domingo, 25 de mayo de 2008

EL CARTEL DE HOY EN LA FERIA


Frascuelo, Iván García e Israel Lancho, que torearán hoy, en la Monumental de Las Ventas, la 18 Corrida de la Feria de San Isidro, de Madrid, con reses de Cuadri.

Frascuelo:

Madrid, 21. Septiembre.1948
Alternativa. Barcelona, 14. Abril. 1974
Padrino. Curro Romero
Testigo: Paco Alcalde
Toros de Juan Sánchez

Iván García:

Castellón de la Plana, 1.Octubre.1983
Alternativa: Castellón, 27. Marzo.2003
Padrino: Joselito
Testigo: El Juli
Toros de Juan Pedro Domecq

Israel Lancho

Badajoz, 13. Septiembre.1979
Alternativa:Badajoz, 26. Junio.2007
Padrino: Manuel Díaz "El Cordobés"
Testigo: Francisco Rivera Ordoñez
Toros de Juan Albarrán



LAS "CANASTILLAS", SON PARA EL INVIERNO


Muy al comienzo de los años sesenta -naturalmente del pasado siglo- el portavoz del “Círculo Católico de Terratenientes”, no importa de donde, escribió escandalizado al director de una revista de espiritualidad cristiana, a fin de hacerle llegar su encolerizada protesta, exigiendo severas sanciones contra los autores de algunos textos publicados en aquella revista. Literalmente, la carta era esta:

“Muy señor mío: Me dirijo a usted con el derecho que me dan mis doce años ininterrumpidos de suscriptor y lector de su revista, así como de otras de la misma editorial, “Cristrianismo Rural”, “Luz del Mundo” y “Juventud y Religión”, en la que, entre otras cualidades, he apreciado como virtud sobresaliente una gran ortodoxia y una sujeción total a las enseñanzas y criterios de la Iglesia en todos sus puntos. Y precisamente por ello una gran extrañeza me han causado (nos ha causado a todos los asiduos lectores de su revista en este Círculo Católico de Terratenientes) sus tres últimos números, en los que se recogen pensamientos y doctrinas francamente sectarias, tendenciosas y demagógicas. Por ello, me he creído, y respaldan esta carta otros contertulios del Cículo Católico, en el deber ineludible de indicárselo a usted para que revise su equipo de redacción, en el que parecen haberse introducido elementos masónicos o anarquistas.

Los textos publicados por usted, en los que me baso para establecer tan graves conjeturas, se hallan totalmente fuera de la línea de reconocida ortodoxia católica y social en que siempre se ha movido esa revista. En el número 188, correspondiente a Noviembre pasado, se lee: “Eso tienes que pensar de los ricos, son ladrones, salteadores de caminos, que roban a los que pasan, escondiendo los bienes de los demás en sus propias casas”. En el número 189, de Diciembre pasado, se leía esta sentencia, tan lapidaria como demoledora: “Todo rico es inicuo o heredero del inicuo”. Pero el texto más grave, de claras tendencias socializantes y comunistoides, aunque en él se habla de Dios (sin duda para mayor desconcierto) se recogía en la página 12 del número de Enero: “La naturaleza hizo que los bienes fueran comunes y el derecho privado que impide esto es una usurpación. Es injusto que tus semejantes no sean ayudados por sus compañeros, sobre todo habiendo querido Dios que la tierra fuese para todos. Lo que das al pobre no es de lo tuyo; le devuelves lo que es suyo, pues lo que es común para el uso de todos lo has usurpado tú”.

Nos parece bien fomentar el espíritu de caridad y ayuda al necesitado. En este Círculo Católico de Terratenientes organizamos todos los años en Navidad un reparto de canastillas[1] a las familias pobres de la ciudad. Pero, ¿no le parecen francamente desorbitadas y fuera de lugar las manifestaciones publicadas en su, por otros conceptos, admirable revista? Esperamos una rápida y pública rectificación de los artículos aludidos y la enérgica sanción de sus autores, cuyos nombres debieran desaparecer para siempre del cuadro de sus colaboradores habituales. Siempre dispuestos a la defensa de los elevados ideales y de la justicia, nos ofrecemos atentos, seguros servidores, A.S.”

La carta, tuvo inmediata respuesta por parte del director de la revista interpelada que, dada su brevedad, también transcribo íntegramente. “Muy señor nuestro: Lamentamos no poder tomar las medidas que nos recomienda con los autores de los textos recogidos en nuestra revista, por motivos insalvables. Las frases del número de Noviembre, las escribió San Juan Crisóstomo. Las del número de Diciembre, San Jerónimo. Y el texto del número de Enero, Sam Ambrosio, todos ellos en el siglo IV. Sopena de incurrir en el veredicto de herejes, alejándonos además, lo que sería más sensible, de la línea ortodoxa y social que usted nos elogia, no podemos rectificar la doctrina contenida en dichas afirmaciones, puesto que todas ellas proceden de Padres y Doctores de la Iglesia. Y, por otra parte, nos resulta también imposible aplicar a los autores las sanciones que usted demanda, puesto que todos ellos murieron hace ya muchos años. Atentamente, el Director”.

Quizá, habían pasado ya demasiados años, como para entender justificadas las quejas de aquellos “terratenientes católicos”, al comienzo de los años sesenta, porque la realidad social del siglo IV, como diría cualquier político, no es “extrapolable”, no ya al siglo XXI, en el que estamos, sino tampoco al año 1962, que todavía pertenecía al siglo XX. Ciertamente, en ninguno de cuantos documentos se ha pronunciado la Iglesia, desde el Syllabus o el Código Social de Malinas, ya en 1927, mostrando al mundo la autoridad moral de su Magisterio, se ha utilizado un lenguaje tan desgarrado y violento en contra de “los ricos”. Pero, también es cierto que ninguna tacha de heterodoxia ha recaído jamás sobre tales santos Padres, a los que en consecuencia puede considerarse vigentes en algún modo. Quizá, desde entonces, a lo largo de tantos siglos, lo que tan sólo ha moderado la Iglesia es el lenguaje, haciéndolo más cortesado y “civilizado”, en ese diálogo con el mundo que sirvió de leitmotiv al Concilio Vaticano II, y aun antes de él. Pero, en el fondo, ¿acaso no será cierto que todo rico continúa siendo “inicuo o heredero del inicuo”, según pensaba San Jerónimo?. Desde luego, con el Código Penal en la mano, y mucho menos con el Código Civil o la Ley Hipotecaria, no puede decirse razonablemente, en nuestros días, que, por el mero hecho de serlo, cualquier rico sea un “ladrón”, y menos aún un salteador de caminos”, como sin contemplaciones ni rodeos afirmaba San Juan Crisóstomo. Aparte de infinidad de salvedades y matizaciones al respecto, ni ahora los ladrones roban ya de esa manera, sino de otras muchas bien conocidas, ni todo el mundo que se enriquece lo hace necesariamente de modo ilícito, sino, algunas veces, desde la más humilde condición, merced tan sólo a su inteligencia y esfuerzo. Peor parada aún quedaría la doctrina de San Ambrosio, que ciertamente no dejó especial huella en la teología de su tiempo, en cuanto a la naturaleza común de los bienes” y, en consecuencia, a la usurpación” que implica toda propiedad privada. Es necesario contrastar esta gruesa afirmación con la opinión al respecto de aquel Águila de Aquino que, ocho siglos más tarde, acumulaba hasta tres razones de peso a favor, no sólo de la licitud, sino hasta de la necesidad del derecho a la propiedad privada, de cuya licitud y necesidad hace derivar toda la filosofía jurídica -basada en la libertad- el derecho de propiedad, que la vigente Constitución Española garantiza, y el artículo 348 del Código civil define y concreta como “el derecho de gozar y disponer de una cosa sin más limitaciones que las establecidas en las leyes”.

Pese a ello, continúan siendo muchos los que “necesitando” vitalmente el lícito derecho a la propiedad, carecen totalmente de ella, sobre los bienes más esenciales para subsistir con dignidad y decoro. Nada menos que dos terceras partes de la Humanidad, en todos los lugares y continentes del Planeta. Y, por ello, quizá la “patrística” del siglo XXI -sin que por nuestra parte pretendamos negar desviaciones y radicalismos excesivos, ni tampoco incurrir en la excomunión- que hubiera podido conducir a cada cristiano a la “ortopraxis” podría haber estado representada por Hugo Assmann, Jules Girardi, Gustavo Gutierrez o Leonardo Boff… Porque, cuesta trabajo admitir, dejando para ello dormida la conciencia sobre la alhohada, que en el proceso general de “fabricación de ricos a costa de pobres”, puedan limitarse los seguidores de Jesús de Nazaret -además de “oír” Misa los Domingos y fiestas de guardar- a repartir canastillas. Porque, si las bicicletas “son para el verano”, las canastillas, no. Estas últimas, tan sólo parecen haberse inventado para ser distribuidas en Navidad (que, en España, es pleno y crudo invierno) quizá con el propósito de sosegar la mala conciencia de tantos “terratenientes”. Luis Madrigal.-


[1] “Canastilla”: Cestita, generalmente de mimbre, que contiene distintos objetos para el cuidado de niños recién nacidos, como jabón, colonia, ropita, etc…

sábado, 24 de mayo de 2008

ESOS "HIJOS DE PERRA", NO SON "HACKERS"...


Yo, no se aún si la Informática -a la que, según he podido leer en alguna parte, debe llamarse Cibernética, esto es, "Ciencia del que pilota"- es realmente una ciencia, desde luego en nigún caso como la "Sociología" o las "Ciencias de la Información", o si más bien es una técnica, propia en cuanto a su manejo práctico de chiquilicuatres, de esos mocosos de 13 0 14 años, que, según dice la Policía española "ya nacen con el ratón en la mano". En los tiempos de mi ya lejana infancia y juventud, ese tipo de cosas "prácticas" se aprendían en los billares o en los futbolines, que eran los ámbitos más concurridos y de concentración de malos estudiantes, aquellos, que no sólo se fumaban las clases, sino que no habían abierto un libro en su vida, mientras ya cerca de los 12 años, o antes, lo que sí comenzaban a fumar era cigarrilos "de hebra" y a tomar "chatos" en las malolientes tabernas. Ya en aquella época pasaban esas cosas, porque sin duda la tendencia del ser humano hacia ellas es fenómeno predicable de toda época o circunstancia histórica. Ahora por ejemplo, está muy de moda realizar piruetas y saltos circenses en las rinconadas de las calles, o en los pasajes comerciales, más bien hacia la caída de la tarde. Es una especie de danza deportiva, que desde luego requiere su técnica y modo de bien hacer, para no romperse la cabeza y con ello pueda derramarse el serrín que contiene. Pero, me resisto a pensar, y menos a creer, que con la Informática pueda pasar lo mismo. No quiero admitir que esta magnífica herramienta que tanto esfuerzo en todos los órdenes ha evitado ya a la humanidad, pueda ser pasto y dominio de estos elementos tan desprovistos del menor signo de talento y valor humano que, asimismo, supongo, son, más o menos, los que se dedican a "decorar" las paredes o los monumentos de las ciudades, bien sean de propiedad privada o pública. Sentiría en el alma que se tratase de los mismos productos humanos, o más bien humanoides. Pero no se qué me dice que, esas atrocidades, tanto la de atentar contra las fachadas de las casas y paredes de las calles, como las cometidas por esos tipos que llaman "hackers", ese neologismo tan mal utilizado para designar a los delincuentes que arruinan los discos duros de tantos Ordenadores por medio de técnicas informáticas -que llegan a aprender como podría hacerlo un mono, un primate superior- programando redes o sistemas operativos, nada tienen que ver con el innegable benefico universal que han representado la Informática y los "Hackers". Porque, el término "hacker" surgió entre los programadores del Massachusetts Insitute of Technology (MIT), en los años 60, cuando en España, ni tan siquiera habíamos llegado a "tomar el biberón" en esta materia y nadie hablaba de los PC, sino acaso, algunos, pocos, de "cerebros electrónicos". Yo, recuerdo ahora dos de los más famosos "cerebros electrónicos", y creo que primeros o únicos en aquellos comienzos de los años 60: El del I.N.P. y el de RENFE, donde el lenguaje de programación único era el llamado Fortran. Por ello, los verdaderos "hackers", no son esos canallescos y delincuentes piratas que antes se criaban en "los futbolines", sino los benéficos y seráficos seres que se entregan a la investigación pura, para ayudar a todos los "pulsateclas", como yo, y permitirnos acceder con ello a estas nuevas herramientas, tan útiles, instructivas y... necesarias. Sería un disparate identificar o confundir a estos señores (algunos de los cuales han sido galardonados con el Premio Principe de Asturias, como los inventores de Internet) con los golfillos de "los billares", que ahora dicen, han cambiado el taco por el ratón y "nacen con él en la mano".

Los veraderos "hackers" no roban, pues, información, ni destruyen la que se encuentra en los Ordenadores, simplemente por detruir, sino justamente los que hacen lo contrario, quienes construyen y crean. "Hackers" famosos han sido Richard Stallman, Ken Thompson, Eric S. Raymond o Adrian Lamo, sin olvidar a Linus Torvalds, creador del sistema Linux, al que dió esta denominación la mezcla de su primer nombre con el del sistema opreativo Unix.

Los piratas, los que roban información, los que destruyen tan sólo por el mal instinto que les anima e inspira -como en todos los órdenes de la vida- se denominan "Crackers". Es decir, son esos perfectos canallas de siempre, muestra y representación genuina y pura de la presencia del mal en el mundo, cuyo dramático hecho es una realidad insoslayable. Pero, eso sí, a estos despreciables sujetos, además de capturarlos, juzgarlos y enviarlos a la cárcel durante una buena temporada, no debería atribuírseles -como días pasados hicieron los analfabetos redactores, se supone socialistas, de Televisión Española- la noble denominación de "hackers". Más bien, debería llamárseles "hijos de perra". Es una opinión. Luis Madrigal.-

viernes, 23 de mayo de 2008

¿DE QUIÉN SON LAS ISLAS MALVINAS?



En honor a todos los hermanos argentinos, quiero resumir, esquemáticamente, para que pueda ser deducida, en el orden más rigurosamente lógico, la respuesta, a esta lamentable y triste pregunta: ¿DE QUIÉN SON LAS ISLAS MALVINAS?. Dígalo usted mismo, después de considerar objetivamente los hechos y circunstancias históricas siguientes:


Siglo XVI Algunos navegantes de esta época, parece ser, conocieron ya estas islas, ignorándose si las reflejaron o no en sus cartas de navegación.

24.Enero.1600 El holandés Sebald de Weert, descubre propiamente el Archipiélago, pero no lo ocupa ni le da nombre.

1609 El pirata inglés (como casi todos los piratas) John Strong, denomina “Falkland” al estrecho que separa las islas principales (Gran Malvina, al occidente, y Soledad, al oriente), en honor del Vizconde Falkland, Tesorero de la Royal Navy, nombre que los ingleses aplicaron, a partir de entonces, a todo el Archipiélago, sin que, no obstante, osaran aproximarse al mismo, debido a la presencia de las tropas españolas en el Continente, a cuya plataforma patagónica están unidas dichas islas.

Siglo XVIII Las islas comienzan a ser frecuentadas por marinos franceses de Saint Malo y, desde este momento se las conoce como islas “maulinas” y, por evolución, Malvinas. El nombre castellano de dichas islas, tampoco es de origen inglés, sino francés.

1764 Se emprende por los franceses la ocupación permanente de las islas, y Bougainville funda “Port Louis”, en las isla oriental.

1765 Los británicos se establecen en la isla occidental y fundan “Port Egmont”.

1766 Antes tales hechos, La Corona española -que aun impone su dominio en la zona- tras negociaciones con Francia, consigue que ésta abandone la isla oriental y, un año más tarde, los españoles fundan Puerto Soledad (después “Port Stanley” y después, por desgracia brevemente, Puerto Rivero).

1767 Transferido el sector oriental nuevamente a la soberanía española, España organiza un expedición armada que logra el abandono británico del resto del Archipiélago, en 1774.

1774 Desde este año, pues, hasta la Independencia de la República Argentina, las islas Malvinas permanecen bajo soberanía y administración española, integradas y dependientes del Virreinato de La Plata.

Independencia de Argentina: La Argentina, hereda los derechos de España sobre las islas, en 1820. Este mismo año, organiza el Nuevo Gobierno del Archipiélago, que se establece en Puerto Soledad, y dispone entera y totalmente de él, de un modo soberano, hasta el año 1833.

1833 El 2 de Enero de 1833, sin mediar ningún género de disputa, y por sorpresa, la fragata inglesa “Clío”, amarra en Puerto Luis, desembarcando un grueso contingente de fuerzas británicas que enarbolan la bandera del Reino Unido.

Desde este momento, se suceden año tras año las sucesivas reclamaciones de la joven República Argentina, ante la Gran Bretaña y ante toda clase de foros internacionales.

1946 Argentina, plantea la cuestión de las Malvinas ante las Naciones Unidas (ONU). Dicha Organización, resuelve la descolonización de las islas, a través de conversaciones entre las partes implicadas. Mal asunto. Hablar con los ingleses, es inútil. Los españoles lo sabemos por experiencia. En efecto, Gran Bretaña dilata una y otra vez tales negociaciones, dificultando la adopción de acuerdo alguno de orden práctico, que pueda dar cumplimiento a las resoluciones de la ONU, en cuyo arte son verdaderos maestros los ingleses.

1868 Argentina declara su soberanía sobre las Islas Malvinas. Continúan los proyectos de negociación, con sus dilaciones y más dilaciones.

2.Abril.1982 Buques y marines argentinos, desembarcan y ocupan militarmente las Islas, imponiendo la Administración, moneda y timbre argentinos.

Después… ya todo el mundo sabe lo que pasó. Pero… ¿hasta cuándo?

¡Ánimo, patriotas argentinos…! Luis Madrigal.-




jueves, 22 de mayo de 2008

EN LA FRONTERA DE LA JUSTICIA


Hoy, es Corpus Christi. Y quizá porque ese “siempre habrá pobres entre vosotros”, ha sido definitivamente entendido en el sentido menos incómodo, desde hace ya bastantes años –muchos- se celebra en España, en esta festividad, el “Día Nacional de Caridad”, que promueve Cáritas Española. Ahora ya no es "nacional", claro, le han quitado este adjetivo, seguramente por superfluo o contradictorio. En cualquier caso, es uno de tantos “días”, alojados en el calendario para tratar de justificar lo injustificable, en la seguridad de que, lo que pretende erradicarse, continuará año tras año. Es lo natural. Si se acabasen los pobres, con ellos se acabarían las marquesas y las damas benefactoras; los roperos parroquiales y las campañas de cuestación económica. Todas ellas, ésta de la que hablo, la de Navidad, y todas las demás juntas. Pero, no, los motivos de las mismas, están garantizados, al estarlo la causa.

En cualquier caso, el eslogan del “día”, tiene que navegar no sólo contra la corriente de la naturaleza humana, sino contra una de las muestras más reiteradas, y más falsas, del estúpido manual español de dichos y refranes: “La caridad -eso sí, bien entendida- empieza por uno mismo”. Y sin embargo, tan cínica afirmación, constituye síntoma evidente de egoísmo, que es todo lo contrario al amor, por lo que resulta imposible entenderla de ningún otro modo. La caridad, es una virtud de alteridad y, por ello, ha de comenzar necesaria y esencialmente por un “alter”, por “los otros”, por quienes no son “yo” y por tanto se encuentran “fuera de mí”. Lo que sucede es que, tal virtud, no puede edificarse sobre el aire, sino sobre firmes y sólidos cimientos y, uno de ellos, sin duda el fundamental, es el de la justicia. Ésta, sí ha de alcanzar primero a uno mismo. En primer lugar, porque nadie puede ser justo con los demás, si es injusto consigo, merced a la injusticia autoinflingida. Ello repugna a toda filosofía moral y, además, resulta inútil o quizá imposible, tanto, no ya como echar agua al vino -porque esto si que es posible- sino más bien, como tratar de hacer la luz con tinieblas. La justicia, es una virtud “concéntrica”; su espacio se ensancha siempre, poco o mucho, tan sólo en virtud del centro que es el propio justo. Y, en segundo término, porque, efectivamente, hay algunos pobres que lo son tan sólo por haber pretendido antes, desordenadamente, ser “ricos”, sin la menor disciplina en la administración de sus recursos, en contraposición a quienes han hecho de su vida una carrera de prudencia y austeridad. Y no sería justo, en tales casos, ser “caritativo” con tales gentes, no podría ser.

Por lo tanto, es la justicia, y no la caridad, la que comienza por uno mismo. No se ha querido entender bien esto, e incluso hasta puede que se haya cultivado la falta de entendimiento. Pero, la caridad sigue un proceso inverso. El acto de amar -salvo egocéntrico y enfermizo narcisismo- no puede ser ontológicamente reflexivo, aunque lo sea, gramaticalmente, el verbo que expresa la acción. Ni aún el más primario y rudimentario grado de caridad podría expresarse en la forma tradicional -“amar a los demás como a mí mismo”- sencillamente porque yo puedo “amarme” muy mal, pero que muy mal. Habría que amar a los otros, y como mínimo, nada menos que “como Dios los ama”, y ni aun así podría alcanzarse la última y radical morada del amor. Porque el Amor, no sólo ama, sino que “se ama”. He aquí la cota suprema: Amar a los otros, “como el Amor se ama”, lo que implica la necesidad, no sólo de amar, sino de esforzarse en ser amado.

Cuando se ama así, de este modo, ciertamente es que ya se está fuera de este mundo -aún encontrándose en él- pero quizá sólo entonces la caridad viene a converger y hasta a identificarse con la justicia, porque la frontera de la justicia, es el amor. Y, hallarse “en la frontera”, no quiere decir no cruzarla, invadiendo el campo colindante. El amor “no se alegra con la injusticia, sino que se complace en la verdad”, pero sin contradicción, y al mismo tiempo, “todo lo excusa, todo lo cree, todo lo tolera…” Es cierto que no podemos renunciar a la justicia. El propio San Pablo, que cobra su más hermosa elocuencia al predicar el carisma del amor, reclamaba con energía su condición de ciudadano romano, exigía su derecho, “lo suyo”, y con ello la justicia que se debía a sí mismo.

La injusticia, tarde o temprano, a todos nos llega y avasalla. Altanera y despóticamente, unas veces; quizá solapadamente, otras. Torpemente siempre. No por ello debe ser llegada la hora del odio, de la venganza ni de la ira, sino la de la aceptación y el perdón, que es la forma más exquisita y pura de amor, aunque sea también la hora del llanto. Esto, es lo menos que puede concederse al corazón humano… Pero, no del llanto que inspiró, al antiguo oráculo de las Sibilas, la “fiera lid del Termodonte”, lleno de sangre y de cadáveres, según recoge Plutarco, sino el llanto de las Bienaventuranzas: “Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados… Los que padecen persecución por la justicia, porque suyo es el Reino de los Cielos…” Aunque pierdan para siempre el de la tierra. Lo propio de los vencidos, es llorar. Pero también dice Plutarco que, “si el vencido llora, el vencedor perece”. Desdichados, por ello, quiénes hayan de hacerse perdonar. Los que provoquen lágrimas. Los que nunca renuncian a tener y poseer lo que, por derecho propio, pertenece a otros. Y algunas veces, a todos. Podrá ser así un día y mil, en la sede de la iniquidad, donde reine quién reine y gobierne quién gobierne , siempre prevalece el desorden, la desigualdad, el egoísmo y la canallada, la arbitrariedad y el caos… Sobre todo cuando “gobiernan” los menesterosos y harapientos, de espíritu y de intelecto, que dicen hacerlo para quebrar la desigualdad de la injusticia, pero sin ocuparse de otra cosa sino de su deshonesta comodidad y enriquecimiento -para eso sí que son muy listos- en los que incurren por revancha y casi por propia naturaleza. Sin embargo, en el Reino de la Justicia -cuando llegue el fin y desaparezca todo lo que es imperfecto- los vencedores serán los vencidos, y los vencidos los vencedores. Mientras tanto, hijos de la luz y del espíritu, paciencia… Algunos, reciben en potencia el signo del amor. Pero la justicia, no es una virtud teologal, sino moral, y su sentido se halla grabado a fuego en la conciencia de cada hombre, como partícipe racional -aunque se niegue a admitirlo- de la eterna Ley. Mas, de entre todos, sólo unos pocos, los que lloran y son perseguidos, luchan todos los días por ella. Luis Madrigal.-