sábado, 13 de agosto de 2011

SI SE ENCUENTRAN EN UN BOSQUE...



NO SE COMPREN UN "PINCHO"

Quiero decir un modem de "pincho", de esos que se insertan en los ordenadores  -computadoras, para nuestros amigos de América-  portátiles, o bien, según la últimas moda, de los llamados "netbook", o como se escriba en el idioma comanche. Yo fui uno de esos ingenuos infelices que se lo creyeron, y así me han ido las cosas. Para estos días de verano que ahora corren en España, como sabía que habría de estar perdido en un tupido bosque, no se me ocurrió otra cosa, a fin de no perder el contacto "con nadie", puesto que casi nadie debe leer lo que escribo, según yo calculo, sino la de adquirir un "pincho". Muy bonito exteriormente  y con recomendación expresa de funcionamiento eficaz, me encontrase allá donde fuere. Algún honesto "aguafiestas", ya me había persuadido de las enormes dificultades que habría de encontrar, pero, al principio, y pese a la extremada complejidad de la instalación del programa correspondiente, pensé que el "aguafiestas", esta vez, había ejercido su  penoso oficio del modo más gratuito, porque aquello funcionaba. Posteriormente, ya en pleno bosque, hasta logré, con ciertos esfuerzos, eso también, publicar en este humilde Blog algunas entradas, no más según creo recordar que un par de ellas. Pero, hace ya unos cuantos días, el maravilloso invento... terminó de ofrecer sus maravillas, y no sólo eso sino que produjo una grave alteración en el funcionamiento del sistema, hasta tal punto que éste  -Windows 7-  no podía abrise y, como mal menor, ofrecía la única posibilidad de recuperación a expensas de borrar las últimas configuraciones, o instalaciones, entre las que figuraba la que tanto trabajo había supuesto introducir la del famoso "pincho". Y, hala, todo  a la basura. De conexión a Internet a través del maldito "pincho", ni la más remota posibilidad. Me había quedado incomunicado para el resto de mi estancia en el Bosque, sin ninguna alegre y venturosa posibilidad de que, por aquí, apareciese Caperucita, ese ser tan delicado y bondadoso, y muchas o algunas de que, en cualquier momento, tuviese que vérmelas, cara a fauces, con el asesino lobo feroz. Por este motivo, queridos amigos no lectores, he estado ausente de sus no lecturas durante todos estos días. Lo de menos  -y perdonen, porque no quiero faltar al respeto a nadie-  es que nadie haya podido leer nada, sino que yo no he podido escribirlo, y eso, para mí, es no ya como no comer, que casi carece de importancia, sino como no respirar, sin lo cual nadie puede vivir. Ya he dicho muchas veces, a diversas personas que sostienen lo contrario, que, si bien, y muy relativamente, nadie escribe para guardar lo escrito en un cajón, mucho más importante es escribir, tampoco exactamente para leerlo uno mismo, sino esencialmente para poder experimentar el placer de escribirlo. Sea bueno o sea malo lo que se escribe, literariamente hablando. Eso, queda para los críticos, pero no para quienes escriben. En resumidas cuentas, si ustedes quieren escribir, pueden hacerlo disponiendo tan sólo de un lapicero  -tampoco hace falta una pluma estilográfica, o el más sofisticado bolígrafo-  y de un humilde papel, y hasta sin nada, porque también se puede "escribir" mentalmente. Y esto, sobre todo esto, es lo que vale y lo que hace que nadie pueda encontrarse solo  en un Bosque, aunque falle el "pincho". Desde luego, todo falla, o todo puede fallar, pero esto del "pincho" tengo yo la impresión de que falla siempre. Sobre todo si es de la Empresa o marca "Vodafone". No adquieran ustedes, queridos amigos no lectores, nunca, un "pincho", pero si lo hacen que en ningún caso sea nunca un "pincho" Vodafone Mobile Broadband, HSPA USB Stick, Model K3765-Z. No, no lo hagan. Se arrepentirían mucho de haberlo hecho. Luis Madrigal.-

jueves, 4 de agosto de 2011

UNA CASA EN EL CAMINO



¡Cuántas veces no habré pasado junto a esta casa...! Ignoro su historia más remota, pero, cuando yo la ví al pasar, por vez primera, era propiedad de unos señores alemanes, que trabajaban en Portugal y venían durante el verano hasta las Sierras de Ávila. Todavía llegué a conocer a uno de sus propietarios, el Sr. Müller, quien en cierta ocasión me dijo que era yo más alemán que los alemanes. Creo que  es uno de los mayores elogios que he recibido en mi vida. Her Müller, me facilitó su dirección de correo electrónico en Alemania, y yo le envié algunos mensajes. En aquellos primeros años de Internet es posible que no llegasen al destinatario, porque nunca recibí contestación, y bien que lo sentí y aún lo siento. La casa tenía un nombre curioso, que nunca pude traducir. Se llamaba "Casa Rocky-Tocky". Jamás pude saber lo que podría significar. Los señores alemanes, dejaron de venir, hace ya algunos años, y el verano pasado la Casa se vendió, precisamente a unos buenos amigos, aunque apenas si he llegado a tratarlos, que me parecen muy simpáticos. Tienen unas niñas encantadoras, que espero puedan ser muy felices en la vieja casa de los alemanes. Algo habrá quedado de ellos, impregnado en las paredes, o entre el musgo de las piedras de granito. Tal vez, las mismas raíces de su filosofía, de su música... De la gran nación alemana, a la que siempre he admirado tanto. Ser germanófilo, es una manera indirecta y lejana de ser español, porque los españoles fuimos alemanes durante cerca de tres siglos. ¡Deuchtland, Deuchtland...! ¡Oh, Sacra Hispania...!, como diría San Isidoro de Sevilla. Luis Madrigal.-

miércoles, 3 de agosto de 2011

CUANDO SE OCULTA EL SOL...




¡LÍBRAME DE LA SOMBRAS...!



Se fue el color... El Cielo se ha entoldado
y su cúpula hoy veo sombría.
Sin duda, es que mi mente desvaría
y no quiere soñar lo que ha soñado.

Acaso es que mi pecho ya se ha helado
y se pierde entre sombras en la umbría
del inmenso Pinar, que al alma mía
separa del calor que el sol me ha dado.

Mas, aun entre las sombras, yo persigo
el sendero que lleva hasta la altura.
El Sol, nunca se nubla... Si conmigo,

dentro de mí lo albergo... Y su hermosura
dejo llegar a mí, mientras le digo:
¡Líbrame de la sombra, tan oscura!



Luis Madrigal




Las Navas del Marqués (Ávila, España)
3 de Agosto de 2011,
tras visitar al Cristo de Gracia.

sábado, 30 de julio de 2011

PREGUNTO AL VIENTO




SI TU PECHO EL INVIERNO HA HECHO SOMBRÍO


Siento sed y vacío de tu aliento,
de tu mirada triste, que me mata,
y a tu silencio mi alma se aclimata
como tierra reseca. Tan sediento.

Al aire, como casa sin cimiento,
tantas veces espero… Y nunca, ingrata
de mi anhelo, tras dura caminata,
recibo de tu mano el alimento.

Pregunto al viento si, cruel el frío,
de la nieve o la lluvia y su murmullo,
tu pecho ha hecho el invierno tan sombrío.

Si ha herido en tu rosal algún capullo,
cuando el calor me agobia en el estío.
Y, para asir tu hielo, al sol rehúyo.




Luis Madrigal
 
 
 
 
 
 
 
 
 

viernes, 29 de julio de 2011

OTRA VEZ EN TORNO A EL TIEMPO




EN HONOR A MAN


Hace algunos días, no demasiados, mi buen amigo murciano, Manuel Enrique Mira Sánchez, nuestro querido MAN, publicó en su Blog una breve reflexión sobre el tiempo. ¡Oh, querido MAN  -me dije-  el tiempo no es eso que cuentan o miden los relojes! Eso es, simplemente, su duración. La duración del tiempo. Porque, la existencia confirmada de una cosa que permanece en su ser, no es el ser que permanece. Fue Baruch Spinoza, un judío holandés oriundo de España, concretamente de Orense  -para que se sepa que, en “a terra da chispa”, no sólo se dan los afiladores- racionalista y heredero crítico del cartesianismo, quien, en su “Ethica”, identificó duración con permanencia. El tiempo, querido MAN, tú bien lo sabes, como lo sé yo, es un misterio, y los misterios no son alcanzables a la razón humana. No es posible entenderlos, de modo alguno. Podrán comprenderse, tal vez, algunas o ciertas clases o categorías de tiempo  -el tiempo interno o de la conciencia subjetiva, o incluso el tiempo objetivo o externo, que son aspectos relativos-   pero parece impenetrable el concepto de tiempo imaginario, ideal o absoluto. Y no digamos lo que los teólogos llaman tiempo sagrado, que no es precisamente el dedicado a las festividades o momentos determinados del calendario litúrgico -aspecto este más bien propio de sacristanes que de teólogos- sino esencialmente la consideración de ese misterio, que ya, como tal y en sí mismo, no podemos comprender, en relación nada menos que con Dios, que es el Misterio radical y absoluto.



 La permanencia en el ser puede darse de diversas formas, pero esencialmente de dos: La que resulta aplicable a todos y cada uno de los entes corpóreos, sujetos a generación y corrupción, que es una permanencia relativa, y la forma plenamente perfecta y absoluta de permanencia en el ser, a la que se llama eternidad. La primera, puede resultar explicable y, en este sentido, los matemáticos, y MAN lo es  -aunque más bien los físicos y especialmente los astrofísicos-  han explicado el tiempo mediante fórmulas y ecuaciones relativas a los movimientos regulares y mecánicos de los cuerpos celestes. Este es el objeto de estudio, material y formal, de la Astronomía. Pero, además de los astros, dentro del cosmos sideral, se halla el cosmos geobotánico, y en él existen los seres vivos, animales o vegetales y, en consecuencia, existen también los ritmos o tiempos biológicos. Y dentro de este mismo orden, se encuentra el ser humano, con lo que otra ciencia  -la Psicología-  trata también de definir y analizar el tiempo psíquico. Pero ninguna de estas definiciones y explicaciones, pueden explicar y hacer comprensible el tiempo absoluto, o eterno, que permanece incomprensible en su misteriosa dimensión. Por eso, querido MAN, dijo San Agustín, aquello que tú citabas: Todos podemos tener idea de lo que pueda ser el tiempo, o de cómo puede ser definido, pero, cuando se nos pregunta, no sabemos qué decir. Esto lo dijo, Agustín de Tagaste, en sus “Confesiones” (XI, 14, 17).




Pese a ello, la Filosofía se ha enfrentado siempre a la idea de tiempo, tratando de desentrañar su concepto. Y, en este plano, el estrictamente filosófico, creo yo, hay que apartarse por completo de las concepciones físicas y cosmológicas, ya sean subjetivistas o realistas, para centrarse en las metafísicas  y ontológicas, si se aspira, al menos, al intento de capturar una idea puramente filosófica del tiempo. Y han sido dos, fundamentalmente, las orientaciones de este carácter que han desarrollado una metafísica y una ontología del tiempo: La del parisino Henri-Louis Bergson, padre del llamado intuicionismo o vitalismo, y la del filósofo existencialista alemán Martin Heidegger, respectivamente.

Bergson, construyó una metafísica de la duración, opuesta a la concepción de la ciencia físico-natural. Según Bergson, en las leyes físicas que regulan el movimiento, el tiempo se convierte en un parámetro enlazado con el espacio, llegando hasta confundirse con el mismo. Efectivamente, además de la teoría de la relatividad de Albert Einstein, en los tiempos coetáneos, Stephen Hawking (que es nada menos que el sucesor de Isaac Newton en la Cátedra Lucasian de Cambridge), ha hablado de la “unidad espacio-tiempo”. Pero, a Bergson, ese tiempo, se le antoja adulterado y ficticio. El verdadero tiempo está en el tiempo vivido, en el tiempo de la conciencia; la duración real es pura fluencia cuantitativa, opuesta a la estaticidad cuantificada del espacio. En consecuencia, el tiempo real es verdadero, porque la duración no se piensa, sino que se vive, se intuye. Si, por pura casualidad, alguien está leyendo ahora esto, o llega alguna vez a leerlo, cosa que dudo mucho, ignoro si podrá quedar convencido por Bergson. Personalmente, a mí no me convence nada, sino que, más bien, mucho más que metafísica, me parece un mero producto literario. No en vano, Bergson, que era un excelente escritor, ganó el Premio Nobel… de Literatura, en 1927. Y dicen, además, que recibió la marcada influencia de un sublime poeta, Antonio Machado. Una vez más, antes que un francés, “hace camino” un español.
 
 
 

Decididamente, en cuanto a la percepción y determinación humanas de la consistencia del tiempo, soy un decidido y entusiasta partidario de Heidegger. Su análisis, me convence plenamente y me parece de suma certeza y transcendencia real. Lamentablemente para mí, no he conseguido llegar a leer a Heidegger en alemán, que sería lo deseable, sino meramente traducido, aunque espero que bien. Tengo casi siempre, sobre mi mesilla de noche, su obra fundamental al respecto; “Sein und Zeit” (“Ser y Tiempo”) y no sin subrayados precisamente, sino -como diría Ortega a su amigo el filólogo y humanista alemán Ernst Robert Curtius-  con tantos lápices, de tantos colores, que parece “un pájaro del Brasil”. El tiempo es, para Heidegger, la raíz ontológica esencial, siendo uno de los “existenciales”, un elemento casi sagrado, porque de él depende nada menos que el propio ser. Esto es, la esencia, de un modo paradójico, existencialmente -y no hay contradicción alguna- depende del tiempo. La esencia última, el último ser que cada hombre puede o es capaz de alcanzar. Un ejemplo, que escuché al Padre Oliver, un filósofo, y uno de los más fecundos y nítidos divulgadores de Heidegger, en la Universidad Complutense de Madrid, hace ya algunos años, podrá sin duda iluminar esta idea del tiempo, en relación con el ser, muchísimo mejor que cualesquiera otros conceptos. Proponía en aquella ocasión el conferenciante, imaginar a un niño, de una inteligencia natural superior y especialmente dotado además para el estudio de la Medicina. El niño, es hijo de un médico excelente, un “pozo de ciencia” y de experiencia clínica notabilísima, que ha curado y salvado la vida a infinidad de personas, con cuadros severísimos. El padre del niño, además de excelente médico, dispone de una inmensa fortuna, y es dueño de una red de Hospitales con todas las máquinas y últimos inventos, clínicos y quirúrgicos. El padre, es también íntimo amigo de portentosos colegas, los mejores clínicos y cirujanos del mundo, y al llegar al uso de razón, el niño siente igualmente una gran afición y amor a la Medicina, por lo que decide firmemente ser médico. Pues bien, ¿qué le falta a ese niño para convertirse también en un gran médico? ¿Nadie lo adivina? Si es así, es porque nadie está leyendo esto que yo ahora escribo, porque, en otro caso, la respuesta sería muy fácil: ¡Sólo, únicamente, exclusivamente, para ser tan excelente, o aún mejor médico que su padre, a ese niño solamente le falta… ¡tiempo! No llegará a ser un gran médico por ninguna de las restantes circunstancias; reuniendo todas ellas, naturalmente incluida su voluntad, podría no llegar a serlo, como fácilmente puede deducirse, si no media y transcurre el tiempo.



Por eso, dice Heidegger lo que, para mí, es una de las verdades transcendentes más absolutas que se han podido decir en Filosofía. Dice que, “existir, es estar en el tiempo para ser”. Se impone una aclaración importante. Como es lógico, Heidegger escribe en alemán, que es su propia lengua. Y en la Lengua alemana, a diferencia de lo que sucede en castellano, no hay dos verbos distintos, “ser” y “estar”, sino que ambos tienen que enunciarse bajo una forma única: sein. “Sein”, significa, tanto ser como estar. Mucho menos “existir”, palabra que no puede encontrarse en alemán. Esto es, en alemán, “existir”, no existe, aunque exista “existencia” (existenz). Y por ello, Heidegger tiene que hacer “encaje de bolillos”, para construir y expresar su profundo pensamiento y, cuando quiere poner sobre la mesa el “existir”, no utiliza el Sein, sino el Dasein. Es el famoso “dasein” de Heidegger, que más que “existir”, significa “estar ahí”, como “están ahí” las cosas, los objetos corporales del mundo exterior, que, en sentido filosófico, no existen, porque no pueden “existir”, al no necesitar nada del tiempo para llegar a ser más de lo que ya son, en un momento dado, aunque transcurran millones de unidades, sean las que fueren, de tiempo. Sólo, únicamente, exclusivamente, puede “existir” el hombre, el ser humano, porque sólo él puede llegar a ser. Y por eso  -se encuentre o no siendo protagonista del ejemplo anteriormente propuesto, o ya haya de partir de cero, sin padres preclaros y poderosos, sino siendo hijo de un pobre carpintero, o de un “terronero”-   no se “para”, sino que se “dis-para”, se lanza hacia el ser, con el ingrediente casi sagrado del tiempo. Cuando el tiempo se acaba y, como dice Heidegger, “suenan las campanas de la muerte”, lo que “yo” no haya sido, ya nadie lo podrá ser nunca por mí. Si hubiese podido llegar a ser cien, o mil  -de esto o de aquello-  y tan sólo he llegado a ser diez, o veinte, de otra cosa o especie, o de calidad bien distinta, me habré quedado “enano”, habiendo sido “programado”, o potenciado, para llegar a ser un “gigante”. Tan sólo “existe” el hombre. Las cosas, “están ahí” (dasein), pero no pueden existir. ¿Y Dios? De Dios  -dice Heidegger- no sabemos nada. Y añade: “Pero si algo podemos saber, es que no existe”. Se ha tachado siempre a Heidegger, sobre todo en la “católica” España, de incrédulo y de ateo. Sin duda alguna, porque nadie, o muy pocos, entre tantos “talibanes” y “meapilas”, se han parado un solo segundo a pensar, que Dios no puede “existir”, porque Él “es el que es…”. Y lo es eternamente. Luis Madrigal.-
 
 
 
El Tiempo. Abstracción de Wassily Kandinsky
 
 
 
 
A mi querido amigo
Manuel Enrique Mira Sánchez, MAN, ante
el clamor de  su espíritu de que, en un solo momento, pueda
caber toda una vida. Y con el mayor afecto.




En la imagen de arriba, la alegoría "El Triunfo de Venús", de Agnolo Bronzino, en la que supuesta y pretenciosamente, Venús, acompaña por Cupido y por el Tiempo, parece librarse de este, conservando su belleza.
Este cuadro, es un presagio del estilo barroco
y de la ulterior "pintura galante" francesa. 
 
 
 
 
 
 

jueves, 28 de julio de 2011

NO SE OYE EL MAR...




DESDE LA FRONDA QUE HABITA
EN LA MONTAÑA


¿Acaso ya no llega el viento
hasta la playa profunda y misteriosa,
o, son las olas, con su ronco murmullo,
las que ocultan las notas en que entono mi canto?

¡Qué agudo es el silencio, cuando clava,
como hiriente cuchillo en viva carne,
su opaco y mudo eco sin aliento!
Cuando, ahogando al suspiro, asfixia el llanto...

Si el mar te llama, vete... Mas escucha,
al menos desde lejos, un latido;
riega el agua del mar con una lágrima...
Que, al pisar sobre arena, firme el paso,
tu corazón se ensanche y acaricie
la fronda que se pierde en la montaña
y que tu mente acoja un pensamiento...
Que, en otro corazón, vive tu alma.



Luis Madrigal










miércoles, 27 de julio de 2011

¿DÓNDE HABITAN LOS SUEÑOS...?




DÍMELO TÚ...


Dímelo tú...
Dime dónde los sueños habitan
en lo más hondo del bosque,
de madreselvas y rosales,
que se expande hasta el Mar
y ofrenda su perfume
hasta tocar el techo de las nubes.
Cubierto de acanto,
sus hojas suspiran al llegar al cielo
y besar sus nimbos encendidos...
Dime que ayer,
mientras recorrías el mundo,
pisando sobre un lecho de plata,
encontraste una esmeralda
que, como el canto de las aves,
llenó tu corazón.
Dime que el lucero que vive allá lejos,
junto a la Cruz del Sur,
brilla hoy con más fulgor
y, en las noches de Invierno,
cual luminaria eterna y poderosa,
alumbra siempre tu caminar,
entre veredas y sendas
blancas como la nieve.



Luis Madrigal