sábado, 10 de agosto de 2013

EN UNA NOCHE SERENA



CAEN LÁGRIMAS DESDE EL CIELO

Caen en la noche de Agosto
del cielo lágrimas blancas
desde Perseo, que alcanzan
un jardín en tenue sombra
y brillan dentro del alma.
Son las lágrimas que un Mártir
sobre fuego derramara
y hoy, a la tierra sombría,
para iluminarla bajan.
Se fue la luna del cielo,
que tras los pinos brillaba,
para bajar, y en penumbra,
recoger mis propias lágrimas.

Luis Madrigal

Las Navas del Marqués (Ávila, España)
10 de Agosto de 2013
Festividad de San Lorenzo



viernes, 9 de agosto de 2013

AL DECLINAR DEL DÍA






LLEGA LA NOCHE

Llega la noche y su aliento
exhala el jazmín, que embarga
al ruiseñor en la rama.
Brilla la luna en el cielo
y un carro, que rueda y canta,
mueve paja que fue heno
hasta un jardín que no es nada.
¿Dormirán las golondrinas
que bajo mi alero acampan?
¿Volarán mañana al cielo,
entre algodones y algas,
para llevar mi suspiro
allá donde el mar es plata…?

Luis Madrigal

Las Navas del Marqués (Ávila, España),
9 de Agosto de 2013



jueves, 8 de agosto de 2013

YA SÓLO HABLO CON LOS PINOS




POR SENDEROS VA LA TARDE

Por senderos va la tarde,
entre jarales y pinos.
Yo voy con mis pensamientos
que, tan lejos, ni son míos.
Cae el sol como un espejo
sobre tejados azules
que hace poco fueron blancos
y en mis ojos yo los tuve.
Amarillos han de verse
cuando los musgos sombríos
crezcan y tiñan de ocre
los techos y los caminos.
Hacia el ayer yo voy quieto
al pie de las golondrinas,
que anidan bajo mi alero
sin vestidos ni alamares…
¡Quisiera un barco velero
para surcar hondos mares!

Las Navas del Marqués (Ávila, España),
8 de Julio de 2013

Luis Madrigal



martes, 6 de agosto de 2013

AL MORIR DE LA TARDE





 
UNA GOTA DE SANGRE, MUERTA Y SECA

Nunca más llorarás. Estoy muy lejos.
Que Dios acoja tu amor en paz y en calma
y por siempre sin mí.
Mas, si mi voz fuese la distancia
-como el aroma es la flor y  el mar, el agua azul
que en las noches de luz besa la arena-
sobre esta hoja del mismo árbol frondoso,
que ayer quisiera verte,
a tus ojos envío, de mi sangre,
esta gota, al fin ya muerta y seca.
Guárdala donde quizá ayer guardaste
el postrer fruto de su siembra.
Hubo otras muchas, tan frescas y fecundas,
que nueva vida nacería de ellas…
Mas, todas se secaron… Ya, ni yacen
sobre otras hojas ocres, también muertas.
Sitúala  -es papel-  en un marco de flores,
junto a juncos que, vivos, en un arroyo crecen,
para mirarla en las noches de tu Invierno
a la luz de una vela hecha de cera…
Verás así que, cuantas mi alma enrojecieron,
tiñen también de rojo el agua de tu Río…
Sabrás así que, un verso, no es nunca un vacío
que vuela sobre el aire, y nada queda
de cuanto un día  -volar-  le hizo un suspiro.
Podrás así, sentir, cuando tiemble la luna
y arribe tu verano soñoliento,
sobre ese Lago azul, de espumas blancas;
de blancas velas, varadas singladuras –casi eternas-
que también esta gota de mi sangre,
aún ya muerta y seca , puede al ocaso
unirse a la danza que, en las Sierras,
tus Hadas bailan en la noche, lenta.
Ya nunca me verás… Nunca me has visto.
Mas, después, ni me oirás, ni seré nada.
Nada, ya soy… Sólo esta gota seca
de la que fue mi sangre y ya está muerta.
Sólo tuya es ahora…
Sólo tuya, también junto a tus lágrimas,
al nacer de la noche, para adornar tu puerta.

Luis Madrigal