

Esta noche creí ver a la nieve, y era lluvia
lo que el cielo enviaba desde lo alto...
Juntos ya, se habrán fundido
en un abrazo fecundo
que hará de la tierra un cáliz
en el que germinará la semilla,
cuando el arado haya hundido hasta el fondo
el acero de su mirada
para expandir la llanura al horizonte.
Después, un tímido verdor
tamizará los surcos, abiertos de par en par,
y comenzarán a alzarse con pudor
las jóvenes espigas, con la promesa del grano
y la esperanza del pan, para los cuerpos frágiles
y del amor para las almas que sufren...
Pero... ¡Dios mío...! ¡Cuantas noches heladas
y tristes amaneceres nos acechan
hasta que, en la Noche de San Juan,
brillen miles de hogueras
y el fuego de Julio caiga como el rayo
sobre la mies morena...!
Luis Madrigal