martes, 5 de mayo de 2009

LOS SOFISTAS


Sabía que existía y tenía gran interés en hacerme con ella, pero no había tenido ocasión nunca de poder hacerlo. Al fin, por pura casualidad, la he visto en uno de esos kioskos en los que se vende el periódico "Marca" y la revista pornográfica "Interviú", entre otras obras científicas, propias de aficionados al futbol y "amas de casa" de bajo nivel de instrucción. Está visto que nunca se debe despreciar nada, porque, en cualquier lugar, hasta en un estercolero, a veces, puede florecer una orquídea. También había oído decir que Bertrand Russell, más que un filósofo propiamente dicho había sido un matemático y que, esta "Historia de la Filosofía", en realidad, le fue encargada por haber cobrado ya un cierto nombre y, sobre todo, que él aceptó el encargo para poder comer caliente. Más o menos. También había oído decir, que no era un libro especialmente interesante sino, más bien, muy corriente, y hasta malo, desde el punto de vista rigurosamente filosófico. Para salir de dudas, no dudé yo, a mi vez, en comprarlo, dado el precio relativamente módico y asequible y, desde luego de mucha mejor relación coste-calidad que la revista "Interwiu" o el diario "Marca". Y lo estoy leyendo. Como yo leo bastante despacio, por no haber sido capaz de asimilar ninguno de los métodos de "lectura rápida" -que, sin duda, debieron ser diseñados para políticos, periodistas o "ejecutivos" de grandes firmas comerciales- no he pasado aún de la página 119, de las 892 de que consta la obra. Y, justamente en esta misma página, muy al comienzo del Capítulo X, dedicado a Protágoras, "figura más importante y cabeza de los sofistas", según literalmente dice Russell, me encuentro con algo que me ha parecido muy jugoso y que no me resisto a reproducir a continuación .

En la citada página, Russell afronta la tarea de describir muy gráficamente cómo Platón, en su afán de ridiculizar a los sofistas, caricaturizándolos y envileciéndolos, elige uno de los más ligeros pasajes entre dos de ellos, Dionisodoro y Eutidemo, que se proponen desconcertar a un simple, llamado Clesipo. Y el pasaje, literalmente reproducido de Russell, es este. Comienza el diálogo Dionisodoro:

"-¿Dices que tienes un perro?
"-Sí, uno corriente -
dijo Clesipo.
"-¿Tiene cachorros?
"-Sí, y todos como él.
"-¿Y el perro es su padre?
"-Sí
-dijo-; desde luego vi encontrarse a él y a la madre de los cachorros.
"-¿Y no te pertenece?
"-Ciertamente.
"-Entonces él es padre y tuyo; por lo tanto: es tu padre y los perritos son tus hermanos."


¿Curioso -y muy graciso- verdad? Más seriamente, Russell, interesado por la lógica, nos ofrece la conclusión final del diálogo, en traducción de Cornford: "El arte de contradecir, procedente de una especie falsa de remedo vanidoso de la educación que se ocupa en hacer semblanzas, se derivó de la confección de imágenes, distinguidas como una porción, no divina sino humana, de producción, que presenta un juego de sombras de palabras; así es la sangre y estirpe que puede, con absoluta certeza, ser asignada al sofista auténtico."

¡Cuánto he podido agradecer yo esta aclaración, procedente de fuente tan autorizada. ¡Ahora comprendo, por fin...! Por fin entiendo en qué consiste esto de la "política" de última hora y dónde encuentran su explicación y verdadero apoyo los reiterados mensajes a la opinión pública, sin el menor sonrojo, que lanza, como si lanzase "pedradas" a la lógica, un personaje con cara, más que presunta de idiota y hechos, consumados y probados, propios de un imbécil total, empeñado en "explicar" a los españoles que, si tienen un perro -sea callejero o con "pedigrí"- y éste ha tenido cachorros, el perro es su padre y los perritos sus hermanos. Desde luego, los españoles no pueden ser tan tontos, aunque lo parezcan, al insistir en su interés de escuchar tales explicaciones. Pero, mucho cuidado, porque, a este paso, todos juntos, el perro, los cachorros y los que escuchan semejantes explicaciones, como si oyeran llover -y por desgracia, yo también, sin comerlo ni beberlo- terminaremos muriéndonos de hambre. Luis Madrigal.-

lunes, 4 de mayo de 2009

TODOS SOMOS IGUALES


Hace ya algunos años -aunque quizá todavía quede alguno por ahí- solían verse unas estampillas, o cartelitos, generalmente colgados de las paredes, en esos ámbitos parasitarios que son las oficinas públicas, en los que podía leerse literalmente: “TODOS SOMOS IGUALES, PERO ALGUNOS MÁS IGUALES QUE OTROS”. Parece ser que tan aguda expresión, fruto de un descubrimiento antropológico aún más conspicuo, es debida a un señor nacido en la India, de nacionalidad británica, llamado Eric Arthur Blair, más conocido por George Orwell, que fue su pseudónimo. Este caballero, es el inventor de un imaginario universo totalitarista, pese a que él no fue observado por el KGB, sino, durante doce años, por los servicios de Inteligencia británicos, justamente por los motivos radicalmente contrarios -esto es, para poder preservar la libertad frente al totalitarismo- dadas sus aficiones a militar en los movimientos izquierdistas. Es hoy, por tanto, uno de los símbolos sagrados de la “izquierda intelectual” y, al propio tiempo, el "glorioso" mentor del concepto de “Gran Hermano”, acuñado en su novela “1984”, escrita treinta y cinco años antes de la fecha que le sirve de título, es decir en 1949, y que posteriormente ha dado lugar a los repugnantes formatos televisivos del mismo nombre, paradigma vivo de las más abyecta pornografía “en vivo y en directo”.

Orígenes terminológicos o inspiraciones aparte, en primer término, yo creo que “igual”, (en latín, aequālis), quería significar, en el caso del cartelito,
que todas las personas somos de la misma naturaleza o calidad, puesto que tal adjetivación, evidentemente, no se refería a las cosas, y pretendía cobrar en este caso, sin duda, una intención excelsa, o excelente. Todos igualmente buenos, dignos, sabios y competentes, con el mismo alto sentido de la justicia y de la libertad… Pero, eso sí, en segundo término, “algunos”, son mejores, más dignos, más sabios, más competentes que otros. Y, es de suponer, que quienes publicitaban tal aserto, colgándolo de las paredes, entendían formar parte de los primeros, del algunos, excluyéndose selectivamente del todos, que eran “los otros”.

Alguna vez -lo confieso- corrí yo, la estúpida tentación de creerme incluido en el grupo selectivo, o selecto, pero, muchas más, y muy en general, siempre me he preguntado cómo puede operarse tal selección. Desde luego, en términos de singularidad -establecer quien es “el mejor”- no es posible, porque el mejor no existe, es imposible de determinar, no hay instrumento de medida para ello y, únicamente, podría ser determinado de esa forma tan mostrenca, y tan imprecisa y peligrosa, como es el método “democrático”. Esto es, por “votación popular”. Así se determinan (además de los gobernantes, lo que es ya un verdadero ejercicio del temerario juego suicida de la “ruleta rusa”), otros muchos “mejores” más superfluos y superficiales, como la chica más guapa, la “miss” del planeta, del país, o del barrio, y ahora, últimamente, también el chico más apuesto y gentil . Asimismo, el futbolista que ha de ganar “la bota de oro” o, en infinidad de perspectivas, cuantos profesionales, de todo tipo de oficios u ocupaciones quepa establecer. Y hasta de “mejores”, en los ámbitos de la virtud, de la bonhomía o la santidad, cuestión esta última que, con el permiso y el debido respeto a los cánones reguladores de las causas de los santos, creo yo tan sólo Dios puede saber. Por ejemplo, en los más respetuosos términos, ¿quién era más santo, el Excelentísimo Sr. Marqués de Peralta, Don Josemaría Escrivá de Balaguer, o la Madre Teresa de Calcuta? Parece ser que San Josemaría, que ya es santo, como su propia nominación canónica indica, mientras la Madre Teresa todavía solamente es beata, que es un grado inferior. Hasta es muy posible, que Don Álvaro del Portillo, también ya beato a estas alturas desde hace años, sea santo mucho antes que el Beato Champagnat, que ya lo era el pobre desde mi infancia, y que aún por los años 90 no había logrado pasar de ahí, pese a haber nacido en 1789, justamente el año de la Revolución Francesa, y muerto en 1840, tras haber fundado los Hermanos Maristas. Otro tanto cabe decir del polaco Juan Beyzym, S.J., contemplativo en la acción y apóstol de los leprosos en Madagascar, por no hablar del Beato Maurus Magnentius Rabanus, Arzobispo de Maguncia, que murió en el año 856, y de tantos y tantos que no han llegado a los altares. En otros términos, descendiendo desde la más excelsa altura, hasta la casi máxima bajura, ¿quién ha sido mejor futbolista, Pelé o Alfredo Di Stefano? ¿Maradona o Messi? Imposible de determinar, con precisión astronómica, e incluso en mucho menor grado de precisión. Imposible saber quién es “el mejor”. Por lo tanto, el mejor, no existe. Incluso tampoco es nada fácil determinar colectivamente, dentro de un grupo, profesión, oficio, o característica personal, quienes son “los mejores”, aunque esto resulte más fácil, sobre todo mucho más ostensible a los meros sentidos corporales, y hasta a las piedras. Un tonto, siempre es un tonto, se babe o no, pero Sir Winston Churchill, fue un genial político y un excelente Jefe de Gobierno. Esto, también es verdad, y se distingue perfectamente. Porque, hay verdaderos sabios y perfectos imbéciles que, en algunas dramáticas ocasiones -es imposible saber por qué y cómo- llegan a Jefes de Gobierno; personas cultas, y personas absolutamente ignorantes; gentes refinadas, y patanes en todos los grados de ordinariez y mal gusto, y algunos hasta en estado casi salvaje. Todo esto es cierto. Y ello es así, aunque, en términos generales, resulte también difícil en una colectividad establecer la frontera entre “los mejores” y los que no pueden serlo en modo alguno. Luego, los del “cartelito”, lo tenían, o lo tienen aún, bastante difícil. Les aconsejo que lo retiren y les ruego se pongan a trabajar, aunque sólo sea para demostrase a sí mismos que son capaces de hacer algo útil.

Me parece que, por esa relatividad a la hora de determinar quién o quiénes son, no ya “el mejor” -que no existe nunca- sino tampoco “los mejores”, de difícil determinación, hace ya tiempo que vengo yo sustituyendo, para mis adentros, el clásico orwelliano por otro eslogan, de similar factura, pero mucho más objetivo dentro de su indefinición, según me parece. Venía yo proponiendo que, lo que debería proclamarse, sin cartelitos, desde luego, es la afirmación de que “TODOS SOMOS IGUALES, PERO UNOS SON MÁS IGUALES QUE OTROS”. Como se podrá observar, hay dos variantes esenciales. La primera, consiste en sustituir el “algunos”, por el “unos”. Podrá parecer lo mismo, pero no lo es. En primer término, alguno, o algunos (del latín alĭquis, alguien, y unus, uno), es un adjetivo que se aplica indeterminadamente a una o varias personas respecto a otras, pero en oposición a ninguno, y por ello generalmente se utiliza como pronombre indefinido y, pospuesto al sustantivo, equivale a “ninguno”. Y, en segundo término porque lo fundamental de la nueva fórmula consiste en sustituir la primera persona de plural por la tercera, del verbo ser, porque nadie debería atreverse a decir "somos", sino tan sólo "son". Así, pues, incluso existen dificultades gramaticales para poder expresar en su intención elitista, la expresión de referencia. En cambio, “unos” (también del latín unus), en su octava acepción RAE, juega como pronombre indeterminado y, en plural, significa dos o más personas cuyo nombre, y por ende características determinadas, se ignoran, o no pueden determinarse. Y esto ya, al menos gramaticalmente sería mucho más exacto. Podemos Saber que “unos” son mejores -“más iguales”- que otros, pero nunca podríamos determinar el grado, la “clasificación general” y, con ciertas dificultades, establecer la frontera entre unos y otros, pese a que, en algunos casos, la diferencia pueda ser ostensible.

Sin embargo, tampoco esta construcción me dejaba satisfecho y, fruto de mis “sesudas” meditaciones, he llegado a comprender, de una vez por todas, que el mejor eslogan para mejor poder expresar la relación y proporción de grandeza y miseria que media entre unos seres humanos y otros, sería esta última, a la que vengo abonándome reiterativamente desde hace ya algún tiempo. Esto es, pues, lo que a mí me parece cierto: “TODOS SOMOS IGUALES PORQUE NADIE ES NADA”. Y esto sí que es absolutamente concluyente. Podrá no serlo a la corta, en determinados momentos, pasajeramente, pero no lo será siempre, no podrá serlo a la larga. La clave, esta vez, no reviste sólo tintes gramaticales, sino que reside en algo mucho más esencial. En efecto, es preciso sustituir la conjunción adversativa “pero”, por la causal “porque”, con lo cual, a su vez, en cuanto a su contenido lógico concierne, ya estamos facilitando la causa de la más radical igualdad. Pero, esa causa es la de que nadie, absolutamente nadie, ni aun Albert Einstein, Johann Wolfgang von Goethe, Santiago Ramón y Cajal, Aristóteles y Platón, Ortega y Unamuno, y cuantos otros sabios de verdad en este mundo han sido, son nada, porque, todo hombre, ha de morir y la muerte, su incertidumbre, sus terribles incógnitas, el no saber nuestro último destino -más aun que tampoco nuestro origen- ni con las más complejas ecuaciones o tubos de ensayo, ni con microscopios binoculares, ni con los telescopios de lentes más potentes, esa radical y esencial ignorancia, nos iguala absolutamente a todos. Por eso, sólo por eso, todos somos iguales. Entre el mayor sabio de todos los siglos y el ignorante supremo de los mismos, la diferencia es nula. Y somos además iguales, porque, para algunos -aunque esto sea adicional o quizá hasta secundario- todos somos hijos de Dios y los hijos de un mismo Padre, siempre, siempre son iguales, con total independencia de sus cualidades, méritos o deméritos. Un Padre amoroso, que quiere por igual a todos sus hijos y en cuyo regazo, tan sólo en Él, podremos descifrar la incógnita de nuestra vida. Claro que, para ello, para encontrar la verdadera repuesta, la más precisa y exacta, tendremos todos que llevar a la práctica lo que propone y exalta la melodía del cantante Silvio Rodríguez. Verdaderamente, hay letras de canciones hermosas, pero tal vez ninguna tan verdadera como esta, la de esta canción -"Sólo el Amor", por supuesto el Amor con mayúscula- porque, ciertamente:

"Sólo el Amor, alumbra lo que perdura / sólo el Amor, convierte en milagro el barro / sólo el Amor, engendra la maravilla / sólo el Amor, consigue encender lo muerto..." ¿Alguien quiere comprobar hasta qué punto es rigurosamente verdad, y la única forma segura de poder "tocar lo cierto"? Luis Madrigal.


Para escuchar la canción completa, pueden o podéis pulsar sobre el subrayado que sigue a la notación 03. del archivo musical que seguidamente se inserta.



viernes, 1 de mayo de 2009

Solución al "QUIÉN ES QUIÉN" (I), de 26 Abril 2009





El personaje de ambos retratos es el mismo: El Rey Carlos IV de España, aquel funesto monarca, cuyo valido se llamó Manuel Godoy, y padre, para mayor desgracia suya y de España, de su odioso sucesor, el traidor y felón Fernando VII.

Pese a la aparente igualdad de su tamaño, el primero de los cuadros (de arriba a abajo), podría considerarse casi una miniatura, porque su tamaño es el de 15,5 x 11,4 cm. Está pintado el óleo sobre lienzo y se conserva en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes, de Madrid. Su autor es el zaragozano Francisco Bayeu y Subías. Bayeu, no fue un mal pintor. Nacido en 1734, en Zaragoza, dió sus primeros pasos en el barroco español, siendo discípulo de Mengs y Director de la Real Academia de San Fernando. El cuadro de referencia, fue pintado en el año 1790, tan sólo cinco años antes de su muerte, en 1795.

El segundo de los cuadros (el de abajo), pese a parecer hasta más pequeño, es mucho más grande de tamaño, porque mide 203 x 137 cm. También es un óleo sobre lienzo y se exhibe en el Museo del Prado, también de Madrid, como es bien sabido. Su autor era cuñado de Bayeu, por haberse casado con su hermana Josefa, su nombre también era el de Francisco, y asi mismo era aragonés, pero su valor pictórico y su fama no pueden compararse: Se llamaba Francisco de Goya y Lucientes, y aunque no nació en la Capital de la Provincia, sino en un pueblo de la misma (Fuendetodos), su fama es universal, y su arte, para algunos superior incluso al de Velázquez, a quién él admiraba tanto, porque, se ha dicho, que si Velázquez conduce a la fotografía en color, Goya es el introductor e inspirador de los impresionistas franceses. En cualquier caso, ustedes, amigos lectores de este humilde Blog, podrán juzgar a su libre criterio, en lo que se refiere a uno y otro de los retratos que aquí hoy se publican. Goya, como también es bien sabido, fue nombrado Pintor de Cámara por Carlos III, a quien retrató también diversas veces y, en 1799, fue nombrado Primer Pintor de Cámara, recogiendo la triste etapa de su hijo, el referido Carlos IV, a quien asismismo retrató en diversas ocasiones y posturas, incluídos los retratos ecuestres, y a quien finalmente vió, en unión de toda su familia, con la honestidad y honradez hasta ese momento impropias de un Pintor de Cámara, retratándolos tal y como eran y como él los veía, sin la menor concesión a la idealización. De ello es prueba bien patente el cuadro que también aquí se publica, por último, cuyo título es "La Familia de Carlos IV". En cuanto a los dos retratos individuales que le preceden, como es lógico, ambos llevan el mismo título: "Carlos IV". Que ustedes lo disfruten. Los españoles de aquella época, tuvieron que sufrirlo en sus propias carnes. Luis Madrigal.-

UN NUEVO 1º DE MAYO



Nuevamente, es 1º de Mayo, la Fiesta del Trabajo, que, a lo largo del tiempo, ha sido interpretada y proclamada desde muy distintas perspectivas. Quedan ya lejos aquellas “Demostraciones Sindicales” ideadas y organizadas por el aparato político-sindical de aquella falsa concepción del “nacional-catolicismo”, de tan triste memoria, en la que el Ministro de los Sindicatos Verticales, Don José Solís, más tarde del “Movimiento” y demás patrañas, con la colaboración de “El Corte Inglés”, entonces y hoy signo y emblema del capitalismo más repugnante y explotador, disfrazaba a las muchachas españolas de “talaveranas”, cubriendo sus turgentes y sedosos muslos, de aquellos ridículos pololos blancos, para que cuando, en sus púdicos bailes regionales, se subía la falda por encima de la cintura no se disparase la fogosa imaginación de los ardientes celtíberos. Después, al final, venía el discurso de Solís, plagado de tópicos, de románticas hipérboles, tan irrealizables como todo lo demás. Y la inquebrantable fidelidad al Jefe del Estado, al Caudillo… Etcétera, etcétera…

Pero, después las cosas fueron mucho peores. A los Sindicatos verticales implantados por el Gobierno de la dictadura franquista, siguieron estos otros sindicatos, que yo no sé si serán o no “horizontales”, “oblicuos”, o “en diagonal”, pero lo que sí parece, con toda seguridad, es que están financiados, pagados largamente -a sus jerifaltes y líderes, me refiero- con el dinero de todos los españoles. Un millón de pesetas al mes, se ha dicho venían a percibir sus primeros líderes, cuando aún existía la peseta. ¿Será posible? Nada me extrañaría. ¡Qué diferencia, con otros sindicatos, con los ingleses, por ejemplo…! Diferencia abismal en lo que se refiere la noble actividad sindical, cuando lo es, que se encuentra sostenida económicamente tan sólo con las cuotas de sus afiliados, los sindicalistas que con absoluta libre voluntad decidan formar parte de tales organizaciones. En España, desde luego, antes y ahora, los Sindicatos resultan perfectamente inútiles en todos los sentidos. Antes, por ser de partido único, y ahora de partido múltiple, pero siempre por completo politizados y al servicio del partido en el poder, naturalmente cuando éste es de izquierdas, porque cuando el Gobierno es conservador, de derechas, o neo-capitalista, como tal tipo de ideología política no cree en los sindicatos, tampoco los promueve, ni los alienta. En consecuencia, los sindicatos son siempre un instrumento dócil al servicio de los Gobiernos “de izquierdas” y, tan sólo cuando gobierna la “derechona”, salen a la calle en tono amenazador. “La próxima visita, será con dinamita”, gritaban hace años los mineros asturianos, siempre tan aguerridos en la lucha contra la explotación capitalista. Sin embargo, los logros sindicales nunca son ninguno, ni sirven para nada. Hasta en alguna ocasión las masas vociferantes e irredentas se dan cuenta de ello y le abren la cabeza con el soporte de alguna pancarta a algún alto dirigente sindical. En la “manifestación” de hoy, de este nuevo 1º de Mayo, con un Gobierno “socialista” en el poder, lleno de ineptos, mucho más que de socialistas, y con una saldo de 4.700.000 trabajadores en el paro, uno de los líderes más amaestrados, sumisos y dependientes del Partido en el poder (al que se ve en unión del otro en la segunda de las fotografias de arriba), ha dicho muy recientemente que hay que descartar toda idea de “huelga general”, porque “este Gobierno, no ha recortado ninguna libertad sindical”. Pero, aún así con todas las libertades de tal inútil carácter a tope, el número de parados se acerca ya a los cinco millones de trabajadores. Y, por este motivo, ni piensa en convocarse una huelga general… He aquí una muestra contundente de la excelsa concepción marxista de la existencia humana, que considera el trabajo como el demiurgo universal, causa de la grandeza humana y de la historia, creador del hombre y de su libertad, y mediador insustituible entre él -el trabajo- y la naturaleza. Pues… parece que se acaba la "mediación" y, con ello, la causa de la grandeza y de la libertad. Por lo menos, no la hay en estos momentos para casi cinco millones de seres humanos… ¡Inútiles, parásitos y demás gentes de mal vivir…! Me refiero a “los últimos de la clase” en todo tiempo y lugar, a esas pobres chicas, igualmente minusválidas intelectualmente que son “ministras” y a algún que otro delincuente común: ¡¡Fuera, fuera de una vez… marcharos a vuestras cloacas, de las que nunca debisteis haber salido… !! Más o menos como el virus de la peste porcina… Igual. Luis Madrigal.-


Arriba, pueden verse dos fotografías toxicas, ambas de máxima actualidad, por corresponder al mismo día de hoy, en el que la gripe porcina amenaza con extenderse a medio mundo. A continuación, puede oirse la gran marcha magna de la mentira más universal de cuántas se hayan dicho. Eso sí, se le pueden poner a la música cuantas letras se desee, dentro de las que se han pretendido... ¡Vayánse todos ustedes a hacer puñetas! Por no decir algo mucho más grosero. He dicho.



jueves, 30 de abril de 2009

YO SÉ DONDE ESTÁ EL CAPITÁN ESCARLATA







¿Todavía se acuerda alguien del Capitán Escarlata? Tengo la impresión, quizá equivocada, de que, excepto en otro y en este mismo humildísimo Blog, han desaparecido ya todos aquellos reclamos, en su día gráficamente presentes e insistentes, pidiendo la vuelta, el regreso a su primitivo Blog, o a otro similar, de aquel viejo soldado de Flandes. El tiempo lo borra todo y todo se lo lleva. Yo, no quiero presumir de nada, y menos aún de ser el mejor amigo del Capitán. En su día fui el último y, más bien que amigo, enconado enemigo, hasta el punto de haberme desafiado a un duelo a muerte. Pero aquel incidente, quedó zanjado y sustituido por una noble amistad. No soy el más indicado, digo, para insistir nuevamente en su presencia, pero sí he de decir, muy sinceramente, que echo mucho de menos al Capitán Escarlata y sí que me gustaría celebrar su reaparición, aunque fuese con otra envoltura. Entre otras cosas, no puedo olvidar que el Capitan, como no podía ser menos, escribía Sonetos. Menos aún, que por dos veces, tuvo la gentileza de regalarme los de Don Miguel de Unamuno, que torpemente por mi parte perdí en el primer envío, por cuyo motivo, el Capitán se molestó en enviármelos por segunda vez. Desde entonces los guardo como un joya, en vitrina de oro. Y por ello, entre otras cosas, me alegraría mucho poder reencontrarme con el Capitán.

El muy pillín, trató de hacernos creer que se había quedado en Flandes. Pero, no es verdad... No está allí. De vez en cuando hace acto de presencia, totalmente embozado, bajo las siglas JL, para visitar, de modo clandestino, algunos de los lugares más queridos para él, pero sin dar la más mínima señal de que se trata de el mismo Capitan Escarlata que tan gentil y noblemente solía moverse por estos pagos. Desde luego, reaparezca o no, yo pienso seguir acerrimamente fiel a mi promesa de no retirar el diseño, en su día creado, para reclamar su vuelta. "Por el Regreso del Capitán Escarlata", como podrá verse en la columna derecha de este humilde Blog. Pero, vuelva o no, por su propia voluntad, desde luego, si así lo hiciese, yo sé muy bien donde está, y voy a formular una sugerencia a todos quienes fueron, y supongo siguen siendo, sus más fervorosos amigos, consistente en suscribir, apoyar y proclamar, una especie de Conovocatoria, no ya para el regreso de, sino para el encuentro con el Capitán Escarlata, allí donde él se encuentra. Y para ello, he publicado, más que para ilustración de esta entrada, para señalar el lugar de cita de ese gran encuentro, las fotografías que arriba pueden observarse. Y el plan sería, más o menos este, si a "ustedes-vosotros" os parece bien: Cuando sea la hora que indica el reloj que aparece (de arriba abajo) en la 1ª de dichas fotografías, cuántos quieran encontrarse con el Capitán Escarlata, habrán de hallarse situados en alguno de los lugares que se reflejan en las fotografías 2ª, 3ª ó 4ª, e incluso -para los amantes de la alta velocidad- en el lugar que indica la fotografía 5ª. Será un gran honor para mí, poder conducir a cuantos allí se congreguen a la presencia de nuestro ilustre amigo el Capitán Escarlata, quien, estoy seguro, de su gallardía y noble generosidad, no dudará lo más mínimo en obsequiar a todos los presentes a una Recepción en su Palacio, que es el que figura en la fotografía 6ª y última, en la que, entre otros manjares, se nos ofrecerá el vino más exquisito del mundo (mal que les pese a los franceses, y no digamos a los ingleses, que se lo llevan a sus tristes islas por arrobas). Sin duda, también sonarán las fanfarrías y toda la trompetería de Palacio, mientras en el Patio de Armas del Castillo formará su Guardia de Honor y, a través de las almenas, todos podremos avistar una de las más hermosas Ciudades de cuantas existen en el Planeta. Se ruega confirmación a los posibles asistentes. Luis Madrigal.-

martes, 28 de abril de 2009

Música Culta (XII) Johann Kaspar KERLL (1627)



UN GRAN CUADRO DE DIEGO RIVERA


"Mujeres peinándose", del mejicano Diego Rivera. No importa, que se trate, fundamentalmente, de un muralista, y nada menos que de los más celebrados de las Naciones Unidas. Ni siquiera importa que fuese comunista. En cualquier caso, era un gran pintor.