sábado, 17 de octubre de 2015

AL ALEJARSE EL CIELO




EL FUEGO SE APAGÓ


Te has ido  para siempre... Lo presiento.
Y mi presentimiento es ciencia pura;
la lógica que advierto, verdad dura
que cambia la razón en sentimiento.

Quisiera recordar el dulce acento
de la voz que se oculta en la espesura
de un bosque impenetrable. Y en la oscura
noción de un tiempo muerto y ceniciento.

Ni una brasa ya habita en la ceniza
de aquellos troncos verdes que gritaban
al arder crepitando. Luz plomiza

envuelve la memoria que alentaban...
Aquella rama verde, quebradiza,
apagó el fuego ardiente que soñaban.



Luis Madrigal







2 comentarios:

Alicia María Abatilli dijo...

No existe el adiós.
Cuídate mucho

Francisca Quintana Vega dijo...

Hola, D.Luís. Un nuevo magistral soneto suyo, caracterizado por la tristeza, pero, al fin y al cabo, en poesía, lo que importa es el resultado que aparece sobre el papel, no la tristeza que embarga al poeta. Así ha sido siempre, es más, cuanto más dominado por el dolor ha estado un autor, más bellos solían resultar sus poemas. En fin, quiero darle un millón de gracias por su extenso comentario en mi blog. Debía haberlo hecho antes, pero una serie de circunstancias me han impedido atender los blogs...lo siento. Mañana le mostraré a mi marido su comentario sobre nuestro libro, que he copiado ya y que imprimiré en papel para guardarlo cuidadosamente. Le escribiré un correo no tardando mucho. Espero que esté bien de salud. Y..créame...evite la tristeza, el tiempo es demasiado valioso. Y si se pone triste, que sea por algo que verdaderamente merezca la pena y sea inevitable. Disfrute de cuanto Dios le sigue dando cada día.Sólo el despertar ya es un regalo. Y gente maravillosa alrededor, seguro que tiene. Publique sus sonetos, que servirían para que los estudiantes de literatura los utilizaran en sus estudios, de puro buenos que son. Un abrazo de mi marido y mío.