sábado, 26 de mayo de 2012

¡VIVA ESPAÑA...!, HIJOS DE PUTA



Había escuchado yo, minutos antes, a través de la TV, manifestar al Sr. Durán i Lleida, inmediatamente después de su entrevista con el Presidente del Gobierno de España, que el Estado no dejará abandonada a ninguna de las Comunidades Autónomas, ante la ruionosa situación económica y de galopantes deudas a la que las han llevado sus dispendios y malversaciones. Naturalmente, se refería fundamentalmente, por no decir únicamente, a Cataluña. Pero, digo yo, que no debe ser del todo justo dar de comer a los que escupen en la mano que les acerca el pan. Asi es que, por mí, ya pueden irse muriendo de hambre todos los catalanes. Al menos todos los que puedan tener la más mínima relación con el sujeto  de rayas rojoamarillas que aparece en la fotografía de la derecha. Símile modo, también pueden ir pudriéndose en las cárceles los asesinos asimismo relacionados, por ligera sea la relación, con el individuo de rayas rojiblancas, que levanta el dedo en la fotografía de la izquierda. Oiga, señor, es un decir, por ahí, a su padre... ¿No le parece, Sr. Ministro del Interior? Por cierto, ¿dónde se encontraban los no sé cuantos policías de paisano que iban a "embolsar" a los que ya habían anunciado, -con premeditación, acuerdo  y unidad de propósitio para delinquir-  su deliberados ultrajes a España. Me permito, indicarle, Sr. Ministro, que los hechos son constitutivos del delito previsto y penado por el art. 543 del vigente Código Penal, el llamado "de la Democracia", no ya el anterior, que podría ser tildado de "franquista" y que imponía a los responsables de tales hechos la pena de prisión menor. Supongo que no resultará nada difícil, por lo menos, identificar y descubrir la guarida de estos dos delincuentes, para que les sea aplicada la Ley,  exactamente igual que a todos los que la infringen. Absolutamente a todos.

No quiero tampoco desaprovechar la oportunidad de invocar el contenido del art. 8, párrafo 1., de la Constitución Española. Muy posiblemente, se echaran a reir. Habrá incluso a quien el ataque de risa, al leer esto que escribo, pueda producirle otro de tos. Pero, siempre se empieza por algo y aquí, en "la piel de Toro", ya hace algún tiempo que llevan tocándonos las narices estos miserables. Así es que, algún día, tal vez, quién sabe, no habrá más remedio que aplicar tal precepto. Nunca se puede decir que nunca haya nadie con las agallas suficientes para hacerlo:


 



Seguro que el individuo de las rayas rojiblancas que levanta el dedo tendría que llevárselo a otra parte de su anatomía y, sobre todo, situarse en posición de firmes, al sonar este Himno



viernes, 25 de mayo de 2012

TRES SEGUIDILLAS A LA ALTURA




I

Me asomaré ahora en Mayo
a mi ventana
para ver desde lo alto
correr el agua.


II

La canción que cantaba,
ya no la tengo…
Se escondió en la maraña
del pleno Invierno.


III

Una escalera muy alta
yo no la quiero…
¡Sólo quiero tu alma
para ir al cielo!



Luis Madrigal





miércoles, 23 de mayo de 2012

PARA CRUZAR EL MAR



CUANDO TE DUERMAS


Cuando te duermas, sueña que te canto
y así tu sueño, como espiga de oro,
llegará al cielo… Allí bajo su manto,
no sabrás si yo río o, tal vez, lloro.

Ni sabrás, como ayer, cuánto es mi llanto;
si mi dolor punzante es indoloro…
Si algún ciprés, allá en el Camposanto,
sube al cielo, buscando el gran tesoro.

Entre hojas secas, de color rojizo,
tu sueño vendrá a mí y, sobre las olas,
a la otra Orilla, cruzará plomizo

el eco de mi voz… Las caracolas
de tu playa dirán que, sin tu hechizo,
vive sola mi alma, entre horas solas.



Luis Madrigal
 
 
 
 

martes, 22 de mayo de 2012

CUANDO NO LLOVÍA



BAJÉ UN DÍA A LA PLAYA

Bajé ayer a la playa y, en su arena,
vi unas huellas que no podían ser tuyas…
¡No viniste…! Ni pude tomar tu cintura,
ni tú apoyar la cabeza sobre mi hombro,
juntas nuestras manos,
temblando  -como la luna sobre el mar-
al escuchar el cadencioso sonido de las olas…
¿Para qué quiero otras huellas, en cualquier playa,
si no son las de tus pies,
descalzos y enamorados del alfombrado sábulo?
No volveré otra vez, ni nunca…
Subiré a la Montaña,
por si, desde su soberana altura,
puedo divisar, quizá por un milagro,
tus gigantescas cumbres nevadas
y, a sus pies, entre verdes frondas azuladas,
ese espejo sobre el que la luna,
en las noches de verano,
deja caer soñolienta su rayo de plata,
mientras danzan las Hadas.


Luis Madrigal




MIENTRAS LOS DÍAS PASAN





CANCIÓN ENTRE EL VIENTO Y LA LLUVIA


I

Oigo sonar el viento
tras el cristal que ampara mi tristeza…
Su ronco son me dice
que no sufra ni llore y, su camino,
será mi fortaleza.

II

Veo caer la lluvia
que se desliza suave por las ramas
de un árbol que tapiza
de verde su color en la mañana.
Sabe que no me amas…

III

Que nunca me amarás,
pero me impulsa firme a recordarte…
Yo, pienso en ti y no olvido,
alzo mi voz mientras suspiro y clamo:
Quizá podré olvidarte…


Luis Madrigal




viernes, 18 de mayo de 2012

PROSA POÉTICA (XVI)





LOS VIEJOS RECUERDOS

Trae hoy sabor el viento de lejanos recuerdos, sin duda inconscientemente almacenados en el archivo de la memoria, sin orden ni distinción. Como si cada uno de ellos fuese el primero que quisiera salir, en una especie de cuello de botella, donde se acumulan, presionando uno sobre otro. Pero hay que distinguir. La mente humana, no sólo contiene ese “archivo de negativos”, en el que consiste la memoria, sino también una poderosa y sutil “cámara fotográfica” que alberga dentro de sí la inteligencia, capaz de discernir tras el paso del tiempo, además de entre el bien y el mal, entre la soledad y la compañía; el miedo y la angustia; la alegría y la diversión; la risa y el llanto; el canto y la canción… No todo es lo mismo. Unas veces, los recuerdos resultan similares, análogos; otras, colaterales o marginales; algunas, justamente lo contrario de lo que se creyó vivir, y sentir, porque la vida siempre va acompañada del sentimiento. No sólo eso, sino que, si vivir es algo, tan sólo es sentimiento, pura y únicamente. Nada es lo suficiente, no reviste suficiente entidad, para acompañar al sentimiento. Por el contrario, el sentimiento acompaña a todas las cosas, a cada una de nuestras vivencias. Y al acudir hoy, no sé por qué, tan precipitada y desordenadamente a mi memoria, tantos y tan señeros recuerdos -sin relación entre sí, sin cronología alguna, como si el tiempo no obedeciese tampoco a la idea de orden-  ni el mismo viento que los trae sabe nada de ellos, ni de lo que yo sentí entonces, mientras discurrían. Yo, sé menos aún. Tan sólo sé que pasaron y ya nunca volverán.


Luis Madrigal

Madrid, 16 de Marzo de 2012
10,56 horas