viernes, 30 de mayo de 2008

OTRA VEZ LA ARGENTINA...


¡Cuanto lo siento, por mi parte...! Quizá hasta es posible que, entre ya 40 millones de españoles, sea yo el único que lo sienta. Pero, no consigo arrancar de mi memoria aquella ayuda transcendental que la Argentina prestó tan desinteresadamente a España... Cuando en los años 40-50, los de mi niñez y primera juventud, España necesitaba trigo, leche, carne... La carne venía congelada, pero todo ello venía de la República Argentina. Eso sin contar otras ayudas, quizá más importantes, no a un régimen político, sino a un pueblo, del que la Argentina se declaró publicamente hermana, cuando casi todos los demás lo dejaron en el más radical abandono. Y ahora, cada día me llegan nuevas noticias de allí, por unos u otros conductos, casi siempre malas y desagradables noticias. Ayer mismo, he leído la última crónica, la más actualizada, que el corresponsal del diario "El Mundo" en Buenos Aires, Juan Ignacio Irigaray, nos enviaba desde la misma capital argentina. Ya van 77 jornadas de tenso enfrentaniento entre los agricultores y el Gobierno de Doña Cristina Fernández de Kirchner. El propio comentariasta se hace eco del rumor generalizado allí de que es él, Nestor Kirchner, esposo de la formalmente primera mandataria, el que actúa como virtual presidente en la sombra, acusando a los líderes de los trabajadores del campo de ser unos "golpistas". Esa acusación siempre es muy socorrida, desde luego y sería terrible además, en este caso, que el Sr. Kirchner, hubiese cometido la estafa de interponer a su esposa para seguir gobernando por sí mismo, como algunos ya suponían antes de la elección. ¡Quién sabe!. Yo no puedo tomar partido, desde aquí, por ninguna opinión o interpretación posible de los hechos, y no ya tan sólo por ser un pobre diablo. Nadie puede ingerirse en los asuntos internos de un país soberano, ni siquiera otro Estado, por muy próximo que se sienta. Pero lo que tampoco nadie me puede quitar a mi es el sincero pesar por la situación de angustia, inquietud y dolor de todo un pueblo al que, desde siempre, he querido fraternal y muy sinceramente. Su "guerra del campo", sus reiteradas jornadas de huelga, desabastecimiento y corte de carreteras; su inseguridad en las casas, protegidas las ventanas con rejas, que sólo algún pájaro amigo se atreve a visitar... Después de 36 días a los que se extendieron las dos huelgas que desembocaron en unas ineficaces negociaciones entre los agricultores y el Gobierno, ahora se nos anuncia una tercera huelga agrícola que puede bloquear al Gobierno de Doña Cristina Fernández de Kirchner, pero también nada menos que dejar a la Argentina sin comercio de cereales y, sobre todo, sin carne, cuando los argentinos están acostumbrados a comer 74 kilos de carne de vacuno por persona al año. ¿Será posible? ¿Y será posible que España nada pueda hacer tampoco, dentro de sus posibilidades, las que sean, por aquel gran pueblo hermano, al que tanto debemos los españoles de mi generación? ¿Ninguna institución? ¿Tampoco el Estado?. Ya no están entre nosotros Don Claudio Sánchez Albornoz, o Don Luis Jiménez de Asúa, que sin duda hubiesen alzado su voz en favor de quienes con ellos mismos fueron tan buenos. Pero, yo, desgraciadamente, no soy como ellos, ni tampoco soy "el Estado español"... Sólo soy un español. Pero os digo a todos, hermanos argentinos, y muy en especial a mis dos amigas en aquel querido país, Claudia Doctorovich y Alicia María Abatilli: Comparto en el espíritu vuestros sentimientos, vuestra angustia y dolor, y os envío un abrazo fraternal y sincero. Luis Madrigal.-

2 comentarios:

Alicia María Abatilli dijo...

Escribes como si vivieses aquí, Luis.
Gracias.
Es tal como dices, quizás peor, mucho peor, pero a qué agregarle tanta tristeza?.
Aquí todavía resistimos, no sé hasta cuando, ya no hay carne, la leche tampoco se encuentra.
Desesperación sobre desesperación, y ella pensando en su próxima operación para levantar sus pómulos que de la verguenza seguro se le debieron caer... en realidad en los políticos la verguenza es algo que no existe.
Un abrazo Luis.
Alicia

Luis Madrigal Tascón dijo...

Querida Alicia: Estoy totalmente de acuerdo. La mayoría de los políticos, al menos de los de esta época -aquí y allá- carecen por completo de vergüenza, además de carecer también de la menor brizna de talento. La mayoría, son individuos sin instrucción, o de muy bajo nivel, con reiterados suspensos en sus estudios. Los últimos de la clase, los peores, como ya he dicho alguna vez, que, incapaces de otra cosa, "se apuntan" en sus respectivos pueblos a los partidos políticos, sobre todo a alguno de ellos, el de los más torpes y mediocres, para luego ser incluidos en las "listas" electorales, y poder apretar botones en los Parlamentos que disponen de tan modernos métodos de recuento de votos. Jamás dicen nada, mientras soban los asientos y respaldos de su "escaño". Y cuando abren la boca, es mucho peor. Jamás han leído un libro. Sólo entienden "de política", esa ciencia, consistente en nada, pero que produce excelentes beneficios a quienes la ejercen. Y algunos, ni de eso. Sólo son listos, como dicen en mi ciudad natal de León, "para la hogaza". Naturalmente, me refiero a la "política" post-aristotélica, porque la de Aristóteles se escribía con mayúscula. Esto es: aquella Política, a la que incluso la Ética estaba subordinada. Asi es que, la Señora ¿se quiere operar para levantar sus pómulos, eh?. Por aquí anda suelto alguien, fruto de una concatenación de sangrientos accidentes, estúpidos errores y desafortunadas casualidades, quizá previamente escogido al peor efecto, a quién habría que operar del cerebro, aunque sólamente fuese a título de experimento científico. Un beso y paciencia. Siento lo de la carne y la leche en el país que posee la mayor cabaña del mundo. ¡Ánimo, argentinos! Vosotros, podréis recuperaros con tan enormes recursos naturales. Ahora, lo siento por vosotros de corazón, pero se me nubla la vista pensando en el día en que aquí no podamos disponer ni de "mondas" de patata, para el crudo invierno, ni de "botijos" con agua fresca, en los días más calurosos del estío. Que Dios nos ampare a todos, se apiade de nosotros y nos libre, antes de que se produzca el diluvio, de esta peste de los peores.