nada difícil adivinar que todo lo demás, sin causalizar y explicar tal alegría, carece de sentido por completo, aunque la miserable y canallesca sociedad civil, paganizada, pretenda excluirlo de su verdadero origen, tratando de instaurar progresivamente otro carnaval de fin de año, o unas vacaciones de invierno, como se ha tratado de argumentar. Pero, para nosotros los cristianos, sin renunciar a las luces, a la fiesta en el sentido más humano, llena de alegría, ni por tanto al turrón y al champagne, o a los juguetes de los que vendrán cargados los Reyes Magos, para llenar de fantasía e ilusión a los niños, lo que esencialmente cuenta y nos transciende es el mismo grandioso Misterio de un Dios hecho carne, que esa Noche, tan sólo es un Niño, que nace desnudo y sin riqueza alguna, para librar al mundo de la verdadera muerte. Luis Madrigal.-


 


martes, 16 de noviembre de 2010

LO IMPOSIBLE



Fue Napoleón Bonaparte, aquel maldito corso, aquel bajito tirando a enano, pero también a gigante en tantos aspectos, no sólo estratégico-militares, sino también relativos, a la cultura, el arte o el urbanismo moderno, en su funcionalidad y belleza (se dice que París es diferente, según se le mire antes o después de Napoleón) quien dijo más o menos literalmente que “Lo imposible es el fantasma de los tímidos y el refugio de los cobardes”. Frase redonda para un militar ambicioso, como él lo era, pero sumamente despreciativa para el común de los mortales. Pobres de nosotros los tímidos, cuando no, tantas veces, cobardes, amedrentados por las duras circunstancias de la vida, o apenados por las desilusiones más tristes y radicales, frente a lo que es o nos parece imposible. Comenzando por la Lengua, la palabra “imposible”, en cuanto expresión gramatical, en cuanto lexema, fundamentalmente está formada por este último, de contenido positivo, posible, pero también de un morfema, antepuesto, in, que al preceder a “p”, hace que, ortográficamente, se escriba im-posible. En el  sentido más genérico, se trata de un afijo. Los afijos, son secuencias lingüísticas que bien se anteponen, se posponen o incluso se insertan en la palabra. Según esto suceda, constituyen prefijos, sufijos o infijos, respectivamente, en sentido específico. En nuestro caso, el morfema “in” es un prefijo, puesto que se coloca delante del lexema “posible”. Y aun cabría hablar (esto de la Lengua no es tan sencillo como parece, puestos a utilizarla con rigor) de interfijos y de circunfijos; o bien, dentro de los sufijos, de sufijos sustantivos, sufijos adjetivales, verbales o adverbiales, asi como de que los primeros pueden actuar como morfemas flexivos, y todo ello, bien se trate de procesos de flexión o de derivación, con el fin de aumentar el número de palabras de entre las que consta una Lengua, lo que se denomina por los lingüistas “fenómeno de productividad del lenguaje”, formando otras nuevas que, en algunas ocasiones, poseen contenido semántico contrapuesto a aquel que se atribuye a la palabra de la que derivan. Y esto es precisamente lo que sucede en nuestro caso, en el que lo imposible, es radicalmente contrario a lo posible. Por ello, será preciso determinar el concepto esencial de “posible”, para en consecuencia poder determinar lo que no puede serlo, o no lo es. Para ello hay que entrar ya en el ámbito de la Filosofía, y no tanto quizá de la Lógica, sino incluso en el de la Metafísica.

Líbreme Dios a mí de intentar semejante tarea, sobre la que me parecen contados los ensayos filosóficos, por lo que he creído observar. Me parece que todo queda reducido a Laibniz, a la teoría leibniziana sobre la percepción, el principio de identidad y el de razón suficiente, y en último término a Russell y Deleuze, quienes corrigieron algunas órbitas de la cuestión, desde la teoría matemática del análisis del infinito y el cálculo diferencial. Pero tengo la impresión de que, aunque corriesen ríos de tinta sobre el particular, resultaría sumamente complicado alcanzar conclusiones definitivas y contundentes. En otras palabras, me parece estar incurriendo en la paradoja, o en la aporía de admitir que es imposible definir y determinar “lo imposible”. Ya tan sólo gramaticalmente, para asignar o atribuir contenido y significación propia a tal término, y partiendo de que su antípoda, lo “posible”, es “aquello que puede ser o suceder”, el propio Diccionario RAE, en lo que respecta al castellano, define lo imposible tan sólo merced a una figura retórica que “consiste en asegurar que antes de que suceda o deje de suceder algo ha de ocurrir otra cosa de las que no están en lo posible”. En efecto, esto es pura retórica y la retórica no es otra cosa sino un mero artificio, o si se quiere un arte, pero cuyo único fin es el de bien decir y dar al lenguaje escrito o hablado eficacia bastante para deleitar, persuadir o conmover.

Y así las cosas, pobre de mí, desisto de cualquier tipo de aventura en el sentido indicado. Yo no sé, no puedo saberlo, qué es exactamente lo imposible. ¿Lo sabe alguien? Pero hay otro ámbito, un seno tortuoso y amargo, el de la experiencia y también, si se prefiere, el del sentido común y, en esta perspectiva, frente a la idea metafísicamente inaprensible de lo imposible, me refugio en la Poética, que nada tiene que demostrar ni probar, sino tan sólo exhalar algún suspiro que, cuando es doloroso, suele inspirar alguna serie de poemas como los que, por mi parte, iré sucesivamente desgranando en este humilde Blog, intercalándolos entre otras notas, al paso de ese misterio que llamamos “el tiempo”. Mientras éste transcurre  -si es que es así-  o al menos mientras pasa la vida. Los haré responder a un título genéricamente común a todos ellos. Precisamente el ya indicado: “Cantos desesperados al imposible”. No sé si presuntuosamente, tal vez es así, pero tengo la esperanza de que algunos de estos sucesivos próximos poemas, sean del gusto de ustedes, de vosotros, queridos amigos. Luis Madrigal.-

jueves, 11 de noviembre de 2010

EN LAS HORAS VACÍAS...




EN CALMA TE RECUERDO


En calma te recuerdo...
Pienso en tu cabello de oro iluminado,
que mece el viento junto a un lago
azul y vaporoso, cercado de montañas
donde danzan las Hadas...
Veo blancos penachos,
cabalgando entre ondas,
al joven sol que deja atrás la tarde.
Nada me es posible, nada puedo...
Sólo pensarte,
mientras el tiempo huye, y su sarta
nonótona y monocorde, sin color ni latido,
arrastra impulsos vivos
a un seno de silencio y de muerte...
Mas, al menos, existes,
aunque para mí no seas;
aunque tu imagen vacía e infecunda,
evaporada como el agua,
tiñe de ti las nubes y, entre ellas,
distingo borrosamente tu rostro
que toman mis manos temblorosas
para que, dentro de mí,
nunca se desvanezca.


Luis Madrigal



miércoles, 10 de noviembre de 2010

LAS HORAS QUE NO VUELVEN


LAS HORAS QUE NO VUELVEN

Me obstino en que no fue,
pero ya ha sido…
¡Cuántas horas sin tiempo,
cuántos días…!
Con todo  -que fue nada-  ya perdido
los minutos se escapan
y no vuelven…
Ya siempre será así
y, sin ti, envuelven
tristeza y agonía…
dolor del corazón,
melancolía,
angustia y soledad…
Del alma, desazón,
sed a porfía,
amargor y calvario…
Día a día.


Luis Madrigal





 


"APOCALIPSIS" DE AYER Y HOY


ACTO   I
(1936)



ESPAÑA, APARTA DE MI ESTE CALIZ






Niños del mundo,
si cae España -digo, es un decir-
si cae
del cielo abajo su antebrazo que asen,
en cabestro, dos láminas terrestres;
niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!
¡qué temprano en el sol lo que os decía!
¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!
¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!

¡Niños del mundo, está
la madre España con su vientre a cuestas;
está nuestra maestra con sus férulas,
está madre y maestra,
cruz y madera, porque os dio la altura,
vértigo y división y suma, niños;
está con ella, padres procesales!




Si cae -digo, es un decir- si cae
España, de la tierra para abajo,
niños, ¡cómo vais a cesar de crecer!
¡cómo va a castigar el año al mes!
¡cómo van a quedarse en diez los dientes,
en palote el diptongo, la medalla en llanto!
¡Cómo va el corderillo a continuar
atado por la pata al gran tintero!
¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto
hasta la letra en que nació la pena!

Niños,
hijos de los guerreros, entre tanto,
bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo
la energía entre el reino animal,
las florecillas, los cometas y los hombres.
¡Bajad la voz, que esta
con su rigor, que es grande, sin saber
qué hacer, y está en su mano
la calavera hablando y habla y habla,
la calavera, aquélla de la trenza,
la calavera, aquélla de la vida!





¡Bajad la voz, os digo;
bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto
de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún
el de las sienes que andan con dos piedras!
¡Bajad el aliento, y si
el antebrazo baja,
si las férulas suenan, si es la noche,
si el cielo cabe en dos limbos terrestres,
si hay ruido en el sonido de las puertas,
si tardo,
si no veis a nadie, si os asustan
los lápices sin punta, si la madre
España cae -digo, es un decir-
salid, niños del mundo; id a buscarla!...



César Vallejo

(Santiago de Chuco, Perú, 16 de Marzo de 1892 - París, Francia,15 de Abril de 1939)


 






ACTO  II
(2010)



SEÑOR: EN TUS MANOS ENCOMIENDO A ESPAÑA 






El Jinete, asoma su pavoroso espectro
tras las rojas colinas, donde el sol poniente
tiñe de fuego su decadente viaje.
El horizonte, que fue ayer tan azul, estalla en ascua,
que abrasa y se retuerce convulsa.
Entre estertores, tiembla la Tierra.
Sus cimientos, se conmueven y agrietan.
Los ríos se desbordan, inundando el mar,
que alza su encrespado manto
hasta el techo de la Montaña inmensa.
Gime el viento, salvaje y arrasador,
y aniquila, a su paso, cuanto antes vivía.
Aquel árbol frondoso; aquella flor,
aquel dulce sonido que embelesa...
En la jungla, no queda ya en pie un muro
sin el estigma  -sucio y harapiento-  de la repulsiva pintada
y, entre su estúpida grafía de colores sin luz,
el más torpe instinto animal,
deja la zarpa de lo más abyecto.
¡Ha estallado la libertad sin calma y, en su nombre,
se enfangan las paredes!... Se incendian papeleras,
muere el lenguaje y se olvida la Memoria.
La más pura inmundicia, invade los sagrados ámbitos
del ser, de la luz, de la palabra, del amor...
Surgen a raudales, de la nada,
un millón de antropomórficos seres vacíos,
que se enriquecen y cobran nombre
a la sombra de otros de igual raza,
hechos también de sombra.
Nacen sin cuento, cada día, mil universidades
-Villaconejos, pronto tendrá también la suya-
mientras el Alma Mater  -triste y sóla-  agoniza
entre la asfixia, asaltada por la amorfa masa sin luz.
Los estudiantes, armados de bates, exigen a pedradas
la muerte de las reglas ortográficas,
del Latín, de la Historia, de la Filosofía de Grecia,
del Derecho de Roma.





 Aquel cerebro opaco, de desviado sexo,
que es ahora el Sumo Sacerdote, oficia rebeliones
y enciende la liturgia de ciencias que no existen.
Aquella mujer zafia, desgreñada, verdulera,   
que berreaba al pie de la pancarta,
ha sido nombrada ministro de algo. De cualquier cosa.
La horrible Caja, entre su hedionda peste,
difunde al día dos mil frentes, en la guerra del fútbol
y, un futbolista, escribe con falsilla
el libro más vendido. Acaso, el más leído. El único...
Ha muerto Montesquieu  -hace ya tiempo-, asesinado
en algún callejón, por navajeros
de la política espúrea, vil, canalla.
Y no es el mal más grave...
También ha muerto Erasmo  -de tristeza-
y para siempre han muerto, en el olvido
de su palabra exacta y clara como el día,
Heráclito y Parménides, los milesios,
Anaximandro, Tales y Pitágoras;
Protágoras y Sócrates, Platón,
Aristóteles  -su virtud dianotéica-
su concepción del Hombre y... su Ética.
Epicuro, Agustín de Tagaste, el Sol de Aquino...
La fe y la razón. Y la Escolástica.
Guillermo de Ockham y su nominalismo,
Kepler y Galileo; Malebranche y René Descartes.
Y Spinoza, Bacon, Hobbes, Locke y Leinniz,
Jorge Bekerley, David Hume y Enmanuel Kant...
Husserl y Heidegger, Ortega y Unamuno.
El existencialismo.
Mounier y Maritain, y su vital personalismo edificante.
Y hasta Hegel, Feuerbach, Engels y Marx,
que predicaban ayer verdad tan falsa
para alentar sangrientas utopías, yacen ahora,
junto a las momias asesinas de la gran muralla.
Ni eso ya queda. El propio crimen, sucumbe a la barbarie.
Han muerto ya...
la Biblioteca, el Ateneo, el Foro, la Academia.
Diderot y D´Alembert. La Enciclopedia.
La Ilustración, el estructuralismo de Lévi-Strauss
y el análisis preciso del lenguaje, de Ludwig Wittgenstein.
Y Domat y Pothier, que vislumbraron
lo que alumbró de Roma Savigny
y que Tronchet, Bigot de Premeneu,
Portalais y Maleville después reunieran
en aquella filigrana de la Norma, para regir al Hombre.
¿Dónde, de su arte, estarán ya  -eternas, redivivas-
las inmortales huellas?... Quizá también ya han muerto
el ars antiqva, el nova ars, el canto llano,
la Escuela de Notre Dame y el Codex Reina,
los Conciertos de Bach, el Requiem soberano
del Genio de Salzburgo... El dulce Schubert...
Las nueve sinfonías de Beethoven...
La Eneida, Las Bucólicas, La Arcadia;
los sonetos de Shakespeare y El Quijote;
Las Meninas, El Entierro en Orgaz, La Gioconda...
Quizá, la ley de Newton, Gay-Lussac, o Boyle-Mariotte,
que rigen la materia, alguien haya usado al revés...
en la burda chapuza, que hoy acecha.
Y aquella ecuación de Einstein, universal esencia todavía:
“Que E es igual a.m   -que es la masa-
 si al cuadrado de c  -que es luz en el vacío-
por ella multiplica su energía”,
La gran verdad, halla también olvido. A la masa, sin luz,
no hay quien alumbre. El coeficiente, es cero en el espacio.
En el tiempo, el ser que fue, no es. Ya no es el Hombre.
Solo “está ahí”, como sombra que se mueve. Como cosa.
Solo el fango, la carne y un cuero,
que arranca puntapiés a ras de suelo,
alienta su dasein de cada día.
Cual puro semoviente, va y viene. Se hacina
junto a una barra estrecha, en una esquina
donde la bestia llana encuentra selva.
El horrible artefacto, colgado de un estante,
enciende luces, colores de Arco Iris
que, frenéticas, se expanden al instante
en la honda penumbra. El sol, camina ya hacia su ocaso.
En fértil pasto iluminado, de radiante esmeralda,
se reflejan abigarradas rayas, cuadros y colores
de todos los matices y frecuencias.
Rombos, roeles, franjas, perfiles de picardos
y barrocas las vueltas de unas medias.
A veces, algún viejo escapulario,
cuando no un corazón, con una flecha,
y hasta algún flan que, siempre dulce, atrae
el vuelo y el zumbido de una abeja.
Arlequin y Pierrot, sobre la hierba,
-ayer, mañana, hoy -  librarán en el circo mil contiendas.
Lucen ahora los más vivos colores,
vestido y atavío hecho de seda,
para lucir el músculo que grita,
cuando el  cerebro duerme su sopor de niebla.
Cambia la luz, el plano, la distancia,
para acercar precisa alguna coz,
un codazo, un chanchullo, una artimaña. Y una voz
disléxica  -sin eco ni color-  escupe gritos
e infecta el Diccionario. Su alarido,
inflexo, reiterante, sin sonido,
narra la historia, en histriónico concierto,
de estúpidas hazañas que, en el tiempo, vivieron una vez
para dar gloria a la Patria y exaltar a “la furia”, al corazón,
al pundonor de la raza...
Ruge al instante la masa, como si fuera un león.
No sabe que el corazón, la Patria, el tesón, la gloria,
no viven en esa historia,
sino en la de la razón.
Y así, el coprófago humanoide, nutre sus vísceras
de la excrecencia que halla al paso.
En la exaltación de su miseria,
vislumbra ya el Planeta de los Simios.
Perfuma y lustra, cada día, su pelambrera salvaje
con mil afeites y ungüentos. Tiende su mano y su mirada
hacia el enjambre de artificios y prodigiosos mecanismos
que le rodean y envuelven, sin alma y sin vida.
Pero, entre cables, “interfaces”, “chips”
y prodigiosas máquinas, que “piensan” y hablan,
se ha quedado idiotizado y mudo. Ya no es un hombre.
Tan sólo prevalecen los más puros y más bajos instintos
de su ser animal. Lo acepta. Toma el impulso y la energía
del austral ancestro que bajó de los árboles.
Golpea con fuerza los puños sobre su pecho,
percute y hurga en sus axilas con los pulgares
y regresa a grandes saltos...
Se olvida de Platón y se acomoda,
sin un rayo de luz, en la más sombría caverna.
Ha muerto el Hombre. El homo sapiens, se extinguió,
como un día se extinguieron también los dinosaurios.
El Hombre, ya no es. Ni Dios tampoco.
No puede ya ser Dios... si no es el Hombre.



 Luis Madrigal

(León, España, 1936)