martes, 8 de febrero de 2011

CANTO DESESPERADO AL IMPOSIBLE (EPÍLOGO EN TRECE POEMAS) (VI)






VI



VIVÍA PARA TI


Vivía para ti, sin ser tú mía
y te veías conmigo cada hora,
como a la luz, al despuntar la aurora,
encendían tus ojos cada día.

Por mí veía esos ojos... La alegría
por ti llenaba mi alma, aquí y ahora,
porque nunca era tarde ni a deshora
sin que pudiera ser lo que sería

si una nube, que al sol pone su velo,
se desvanece al fin, y al fin se oculta,
dejando transparente todo el cielo.

Tan sólo aquella luz mi alma exulta...
¡Que el cielo fuiste tú, yo sólo el suelo
 el que ahora, sin ti, hoy me sepulta!



Luis Madrigal







8 comentarios:

Alberto del Río Medina dijo...

¡Pero bueno...! Querido amigo, ¿has muerto de amor? Desde luego, es una forma exquisita de morir, quizá la única de morir de verdad, en lugar de hacerlo de una cena copiosa, de esas de las que "están las sepulturas llenas", según el refrán español, pero más bien propias de los cerdos que de los humanos. Morir de amor, en cambio, es delicadamente sublime, aunque siempre penoso. En fin, si has muerto, todos los que hemos disfrutado de tus bellos poemas deberíamos hoy (como hicieron los estudiantes, no sólamente los de Medicina de Edimburgo, sino también todos los de Oxford y Cambridge, cuando Sir Arthur Conan Doyle "mató" a Sherlock Holmes), ponernos corbata negra, o lazo del mismo color, las señoras y señoritas. Desde aquí me permito lanzar una propuesta general. Lo malo, sin duda, será que tu muerte pudiera privarnos en lo sucesivo de más poemas, aunque no creo... Entre otras cosas, porque los poetas escribís mucho mejor después de haber muerto. Sobre todo cuando es por amor. Te saludo con mi mayor sentimiento. Alberto

Estrella Altair dijo...

Hola me quedo un ratito para decirte..

que ...

siempre otros amores, otras caricias y otros besos nos están esperando en el camino..

solo eso..

Altaír

Isabel Martínez Barquero dijo...

Siempre que leo un soneto tuyo, me deslumbro con tanta belleza. No es exageración, querido Luis, es que realmente los bordas.
Y hay tanto sentimiento en ellos, tanta pasión y tanta entrega,,,
Un verdadero placer leerte.
Un fortísimo abrazo.

Luis Madrigal Tascón dijo...

Querido amigo montañés: Agradezco mucho tu sugerencia pero, como podrás onservar, la falta de interés al respecto es absoluta. Sin embargo, no debes inculparte lo más mínimo por ello. Sin duda, toda la culpa es mía, tanto por no ser un muerto importante, como, sobre todo, por no ser capaz de suscitar el menor interés, pese a los elogios de dos o tres buenos amigos. De todos modos, no dejaré de cumplir mi promesa, en honor a esos dos o tres elogiantes,de publicar los restantes poemas, hasta los trece anunciados, fundamentalmente porque no estoy del todo seguro acerca de si me he muerto o no, y trato de averiguarlo precisamente en estos momentos. Pero, aunque así fuera, no dudes que lo haré aunque sea desde ultratumba. Ya dijo Quevedo aquello tan hermoso de "Polvo seré, mas polvo enamorado". Un abrazo, Alberto, y gracias por tu participación. Luis Madrigal.-

Luis Madrigal Tascón dijo...

Altaír: Tienes mucha razón. Es decir, toda la razón. Ya sé yo muy bien que el amor, ni es único en su clase ni, dentro de cada una de sus distintas especies, único, exclusivo y perpetuo. También puede ser sucesivo, porque todo, en la vida es un cambio constante. También el amor puede cambiar, el amor entre los humanos. El único que nunca cambia, porque es eterno e inmutable es el Amor de Dios hacia todos y cada uno de sus hijos, pero, a su vez, también "sin acepción de persona". De todas las maneras, a cada uno de estos amores, es neceario dar lo que es suyo, porque precisamente en eso consiste la justicia, ¿no crees?. Y por ello, escribo yo estos poemas que ahora escribo. Un cordial saludo, Altaír. Luis Madrigal.-

Luis Madrigal Tascón dijo...

Isabel: No seas exagerada. Yo te agradezco mucho lo que dices de mis Sonetos, pero los hay mucho mejores, como bien sabes. Ten mucha fuerza, mucho coraje, y vive con la alegría que a todos nos otorga la esperanza. Estos son ahora mis sentimientos más fuertes. Y en ello estoy ahora. Un beso. Luis Madrigal.-

Don Suero de Quiñones dijo...

¡Bravo, paisano! ¡Voto a bríos!...Si nadie se viste de luto (¡claro, ya no se lleva ahora!) como ha propuesto ese noble Caballero cantábrico, Señor de los Verdes Bosques, seré yo el primero en adornar mi lanza con un negro crespón. Has hecho muy bien, querido paisano, en morir por amor. Yo, después de romper todas aquellas lanzas, también lo hice, tras pronunciar aquellos mis célebres versos, porque sepa todo el mundo que yo también fui poeta: "Onesta gentil doncella / Si de mí no soys servida / Ordenad vos la querella / Yo pondré luego la vida". Desde luego, estos versos no iban dirigidos a mi esposa, Doña Mariana de Tovar, sino a una dama que, excepto yo mismo, jamás ha podido saber nadie quien fue, pero era la más hermosa del mundo. Así era un leonés de 1458. Y, cuando el 11 de Julio de este año, en la Llanada de Castroverde y Bercial de la Loma, aquel rencoroso adversario, al que jamás tuve yo por enemigo, me tendió tan traidora celada, supe morir en la refrierga, cuando tan sólo contaba 49 años de edad. Algún bellaco pregunto al traidor Gutierre de Quijada: ¿Señor, ha huído Don Suero de Quiñones?. Pero, al menos, aquel tuvo la nobleza final de replicar: "¡No...! No era él Caballero que había de huir. Buscadle entre los muertos y allí le hayaréis". En efecto, "como andaba entre los delanteros, el primero de todos murió", dijo más tarde el cronista. Pues bien, querido y noble paisano, gran poeta nos ha nacido en león, ya que Antonio Gamoneda es nascido en Oviedo: Habéis hecho lo más honorable que, como ha dicho el cántabro, es sublime, morir por amor. No os pesará nunca, vistan o no luto las gentes, porque aquí, sobre los luceros, se ve salir mucho antes al Sol. Un fuerte abrazo de vuestro paisano, Don Suero de Quiñones

Ángeles Hernández dijo...

Soneto, triste soneto del que consigue desde el suelo amar a través de la luz que emana el cielo .

Y sin la luz , sin el amor, el suelo, el lugar donde se halla, puede ponerse sobre el ; ya no importa que , opaco, no deje llegar los rayos . Ya no hay rayos.

Un abrazo Luis de. A.