lunes, 10 de enero de 2011

CANTO DESESPERADO AL IMPOSIBLE (X)


DIÁLOGO PLANETARIO


I


CUANDO EL SOL SE APAGÓ




El sol se va, declina tristemente
porque llega la noche y ya no hay día…
Por valles y barrancos, mi alegría
se apaga como el fuego un día ardiente.

Yo me cobijo y cierro, dulcemente,
dentro de mí… Fuera, la algarabía
de la hercúlea Ciudad, a mi apatía
nada le hace escuchar. Y suavemente,

sin demudarme, cierro la ventana.
¿Dónde estás tú, si soy sólo conmigo,
ayer igual que hoy y que mañana?

Ya no te oigo y ya no te persigo…
Siento que tu mirada está lejana,
pero otra noche soñaré contigo.




II


LA LUNA ME MIRABA




La luna me miraba y me decía,
a través del cristal de mi ventana:
Ella no está… Ahora, en su mañana,
tiene con fuerza al sol por compañía.

Suya es la luz y suya la alegría
de verse libre al fin y soberana
de aquella estrella cuya luz lejana
dejó de iluminarte, clara un día.

Tuya es la noche y tuya la tristeza
que te inunda, te angustia y esclaviza,
sembrándote el camino de aspereza.

Tuyo el atardecer, de luz plomiza,
que vacía de ti la fortaleza…
Tuya la sombra que te atemoriza.


Luis Madrigal





 

¿PASÓ LA NAVIDAD?



Con la Festividad correspondiente al Domingo, día de ayer, relativa al Bautismo de Jesús  -Bautismo con Espíritu más que con agua- terminaron las Fiestas cristianas de Navidad. Subrayo lo de cristianas. Porque, como puede observarse con claridad, hay muchas clases de "Navidad", o de "Navidades". No quisera oponerme yo a la entrañables reuniones familiares de los que, cercanos o lejanos, compartieron los mismos días de la infancia, en torno al padre y a la madre, en el seno del hogar,  en el marco de esa institución natural que es la familia, sea cristiana o no. Tampoco debo mostrar ningún encono hacia las personas que desean celebrar unas "vacaciones de invierno", entregadas a cuantos gustos o placeres pueden dispensar los sentidos corporales. La sociedad civil, en la que vivimos, es así, y hemos de ser tolerantes y respetuosos con todos. Lo único que yo les rogaría es que no utilicen el término "Navidad", y mucho menos aún los símbolos religiosos relativos a este metahistórico Acontecinmiento, que marca el comienzo de la Historia, mucho más aún en el orden metafísico que en el temporal, del Nacimiento del Hijo de Dios, hecho Hombre. Esto, no, por favor, se lo suplico. Sean ustedes consecuentes con lo que no creen, o dicen no creer, y llámenlo de otra manera. Si no fuera mucho pedir, incluso les agradecería en el alma que eligiesen otras fechas para divertirse. A cada uno lo suyo.

A los que sí creemos, o decimos crer, o queremos hacerlo, dentro de nuestra debilidad e insignificancia humana, he de decirnos, sin embargo, que la Navidad no ha pasado, pese que se hayan terminado las celebraciones un año más. Pero la Navidad, auténtica y propiamente dicha, no ha terminado, por la sencilla razón de que no termina nunca, sino que todos y cada uno de los días del año es Navidad. Lo es, porque el Señor quiere nacer diariamente en nuestro corazón, para que, en su nombre, y con su fuerza y poder, podamos llegar hasta donde Él no puede... No puede, pese a ser todopoderoso, porque, si estuviera patente entre nosotros, ninguno podríamos ser libre, sino esclavo. ¿Quién podría resistir la patente presencia de Dios, con la indubitada conciencia de que lo era, con la misma certeza que se tiene en la del Presidente de los Estados Unidos, por ejemplo?. Por eso, únicamente, Dios no está patente, sino latente, entre nosotros, en todo momento y en todo lugar. Sin embargo no interviene. No puede hacerlo, salvo quebrantar nuestra libertad. Y por eso, nos necesita, necesita que le prestemos nuestro cuerpo y nuestra alma entera, todos nuestros esfuerzos, para llegar a los que sufren la injusticia,  el despotismo de los poderosos, la explotación de los más fuertes, la enfermedad, la soledad, la pobreza  o el desvalimiento y el desamparo. Los cristianos, hemos de ser su "mano larga", con la cual  Él pueda acrariciar la  frente y consolar la tristeza de tantos seres, especialmente de los más humildes, de los que son más pobres, de los que están más solos, de los que se sienten más tristes. Y por eso, siempre es Navidad. Luis Madrigal.-



sábado, 8 de enero de 2011

Música Culta (XXXV) John BLOW (1649-1708)


John Blow

Compositor y Organista inglés

 (1649 - 1708)


Nació en North Collingham, condado de Nottingham. Compuso varios Himnos como el famoso "Lord, Thou host been our refuge" («Señor, en ti está nuestro refugio»); "Lord, rebuke me not" («Señor no me reproches»), y el llamado "himno social", "I will always give thanks" («Siempre daré gracias»), compuesto en colaboración con otros autores. En 1687 fue nombrado maestro de coro de la catedral de San Pablo en  Londres, y en 1695 elegido organista de Santa Margarita en Westminster. Fue el maestro de Henry Purcell, a quien cedió su puesto de Organista de la Abadía de Westminster.  En 1699 fue nombrado para el nuevo puesto de Compositor de la Capilla Real. Blow, que estaba doctorado en Música , fue nombrado también en 1685  músico privado del Rey  Jaime II de Inglaterra. Entre 1680 y 1687, escribió la única ópera que aún sobrevive, "Venus y Adonis". En ella Mary Davies interpretó el papel de Venus, y su hija con Carlos II, Lady Mary Tudor, el de Cupido.








viernes, 7 de enero de 2011

HOY ES SAN RAIMUNDO DE PEÑAFORT






Bueno, en realidad no "era" hoy, pero lo es en el Novus Ordo, fecha más adecuada sin duda, puesto que Raimundo de Peñafort, O.P., falleció, en Barcelona, el día 6 de Enero de 1275 y, lógicamente, tal vez para eludir la coincidencia con la Festividad de Reyes, en el Vetus Ordo, se fijó la del 23 de este mismo mes de Enero. Y en esta última fecha, cada 23 de Enero, yo celebré, durante los cinco años de mi Licenciatura en Derecho, la fiesta del Patrono de todas las profesiones y oficios jurídicos: La Abogacía y Procuradoría, la Judicatura, el Notariado, la Institución Registral y Fiscal y todas cuantas otras actividades profesionales tienen por objeto la Ciencia del Derecho. Éste, aún sigue siendo una ciencia, desde luego, porque ahí está, en los tratados, en las colecciones de Dictámenes o de Jurispridencia. Lo que sucede es que últimamente, desde hace ya quiza excesivos años, tal ciencia no se aplica, con  -tal vez-  las únicas salvedades o gloriosas excepciones  -en lo que respecta a la Ciencia, y no simplemente al "negocio"-  del Notariado, cuna de los más grandes civilistas españoles en toda época y de la Institución Registral,  sobre todo si se trata de los Registradores de la Propiedad. Y no se aplica, fundamentalmente, porque no se conoce, porque se ha desvirtuado la sal y ya no se puede salar. El Derecho, al que algún salvaje ha negado su condición de Ciencia, lo es en realidad. Puede verse al respecto, entre otros trabajos, el Prólogo del Profesor Torcuato Fernández-Miranda y Hevia, a su libro "Teoría de lo social y otros ensayos", que el citado Profesor mantuvo como texto de su asignatura en la vieja Universidad de Oviedo. No es una ciencia de la realidad física, como la Mecánica, la Óptica... y cuantas otras manifestaciones puede albergar la Física, propiamente dicha, la ciencia de la materia, que sería la única Ciencia de todas, considerando que ni aun la Filosofía ni la Matemática (que no es sino una especie o clase de Filosofía) pueden reputarse propiamente ciencias, pese a ser la madre de ellas. El Derecho, es también una Ciencia, pero una ciencia de otra realidad distinta a la materia, una ciencia de la realidad espiritual, podríamos decir, de la inteligencia y la voluntad operando muy diversos efectos en las relaciones de la persona con otras, los vínculos familiares que las ligan, su relación con las cosas del mundo exterior, las convenciones o acuerdos a los que llegan, las obligaciones y deberes que aquéllas contraen y de las que son responsables y, en síntesis, todo aquello que puede formar parte de la realidad social, o del orden económico-social. Precindid de la Física y se caerán los puentes, los edificios y cuantas otras  obras, grandes o pequeñas, toman como ingrediente la materia. Prescindid del Derecho, y se caerá la Sociedad entera, la Civilización, las instituciones fundamentales que hacen posible la vida humana, al lado de la materia y de los bienes materiales.

Y Dios quiera que esto no llegue a suceder nunca. Yo espero que antes, alguien, o algunos, o muchos, o simplemente la contemplación del "abismo" social que podría abrise  -y que ya asoma-  cuando la patada  del propietario en la puerta del inquilino que no paga la renta, sustituya al juicio de desahucio,  o en general, los ciudadanos tengan que caminar por las calles armados de una pistola o de un Colt del 45, como en el viejo Oeste americano, cuando no existía la Justicia. Algo así, necesariamente, habrá de ocurrir, y no tarde, en España, si alguien, digo, o "álguienes", no se ocupan urgentemente de evitar semejante catástrofe. Si la Ciencia del Derecho, no se aplica, tampoco es por mala voluntad de los "aplicadores", ni tampoco de los que la invocan, o desempeñan, dentro de ella, muy distintos oficios o aplicaciones, sino porque, unos y otros, la ignoran, la desconocen casi por completo. Son "músicos" que "tocan de oído"... Los que supieron mucho, muchísimo, una barbaridad, todo lo que había que saber, se murieron. Algunos de los que siguen vivos, ya se han jubilado... Los que quedan, si alguna vez supieron algo, y yo lo dudo mucho en lo que respecta a una gran mayoría, pronto se olvidaron de las cuatro simples cosas que malaprendieron, sin llegar a entenderlas nunca, en su necesaria profundidad. Y, de esta manera, el espectáculo que hoy ofrecen es bochornoso. Impúdico, repugnante, casi tanto como la naúsea que precede al vómito.

Indudablemente, no es posible eximir de este deplorable espectáculo, en primer término, a la Judicatura, a los Jueces, encargados de aplicar la ley y la doctrina legal y científica al caso controvertido, en uno u otros órdenes jurisdiccionales. Muy en general, los Juzgados, en España, están hoy, ahora mismo, en estado de ruina y  descomposición progresiva,  principalmente por la incapacidad de quienes tienen asignada la siempre difícil función de enjuiciar. Pero no son ellos sólamente los culpables. Inmediatamente, en este nefasto orden de imputabilidades, hay que situar a los que hoy se hacen llamar "Abogados", determinantes muchas veces de las salvajadas y disparates que, por su  inexcusable torpeza, cometen después los Jueces, todo ello en medio de un barullo similar a aquel de "la Torre de Babel", cuando las "mecanófrafas" pulsan con su dedito la tecla que no es, o alteran el nombre de los litigantes, o lo sustituyrn por el de otros que persiguen diferente causa. Esto último, ciertamente, es lo de menos, porque siempre resulta facilmente subsanable, aunque sólo a expensas de perder casi la dignidad discutiendo con estas altaneras analfabetas, cuando no auténticas verduleras, a las que la Constitución ha hecho similares en derechos  a todos los demás.

La causa más grave, tampoco radica, sin más, en la elección de los Jueces. Qué lejos de aquella feroz oposición de más de 1.000 temas,  que abarcaban todo el Derecho, en sus múltiples especialidades, tras de la cual, los que la aprobaban, eran enviados durante unos meses a la "Escuela Judicial", y después a efectuar prácticas en un Juzgado, bajo la supervición de otro Juez ya veterno, hasta que al fín se les daba "la suelta", para comenzar la tarea de aplicar el Derecho. De todo eso, se pasó progresivamente, primero al establecimiento discrecional y gratuito de distintos "turnos", llamados de "juristas de reconocido prestigio"; después, prácticamente a cerrar la Escuela Judicial, eliminando la oposición, para ser designado Juez cualquier rapazaco, más bien generalmente rapazaca, tras una entrevista con el Sr. Subsecretario de Justicia. Este sistema tan seguro para la propia seguridad jurídica en la aplicación del Derecho  -y  no digo que otros partidos políticos no lo utilizaran-  fue empleado de modo masivo y sistemático por el PSOE, el partido de los peores, de los mediocres, de los que estaban y están empeñados hasta la méduda en que todos somos iguales y convencidos de que, capturando el Consejo General del Poder Judicial, podrían hacer mangas y capirotes sin cuento, y sin responsabilidad alguna. Y hay que decir que lo consiguieron. Ellos y el sistema político que dicen es la panacea universal, y puede que lo sea, pero tan sólo cuando se pone en manos de pueblos, de colectividades cultas y... ricas. Por desgracia así es. No cuando puede estar al alcance de las mentes más atrofiadas y notablemente inferiores.

Esta barbaridad, relativa al modo de hacer jueces, y permitir que lo sigan siendo tras sus monumentales disparates, únicamente propios de una ignorancia supina e inexcusable, sin embargo, tampoco es la mayor atrocidad. La causa de la causa (y por tanto, según el aforismo tradicional "del mal causado") es esa cosa que antes se llamó con verdadera propiedad, la Universidad, el Alma Mater, cuya misión, entre otras, es la de garantizar la formación rigurosa de quienes a ella acceden. Este "melón", no lo abrieron los socialistas, ciertamente, pero lo han disfrutado ampliamente. Como todos somos "iguales", cualquiera puede ser "Catedrático" de cualquier cosa. En ocasiones, yo me echo a temblar cuando pienso en la formación que hayan podido recibir los médicos españoles, antiguamente respetados y muy queridos en los grandes Hospitales de los Estados Unidos. Porque, en efecto, han transcurrido los mismos días para esta vital y primerísima especialidad científica, la Medidica. Me consuela, tal vez, aquello de la "nota mínima" para ingresar en la Facultad de Medicina y también que, en este caso, la "materia prima" es sumamente delicada. Quizá ello haya poido hacer el milagro de que podamos salir vivos tras entrar en un Hospital. Pero, en lo que concierne al Derecho, ¡vaya por Dios, qué desastre...! Primero la UNED, después los mayores de 25 años... Todo el mundo, incluso de la más infima contextura mental puede ser jurista hoy día en España y, en particular... Abogado. No quisera yo, que lo soy desde hace sin duda demasiados años, presumir de nada, pero el peor alumno de mi curso y promoción, podría hoy ser Magistrado del Tribunal Supremo. Por contraste, por simple comparación. Tal vez por ello, en algún Juzgado, una vez me dijeron  -al invocar yo la Ley y su contenido-  "la ley, ley... olvídese usted de la ley...". Otra vez, un joven Abogado, por entonces, me dijo que yo era "un dinosaurio"... Que, hoy en día (ya entonces) se practicaba, "se hacía", me dijo, un "Derecho práctico..." Y este Deercho, consiste por desgracia, en pedir, declarar y disponer, justamente, todo lo contrario de lo que proclama el verdadero Derecho. El de Justiniano, el del "Codex Iuris Civile", el de Castán, Savigny, Ennecerus, Ihering, Windseid, Planiol y Ripert, Cogliolo, Sánchez Román, Manresa, Garrigues, Valverde, etc. etc. ¿Alguien, alguno o alguna, Jueces y "Juezas", sin excluir a las "Fiscalas",  han oído ustedes hablar alguna vez de estos señores?. Ni se molesten en leerlos. No los entenderían. Luis Madrigal.-


En la imagen superior, pintura que representa a San Raimundo de Peñafort (o, si prefieren los catalanes Raymond de Penyafort), que nació en el lugar del mismo nombre, denominado hoy Santa Margarita y Monjós, en la Comarca del Alto Penedés. Además de su santidad, prestó a la Iglesia un extraordinario servicio. Por encargo del gran Papa Gregorio IX , elaboró las Decretales, promulgadas por el mismo Pontífice en el año 1234, y que consituyeron el primer Cuerpo de Derecho Canónico, hasta la aprobación del Código de 1917, de Benedicto XV. Como es muy natural, San Raimundo de Peñafort es el Patrono, además de todos los juristas, en especial, del Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona. No así del de Madrid, cuya Patrona es la Inmaculada Concepción.

jueves, 6 de enero de 2011

EL UNIVERSO NO ES RESULTADO DE LA CASUALIDAD



¡Cuánto necesitaba yo oír exactamente esto...! Lo que tantas veces, me he dicho desde mi pequeña cabeza, sin ciencia alguna, ni ecuaciones, ni cálculos geofísicos, ni  matemáticos; sin contemplación sideral alguna, tras potentes telescopios; sin saber con exactitud qué es la vida, ni la célula, ni si surgió en el mar o fuera de él… Nada, sin saber yo nada  -¿y qué puedo saber yo, una pobre substancia individual, tan pequeña, tan limitada e inestable en el tiempo, aunque, según se dice de naturaleza racional, acerca de tal insondable e infinito misterio? ¡El universo, el cosmos, la vida, el hombre… yo mismo, esta insignificante “substancia individual" a la que llamo “yo”!  No sabía, no sé nada, pero sí sé una cosa, que bulle dentro de mí, con una poderosa fuerza de convicción: Todo esto que llamamos el cosmos geo-botánico, las galaxias, los sistemas solares, el planeta Tierra, con sus mares, sus montañas, sus salidas y puestas de sol, y todos y cada uno de sus maravillosos parajes, sus amaneceres y sus atardeceres... Todo ello, y cada cosa de entre todas ellas, incluidos cuantos seres vivos alberga, su sistema nervioso, la circulación de la sangre, la capacidad de pensar y recordar, de relacionarse y asociarse con otros seres… Todo, todo eso, no pudo surgir así porque sí, “por las buenas”, sin causa alguna, todo ello fruto de una mera casualidad. No, no pudo ser así. Yo también pensaba, y pienso, al igual que muchas gentes sencillas, buenas, pero incapaces, como yo, de encontrar a la existencia una explicación, una respuesta aceptablemente satisfactoria, que serene mi espíritu, afirme mi camino e incremente mi confianza, que todo ese mundo ha sido obra y fruto de un principio sin causa, e incluso de un principio sin principio y, que por tanto, no podrá tener fin. Y al fin, hoy mismo, lo oigo, lo he oído, porque alguien me lo dice con energía, con fuerza. Con fe. Me confirma en ella, como es propio de su ministerio. Ese alguien, es el Padre Santo de Roma, la cabeza visible del Dios en el que creo, aquí abajo en la tierra. Gracias, Santo Padre, gracias Benedicto, hermano mayor en esa misma fe, porque ahora ya no podré dudar tanto, entre la tibieza y el miedo, y podré ser firme en todos mis actos. Si el universo, el cosmos sideral, el hombre, este pobre hombre que sufre y zozobra tantas veces, este hombre que soy yo, no es una pura casualidad, es que el Buen Dios me ha creado para  Él y, ni mi destino, ni mi vida, se acaban en la tierra con mi muerte, sino que ésta, aunque tenebrosa y aterradora, sólo  es un paréntesis insignificante e inmensamente venturoso y feliz, porque, en virtud de ello, podré contemplar tu rostro, Señor, y con ello la Luz que ilumina para siempre en las tinieblas. Gracias, Señor. Gracias, Santo Padre. Luis Madrigal.-


VATICANO, 06 Ene. 11 / 10:14 am (ACI)

Al presidir esta mañana la Misa por la Solemnidad de la Epifanía del Señor, el Papa Benedicto XVI señaló que "el universo no es el resultado de la casualidad, como algunos nos quieren hacer creer" y en él se puede ver a Dios y su "infinito amor por nosotros".

En la homilía de la Misa que celebró en la Basílica de San Pedro, el Santo Padre se refirió a las investigaciones que durante siglos muchos científicos como Kepler han tratado de hacer sobre la estrella de Belén. Sin embargo, dijo, sus descubrimientos o afirmaciones "no nos guían a lo que es esencial para comprender aquella estrella". Los Reyes Magos que quieren adorar al Niño Dios recién nacido, prosigue, "buscaban las pistas de Dios, buscaban leer su ‘firma’ en la creación, sabían que ‘los cielos narran la gloria de Dios’, estaban seguros de que Dios puede ser vislumbrado en lo creado".

"Como hombres sabios entendían que no es con un telescopio cualquiera, sino con los ojos profundos de la razón en búsqueda del sentido último de la realidad y con el deseo de Dios movido por la fe, que es posible encontrarlo, pues de hecho se hace posible que Dios se acerque a nosotros. El universo no es el resultado de la casualidad, como algunos nos quieren hacer creer".  Contemplando el universo, dijo luego el Papa, "estamos invitados a leer algo profundo: la sabiduría del Creador, la inagotable fantasía de Dios, su infinito amor por nosotros. No deberíamos dejarnos limitar la mente por teorías que llegan siempre solo hasta cierto punto y que – si vemos bien – no están en concurrencia con la fe y no logran explicar el sentido último de la realidad".

Benedicto XVI señaló además que "en la belleza del mundo, en su misterio, en su grandeza y en su racionalidad no podemos no leer la racionalidad eterna, y no podemos hacer menos que dejarnos guiar por ella hasta el único Dios, creador del cielo y de la tierra".
"Si tenemos esta mirada, veremos que quien ha creado el mundo es quien ha nacido en una gruta en Belén y sigue viviendo en medio de nosotros en la Eucaristía, es el mismo Dios viviente, que nos interpela, nos ama y quiere conducirnos a la vida eterna".










 
 

miércoles, 5 de enero de 2011

NOCHE DE REYES: LA GRAN NOCHE DE LA ILUSIÓN





La Noche de la gran ilusión, para los niños y, desde luego, también, aunque menos, para los que ya no son ni somos tan niños. Pero, sobre todo, se hace difícil pensar  -aunque por desgracia también las haya-  en personas que siendo niños no fuesen subyugadas por aquella Noche, verdaderamente mágica. También por las humildes Cabalgatas de los años 40-50, en España. Hoy, aun en estos tiempos de penuria o dificultad económica, las Cabalgatas de Reyes, en casi todas las ciudades españolas, son espectacularmente lujosas, lo cual tampoco es un buen síntoma. No es necesaria la riqueza, sobre todo cuando no se tiene, para producir ilusión, y menos en los niños. Sin embargo, permitimos todos que proliferen los regalos, superfluos o excesivos, y tantas otras tradiciones culturales y gastronómicas españolas, como el "Roscón de Reyes", que hoy mismo he podido ver en TV ha llegado hasta Nueva York, a través del Hermano Méjico. Todo esto,  en último término, está muy bien, pero a mí me parece que faltan algunas cosas. Sin duda hasta más importantes, según creo.

No diré yo que, entre ellas, sean las de carácter religioso las más importantes, entre las omitidas o ignoradas. Y la razón, también me parece sencilla. Estos personajes, los Reyes Magos, sí, es cierto que aparecen en el Evangelio (Mt. 2, 1-12), no así en los de Marcos, Lucas y Juan, pero la Autoridad de la Iglesia ni sabe si eran "magos", ni si eran "tres", entre algunas otras cuestiones.  Fueron Tertuliano y Prudencio, en cuanto a la especie, quienes los convirtieron de "magos" en "reyes" y, en cuanto al número, se ha hablado de otros muy diversos, llegándose a decir que incluso eran hasta diez. Por ello, lo que, esencialmente, la Iglesia proclama, con ocasión de esta Festividad, es que Cristo Jesús, una vez nacido hecho Hombre, se manifiesta a todos los hombres, por lejanos puedan encontrarse de Él (y no tan sólo geográfica o físicamente), porque la fiesta de mañana no se llama de "los Reyes Magos", sino de la Epifanía del Señor y eso, epifanía, no significa otra cosa sin manifestación. Dios se nos manifiesta a todos,  buenos o malos, creyentes o no, pero nosotros , unos y otros, miramos hacia otro lado, sobre todo a  las luces y los escaparates de los comercios, a las pastelerías y demás lugares que poco o nada pueden tener con Dios, y dejamos de mirar en cambio a los que nada tienen, o sufren, o se encuentran solos. Para esos, no "vienen" los Reyes.

Sin embargo, con ser esto un escándalo, en mi humilde opinión la circunstancia más ignorada y maltratada, incluso por personas cultas, o que podría decirse de ellas no están tan asilvestradas, ni son tan lanares, como la gran mayoría, es el acontecimiento, o la reseña de carácter y naturaleza estrictamente cultural. ¿Cuántas serán las personas que ignoran, y por ello tampoco pueden decírselo a los niños, que en la Biblioteca Nacional de España, en Madrid, se conserva el original de un fragmento de la primera muestra del Teatro español de todos los tiempos. Este fragmento, fue hallado, a su vez, en la Biblioteca de la Catedral de Toledo, por el Canónigo de su Cabildo, Don Felipe Fernández Vallejo, en época que no sabría yo precisar, pero a cuyo texto puso nombre Menéndez Pidal, en el año 1900, denominándolo "Auto de los Reyes Magos". En alguna página de Internet (y qué peligrosas son algunas) he podido observar se dice que esta obra incompleta, pertenece al teatro "romántico" español. Sin duda, es decir, con absoluta certeza, este disparate tan sólo puede obedecer a un error del transcriptor, que debió querer decir, "románico". Esto, sí es cierto, porque el "Auto de los Reyes Magos", es la única obra que poseemos del teatro religioso medieval anterior al siglo XV. Digo "religioso", porque actualmente está fuera de toda duda que los orígenes del teatro medieval  -en España con absoluta certeza-  se encuentran en las solemnidades religiosas. El punto de partida debieron constituirlo los cantos alternados, o los diálogos litúrgicos, llamados "tropos", que alcanzaron gran éxito en la Edad Media, y que la Iglesia Católica conserva aún en algunas festividades.

Lo cierto es que los expertos han coincidido totalmente en que la lengua del manuscrito encontrado en Toledo corresponde a finales del siglo XII, o a lo sumo a principios del XIII. De este texto manuscrito, como no podía ser de otro modo (ya que Gutenberg no consigue la imprenta hasta 1440) se conserva, como ya he dicho, un único fragmento que contiene 147 versos. Por la escena, pasan sucesivamente, Caspar, Melchior y Baltasar, y cada uno declara haber visto la estrella milagrosa. En consecuencia, se reúnen y deciden seguirla hasta hallar al Dios Niño. Eso  mismo dice San Mateo: "y entrados en la casa  -no dice en ningún "portal"-  vieron al niño con María, su madre, y de hinojos le adoraron..." Se haría demasiado largo reproducir aquí todo el texto del que se dispone, pero no resisto la tentación de ofrecer el relativo al final de la Escena I y comienzo de la Escena II:
                      
MELCHIOR:              Val, Criador, a tal facienda
                            ¿fue nunca alguandre fallada
                             o en escritura trovada?
                             Tal estrella non es en cielo,
                             de esto soy yo buen estrellero;
                             bien lo veo sin escarno
                             que un hombre es nacido de carne
                             que es señor de todo el mundo.
                             Así como el cielo es redondo;
                             de todas gentes señor será
                             y todo siglo juzgará.
                             ¿Es?  ¿Non es?
                             Cudo que verdad es.
                             veer lo he otra vegada,
                             si es verdad o si es nada.
                             Nacido es el Criador
                             de todas las gentes mayor;
                             bien lo veo que es verdad,
                             iré allá, por caridad.
 
 
CASPAR:                Dios vos salve, señor; ¿sodes vos estrellero?
                            Decidme la verdad, de vos saberlo quiero.
                          ¿Vedes tal maravilla?
                            Nacida es una estrella.
 
BALTASAR:            Nacido es el Criador,
                           que de las gentes es señor.
                           Iré, lo adoraré.
 
CASPAR:               Yo otrosí rogar lo he.


Pero, nadie se inquiete, porque gracias al Excmo. Ayuntamiento de Colmenar Viejo, pueden si lo desean, no sólo leer, sino escuchar y ver. Que sean ustedes muy felices. Que lo seáis todos, amigos. Luis Madrigal.-



 

martes, 4 de enero de 2011

EL VILLANCICO ES DE IBERO-AMÉRICA (XII)


PORTUGAL













ESPAÑA







Asturias








León











CATALUÑA








PAÍS VASCO









ANDALUCÍA

 











CLÁSICOS TRADICIONALES ESPAÑOLES