domingo, 6 de julio de 2014

YA A PUNTO DE ACABAR




LA MISERIA DEL FÚTBOL

Van a cumplirse dentro de pocos días los cuatro años, desde que exactamente el día 15 de Julio de 2010, publicaba yo en este mismo Blog un artículo de corte periodístico, bajo el título de “LA PANDEMIA”. Si alguien tiene algún interés, puede encontrarlo en Índice del Blog, y en la entrada del día indicado, una de las dos únicas publicadas en el mes de Julio de dicho año 2010. La imagen que entonces trataba de ilustrar tal artículo, es exactamente la misma que ahora utilizo para el presente, aunque deberían introducirse algunas variaciones. Podría también haber variado mi opinión  -toda opinión puede ser siempre variable, evolucionar a lo largo del tiempo-  pero me ratifico íntegramente en lo que entonces pensaba. Si entonces dije lo que dije, habiendo ganado España la Copa del Mundo, en Sudáfrica, no diré ahora lo contrario, cuando la ha perdido en Brasil -según manifiestan los llamados periodistas deportivos- tan “dolorosamente”. Por favor, el dolor es otra cosa. Están también empeñados en descubrir qué fue lo que pudo haber pasado, para estar experimentando ahora tanto dolor y, con rotundas y continuas contradicciones lógicas, no acaban de ponerse de acuerdo. A mí me parece, simplemente, que el fútbol, en la dimensión que ha llegado a alcanzar, además de una corrupción colectiva, intelectual y moral, es un mero juego. Unas veces se gana y otras se pierde. Nadie puede ganar siempre, ni siquiera Brasil, que ha ganado tal gloriosa competición cinco veces, de lo cual, además de la bahía de Río y de la playa de Ipanema, están sumamente orgullosos los brasileños. ¡Oh, Brasil, tan grande -geográficamente-  preñado de fútbol y bananas! Desde luego, jamás tiraré yo ninguna a ningún jugador de fútbol brasileño, para que se la coma, porque eso es racismo y, en consecuencia, una perversión como tantas otras.

Pero, en relación con el intrigante arcano de la causa  -y de la causa de la causa del mal causado a los españoles- me parece que eso es todo. No se compliquen ustedes científicamente, como pretenden, en esclarecer el factor radicalmente determinante de la hecatombre, término que, en rigurosa etimología, del griego clásico, significa “el sacrificio de cien bueyes”, porque tal causa radical, no existe, ni por tanto puede ser aplicable al caso, el principio penal según el cual “qui est causa causae, est causa causati”. Dejen ustedes en paz a ese buen hombre, quiero decir Caballero, al Excmo. Sr. Marqués de Del Bosque, que me parece, en sus intervenciones orales, una persona especialmente ecuánime, sensata, prudente y muy elegante y que, supongo, sabe mucho de fútbol, cuya disciplina desde luego no es una ciencia del logos, ni munos menos exacta, ni tampoco una ciencia, ni siquiera de la realidad, ya sea ésta física o material, ya lo fuere, en su caso  -lo que no parece nada probable-  una realidad del espíritu.
Lo que si deseo hacer, únicamente, es formular un par de observaciones acerca de otras tantas cosas que me han llamado la atención. La primera, es de carácter estrictamente deportivo, o futbolístico, aun careciendo por mi parte de los debidos conocimientos al respecto. En el ya indicado artículo de hace casi cuatro años, decía yo  -lo citaré entrecomillado para no hacer trampa alguna-  que en lo relativo al partido final contra Holanda, se había transformado lamentablemente “aquella maravillosa naranja mecánica en una pervertida naranja podrida”. Eso dije entonces, y ahora no puedo decir tal cosa, ni mucho menos, pero sí diré, según apreciación personal según lo que tuve ocasión de ver, que lo que sí fue el equipo nacional de Holanda, en esta última ocasión, fue una “naranja afortunada”. Muy afortunada, porque, solamente faltó un tris para que el escandaloso resultado hubiese podido invertirse. De todas formas, hay que felicitar deportivamente a los neerlandeses, ciudadanos de un país, en este momento, amigo y socio de España. Al menos, hay que felicitarles muy especialmente, en justa compensación al miedo que las madres holandesas sentían, en el momento de acostar a sus hijos, a que llegase hasta sus cunas el Duque de Alba. Y, además, hay que alegrase por su triunfo, y desearles otros futuros, por que no en vano el Himno nacional de Los Países Bajos es el único de todos los de la tierra que habla de España: “Den Koning van Hispanje, heb ik altijd geëerd”. Y esto, al cabo de los años, resulta de agradecer.

La segunda observación, nada tiene que ver ni con el fútbol ni con ningún deporte. Resulta de carácter estrictamente sociológico, o socio-político, en el sentido más amplio. ¿Qué le habrán hecho España, o los españoles, al Brasil y a los brasileños? La cosa venía ya de antes. Pero los silbidos, abucheos, pancartas y otros gestos colectivos, de marcada adversidad hacia España, observados en esta Copa del Mundo y en la anterior llamada de Confederaciones, han llamado mi atención. Yo, estaba en la creencia de que Brasil era un país en el que se quería a España, pero veo que no. No siento ninguna recíproca animadversión, pero lo lamento sinceramente. Lamento mucho más que ninguna de las personas brasileñas relacionadas con el fútbol, jugadores o entrenadores que han pasado años, incluso largos, en España, no hayan dicho ni media palabra al respecto. En España siempre se ha acogido con admiración, cariño y suma deferencia a los futbolistas brasileños que han jugado en los equipos de clubes españoles. ¿Ninguno de ellos ha sentido la necesidad de decir nada al respecto? Estas naciones jóvenes, en sus ademanes y hasta en sus himnos nacionales, casi siempre amenazantes, resultan de un exacerbado patriotismo. Pero la nación brasileña, debería recordar que, si no es “hija” de España, si lo es del hermano Portugal, y por tal motivo, al menos es “sobrina” de España y, junto a ella, forma parte de la Comunidad Iberoamericana de Naciones. ¿Acaso no es esto suficiente para denotar más cariño que lo que casi parecía semejarse, o colindante con el mismo odio? Suerte también a Brasil, pese a ello. Por mi parte, los mejores deseos en esta XX edición del Campeonato del Mundo, no sea que lo contrario pueda provocarse una catástrofe nacional entre los propios brasileños. Aunque no hay peligro alguno de ello. En último extremo, ya se encargarán los árbitros de que no pueda ser así. Pero en ningún caso nadie podrá evitar que esta Copa del Mundo haya sido la peor de cuantas se han jugado desde el año 1930 y este equipo de fútbol el peor y más menesteroso que nunca haya podido tener Brasil. A partir de ahora, ya ni fútbol. Sólo bananas. Ya he dicho que le deseo lo mejor, pero, en un momento en el que ya no están presentes en el Acontecimiento, ni Chile ni Uruguay, Ecuador o Colombia, el bravo Méjico ni la revelación de Costa Rica, el único equipo nacional cuyos jugadores y legación hablan mi misma lengua, es Argentina. A ella, le dedico mi mayor deseo de victoria final, porque, no sólo representa a la propia patria Argentina, sino a todas las naciones hispanas. Maxime, en unos instantes en los que, en el “Hospital Universitario Gregorio Marañón”, de Madrid, se debate entre la vida y la muerte Don Alfredo Di Stefano Laulhé, que aun estable dentro de la máxima gravedad, tras un coma inducido, lucha contra una severa cardiopatía, que le causó 19 mínutos de parada cardiorrespiratoria. Suerte a Alfredo, nacido en la Ciudad de Buenos Aires, de doble nacionalidad argentina y española y doblemente también integrante de los equipos nacionales argentino y español, 10 veces internacional con Argentina y 31 con España ¡Hala, Argentina!

Luis Madrigal


viernes, 4 de julio de 2014

CERROS DEL ALMA ESCONDIDOS



SALVAJE Y CIEGO ARREBATO


Cerros del alma, escondidos
allá donde cruje el viento;
pasiones que, en un momento,
dejan los labios prendidos.

Peligros, no socorridos
que ciegos ponen su acento,
con ademán violento,
en anhelos sucumbidos.

Buscan atar la cadena
que al ser humilla, cautivo,
para asegurar la pena

del odio y el gesto altivo
y confirmar la condena
de estar muerto más que vivo.


Luis Madrigal



 

martes, 1 de julio de 2014

AUN SIN PODER VOLAR



SOBRE UNA NUBE

I

Tendré que edificar sobre una nube,
entre el color del cielo,
una morada
donde escuche tu voz
y, con su trino,
mirar a las estrellas
con el alba.

II

Allí descansaré de mi fatiga,
años enteros persiguiendo el aura
que envuelve, sin error,
todo el misterio;
toda la dicha,
todo el amor que abrasa.

III

Por las noches, al apagarse el fuego,
miraré hacia un lucero
que me espera
y otorga su cobijo
y que desgrana
verde polvo de estrellas,
junto a ramas.

IV

Allí, podré ver siempre
y, sin mirarte,
lo que jamás he visto y que no alcanza
a ver mi pobre vista, sobre el suelo,
ni aun a través del Mar
que nos abraza.

V

Allí oiré tu risa y tus canciones
al caer de la tarde,  entre oro y grana.
Podré sentir que siento sin sentido,
que vuelo sin volar
y, en la mañana,
eterna, ya no hay tarde, ya no hay noche.
Sólo la luz del Sol, que canta y canta.


Luis Madrigal




 En la imagen de arriba "Cielo y agua de la Bolibia amazónica"
( ARNAUD Z)

viernes, 27 de junio de 2014

COMIENZA EL VERANO



CANTO A LA PAZ

La brisa que llegaba, sonreía
al ver el sol brillar sobre la cumbre,
encendido y voraz, como una lumbre
que en el cielo sin mancha se encendía.

No quería abrasar… Sólo quería
iluminar las sombras, servidumbre
del suelo que alumbraba… Muchedumbre
de pájaros volaba, en la alegría

del reflejo, al volar, ver en el suelo,
extendidas al viento blancas alas,
que con amor tendía la luz del cielo.

No recordaba ya las horas malas
en que, al fruto del árbol, hirió el hielo
y dio la muerte, como hacen las balas.


Luis Madrigal
 




martes, 24 de junio de 2014

CUARTA SERIE DE SEGUIDILLAS





SI VIVIESES EN MÍ


I

¿Vives dentro de mí?
Si yo, contigo,
ya no soy sólo yo…
¿dónde te has ido?

II

¿Estarás escondida
bajo un durazno
o en el cielo tu estrella
ya se ha apagado?

III

Y, si está encendida,
¿por qué no llega,
cuando una y mil noches
la luna es llena?

IV

No volví a ver tus rosas
de luz intensa
y lloran mis claveles
rojos, de pena.

V

¿Acaso te proteges
de mi mirada
y sólo el mar te canta
cuando te habla?

VI

Así es el mar que arrulla,
y a veces brama.
Él solo es melodía,
yo no soy nada.


VII

Entre ruido de olas,
no oyes mi llanto…
Quizá porque, al oído,
yo no te alcanzo.


VIII

Estoy aquí. Muy lejos.
Y no es posible
que mis mudas palabras
puedan oírse.


IX

Mas, si escuchas despacio
oirás lo triste
que sonó mi lamento
cuando te fuiste.



Luis Madrigal






Arriba, fotografía de Brad McDowell

sábado, 21 de junio de 2014

UNA CUESTIÓN DEL CORAZÓN



LA EXTREMADURA LEONESA


Hace aún muy poco tiempo, publicaba yo mismo, en este Blog, un mapa que decía no haber inventado, ni podido inventar por mi parte. Algunos mapas, ciertamente, se inventan, con el propósito de falsificar algo, aquello que no es, por no haber sido nunca. Pero el que yo publicaba, en la edición del pasado día 26 de Abril de este mismo año, como ilustración de mi artículo “Sobre la razón histórica”, era un mapa de España con causa y raíz en las más rigurosas fuentes históricas relativas a la Hispania romana.


El que ahora publico sobre estas mismas líneas, tampoco me lo he inventado. Es un mapa de España posterior a la romanidad, e incluso a los primeros tiempos de la Reconquista, pero es tan real como el otro. Esta vez se refleja en él lo que fue no sólo León, su viejo Reino, sino que figura también lo que asimismo fue Extremadura, la Extremadura leonesa, y no castellana, como con craso error se ha dicho tantas veces. Desde luego, en el actual escudo heráldico de una de las dos ciudades extremeñas, la de Cáceres, figura un castillo, incluso a la izquierda de un león rampante, como en el nacional de España, lo que sin duda es un arrastre histórico de aquel desdichado año de 1230, y al mismo tiempo glorioso para las armas leonesas, por ser el mismo en el que Alfonso IX de León reconquistó Badajoz, la vieja Civitas Pacis, o Pax Iulia. Por eso, tal vez, en el escudo de Badajoz, la heráldica no es así. En este último, únicamente campea un león, rampando sobre una de las columnas de Hércules, que los extremeños llevaron al otro lado del Mar. Esto, ya es otra cosa. Y por otra parte, en el escudo general de Extremadura, dentro de esta España constitucional y autonómica, figuran ambos símbolos, el león y el castillo, pero aquí es el primero de ellos el que ocupa la izquierda, por el riguroso orden justo y necesario, como debería ser también en el escudo de España.

Escudo de Extremadura



Extremadura, antes que castellana, fue leonesa, como tan a las claras deja ver el mapa de referencia, en el que León se extiende, de norte a sur, a lo largo de la que fue Ruta de la Plata, desde la colindante Galicia hasta la misma Sevilla, sin que el color morado de Castilla llegue a penetrar ni en una mínima parte la zona que en tal mapa se recoge. Desde siempre oí decir que, a los extremeños de Badajoz, se les llamaba “los andaluces chicos”, y puede que existan razones sobradas para ello  -esa conversión al hablar de la letra “jota” en una ligera y dulce “hache” aspirada, lo confirma-  pero también podría llamárseles los “leoneses del sur”. En estos tiempos, por lo que diré a continuación, y con admiración hacia ellos, yo me complazco en poder llamarles así, sin pretender causar a nadie la más mínima ofensa, sino con el ferviente deseo de que, en su caso, puedan sentirse llenos del más legítimo orgullo, en lo que atañe a sus más arcaicas raíces españolas. Sin perjuicio alguno de la gloriosa y romanísima Emérita Augusta, que ya dije el otro día, pese a su esplendor, no es tan antigua como León, y porque además estamos contemplando otro período histórico distinto, posterior a Roma.

Pero, durante siglos, Extremadura fue leonesa, dentro de un territorio vertebrado y de una población firmemente enraizada, sobre sólidas bases, incluso de carácter económico, entre los dos Alfonsos leoneses, el VI y el IX. Hoy, ese engendro de “Castilla y León”, se reduce a engordar la cabeza de Valladolid, que no era sino un pueblo grande, mientras a su alrededor nada de “comunidad”, sino de feroz particularismo paleto, aunque sumamente provechoso para la ciudad esteparia del Pisuerga. Y ruinoso para León.  En León, y en otros lugares leoneses  -desde luego en Zamora y puede que hasta en Salamanca-  los jóvenes se marchan, los ancianos se refugian junto al fuego en las noches de invierno y, en las de verano, se limitan a contemplar las estrellas. En Extremadura, por el contrario, gracias a Dios, y  -por qué no decirlo- a un socialista, Rodríguez Ibarra, dentro de la decadencia económica  general de la última década, se han seguido las directrices del famoso Informe Brundtland, en torno al desarrollo sostenible, buscando tanto el de carácter económico como la protección del medio ambiente y esto, gracias también al esfuerzo y valentía de los extremeños, que no huyen de su suelo, sino se quedan en él para cultivar con amor su tierra, ha permitido a esta sufrida y admirable región española competir en determinados productos con otras de la España próspera tradicional, vertebrando así a su población, no sólo en creciente desarrollo demográfico, sino en escuelas muy avanzadas, un muy digno sistema de salud y, en general, unos excelentes servicios públicos.

Con mucha razón, manifestaba hace algunas fechas la historiadora y demógrafo Margarita Torres en “Diario de León”, siempre nos quedará a los leoneses, no el emigrar a otros sitios donde nada se nos ha perdido, sino a la Extremadura leonesa, en la seguridad, no sólo de encontrar un buen refugio, sino el calor y la fraternidad de los extremeños que, como nosotros mismos, también fueron leoneses un día.

Luis Madrigal






En la imagen superior, escudo en piedra de la Ciudad de Badajoz,
en el Edifico Galera de la noble ciudad extremeña

martes, 17 de junio de 2014

SE ACERCA EL RUBIO Y ARDIENTE SOL



CANCIÓN DE VERANO

Del árbol, una rama en la ventana
tocaba con sus hojas verdes, claras.
Proyectaba su sombra, que miraba
donde se oculta el sol al caer la tarde.
Un rayo puro vibra y tiñe el suelo
donde la hierba bebe el dulce zumo
de la lluvia caída y el murmullo
del viento en calma besa el aire entero.
Verde el hondo tapiz, azul el cielo,
se esponja el ser y trepa hasta la altura
para ver sin mirar y, en sinfonía,
notas y arpegios que suspiran,
cubren de paz y amor el horizonte.
Vuelan lentas, calladas , sobre el valle,
acariciando al par azules crestas
y en un bosque que bulle tan lejano,
entre las piedras, una brilla y canta
sin convertir en oro los metales,
mas, de toda la dicha, llena el alma.


Luis Madrigal