jueves, 22 de mayo de 2008

EN LA FRONTERA DE LA JUSTICIA


Hoy, es Corpus Christi. Y quizá porque ese “siempre habrá pobres entre vosotros”, ha sido definitivamente entendido en el sentido menos incómodo, desde hace ya bastantes años –muchos- se celebra en España, en esta festividad, el “Día Nacional de Caridad”, que promueve Cáritas Española. Ahora ya no es "nacional", claro, le han quitado este adjetivo, seguramente por superfluo o contradictorio. En cualquier caso, es uno de tantos “días”, alojados en el calendario para tratar de justificar lo injustificable, en la seguridad de que, lo que pretende erradicarse, continuará año tras año. Es lo natural. Si se acabasen los pobres, con ellos se acabarían las marquesas y las damas benefactoras; los roperos parroquiales y las campañas de cuestación económica. Todas ellas, ésta de la que hablo, la de Navidad, y todas las demás juntas. Pero, no, los motivos de las mismas, están garantizados, al estarlo la causa.

En cualquier caso, el eslogan del “día”, tiene que navegar no sólo contra la corriente de la naturaleza humana, sino contra una de las muestras más reiteradas, y más falsas, del estúpido manual español de dichos y refranes: “La caridad -eso sí, bien entendida- empieza por uno mismo”. Y sin embargo, tan cínica afirmación, constituye síntoma evidente de egoísmo, que es todo lo contrario al amor, por lo que resulta imposible entenderla de ningún otro modo. La caridad, es una virtud de alteridad y, por ello, ha de comenzar necesaria y esencialmente por un “alter”, por “los otros”, por quienes no son “yo” y por tanto se encuentran “fuera de mí”. Lo que sucede es que, tal virtud, no puede edificarse sobre el aire, sino sobre firmes y sólidos cimientos y, uno de ellos, sin duda el fundamental, es el de la justicia. Ésta, sí ha de alcanzar primero a uno mismo. En primer lugar, porque nadie puede ser justo con los demás, si es injusto consigo, merced a la injusticia autoinflingida. Ello repugna a toda filosofía moral y, además, resulta inútil o quizá imposible, tanto, no ya como echar agua al vino -porque esto si que es posible- sino más bien, como tratar de hacer la luz con tinieblas. La justicia, es una virtud “concéntrica”; su espacio se ensancha siempre, poco o mucho, tan sólo en virtud del centro que es el propio justo. Y, en segundo término, porque, efectivamente, hay algunos pobres que lo son tan sólo por haber pretendido antes, desordenadamente, ser “ricos”, sin la menor disciplina en la administración de sus recursos, en contraposición a quienes han hecho de su vida una carrera de prudencia y austeridad. Y no sería justo, en tales casos, ser “caritativo” con tales gentes, no podría ser.

Por lo tanto, es la justicia, y no la caridad, la que comienza por uno mismo. No se ha querido entender bien esto, e incluso hasta puede que se haya cultivado la falta de entendimiento. Pero, la caridad sigue un proceso inverso. El acto de amar -salvo egocéntrico y enfermizo narcisismo- no puede ser ontológicamente reflexivo, aunque lo sea, gramaticalmente, el verbo que expresa la acción. Ni aún el más primario y rudimentario grado de caridad podría expresarse en la forma tradicional -“amar a los demás como a mí mismo”- sencillamente porque yo puedo “amarme” muy mal, pero que muy mal. Habría que amar a los otros, y como mínimo, nada menos que “como Dios los ama”, y ni aun así podría alcanzarse la última y radical morada del amor. Porque el Amor, no sólo ama, sino que “se ama”. He aquí la cota suprema: Amar a los otros, “como el Amor se ama”, lo que implica la necesidad, no sólo de amar, sino de esforzarse en ser amado.

Cuando se ama así, de este modo, ciertamente es que ya se está fuera de este mundo -aún encontrándose en él- pero quizá sólo entonces la caridad viene a converger y hasta a identificarse con la justicia, porque la frontera de la justicia, es el amor. Y, hallarse “en la frontera”, no quiere decir no cruzarla, invadiendo el campo colindante. El amor “no se alegra con la injusticia, sino que se complace en la verdad”, pero sin contradicción, y al mismo tiempo, “todo lo excusa, todo lo cree, todo lo tolera…” Es cierto que no podemos renunciar a la justicia. El propio San Pablo, que cobra su más hermosa elocuencia al predicar el carisma del amor, reclamaba con energía su condición de ciudadano romano, exigía su derecho, “lo suyo”, y con ello la justicia que se debía a sí mismo.

La injusticia, tarde o temprano, a todos nos llega y avasalla. Altanera y despóticamente, unas veces; quizá solapadamente, otras. Torpemente siempre. No por ello debe ser llegada la hora del odio, de la venganza ni de la ira, sino la de la aceptación y el perdón, que es la forma más exquisita y pura de amor, aunque sea también la hora del llanto. Esto, es lo menos que puede concederse al corazón humano… Pero, no del llanto que inspiró, al antiguo oráculo de las Sibilas, la “fiera lid del Termodonte”, lleno de sangre y de cadáveres, según recoge Plutarco, sino el llanto de las Bienaventuranzas: “Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados… Los que padecen persecución por la justicia, porque suyo es el Reino de los Cielos…” Aunque pierdan para siempre el de la tierra. Lo propio de los vencidos, es llorar. Pero también dice Plutarco que, “si el vencido llora, el vencedor perece”. Desdichados, por ello, quiénes hayan de hacerse perdonar. Los que provoquen lágrimas. Los que nunca renuncian a tener y poseer lo que, por derecho propio, pertenece a otros. Y algunas veces, a todos. Podrá ser así un día y mil, en la sede de la iniquidad, donde reine quién reine y gobierne quién gobierne , siempre prevalece el desorden, la desigualdad, el egoísmo y la canallada, la arbitrariedad y el caos… Sobre todo cuando “gobiernan” los menesterosos y harapientos, de espíritu y de intelecto, que dicen hacerlo para quebrar la desigualdad de la injusticia, pero sin ocuparse de otra cosa sino de su deshonesta comodidad y enriquecimiento -para eso sí que son muy listos- en los que incurren por revancha y casi por propia naturaleza. Sin embargo, en el Reino de la Justicia -cuando llegue el fin y desaparezca todo lo que es imperfecto- los vencedores serán los vencidos, y los vencidos los vencedores. Mientras tanto, hijos de la luz y del espíritu, paciencia… Algunos, reciben en potencia el signo del amor. Pero la justicia, no es una virtud teologal, sino moral, y su sentido se halla grabado a fuego en la conciencia de cada hombre, como partícipe racional -aunque se niegue a admitirlo- de la eterna Ley. Mas, de entre todos, sólo unos pocos, los que lloran y son perseguidos, luchan todos los días por ella. Luis Madrigal.-

lunes, 19 de mayo de 2008

A LOS ESTUDIANTES DE DERECHO ROMANO EN LENGUA ESPAÑOLA


Queridos romanistas:

Mi felicitación más sincera y entusiasta por estudiar, o haber elegido el estudio de la disciplina jurídica básica, fundamental, y al mismo tiempo más subyugante de todo el Derecho. En ella, pueden resumirse casi todos los postulados, construcciones y principios jurídicos, por ser la piedra angular, en esencia, de todos los sistemas y, muy en particular, de todos los Códigos civiles del mundo occidental.

A todos vosotros, que lo estudias ahora y estoy seguro de que gozáis de su estudio. Fundamentalmente, para quiénes lo hacéis en condiciones más difíciles, sin orientación o ayudas próximas, bien incluso sin material didáctico adecuado, o bien habiendo de enfrentaros a densos manuales sin disponibilidad de tiempo, por simultanear la dura y exigente tarea del estudio con la del trabajo que demanda vuestra propia subsistencia, lo que tanto os honra y llena de mérito. A todos vosotros, he de deciros, con la mayor sencillez y humildad, que, hace ya tiempo, elaboré y escribí una breve Síntesis de cuantos conceptos considero no sólo mínimamente necesarios en la materia, sino además pórtico de entrada a otros más profundos y exhaustivos.

De modo muy especial, me dirijo a los alumnos que, en España, cursan los estudios de Derecho Romano en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), para decirles que, en tal Síntesis, el desarrollo de mi trabajo, si bien elaborado con muy diversas fuentes, responde casi exactamente al Programa de la asignatura, que hace años estableció el Catedrático de la misma, Profesor Dr. García Garrido, por cuyo motivo entiendo puede serviros de especial ayuda.

Trataré de facilitaros vuestra tarea académica sólamente con que un cierto número de estudiantes o de personas atraídas por el Derecho Romano -incluso media docena, o hasta uno solo- os halléis interesados en disponer de este tipo de ayuda, para que por mi parte -ya veré cómo, o quizá me lo diga alguno de vosotros- proceda a publicar dicha Síntesis, en este mismo Blog, o en otro lugar más apropiado, bien unitaria y sistemáticamente, bien de un modo progresivo hasta completar las 50 lecciones que la integran. Seguro que ya encontraré el modo, de poder ser útil a alguien. Bastará para ello que me hagáis saber, mediante correo electrónico a a la dirección que en este Blog se indica, vuestro interés, en su caso, en disponer de tales Lecciones.

Por lo que acabo de decir, quiero dejar bien claro que mi única y exclusiva intención, sin el menor propósito egoísta, es la de proceder a ayudaros. Con esta misma intención, según creo noble, por ser totalmente desinteresada, os envío a todos un cordial saludo. Luis Madrigal.-

domingo, 18 de mayo de 2008

LA FILOSOFÍA DE ARISTÓTELES (y III)

¡HASTA MAÑANA, DON EMERIO!


Ha muerto hoy -anteayer Viernes- en la Residencia para la Tercera Edad de Fontanil de los Oteros (León) un entrañable sacerdote y amigo de verdad, de los amigos del alma, Don Emerio Puebla Berzosa, Consiliario Dioceano de la Juventud de Acción Católica de León, durante la década de los años 50. También fue Profesor de los Seminarios de Valderas y León, y Profesor de Religión en la Facultad de Veterinaria. Había nacido en Febrero de 1913 y, por tanto, llegado a cumplir 95 años de edad. Le faltaron 5 para ser centenario. Pero lo que nunca le faltó, pese a tantos años cumplidos, fue la verdadera juventud, ese don del espírtu que no depende de los años, ni del tiempo, ni tampoco, a lo largo de todo su larga vida, el más firme y riguroso compromiso de fidelidad a la fe y a la Iglesia fundada por Jesucristo. No a ninguna otra. Don Emerio pensaba -yo se lo oí decir no hace aún dos años- que ningún sacerdote debería incorporarse nunca a ninguna otra estructura o instituto que no fuesen los de la propia Iglesia, a ninguna otra fundada por ningún humano. Hasta tal punto esto era en él una convicción tan profunda, que, tras contemplar los mil y un naufragios producidos por cada una de las tormentas que han azotado a la Humanidad y a la Iglesia en estos últimos 50 años, aún hervía en su sangre el propósito de "refundar" la vieja Acción Católica, pese a que, quienes aquel día le escuchábamos, ya en la misma Residencia en la que acaba de morir -y acaso también él mismo- podíamos razonablemente suponer que esa era la última vez que le veíamos y le hablábamos. Así ha sido. Algunos, deberíamos hoy estar muy tristes y sin embargo, yo no lo estoy. Prefiero conservar y ofrecerme a mí mismo el propio testimonio que anteayer, en su último día de vida, él ofreció a la monjita que le cuidaba, Sor Consolación, mejicana de nacimiento, cuando al ir a despedirle -hasta mañana, Don Emerio- replicó con serenidad y fortaleza, mientras la echaba al cuello uno de sus brazos y la daba un beso: ¡Hasta mañana, no, Hermana, hasta la Eternidad...! Hasta entonces, entrañable Don Emerio, viejo Consiliario y amigo, tan joven, como en aquellos tiempos, a los 95 años... Hasta que el tiempo y el espacio sean una misma cosa. Tan sólo le pido ya, urgentemente, otra. Yo, no he rezado "por Usted", sino que más bien me he encomendado a su intercesión: Dígale al Señor de la Vida, que nos proteja y nos guarde con su gracia a cuantos, junto a Usted, en aquel caserón de Dámaso Merino, compartíamos aquella vieja estufa de carbón ovoide en las frías tardes de invierno. Y permítame que le contradiga. Precisamente porque Usted ya está con Él, yo sí le digo, en el estilo propio de aquellos días: ¡Hasta mañana, Don Emerio... hasta mañana! Luis Madrigal.-

En la fotografía de arriba, Don Emerio Puebla, flanqueado por los dos Presidentes Diocesanos de la Juventud de Acción Católica de León, a los que, sucesivamente, él orientó y aconsejó.

No he querido elegir para él ninguna marcha fúnebre, y las hay muy hermosas, sino esta dulce Danza, que Cristoph Gluck compuso para "Los Espíritus Bienaventurados", para aquellos que ya han llegado a la Casa del Padre.