EN ESPAÑA ES OTOÑO

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Que lo sea siempre en paz

sábado, 26 de julio de 2008

GRACIAS, SEÑORA


María Eva Duarte Ibarguren nació el 7 de mayo de 1919 en la Ciudad de Junín, en el campo "La Unión" (a 20 kms. de Los Toldos, Provincia de Buenos Aires, República Argentina) perteneciente a su padre, Don Juan Duarte. Eva fue una niña de pelo castaño y piel color mate, hecho al cual tendrá que deberle gran parte de su fama y belleza, ya que una tarde al sentirse atraída por las llamitas azules de un moderno calentador a gas, el contenido de una olla con aceite caliente caería sobre su rostro, originando aquella piel blanquecina y radiante que todos los argentinos, y también los españoles, de aquella época conocimos.

Infancia y adolescencia

Su historia comenzó un 7 de mayo de 1919, en Los Toldos, cuando Juana Ibarguren dio a luz. La precedían cuatro hermanos: Elisa, Blanca, Juan y Erminda. Su padre, Juan Duarte, había llegado allí a comienzos de siglo y había arrendado el campo de La Unión con ánimo de prosperar. Pertenecía a una influyente familia de Chivilcoy y allí tenía, de su unión con Adela D'Huart, varios hijos. Hombre próspero y de prestigio entre los conservadores del momento, patrón de estancia, típico puntero en las lides políticas del momento, fue nombrado suplente del juez de paz en 1908.

Pero 1919 ya no era tiempo de conservadores. Desmontada por Yrigoyen la maquinaria que impedía en las provincias la libre expresión, cayó el bastión conservador de la provincia de Buenos Aires. El intendente Malcom, amigo personal de Juan Duarte, fue reemplazado por el radical José A. Vega Muñoz. La estrella de Juan Duarte comenzó a decaer y las dificultades económicas, a hacerse presentes.

El ofrecimiento de administrar campos en la localidad vecina de Quiroga hizo que se trasladaran allí, donde sólo permanecerían un año. Como Quiroga no ofreció las posibilidades esperadas, regresaron a Los Toldos. La situación se agravó con la muerte de Duarte, que falleció el 8 de enero de 1926 como consecuencia de un accidente automovilístico en Chivilcoy. A partir de entonces, el problema de la subsistencia -recordaría Erminda Duarte en su libro "Mi Hermana Evita"- "se convirtió en una lucha que día a día tomaba nuevas formas" .

A los ocho años, Eva comenzaba la escuela primaria. Cursó en Los Toldos primero y segundo grado. Al llegar el año 30, Juana decidió partir con su "tribu", como le gustaba llamar a su familia. Eva fue inscrita en la Escuela N°1 "Catalina Larralt de Estrugamou", en 3° grado y comenzó a destacar por su afición a declamar poesías.

Aquello que Eva misma llamaría su "extraña y profunda vocación artística" crecía al amparo del cine del pueblo, de las audiciones radiofónicas y de las colecciones de fotos de artistas. A su amparo, debió también plantearse la primera elección: ¿Ser una chica pueblerina y "casadera", como tantas otras en Junín?; ¿ser maestra, como Blanca?; ¿emplearse, como Elisa?. Corría 1935 cuando Eva tenía en claro la respuesta: quería ser actriz.

Algunos la describen como una cenicienta que en su corta vida pasó de la pobreza extrema al poder y la gloria. Desde su infancia, Evita siempre quiso ser actriz. A los 15 años un cantante de tango la llevó a Buenos Aires, porque quería ser estrella y conquistar la gran ciudad. En la capital argentina vivió en pensiones, actuó en pequeñas compañías de teatro y en la radio.

Esta etapa de la vida de Eva sufrió un cambio radical cuando se casó con el General Juan Domingo Perón, quien siendo militar llegó a la Presidencia de la Nación en tres ocasiones (1946, 1951 y 1973), mediante el voto democrático popular. Eva es considerada como la heroína del peronismo, debido a que, siendo esposa del Presidente de Argentina, y a pesar de no tener participación oficial en el gobierno del país, ayudó a organizar el movimiento de los trabajadores, de sus "descamisados", como ella les llamaba, y consagró el derecho al voto de la mujer. Al igual que ganó incondicionales seguidores entre las clases populares, también ganó fuertes enemigos, en su mayoría de la clase alta del país. Eso le honra muy especialmente.

Sus actividades de ayuda social tuvieron como cuartel central la Fundación "Eva Perón", la cual tuvo una historia muy peculiar. La Fundación fue algo que a Evita se le presentó a su regreso de un viaje a Santa Fe y hasta, se podría decir, que fue una revancha. “Señoras de los oligarcas" (así denominaba a los estancieros y la alta sociedad), que la habían rechazado por ser joven y no muy instruida en los protocolos para constituir esa sociedad.

Eva recibía todos los días a los humildes en un gran despacho de la vieja Secretaría de Trabajo, que funcionaba como sede de su Fundación; muchas personas han vividos situaciones allí que realmente demuestran cuan grande fue Evita.

Eva Perón, fue una mujer apasionada e implacable, cuya belleza era superada solamente por su energía; una esposa enamorada, amada y odiada. Una mujer que a los 33 años, víctima del cáncer, encontró la muerte el 26 de julio de 1952. “El fin se aproximó, la mañana transcurrió normalmente, pero a las 10 horas entró en un sopor del que ya no saldría; los médicos comunicaron a las 17 horas estado de coma. A las 20 horas se comunica que la salud de la enferma ha empeorado. El lecho es rodeado por todos sus hermanos y más allegados colaboradores. A las 20 y 23 horas el Doctor Taquini mira a Perón diciendo: No hay pulso. A las 21 y 36 el locutor J. Furnot lee por la cadena de radiodifusión: "Cumple a la Secretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación, el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20:25 horas ha fallecido la Señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación. Los restos de la Señora Eva Perón serán conducidos mañana, al Ministerio de Trabajo y Previsión, donde se instalará la capilla ardiente.” El cuerpo de Eva Perón fue embalsamado, y sepultado un año después, en el panteón familiar. Fue una mujer que alcanzó el éxito, pero sin perjuicio de ello muy humana. Y muy querida, no sólo por los argentinos, sino también por los españoles de aquellos días.

Eva y Perón: La política

El 15 de enero de 1944 un terremoto destruyó el 90% de los edificios de la ciudad de San Juan. Murieron 7.000 personas y quedaron 12.000 heridos. Desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, Perón organizó una movilización nacional a la que fueron invitados los artistas más populares. Eva Duarte participó enla colecta por los damnificados. El 22 de enero se realizó un gran festival en el Luna Park a beneficio de las víctimas del terremoto. Eva Duarte y el coronel Perón comenzaron una relación que legitimaron socialmente el 9 de Julio, en la función de gala del Teatro Colón. Dos días antes, el General Farrell -presidente desde el 11 de marzo (tras la renuncia de Ramírez)- había designado vicepresidente de la Nación a Perón, reteniendo éste su cargo en la Secretaría y en el Ministerio de Guerra, el que le había sido confiado poco antes.


El 6 de mayo de ese mismo año Eva había sido elegida presidente de la Agrupación Radial Argentina, entidad de propósitos solidarios y gremiales de la que fue fundadora en 1943. Perón se había convertido en el hombre clave del gobierno y en la figura más irritante para la oposición. La presencia de Eva y el lugar que le había otorgado Perón fueron un blanco para los propios camaradas de armas. Si el Coronel era un hombre atípico, la mujer que estaba a su lado lo era aún más: había decidido estar junto a un hombre, no detrás de él. Y Perón lo había aceptado. Inadmisible por entonces.

El 13 de octubre de 1945, un sector de la oficialidad logró imponer la renuncia de Perón a todos sus cargos. Fue detenido y trasladado a Martín García. En la madrugada del 17 de octubre los obreros comenzaron a abandonar sus lugares de trabajo y se volcaron a la Plaza de Mayo: exigían la presencia del coronel. Por la noche Perón se asomó al balcón de la Casa Rosada y anunció la convocatoria de elecciones. Sobre el papel desempeñado por Eva en la crisis del 17 de octubre la evidencia es sólo testimonial, sino contradictorio, en el estado actual de las investigaciones. En tal sentido, y según el caso, la hallamos peleando entre sus hombres codo con codo (Alberto Merlo), tendiendo los hilos del movimiento, llevando a la gente a la plaza y poniéndose, el 17, a la cabeza de los descamisados (Perón), sin tener ninguna participación en la movilización (Cipriano Reyes), o ausente en la descripción de los sucesos (Luis Monzalvo). Pero Eva no se adjudicó en ningún momento un papel conductor en la jornada: Perón fue reconquistado por el pueblo.

Desde Martín García, Perón le había escrito dos cartas. En una de ellas le decía: "Hoy he escrito a Farrell pidiéndole acelere mi retiro: en cuanto salgo nos casamos y nos iremos a cualquier parte a vivir tranquilos". El casamiento civil se llevó a cabo el 22 de octubre; el religioso, el 10 de diciembre; lo de vivir tranquilos en cualquier parte, no llegó nunca...

El Partido Laborista consagró la fórmula Perón-Quijano para las elecciones que habrían de celebrarse en febrero de 1946. A fines de diciembre se inició la gira proselitista por el interior del país. "El Descamisado", el tren de la campaña, andaba y desandaba caminos.

Por primera vez en la historia del país la esposa de un candidato lo acompañaba. Estaba junto a él en los actos, repartía escudos partidarios, tenía contacto directo con la gente… Se perfilaba otra mujer: Eva entraba decididamente en la política. El 18 de febrero dio un paso más: se celebró un mitin de las mujeres obreras en el Luna Park para proclamar su adhesión a la fórmula laborista. El candidato a la presidencia, enfermo, no pudo asistir. Eva les llevó su palabra. Era su estreno como oradora. No la dejaban hablar. En cada intento, la respuesta era: "¡Queremos a Perón!". Pocos meses después sería aclamada.

Gira por Europa

En el mes de junio de 1947, invitada oficialmente por el Gobierno español, Evita emprendió una gira que la llevó por España, Italia, Portugal, Francia, Suiza, Mónaco, Brasil y Uruguay.

Aclamada en España, recibió la más alta condecoración: la Gran Cruz de Isabel la Católica. En Italia fue recibida por el Papa Pío XII, quien le obsequió el rosario de oro que llevara entre sus manos a la hora de la muerte. Pero en este país no todos fueron agasajos: el partido comunista demostró su repudio ante la visita al grito de: "¡Abajo el fascismo!". La protesta se repetiría en otras instancias del periplo, aunque con menor intensidad. En Francia alternó visitas y descanso… Allí donde iba, el programa de visitas y recepciones se veía jalonado por las recorridas de los barrios obreros y obras sociales. A la vez que dejaba donativos, buscaba "la lección europea" en materia de acción social. A tres años de aquel viaje dijo: "Salvo algunas excepciones, en aquellas visitas de aprendizaje conocí todo lo que no debía ser en nuestra tierra una obra de ayuda social. Los pueblos y gobiernos que visité me perdonarán esta franqueza mía tan clara pero tan honrada. Por otra parte, ellos -pueblo y gobierno- no tienen la culpa. El siglo que precedió a Perón en la Argentina es el mismo siglo que los precedió a ellos."

La Renuncia: Comienza la agonía

El 31 de agosto, renunció por la cadena nacional de radiodifusión, con las siguientes palabras apagadas y graves: "...Quiero comunicar al pueblo argentino mi decisión irrevocable y definitiva de renunciar al honor con que los trabajadores y el pueblo de mi patria quisieron honrarme en el histórico Cabildo Abierto del 22 de agosto...". Eva, renunciaba a ser postulada Vicepresidenta de la República Argentina.

El 28 de septiembre las masas populares se dirigían a la Plaza de Mayo. Surgió la primera confirmación oficial de que Evita estaba padeciendo una leve anemia. Estaba tratándose con transfusiones de sangre y reposaba. Por eso no se presentaría ante las masas enfervorizadas. Esa misma noche Eva habló por radio y dijo: "...Pero no quiero que termine este día memorable sin hacerles llegar mi palabra de agradecimiento y de homenaje uniendo así mi corazón de mujer argentina y peronista...".

La campaña electoral no contó con su presencia, pero tampoco la precisaba: su ausencia era más emotiva y resonante que su voz o su imagen. El 15 de octubre, dos días antes de la fecha histórica, Eva lanzó su libro "La razón de mi vida", con una primera edición de 300.000 ejemplares y excelentes críticas en los círculos literarios. El 17 de octubre pudo, por primera vez en 24 días, levantarse de su lecho para asistir vestida de negro al acto. La CGT le entregó la Distinción del Reconocimiento y el Presidente Juan Perón, la Gran Medalla Peronista en Grado Extraordinario. En el discurso de aquel día Eva aludió nueve veces a su propia muerte. Ese discurso es considerado por muchos como su testamento político.

El 5 de noviembre la operó el prestigioso médico oncólogo norteamericano George Pack. En su pronóstico advirtió que, de mantener reposo absoluto, en un plazo de seis a doce meses, se podría prolongar su vida. Sin embargo, todos los datos coinciden en afirmar que la operación a la que fue sometida entonces fue tardía: el cáncer ya se había extendido en metástasis por todo el cuerpo.

Llegado el 11 de noviembre de 1951 se efectuaron los comicios donde Perón fue reelecto con un 60%. Eva votó desde su cama con entera felicidad, sabiendo que su obra había tenido éxito y que sería para siempre.

En abril de 1952 llegó a pesar 38 kilos. El Doctor Pedro Ara, en su obra póstuma dice: "... Si su espíritu pareció seguir lúcido y vibrante hasta el fin, su cuerpo habíase reducido al simple revestimiento de sus laceradas vísceras y de sus huesos. En 33 kilos parece que llegó a quedar aquella señora tan fuerte y bien plantada en la vida".

Así, hasta fines de abril de 1952 anduvo a medio impulso. Permanecía semanas enteras en la residencia presidencial o en la quinta de Olivos, a veces levantada, a veces en cama. Recibía bastante gente, pese a las indicaciones médicas, pero la fatiga la obligaba a cada rato a suspender las visitas. Incluso, algunas veces, se presentó en actos públicos.

El 1° de Mayo asistió al acto junto a Perón. El pueblo, al verla, la alentó a decir su discurso, el último y el más fuerte en su contenido doctrinario en apoyo al ideario peronista. Con mucho esfuerzo lo pronunció. Al terminar, cayó en brazos de Perón. El 7 de mayo cumplió años y recibió el título de Jefa Espiritual de la Nación. En la avenida Libertador miles de personas se apretujaban para saludarla y una caravana de 130 taxis tocaba sus bocinas en saludo. Finalmente, apareció en la gran terraza, saludando con debilidad a la multitud.

El 4 de junio, Perón asumió por segunda vez la Presidencia. Eva se volvió a obstinar y le mandaron a decir que en la calle hacia mucho frío. A lo que ella respondió con enojo: "...Eso se lo manda decir Perón. Pero yo voy igual: la única manera de que me quede en esta cama es estando muerta...". Con una masiva dosis de calmantes, concurrió al acto de asunción, donde se negó a sentarse. Ya agonizante, fue trasladada a un vestidor, acondicionado con todo lo necesario. Juan Domingo Perón recordaría esta época diciendo: "...Aquellos días de cama fueron un infierno para Evita..."

El fin y el duelo

El 18 de julio de 1952 ocurrió una señal de que su vida se estaba apagando. Entró en un aparente estado de coma. Ante tal situación, los médicos llamaron al padre Benítez, un equipo de resucitación y, otro, de oxigenoterapia. El 26 de julio comenzó normalmente, pero a las 10 Evita entró en un sopor del que ya no saldría. Esto instó a los médicos a realizar el primer comunicado. El último comunicado, a las 20, avisó que la salud de la enferma había empeorado. El lecho fue rodeado por todos sus hermanos y sus más allegados colaboradores. A las 20,23 h. el Doctor Taquini miró a Perón diciendo: "No hay pulso".

A las 21,36 h. el locutor J. Furnot leyó por la cadena de radiodifusión: "Cumple a la Secretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20.25 horas ha fallecido la Señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación. Los restos de la Señora Eva Perón serán conducidos mañana, al Ministerio de Trabajo y Previsión, donde se instalará la capilla ardiente...". Un gran silencio comenzó a cancelar todas las actividades del país. Los transeúntes se marcharon a sus casas. Las radios irradiaron música sacra. Cines, teatros y confiterías cerraron sus puertas. Sus últimos deseos, expresados a Perón, habían sido que no quería que su cuerpo se consumiera bajo tierra y que quería ser embalsamada. Se llamó al Doctor Pedro Ara para que hiciera este trabajo.

La CGT decretó un duelo de 72 horas y en las plazas de todos los barrios porteños se erigieron pequeños altares con la imagen de Eva y un crespón negro recordándola. El día 27 su cuerpo se trasladó al Ministerio de Trabajo y Previsión. El multitudinario velatorio se prolongó hasta el 9 de agosto. La cola era de aproximadamente 35 cuadras. La Fundación repartía frazadas para afrontar las adversas condiciones que se presentaron durante el velatorio y hasta se instalaron puestos sanitarios para la atención de las personas que esperaban. Llegado el 9 de agosto el cuerpo fue trasladado al Congreso Nacional para rendirle los correspondientes honores. Al día siguiente, la mayor procesión nunca vista en Argentina hasta ese momento fue presenciada por 2 millones de personas, a lo largo de Rivadavia, Avenida de Mayo, Hipólito Irigoyen y Paseo Colón. Estuvo precedida por 9 patrulleros de la policía. Más de 15 mil soldados rindieron honores militares y la cureña fue arrastrada por 45 gremialistas y escoltada por cadetes de institutos militares, alumnos de la Ciudad Estudiantil, enfermeras y trabajadoras de la Fundación. A las 17,50 h., mientras la ciudad silenciosa era estremecida por una salva de 21 cañonazos y cornetas del ejército, seis empleados de una empresa fúnebre introdujeron el ataúd en el segundo piso de la CGT, donde el Doctor Pedro Ara lo recibió para efectuar el embalsamamiento, que duraría hasta 1955.

El cadáver

El 12 de Agosto, el cuerpo fue llevado al segundo piso de la CGT, acondicionado como laboratorio y despacho del Dr. Pedro Ara. Iniciada la Revolución Libertadora de 1955, el cuerpo de Evita fue desplazado por distintos lugares de la Ciudad de Buenos Aires, hasta que, en 1957, se ordenó el traslado (en una operación secreta) a Italia, bajo el nombre falso de María Maggi de Magistris, al Cementerio Maggiore de Milán, donde estuvo enterrada hata el año 1971, pese a las reiteradas peticiones de la Familia Duarte de restitución del cuerpo. El día 1 de Septiembre de 1971, un grupo militar llevó el cuerpo de Evita, desde el Cementerio de Milán, hasta Madrid (España), donde se encontraba exilado el General Perón. El cadáver permanceió en Madrid, en Puerta de Hierro, la residencia de Perón en España, hasta que fue definitivamente trasladado a la Argentina. No pudo ello tener lugar, tras el fin de la procripción del peronismo y del ascenso del General por tercera vez a la Presidencia de la Repúblical, debido a las convulsiones internas, pero el día 11 de Noviembre de 1974, el Ministro argentino de Bienestar Social, José López Rega, retornaron desde España a la Argentina el cuerpo de Evita, para depositarlo junto al de Perón en una capilla ardiente de la Residencia Presiencial de Olivos, sin acceso alguno por parte de la Familia Duarte. Por último, el 22 de Octubre de 1976, la dictadura militar dispuso la restitución del cuerpo de Eva Perón a sus familiares. Desde entonces, descansa en paz en el Cementerio de la Recoleta.

Yo no sé si alguna vez tendré ocasión de viajar a la Argentina, pero si tuviera esa fortuna y me fuera permitido hacerlo, tengo la certeza de verme frente a ese sepulcro, para decir simplemente: Gracias, Señora… Muchas gracias de este humilde español que, aquel 7 de Junio de 1947, aún era un niño de corta edad… Gracias, desde lo más profundo de mi corazón. Pero hoy, 26 de Julio, cuando se cumplen exactamente 52 años de su muerte, no le faltará mi más ferviente oración. Luis Madrigal.-