lunes, 14 de octubre de 2013

AMOR QUE, SIN NACER, NO HA MUERTO



AL PIE DE UN ÁRBOL VENCIDO


Todo cuanto nace, muere
y nada humano es eterno. Yo quisiera,
si ese día la muerte mi amor hiere,
me encuentre muerto ya
y lentamente vea mi perecer, por más viviera
sin llegar a vivir ni haber nacido.
Sin que nunca hasta allá, impulsado por el viento,
cruce el inmenso Mar, estremecido,
el amor que no muere, en un desierto
tan seco, donde el aire se revuelve.
El amor que, sin nacer, no ha muerto,
que mil veces se va y mil veces vuelve
para al fin reposar, cuando el Invierno
su espectro sepulcral, duro y sombrío,
tienda sobre las hojas que cayeron
de los árboles, y velan mi suspiro
anhelando con fe, al descubierto,
morir al pie de un árbol ya vencido.


Luis Madrigal



2 comentarios:

Manuel Enrique Mira dijo...

Un árbol como tu, sólo puede albergar nidos, porque de tu pecho de poeta surgen palomas que no se equivocan. Por tanto: eres un árbol erguido.
Un abrazo

P.D. Te devuelvo a Rudyard Kipling ;-)

Luis Madrigal Tascón dijo...

Muchas gracias, Manolo. No dudo de tu sinceridad al decir lo que dices, pero eso quisiera yo, ser un árbol erguido y sobre todo frondoso y lleno de frutos. Mucho me temo que ni tu opinión, ni mi deseo puedan obrar ese gran milagro. Gracias de todos modos. No me devuelvas a Kipling, quedatelo por si alguna vez te hace falta. Nos lo quedaremos los dos, será lo más acertado para ambos. Un abrazo. Luis Madrigal.-