jueves, 3 de marzo de 2011

SE ESFUERZA LA RAZÓN... PERO EL AMOR NO MUERE



Tiembla inquieta un vela y no se apaga,
aunque muera la cera que crepita,
como un corazón tierno, que palpita,
no encuentra ya el camino mientras vaga.

Errante, sin errar, sin que mal haga
a otro corazón, que fuera habita
y su lejano eco amor concita,
sin que nada lo evite ni deshaga.

No puede el corazón oír razones,
ni la razón sentir... Ni el pecho herido,
mientras gotea sangre, oír canciones.

No puede mi razón, por más querido
sea  -al fin-  el fin de mis pasiones,
al amor dejar hoy, si ayer ha sido.


Luis Madrigal










Música Culta (XXXVIII) Giovanni Battista BONONCINI (1670-1747)




Giovanni Battista Bononcini

(Módena, 1670 – Viena, 1747)


Compositor y Violonchelista italiano del Barroco. Discípulo de Buoni y Colonna, si bien su primera formación musical corrió a cargo de su propio padre, Giovanni Maria Bononcini. Fue Violonchelista en San Petronio de Bolonia, miembro de la Academia Filarmónica y Maestro de Capilla de San Giovanni in Monte. Tras residir en Roma, se trasladó a Viena, donde fue nombrado Compositor de la Corte Imperial. Viajó a Berlín y Londres, al ser allí ya famosas sus óperas, género al que se dedicó fundamentalmente, rivalizando con Händel. Por último abandonó Inglaterra y se retiró a Viena, donde murió en la pobreza. Con él, asi como con su propio padre y su hermano Antonio María, son tres los Bononcini, entre los que es preciso distinguir





martes, 1 de marzo de 2011

EL INVIERNO HO HA TERMINADO... RESTAN 21 DÍAS



PERO PRONTO LLEGARÁ
LA PRIMAVERA



Florecerán las lilas y las rosas
cuando el hiemal retire su pisada…
La blanca nieve, en agua transformada,
vestirá las veredas más hermosas.

Ansiosas por volar, las mariposas
se alzarán en su vuelo, a la alborada.
La luna, del amor enamorada,
alumbrará las noches amorosas.

Tan sólo  -y un día más-  veinte jornadas
han de correr inquietas, tras las horas,
en un reloj de arena condensadas.

Serán entonces claras las auroras
y el sol brillante, en valles y cañadas,
pintará de color las verdes floras.



Luis Madrigal





lunes, 28 de febrero de 2011

YO VI UNA TIERRA VERDE...

SÓLO EN SUEÑOS





Yo vi una tierra verde, como un prado
gigante y húmedo, y azul como el del cielo, que gozaba
de frío y de calor, de Sur a Norte.
Vi cumbres que se alzaban hasta el firmamento...
Ríos azules, que parecen
un pedazo de cielo, al caminar despacio
hacia el gran Mar Dulce,
donde se ensanchan de orilla a orilla
hasta unir y reducir naciones a una sola.



Donde, más abajo, caminan lentas y roqueñas
poderosas moles hieráticas,
que mezcalan tierra y cielo, haciendo azul y pétrea el agua
en una simbiosis cósmica misteriosa...
Cielo y hielo conforman una Bandera
que abraza y acoge al sol en su corazón...



Una tierra tan ensoñadora y enigmática
que a sus altas Sierras, a veces,
en las noches de luna tenue y misteriosa,
bajan las Hadas, desde lo más alto de sus cumbres,
con su cortejo de faunos,
a cantar a los mortales plegarias de amor...



Siguiendo el camino más acertado, puede verse
cómo se agrupan junto a un Lago de ensueño,
con sus playas de arena, sombreadas
por árboles soñolientos  que velan su encanto...
Y, cuando sopla el viento,
hiriendo el agua azul con sus quillas de plata,
ondulan ingenuos balandros de velas blancas
como palomas de paz.
Mil veces he visto esa tierra,
la he pensado y querido,
tanto tanto como para hacerla mía para siempre.
Mil veces la he visto... siempre en sueños.




Luis Madrigal




sábado, 26 de febrero de 2011

NO SABE QUIÉN ES ÉL... (Un Soneto con estrambote y... con toda el alma)




ÉL, SÍ LO SABE



No sabe quién es él, pero él bien sabe
quién lo acogió en su seno y en su nido;
quién lo cuidó, quién siempre lo ha querido
con tanto amor que ni en el pecho cabe.

No hay otro ser que ella más alabe,
y prefiera morir, si lo ve herido;
ni exhale al fin su aliento dolorido,
si la galerna acecha hundir su nave.

Por ello, la tendrá siempre a su lado
y, aun muerta la razón, vaga la mente,
la filial devoción al ser amado

hará que el corazón palpite ardiente
y el hombre, que fue un niño en el pasado,
un beso dejará sobre su frente.


Al despertar la luz cada mañana
y al declinar la tarde, el sol poniente.
 



Luis Madrigal





A mi reciente, y pese a ello querido amigo, Rafael Lizarazo,
de Tunja, Boyacá, Colombia, con todo mi sentimienro y mejores deseos para su buena madre



En la imagen de arriba, el cuadro: "La madre del pintor",
de Ignacio Díaz Olano
(Museo Provincial de Bellas Artes, de Vitoria, País Vasco)
Realismo





viernes, 25 de febrero de 2011

UN RECUERDO Y UN SUSPIRO...




CON EL SUPLICANTE RUEGO
DE VOLAR, A CAMBIO DE UN POEMA




He salido ayer, por Ferrocarril y por primera vez este año, del abigarrado y denso Madrid, hacia el campo infinito e insegregable. Como "Rubín de Cendoya"  -místico español-  yo también veía desde el Tren las cimas de Guadarrama, recortándose sobre el horizonte azul, pero, a diferencia de aquel gran hombre, no podía verlas desde la vertiente de Segovia, pero sí desde la de Ávila. Tampoco me era posible verlas en el fulgor del verano,  como él las vió, pero sí amorosamente cubiertas de nieve.


Mi breve viaje, concluyó a más de 1.200 metros de altitud ("sobre el nivel medio del Mediterráneo, en Alicante"), en Las Navas del Marqués, a 1.221,1 exactamente, en la misma Estación del Ferrocarril. Era consciente en aquel momento de estar viviendo y gozando el día quizá más luminoso, sereno y brillante de toda mi vida. El sol, en lo alto, casi con la fuerza y el brío de Julio, parecía feliz sobre un cielo azul purísimo, libre de toda mácula o brizna de nada que no fuese el invisible y perfumado ozono, fugándose de las inmensas frondas de pinos y abetos.





En el interior de mi viejo Caserón, donde habitan antiguos misterios, hermanados con los duendes de un bosque cercano, el termómetro indicaba una temperatura de 6º Centígrados, pero fuera, en el humilde jardín, ahora en invierno, me esperaba la  inmensa emoción que siempre reclama el espíritu humano, sobre todo cuando siente la premura de aliviar las arrugas y cicatrices del alma.  Allí, entre hojas resecas, residuos aún del otoño, habían visto la luz unas florecillas, tal vez silvestres,  o quizá fruto de alguna antigua siembra de semillas, que orientaban alegres y vigorosas los pétalos al sol, recibiendo la amorosa caricia de sus rayos. Por un instante, pensé en desarraigarlas, para llevármelas conmigo, pero me pareció una crueldad sacrificar su vida, por breve pudiera ser ésta, en una maceta. Por ello, me limité a tomar fotografías y a mirarlas, durante un largo rato, con inmenso cariño.

Un día prometí recordar, cada vez que viese la flor del "diente de león", que en algún lugar del ancho mundo llaman "panadero". Nunca he faltado ni faltaré jamás a mi promesa.





Ayer, en cambio, no vi ningún "panadero", pero, tal vez precisamente por eso, tan sólo pude exhalar un suspiro, ante estas humildes y místicas flores, con el encarecido ruego que les hice. Ya los sabios de la Metereología anuncian nuevamente póximos fríos y lluvias, porque el invierno no ha terminado, ni mucho menos. Por tal motivo, yo les supliqué que, si fruto doloroso de la climatología, son arrancadas de su plácido seno, emprendan sin tardanza el vuelo, a lomos del viento, hacia el soleado Sur, más allá ("plus ultra") del inmenso y Tenebroso Mar, que une y separa, para llevar ese suspiro muy lejos de mí... Y a cambio de mi suplicante ruego -no hay que ser nunca tan pedigüeño ni egoísta-  me quedé un buen momento junto a ellas, mientras escribía y les dedicaba este poema:


FLORES DEL CAMPO


Flores del campo, que nacéis altivas
y libres, sin riegos programados;
sin planes de cultivo, sin testigos
ni tutores, ni layas, ni abonados,
y florecéis un día, hermosas,
incluso sin llegar la Primavera...
Sólo el sol y la lluvia, a su albedrío
os cuidan y aderezan... Os cobijan
los árboles frondosos, que sus ramas
descubren en invierno, por el frío,
para que, así, el calor, anide en vuestro vientre...
Las tienden amorosas, en estío,
para que no os abrase, tan ardiente...
Flores silvestres, campesinas,
sin dueño ni heredad, ni jardinero,
¡qué gozo al veros nuevamente!
-sin tez marchita, en un viejo florero-
nacer, vivir, decirle al viento
que no teméis la fuerza de su encono;
ni a cizalla o tijera, que os arranque
de la tierra salvaje en que nacistéis...
También morís, mas sin saberlo.
Y, sin saberlo, de vuestra simiente,
hacéis viva la tierra, año tras año,
y así vivís por siempre... Eternamente.



Luis Madrigal



 

jueves, 24 de febrero de 2011

EN LAS HORAS MÁS OSCURAS...

SE FUE AQUEL RAYO DE LUZ




¿Cómo pudo brillar, dentro de mi, con tan intenso fuego,
aquel reflejo que, como llama  ardía
desde el Mar lejano,
sereno y cadencioso cuando ríe,
proceloso y oscuro si se apaga?
Ignoto, inesperado, vino a mí un día:
Llegó dulce y calmado, ¿por qué vino?
¿Me vio, quizá, de lejos, cuando abatido,
soñoliento y silente yo lloraba...?
Mientras estuvo, tuve luz, tuve alegría,
ternura, paz... Vibraba
esperando su dulce voz, mi alma cansada,
latente mientras transcurría el día...
Su eco de plata, si era ya noche cerrada.
Un día se apagó... Volvió a su seno...
Desde aquel día, otra vez suspiro y lloro,
camino sin mirar y... sin camino...
no acierto tan siquiera en la pisada.
Antes, reía... Al esperar, vivía...
Ahora, ya no... No espero nada.



Luis Madrigal