lunes, 20 de diciembre de 2010
CANTO DESESPERADO AL IMPOSIBLE (VIII)
PENSANDO EN TI
Si como te habla el mar pudiera hablarte
y fuesen tus oídos caracolas,
ni el canto ni el murmullo de las olas
podrían cual mi voz embelesarte.
Aunque no sé cantar, para cantarte,
y mis horas sin ti son horas solas,
tus labios, como rojas amapolas,
en mi sueño se abren para besarte.
Soñando seguiré... Nada más tengo.
Mas, lo que tengo es todo, y nada quiero.
Ya no me importa ir, ya sólo vengo.
Nunca nada esperé... Ya sólo espero
que, en mi soñar, el sueño se haga luengo,
pensando en ti, porque sin ti me muero.
Luis Madrigal
Luis Madrigal
domingo, 19 de diciembre de 2010
CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO
El que va a llegar está ya casi a la puerta. Primero, fue Isaías, después Juan el Bautista, las voces que clamaron. Hoy, es San José, el Carpintero de Nazaret, el padre legal o adoptivo, el padre humano y terrenal, puesto que el que viene, es el Hijo de Dios, encarnado, hecho hombre, en una mujer de nuestra propia raza. José, se fía de Dios y decide quedarse junto a María y al fruto que espera de sus virginales entrañas. El que viene, por tanto, es también Dios. Pero no basta con creer en Él, como en alguien lejano, principio lógico, o explicación de cuanto sucede en el cosmos, en su propio origen, en el principio sin causa, explicación radical de todas las causas, del ser realisimum, que buscaban apasionadamente los filósofos pre-socráticos. No basta con eso. Eso es un axioma, una evidencia, una realidad que no sólo no necesita explicación, sin que carece de ella, por antonomasia, por puro misterio. Creer eso no basta, no es ni necesario. Lo que es preciso creer a pie juntillas, "irracionalmente", si cabe, pero con el corazón entero puesto encima de la mesa, es en que ese Dios está entre nosotros, es un "Dios con nosotros" y para nosotros. Un ser infinitamente misterioroso, pero también misericordioso, todo Corazón, que permanece siglos y siglos, hasta la consumación de ellos, a nuestro lado, para servirnos de consuelo, de refugio, de ayuda también infinita. Un Dios que padece y sufre con el sufrimiento humano, que pasa hambre con quienes no tienen que comer; que es la única compañía de cuantos se encuentran solos y abandonados, que se arrastra por las calles con los drogadictos y los alcohólicos, con las prostitutas y con cuantos se han aquivocado en la vida o, tal vez, han sufrido por culpas ajenas, con los desgraciados, los tristes, los miserables... Ese es el Dios que hoy estamos esperando. Y si le esperamos es para seguirle y acompañarle en su amoroso destino. Ven pronto, Señor, que te esperamos, llenos de miedo, de miserias, de corrupción, en medio de este degradado e indigno ámbito que hoy es el mundo en el que vivimos, similar, más o menos, al de aquellas Sodoma y Gomorra. Pero, tenemos la esperanza de que hoy, al menos, habrá entre nosotros un sólo justo que nos salve, al precio de su sangre. Para eso vienes Tú. ¡Y para librarnos de la muerte eterna! Por eso estamos contentos, alegres, felices, por eso hacemos ruido y encendemos luces. Sólo por eso. Luis Madrigal.-
sábado, 18 de diciembre de 2010
CANTO DESESPERADO AL IMPOSIBLE (VII)
DE TU VIDA ESTARÉ POR SIEMPRE AUSENTE
Veo tu noble rostro cada día
y una lágrima huye de mis ojos.
Alcanzo con desvelo los rastrojos
que de mi vida quedan todavía.
¿No te acuerdas de cuando te decía
que sin tu alma sólo encuentro abrojos,
y quisiera ante ti caer de hinojos
para tener conmigo tu alegría?
Eso ya no será. Se fue la hora
de mirarte a los ojos dulcemente,
y de escuchar palabra alentadora.
Ya nunca más podré decirte: ¡Vente…!
Que crepúsculo soy, no soy aurora,
y de tu vida ya por siempe ausente.
Luis Madrigal
viernes, 17 de diciembre de 2010
POR QUÉ EL HOMBRE PERDIÓ EL SENTIDO
Tan sólo hace muy pocos días -concretamente el pasado día 11 de este mismo mes- publicaba nuestra colega y buena amiga "Pluma Roja", en su excelento Blog, un poema, o tal vez un texto de prosa poética, de los que bien pudiera decirse constituyen una muestra de poesía moral, o filosófica, que ella tituló "El hombre que perdió el sentido". El texto, era este:
"Sí, la verdad se pregunta porqué el día de hoy amaneció aturdido, sin voz, perdido. No comprende realmente el significado de los conceptos existenciales.
De repente su vida perdió sentido. Se ha complicado demasiado, al extremo que puededecidir suicidarse. Está encerrado en un mundo cuadrado en dónde la supervivencia es más fuerte que su ser. De ser, de existir.
Cortó con la libertad que da al hombre la certeza de Ser, sobrevive en un mundo de comodidad y consumo, de técnica y frialdad.
El concepto tiempo lo perturba, han pasado ya años, desde que inició su camino hacia la cima de la vida y no logra recorrer ni la mitad; se aturde y sacude la cabeza como un perro cuando lo han bañado. Voltea la vista hacia el inicio, tropieza sus pasos, siente que no llegará. Perdió la perspectiva, la certeza lo convierte silente. No logra expresar nada.
Su contemplación al día de hoy es pobre, se olvidó de la meditación, perdió la profundidad de la observación. ¿Es que el hombre observa solo cuando sufre? ¿Cuando se duele? Observar, sí; porque ver, si ve. Se pierde, se detiene de la pared porque el mareo y la náusea se apoderan de él. Ha perdido su libertad por decisión propia, sabe que carece de existencia y se siente inauténtico.
No hay nada a que aferrarse, su objetividad lo convierte en masa. Hay que vivir y va perdiendo sus sueños ya no se preocupa por alcanzar la meta, piensa en sobrevivir. La sobrevivencia lo absorbe y camina aturdido, taciturno, perdido. No comprende el significado de la vida. Salió a respirar aire por un poco de tiempo, pero quizás no regrese. El viento lo asfixia y la náusea lo consume".
Y, no he podido resistir la tentación, no de replicar, puesto que el poema carece de réplica, pero si responder a la pregunta que nuestra amiga Aída se hace, incluso tras "hurtarle", con la mejor de las intenciones, la propia ilustración con la que precedía su texto poético-moral, que es la misma que ahora yo utilizo en esta entrada. No sé, querida Aída, si podré haber acertado o no, pero esta podría ser la respuesta, que intenta ser también poética:
POR QUÉ EL HOMBRE PERDIÓ EL SENTIDO
Tropieza con las piedras y, un camino
se abre de la nada al infinito...
Un corazón, más duro que el granito,
se cierra sobre sí... Amargo sino.
No acierta a comprender que su destino,
pese al barro que arrastra -triste hito-
tras el tiempo, reposa en el bendito
seno en que el corazón se hace divino.
Su ceguera le oculta los colores
que el Arco Iris viste tras la lluvia
y, cual peste, vomita los horrores
de atrabiliaria sed, como una gubia,
sin compartir en cambio los dolores
que el odio, al paso, con furor diluvia.
Luis Madrigal
Con todo cariño, a Aída Niederhaitmann Lara ("Pluma Roja"),
que nacio en la Ciudad de Guatemala y tuvo cuatro remolinos
en la cabeza, en respuesta a sus muchas preguntas.
en la cabeza, en respuesta a sus muchas preguntas.
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