jueves, 10 de febrero de 2011

CANTO DESESPERADO AL IMPOSIBLE (EPÍLOGO EN TRECE POEMAS) (VIII)




VIII



HE MUERTO SÓLO CON MI PESO

Pasan y pasan horas, pasa el día...
Eternos pasan años por entero
sin que quiera olvidarte. Y por ligero
pudiera ser el paso, la alegría

más bien será, sin ti, melancolía,
peso abatido en un solar austero,
sin recibir la luz de aquel lucero
que transpasaba ayer mi celosía.

Quiero morir tan sólo con mi peso...
Y solo, sin más aura que la nada,
seré una herida eterna en cuerpo ileso,

seré como alma en pena enamorada
que busca sin que encuentre nunca un beso
de labios que no están en mi alborada.



Luis Madrigal





En la imagen de arriba "Sísifo", de Tiziano, acompañado
de la célebre canción eslava "Los remeros del Volga"

miércoles, 9 de febrero de 2011

CANTO DESESPERADO AL IMPOSIBLE (EPÍLOGO EN TRECE POEMAS) (VII)





VII



LO QUE FUE DEVENIR HOY ES PASADO


Azota el frío el rostro, ya aterido,
y el desamor el alma, que se hiela
por falta de calor, cuando una vela
palpitó un día junto al pecho herido.

¡Cuánto te pude  -amor-  haber querido...!
si el tiempo, que es misterio, ayer congela
su veloz paso y el espacio anhela
unir la tierra al Mar embravecido.

Hoy ya el tiempo no está. El Mar separa
lo que fue devenir y hoy es pasado,
para afligir mi alma acongojada

por lo que pude amar y no he amado,
si cuando aquella vela, ya apagada,
junto a su ardiente llama hubiera estado.



Luis Madrigal



martes, 8 de febrero de 2011

CANTO DESESPERADO AL IMPOSIBLE (EPÍLOGO EN TRECE POEMAS) (VI)






VI



VIVÍA PARA TI


Vivía para ti, sin ser tú mía
y te veías conmigo cada hora,
como a la luz, al despuntar la aurora,
encendían tus ojos cada día.

Por mí veía esos ojos... La alegría
por ti llenaba mi alma, aquí y ahora,
porque nunca era tarde ni a deshora
sin que pudiera ser lo que sería

si una nube, que al sol pone su velo,
se desvanece al fin, y al fin se oculta,
dejando transparente todo el cielo.

Tan sólo aquella luz mi alma exulta...
¡Que el cielo fuiste tú, yo sólo el suelo
 el que ahora, sin ti, hoy me sepulta!



Luis Madrigal







lunes, 7 de febrero de 2011

CANTO DESESPERADO AL IMPOSIBLE (EPÍLOGO EN TRECE POEMAS) (V)




V


SIEMPRE VIVISTE EN MÍ


Siempre vivías en mí e ibas conmigo,
al despuntar la luz y con la luna.
Tu recuerdo era mi única fortuna,
pese a que el mío no esté ya contigo.

Sin saber dónde estás, soy un mendigo
que busca sin hallar... Y sólo hay una
senda que recorrer: A mi alma ayuna,
no le cansa vagar sin más abrigo.

Un vacío sin fondo se hace pleno
cuando pienso que nunca podré verte
y he morir de angustia por ti lleno.

Aun sin dejar por eso de quererte,
como la paja antes ha sido heno,
sólo, sin ti, me queda ya la muerte.



Luis Madrigal





domingo, 6 de febrero de 2011

CANTO DESESPERADO AL IMPOSIBLE (EPÍLOGO EN TRECE POEMAS) (IV)




IV


ERA YA TARDE


Ya no estás... Lo veo y me resigno.
Advierto tu latir lejano, en otros campos
cercanos a mi soledad ,
pero ya no puedo contemplar los tuyos
cuajados de amapolas;
ni tu cuerpo de aire,
entre las divinas aguas
que te bañaban y enzulzaron tu vida.
Dulces aguas, que sintieron contigo
tu despertar al nundo,
cuando agradeciste la vida 
en el ocaso de un día de Primavera,
para mí ya Otoño,
sin que, al otro lado del Mar,
yo pudiera saberlo.
Después lo supe... Ya era tarde,
muy tarde, muy tarde y, en el reloj del comos,
se abrió un vacío sideral
que nunca podrá cerrarse
y, cual agujero negro
de una galaxia misteriosa e infinita,
dispara la luz fuera del alcance de mis ojos,
para sumirme en la oscuridad,
rodeando mis horas
de añoranza y tristeza.



Luis Madrigal





sábado, 5 de febrero de 2011

CANTO DESESPERADO AL IMPOSIBLE (EPÍLOGO EN TRECE POEMAS) (III)




III


SOÑÉ DE NOCHE QUE ERA DÍA


Soñaba yo de noche que era día
y, entre sombras y luz, el sol miraba...
Yo, hacia una estrella quieta, que brillaba
colgada de un lucero.
Quise verla de cerca
y, de un salto ligero,
subí en carro de plata hasta su fuego.
La estrella, dulcemente, sonreía;
olía a amor y libertad, paz y consuelo...
Por ello, tenaz, yo persistía
y doblaba mi impulso con empeño.
Alcé los ojos... Iba a extender mi mano...
La estrella, se apagó.
¡Sólo era un sueño!



Luis Madrigal




viernes, 4 de febrero de 2011

CANTO DESESPERADO AL IMPOSIBLE (EPÍLOGO EN TRECE POEMAS) (II)





II


DESDE LEJOS, TE HUBIESE DADO EL AMOR


Tú buscabas el mar donde no hay olas,
ni algas de cristal... Ni había corales
circundando la tierra, ni había sales,
ni reflejos de luz, ni caracolas...

No buscabas el trigo entre amapolas;
el sol, en el invierno, entre cristales,
ni el Bien, para vencer todos los males...
Segundos de fulgor más que horas solas.

No me buscaste a mí, que entre mis brazos
te tuve, sin saber, desde la cuna
y te oculté a mis ojos, sin más lazos

que los que, puros, trajo ayer Fortuna...
De haberme a mí, aun hecho mil pedazos,
te hubiese dado amor, bajo la luna.





Luis Madrigal