

Tras una opaca y triste celosía
caía la tarde... El cielo gris lloraba.
Una lágrima quieta reposaba
en el cristal oscuro, húmeda y fría.
No era arroyo o torrente todavía,
ni era el inmenso Mar. Tampoco estaba,
en el cristal oscuro que miraba,
para volar al cielo. No podía
ser perla de cristal en seno ileso;
fluir al mar, como hace alegre el río,
ni al suave viento alzar su leve peso.
Murió en aquel cristal su ser valdío
sin enviar al mar tan dulce beso,
pero a una rosa salpicó el rocío.
Alphonso CARBAJAL
Madrid, 9 de Noviembre de 2008