
YO, YA ME VOY...
Lamentablemente, no puedo irme al Puerto en que se halla la Barca de Oro... Esa Barca, se hundió... Simplemente me voy de Madrid. Tampoco "de vacaciones", porque yo presumo (aunque nunca se debe presumir de nada) de no "ir de vacaciones" a ninguna parte. Desde luego, no a Benidorm, por ejempo, ¡Dios mío...! Ni tampoco a Cancún o Nueva York. De ir a algún sitio, donde mi pulso pudiese sentir sosiego, me gustaría ir a Córdoba (Argentina). Ahora, allí es invierno y tal vez alguien pudiera necesitar un poco de calor... Pero, está muy lejos. Tendría que cruzar el Atlántico, de Norte a Sur, y ya he dicho que no dispongo ni de una humilde barquichuela. La de mis sueños... se cansó de esperarme, atracada en un Dique... Y ahora, el inclemente verano de Madrid, me vomita de su infernal y abrasador ámbito de fuego, que se revuelve y agita sediento. Me iré. Ya me voy. Sólo vengo a despedirme... ¡Adiós, mujer! ¿Adiós para siempre adiós?. Adiós también a ustedes, a vosotros, amigos del alma, aunque pocos. No podrán volver sus ojos a mirarme, ni sus oídos podrán escuchar mi canto -si lo fuere, o lo hubiese sido- hasta bien entrado Septiembre, cuando ya esté a punto de nacer otra Primavera. Soy tan extraño, tan raro o caprichoso, que para mí, las primaveras nacen siempre en esa época del año. Entre tanto, este humilde Blog se queda muy triste, como la oscura Sierra -triste y callada- cada vez que los rebaños trashumantes se van a la Extremadura. ¡Pero, volverán, volverán!. Yo, gracias a Dios, también espero y quisiera volver, si Él igualmente así lo quiere, aunque mi corazón ya no pueda volver nunca... Muchos besos y un sentido abrazo. Luis Madrigal.-