miércoles, 16 de diciembre de 2009

AQUEL LAGO TAN AZUL



¡Ay, Lago de aguas mansas, tus riberas
se habrán cubierto de casitas claras
en las que el sol se mira, y resplandece
hasta su rayo hallar -serena-
meciéndose una barca!

¡Ay, ondas de cristal, orillas verdes,
cielos azules, con unas nubes blancas,
ya no puedo teneros, no os veo,
que nadie os acerca hasta mi casa!

¡Ay, aire azul, pronto colmado de estío,
bajo un cielo cobalto, tachonado
de estrellas fulgurantes en la noche,
cuando la tarde cae
y una ilusión levanta!

Ya nunca volveré, ni en la distancia,
a gozar del encanto que gozaba...

Ya nunca más sabré qué ha sido de vosotros,
ni si seguís allí...

Si nadie os mira ya...
¡quién os mirara!


Luis Madrigal




martes, 15 de diciembre de 2009

¿QUÉ HARÉ SIN TU RECUERDO?



¿Qué haré si pierdo tu recuerdo
y... hasta tu nombre y, sin saberte,
te fundes con la niebla?
¿Donde iré entonces si ya, ni tu memoria,
puedo tener, en el afán dormido
de mi sueño despierto y palpitante?
¿Tenías nombre...? Sí... Apenas
si puedo retenerlo... Sólo evoco
aquel dulce mumullo de tu eco celeste
que, como canto matutino,
buscaba la hora en la que el sol
ilumina todas las sombras
y tiñe de oro la más verde esperanza...
Si ya ni te recuerdo, ¿qué haré entonces?

Luis Madrigal





sábado, 12 de diciembre de 2009

OTRO SONETO A LA LUZ DE LA LUNA



NO PUEDO VIVIR DE NADA

No puede el sentimiento cobrar vida
si la vida no se hace sentimiento;
ni es posible que el grito o el lamento
rasguen el aire antes de la herida.

Ni una llegada antes que una partida,
ni una torre espigada sin cimiento,
ni hoja que murió tendida al viento,
ni el llanto sin el alma dolorida.

Nada fue, y sólo es nada lo que tengo.
Y, sin nada tener, soy un suspiro
perdido en la distancia. Un voy que vengo

de la nada que soy, y a la que miro
mientras el tiempo corre y se hace luengo.
Y, sin sueño, ni luz, sólo deliro.


Luis Madrigal



viernes, 11 de diciembre de 2009

¡OH, LA POESÍA...!


NUNCA...

Si nunca podré verte, ya mi suerte
está escrita en el agua, o en la arena
de una playa lejana. O en el aire.
Tal vez, vive en una botella naúfraga
que sucumbió en el Mar.

Si nunca oiré tu canto, mis oídos
han muerto, y el silencio se ha hecho eco del trueno
cuando el rayo ilumina mi noche oscura.
Quizá arrulla en la noche de estío
mi letargo invernal, bajo la nieve.

Si nunca te miraré a los ojos,
¿para qué ver?, pese a que los míos
pugnen con la luz, para apresar el color
y alimentar mi memoria, mientras tu cuello de cisne
se eleva sobre las más altas montañas.

Si nunca he de tomar tu mano,
al arrullo de las olas,
nunca podré volar y, en vez de elevarme hasta el cielo,
vagaré errante por los caminos polvorientos,
que herirán mis pies y harán sangrar mi alma.

Luis Madrigal





OTRA VEZ LA LUNA


Cuando no tengo ganas de escribir, o no tengo que decir nada que no se haya dicho ya, prefiero escuchar una música. Y ninguna tan dulce como la que ya tantas veces he oído, imaginando mientras la esucho que la Luna, ese misterioso cuerpo celeste que se desgajó de la Tierra, sin duda al encontar en ella tantas miserias, se halla en ese momento plenamente iluminada sobre mi cabeza, o más bien entre alguna nube de gasa o de algodón. Entonces, mientras escucho, pienso... Y, mientras pienso, no puedo encontrar otra explicación posible a la vida sino la del amor. Porque, fuera de él, nada tiene sentido. Luis Madrigal.-



martes, 8 de diciembre de 2009

¡QUÉ ALEGRE LA MAÑANA...!


No hacen falta muchas palabras. La mañana es alegre y feliz, porque -aunque sea un misterio incomprensible para la mente humana- ya desde el principio del tiempo, el autor del tiempo, que es el principio y el fin de todo cuanto ha sido creado (con evolución o sin ella, pero parece ser que con ella, no hay problema), quiso hacerse parte de lo creado en lo que se refire a esa creatura que llamamos el hombre. Y para ello, tenía que albergarse y surgir a la vida, a la misma vida humana, de una Mujer de nuestra propia naturaleza y especie, de nuestra propia raza. Y, por ello, dijo San Agustín aquello de que, de todos las casas que Dios ha fabricado, la más grande, la más pura, inmaculada, era María de Nazaret, nuestra Madre del Cielo, porque así nos fué generosamente otorgada. El que iba a nacer, para humanizarse y para divinizar al hombre, eligió desde el principio del tiempo su más grande y pura morada. Pero también hubo de ser aceptada, por aquella Mujer: "Aquí, está la esclava del Señor; hágase en mí lo que tú has dicho".Y por eso, hoy, la mañana es tan alegre y feliz. Lo es para nosotros, para quienes nos explicamos así el misterio. A nosotros, los cristianos, así nos vale. No, ciertamente, para todos los hombres, para quienes tengan y tienen otras explicaciones, que son las que les valen a ellos. Pero, todas ellas conducen al mismo principio sin causa, sin cuyo ser realisimum, el que buscaban los filósofos presocráticos, no podría tener explicación esto que llamamos el mundo y la existencia. ¿Acaso no sería absurdo?. Feliz mañana, feliz día. Luis Madrigal.-


Arriba "Inmaculada", del pintor español Bartolomé Esteban Murillo. Aquí abajo, el inmortal "Ave María", de Chubert, cantado por Luciano Pavarotti