domingo, 26 de abril de 2009

¿QUIÉN ES QUIÉN? (I)


Conste que no pretendo, ni mucho menos, "examinar" a nadie de nada, y menos aún de arte pictórico, pero en la mezcla de fotografías que encabeza esta entrada, figuan dos retratos. Ambos al óleo. Ambos sobre tela. Ambos de cuerpo entero, o casi, uno de ellos. Ambos de similares dimensiones. Ambos, más o menos, de la misma época. Pero... ¿de qué personajes?. ¿De qué pintor, uno y otro?. ¿Eran conocidos o amigos los pintores, o por el contrario en su vida se vieron ni una sóla vez? ¿Qué otras cosas se pueden decir al respecto? ¿Les gustan los cuadros? ¿Cuál de ellos les gusta más? ¿De qué estilo y escuela son, uno y otro cuadros? ¿Cuál de ellos les parece mejor, efectuado con más arte? ¿Son o fueron igualmente famososos o célebres sus autores?. ¿Quiénes eran estos? ¿O tal vez, ambos cuadros son del mismo personaje y del mismo autor? Aunque también puede tratarse de un mismo autor y distintos personajes. O de dos autores distintos, siendo el personaje el mismo. ¿Nadie puede opinar al respecto? ¿Será posible que aún, ni así, logre yo incrementar el número de mis lectores?. O, más bien de mis comentaristas. ¿De verdad, de verdad, que nadie tiene, puede o quiere decir nada? Un cordial saludo, amigos de la pintura y del arte en general. Luis Madrigal.-




Puede ampliarse la imagen. Se verá mejor. La solución, otro día, se lo prometo.


viernes, 24 de abril de 2009

UNA SÓLA NACIÓN, UN SÓLO ESTADO


La publicación, días pasados, en el delicioso Blog musical de Marga Fuentes, de unas fotografías de Lisboa, hizo volar mi recuerdo, nada menos que al año 1962, en el que yo estuve por vez primera en Portugal, lo que me sirvió, ya entonces, para preguntarme, a la vista de todo cuanto allí pude ver y oír, la razón por la cual Portugal y España habían terminado siendo dos Estados distintos e independientes. E incluso, me atrevería a decir, dos Naciones. Por favor, hermanos portugueses, nada de anexionismos, ni falsas superioridades, ni pretensiones imperialistas de ningún género. Lo que yo allí, pude comprobar, muy gratamente, y con verdadera emoción, fue entonces que los portugueses me querían de verdad, que, salvo muy ligeras costumbres, la cultura y el tipo de vida eran lo mismo que en España. ¡Que diferencia pude observar ya entonces con respecto a Francia, donde también había estado! En esta primera ocasión, visité Coimbra, su Universidad, con la “Sala de los Capelos”, y el “Portugal dos Pequeninos”, la “Quinta das lágrimas”, en cuyo jardín la española Inés de Castro, amante del Rey Pedro I de Portugal, fue degollada, pese a la súplica que Camoens inserta en la estrofa 127 del canto III de “Os Lusíadas” , narrando así la petición de clemencia de Doña Inés: “Ó tu, que tens de humano o gesto e o peito / (Se de humano é matar hûa donzela, / Fraca e sem força, só por ter sujeito / O coração a quem soube vencê-la),/ A estas criancinhas tem respeito, / Pois o não tens à morte escura dela; / Mova-te a piedade sua e minha, / Pois te não move a culpa que não tinha”. No debieron servir de mucho las súplicas, puesto que Inés fue degollada, pese a la repercusión que tal hecho tuvo más tarde en aquel roquedo tan romántico, llamado Penedo da Saudade, también en Coimbra, lleno de romanticismo y melancolía, donde se dice que el Rey Don Pedro iba con frecuencia para llorar la pérdida de Inés. Y asimismo, y desde luego, también la venganza posteriormente tomada. Los asesinos de Inés de Catro, Pero Coelho y Álvaro Gonçalves, que se habían refugiado en Castilla, son devueltos a Portugal, en virtud de un acuerdo entre ambos reyes. Diego Lopes Pacheco, más afortunado, consigue cruzar a tiempo la frontera con Aragón y de allí pasa a Francia, donde no se vuelve a saber nada de él. Pero, respecto Gonçalves y Coelho, la venganza fue consumada en el palacio de Santarém en presencia de otros cortesanos. D. Pedro mandó preparar un espléndido banquete de ceremonia mientras las víctimas eran amarradas a sendos postes de suplicio y torturados con toda crueldad. Luego, mientras comía con parsimonia, (“e bebe o seu vinho tinto”, según las crónicas portuguesas) ordenó al verdugo arrancarles el corazón: A Gonçalves por la espalda y a Coelho por el pecho. Por último, insatisfecho con el tremendo martirio, aún tuvo ira suficiente para morder aquellos corazones, que para él, por siempre serían malditos.

En mi segunda visita, en los Jerónimos de Lisboa, el guía me dijo, mientras me daba un fuerte abrazo, entre gentes de todas las nacionalidades europeas, al saber que yo era español: “¡Pero, si somos hermanos…!” Y, una emoción muy especial embargó mi corazón. Desde entonces, me aficioné a recorrer la Historia de Portugal, tan ligada a la de España, y no me duele reconocer existen, tal vez -de existir éstas, que tampoco existen- más razones para la independencia de Cataluña que para la de Portugal. Por otra parte, ¿nadie se pregunta por qué Galicia, ha permanecido dentro de España, mientras Portugal no? Y, si una Nación -según se dice- antes que nada es su lengua (caso de Cataluña), no debería olvidarse que el idioma hablado tanto en Portugal como en Galicia, y naturalmente también en el Brasil (y esto no lo digo yo, sino un lingüista del prestigio del Profesor de Oxford, William J. Entwistle, o del alemán Humboldt), es lingüísticamente conocido como “galaico-portugués”. ¿Y alguien ha pensado en lo que hoy, ahora mismo, Portugal y España, unidas al menos bajo un único Estado, podrían significar, tanto para sí mismas, como para el mundo? Y sin embargo, movidos por falsos “nacionalismos”, y exaltación de lo “patriótico”, tanto españoles como portugueses hemos puesto especial interés en explotar lo que nos separa, que apenas es nada, en lugar de potenciar lo que nos une, que es mucho, y no sólo históricamente, sino vitalmente. Viene a ahora a mi memoria, al respecto, lo que ha significado siempre y aún significa, la cultura y convivencia humana de lo que se llama “La Frontera”. Naturalmente la de las gentes que, de uno u otro lado, hacen su vida en las comarcas y pueblos que se extienden a lo largo de la frontera entre Portugal y España. ¿Qué idioma hablan? ¿Qué tipo de relaciones humanas practican? ¿Contraen matrimonio habitualmente entre si? ¿Nacen hijos de esas uniones conyugales?. Cierto que sí. Unos, serán “españoles” y otros “portugueses”, pero todos ellos son “de La Frontera”, que es una unidad de espíritu muy superior al de las unidades políticas territoriales y que no se extiende limitativamente al tramo entre Ayamonte y Faro o Vila Real -como señala el fado “español”, de Carlos Cano -que tan sólo es la Frontera del Sur- sino, desde ese mismo lugar hasta la Guardia, donde el Río Miño hace de Frontera. Y esto, es muy entrañable y debería haber servido de algo y para algo más.

Cuando yo pienso en la unidad entre España y Portugal, no me estoy refiriendo a Aljubarrota, el día 14 de Agosto de 1385, en el que las tropas portuguesas, al mando del Rey Juan I de Portugal y de su Condestable Nuno Álvares Pereira, derrotaron a los castellanos, consolidando la entronización de la Casa de Aviz (de la que por cierto, y ello es curioso y una muestra más de lo que trato de decir, después descendería nada menos que Isabel I de España). Ni tampoco me refiero a los agobiantes momentos, tras la muerte sin descendencia del impetuoso Rey Don Sebastián de Portugal, en la Batalla de Alcazarquivir, en territorio africano, en los que los nobles portugueses están deliberando acerca de los derechos sucesorios a la Corona de Portugal por parte de Felipe II, que, efectivamente, eran superiores, de más alto linaje, que los de los otros dos candidatos, el Prior Crato y la Duquesa de Braganza, por ser Felipe II nieto de Don Manuel el Afortunado. Pero, lo reconozco, no estuvo nada bien, sino que fue un acto prepotente e innecesariamente beligerante, que el Duque de Alba invadiese Portugal, en 1580, para tomar militarmente Lisboa, tras la Batalla de Alcántara. Ni estuvo bien eso, ni tampoco la forzada anexión de Portugal por España, no sólo durante el reinado de Felipe II, sino también del de su hijo Felipe III (“los Felipes”, como les llaman nuestros hermanos portugueses con evidente antipatía, y a los que no perdonan los casi cien años de dominación española de Portugal. Pero, como ya he dicho, tampoco me refiero a ninguna de esas dos fechas, sino, respectivamente, a 253 y 448 años antes. Me refiero al año 1132. Ahí, a mi juicio radicó el error, un error objetivamente grave, por encima de cualquier sentimentalismo, que mermó notablemente la capacidad y redujo las energías ibéricas, tanto peninsulares como de su expansión en América.

Y me duele admitir que fue un ilustre y egregio “paisano” mío, El Rey de León -también antes que de Castilla- Alfonso VI, de muy feliz memoria, por otra parte, a quien se debe tal error histórico. Portugal -el Condado de Portu Cale- había sido hasta entonces territorio del Reino de León, y estaba sometido a su soberanía. Alfonso VI, se equivocó de “yerno”. Casó a su hija legítima Urraca, con el Conde de Borgoña, Raimundo, mientras la ilegítima, Teresa, contraía nupcias con otro borgoñón, Enrique, de más alto rango, era Duque de Borgoña, mientras Raimundo, tan sólo Conde. No seré tan ingenuo de pensar que la diferencia de rango en el linaje, pudo ser la causa, sino más bien -como siempre- el talento y capacidad humana, si a ellos se asocia la ambición. Del matrimonio entre Enrique y Teresa, Condes del Portu Cale, nació Alfonso I Enriquez, que será el primer rey de Portugal. Claudio Sánchez Albornoz, ha visto como contraria a la idea imperial leonesa, y extraña a su tradición y a la castellana, la concesión “iure hereditario” del gobierno del Condado de Portugal a Enrique, casado con su hija Teresa. Cierto que también lo hizo con Alfonso Raimundez, al cederle el gobierno de Galicia, con la diferencia capital y crucial que del matrimonio de Urraca y Alfonso, nació Alfonso Raimundez, lo que hubiese dado lugar también, probablemente, a una Galicia independiente hoy de España, pero este resultado no pudo producirse, al convertirse Alfonso Raimundez en Alfonso VII de Castilla y León. Pero, en mi opinión, para desdicha de España, y creo que también de Portugal, no sucedió lo mismo con el Portu Cale. Por eso, únicamente por eso, Portugal y España no son una sola Nación y un solo Estado.

Yo, sin embargo me he prometido a mi mismo que algún día solicitaré la nacionalidad portuguesa, amparándome en el Tratado de doble nacionalidad. También quiero ser portugués, que no es en absoluto incompatible con ser español. Mi padre, nació en un pequeño pueblecito, Robledo de Sanabria, en la Provincia de Zamora, a una escasa media docena de kilómetros con la Frontera de Portugal. Él habló portugués durante su juventud, naturalmente además de español y, muchas veces, me contaba historias, quizá sólo leyendas, entrañables de portugueses y españoles. Y siempre amó a Portugal. Del mismo modo, yo también he aprendido a amarlo. Luis Madrigal.-


Arriba, como recordatorio, con el que casi me emociona ilustrar esta entrada, mi propia fotografía, cuando era mucho más joven que ahora, haciendo más bien “el idiota”, pero con el sincero deseo de abrazar a Portugal, en el Complejo Turístico “Portugal dos Pequeninos” de Coimbra. Seguidamente, el Vídeo de la canción de Carlos Cano “María la portuguesa”, interpretada por el propio Cano y por Amalia Rodrigues, que sellan su interpretación con un fraternal abrazo. Ellos, los dos, ya no están entre nosotros, lamentablemente. Pero queda su espíritu. El mismo con el que ellos se dieron ese fraternal abrazo. Hermanos portugueses. ¡Viva Portugal” y… ¡Viva España! Mucho mejor, aún. Vivan siempre los dos juntos. ¡Somos hermanos!

P.D.- ¡Ah...!, se me olvidaba. Por supuesto, la Capital en Lisboa, mirando hacia nuestra América Ibérica... Nada de "latina". Eso, es cosa de Francia.




jueves, 23 de abril de 2009

PUESTO YA UN PIE EN EL ESTRIBO...


“Puesto ya un pie en el estribo…” Miguel de Cervantes, no murió un 23 de Abril, sino un 22 del mismo mes. Eso si, no de hoy, sino de 1616, es decir, hace ayer mismo, 393 años. Esto, más o menos, ya lo decía yo en este mismo y humilde Blog el pasado año 2008. Pueden verse, las entradas correspondientes a los días 22 y 23 de Abril de dicho pasado año. Pero, este, no pienso repetirme, sino buscar nuevos episodios, acerca del fallecimiento del gran escritor. Y lo primero que me apetece decir, y mucho, es que este año el “Premio Cervantes”, oficiosamente considerado como el Nobel de Literatura en lengua castellana, ha sido otorgado a un escritor catalán, Don Juan Marsé (Barcelona, 1933), del que mi escasa cultura literaria me impide conocer un solo párrafo y hasta una sóla línea, de las 24 obras suyas que he podido catalogar, pero, eso sí, celebro especialmente su triunfo y su premio, porque Marsé (sin duda, estamos ante un caso que supera al de Josep Plá (Palafrugell, 1897- Llofriu, curiosamente, esta vez sí, un 23 de Abril de 1981), no ha escrito jamás en catalán, sino siempre en castellano, según he podido saber, puesto que de lo contrario, muy probablemente, no habría podido ganar el Premio Cervantes. Me alegro, muy en especial, porque este señor ha dado muestra de su indudable inteligencia, al decir literalmente: “Soy catalán y escribo en castellano, y no veo nada anormal en ello”. Que Dios le conserve su prodigiosa vista y larga mirada, señor Marsé. Yo, tampoco veo nada anormal, entre otras cosa porque, de esta manera, a partir de hoy, podré leer, sin traductores, toda su obra.

A estas horas del día de hoy, 23 de Abril de 2009, Juan Marsé ya habrá cumplido con el rito de ser el iniciador de la XIII Lectura del Quijote que, desde hace otros tantos años, organiza el Círculo de Bellas Artes de Madrid, y que comenzó ayer, 22 de Abril, para concluir mañana Viernes, 24 de Abril. Y, desde luego, tampoco habrá podido hacerlo “en catalán”, porque este glorioso clásico español no está escrito en esa pequeña lengua occitana, tan minúsculamente hablada en el mundo, y desde luego, en la Península Ibérica. Ni, por descontado, en la Argentina, Méjico, Chile, Cuba, Uruguay, Perú, Ecuador, Colombia, Paraguay, Venezuela, El Salvador, Guatemala, Honduras, Panamá, Florida, Tejas, Nuevo Méjico, California, Nueva York… ¿Me dejo a alguien o a alguno más?. Si así fuera, mis más cumplidas disculpas. Bueno, sí, aún quedan Guinea Ecuatorial, Filipinas, República Dominicana, Nicaragua, Costa Rica, Bolivia y República Árabe Saharaui Democrática… Creo que ahora ya están todos los lugares en los que suena -con sus bellas variedades, naturalmente- la hermosa lengua en la que escribió Miguel de Cervantes.

Y, tras esto, me parece oportuno, para lo que suele denominarse “el gran público” -el gran público hispano, desde luego- aclarar que la frase con la que iniciaba yo hoy el texto de esta entrada (tristemente llamada “spot”), no pertenece, como alguien ha supuesto alguna vez, al Prólogo del Persiles, sino a la carta escrita por Cervantes, el día 19 de Abril de 1616, a su protector y mecenas el Conde de Lemos: “Aquellas coplas antiguas, que fueron en su tiempo celebradas, y que comienzan: ´Puesto ya un pie en el estribo´, quisiera yo no vinieran tan a pelo en esta mi epístola, porque casi con las mismas palabras la puedo comenzar diciendo: ´Puesto ya el pie en el estribo / Con las ansias de la muerte / Gran señor, ésta te escribo´ /. Ayer me dieron la Extremaunción, y hoy escribo ésta. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y con todo esto, llevo la ida sobre el deseo que tengo de vivir, y quisiera yo ponerle coto hasta besar los pies a vuesa Excelencia […]. Pero si está decretado que la haya de perder, cúmplase la voluntad de los cielos, por lo menos sepa vuesa Excelencia este es mi deseo”. Esta es la carta de Cervantes al Conde de Lemos.

El Prólogo a su obra póstuma “Los Trabajos de Persiles y Segismunda”, redactado de un tirón el 20 de Abril de 1616, y cuya obra apareció en Madrid en 1617, contiene estas otras palabras: “Mi vida se va acabando y al paso de las efemérides de mis pulsos, que, a más tardar, acabarán su carrera este domingo, acabaré yo la de mi vida […]. Adiós gracias, adiós donaires; adiós regocijados amigos: que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida”. Sirvan estas dos pequeñas joyas de nuestro castellano, como ejemplo de la maravillosa prosa cervantina, y sirvan también para situar todos sus textos en su verdadero lugar. Con Miguel de Cervantes, aparte de tantas injusticias cometidas en vida, desde el Propio Felipe II hasta otras muchas pequeñas gentes, se ha cebado la Historia en crasos errores. Ya he comentado, en las aludidas entradas de este mismo Blog, el pasado año, el relativo a la verdadera fecha de su muerte -tal vez en el intento de hacerla coincidir con la de William Shakespeare y con la del Inca Garcilaso de la Vega, el gran escritor peruano Gómez Suárez de Figueroa (Cuzco, Virreinato del Perú, 1539-Córdoba, España, 23 de Abril de 1616). Y ya dije el pasado año que la muerte de estos tres escritores se produce en tres fechas distintas, si bien, en lo que se refiere a las de Cervantes y Gómez Suárez de Figueroa, la diferencia es tan sólo de un día, y no caben discrepancias en cuanto al tipo de calendario, porque ambas han de computarse conforme al Calendario Gregoriano, establecido en España en 1582, y no así en lo relativo a la muerte de Shakespeare, porque, en Inglaterra, continuaba en vigor el Calendario Juliano, con lo que, el 23 de Abril, equivalía al 3 de Mayo, eso sí, ambos del año 1616. El error, en este último caso, no se debió a ningún español, sino al inglés John Bowle, primer comentarista del Quijote, y su difusión a Victor Hugo, que, en relación con la muerte de Shakespeare, escribió: “Tenía ese día cincuenta y dos años justos, pues había nacido el 23 de Abril de 1564. Este mismo día, 23 de Abril de 1616, murió Cervantes, genio de la misma altura”. Ciertamente, las discrepancias se fueron manteniendo desde 1749, hasta que Astrana Marín, en 1936, impugnó la interpretación dada a la partida de defunción de Cervantes. La fecha del 23 de Abril, es la de la inhumación, tras velar el cadáver la noche del 22 al 23.
Sin duda tal error, es lo de menos, porque, en cuanto a injusticias, siempre mucho más graves que los errores, muchas se cometieron en vida del genial escritor, desde la de su exilio a Italia, sospechoso de un equívoco delito de honor; su exclusión de la pléyade de intelectuales de su época (“ingenio lego”, llegó a llamarlo Lópe de Vega, no satisfecho de haberlo “expulsado” del Teatro, sin duda por los propios méritos de Lópe, muy superior en el género; su cautiverio en Argel; el intento de robo del Quijote y la burla del falso, de Avellaneda… Y, por último, el desplante final de Felipe II, tras el que hubo de correr hasta Lisboa, pese a ser un héroe de Lepanto bajo las banderas de su propio hermano, Don Juan de Austria. ¡Pobre Cervantes! Pero él, estaba persuadido de haber alcanzado una obra maestra, única, que superaba con creces su fracaso en el Teatro y la falta de talento en la Poesía, como él mismo llegó a reconocer: “…la gracia que no quiso darme el Cielo”. Pero, el propio Cielo le otorgó la gloria. Luis Madrigal.-
Arriba "Agonía de Cervantes", de Eduardo Cano de la Peña, en el Museo de Bellas Artes de Sevilla

viernes, 17 de abril de 2009

ENRIQUE BAYANO, El Poeta de Madrid




Paseaba yo, esta misma mañana, mi tristeza (en unión de mis frustraciones y hasta mi indignación por la hora presente que vivimos), por la Gran Vía de Madrid, la gran arteria urbana que abrió aquel gran Alcalde que fue el Conde de Peñalver. Caminaba, sin ver, y casi sin oír, pese al estruendo que habitualmente se produce en tal lugar, motivo de ubicación y títulos de zarzuelas importantes, siempre relativas a Caballeros. El de Gracia, que bailaba tan alegre aquel vals, no debería andar muy lejos del punto exacto en que me encontraba, pero hoy el cuadro que pude contemplar, no era de ese tipo de desamprensivos gandules a quienes, demasiadas veces, se ha llamado "caballeros", sino de otro aspecto mucho más entrañable para mí, sin duda también mucho más romántico y, sobre todo, creo yo, bastante sobrecogedor. Tampoco es, ni para gastar bromas, ni para perderese en bucólicos romanticismos teóricos. El hecho es que, placidamente sentado, al pie de la entrada principal de la "Casa del Libro", de Espasa Calpe, se encontraba lo que, en principio, me pareció un mendigo y, sin embargo, resultó ser mucho más que eso. Era un poeta. No pedía limosna, ni mucho menos. Simplemente, ofrecía sus poemas a cambio de "la voluntad", ese dicho tan breve, y tan tradicionalmente español, que demasiadas veces se ha identificado con el hambre, cuando no con la miseria. Pero, el hombre que allí permanecía sentado, junto al anuncio de sus "servicios" y de un pequeño cajoncito en el que los transeuntes depositaban algunas monedas, no era un hambriento, ni tampoco un desaliñado. Vestía humildemente, pero con absoluta corrección y decoro. A su lado, yacía también un mazo o bloque de folios blancos, ya previamente escritos. Eran lo que él llamaba sus poesías, de las que estaba dispuesto a desprenderse, más que por una cochinas monedas, por la mera oportunidad de hablar con alguien. Yo, me acerqué, sorprendido de la "mercancía" ofrecida y, con la mayor sinceridad, le dije: "Señor, yo también soy poeta, aunque quizá no tan bueno como usted...¿Me permite que charlemos un momento?". El hombre, sin levantarse del suelo, en el que se encontraba sentado, lo que sí levantó fue la vista, para mirarme agradecido y mostrarme con un gesto de la mano su producción literaria. Inmediatamente, nos hablamos de "tu". Me dijo que se llama Enrique Bayano, pero que prefiere usar el título con el que hace ya tiempo fue distinguido: "El Poeta de Madrid". Un poco presuntuoso me parece eso, Enrique, le dije, en Madrid ha habido y seguro que todavía queda alguno, muchos grandes poetas. Pero, él replicó que hacía ya muchos años -creo que me dijo más de catorce- que ejercía su arte poético en el mimo lugar, sin moverse de él, al pie de "La Casa del Libro" y que, aunque sólo fuese por tal motivo, bien ganado se tenía el título. Además, me mostró las fotografías que tiempo atrás le hizo Leo Cobo publicadas en Internet, en el Blog o Colección de Flickr, de las que me ofreció la referencia, autorizándome expresamente a reproducirlas aquí, lo que le agradecí en el alma. También le pregunté si conocía a mi buen amigo el desdichado poeta Alphonso Carbajal, (que recientemente ha cerrado su Blog de Poesía Clásica, por temor al plagio, aunque yo creo que exagera) y, naturalemente, me dio que no. Por último quise saber si escribía Sonetos, y me dijo que sí, que cultivaba todo tipo de estrofas, pero que, en aquel momento, no había llevado ningún Soneto "porque a la gente, eso no le gusta", me aclaró. "Tengo algunos octosílabos", me dijo... "¿Los quieres..." Naturalmente, acepté encantado. Lo que pensé iba a ser algo pasajero, se convirtió en cerca de una hora de charla con un coléga, con quien se podría hablar de ello, mucho mejor, con mucha mayor seriedad, que con otros "poetas" y "poetisas" que dicen serlo, pero cuya sensibilidad real, y no la formal, cuando así cabe apreciar, anda por el suelo, con la aspereza propia del papel de lija. Enrique, no. Él es un poeta de verdad, aunque no encuentre editor -yo tampoco- sin duda porque Enrique es pobre, ni ha tenido a su alcance un "papá" rico, cuando no Presidente del Gobierno, o al menos algún tío director de periódico. Cuando le dije que yo podría publicar sus octosílabos en este humilde Blog, advirtiéndole expresamente de ello, de que mi Blog no era la "Casa" en cuyos aledaños se encontraba sentado, Enrique se mostró igualmente satisfecho y hasta contento. Seguramente, no podrá leer su composición, salvo que acuda a algun "Ciber", como a veces me dijo hace, para ver qué es lo que los grandes poetas y poetisas, que por esos mundos de Dios andan sueltos, dicen en Internet. Y me alargó el folio que he escaneado, para que puedan y podais todos -poetas y poetisas del mundo- apreciar la Poesía de Enrique Bayano, el Poeta de Madrid, que en plena Gran Vía, está dispuesto a demostrar que la Poesía no "se vende", no es un producto de mostrador, y por ello, tan sólo pide "la voluntad", lo que cada cual libremente quiera depositar en su cestito... Por eso, yo no le di a cambio, ninguna sucia moneda, ese escremento de Satanás que decía Papini era el dinero. Por eso, porque la Poesía no se puede "vender" y, además, porque desde hace algún tiempo, tengo el más firme propósito de hacerme amigo de los pobres, de los que no sólo carecen de editor, sino de casa para dormir a cubierto. Por eso, querido Enrique, acepté tu Romance, justo en el metro propio de nuestro "Romancero", cuyo facsimil ahora mismo publico, como te prometí. Y, como te prometí, también volveré a visitarte, en tu "agora", para volver a charlar contigo de Poesía. Este, que puede verse arriba, bajo la fotografía de Enrique, es el Romance. ¡Felicidades, amigo y colega, por esta primera aparición de tu obra en Internet! No creo que desentone demasiado de otras muchas. De las mías, por ejemplo. Luis Madrigal.-

Y, también en honor de Enrique y de todos los poetas pobres y anónimos, carentes de editor, quiero publicar a continuación, al pie de este mismo texto, el glorioso canto académico con el que Haendel quiso ensalzar al Arte y a la Ciencia, que no conocen fronteras y pueden habitar en cualquier parte. Hasta, en el suelo, al lado de "La Casa del Libro", y que, sin duda por ello es el canto que, entre otros, forma parte del protocolo seguido por la Universidad española en la investidura de un Doctor.



jueves, 16 de abril de 2009

UN CUADRO DE FLORES DE JOSÉ MANUEL FONFRÍA


José Manuel Fonfría, amigo muy querido para mí, y a cuyas marinas ya me he referido en alguna otra ocasión, además de este género que toma el mar por objeto principal y casi único -actualmente José Manuel es el Presidente de la Asociación Española de Marinistas, además de Academico de la Real de la Mar- solía también pintar bodegones, de flores la mayor parte de las veces, y algunas otras verdaderas maravillas en miniatura de bodegones litúrgicos. Hoy quiero recordarle, aunque espero y deseo volver a verlo pronto en persona, en uno de sus cuadros florales, tomado de uno de los catalogos que conservo. Si título es, "Flores silvestres y rosas". La gran humanidad y la gran humildad de José Manuel, como persona y como artista, le hace anteponer las flores del campo a las solemnes y aristocráticas rosas, a las que no obstante iguala y hermana en la magnífica pintura que ilustra esta entrada. Un fuerte abrazo, José Manuel. Luis Madrigal.-