domingo, 13 de noviembre de 2011

¡VIVA MÉXICO LINDO!


En el frontispicio de este humilde Blog, podría verse, conforme a las últimas y eternas tendencias materialistas  -las de los intereses mercantiles y monetarios-  la bandera de la Unión Europea, de la que España forma parte. Pero, yo siempre he pensado que España no es “europea”. España, es hispánica. Y por ello las que pueden verse, permanentemente, son las banderas de todas las naciones de América a las que se extiende el mundo hispánico:” Unidos por la Lengua y por la Cultura”, es el lema que elegí, hace ya tiempo, para expresar mis sentimientos más hondos hacia todas y cada una de esas naciones hermanas. A todas ellas quiero como a mi propia Patria, por ser hijas de ella y, en consecuencia, hermanas. Desde la más pequeña, a la más grande; desde la más rica a la más pobre. Para una madre, todos sus hijos son siempre iguales. Desde luego, yo no soy ninguna madre, y menos la Madre España. Tan sólo soy un humilde español, y tal vez por eso, porque cada persona es un mundo interior de sensaciones, de formas de ver el exterior, de representaciones y recuerdos y por último, en una cierta dosis, de simple misterio, hay dos de estas naciones que ocupan un lugar muy singular en mi corazón. Una  -ya lo he dicho muchas veces en este humilde Blog-  es la Argentina. La otra, es Méjico. Si por razones puramente materiales fuera, tendría que restringir mi afecto tan sólo a la primera de ellas, que nos tendió la mano con generosidad, en los años de mi niñez, cuando los españoles de entonces luchaban por librarse de los horrores de una guerra fratricida, entre el dolor y la miseria. En aquellos días, tan sólo la Argentina y, en la medida de sus posibilidades el vecino y hermano Portugal, nos arroparon y estuvieron a nuestro lado. Méjico, no. Su Gobierno rompió las relaciones diplomáticas con el Dictador, General Franco, y acogió a los miembros del Gobierno de la II República Española, y al propio Gobierno “en el exilio”.  Aquello fue una cosa bien triste, pero fue una cosa entre los Gobiernos, no entre los pueblos de Méjico y España, que  siguieron manteniendo intactos sus vínculos de toda índole. Muchos españoles, los que ya se habían ido antes, y otros después, arribaron a Méjico, donde se casaron y se quedaron para siempre. Sus nietos y biznietos, sin duda también sus tataranietos, son ahora aquellos españoles que no pudieron nacer en España y, aunque lo hicieron en el territorio de la gran nación azteca, son y seguirán siendo “los españoles del otro lado del Mar”. Uno de ellos, un hermano de mi madre, Teodoro Tascón, emigró desde la montaña leonesa y allí hizo su vida. Desde allí, en su frecuentes cartas, me inculcó e infundió con ahínco el amor que, desde niño y a lo largo de toda mi vida, también yo he sentido por Méjico. Por México.


Bellas muchachas mexicanas, lucen el traje regional de Oaxaca

Tal vez, es la primera y posiblemente la última vez que voy a escribir México, con “x”, en lugar de Méjico, con “j”. Lo haré, en primer lugar, por una elemental razón de respeto a la soberanía de un pueblo soberano e independiente, que así quiere escribir y pronunciar el nombre de su nación y de la organización política de la misma en el Estado de una República independiente, representativa y democrática. Independiente desde el día 16 de Septiembre de 1810, en que se declaró esta independencia o, si se quiere, desde el 28 de Septiembre de 1821, cuando el sevillano Juan José O´Donojú O´Ryan, de ascendencia irlandesa, último Virrey de Nueva España, llegó a Ciudad de México para firmar el Acta de Independencia del Imperio Mexicano, más tarde reconocida, otro 28 de Diciembre, el de 1836, por el Reino de España. Pero, en segundo término, hay otra razón que lingüísticamente puede pesar aún mucho más, hasta zanjar la cuestión por completo. El término México, no procede del castellano, no es un vocablo español, ni fue acuñado, por tanto, por mis gloriosos antepasados los españoles. Al arribar allí éstos, dos culturas precolombinas destacaban por su riqueza y fuerza literaria: La expresada en literatura náhuatl, perteneciente a los pueblos del Valle del Anáhuac, y la maya, perteneciente a la península de Yucatán y Guatemala. Y no fueron aquellos españoles quienes nominaron, esto es, pusieron nombre, a la tierra a la que llegaban. Aquella tierra, ya lo tenía, se llamaba Mexihco, cuyo término es un topónimo náhuatl que significa “en el centro de la luna”. En consecuencia si, hablando un castellano moderno y culto, en España, es perfectamente lógico pronunciar y escribir Méjico, puesto que decir México resultaría arcáico, no puede ser lo mismo en México. Porque, efectivamente, en castellano antiguo el sonido "jota" se escribía "x" , pero, dada la evolución lingüística, fonética y morfológica, ya no puede decirse  Ximénez, sino Jiménez, ni Doña Ximena, sino Doña Jimena, la esposa de Rodrigo Díaz de Vivar. Pero, no podría hacerse lo mismo en México, al no ser este término, originariamente español, sino propio de una lengua autóctona. No debería ni podría decirse, al menos, en el territorio y la comunidad mexicanos, que, en consecuencia, no lo hacen, sino se glorían en lo contrario, pese a aquel chiste tan grosero, naturalmente contado por españoles, y jamás por mexicanos, según el cual, alguien telefonea en Madrid a la Embajada de México y pregunta:

- ¿La Embajada de Méjico, por favor?”.
            Una voz le responde:
-No, caballero, esta es la Embajada de México.
-¡Ah…, disculpe!  - finaliza el interlocutor-  “coxones”, “coxones”…



Acta de Independencia de México,
pronunciada por su Junta soberana, el día 28 de Septiembre de 1821

La Lengua española  -el español-  no es idéntica en todos los lugares en que se habla. En cada país, e incluso en cada zona geográfica y culturalmente delimitada dentro de un mismo país, las preferencias lingüísticas de sus hablantes son distintas, en algún aspecto, de las preferencias de los hablantes de otras zonas y países. Además, las divergencias en el uso no se deben únicamente a razones geográficas. También dependen en gran medida del modo de expresión (oral o escrito), de la situación comunicativa (formal o informal) y del nivel socio-cultural de los hablantes. Por su carácter de lengua supranacional, hablada en más de veinte países, el español constituye, en realidad, un conjunto de normas diversas, que comparten, no obstante, una amplia base común: la que se manifiesta en la expresión culta de nivel formal, extraordinariamente homogénea en todo el ámbito hispánico, con variaciones mínimas entre las diferentes zonas, casi siempre de tipo fónico y léxico. Por este motivo, es la expresión culta formal la que constituye el “español estándar”: la lengua que todos empleamos, o aspiramos a emplear, cuando sentimos la necesidad de expresarnos con corrección; la lengua que se enseña en las escuelas; la que, con mayor o menor acierto, utilizamos al hablar en público o emplean los medios de comunicación; la lengua de los ensayos y de los libros científicos y técnicos. Es, en definitiva, la que configura la norma, el código compartido que hace posible que hispanohablantes de muy distintas procedencias se entiendan sin dificultad y se reconozcan miembros de una misma comunidad lingüística. Así lo reconoce el Diccionario panhispánico de dudas, que precisamente se ha creado para que, a pesar de la imposibilidad de dar cuenta sistemática de todas las variedades que de uno y otro tipo puedan efectivamente darse en las distintas regiones de habla hispana, pueda discernir el lector, entre usos divergentes, cuáles pertenecen al español estándar (la lengua general culta) y cuáles están marcados geográfica o socio-culturalmente. Y, en lo que se refiere a México, no existe un idioma oficial, u oficialmente reconocido, sino que el español convive con 67 lenguas indígenas, que son igualmente nacionales. Se trata, en este último caso, de lenguas autóctonas (del lat. autochthŏnes, y este del gr. αὐτόχθων, -θονος, de αὐτός, el mismo, propio, y χθών, χθονός, tierra), que, junto a las lenguas alóctonas (de alo- y el gr. χθών, χθονός, tierra, formado a imitación de autóctono), hacen de México un gigantesco mosaico lingüístico.



Primera página del Codex Mendoza. 

Es una manufactura en papel europeo, posterior al Descubrimiento de México, encargado por el Primer Virrey de Nueva España, Don Antonio de Mendoza, para ser enviado al Emperador Carlos I de España y V de Alemania. Partió de Veracruz hacia España en 1529. Apresado y profanado por piratas franceses, pudo ser rescatado. Actualmente se encuentra en la Biblioteca de Consulta de la Universidad británica de Oxford

Pero yo, ni soy lingüista o filólogo, ni tampoco creo pueda tener este factor una importancia esencial, sino, aun siendo muy importante, meramente accidental. Yo escribo esto, para expresar ante mí mismo, mi gran amor hacia México. También la enorme simpatía que suscita siempre en mí esta gran nación, cuna de canciones románticas y de toreros valientes. Y para tratar de cooperar a que mis compatriotas españoles que, en general, según me parece, comparten este mismo sentimiento, tiendan más continuamente su mirada a través del Mar, hacia aquellas nobles tierras. ¿Cuántos españoles, me pregunto, saben que, por ejemplo, la Ciudad de Mexicali, es la Capital del Estado de Baja California? Cada vez que, en el programa de control dispuesto en mi Blog para saber de donde vienen las visitas, veo encendida una lucecita que indica “Mexicali”,  ya casi colindante con los Estados Unidos, siento una emoción especial y elevo mi mirada al Cielo, para que bendiga a esa persona. Del Estado de la Baja California del Norte, porque del de la del Sur, la Capital es La Paz. He dicho Mexicali, porque suele estar siempre, pero no quiero pecar de injusto dejando de agradecer con la misma emoción las visitas que también he recibido de Tijuana, Navajoa, Juárez, Chihuahua, Mazatlán, Culiacán, Monterrey, Zapopan, Colima, Ciudad de México (DF), La Piedad, Jiutepec, Veracruz, Tuxtla Gutiérrez, Mérida, Cancún, Córdoba, Puerto Peñasco, Aguascalientes, Nogales, Durango, Guadalajara, Tampico, Río Bravo, Nezahualcyotl, Acapulco, Tlaquepaque, Tepic, San Pedro, Playa del Carmen, Coatzacoalcos; Villahermosa, Oaxaca, Puebla de los Ángeles, León, Celaya, Pachuca, Ocotlán, Zihuatanejo y Hermosillo. Disculpen si omito a alguno más. Gracias, mil gracias hermanos mexicanos.




 ¿Y cuántos españoles saben cuál es el número de Estados, sus capitales y sus ciudades más importantes, que integran la República federal denominada “Estados Unidos Mexicanos”? Los leoneses, desde luego, muy en general, sabemos muy bien que, en el Estado de Guanajuato, hay una Ciudad homónima y fraterna, con la que la natal nuestra, nuestro León, de España, se encuentra hermanada, y que ya hace algunos años nos regaló la estatua de un vigoroso león de bronce, que honra uno de los distritos modernos, en el polígono “Eras de Renueva”, muy cerca del cual fluye mansamente el Río Bernesga. Y sabemos también que hay un Estado miembro de la Unión federal, que se llama Nuevo León, cuya Capital es la ciudad de Monterrey. Yo, sé también que existieron José María Morelos, Pedro Moreno y Francisco Xavier Mina… El General Antonio López de Santana … Porfirio Díaz, Benito Juárez y José Vasconcelos... El barroco mexicano y la Catedral de Puebla de los Ángeles. Que existe el Popocatépetl, como existieron Silvestre Revueltas, Diego Rivera, Octavio Paz… “Los Panchos”, Mario Moreno y Jorge Alberto Negrete Moreno… Sé que me encanta el jarabe mixteco, en cierto modo muy similar a la zamba argentina, y la enchilada de mole y el cóctel “Margarita”…  Sé que Guadalajara está en un llano y México en una laguna… Pero, sobre todo no me olvido de que México fue antes Tenochtitlan, pero después Nueva España. Y desde allí partieron tantas expediciones para llevar nuestra Lengua común, no sólo a tantos otros lugares del extremo Sur del Continente, sino desde donde partió Miguel López de Legazpi para llegar hasta las Islas Filipinas. Tampoco puedo olvidarme de que, a Juan Diego Cuauhtlatoatzin, el Indio Juan Diego (San Juan Diego, desde el año 2002, en que fue canonizado por el Papa Juan Pablo II) se le apareció en el Cerro de Tepeyac, en 1474, Nuestra Madre de Guadalupe, Reina de las Españas y de la Hispanidad. 


 

 Guanajuato, la capital del Estado del mismo nombre, al anochecer.
¡Dios salve a León, la Ciudad hermana de la mía propia, en este Estado!



Y, porque no puedo olvidarme de todo eso, te quiero mucho, México. Desde hace muchos años,  me gusta escuchar ese acento tan entrañable, ese modo tan especial, delicioso para mí, con el que tus gentes hablan mi propia lengua … Y no puedo evitar proclamarlo a los cuatro vientos… ¡Viva México Lindo…! ¡Ándenle mis cuates…! ¡Ándenle…!  Luis Madrigal.-



 Olvidaba omitir que en México los Mariachis suenan divinamente,
pero no sólo ellos se hacen oír. He aquí una concluyente imagen de la Orquesta
Filarmónica de la Universidad de México, aunque de todas formas,
¡Viva también Jorge Negrete!







 

jueves, 10 de noviembre de 2011

UN CANTO A LA ESPERANZA




¿CÓMO NO PODRÍAS AMAR...?


¿Cómo no podrías amar...?
Si todo es el amor, nada es un beso
que se recibe o da, como a cualquiera...
Nada importa si aquel a quien se ama
vivió ya, o aún vive en tiempo muerto,
si sus ojos, de noche, al cielo miran
y, entre mil nubes, el brillo de una estrella
puede cegar sus ojos... Si suspira,
si tiembla al invocar un nombre
y en la sombra camina,
sin que un cuerpo sea nunca
más que  -etérea-  una dulce silueta.




Luis Madrigal








En la imagen de arriba, un Ángel


lunes, 31 de octubre de 2011

HOY, SE CELEBRA EL TRIUNFO SOBRE LA MUERTE



TETRALOGÍA

DE TODOS LOS SANTOS

I


Gaudeamus Sanctorum omnium,
timete Dominum, venite ad me.
Iustorum animae, beati mundo corde.


CRISANTEMOS EN FLOR 




Bajo el gris plateado de la losa,
hecha a golpes, de sílice o basalto
-sol en el cielo azul, nieve en el alto-
lo que en guerra vivió en paz reposa.

Al besar sus corimbos luz hermosa,
el crisantemo en flor quiere, de un salto,
tomar del cielo el manto de cobalto
y volar, cual si fuera mariposa.

Lo que aquí ayer bajó, no está en el suelo,
ni en pared o cristal, que urna tamiza.
En su durable sueño voló al cielo

y desde el cielo ve, sin luz plomiza,
la tierra en que vivió, con el consuelo
de ser tierra en el cielo, y no ceniza.



II



A todos los santos anónimos y pobres, no canonizados
y, muy en especial, a la Madre Teresa de Calcuta


OMNIUM SANCTORUM


Está erguido el ciprés... De un campanario,
con grave son, recuerda la campana
que, tras la noche oscura, una Mañana
-llena de luz-  despierta de un osario.

De carne que vivió, un santuario
guarda puro la tierra y se engalana
de flores, cuyo aroma allí desgrana,
honda y lenta, la cuenta de un rosario.

Los santos, sólo son unos cristales,
tan limpios, que la Luz por ellos pasa
y, a su paso, los vientos celestiales

limpian el aire entero... En noche rasa,
saturada de estrellas, aún mortales,
vuelan al cielo donde el Sol abrasa.



 III

Encuentra el polvo su camino


VOLVERÁ LA VIDA




Entre el ser y el no ser, torpe y doliente,
se arrastra hoy el vivir, siempre en la duda,
sin hilo de la luz, sin voz ni ayuda,
ni impulso, ni el calor de un pecho ardiente.

Sin hallar ni decir verdad consciente,
ni escucharla al pasar... Palabra muda
estalla alrededor... Estampa cruda
hace el dulce vivir morir viviente.

Ya la vida, murió... El polvo espera
encontrar en el polvo su camino,
como si muerte en vida sólo fuera.

La vida fue... La muerte, es el destino.
Mas, el morir, es hoy la vida entera
si, quien ayer murió, a la Vida vino.



IV
Para subir a lo más alto




VOLARON TODOS YA AL CIELO



Están, de para en par, sus Doce Puertas,
rendidas a la tierra que pisaron
y, en el empíreo velo al que volaron
de nívea albura y palma recubiertas.


No yacen en el sueño... Están despiertas
las pupilas que al polvo se cerraron.
Del recuerdo y la flor que les lloraron,
las losas de granito están desiertas.


No lloran más... No hay mal que, a su alegría,
pueda causar el mal... Y el angustioso
amargo palpitar de la agonía,


que ayer hizo temblar, hoy venturoso,
descubre de la Vida la ambrosía
del eterno gozar, dulce y glorioso.

Amén. 
Luis Madrigal








En la ilustración de arriba, "La Gloria", de Ticiano Vecellio (1554)
 

jueves, 27 de octubre de 2011

FLORES DE PLÁSTICO... PARA NADIE




EN LOS CEMENTERIOS


Muy pronto, tan sólo faltan cinco días, se celebrará con gran alboroto, en toda España, la Festividad canónica de Todos los Santos. Quiere honrar con ello la Iglesia, no a la Muerte, sino a la verdadera Vida, la que permanece ya eternamente en los Bienaventurados, que ya para siempre gozan de la presencia de Dios. Y sin embargo, aquí abajo, en este planeta que llamamos Tierra    alguien cooperó siniestramente -aunque desde luego  yo no-  en su momento, trágico y dislocado momento, a que el dulce acontecimiento de la Muerte, pese a toda su carga de tristeza, se tomase como indicio y símbolo de de una gran desgracia, en lugar de lo  radicalmente contrario. Porque, la Muerte no es "el se acabar e consumir", sino, por el contrario el comienzo de todo lo definitivamente venturoso y feliz. Algunos creemos que nuestra muerte, será, en ese mismo, preciso y exacto momento, nuestra resurrección. Algo así como quien, encontrándose dentro de su casa en una estancia, pasa a la contigua, tan sólo con cruzar la puerta que las separa. Muerte y Resurrección, creemos y anhelamos algunos, han de ser una misma cosa, apenas sin diferencia de décimas de segundo, sin solución de continuidad en el tiempo, para transcender y superar al tiempo. Todavía proclama y sostiene la Iglesia, como doctrina "oficial", lo de la resurrección "de los cuerpos", en el último día. Pero, eso, no puede ser así. Existen demasiadas muestras palpables para pensar que no podremos resucitar de esa manera, ni, en ese indescifrable momento, ni mucho menos "con los mismos cuerpos que tuvimos". ¿Con qué cuerpos, con el de los quince o los veinte años, o con el de los 60, 70, 80 o 100?. Porque todo esos cuerpos ha sido nuestros. ¿Y esos cráneos, fundidos entre sí y con la misma tierra, en los osarios que casi todos hemos contemplado alguna vez? ¿Y el hombre "antecesor", el de Atapuerca, cuyos restos se exponen en vitrinas, para el estudio de los científicos, en la Gran Dolina? ¿También resucitarán, en el último día?

La verdad es que, parece ser, fue Platón el autor del dualismo "alma-cuerpo", y el cristianismo tradiciocnal lo convirtió en una imagen algo así como la del pájaro que, sin morir, vuela  (no ha llegado nadie a decir hacia donde, no se sabe donde pueda encontrarse, hasta ese último día en el que haya de fundirse de nuevo con el cuerpo resucitado,) mientras la "jaula", el cuerpo, es condenada al sepulcro hasta la resurrección en el último día. Pero, esto no es nada serio. Si del agua, se separan el hidrógeno y el oxígeno, ya no hay agua. Tan sólo dos gases, pero agua no. De un modo similar, cuando muere el ser humano, desde luego muere su cuerpo, pero también muere su alma, porque nadie es "su cuerpo más su alma", sino una unidad fisio-psico-espiritual, que no puede partirse, ni dividirse temporalmente, ya sea por unos minutos, ya por no se sabe por cuantos miles de millones de años. Si los cálculos de los científicos, son exactos, se supone que al Sol, si no me equivoco, le quedan unos 40.000 millones de años de vida. Después, comenzará por transformarse en una roja gigante,  que adsorberá y aniquilará a Mercurio y Venus, poniendo al propio tiempo en ebullición a todos los mares de la tierra. No podrá haber bicho viviente, que soporte tal temperatura. Por último, será una blanca enana, hasta desaparecer del cosmos ¿Será ese el día de nuestra resurrección? ¿El último día?

Algunos hemos comenzado a pensar y creer, ya desde hace algún tiempo, que lo esencial de nuestra fe en Dios, en Jesucristo Nuestro Señor, no es la inmortalidad del alma, sino precisamente la Resurrección de Cristo. Y por eso, hemos decidido dejar de ser creyentes "platónicos", para hacernos creyentes cristianos . Sí, ya sabemos que somos unos herejes, unos candidatos a anatemas, que cualquier día algún obispillo, de esos que sólo saben Derecho canónico, pero muy escasa Teología, propondrá o declarará nuestra ex-comunión, si no automáticamente (latae sententiae), sí, al menos, querrá someternos a algún proceso formal (ferendae sententiae). Pero, nos dá igual. Nos la trae al pairo. Hemos decidido firmemente creer en Dios, en su infinita misericordia y en el mandato de Jesús, para el cual, intuimos, tan sólo existe un único y exclusivo pecado, el de no amar a nuestros hermanos los hombres. Ni "original" (el hombre nace en gracia original, no en pecado), ni menos aún "mortal". ¿Qué es eso del "pecado mortal". Puede que también exista, pero tan sólo puede consistir en decirle a Dios. "¡No quiero nada de Ti", mientras la lluvia de su graciua nos está empapando. Y Él nos resucitará, como a Él lo resucitó el Padre, no cuando suene la trompetería del Valle de Josafat, sino, efectivamente, en el último día... En el último día de nuestro contacto personal con el Señor. Cuando se acerque, lleno de amor, a nuestro lecho de muerte, para llevarse consigo lo que es suyo. Entonces, en ese mismo instante, resucitaremos también.

Por tanto, nadie se afane en adquirir flores  -y menos aún de plástico-  para ser depositadas en las sepulturas. Allí, ya no hay nada. Todo está arriba, gozando de la Vida de Dios.

Vean ustedes todos, ved queridos amigos, la gran diferencia entre la música de Alonso Lobo, escrita para los Funerales del Rey Felipe II de España, y esta otra melodía, que tantas veces yo mismo he situado en este humilde Blog: La danza de los espíritus Bienaventurados, del músico alemán  Christoph Gluck. Podréis observar una gran diferencia.







martes, 25 de octubre de 2011

CUANDO SE TORNA OSCURO


NO SOBRAN LAS ESTRELLAS



No sobran las estrellas en el cielo
cuando, sin luz, de noche, el hombre pasa
y en su pecho no arde ni una brasa,
ni, al morir, la pavesa alza su vuelo.

Si se apaga la hoguera sobre el suelo
y se pierde la luz, entre la masa
oscura y harapienta, la que amasa
su ceguera en la sombra, sin anhelo,

de nuevo, el Arco Iris, tras la lluvia,
habrá de iluminar la tierra oscura
mas, ni los mil colores con que efluvia

al borrascoso cielo, allá en la altura
donde fulmina el rayo, si diluvia,
podrán sembrar la paz y la hermosura.



 Luis Madrigal







domingo, 16 de octubre de 2011

ENTRE SUEÑOS Y NUBES




BUSQUÉ QUÉ PODRÍA DARTE


 Pensaba sin saber en qué pensaba...
que, ardientemente, en ti ya no podía.
Mas  -dulce-  tu recuerdo a mí venía
y lo mismo en ti estoy que antes estaba.

Tu sonrisa, aun tan triste, recordaba
escondida en el alma... Tal quería
salir de ti y buscar... Y aún sonreía
sin saber donde hallar lo que buscaba.

Ven hacia mí  -pensé-  yo te decía,
aunque nada he de darte. No soy nada.
Te daré el corazón... ¡Más... no tenía!

Mas pronto descubrí, tras la alborada,
que un lucero, entre luces, florecía...
Y lo quise bajar hasta tu almohada.




Luis Madrigal




martes, 11 de octubre de 2011

HACE 519 AÑOS




12 DE OCTUBRE DE 1492




"A Castilla y a León
Mundo Nuevo  dió Colón"


"Amici, sequamur crucem, et si nos fidem habemus vere in hoc signo vincimus"



Cristobal Colón
Juan de la Cosa
Martín Alonso Pinzón
Francisco Martín Pinzón
Vicente Yáñez Pinzón
Rodrigo de Triana
Fray Juan Pérez
Fray Antonio de Marchena
Juan Díaz de Solís
Alejo García
Diego de Rojas
Juan de Garay
Jerónimo Luis de Cabrera
Diego de Almagro
Hernando de Magallanes
Pedro de Valdivia
Alonso de Ojea
Juan de Cavallón
Juan Vázquez de Coronado
Diego Velázquez de Cuellar
Sebastián de Benalcázar
Pedro de Alvarado y Contreras
Gil González Dávila
Francisco Hernández de Córdoba
Juan de Grijalva
Hernán Cortés
Vasco Núñez de Balboa
Pedro Arias Dávila
Juan de Salazar y Espinosa
Mencía Calderón
Francisco Pizarro
Francisca Pizarro Yupanqui
Juan Ponce de León y Figueroa
Francisco de Bobadilla
Nicolás de Ovando
Sebastián Gaboto
Bruno Mauricio de Zabala
José Joaquín de Viana


Ad perpetuam memoriam



  






ADDENDA POST COMENTARIOS

He decidido ser tolerante. Ni me ofendo ni me enfado. Tan sólo lo lamento muy sinceramente, porque la razón histórica es tozuda. "Descubrir" no es dar con lo que antes no existía, porque, como sucede en el caso, nadie hubiese llegado antes allí. Es evidente, que si ya había alguien es porque había llegado. "Descubrir", no es crear una realidad, sino ponerla de manifiesto cuando se ignora por completo. Si, como parece científico, el hombre surgió en África, es indudable que, si había llegado a América, por algún lugar lo había hecho. Se conocía perfectamente la existencia de Cipango y Catai, pero, en 1492, ¿quién conocía la existencia de "América"? ¿Habían llegado antes los vikingos, los pueblos nórdicos de Europa? Puede ser. Pero nadie se enteró, ni de ello quedó la menor huella transcendente. ¿Así es que todavía seguimos pensando, nosotros mismos, que nuestros antepasados, los crueles españoles, maltrataron y asesinaron a los indios? Es posible que algo de eso sucediera. Pero, la Historia no se puede juzgar después de que pasa, sino en el momento mismo en que está pasando. Y por otra parte, nuestros gloriosos antepasados españoles mataron a muchos menos de los que se ha dicho. Más bien se fundieron con ellos, para alumbrar una nueva raza, en lugar de conservarlos como en alcohol, en "reservas" para los turistas. Y, sobre todo, hay algo tan innegable como que, en más de 20 Naciones de América, se habla español, y que España, más que Europea, es Hispánica. ¡Viva nuestra América española! Lo de "Latina", lo inventó la Diplomacia francesa.