De los Andes lejanos, un quejido trae hoy el viento, que mi pecho siente. Es el lamento del silencio hiriente que grita soledad, tan afligido.
Llega hasta mí, hasta mi pecho herido, el grito de quietud, manso y doliente, tan ausente de mí, mudo y silente, que eternamente grita, enmudecido.
Ayer como mañana, un hoy eterno, vuestras nieves albergan signo fuerte, que os hará vivir un largo invierno.
Hasta que -muertos- un clamor despierte, sin visos de terror, muy suave y tierno... La eternidad, no existe sin la muerte.
Luis Madrigal
Almas que hoy lloráis a vuestros muertos, oid lo que ellos ya escuchan en el Paraíso. Es la melodía que el gran músico alemán, Christoph Willibald Gluck, escuchó que, en el Cielo, a su son, danzaban los Espíritus Bienaventurados.
Parece ser que con bastante retraso, pero acabo de enterarme. Un terremoto de grado 8,8 Richter, ha conmovido a la Nación hermana, causando la muerte de más de un centenar de personas y quiero dejar constancia de mi sentimiento. Siempre es doloroso el sufrimiento de cualquier ser humano y más de un país entero, pero mi alma española siente en este momento mucho más aún la desgracia sufrida por un pueblo hermano. A todos los hermanos chilenos, les deseo de todo corazón el valor y la fuerza necesarios para afrontar ese gran dolor, que, de vez en cuando azota a las naciones. Me gustaría gritar a los cuatro vientos que España entera está hoy a vuestro lado. Pero, no puedo hacerlo. Ni sé muy bien qué puede quedar en pie de España, ni yo podría ser España, en cualquier caso. Sólo soy un español. Pero, eso sí, aunque sólo pueda ser en mi propio nombre, un fuerte abrazo, queridos hermanos chilenos. Luis Madrigal.-
La prensa española, en sus últimas noticias, informa sobre la muerte de más de 400 personas, y aun en Concepción se busca a otro centenar más entre las ruinas de un edificio. Por otro lado, según también se informa, el seismo ha podido repercutir en las Provincias de Salta y Mendoza, de la también querida Hermana Nación, la República Argentina, pese a que la Cordillera de los Andes pudo actuar como barrera de contención. Insistimos y duplicamos nuestras oraciones. Descansen en paz los muertos y fuerza y valor a los que les lloran. ¡Viva Chile! ¡Viva la Argentina!,
No lo recuerdo ya muy bien, porque ya va siendo difícil recordar cosas, dentro de las pocas que pude aprender a lo largo de mi vida. Pero, aun así no es fácil recordar. ¡Que sana envidia puede sentir una pobre hormiga como yo, al lado de aquella mente -la de Don Marcelino Menéndez y Pelayo- que recordaba, casi fotográficamente, no sólo el volúmen, sino la página y el renglón, donde se hallaba vertido un concepto determinado. ¡De la Biblioteca Nacional, no de la de su casa…! Para que luego digan algunos que la memoria es “la inteligencia de los burros”. No, no es así, no puede ser así. Bien, el caso es que no recuerdo si fue en uno de los cuentos de “Las Mil y una Noches”, o tal vez en otro tipo de leyenda similar, donde yo leí aquella historia que siempre me ha hecho pensar. Se trataba de un rico Señor de las cercanías de Damasco, donde tenía su palacio y posesiones, entre ellas un hermoso jardín. Un día, su jardinero llegó ante él lleno de pánico y le dijo, con la cara desencajada: “Señor, he visto ahora mismo a la Muerte, en el jardín, ¿podríais prestarme un caballo para huir inmediatamente a Damasco? El Señor, se compadeció del jardinero y le dijo: “Sí, toma el caballo que más te guste y vete a Damasco”. Pero como aquellos grandes señores, no sólo se rodeaban de un lujo oriental, sino que eran tan poderosos que no temían ni a la Muerte, y a aquél además le irritaba en extremo que nadie se entrometiese en los asuntos de su Casa, el Señor salió al jardín y, efectivamente, se encontró allí a la Muerte, a la que abroncó con severidad, compadecido de su jardinero: “¡¿Cómo es que has venido hasta aquí para asustar a mi jardinero?!”. La Muerte replico sumisa: “Señor, yo no le asustado, sólamente le he advertido, porque le he visto por aquí y yo le espero mañana en Damasco”.
Hasta aquí la leyenda, el cuento, la ficción, que trata de ser aleccionadora. Pero no todo termina en ella. Hace ya muchos años, más de treinta, aunque muchos menos de los que cuenta “Las mil y una noches”, yo mismo fui testigo presencial, directo y muy próximo, de un acontecimiento de la cruda vida real. En un Colegio cercano a mi domicilio, que ya entonces era el mismo que hoy, los niños partían de excursión hacia otra Provincia, fuera de la de Madrid, en un autocar, un “ómnibus”, o un “colectivo”, para nuestros amigos de América. Una de las madres, una mujer viuda, y por ello quizá muy temerosa y precavida, se negó rotundamente, pese a la insistencia de los profesores y las lágrimas de su hija, a que ésta se fuera a aquella excursión con el Colegio. Temía con verdadero horror los peligros de la carretera. Y así fue. La niña se quedó en Madrid y, el mismo día de la excursión, cuando sus compañeros habían llegado felizmente a Zaragoza, al cruzar la Calle de Alcalá, para realizar un recado, aún con las lágrimas de la decepción y la tristeza en sus ojos, fue atropellada por un camión, que la dejó muerta en el acto. Frecuentemente, recordamos a aquella niña, con una enorme lástima, mientras nos hacemos siempre la misma pregunta. Ella, no había huido a Zaragoza… Simplemente no había ido allí de excursión, quedándose en Madrid, porque las carreteras eran muy peligrosas.
¿Qué quiere decir eso, que repite el pueblo, un tanto insípida y simplicísimamente, pero que, con cierta frecuencia se produce, en la realidad? ¿Qué quiere decir ese “la tenía ahí”? ¿Determinan las circunstancias nuestra vida, feliz o desdichada, hagamos lo que hagamos por nuestra parte? ¿Son eficaces nuestras previsiones y medidas de seguridad cuando comemos, dormimos, salimos a la calle o nos vamos de viaje? Parece estar muy claro que, muy en general, es inútil salir “huyendo a caballo”, en busca de nuestra inmunidad a la desgracia, al llanto, a la tristeza o a la muerte… Pero, ¿acaso es esto determinismo? El determinismo, es aquella doctrinafilosófica que niega la libertad y la indeterminación en que consiste el libre albedrío. Sostiene que todos nuestros actos obedecen a una causa extrínseca, ajena a nuestra voluntad, y por ello están determinados, bien por fuerzas naturales, por fuerzas sobrehumanas o por fuerzas sobrenaturales, o divinas. De ahí, las cuatro clases de determinismo a los que se ha enfrentado desde siempre toda teoría del conocimiento: El determinismo fisiológico, el psicológico, el determinismo social y, por último el determinismo teológico, tantas veces tratado, entre estudiantes de Bachillerato y adolescentes, cuando éstos pensaban, porque lo eran. Es decir, estaban “adolesciendo”, que no es otra cosa sino carecer momentáneamente de aquello que se va a ser, así como “arborecen” las especies que, aun no son árboles, pero se están haciendo. Por ello, si arborecer es “estar haciéndose árbol”, adolescer, es “estar haciéndose hombre”. Y aquellos adolescentes, lo estaban, comenzaban a hacerse hombres, o mujeres, aunque los de hoy, la mayoría de ellos y de ellas, no lo estén, sino simplemente se dediquen a pintar paredes y romper farolas del alumbrado público. Eso, como cuestión menor. Porque, en algunos casos, bastantes, y por lo que publican los periódicos, causan la impresión, no de “estar haciéndose”, sino de ser ya verdaderas fieras.
Todo determinismo, consiste en negar la existencia de la voluntad y, por ello, de la libertad. No de la libertad de la que hablan los políticos, que esa no existe, sino de la verdadera libertad, que es la libertad onotológica, o de ser. El primero de esos determinismos, el fisiológico, me parece a mí propio de gentes que deberían andar a cuatro manos, porque al sostener que hasta las funciones espirituales más elevadas, como pensar y querer, están sujetas a las leyes físicas-qué no decir de los actos estrictamente fisiológicos necesarios e instintivos-confunden la necesidad de tales actos y su fuerza determinante con la absoluta independencia de la voluntad y su completo señorío sobre lo fisiológico. Así puede llegar Hipolito Taine, al para mí exabrupto de decir que “la virtud y el vicio son productos, lo mismo que el azúcar y el vitriolo”. El determinismo psicológico, en cambio, puede resultar de mayor entidad, al establecer que no son los móviles externos los que determinan la voluntad, sino los motivos o resortes íntimos e interiores, de carácter psicológico. Hasta tal punto hay que tomar en cuenta esta orientación, que el mismo Leibniz afirma que la voluntad jamás es libre en sus determinaciones, sino que está siempre determinada por el motivo más poderoso. Pero, este tipo de determinismo conduciría a admitir que la conciencia de la libertad no es más que una ilusión, porque como afirmaba Stuart Mill “la conciencia puede decirme lo que hago, pero no lo que siendo capaz de hacer, no hago, ya que esto no existe”. Sin embargo, admitiendo el principio de que “elegido el motivo, la acción ya está determinada”, no puede aducirse la conclusión de que la preferencia en la elección por la inteligencia sustituye y supera al libre albedrío, mediante el cual elegimos esos motivos más poderosos que determinan la acción. Menos consistencia (aunque puede que mucha mientras las gentes se emborrachen o se dejen emborarchar de cosas superficiales y superfluas), me parece a mí tener el llamado determinismo social, según el cual los actos humanos están determinados, o influidos poderosamente, por el medio ambiente en el que se vive, o por la educación recibida en la infancia y la juventud. Es cierto que tales circunstancias pueden resultar especialmenete influyentes, o si se quiere “condicionantes”, pero nunca pueden determinar la vida de nadie y, al margen de las estadísticas, pueden apreciarse casos que desmienten radicalmente esta doctrina, tanto en un sentido como en el contrario.
Y, por último (dejando al margen todos los fatalismos, tanto el musulmán, o el antiguo griego, vinculados a la fuerza superior del “fatum”-“Lo escrito, escrito está”-y el fatalismo panteista, de los estóicos, y de Spinoza y Hegel), ha de cosnsiderarse y prestarse suma atención, se crea o no en Dios, al determinismo teológico, el que afirmando a Dios, y precisamente por su omnipotencia y presciencia infinita, también niega el libre albedrío.Y aquí se centraban aquellas conversaciones y discusiones, entre los estudiantes adolescentes de mi época, en las que solíamos oír a muchos de ellos: “Y si Dios ya sabe que alguien se va a ´condenar´, ¿por qué lo crea?”. A mí, hoy, se me hace casi imposible que nadie pueda “condenarse” eternamente, en el infierno o en lugar análogo, porque confío en la inmensa Misericordia de Dios, pero entonces, debo reconocer que, cuando oía decir tal cosa, lo pasaba muy mal. Y, sin embargo, ¡que argumento más infantil! Dios, nos ha creado libres, pero no en pura teoría, sino que nos permite pasar de la potencia al acto de deliberar internamente y elegir un bien concreto. El determinismo teológico, al afirmar que todos los actos humanos y acontecimientos futuros son conocidos por Dios, por lo que el hombre ya no puede ser libre, confunde el conocimiento con el acontecimiento. Que Dios conozca las acciones futuras no equivale a que las cosas sucedan porque Dios las conoce. Y si las conoce, sin poder evitarlas en cuanto dependan de la voluntad humana, es porque en Dios todo es presente, incluso las acciones futuras del hombre, y éste es libre.
Decía Jaime Balmes, ese gran catalán sin dejar de ser munca un gran español, inserto en Madrid en la política española, Catedrático de Matemáticas, y de acendrada y rigurosa formación científica, tomista único entre todos, al que el Papa Pío XII llamó "Príncipe de la Apologética moderna”, que Cicerón atinó con la más admirable definición de la libertad, cuando dijo que ésta consistía únicamente en ser esclavo de la ley. Y, de la misma forma, la libertad del entendimiento consiste en ser esclavo de la verdad, y la de la voluntad, en ser esclavo de la virtud . Trastornad este orden-sigue diciendo Balmes-y mataréis la libertad. Suprimid la ley y reinará la fuerza; quitad la verdady entronizareis el error; abandonad la virtud y encontraréis el vicio. Susbtraed el mundo a la ley eterna, que abarca a todo hombre y a toda Sociedad y no quedará ya nada sino el dominio de la fuerza bruta.¡Con que eco tan hondo suenan hoy en España, las palabras de Balmes!.
En cuanto a eso de “tenerla ahí”, que dice el pueblo, nada tiene que ver con el determinismo. Ninguna circunstancia, por paradójica o cruel que pueda resultar, reviste carácter determinista. Que una niña muera aptropellado por un camión, ante el temor de su madre a las excursiones; que choquen dos trenes, se caiga un avión o, simplemente, la cornisa de un edificio, cuando pasamos bajo él, todo ello, no es determinismo, sino mera relación de causalidad, porque toda causa produce su efecto y no hay efecto posible sin causa. Y, en cuanto a lo demás, a lo que es substancial en el ser humano, las circunstancias, cualquiera de ellas, pueden condicionar mi vida, pero no determinarla. Sólo mi libertad me hace dueño exclusivo de ella. Sólo yo puedo hacer lo que mi voluntad determine, sólo yo soy el único respondasble de lo que llegue a ser, porque, como diría Shakespeare, un protestante, “nuestra vida no está escrita en las estrellas, sino dentro de nosotros mismos”. Yo, no soy libre, soy mucho más, soy el libre substantivo, pero mi libertad puede tener un precio muy alto. A veces, mi propia vida. Luis Madrigal.-
Este MAN, quiero decir este señor Ingeniero de Murcia, es una joya de amigo. Lo es, entre otras cosas, buscando y encontrando reproductores mp3 para BLOG. En un par de días ya ha encontardo dos. En cambio yo, sin duda por no ser Ingeniero, no encuentro uno ni en broma. Es decir, que él sale a una medida de uno diario (1,00/día) y yo a 0,00. ¿Es así, verdad?. Hasta ahí llego. Creo que a eso los Ingenieros, lo llaman la "ratio", que en Latín -ratio-onis- significa en principio "cálculo, cuenta, acción de contar". Pero también puede significar otras cosas: "Rerum verborum ratio" (disposición de las palabras); "ratio mentis" (estado mental); "ratio atque inclinatio temporum" (estado y cambio de las cicunstancias); "ratio agnimis" (disposición de las fuerzas); "ratio civitatis" (régimen político). Bueno de esto, mejor no hablar., para no tener que hablar nunca más ("nunca mais") de la "ratio bellica" (orden militar), sino siempre de la "ratio domestica" (orden civil). Otras muchas, muchísimas cosas más, puede significar la palabra latina "ratio"... Entre todas ellas, la que a mí me parece más importante es la significación del término o locución "recta ratio", o facultad de razón, de juicio, en suma, inteligencia pura, perfecta. Acuérdense quiénes lo supieron alguna vez: "Rationis ordinatio ab bonum commune, et ab eo qui curam communitatis habet, promulgata". Traduce, MAN, ya que pasaste por 4º y Reválida, de aquel Bachilllerato que se sacaron de la manga, pero luego no quieras vengarte exigiéndome despejar una ecuación de segundo grado con varias incógnitas. Puedes probar, casi únicamente, con la relación pitagórica trigonométrica, cuya demostración requiere la inscripción de un triángulo en una circunferencia, de modo tal que uno de sus lados es la ordenada y el otro la abscisa. No lo intentes, porque eso me lo sé, fué casi lo único que puede retener de aquellos días de martirio chino. Pero, bien, de lo que se trata hoy, es de los reproductores mp3 para Blog. Y Man ha encontrado otro nuevo, respecto al descubierto hace dos días por él mismo. En principio, no parece mejor que el "MAN SZ mp3", sino más o menos similar y, si ninguno de los dos permite subir nuestra propia música, ¿Cómo podré oír yo la tuya, y la de "C" o Mercedes, y otras muchas, o vosotros las mías? Ya os he dicho que puedo ofrecer todo Mozart, todo, excepto las óperas. Por tanto, querido Man, tendrás que seguir buscando. En cualquier caso, yo voy a guardar ambas posibilidades, e incluso, ahora mismo, ofrecer lo que pueda, lo que disponga entre su "almacén" este nuevo reproductor. En otro caso, sin duda elegiría el 2º Andante (6º movimiento de la Serenata "Haffner"), aunque sea el "Rondó" de esta misma Serenata el que conmoviese un día mi corazón Aviso para navegantes, por si a alguien se le ocurre buscar. Hay dos "Haffner" en Mozart, la Serenata, a la que me he referido (KV 250) y la Sinfonía Nº 35 (KV 385) . ¿Verdad "C"?. Un abrazo a todos, queridos amigos. Vamos a ver que ofrece el nuevo reproductor de MAN. Le llamaremos el "RADIO-BLOG MAN mp3". Se pueden ajustar los colores, y me temo haber eligo algunos nada armónicos, ni complementarios. ¿Verdad "C"?. Tú eres "bifronte", entre la Pintura y la Música, y por ello puedes enseñarnos mucho a los que no sabemos. Allá, va: Dentro de Mozart, me he decidido, y dentro de lo que había, por el "Ave Verum Corpus", del Trinity College Choir. Espero que se oiga y que lo disfrutéis mucho. Luis Madrigal.-
Pues, no, querido MAN,con el "AveVerum" no funciona. Probaré con la archiconocida "Eine Kleine". ¡Que horror de colores he puesto!
Hay un refrán, o "un dicho", muy español, según el cual "para muestra basta un botón". Y yo, ayer mismo, en la entrada correspondiente a ese luminoso día, dejé, no uno, sino dos claros y aleccionadores "botones", de eficacia en la búsqueda de los problemas y en la solución, fácil o difícil, de los mismos. Se trataba de una pequeña dificultad informática -tampoco quiero "quitar méritos" al asunto- que nos impedía, a otras personas y a mí mismo, acompañar de música nuestras entradas en el Blog. No se trataba, si es preciso aquilatar, de un problema "físico", que pudiera ser resuelto, propiamente, al amparo de los postulados de esta Ciencia, la única que toma, como objeto formal de estudio, la materia, no. Y, posiblemente, hasta cualquier "rapazaco tocateclas", de esos que ahora echan los dientes frente a un ordenador y hacen todas esas cosas que impulsan a sus madres o abuelas, a decir que "son muy listos", hasta uno de estos petit maitres , o cualquier otro sacerdote de la praxis, de los que, a palos de ciego van abriéndose camino ante los problemas, hubiese podido encontrar la solución. Pero, la encontró un Ingeniero (ahora sé que su especialidad es la de Ingeniero Industrial, ya sea eléctrico o mecánico, que también hay que distinguir). Y, dadas mis experiencias personales, en el mundo interdisciplinar, con decenas y hasta centenares de Ingenieros, eso sí, en el nauseabundo seno de una Empresa nacional por completo corrupta e intelectualmente degradada, me hicieron cargar, un tanto subliminarmente sobre los Ingenieros. Sin duda, fuí injusto y pido perdón. En primer lugar a la Ingeniería, en general, sin la cual el hombre moderno retrocedería poco a poco hacia las cavernas, y, posiblemente, a una buena parte de Ingenieros, de todas las especialidades, incluso a la inmensa generalidad de los mismos, excepto a aquellos energúmenos (asimismo muy en general, porque, en particular, también había auténticas lumbreras) que jamás habían ejercido de tal. Tan sólo eran meros burócratas, muchas veces, o casi siempre, invadiendo los campos de competencia propios de otros profesionales. Pero, ni habían elaborado nunca un proyecto, ni jamás dirigido una obra, ni nada de nada que tuviese que ver con la entonces "regla de cálculo", más tarde sustituida por otras máquinas, y no digamos por los modernos ordenadores, que pueden calcular solitos una estructura de muchas toneladas y hasta diseñar un cuarto de baño, u orientar un dormitorio, con su cama, justamente en la posición más saludable. Conocí a un ya viejo Arquitecto (son primos hermanos, aunque se peleen) que afirmaba y desarrrollaba una teoría científica al respecto. Y también pude conocer (¿dónde andarás Alfonso?) a otro muy joven que se pasaba la vida entre probetas de ensayo, buscando la aplicabilidad de sus fórmulas con "los polímeros". Por cierto, digo que se "peleaban", o no se veían excesivamente bien, porque los Ingenieros, que en España fueron en su dia una casta sacerdotal, ungida por la arbitrariedad del Poder político, en el fondo, despreciaban a los Arquitectos (olvidando tal vez que Miguel Ángel o Leonardo, lo fueron, asi como la Arquitectura una de la siete artes clásicas, junto a la Música o la Poesía) y esgrimían el insultante y gratuito argumento de que sólo era Arquitecto el que carecía del suficiente talento para ser Ingeniero, o no era suficientemente marica (entonces no se decía "gay") para ser Decorador.
Pero, estos "chascarrillos", los hay entre todas las profesiones similares, o limítrofes. Tambien entre Abogados, y no digamos entre Médicos, donde se ridiculiza a los Psiquiatras, sin cuya sacerdotal ayuda no podríamos vivir los locos. Por ello, al volver ahora la vista atrás, y en particular sobre mi entrada o comentario de ayer, no puedo menos de pedir disculpas a la Ingeniería, que no es una Ciencia, desde luego (también se discute, dentro de otras coordenadas de orden, si lo es o no el Derecho), pero sí es una Técnica indispensable para la humanidad. La Técnica (en lo que se refiere a los Ingenieros de Caminos, Canales, Puertos y otras magnificencias, que gratuita y pretendidamente eran seres superiores, no sólo a los demás Ingenieros, sino a todos los hombres,) de los que al fin al cabo son los transformadores del medio físico, para lo que es preciso horadar las montañas o llenar de agua los valles, y construir las presas, las carreteras o los ferrocarriles. No digamos los Ingenieros Industriales o de Telecomunicación, sin los cuales no existiría Internet, ni el teléfono movil, ni tantas y tantas cosas como hoy disfrutamos, ya entrado el siglo XXI. O los Ingenieros Químicos , Agrónomos o de Montes, Aeronáticos o Navales, ue juegan papeles decisivos en orden a la industrilización la alimentación o la protección y salud de species vegetales, indispensables para la vida humana, del trasporte aéreo o marítimo... Y tantos otros más.Todos ellos son necesarios.
Ayer, quise rendir un homenaje de admiración, y sobre todo de cariño, a mi buen y reciente amigo MAN, sin conocer siquiera entonces su especialidad y, como las situaciones se agudizan por los contrastes, para resaltar aún más mi elogio, quise acordarme de aquella panda de inútiles, entre la que conservo excelentes amigos y muy competentes profesionales de la Ingeniería. Uno de ellos (mi más cariñoso recuerdo, querido Mario, extensible a ese portento de la electricidad llamado Enrique) decía de sus congéneres que "eran confusos, profusos y difusos". Esos, los que no sabían hacer la "o" con un canuto, sobre todo en aquella primera época maraviloosa del PSOE, eran los "Jefes", procedentes todos ellos de la Calle de Ferraz, en Madrid y otras Federaciones del Partido, y todfos ellos con barba.Y los que sabían hacer todas las letras del abecedario, y todos los números, que eran los menos, simplemente eran "Técnicos de Apoyo". Por eso fueron y son amigos míos. Como hoy, nuestro querido MAN, que nos ha permitido encontrar en Internet un reproductor (el "SZ-MAN mp3"), de momento perfectamente útil. Un abrazo, querido MAN, pero también mi sentida admiración a todos los Ingenieros que sirven para algo y que, fuera de aquel valle de sombras, casi seguro, son muchos más de lo que yo creo. Luis Madrigal.-
Y esta es la prueba más visible, no de lo que puede hacer un Ingeniero, por descontado, porque esto podría haberlo hecho cualquier "rapazaco aprietateclas", de esos que tienen madre (como Julián), aunque no se lo diga la "Señá Rita". Generalmente estas señoras, se llaman "Juani", "Toñi" o "Rosi" y llevan rulos pemanentemente, cuando van a comprar el pan. Y sobre todo, tales chicos, tienen abuela, más o menos de los mismos signos externos. Esta que sigue es la prueba, digo. ¡Ah...! y el que canta, no es precisamente un Ingeniero de la RENFE, destacado o en comisión de servios para efectuar funciones de "bel canto", porque aquellos "ingenieros" sabían hacer de todo . Es nada menos que Alfredo Kraus, aunque tan sólo cante Zarzuela.