Aunque pudieramos decir siguen retrospectivamente, también cabría afirmar que con una misma razón de causa y unidad de propósito. Mi buen amigo y hermano en la Fe, Ignacio-Luis González Crespo, me envía nuevamente un viejo poema, que, según dice él mismo, escribió en un Bar, sobre una servilleta de papel, hace ya algún tiempo. También Schubert escribía sobre servilletas sus partituras, durante las excursiones al campo, después de la merienda. Y esas canciones llegaron a formar parte de la música popular alemana, no sólo los maravillosos Lied, o Lieder, sino otras muchas composiciones musicales, si no tan clásicas y románticas, sí de más alto porte musical de lo que, en otras latitudes, se ha llamado música "Conytry", o música "Folk". ¡Qué enorme suerte...! Alemania -confieso una vez más mi germanofilia- es un país, entre otras muchas esencias, musicalmente tan afortunado que las letras de sus canciones populares se deben a Friedrich Shiller, y la música, a Franz Schubert. Nada de "El vino que tiene Asunción", que también servía para "engrasar las bielas". ¡Qué vergüenza siento a veces al recordar aquellas estúpidas canciones de mi infancia, cuando íbamos de excursión al campo! No voy a decir que Ignacio-Luis, sea Shiller -yo tampoco lo soy- pero sí alguien que, además de compartir el mismo Camino, ama y cultiva la Poesía como yo. Por eso, aunque lo escribiese antes, en una servilleta de un Bar, a mi me parece que, desde Villademor de la Vega (Provincia de León), continúan llegando hasta mí los ecos. Muchas gracias, Nacho, por tu aportación que, no por pasada, deja de ser "instantánea". Ya sabes que el tiempo, al menos para los Psiquiatras... no existe. Infinitamente menos para Dios, que es Eterno. Luis Madrigal.-
martes, 6 de septiembre de 2011
sábado, 3 de septiembre de 2011
LLEGAN LOS ECOS...
Iglesia Parroquial de San Pedro
de Villademor de la Vega (León). A su esbelta
Torre, donde anidan las cigüeñas, los
villamorejos le llaman "La Galana"
"A distinguir me paro las voces de los ecos..." Eso decía Antonio Machado. Sin intentar corregir a tan sublime poeta, yo me permitiría añadir, que, además de las voces y de los ecos, por desgracia existen también los gritos. Vivo en mi época y, en esta época se grita demasiado. A esto último, a distinguir, y menos aún a escuchar estos estridentes alaridos, yo no me paro ni un segundo. Los gritos se distinguen enseguida por sí mismos. No admiten comparación ni contraste, y tan sólo pueden servir para arrear al ganado, porque tengo la certeza de que, de cuantas cosas importantes han podido decirse en este mundo, de todas ellas, nunca jamás, se dijo ninguna -¡ninguna!- a gritos. Como ya se ha dado noticia, en este mismo humilde Blog, en Villademor de la Vega, el pasado 25 de Agosto, se dijeron algunas cosas. Es decir se oyeron algunas voces, sin que, en ningún momento, pudiese oirse el menor grito. Yo recuerdo perfectamente esas voces, cada una de ellas, porque también yo estaba allí y, entre otras, pude identificar también la mía propia. Pero ahora, comienzan a llegar hasta mí los ecos, que, como bien es sabido, no son sino las propias voces repetidas y si cabe amplificadas, que insisten en lo mismo que dijeron, a fin de que sigan resonando. Y tengo que pararme, para distinguir entre unas y otros.
Como creo que ninguna de aquellas voces, ni aquel Grupo como tal -el "Grupo de Villademor"- dispone por el momento de un Blog propio, especificamente dedicado a amplificar su voz y su eco, me he sentido en la obligación de dar acogida a uno de esos ecos que hoy mismo ha llegado hasta mí, desde la bravía cornisa Cantábrica y, en particular desde la Heróica Ciudad de Oviedo, la Vetusta de Clarín. Es un eco nítido, que resuena en mis oídos y que me ha parecido bueno, si no necesario sí al menos conveniente, resuene en otras latitudes, incluso en las más lejanas, y al mismo tiempo más queridas, allá donde llegan a juntarse dos de los más grandes oceanos de la Tierra. Puede que, allí también, alguien escuche también esos ecos. Este es el primero, pero cabe albergar la esperanza de que podrán resonar algunos más. Con el de hoy les dejo, y os dejo a todos, queridos amigos del alma, del espíritu. Es el eco de un Apostol de Jesucristo, que escribe a otro de sus hermanos en la Fe. Luis Madrigal.-
PRIMERA CARTA DEL APOSTOL Ignacio-Luis
González Crespo a su hermano Amador Chamorro
Querido Amador:
Si un 25 de Diciembre de hace 2011 años se nos anunció: Os ha nacido un
SALVADOR, un nuevo Pentecostés nos trajo el VÍA LUCIS.
En Villademor de la Vega, tierra de viñas, un racimo de la “vieja guardia”
Del Consejo Diocesano de la entonces Juventud de Acción Católica, de León, se
reunía, bajo la pastoral asistencia de su decano Consiliario: Don Felipe
Fernández Ramos.
Alrededor de una mesa, Don Felipe reunió a doce de sus ovejas desperdigadas
por la geografía de España. A muchos de nosotros, nos contemplaban más de
cincuenta años de ausencia, que no de olvido.
Tuvimos una Misa profunda e intensa.
Perandones y tú, sentados a ambos lados de Don Felipe, partisteis el pan de
nuestra Eucaristía. Consagrados Pan y Vino, comimos y bebimos de ese Cáliz,
siguiendo el mandato de Cristo en la última Cena.
Siempre he dicho que este rico idioma nuestro, está huérfano de palabras a
la hora de reflejar las vivencias más sutiles.
Vivencia es el resultado de oír la
palabra, trabajarla en el cerebro y, asimilada y digerida, llevarla al corazón.
Cuánta lectura archivada en el “salón de los pasos perdidos” es almacén de
chatarra. Perdona el estéril inciso.
Acabada la santa Misa, tuvimos la primera jornada de trabajo y estudio,
siguiendo la propuesta de diferentes materias, en su momento planteadas.
Como los allí reunidos, ante todo, somos católicos y, por lo mismo ecuménicos,
de la discusión y controversia, no salió el garrotazo tan natural, final de las
discusiones en nuestro pueblo español. El Espíritu Santo estaba con nosotros y,
de tanta discusión, apareció el “VÍA
LUCIS”.
Te recuerdo el regocijo de Luis Madrigal, al saberse nacido en estado de
GRACIA ORIGINAL.
Previamente, José Mª García-Sampedro, se transformó en Tomás el Incrédulo,
negándose a admitir otros hermanos, de carne y sangre, de Cristo. Don Felipe,
lo mostraba con certeras lecturas de la Sagrada Biblia… “Tomás” no sé si al fin, se quedó convencido.
Fue una mañana de trabajo duro y documentado, con continuas consultas a la
Biblia, en cuyas páginas nuestro querido Don Felipe estaba como pez en el agua.
Su magisterio impecable fue otro regalo de Dios, en ese día.
La espiritualidad envolvía el ambiente. Ese racimo de ayer jóvenes y hoy ya
viejos apóstoles, se abrazaba a la Vid en busca de la luz de la Fe.
Con la ayuda de nuestro Consiliario más preclaro y querido, entramos en el
Alfa y Omega de nuestro ser:
A) ¿Cómo vinimos al mundo…?
Primera alegría: ¡Limpios…! No en pecado original, sino en gracia original.
El hálito de Dios, el soplo
del Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida, deja a ese cuerpo puro y limpio de
toda mancha.
B) La muerte, es nuestra
VIDA:
Al morir, muere la persona
entera (cuerpo y alma) pero, en ese mismo instante, el alma se convierte en
espíritu y el cuerpo, se transforma en cuerpo glorioso. Todo ello, como
consecuencia de participar en la resurrección de Cristo… Porque para los que en
Ti creemos, Señor, (Prefacio de la Misa de Difuntos) la materia no muere, se
transforma.
Recibimos un baño de Paz… La Paz, el saludo inequívoco de Cristo, estaba en
aquel cenáculo.
Atrás quedó el doloroso Vía Crucis. Vivida la Pasión, por cuyos méritos
fuimos redimidos, Don Felipe nos hizo avanzar al VÍA LUCIS, novísima era para
madurar nuestra más auténtica espiritualidad.
Pablo de Tarso, encontró a Cristo en el VÍA LUCIS. Que Dios nos haga
apóstoles eficaces como ese Saulo converso.
Para terminar, querido Amador, da continuas gracias a ese Dios que llevas
encarnado en tu humanidad.
No temas protagonismo alguno. Los que en Villademor nos reunimos, admiramos
tu generosidad y cálida acogida. En ningún momento, NADIE, pudo verte como
exhibicionista.
No, hermano, no, en ti, ninguno de los presentes, pudo ver al rico
maldecido en el Evangelio… Con toda certeza, todos vimos al Bienaventurado
pobre de espíritu que, como verdadero Hijo de Dios, en la más fiel imitación de
ese Padre misericordioso, eres, por encima de todo, DONACIÓN.
Por ser “hombre de Paz”, eres
nuevamente Bienaventurado, ya que los pacíficos serán llamados hijos de Dios,
por su parecido al Hijo de Dios, cuyo “certificado de presencia” era el saludo,
desde su Resurrección: “La Paz os dejo,
Mi Paz os doy”.
¡Bendito sea Dios! Que, con tan certera presencia, iluminó nuestros
espíritus.
Protagonista, sólo Él. Todo fue realizado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Desde Oviedo, un 30 de Agosto de 2011
Ignacio-Luis González Crespo
Apóstol de
Jesucristo
sábado, 27 de agosto de 2011
VILLADEMOR DE LA VEGA
ENCUENTRO HACIA LA FE
Villademor de la Vega es una localidad, situada en el término municipal del mismo nombre, al Sur de la Provincia de León (España). El Municipio tiene una superficie de 16,63 km.2 y limita, al Norte, con San Millán de los Caballeros; al Este, con el río Esla -el viejo e histórico Astura- y Valencia de Don Juan, la antigua Coyanza; al Oeste, con Laguna de Negrillos, y al Sur, con Toral de los Guzmanes. Su altitud sobre el nivel medio del Mediterráneo en Alicante, es de 752 metros. Allí, en una noble, confortable y bellísima Casa, nos hemos reunido este último 25 de Agosto, en intensa jornada de casi veinticuatro horas continuadas, un grupo de doce personas que, en las décadas se los años 1950-60, fuimos miembro del Consejo Diocesano de la Juventud de Acción Católica, de León. Nos acompañaba, el que entonces era nuestro Consiliario y, más tarde, Catedrático de Sangrada Escritura -hoy ya Emérito- de la Universidad Pontificia de Salamanca, Don Felipe Fernández Ramos. Tanto él como nosotros, también fuimos jóvenes, como lo son hoy los que vienen congregándose en torno al Papa de Roma, a su llamada, por distintas ciudades del mundo. Madrid, ha sido la última de ellas. Nosotros, mucho más silenciosamente y también con muchas menos energías, nos hemos reunido en torno a algo mucho más importante aún que el Papa. Nos hemos reunido en torno al Evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios vivo, resucitado de entre los muertos, para reflexionar en torno a la Verdad, que, como recordó en Madrid el propio Benedicto XVI, es “una Persona”. La misma que es además el Camino y la Vida. Queríamos saber donde nos hallábamos, desde entonces, además de saludarnos tras tanto tiempo como el transcurrido y, en consecuencia, comprobar si podríamos “reconocernos”, porque siempre resulta difícil hacerlo cuando el tiempo transcurre y llega tan lejos. Pese a ello, por fuera, no ha habido apenas ningún problema, pero mucho menos aún por dentro. Somos los que éramos y estamos donde estábamos. Eso sí, ha habido algunas novedades que personalmente se me antojan de suma transcendencia. Las hemos descubierto, sin otra pasión o inquietud que no fuesen las de profundizar en la Fe, no sólo por la señera y crucial intervención y orientación de Don Felipe que, con el tiempo se ha hecho un sabio de la Teología bíblica, sino también, en no escasa medida, por las cuestiones que el grupo entendió oportuno plantear. No podría ahora mismo yo, que ni soy teólogo ni biblista, atreverme siquiera a sintetizar tales gozosas y alegres novedades, esencialmente en lo que tienen de tónico para el ánimo y el espíritu, cruelmente atormentados por afirmaciones tan racionalmente inaceptables como, por lo visto y contrastado en los textos sagrados y en la doctrina de los Apóstoles, carentes del más mínimo fundamento de aquel carácter. Fruto por tanto, envenenado, de un torpe arrastre histórico, que tanto daño me parece hizo o causó a la Iglesia, desde Trento hasta incluso nuestros días. No me atrevo hoy, pero tal vez, y no yo precisamente, sí alguien, o algunos, de tener continuidad las sesiones de este Grupo de Villademor, mucho más indicados, puedan hacerlo, en torno a una posible “Nueva Teología del Laicado”, que poco o nada tendría que ver con la que Ives Congar escribió en la década de los años 60, pese a haber sido inicialmente cuestionado por el Vaticano. Me temo que mucho más cuestionadas, en su caso, podrían ser nuestras conclusiones, no tanto por la insignificante entidad teológico-bíblica de nuestro Grupo, visto en su conjunto, al estar integrado por laicos, como por la contundencia racional de los argumentos que cabría aportar. Sin embargo, entre las muy diversas cuyo análisis acometimos, hay un par de cuestiones que no resisto la tentación de apuntar, aunque tan sólo sea eso. La primera, es la de que la Fe, como don de Dios, es absoluta e inmutable, pero su formulación por el hombre, en cambio, es meramente contingente y transitoria. La segunda, resultaría aún, seguramente, mucho más condenable (por la Iglesia, más que docente, jerárquica e intolerante), pero, a su vez, sublimemente esperanzadora y de estricta y justa reparación: ¿El pecado original? Todo lo contrario, el hombre, el ser humano, nace absolutamente limpio, porque Dios, que por Amor permite su llegada al mundo para salir de Si mismo, es un Sembrador perfecto del que sólo pureza y bien puede esperarse. El pecado aparece cuando, alcanzada su madurez intelectual y volitiva -esto es, inteligencia consciente y voluntad libre- el hombre se separa de la Verdad, que es al mismo tiempo el Camino y la Vida. El pecador, no nace, sino que se hace a lo largo de su vida. En consecuencia, no cabe -ni es razonable, ni justo- hablar de pecado original, porque, muy al contrario, todo hombre nace en estado de “gracia original”. ¿Hasta cuando va a mantenerse la sobrecogedora y esperpéntica fórmula, en el ritual del Bautismo, de que el niño o niña que se bautizan, siendo tan absolutamente puros, se encontraban antes en “manos de Satanás”? ¡Qué horror…! Desde luego, esto no puede ser propio, no ya de ninguna institución inteligente y, mucho menos aún, de una Madre.
Y, a propósito, hablando de pecados, a lo largo de la vida, me parece, tengo la impresión de que, entre todos los que se ha dicho o pretendido merecen esta grave consideración, tan sólo hay uno que la merezca. Aquel que siempre se produce cuando se quebranta el último -y por tanto único- mandamiento del Señor: Amar a nuestros hermanos como Él nos amó. Ese, me parece es el único, porque, en esa falta de amor, están comprendidos todos los demás. Y, por ello, cuando regresaba ayer en el tren hacia Madrid, no podía quitarme de la cabeza, no sólo los gozosos y esperanzadores descubrimientos experimentados, sino muy en especial las propias palabras que, por invitación, tuve el honor y la suerte de haber podido pronunciar al inicio de la Eucaristía celebrada. Pero esta vez, como siempre que siento algo tan hondo y dentro de mí, me vi obligado a componer este Soneto:
Y, a propósito, hablando de pecados, a lo largo de la vida, me parece, tengo la impresión de que, entre todos los que se ha dicho o pretendido merecen esta grave consideración, tan sólo hay uno que la merezca. Aquel que siempre se produce cuando se quebranta el último -y por tanto único- mandamiento del Señor: Amar a nuestros hermanos como Él nos amó. Ese, me parece es el único, porque, en esa falta de amor, están comprendidos todos los demás. Y, por ello, cuando regresaba ayer en el tren hacia Madrid, no podía quitarme de la cabeza, no sólo los gozosos y esperanzadores descubrimientos experimentados, sino muy en especial las propias palabras que, por invitación, tuve el honor y la suerte de haber podido pronunciar al inicio de la Eucaristía celebrada. Pero esta vez, como siempre que siento algo tan hondo y dentro de mí, me vi obligado a componer este Soneto:
EUCARISTÍA EN VILLADEMOR
Bendícenos, Señor, y hazte presente
en ese pan que alienta la mañana
y que, en la noche oscura, cual campana,
despierta la alegría permanente.
Con tu luz, la Verdad en nuestra mente
brille a la luz del sol. Y soberana,
habite en nuestro pecho la besana
y -aquel fuego que ardió- hoy siga ardiente.
Envíanos tu Viento, y al que espera,
tan pobre, triste, solo, quizá hambriento,
hallar nuestra palabra, dondequiera
pueda encontrarse, sucio y harapiento,
llevarle tu consuelo y tu bandera,
librarle de un solar duro y sangriento.
Luis Madrigal
A bordo del Tren Alvia Gijón-Madrid,
a las once de la mañana del día 26 de Agosto de 2011,
y a mi querido y generoso amigo Amador Chamorro, con
todo mi cariño, y en cumplimiento de lo que me pidió y le prometí.
miércoles, 17 de agosto de 2011
BUSCANDO LA HERMOSURA
El pasado día 8 de este mes de Agosto, casi todo él, lo he pasado en Ávila, a mis ojos más bella, más limpia y esplendorosa que nunca, con la única excepción de esas casetuchas propias de feriantes que proliferan por todas partes y tanto desentonan, pero que en esta histórica y hermosa Ciudad, desentonan mucho más. Hay que añadir a este pequeño estropicio, la comisión de un verdadero delito, imputable a quien proceda. La construcción, absolutamente fuera de contexto y del buen gusto, nada menos que en la Plaza de Santa Teresa, corazón geográfico de la amurallada urbe, y sobre todo corazón espiritual de Ávila y de la espiritualidad de España, de un monstruo arquitectónico, que no ya desentona, sino que personalmente me parece una profanación. Todo lo demás, mejor que nunca, y no hacía mucho tiempo que yo había pasado por allí. Ávila, se supera a sí misma por años, casi por minutos, según brille la luz sobre sus piedras y monumentos históricos.
En esta ocasión, desde las 10,30 horas de la mañana hasta las 17,30 de la tarde, bien puedo decir que me he metido a Ávila, no sólo entre mis zapatos, sino en mi corazón. Muy deprisa, desde luego, para terminar por completo agotado muscularmente. Pero ha valido la pena. Esta vez, sin compañía de nadie más que de mí mismo, lo he “atacado” casi todo de un solo golpe. Desde el Convento de San José, la “Primera Fundación” de Teresa, hasta La Encarnación, cerca ya de los “Cuatro Postes”. Antes, me había detenido brevemente ante el Convento de Santa Ana, donde la inscripción recuerda tres momentos gloriosos de España. Ciertamente, según me parece, con alguna imprecisión o inexactitud, en lo que respecta en el orden ascendente de la epigrafía, al primero de ellos, referido al Rey Niño, Don Alfonso, el hermano varón de Isabel. Tal vez, sería más preciso u oportuno hacer referencia a lo que todos los historiadores llaman “Farsa de Ávila”, en la que un monigote, que decía representar a Enrique IV de Castilla, fue objeto de toda clase de mofas e insultos. Los otros dos que le siguen, en orden descendente, son precisos, justos y exactos. Porque de aquel Monasterio salió, para construir España, la niña Isabel. Y, en aquel lugar, “se vistió por primera vez de hombre” nada menos que Felipe II.
Después, seguí mi intenso recorrido: La iglesia de San Pedro, cuyo rosetón, visto de lejos, siempre me ha extasiado y conmovido; la Basílica de San Vicente, con la solemnidad aérea de sus arcadas; la iglesia de San Juan, cuya pila bautismal compartieron, con alguna diferencia de tiempo, Teresa y Tomás Luis de Vitoria… La Encarnación, colmó nuevamente mi espíritu de misticismo, y de valor ascético, cuando el sol de Ávila fatigaba ya sobremanera mis piernas, al regresar hacia el centro. Pero, esta vez, me fui de Ávila, aunque casi para que me llevasen en parihuelas, más enamorado que nunca. Pienso volver pronto, en cuanto pueda reponer mi cuerpo, para alimentar también las fuerzas del espíritu. En mi Ciudad natal de León, Bimilenaria y romana, y tal vez tan cristiana como Ávila, pueden admirarse tres gigantescos monstruos monumentales. Pero, hay que buscarlos, preguntar a las gentes, para poder llegar a ellos, en el contexto de una ciudad moderna. En Ávila, no hay que buscar nada ni preguntar a nadie. Se encuentra todo al paso del caminante. Y se encuentra mucho, porque, a cada momento, surgen ante los ojos, como por arte de magia, multitud de ellos.
Iglesia de San Juan Bautista.
En su Pila Bautismal, fueron bautizos, el día 4 de Abril de 1515,
Teresa de Cepeda Dávila y Ahumada,
y 33 años más tarde, en 1548,
Tomás Luis de Vitoria
No olvidé, por ello, entre otros, visitar una vez más el Palacio de Doña Guiomar de Ulloa, cuyo torreón reviste tanta belleza. Allí, en aquel noble solar, se fraguó la Reforma del Carmelo y, muy cerca de allí, justamente al pie, se alza la estatua de bronce de San Juan de la Cruz -que no andaba muy lejos en aquella ocasión- con sus sublimes versos:
“Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura
y, yéndolos mirando,
con sola su figura,
vestidos los dejó de su hermosura.
vestidos los dejó de su hermosura.
Esto es lo que dice la inscripción, pero el místico poema, continúa:
Pastores los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vierdes
Aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero."
decidle que adolezco, peno y muero."
Buscando esa Hermosura, no sin terminar ante el Convento de la Encarnación, deambulé yo hace sólo unos días, por las calles de Ávila. Ávila de los Caballeros, de los Leales, de los Santos y de los Cantos. Luis Madrigal.-
Las Navas del Marqués, a escasos kilómetros,
17 de Agosto de 2011
lunes, 15 de agosto de 2011
ASSUMPTA EST
No murió. Es el único ser humano que se libró de la muerte. Fue subida. Subida desde la tierra hasta el cielo, donde se encuentra, a los pies de la Trinidad de Dios. La Madre del Hijo, no podía conocer la oscuridad y corrupción del sepulcro. El pueblo cristiano, lo sabía. España entera lo sabía. Lo sabía, muy especialmente, mi Ciudad natal de León, desde el siglo XIII, en que le dedicó su Catedral -también ella parece salir disparada en cualquier momento hacia el cielo- así como el nombre glorioso de una de sus campanas. Pero fue el gran Papa Pío XII, tan injustamente tratado por los enemigos de la Iglesia y de la Historia, quien así lo afirmó solemnemente y ex cáthedra, el día 1º de Noviembre de 1950, al proclamar el dogma de la Asunción de María, la Madre de Dios, la mujer de nuestra raza humana en la que se hizo carne el Salvador del mundo. Comprendo perfectamente que esto resultará imposible de aceptar por parte de los ateos. Si doy rienda suelta, no a mi imaginación, "la loca de la casa", sino a mi pobre y limitada razón, yo también sería ateo, en este punto y, tal vez en todos. Porque, si difícil resulta enteder la Asunción de María, más difícil aún resulta entender la Encarnación, en sus entrañas virginales, del principio y fin de la Historia, Cristo Jesús, el Redentor del hombre. Difícil, no. Imposible. Imposible para la razón humana. Por eso, comprendo perfectamente a los ateos y, más aún entiendo que lo sean. Pero estoy totalmente convencido de que, si son ateos, es por la única y exclusiva razón de que quieren serlo. Del mismo modo que también estoy convencido de que, quienes creemos, lo hacemos asimismo porque queremos. Porque queremos creer. Esta es la opción que se abre a todo hombre: Creer o no creer. Pero nadie puede demostrar nada, ni convencer a otro de lo contrario de lo que él mismo cree, porque desea creer. No es cosa de inteligencia. Todo y sólo es cuestión de voluntad. Yo, quiero creer. En esta inmensa sombra de la vida, tan corta sobre la tierra, apuesto por el ser, por la luz, por la Vida, que no pasa ni se acaba. No por la nada de la tiniebla eterna, por la muerte por siempre y para siempre. Y en esta voluntad mía, pobre y pequeña, me ilumina siempre y siempre va conmigo María, la Madre de Dios, mi propia Madre del Cielo. Ella pide e intercede por mí para que Dios me otorgue el misterioso regalo de la Fe. ¡Dios te salve, María! Amén. Luis Madrigal.-
Las Navas del Marqués (Ávila, España)
15 de Agosto de 2011
sábado, 13 de agosto de 2011
MÁS FÁCIL AÚN...
ESTOY DE CAMINO
Camino nuevamente, de regreso, hacia mi Bosque, donde otra vez las ramas, las agujas de los pinos, volverán a privarme de toda posibilidad de conexión. Antes, pude hacerlo, en mis dos anteriores entradas, desde el módem wifi de un Restaurante-Bar de Carretera, en la de Madrid a Ávila. Se llama "Magalia" como el noble y borgoñón Castillo de Las Navas. Desde aquí, quiero darle las más sinceras gracias. Pero, ahora, justamente me encuentro sentado en un banco de hierro, casi al lado del propio Castillo, justamente situado de espaldas a mí mismo, esperando la llegada del autobús, mientras aletea en mi memoria el espíritu de Vicente Aleixandre. Se me ha ocurrido buscar algún tipo de conexión y he hallado una no codificada. No me importa que pueda leer todo el mundo lo que escribo, como advierte elegantemente la red a la que he logrado conectarme. Seguramente será la única manera de que alguien se entere de que existo, y puede que hasta deje constancia de ello. Desde hoy, tengo otra idea acerca de esta medida de "seguridad" relativa a la codificación de las redes de conexión, y en cuanto llegue a Madrid, descodificaré la mía, la haré pública y libre a cuantos puedan necesitar cobijo en ella. Dar albergue al peregrino, es una de las obras de misericordia, y este recurso grandioso, que permite a todos los hombres del mundo recibir ayuda y, tal vez, protección y consuelo, no debe cercenarse a nadie. Con razón algunos anuncios proclaman que Internet no es de nadie, sino de toda la Humanidad. Un abrazo a todos los seres humanos. Especialmente a los que su generosidad impulsa a no codificar sus redes de acceso. Luis Madrigal.-
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que alguien se entere y,
quién
SI TÚ ESTUVIERAS
EN LOS DÍAS DE SOL
Vivo sin ti y con tu recuerdo,
cuando se oculta el sol y cuando se alza.
Solo, conmigo mismo,entre las verdes copas, toco el cielo.
Me acomodo en el aire, y un suspiro
alienta mi camino… Ya la noche
tendió su denso manto, mas me alumbran
las estrellas que brillan a mi paso.
Si tú estuvieras, junto al soplo
que alienta mi vivir -el claro día
que azul despierta alegre a la Montaña-
gozarías del canto de las aves,
de los rayos del sol, y del rocío
que llora en la pradera, tras el alba…
De mi rosal, las rosas ansiarían
contemplarse en tus ojos, y en tu mano,
con deleite y temblor,
con deleite y temblor,
pondría suavemente yo mi mano.
Luis Madrigal
Las Navas del Marqués (Ávila, España)
13 de Agosto de 2011
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