jueves, 13 de febrero de 2014

EN EL CORAZÓN DEL INVIERNO



ESPERANDO A LA LUZ


Los cigarrales han enmudecido
y la savia riega ahora  -mustia-  el tallo
del hercúleo ciprés que, sin desmayo,
espera alzarse al cielo florecido.

Cuando el rosal suspire, estremecido,
y las rosas saluden al fiel Mayo;
cuando, entre estruendo, puro brille el rayo,
la luz de Primavera habrá venido.

No sabrán los poetas por qué ha sido,
una vez más y mil, siempre a la espera
de la eterna ilusión, como al latido

espera el corazón, era tras era
sin reparar que tiempo que ya ha huido
no será nunca más como antes era.


Luis Madrigal






miércoles, 12 de febrero de 2014

ES BUENO SENTARSE JUNTO A LOS HERMANOS



LOS JUDÍOS, NUESTROS HERMANOS MAYORES


Desde que  -de muy niño-  escuchaba yo las lecturas litúrgicas del Antiguo Testamento, en la vieja iglesia de mi Parroquia, en León, sentía una especie de rechazo, por no decir de repulsión hacia aquel mundo que se reflejaba en las mismas. Los nombres de los personajes, de las ciudades y pueblos, del campo, de los ríos o el mar, y de toda clase de imágenes y metáforas que en ellas se recogían, no tenían nada que ver conmigo, que era un niño de los años cuarenta, tras la horrible Guerra fratricida habida entre mis compatriotas españoles. Nada de lo que me rodeaba entonces  -ni ahora mismo tampoco-  tenía nada que ver con toda aquello. ¡”El Pueblo de Israel…”!. Los israelitas, o simplemente los judíos, que habían salido de la cautividad en Egipto atravesado un árido desierto, y a los que Dios enviaba desde el cielo “el maná”, para que no se muriesen de hambre. ¿Por qué no nos enviaba también algo a los españoles de entonces, que tanto lo necesitábamos?. Nada de esto me parecía normal, porque todas aquellas cosas eran cuestiones muy lejanas a mí, por mucho se pretendiera relacionarlas con la fe en Dios, que aquel buen Párroco, Don Eladio Tejedor Alcántara, trataba de inculcarme. Yo no era judío, expresión esta por cierto que también por entonces, más bien fuera de los templos, se empleaba en el ámbito social y en sentido altamente peyorativo. Más concretamente, para referirse a las personas egoístas, tacañas y, en general, poco recomendables  -casi como el “sacamantecas”, los ogros o “el hombre del saco”-  lo que hacía que la expresión resultase especialmente mal sonante y hasta peligrosa. Cuando alguien quería decir lo peor de otro, tras haberle puesto “pingando”, solía finalizar añadiendo que era “un judío”, por no decir, a veces, un “perro judío”. ¿De dónde y por qué podría producirse aquel hecho, tan real, como yo podía escuchar a cada paso? ¿Cómo aquel Niño Jesús y sobre todo el Hombre que había pronunciado aquel sermón en la Montaña, tan lleno de dulzura, de perdón y sentido de la justicia, podía ser “judío”?. No, eso no podía ser posible.

Claro que, en principio, a mí nadie me decía que Jesús fuese judío, como si tratasen de ocultarlo. Y sólamente, ya casi al final de mi infancia e instrucción catequética, pude cobrar conciencia de ello, paradójicamente para mayor confusión por mi parte. Más tarde comencé a oír hablar, y a leer, que los judíos habían sido expulsados de España, lo que incrementó mi interés por tal cuestión, y pude enterarme también de que grandes personajes de la Historia, como Baruch Spinoza, heredero crítico del cartesianismo y racionalista, y otros muchos, entre ellos el mismo Albert Einstein, eran judíos, o lo habían sido. Judíos  -por referirnos a estos dos últimos-  respectivamente holandés y alemán. Nueva confusión, por mi parte. Resultaba que, además de los judíos españoles, los había también de otras nacionalidades europeas. Y así, progresivamente, hasta enterarme de aquella trágica y criminal historia, llevada a cabo por Adolf Hitler y otros secuaces, todos ellos, como mínimo, miserables dementes. ¡Pobres judíos! ¡Cuánto había sufrido aquel pueblo a lo largo de la Historia…! Y, sobre todo -eso he podido averiguarlo muy últimamente-  ¡cuantas mentiras y perversas calumnias vertidas sobre ellos, al servicio de los más bastardos intereses materiales!

Pero, como diría San Pablo, o Pablo de Tarso (otro “judío, hijo de judíos, de la tribu de Benjamín”), yo ya no soy ningún niño, ni por tanto puedo pensar como piensa un niño, porque ahora que, ya soy hombre  -o trato de serlo-   tengo que pensar, juzgar y obrar como debe ser propio de los hombres. Ello en lo que atañe a todos los judíos en general, pero mucho más aún en lo que respecta a los que fueron, y lo siguen siendo, mis compatriotas españoles, tan españoles como yo mismo, los sefardíes, los que, en tiempo inmemorial, habían llegado a España, a la Sepharad  bíblica, alzando aquí sus tiendas y enraizando generación tras generación, tras prestar transcendentales servicios al Estado y al interés público, hasta el día 31 de Marzo de 1492. Se ha culpado tradicionalmente a los Reyes Católicos de ser los causantes de aquella expulsión, pero los historiadores modernos  -los propios historiadores españoles-  han hecho el esfuerzo de poner las cosas en su sitio, desvelando, entre la hojarasca y el humo de la Historia, y de infinidad de mentiras y calumnias, la pura verdad.

Varias son las cosas que resulta necesario aclarar. En primer lugar que, no fueron Isabel y Fernando, aquellos grandes monarcas, quienes, de repente, casi por arte de magia, encontrasen caprichosamente el motivo, que les moviese un mal día a firmar el Edicto de Granada. Ya el III Concilio de Toledo (en el que, tras condenar y separarse del arrianismo, el Rey Recaredo proclama la Fe católica) reprodujo las conclusiones del de Elvira (celebrado entre los años 300 y 324 y, por tanto, o bien antes de la persecución de Diocleciano o después del Edicto de Milán). Y ya antes de todo ello, había surgido el problema de la convivencia social y política con la comunidad sefardí. Es cierto que, en puridad, la razón era, en principio, genuinamente religiosa: Ellos no podían  -y algunos no querían-  aceptar que el Mesías, hubiese venido ya, mientras los cristianos españoles llevan ya varios siglos adorando a Jesús de Nazareth como el único y verdadero Hijo de Dios, el enviado del Padre. La discrepancia, a su vez, no eran tampoco tan simple y lineal, sino especialmente torcida y sinuosa, acaso intencionadamente por parte de las minorías de uno y otro lados, que, en ningún caso, podía ni puede derivar hacia la culpabilización colectiva de ninguno de aquéllos. Lo teólogos españoles, y antes los latinos, San Agustín por todos ellos, habían percibido y recogido intelectualmente de las propias fuentes bíblicas, de la Torah, que era y es la Ley suprema de Israel,  las declaraciones proféticas esenciales, en virtud de las cuales, en Jesús de Nazaret, un judío, se cumplían todas condiciones atribuidas por la Escritura al Mesías, así como el encargo por su parte de difundir y transmitir su doctrina y su mensaje a todos los gentiles  -a quienes no eran miembros del Pueblo de Israel-  de todas las naciones de la tierra.

Los sefardíes  -y sin duda también la otra gran familia judía centro-europea, los azenakíes-  en cambio, no podían aceptar ni que Jesús de Nazaret pudiese ser el Mesías, ni menos aún que un hombre pudiera ser Dios. Según los teólogos cristianos, y sobre todos los inquisidores, ello era así porque los Rabinos, en las Sinagogas, habían alterado, falsificado, intencional y maliciosamente el Talmud, con la única finalidad de impedir la conversión colectiva de todos los judíos al cristianismo, dando y teniendo a Jesús por el Mesías. Es sabido que el Talmud, no es otra cosa sino una colección de comentarios, y de discusiones o debates acerca de lo escrito en la Ley, la Torah, algo así como, entre nosotros, la Jurisprudencia en relación con la legislación aplicable a un supuesto concreto. Las discusiones y debates, durante todo el periodo que más tarde media entre el Rey Alfonso X y los Reyes Católicos, es más o menos constante tanto en el Reino de Castilla como en el de Aragón, donde se alza la poderosa figura de San Vicente Ferrer, en amparo de los judíos, tratando de que pueda cumplirse la doctrina de San Agustín, consistente en esperar pacientemente que nuestros sefardíes, mediante el ejemplo en la virtud de la caridad por parte de los cristianos, se conviertan y vean a Jesús como el verdadero Mesías, el Salvador a  quien ya no es necesario esperar más, puesto que ya ha llegado desde hace varios siglos.

Pero, es evidente  -y así lo acredita la Historia en sus últimos descubrimientos-  que la máxima virtud cristiana, la del amor, no se produjo hacia aquellos compatriotas que albergaban otras convicciones en lo relativo a su fe en Dios. Es más, podría decirse, con la autoridad que proporcionan las fuentes más modernas, que sucedió lo contrario. Por razón de los más espurios intereses y fines materiales, la mayoría cristiana, especialmente la nobleza y también los reyes, utilizaron a la comunidad judía como simples “ocupantes”, otorgando a los mismos el “permiso de residencia”, a cambio del desempeño de los oficios por otra parte tan despreciados como altamente necesarios, no sólo a fin de sufragar las sucesivas guerras contra el Islam  -muy especialmente la última para la Conquista de Granada-  a través de las aportaciones financieras, algunas veces posiblemente traducidas en préstamos usurarios, pero no así en todas, sin olvidarse de que tal oficio, el de prestamistas, hubieron de desempeñarlo los judíos por prohibírseles, la mayor parte de las veces, ejercer ningún otro.

Mucho menos verdaderas, sino calumniosas, resultan la mayor parte de las acusaciones vertidas sobre nuestros judíos, tanto en el orden temporal como en el propiamente espiritual, siendo absolutamente falso tanto el hecho de profanar hostias consagradas en sus celebraciones, como los de atentar y matar a cristianos en descampados, ni ejercer prácticas satánicas o de brujería. Todo ello, fueron invenciones utilizadas en su contra, fruto de la inquina y del odio, que dieron lugar sucesivamente a crueles matanzas colectivas de judíos, aunque también sea cierto que los propios judíos decidieran “enrocarse” en su situación, puertas adentro de las juderías, practicando los mismos criterios de segregación, racial y religiosa, al margen de los llamados “judíos de Corte”, confortablemente instalados en riquezas y honores.

Pero, de la Sinagoga venimos los cristianos, como venimos de los Salmos y el canto gregoriano de la salmodia judía. Somos discípulos y seguidores de un Judío, el Mesías anunciado por los profetas de Israel, como asimismo hemos recibido la Fe a través, según las distintas partes del mundo, de otros Doce Judíos. Y por ello, como hoy suele decirse, el “gran reto” que a todos debe ocuparnos, no es ya solamente el de la unidad de los cristianos. De todos, tanto de los luteranos y ortodoxos, separados de Roma, como incluso del propio Islam, del que somos “primos hermanos”, a través de Ismael e Isaac y que tiene a “Isa”, el “hijo de Maryam”, como uno de sus Profetas más amados. Pero, además de todo ello, el gran sueño de cuantos creemos en Jesús de Nazaret sería también el del abrazo con nuestros hermanos mayores, los hijos de Israel, que para nosotros se ha transformado en La Iglesia. Y por ello también a mí me gustaría cantar, en torno a una Mesa, la misma canción que el actual Papa de Roma, Francisco, ha entonado hace días con la Comunidad judía en la Ciudad Eterna:

            “Hine ma tov umá naim shébet ajim gam iájadi” La traducción me parece conmovedora:  “¡Qué bueno es que los hermanos se sienten juntos”.


Luis Madrigal




lunes, 10 de febrero de 2014

SUBLIME EJERCICIO



VOLAR AL CIELO


Volaba quieta ayer una paloma
cuyo ahínco era  -azul-  subir al cielo.
Suspiraba, mirando el bajo suelo,
que negro oscurecía tras la loma.

Del sol más puro, áureo reflejo toma
y olvida entre algodón el turbio velo
que le ocultó la luz. Su noble anhelo
es brillar en lo alto… Ya se asoma

al manso y claro empíreo. Ya llega
al reino de la luz… Sin sombra, espera
alcanzar entre aroma el punto omega.

Y lo mismo que el grano da en la era
del fruto su vigor, las alas pliega
para hacer del Invierno Primavera.


Luis Madrigal






viernes, 7 de febrero de 2014

OTRO EXTRAÑO ACADÉMICO... DE LA LENGUA






Fue nada menos que Don Eugenio D´Ors, no sólo jurista prestigioso sino también filósofo  -que revestía ambas condiciones en el más riguroso sentido y estilo académicos-  quien impulsó la creación del Instituto de España. La entidad y categoría intelectual de D´Ors, resulta contundentemente sólida y sistemáticamente científica, en el más amplio pero también genuino concepto de “ciencia”. Tras haberse licenciado en la Universidad de Barcelona, en el año 1903, obtuvo el Doctorado en Derecho en la Universidad Central, como se llamaba entonces a la de Madrid, y asimismo el Doctorado en Filosofía por la Universidad de Barcelona, en 1913. “Los argumentos de Zenón de Elea y la noción moderna de Espacio-Tiempo”, fue su tesis doctoral, brillantemente desarrollada sobre uno de los puntos más cruciales de toda filosofía, pese a no haberse hecho pública hasta muy recientemente, en esta misma década de los años dos mil, en la que nos encontramos. Sin duda por ello, ya en el año 1914 se presentó en Madrid a unas oposiciones para una de las Cátedras de la Facultad de Filosofía en la Universidad de su ciudad natal, Barcelona, pero lamentablemente sólo  -¡”sólo”!-  obtuvo el voto favorable de Don José Ortega y Gasset. Por eso, D´Dors, derivó hacia otros caminos, que le llevaron no sólo a ingresar en los movimientos literarios, sino también en los del arte, siendo asiduo participante en las tertulias del famoso Café barcelonés “Els Quatre Gats”, donde coincidió con Pablo Picasso y otros artistas, ejercitando en los periódicos de la “Ciudad Condal”, no sólo la creación y crítica literaria sino también la artística, siendo autor de tres libros sobre pintura: “Paul Cézanne” y “Pablo Picasso”, en 1930, y “Du Baroque”, en 1935. No obstante, su amor a la Filosofía, le había llevado a recibir clases del filósofo francés Henri Bergson, Premio Nobel de Literatura en 1927 y a la favorable acogida de Don Manuel García Morente  - quien le prologó el primero de sus libros de filosofía- y del mismo Don Miguel de Unamuno.

Así, pues, D´Ors no era cualquier cosa y menos aún ningún saltimbanqui, sino un “todo terreno” en la esfera del pensamiento y de la palabra como cimiento y germen sumos de la expresión conceptual y del sentimiento. Vienen a cuento estas consideraciones previas, en relación con lo que casi inmediatamente diré.

Cuando, en el año 1937  -la Guerra Civil española le había sorprendido en Francia-  Eugenio D´Ors impulsa la creación del Instituto de España, la finalidad perseguida era la que dicha institución ejerciese de vínculo integrador del espíritu común, en sus diversas finalidades específicas, de las ya entonces 6 Academias nacionales existentes, con el nombre de “Reales”, que tenían antes del comienzo de la Segunda República Española, en unión de otras de posterior creación, a las que alcanza también tal augusta denominación. Fueron reglamentariamente reguladas en virtud de los Decretos de 8 de Diciembre de 1937 y de 1 de Enero de 1938 y, ya con anterioridad al segundo de los mismos, el día 27 de Diciembre de 1937, en la Ciudad de Burgos, tuvo lugar la sesión fundacional del mencionado Instituto, con la presencia de las entonces Seis Reales Academias que lo integraban. La primera sesión solemne se celebró en el Templo del Saber, el Paraninfo de la histórica Universidad de Salamanca, el día 6 de Enero de 1938. Años más tarde, en 1947, se promulgaron los Estatutos del Instituto de España, que, como corporación nacional, constituye el máximo exponente de la cultura española en el orden académico. Por ello se le ha llamado el “Senado de la cultura española”. Su objeto y finalidad son los de mantener y estrechar los lazos intelectuales y espirituales entre las actualmente Ocho Reales Academias nacionales: La de la Lengua; la de la Historia; la de Bellas Artes de San Fernando; la de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales; la de Ciencias Morales y Políticas; la de Jurisprudencia y Legislación y las Nacionales de Medicina y de Farmacia. Dado el momento político de su creación, el emblema que inicialmente adoptó el Instituto de España, fue el Víctor, aunque sólo en parte, en cuanto símbolo universitario, puesto que tal estigma tiene ya su origen en la Roma clásica.

Pues bien, ayer mismo he podido enterarme de que, lamentablemente, otra vez más, y van ya demasiadas, el día 1 del corriente mes de Enero, de este mismo año  -¡mal empezamos el año!-  ha tomado posesión del sillón “Z” de la Real Academia de la Lengua un señor llamado don José Luis Gómez García, nacido en Huelva, el día 19 de Abril de 1940 y que, hay que suponer, después de asistir a la escuela primaria de su pueblo  -para aprender los quebrados y el sistema métrico decimal, además de las reglas de ortografía y de las cuatro aritméticas-  inició su formación, sin episodio académico intermedio alguno, en el Instituto de Arte Dramático de Westfalia, en Bochum y en la escuela de Jacques Lecoq, en París, para realizar después trabajos profesionales como actor, “mimo” y más tarde “director de movimiento”  -eso sí, en los principales teatros de la República Federal de Alemania-  además de otros celebérrimos ámbitos y foros internacionales, en los que, sin duda, habrá dado o habrá enseñado a dar toda clase de saltos con la cara pintada de blanco, al estilo más clásico de los “mimos” o hasta sin pintar de ningún color, sin perjuicio de haber trabajado con excelsos cineastas como Armiñán, Bollaín, Camino, Chavarri, Gutiérrez Aragón (¿se tratará de Miliquito, o “signo que lo represente”?), De la Iglesia, Losey, Pilar Miró, Saura, Gonzalo Suárez y… Pedro Almodóvar. ¡Vaya curriculum, Excmo. Sr.!  Es decir, han nombrado académico de la Lengua a un cómico, a un saltimbanqui, a un titiritero o, a lo sumo, a una hierática estatua con la cara pintada, a la que tal vez, cualquiera ha podido depositar unas monedas en el cestito de mimbre yacente al pie de su escabel de exposición, o de exhibición, en Navidad, en la Puerta del Sol de Madrid. A este señor, le han nombrado académico, para sustituir, en el mismo sillón, a Don Francisco Ayala. Este otro donnadie que soy yo, desde la más profunda humildad, pero también desde el mínimo rigor intelectual y académico, protesta indignada y enérgicamente, ante quien proceda, pese a que nadie pueda oírme, por tan exorbitante y monstruosa designación. Ya España, no puede llegar a cota más degradante y degradada de categoría, talante y estilo intelectual. No es que el nuevo académico de la Lengua, tenga que sentirse “endeudado con Francisco Ayala”, como parece ser ha manifestado, “por su centenaria sabiduría”. No, no es exactamente eso. Lo que realmente sucede es que esa ex-noble Casa se ha “enmierdado” hasta la coronilla. Para colmo, o remate de la fiesta, el neófito fue recibido en la Academia por otro que “tal baila”, el ilustre periodista, ex-director de “El País” y autor de cuatro novelas infumables  -de la primera de las cuales, además, por razones de parentesco consanguíneo, debería sentirse avergonzado-  el Excmo. Sr. Don Juan Luis Cebríán, nombrado asimismo académico, “ex aequo”, por razón de la cuota u otros trapicheos análogos, en unión de don Luis María Anson (antes Ansón), bajo el dominio parlamentario del felipismo-polanquismo, de tan infausto recuerdo.

Podrá decir alguien, o muchos pequeños “álguienes”, que el señor Gómez García  (casi tiene nombre de árbitro de futbol) es nada menos que Director de escena en el Teatro y que el Teatro es una de la artes clásicas. Todo ello, es verdad. Pero con dos simples y breves objeciones, quedarían asimismo desmontados todos los argumentos posibles. En primer lugar, se trata de la Real Academia de la Lengua, no de la de Bellas Artes, o  -si la hubiese-  de Arte Dramático. Y, con independencia de que pueda resultar discutible si los miembros de aquélla han ser únicamente filólogos o catedráticos de Literatura y Lengua Española, estudiosos de todos los fenómenos lingüísticos; de la morfología, etimología, sintaxis y prosodia de las palabras; en suma del arte de utilizarlas con el deliberado intento de crear precisión, contenido semántico, limpieza, elegancia y siempre armonía y belleza, el hecho cierto es que, aun cuando puedan elegirse para tales “sillas” a “escritores”, el señor Gómez García, que yo sepa, no ha escrito absolutamente nada. Posiblemente, ni cartas a su familia. Él sólo fue “mimo” y después “actor” y “director de movimiento”. Y aun cuando el Teatro, propiamente dicho, como género literario, también pertenezca al mundo de la palabra, y lo sea en cuanto a la oralidad, más que a la palabra escrita, su máximo valor literario y, por tanto lingüístico, resulta atribuible al dramaturgo, que es quien escribe la obra. Sobre esto, me remito a lo que ya manifesté en mi entrada, en este mismo Blog, correspondiente al Lunes día 26 de Marzo de 2012. Don Antonio Mingote, era un excelente dibujante, lleno por otra parte de profunda reflexión y filosofía superficial. De ser designado académico, debió serlo de la de Bellas Artes, pero no de la Real de la Lengua, como también lo fue. ¿Hasta cuando estos extravagantes despropósitos? Este último, en cambio, ya no sólo es un despropósito. Es una vergüenza. Mayor incluso que lo fue la de galardonar al difunto Don Francisco Umbral (q.e.p.d.) con el Premio Cervantes.

Nada tengo, ni puedo tener contra las personas, y por ello, en el presente caso, contra la persona puesto que mi Religión no me lo permite. Pero lo tengo todo en contra del hecho y del personaje que tan impropiamente viene a profanar, incluso sin su propia culpa, en su caso, el sillón en el que se sentase Ayala. Hoy, para mí, es un día muy triste.

Luis Madrigal




martes, 4 de febrero de 2014

LA ODIADA IGLESIA CATÓLICA


Jesús de Nazareth, Fundador de la Iglesia


Observo con cierta frecuencia que en algunos lugares de Internet, abundan, o son habituales, algunos textos cargados de desprecio, cuando no de odio a la Iglesia Católica. Sobre todo, a la Iglesia Católica en España. Yo, debo respetar esas muestras de libre expresión, que tanto me hieren, pero también supongo que tengo derecho a expresar mi opinión y, sobre todo, mi pensamiento y mi sentimiento. Yo, no soy modelo de nada, ni siquiera tal vez soy “buena persona”, como suele decirse, que es lo más importante, pero, aunque indignamente, me siento orgulloso, en el mejor sentido de la palabra, de ser miembro de la Iglesia Católica, de esa misma a la que con alguna frecuencia se denigra en algunos grupos y para la que se piden todas las sanciones y pérdida de sus “privilegios”. Pero, ha de saberse que esos privilegios no son tantos como pudiera parecer y, sobre todo, que la Iglesia devuelve a la sociedad civil española mucho más de lo que recibe, liberando con ello al Estado del cumplimiento de muchas de sus obligaciones más elementales y primarias. Con razón decía Don Francisco de Quevedo que El valiente tiene miedo del contrario y el cobarde, de su propio temor”. Yo, en este sentido, ya no albergo ningún temor a nadie y, por eso, si me lo permiten, quiero aportar en este mismo lugar algunos datos, que creo son irrefutables. Estrictamente, sin más “teorías”, los datos son éstos:

             A) La Iglesia Católica, sostiene en España, ahora mismo, 5.141 Centros de Enseñanza. Supongo que algunos dirán que eso es un “negocio” para enriquecerse, o que a esos Centros tan sólo pueden acceder “los ricos”, pero eso tampoco es verdad. Puede que existan casos de ese tipo, pero en general son mucho más numerosos, por no decir aplastantemente mayoritarios los supuestos en los que la enseñanza y la educación se extiende e imparte a los más humildes, a los más pobres y desheredados de la sociedad. Entre ellos, a los niños de los emigrantes, de todas las razas y colores. En cualquier caso, esta actividad supone un ahorro para las arcas públicas de 3 millones de euros al año.

            B) La Iglesia, en España, sostiene 107 Hospitales, que ahorran al Estado español 50 millones de Euros por hospital al año.

        C) La Iglesia Católica, en España, mantiene y dispone abiertos 1.004 centros diversos, entre ambulatorios, dispensarios, asilos, centros de minusválidos, de transeúntes y de enfermos terminales de SIDA, con un total de 51.312 camas, que ahorran al Estado 4 millones de Euros por centro al año.

            D) El gasto de Cáritas Española al año, es de 155 millones de Euros, que naturalmente salen del bolsillo de los cristianos españoles.

           E) El gasto de Manos Unidas contra el hambre, alcanza los 43 millones de Euros, que también proceden de los mismos bolsillos.

           F) En ayuda al Tercer Mundo, a través del DOMUND, la Iglesia Católica en España, aporta 21 millones de Euros. ¿Puede alguien imaginar de dónde salen?

         G) La Iglesia en España dedica, en Centros de Reeducación para margina- dos sociales, prostitutas, ex-presidiarios y ex-toxicómanos, una cifra que supone al Estado un ahorro de más de medio millón de Euros.

       H) La Iglesia organiza y financia Orfanatos  que acogen exactamente a 10.835 niños abandonados, lo que supone otro ahorro para el Estado de 100.00 Euros por Centro.

     I)  La Iglesia contribuye en un 80% a los gastos de conservación y mantenimiento del Patrimonio Histórico Artístico de España, calculándose, en este sentido, un ahorro aproximadamente de entre 32.000 y 36.000 millones de Euros al año.

         J) Por último, a todo ello, es preciso añadir, y sumar, en lo que atañe a su costo económico, las horas de trabajo de cuantas personas prestan su voluntaria cooperación, sin retribución alguna, en Cáritas, Manos Unidas, Bancos de Alimentos y otras muchas actividades y programas de ayuda a las personas más humildes y débiles de la sociedad española. ¿En cuánto podría cifrarse el trabajo de estas personas?

                   Y por todo ello, el Estado español continúa prestando ayuda económica a la Iglesia Católica, pudiéndose afirmar que si, en este momento, la Iglesia cesase en todas sus actividades, el Estado ni remotamente podría sufragarlas con los fondos que aporta a la Iglesia, creándose un gravísimo problema para la paz y convivencia social, todavía mucho más grave del que ahora ya existe.

                    Sin embargo, tan sólo hace unos días, en un programa de la emisora de televisión TV 6, volvió a tratarse, por parte del llamado “periodismo de investigación”, a cerca del dinero que recibe la Iglesia, pero sin distinguir entre lo que percibe del Estado y lo que procede directamente de los fieles, y desde luego, absolutamente nada se dijo acerca de en qué lo emplea. En cambio, sí se hizo mucho hincapié en que la Iglesia está exenta de los impuestos de bienes inmuebles (IBI) y de transmisiones patrimoniales (ITP), pero tampoco se dijo que también están exentos  de tales exacciones fiscales, no sólo, como es lógico, todas las instituciones y entes estatales, sino que también lo están los Sindicatos, esas turbias y parasitarias organizaciones que, por lo visto últimamente, se dedican mucho más que a ayudar a los trabajadores humildes y en desempleo, a robarles miserablemente en exclusivo lucro de sus inútiles mandamases. Y, ¿cuántos comedores para indigentes, cuántos hospitales, centros educativos u otros análogos han abierto la UGT o CC.OO.? ¿Cuántos los partidos políticos, todos ellos, tanto el PSOE o IU como el PP? ¿A dónde puede ir un necesitado a pedir un bocadillo?, ¿A la sede del PP?, ¿a la del PSOE?, ¿a la de IU?, ¿a la CCOO ó UGT?, ¿a los Centros Evangélicos, Mormones, Judaicos, Palestinos, Protestantes, Anglicanos, Ortodoxos, Testigos de Jehová, Bahai, Krisna... ?... Pues, no, en estos sitios no dan nada a los humildes. Sólo teorías.

           Y, tal vez, tampoco deben andar excesivamente lejos, aquellos maleantes comunes, del rosario de injurias y actos sacrílegos perpetrados también recientisimamente, en poco más de meses contra la Iglesia en España:
  • Profanación de la iglesia de San Félix, en Sabadell, en plena Misa del Gallo.
  • Pintadas hirientes contra nuestra Madre la Virgen María en el albergue para personas necesitadas, en Vigo, atendido por religiosas.

María de Nazareth, Madre del Señor
y de todos los que en creemos en Él
  • Colegios y templos atacados con pintadas, profanaciones y sabotajes en diversos lugares de España.
  • Intento de quemar la iglesia de Santa Marina, en Sevilla. 
  • Denuncia de las Juventudes Socialistas contra Monseñor Reig Plà por haber defendido públicamente la doctrina de la Iglesia.
  • Ataques contra Monseñor Fernando Sebastián por haber defendido la visión cristiana del matrimonio, la familia y la vida.
  • Los autores del ataque con bomba contra la Basílica del Pilar, que amenazaron públicamente a los creyentes, sus templos y sus representantes.
         Y por último, tan sólo hace más bien horas que días, un grupo de repugnantes mujerzuelas, a cuyo lado las prostitutas son unas personas dignas  -tan sólo venden sus cuerpos para poder comer, y no para “divertirse” sin asumir ninguna responsabilidad y menos matando seres humanos indefensos-  se supone que, con motivo de la proyectada nueva Ley del Aborto, han tratado de agredir al Cardenal Arzobispo de Madrid, Monseñor Rouco Varela.



¿Qué tiene que pasarnos a los cristianos para que los poderes públicos tomen medidas contra todo aquello que impunemente nos ofende y ataca? ¿Acaso no tenemos los mismos derechos que todos los demás ciudadanos no creyentes, a quienes respetamos, y por ser nuestros compatriotas, verdaderamente queremos? No deseo yo en absoluto “revolver” ni por un segundo  -aunque poseo datos e imágenes tan incontrovertibles como horribles y miserables- aquel horrible capítulo de “la historia interminable” de España. De aquella maldita Guerra, que tanto daño nos ha hecho a todos los españoles. Y por eso, no lo hago. Sólo por eso. Aunque tan sólo sea porque quiero encontrarme entre los primeros que por fin olviden y perdonen y, si necesario fuese, para que yo mismo lo sea.

Luis Madrigal




viernes, 31 de enero de 2014

AL ALBA, LA ESPERANZA



NUNCA TIEMBLA EL AMOR


Nunca el amor tiembla ante el frío...
Ni el valor ante el miedo,
ni en la invulnerable oscuridad de la noche apaga su latido.
Entre la más negra sombre, la luz encendida
sitúa su llama en lo más alto
para alumbrarlo todo
y todos puedan ver su mágico aliento.
En la cruel incertidumbre, la esperanza;
entre el odio, el perdón; la paz al caer la tarde
y en un amanecer, rosa y azul, cargado de guirnaldas,
la suave música que cautiva el alma
y penetra en los infinitos misterios del arcano.


Luis Madrigal





martes, 28 de enero de 2014

LA VERDAD DEL HOMBRE



Quisiera ser la tierra en que el naranjo
tiende sus verdes ramas, soberano
y, cargado de frutos, ofrece el dulce néctar
que engendró la flor inmaculada.
Esa es su verdad... La verdad del naranjo.
¿Acaso la del hombre
es turbar el silencio, pisar la flor,
contaminar el embriagador aroma del cielo
tapizado de azahar...?
No, no es esa su verdad.
Como la del naranjo, su verdad es cargarse de frutos,
llenando el aire del aroma inmortal y divino
heredero de su propia y genuina Naturaleza.


Luis Madrigal

Con el mayor respeto, a
Antoine Marie de Saint-Exupéry