Nuevamente, mis insignificantes quehaceres, me han hecho caer en el olvido. ¡Pero, si ya estamos justamente en la mitad de Marzo...! Sin embargo, nunca es tarde. En este mes, Cáritas Española quiere ocuparse de aquellos a quienes su salud mental ha conducido por tristes derroteros. ¡Oh la salud mental, la mente humana...! Nadie sabe qué es, en qué consiste, dónde habita... Lo poco que se sabe, los saben los Psicólogos, los Psiquiatras, desde luego, pero aún así lo ignoran casi todo. El cerebro humano, es un pozo sin fondo, en el que nunca se oye chocar la piedra con el agua. Pero sí se sabe una cosa. Algo esencial. Cuando la salud mental, en cualquiera de sus casi infinitas dimensiones, falla, se vuelve opaca, se diversifica o desdobla, se torna inestable y tambaleante, surgen el miedo o la angustia, la falta de ganas de vivir o, simplemente, la falta de capacidad para afrontar los problemas cotidianos de la vida..., entonces, algo muy doloroso se produce dentro de aquella persona que lo sufre y, muy frecuentemente, casi siempre, en las de su entorno familiar. Por eso, Cáritas sabe bien de qué está hablando al establecer sus Centros de Salud Mental, para rescatar en lo que quepa y pueda ser a las víctimas, casi siempre inocentes, de ese terrible mal, a quienes la sociedad rechaza y deja fuera de sí. Benditos sean por ello, cuantos dedican un solo segundo de su vida a acompañar el alma enferma de sus hermanos los seres humanos. Luis Madrigal.-
jueves, 15 de marzo de 2012
martes, 13 de marzo de 2012
EDICIÓN ESPECIAL Y URGENTE
DESDE EL PATIO DE UN CEMENTERIO
A LOMOS DE OTRA CIPSELA
Sin duda he sido objeto por mi parte, sin pretenderlo ni siquiera pensarlo, de uno de esos extraños fenómenos, tal vez paranormales, que a veces experimentamos los humanos. Como si hubiese sido trasportada por el viento, a lomos de una cipsela, uno de esos globos de pelusa de alta capacidad adherente, sobre los que se sopla para pedir algún deseo, conocidos como “panaderos” o “dientes de león”, parece ser había llegado al patio de un Cementerio una bellísima carta. Era una carta escrita por alguien que no había dejado de amar nunca a quien allí se encontraba, entre los altos cipreses que suben y suben hasta el cielo. Me sorprendió su hermoso y al propio tiempo lacerante contenido; más aún, era sorprendente que esa carta, al vuelo, hubiera podido llegar hasta la hierba de mi jardín, al otro lado del Mar, pero sobre todo, lo que, a la vez de parecerme un prodigio, por un momento me sobrecogió fue el hecho de que también allí mismo, sobre otro “panadero”, se encontrase la carta de respuesta. ¡Claro!, pensé, ninguna carta debe quedar sin contestación y, quienes viven en los Cementerios, no solo están realmente vivos por permanecer en el recuerdo de quienes tanto los quisieron, sino vivos por sí mismos, porque, al fin, han encontrado para siempre la verdadera Vida. Eternamente. Y son gente muy educada. Nunca dejan sin contestar las cartas que reciben, y mucho más si ellos tanto amaron también a su vez a quienes se las envían, tan románticamente, a lomos de un “panadero”. Por eso, con la mayor humildad, yo me limité a soplar de nuevo sobre la cipsela que portaba la carta de respuesta, no sin antes haberla orientado cuidadosamente en la dirección adecuada. Estoy seguro de que a estas horas, ya habrá cruzado de nuevo el Mar. Su contendido, me pareció tan aleccionador que, aún a riesgo de cometer el delito de infidelidad en la custodia de un documento tan especialmente sensible, no puedo resistir el deseo de divulgarlo, para general conocimiento y esperanza, a través de este humilde Blog. Porque, esta era la esperanzadora contestación:
“Mi querida Niña: Casi debería decirte mi “Niñita”, porque apenas contabas dieciséis años cuando aquel día, tan doloroso para ti, los cipreses del Cementerio se doblaban ante la fuerza del viento. Ya sé que, desde entonces, no te gustan nada los cipreses, pero debes rectificar, cariño. Ellos “creen en Dios”, como nos dijo aquel novelista español que, a su vez, había visto morir a “un millón” de sus obstinados compatriotas, en una horrible Guerra cruel y fraticida. Ellos, creen en Dios, y yo también creí siempre, pero mucho más ahora que eternamente vivo con Él, en su dulce y serena compañía. Y ya para siempre sin más dolor, ni llanto, ni penalidad alguna. ¡Te equivocas, cariño, sí que he aprendido a escuchar el melodioso canto de los cipreses, cuando se cimbrean en las noches en que la luna ilumina lo que aparentemente ahora es mi morada! ¡Alégrate de ello, cariño mío y ríe feliz cada día, cuando sale el sol! Es verdad, no me gustaba mucho recibirlo de plano, en los meses en que mis manos se encontraban cargadas de espigas, y podía calcinarse la cosecha, pero ahora le he tomado simpatía porque, junto al tuyo, recibo todos los días su calor. Además, si tanto quieres estar junto a mí y conmigo -lo que creo con toda mi alma- no tienes más que hacer una sóla cosa: Búscame, cada día, cada minuto, en ese meridiano que ni tan siquiera cruza la tierra bendita, que yo trabajé con amor, y que tú y yo, y todos los nuestros, tanto amamos, sino que tan sólo pasa por el Cielo. Allí -es decir, Aquí- nos encontraremos siempre, y podremos decirnos todo lo que nos quisimos y lo que nos queremos. Para ello, solamente tienes que guardar silencio, cerrar los ojos, y abrir bien los oídos. ¡Verás cómo, si así lo haces, me escucharás con total nitidez… Vale la pena que lo hagas, niña mía, porque tengo que decirte muchas cosas que nadie puede contarte, ni aún el hombre más sabio de la tierra, porque él no sabe nada y yo lo sé ya todo.
Aparte de todo esto, te pido un gran favor. Ya nadie, ni tú misma, ni nada, puede entristecerme porque vivo en la inmensa alegría, pero, te lo ruego, no vuelvas a decirme que para ti, la esperanza es “un pozo seco”. ¡Por favor, cariño mío, eso no. No es así, no puede serlo. Yo mismo, soy tu Esperanza, sigo siéndolo, como cuando te tenía en mis brazos… ¿Recuerdas aquella antigua fotografía en sepia? Pues así es ahora también. Siempre te tengo en mis brazos y desde Aquí velo por ti, día y noche, y te cuido y protejo para que puedas ser libre de todo mal. ¡No, no estás sola, yo estoy contigo permanentemente!. Pero sí debo decirte también algunas cosas. La principal es que cuides de los nuestros, de tu Viejita, a la que tanto quise y quiero, y que tan guapa era y sigue siendo. El otro día he podido volver a verla, con un precioso sombrero de fantasía, sin duda fruto de tu portentosa imaginación, y en unión de ese angelito rubio, como tú, de nuestra nietecita, a la que también tanto quiero, porque muchas veces ella ha rezado por mí. Pero, por último también quiero pedirte otra cosa muy importante, para ti y para tu salud. ¡Hasta tengo que reñirte, por trabajar tantas horas… casi doce al día…! Eso, no puede ser, y tienes que prometerme que, en lo sucesivo, trabajarás menos. Te envío un abrazo de tu hermano, tan querido, que está Aquí conmigo, y que te sigue queriendo también tanto, mucho más, de lo que te quiso. Y un último ruego, cariño, quiere también un poco a la persona que, en su soledad, ha encontrado sobre la hierba de su jardín los “panaderos” en que viajaban nuestras cartas, que, por un extraño capricho o, más bien por expreso designio de la Providencia, allí se han cruzado.”
Hay una firma ilegible, que yo no puedo adivinar, pero sin duda es la propia de un hombre bueno. Por eso, yo mismo, tampoco he podido evitar emocionarme un poco. Y, como siempre que me emociono, cuando en cuestión tan sumamente transcendente veo comprobadas mis creencias y mi Esperanza, he escrito este Soneto:
EN EL CAMPO SANTO
Aquel árbol, junto a una Cruz cercana,
buscando lo alto sin cesar crecía.
Una rosa, asomada a la ventana,
con los rayos del sol, le sonreía.
¿Podrás llegar al cielo, le decía,
sin nubes y sin viento, una mañana?
El árbol, sin mirar, no respondía;
seguía subiendo, como el agua mana:
Soy un ciprés… ¡No estoy en esa fosa!
El Cielo es mi destino, allá en la altura,
clamó el árbol, al fin, al ver la losa.
¡Sólo allá arriba habita más frescura,
más color, el perfume de una Rosa
de pétalos de oro… y la Hermosura!
lunes, 27 de febrero de 2012
¿MIS ÚLTIMOS POEMAS? (XV y último)
HOY YA SON ROSAS
Fueron verdes ayer y, en la maleza,
crecieron apuntando hacia la altura…
En páramos helados, con bravura,
mis espinas sintieron la tristeza.
Mas, entre pena un día, la riqueza
encontraron abierta a mi andadura,
cuando el viento del Norte, mano dura,
pretendía vencer mi fortaleza.
Hoy, es Invierno y me orla un níveo velo
que inclina mis espinas vigorosas.
No por eso, perdí de vista el cielo
mientras viví… Las horas más penosas
con alegría fueron mi consuelo.
Y hoy, que he muerto, mis púas son ya rosas.
Luis Madrigal
viernes, 24 de febrero de 2012
¿MIS ÚLTIMOS POEMAS? (XIV)
XIV
SIN TU SONRISA TRISTE
Sin tu sonrisa triste,
Alguien se apiada de mi nostalgia,
cambiando el amor que no puedes darme por el suyo
y me dice por ti: "Te quiero".
Me besa con tus labios
y me acaricia con tus propias manos,
poniendo en tu palabra
el indescifrable misterio de la vida,
cada segundo de ella,
de la tuya y de la mía,
de las nuestras.
Luis Madrigal
jueves, 23 de febrero de 2012
¿MIS ÚLTIMOS POEMAS? (XIII)
A PUNTO DE INICIAR LA MARCHA:
UNA DÉCIMA, DESDE MI VENTANA
Pasa el tiempo... En la alameda
que veo desde mi ventana,
duermen las hojas... Mañana
serán verdes y de seda,
como en la misma arboleda
hoy son nada... Tan fogoso,
en estío vigoroso,
el mes de Julio las quema,
sin que tan sólo una yema
conserve su tallo hermoso.
Luis Madrigal
miércoles, 22 de febrero de 2012
ESTAMOS DE LUTO
Están de luto, en primer lugar, los argentinos, pero también lo estamos los españoles y quisiera, estoy seguro de que también, todos los hispánicos. Según, el diario bonaerense "Clarín", es el tercer accidente ferroviario más grave que sufre la Argentinas en toda su historia. En el año 1970, en Tigre, 200 muertos; en 1978, en Santa Fe, 55. En este de Buenos Aires, ya se han contabilizado, parece ser 48, además de 600 heridos. Me conmueve sinceramente el dolor de los seres que más querían a los fallecidos, que llorarán angustiosamente, buscándolos en los Hospitales. He visto ligeramente, también en "Clarín" la lista de los heridos internados. Es muy de sentir en todo caso, sea cual fuere la identidad de las víctimas. He visto algunos apellidos italianos. Para un español como yo (Italia es la Hija mayor de la Madre Roma, y además también fue España en su momento) esto es más de sentir. Pero la mayoría de los apellidos que he visto, eran españoles. Lloro por ellos. Por todos, desde luego y le pido a Dios esta amarga noche que consuele y conforte espiritualmente a los que, mucho más que yo, lloran a sus seres queridos. Hermanos argentinos: Este humilde español os acompaña desde la otra orilla del Mar, en esta hora dolorosa. Luis Madrigal.-
UN ALTO EN EL CAMINO: HOY, ES MIÉRCOLES DE CENIZA
PERO, MÁS QUE PONÉRSELA, HAY QUE QUITÁRSELA
Hoy, se ha iniciado en todo el mundo católico el Miércoles de Ceniza, Festividad que preside el inicio de la Cuaresma. Cuarenta días “entrenando”, para poder correr en el estadio de la vida. Todos corren, todos corremos, dice San Pablo, pero tan sólo algunos alcanzan la victoria. Quizá la victoria no es tanto, esa, tan proclamada, del cielo, donde habitan los bienaventurados, sino incluso, o más bien, la victoria en este mísero muladar en el que nos arrastramos. Y hoy es día llamado a iniciar un nuevo camino, una nueva carrera; de comenzar el entrenamiento, para lograr vencer. No tanto de “los enemigos del alma”, como tanto se repitió. El enemigo, está dentro. Hay que disparar, como ya se hizo una vez en la Historia, sobre nosotros mismos. Hoy, nos cubrimos de ceniza, exteriormente, pero la verdadera ceniza es la que tenemos dentro, que no nos permite ver el fondo de nuestro propio ser y poco a poco nos va matando. He podido saber que en la Patagonia argentina, desde hace ya algún tiempo, llueve ceniza, procedente de un volcán de la vecina y hermana nación de Chile. Esa ceniza oculta la visión, incluso mueren los animales, según tengo entendido. Lo mismo sucede con nosotros. Estamos llenos de cenizas, procedentes de nuestra soberbia, de nuestro odio, de nuestra falta de generosidad. Tan sólo cuando logremos limpiarnos de ellas, podremos vernos vivos y resplandecientes. También, todavía se encuentra en vigor “la ley del ayuno”. ¡No deja de tener esto gracia, cuando algunos -muchos- pasan hambre! Esa ley, también afecta a la “abstinencia”, a la abstinencia de carne, y tampoco deja de ser curioso el espectáculo, cuando otros -pocos- siguen tomando langosta en salsa americana, precedida de unos percebes, como aperitivo. Siendo pescado, no se infringe ley alguna. El que al parecer resulta infractor es el que toma en el andamio un bocadillo de mortadela. He ido esta mañana a que me fuese impuesta la ceniza sobre mi frente, pero, en ese mismo momento, le he pedido a Dios que me quite, con mi esfuerzo, la que acumulo dentro de mí. Y me he propuesto ayunar, desde luego, pero sólamente de todo cuanto malo se encuentra dentro y fuera. De eso, trataré de no probar bocado. Que Dios me ayude. Luis Madrigal.-
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