viernes, 2 de octubre de 2009

"MAHATMA", SIGNIFICA "ALMA GRANDE"



Y eso es lo que fue y era, lo que sigue siendo y será más allá del tiempo y del espacio, Mohandas Karamchand Gandhi, un alma verdaderamente grande, y tan pura como el agua cristalina, si no del Ganges precisamente, sí de los inmaculados arroyos que bajan en cascada desde las cumbres del Himalaya. La limpieza en todo, en lo espiritual -en el alma- como en lo físico-material, no sólo reside en las apariencias, sino en lo que no se ve, pese a ser lo más substancial de lo que es. Por eso, cuando, tras ser icinerado, y sus cenizas arrojadas al Ganges, a consecuencia de su torpe asesinato aquel triste 30 de Enero de 1948, este río sagrado cobró toda la pureza que sus turbias aguas parecen no albergar. Efectivamente, como recuerda hoy GOOGLE, siguiendo su tradicional buena costumbre de recordar al mundo las grandes fechas, Gandhi nació el día 2 de Octubre de 1869 y, en consecuencia, hoy se cumple la fecha de su aniversario, pero nada menos que del 140 aniversario. ¡Cuántos años han pasado ya...! Falta sólo uno para que se cumpla un siglo y medio. Y sin embargo, qué poco ha cambiado el mundo desde entonces, pese a lo que aquel Mahatma pensó, defendió y predicó. En efecto, a estas tres dimensiones responde su honda y serena personalidad. Porque, Gandhi fue desde luego un político, pero no como estos de ahora, que acuden a este sagrado ámbito (la perfección del todo -de la polis- en el bien y en el orden natural), casi todos, o la inmensa mayoría, con el único bastardo propósito de llenarse los bolsillos, y sobre todo de sacar al exterior su más vacía mollera sin la menor vergüenza, pese a su más ínfima catadura intelectual, estética y moral, para poder ser algo en la vida, además de famosos e importantes, en vez de fregar escaleras, que es un trabajo muy limpido y honrado, o ejercer de ejemplares ordenanzas en algún Ministerio, en lugar de hacerlo de ministros, para arruinar antes a sus conciudadanos. Gandhi, no. Él, antes de ser político, de acudir a la política para ser el gran artífice de la independencia de la India, fue un gran pensador y hasta un gran teólogo que, desde la amable cordura de su alma grandiosamente buena, llegó a insinuar un cierto sincretismo teológico, basado en todas las religiones y, desde luego, también en el cristianismo. influenciado fuertemente por los Evangelios. Gandhi, nacido en una humilde familia tradicionalista de Porbandar, desde 1888 estudió Derecho en Oxford y, al regresar a la India, en 1891, no obstante haber entrado ya en contacto con los medios nacionalistas hindúes, decidió comenzar por el exterior, para lo cual aceptó un trabajo en Sudáfrica, donde se dedicó a la defensa de los indios allí emigrados, convirtiéndose en un brillante y eficaz abogado. Ya había sido influido por la doctrina jainista de la no violencia y por la del pacifismo anarquizante de Tolstoy, cuando entró en contacto con este último, mateniendo correspondencia con el mismo. De regreso a la India, en 1914, fundó el semanario Indian Opinion, a la vez que un partido político. Desde ambos, predicó a sus hermanos de raza oprimidos la satyagraha, o fuerza de la verdad, que encierra la fidelidad absoluta a los ideales de la propia conciencia, hasta llegar a la desobediencia civil, dentro de los límites de la no violencia, o ahimsa. Fué innumerables veces detenido y conducido a prisión. Ya lo había sido varias veces en Sudáfrica, si bien por escaso tiempo, pero, cuando en 1919 lanzó en la India su primera campaña de desobediencia civil, postulando una actitud de no cooperación en la vida pública, de negativa a pagar los impuetos y de boicot a todo producto británico, en todo caso sin recurrir a la violencia, surgió la represión británica, y Gandhi fué juzgado y condenado en 1921 a seis años de cárcel, de los que, por razones de salud, sólo cumplió tres. Se había convertido en otro Juan el Bautista, y su voz clamaba en el desierto de la insensibilidad, contra toda clase de atropellos y desigualdades políticas y sociales. Diez años más tarde, tan pacíficamente como siempre se había comportado, llegaba en persona a Londres para participar en la llamada Conferencia de la Mesa Redonda, que termino en un fracaso. En esta época, ya había abandonado los trajes británicos, para adoptar los vestidos hindúes del hombre más humilde. Entre 1946 y 1947, más de 5.000 personas murieron en enfrentamientos entre hindúes y musulmanes. En consecuencia, el plan de la división de la India fue aprobado por el Congreso como una forma de evitar una guerra civil hindú-musulmana, pero Gandhi se opuso siempre a la división del subcontinente en dos Estados (India y Pakistan). Quizá si aquel loco que puso fin a su vida no lo hubiese hecho, hoy podríamos contemplar en la zona un solo Estado, porque, para el Mahatma todas las religiones eran la misma, tan sólo lenguajes distintos para hablar con Dios. Muchas han sido, como casi contra todos los grandes seres humanos, las acusaciones contra Gandhi, algunas de ellas sucias y desenfocadas, acerca de sus comportamientos sexuales, sin que él admitiera nunca nada lujurioso en ello, tal vez por el concepto sagrado de los hindúes acerca de la sexualidad, o más probablemente porque, como el mismo dijo y explicó, hay que tener el coraje de perseguir y experimentar el celibato estricto -que deseaba para todos sus seguidores- porque significaba el autocontrol perfecto. También se le acusó de "violento", como a la Madre de Teresa de Calcuta de "soberbia"... Pero, indudablemente, tan sólo gracias a estos grandes espíritus, la Humanidad puede llegar algún día a encontrarse consigo misma. Luis Madrigal.-


Sobre estas líneas, Gandhi, cuando se graduó en Inglaterra como Abogado (Barrister-at-Law), vestido de conformidad con los usos occidentales. Más abajo, "luciendo" el más humilde vestido hindú, que incluso se confeccionaba él mismo.






miércoles, 30 de septiembre de 2009

DE NUEVO SOBRE EL OLVIDO, PERO EN PROSA



Una de mis buenas amigas argentinas, Mariana Mongeli, que vive en Arrecifes (Provincia de Buenos Aires), a unos 170 kms. al noroeste de la capital bonaerense, me honró ayer visitando este humilde Blog y formulando un breve pero profundo comentario a mi anterior entrada: "Soneto a una estrella lejana". Fundamentalmente, esto es lo que decía Mariana, como puede verse un poco más abajo, en el cuarto comentario a dicha entrada anterior: "No creo en la palabra "olvido", siempre hay recuerdos que vienen, tal vez en un perfume, en una melodía, en la brisa, en un paisaje...que mueven nuestras emociones...". Pura poesía, desde luego. Yo, ya le he contestado, expresándole mi gratitud, con un afectuoso saludo al propio tiempo hacia Hugo, su marido. Le decía en mi contestación que tenía mucha razón, que eso que ella dice me parece muy cierto, además de poético Y, desde luego, no se trata ahora de decir lo contrario por mi parte, porque de hacerlo no estaría yo demasiado bien de la cabeza, dado que, muy en general, una cosa no puede ser la contraria. Sin embargo, según creo, querida Mariana, me quedé también con las ganas, en mi respuesta a tu comentario, de efectuar algunas puntualizaciones, que hubiesen resultado excesivas en aquel lugar y puede que escasas en este. Pero en lo que sí pensé, desde el primer momento, fue en publicar una entrada especial relativa al asunto. Llevo ya algún tiempo insistiendo -y lo he hecho en este mismo humilde Blog- acerca del olvido que, casi como el propio tiempo, me parece un misterio. Según creo, Mariana, de entre otras muchas, puede haber dos clases de olvido: El que nos vence, o se impone por sí mismo sin aportación ni voluntad alguna por nuestra parte -lo cual puede resultar meramente superficial, y hasta inevitable, porque no se olvidan con facilidad algunas cosas- y el que buscamos y propiciamos deliberadamente nosotros mismos, para borrar algo, y sobre todo a alguien, de nuestra vida, anhelando que, con el paso del tiempo, aquello, o aquel, que fue, resulte lo mismo que si no hubiese sido y, por tanto, ni existido. Este tipo de olvido, puede ser conveniente para quien trate de olvidar, porque necesite para sí el olvido, pero si borra de si mismo, de su propia vida, algo que, en su momento, le ofreció cierta dicha, tal vez alguna emoción, quizá ilusión, paz o sosiego, es como si en parte se olvidara también de si mismo, esto es, se suicidara. Este olvido, en efecto, según me parece, es una especie de verdadero suicidio, porque no morimos el día y hora en los que se certifica nuestra muerte, sino que "nos vamos muriendo" progresivamente, día a día, minuto a minuto. Y lo mismo que esto sucede en el orden físico mediante el desgaste natural de nuestros órganos vitales, sucede también moralmente en la medida que vamos perdiendo lo que ha sido nuestra vida, esencialmente en lo que se refiere a la pérdida de los afectos. Y cuando, al fin, se pierden todos, hasta aquellos que constituían el último reducto de esperanza, como una especia de "parapeto", o de "trinchera", ese día, ya nos hemos muerto y, aunque caminemos por las calles y las plazas, no somos otra cosa sino "muertos sobrevivientes"... y sin enterrar. En otra dimensión, de proyección exterior, o externa, cuando -incluso pretendiendo el bien de alguien, "para salvarle"- se le olvida deliberadamente, el resultado "típico" ya no es el del suicidio, sino el del homicidio, porque a quien se borra de la existencia y sobre todo de la esencia (existir no es otra cosa sino "estar en el tiempo para ser") ya no es a uno mismo sino a otro, a alguien que no es "yo" y que, por tanto, al encontrarse fuera de mí, se halla por completo indefenso frente al olvido "salvador". El ser olvidado deja de ser, aunque sobreviva a su propia existencia, porque quizá ya nada pueda esperar de nada, ni de nadie. Por ello, tengo la sensación de que, si quien olvida puede vivir, el olvidado siempre muere. Luis Madrigal.-



sábado, 26 de septiembre de 2009

SONETO A UNA ESTRELLA LEJANA


Inolvidable olvido, no me olvides,
no abrases más el fondo de mi alma...
¡Envía con el viento amor y calma,
si no logro alcanzar lo que me pides!

El infinito tiempo, tú lo mides;
el sideral espacio, está en tu palma.
De tu fuego y su luz mi alma te ensalma
y en mi pecho transido tú resides.

Muestra al dolor tan sólo un tenue signo
de luz y de esperanza, en el olvido...
Si ayer sufrí, hoy sufro y me resigno,

mas dame, con fervor, lo que te pido.
Mira que clamo al Cielo y soy benigno...
Perdóname si, por estar, no he sido.


Luis Madrigal






jueves, 24 de septiembre de 2009

LA TERTULIA


Una tertulia, es una reunión, más o menos formal y periódica, que se convoca para hablar. No como en el Parlamento español (el Congreso de los Diputados o el Senado), que deberían hacer honor a su nombre y servir para eso, para hablar, y para responder al que habla, con ideas y argumentos, no con pataletas viscerales, ayunas de toda clase de ideas, y gestos de arrabal. Desde luego a la inmensa mayoría de los que allí se sientan, no puede pedírseles otra cosa, y mucho menos que tengan ideas, porque en este caso no estarían allí, sino en sus clínicas, despachos, factorías o lugares de bien y de utilidad general. Allí, de hablar, nada de nada. Es más lo poco que a veces se dice, no se habla, se lee. Por eso siempre me ha parecido, desde que puedo saberlo en vivo y en directo, que en lugar de tal nombre, en el mejor de los casos, debería llamarse "Leemento". En aquellas viejas tertulias, las que tenían lugar en los más románticos Cafés -yo mismo, aún las he conocido hasta mediados del anterior siglo XX- muy al contrario, se iba a hablar, y a hacerlo con extrema cortesía y con verdaderos deseos, en todo caso, de "leer dentro" de quien hablaba y al que se escuchaba con suma atención y respeto, ya fuera para ratificar sus ideas, ya para contradecirlas radicalmente, con rotundidad y vehemencia, si no podía o debía estarse de acuerdo con ellas. Además de esto -y quizá ello fuera lo esencial- aquellas tertulias, o charlas de café, no sólo servían para tomar el pulso a los acontecimientos colectivos, relevantes o no, del pasado y del presente, sino, al propio tiempo, como "junta de dilatación", o como "válvula de escape" a los más hondos y vitales sentimientos del yo individual, en toda época susceptibles de alegría y optimismo, o de depresión y hundimiento moral. Aquellos contertulios, no siempre pero sí frecuentemente, solían ser además verdaderos amigos, porque nadie se reune con sus enemigos si no es para partirse la cara. En suma, era entonces la tertulia un verdadero crisol, en el que si no la piedra filosofal, sí al menos trataban de cultivarse las máximas categorías del intelecto y espíritu humanos. Y por supuesto, la bondad y hasta el recreo, el inmenso gusto de "pasar un buen rato", y por ello quizá la primera acepción con la que el Diccionario ha recibido el término "tertulia", es la de "reunión de personas que se juntan habiltualmente para conversar o recrearse". En efecto, ¡cuántas anécdotas, dichos, episodios...! Y cuantas citas históricas en relación con acontecimientos gloriosos o brillantes del pasado, no se habrán contado en aquellas tertulias, que, en consecuencia, cumplieron también un papel de faro de irradiación cultural, de aprendizaje propiamente peripatético, pese a hallarse sentados sus participantes, docentes y discentes.

Se hablara de lo que se hablara (el hablar es sin duda la actividad más primígenamente humana, y por eso los pobres animalitos no pueden hacerlo), ya fuesen quienes fueran los contertulios, aquel tipo de tertulia contribuyó notablemente a la instrucción general de quienes a ella concurrían. Porque, desde luego, había muchas clases de tertulias, ya se tratase de intelectuales propiamente dichos, o de gentes de toda clase y condición. De técnicos, de juristas, de médicos o de comerciantes de los honrados gremios de ultramarinos o de conservas y aguardientes... En efecto, las había exquistas, con participación en ellas de las mentes más preclaras, como la del "Café Pombo", que inmortalizó el pincel magistral de Gutiérrez Solana, pero sin que por ello dejasen de excluir a nadie, dentro de un cierto régimen híbrido, o de concurrencia variada. Por ejemplo, de esto fue ejemplo vivo la tertulia de Don José Ortega y Gasset, (Don José era un empedernido taurofilo, además de un gran torero de la Filosofía) a la que asistía frecuentemente el torero Domingo Ortega y, hasta alguna vez, otro ejemplar humano digno de toda consideración, el también torero "El Gayo", aquel filósofo de la tauromaquia y de la vida, que, una vez, encontrándose paseando por París, vestido de corto, comentó a su acompañante, al reparar que los parisinos le miraban insistentemente: "Compare, ya me estoy cansando yo de tanto extranjero...". En alguna de aquellas ocasiones, cuando "El Gayo" se enteró de la profesión de Don José, que tan bien, tan rapidamente y con tanta precisión se expresaba en la tertulia (es Profesor de Metafísica, le dijo Domingo Ortega), preguntó de nuevo: ¿Y ezo que é..." Y como alguien tratara de explicárselo, exclamó: "Hay gente pa tó..."

Hoy en día, no sólamente ha desaparecido por completo aquel tipo de tertulia, salvo rarísimas excepciones, sino que ha sido sustituida por esa peste de la Radio y la TV, (y contra ella no hay vacuna) que han dado en llamar "tertulias" a esos vergonzosos y vergonzantes aquelarres, repletos no sólo de brujas, desmelenadas y gritonas, sino de gente analfabeta, animadas y participadas por las capas más despreciables de la sociedad. Hasta, en lugar de contertulios, a estos infectos personajes se les denomina "tertulianos", con la triste y dramática salvedad de que hasta la Real Academia de la Lengua, ha aceptado en el Diccionario esta repugnante acepción, que tanto podría desprestigiar al ilustre polígrafo latino del mismo nombre, aunque con máyuscula: Quinto Séptimo Florente Tertullianus, aquel cartaginés de la segunda mitad del siglo II, casi colindante con San Agustín, de imborrable huella. Hoy, esta nueva tertulia, sirve a las mil maravillas y contribuye al mayor oprobio social, en esta etapa de bajura intelectual e inmoralidad colectiva; divulga como un "ventilador" gigante una pirámide de excremetos, los más bajos, torpes y a la vez íntimos sentimientos e instintos de auténticas malas bestias puestas en remojo y, animada por esa ínfima categoría intelectual, la de los llamados "periodistas", procedentes de la más baja extracción académica, amenza con arrasarlo todo, como un nuevo Gog, en un nuevo Apocalipsis, en el sentido más impreciso y hasta grotesco de esta aparentemente terrible expresión. Luis Madrigal.-



Arriba, el famosísimo cuadro de José Gutierrez Solana, "La tertulia del Café Pombo", prototipo de tertulias entre los más preclaros intelectuales de la época. Parece ser que, además de Ramón Gómez de la Serna, en pie, que preside la escena, fueron retratados a su alrededor, de izquierda a derecha, Manuel Abril, Tomás Borrás, José Bergamín, José Cabrero, Mauricio Bacarisse, Pedro Emilio Coll y Salvador Bartolozzi, en unión, en último término, del propio pintor, en un excelente autorretrato. La sobriedad de los retratados y los colores oscuros, son caraterísticos de Gutierrez Solana.



martes, 22 de septiembre de 2009

EN MADRID, PERO EN PRIMAVERA

He llegado por fin a Madrid y, desde aquí, he hablado con Buenos Aires. Coste económico: 0,00 €. Y en perfectas condiciones de audición. Mucho mejor, mucho más perfectas, que cuando, a través de Telefónica, tengo que comunicarme con el vecino de la acera de enfrente de mi casa. Este milagro, se llama SKYPE. Hay que decirlo porque es de estricta justicia. Para que luego digan que los norteamericanos yanquis cultivan el capitalismo y se llenan los bolsillos a costa de otros. Dicen que, una vez, aquel gran hombre llamado Robert Strange McNamara (San Francisco, 9 de Junio de 1916- Washington, 6 de Julio de 2009) dijo aquello: "Lo que es bueno para la General Motors, es bueno para los Estados Unidos". Y también dicen, los peor intencionados, que añadió por "lo bajini" y "malo... para todos los demás". Bueno, pues, no. Yo no sé si McNamara lo diría o no, pero lo que si es cierto es que SKYPE es una empresa norteamericana y permite que, sin pagar nada de nada, uno pueda hablar con Buenos Aires, o con Méjico, o... también con el vecino de enfrente de casa, pero bien, perfectamente, sin cortes ni ruidos ni ninguna de las restantes estafas a las que Telefónica de España suele someter con harta frecuencia a sus sufridos abonados, como ellos nos llaman.

Bien, pues en Madrid, 23º C., es Otoño para el resto de los madrileños, pero para mí es Primavera, pese a que hoy en Buenos Aires, según me han dicho, ha sido un día más bien frío. Es igual. El calor, lo pongo yo. Estoy seguro de que en Córdoba, habrá hecho un día maravilloso, lleno de sol y de esperanza. Como debe ser. ¡Bienvenida y feliz seas, eterna Primavera, inmortal e inolvidable! En tí, no caben los días muertos, porque tú eres presagio de la vida, de la que nunca se olvida, porque nunca puede pasar. ¡Que la disfrutes y que seas muy feliz!. Luis Madrigal.-



lunes, 21 de septiembre de 2009

SILO

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Aún estoy en Pravia, donde, una vez más, como a otras partes, me ha traido el dolor. Pero, éste no es sino nuestro más común destino y hemos de aprender a convivir con él mano a mano, o corazón a corazón, que es el órgano en el que los occidentales depositamos los sentimientos, a diferencia de los antiguos egipcios, que según Mika Waltari, lo hacían en el hígado. El caso es que, antes de irme, quiero rendir homenaje, no sólo a una estatua, para mí nueva en este emplazamiento en el que ahora la he encontrado, sino muy en particular al personaje que representa, el Rey Silo, Sexto de los de Asturias y, por tanto, puede decirse que de España, aunque ésta no existiera todavía como tal, porque para eso hubo después de nacer León, cuando Castilla carecía no sólo de leyes, sino de reyes. Silo, reinó entre los años 744 y 783 y sucedió en el trono a Aurelio, que ha dado nombre, a su vez, a otro emblemático lugar asturiano, en plena cuenca minera, San Martín de Sotrondio, o del Rey Aurelio. Accedió al trono al estar casado con Adosinda, hija del rey Alfonso I el Católico y trasladó la capital del Reino, de Cangas de Onís a Pravia, donde estuvo situada la Corte, siendo por tanto esta hermosa Villa la segunda Capital de España. Después, lo fueron Oviedo y León, cuándo ni existía Valladolid del Páramo, ese gran pueblón mesetario, y seguramente tampoco Magerit, el destartalado lugar que Felipe II, el primer "rey de los papeles", consideró oportuno llenar de Oficinas. Silo, fue contemporáneo de Abd-al-Rahman I, el Emir Omeya de Córdoba, asi como de Carlomagno, el Rey de los francos. Hoy, ahora mismo cuando esto escribo, mientras diviso su estatua casi desde la ventana, Silo no es ya más que eso, puro granito, pero a sus pies, se encuentra la laberíntica piedra, que acoge todo el misterio, y no muy lejos de aquí, en Santianes de Pravia, el lugar donde, más que probablemente, fueron inhumadas sus cenizas. Aunque, desde luego, esto tampoco importa demasiado, porque todas las cenizas vuelan al Cielo, como sin duda alguna, ya están allí las que, entre el dolor, pero también entre la esperanza y la inmensa alegría que ello puede significar, me han traido a Pravia en esta ocasión. Luis Madrigal.-

sábado, 19 de septiembre de 2009

PROHIBIDO TELEGRAFIAR

Qué inmenso desastre, Dios mío. Estoy aún en Pravia (Principado de Asturias), pero imagino que sucedería igual de encontrarme en Madrid o en Barcelona, es decir en España, este país que no funciona casi nunca. Desde luego, lo que ya hace mucho tiempo que no funciona es el servicio de Correos y -antes- Telégrafos, que ya comenzó a estropearse más o menos a raíz de la nefasta UCD, aquel funesto invento que no sólo dividió España en 17 "taifas" desestructuradas e invertebradas -más aún- sino que la sembró de sal y de ineficacia. Y eso que aquellos próceres eran de los mejores de la clase, no como estos otros que con el tiempo subversivamente les sucedieron y que son los peores, no solo de la clase sino de cada casa. Correos, en su dimensión postal, funciona atrozmente mal y no merece la pena entrar en detalles, pero lo que ya parece insólito e inexplicable es que, en plena era de la Informática, Internet, y toda clase de artilugios electrónicos, no se pueda enviar un telegrama, como aquellos que se imprimían en tiras blancas, pegadas sobre aquel papel azul, tan escitante siempre como a veces dramático. He pretendido hoy, que es Sábado, poner un telegrama a unos grandes amigos, que se casaban entre sí por segunda vez, después de haber transcurido cincuenta años y de haber tenido, fruto de tan prolongado e intenso matrimonio, nada menos que siete hijos y diecisiete nietos. La ceremonia la organizaban estos últimos. Y no ha habido manera, pese a los buenos oficios de la empleada de Correos y "antes Telégrafos". Primero, no se sabía si, pese a ser las diez de la mañana, el telegrama podría ser repartido en el mismo día de hoy, que era el de la ceremonia, y que se celebraba en León. Salvado este enigma, lo que sucedía después, hasta tener que dejarlo por imposible, es que el "parato" informático, no reconocía la clave, ni el usuario, ni la contraseña, ni no sé cuantas cosas más, entre el nerviosismo y servicial actitud de la funcionaria, mientras se extendía la "cola" de pretendidos usuarios, hasta alcanzar la calle. Nueva llamada a Oviedo, con el triste resultado de que lo único posible sería enviar el telegrama por teléfono. Pero, tampoco era ni fue posible. Quizá yo soy en exceso romántico, y sin el menor sentido de utilidad práctica, pero tengo la sospecha de que aquellos viejos telegramas, con el texto en tiras blancas, sobre papel azul, dejaban, en circunstancias como esta, una huella espiritual muy superior incluso a la de la propia voz humana, en circunstancias como la que yo pretendia patentizar. Pero está visto que el romanticismo fue una corriente que tan sólo duró la primera mitad del siglo XIX, para nunca más volver. Hoy hay que utilizar Internet y los Ordenadores, pero estos demasiadas veces no funcionan. Al fin, he tenido que recurrir a este horroroso "chisme" del teléfono movil y hasta he logrado hablar con mi amigo para decirle: "Unidos espiritualmente, fuerte abrazo para vosotros, extensivo vuestros hijos y nietos". Pero, lamentablemente, nunca podrá recibirlo escrito sobre tiras blancas, adheridas a aquel papel azul. En cualquier caso, María Jesús, Jomapupe, ¡muchas felicidades! Luis Madrigal.-