viernes, 7 de junio de 2013

LA LLUVIA ROMPE EL HIELO



LLOVÍA EN LA MAÑANA


Llovía en la mañana y el sol, triste,
en un penoso esfuerzo, sonreía.
Cada gota del cielo que caía
era el beso de amor que no me diste.

Hace ya tanto tiempo que te fuiste,
que un solo instante siglos parecía…
De par en par mis ojos, yo veía
el mismo Río azul que siempre viste.

La lluvia al fin cesó. Cerré el paraguas.
Caminaba muy lento, soberano.
Sólo mi pensamiento, tras las aguas

voló en un breve soplo el Mar lejano
para encender mi fuego hasta en mil fraguas,
tal si de ti estuviera muy cercano.


Luis Madrigal



jueves, 6 de junio de 2013

ALGO TERRORÍFICO



LA LACRA DE EL NIHILISMO

Sobre lo que se ha llamado “nihilismo”, la literatura no es muy abundante, ni menos aún precisa. Mucho menos, por ejemplo, que sucede con el determinismo, de cuyo concepto filosófico yo mismo tuve el descaro de ocuparme una vez, en este mismo humilde Blog. Tal vez eso, a su vez, es así, por cuanto aquel concepto no se encuentra sistemáticamente encuadrado en los tratados clásicos, con las excepciones que aquí trataré de exponer sintéticamente.

El nihilismo, más que una construcción, tendencia u orientación filosófica, es una simple “actitud vital”, también de este carácter, o aún más, si hemos de distinguir entre la ciencia de la Filosofía y el filosofar. Ya pueda considerarse o ser entendido como doctrina filosófica, como un mero movimiento, o como  una práctica, el término “nihilismo” proviene del latín “nihil” (nada) y su afirmación esencial es la de que la existencia humana  -en consecuencia, el nihilismo prescinde por completo de la esencia-  carece de todo significado y hasta de todo valor superior. Los efectos de tal tipo de pensamiento o de actitud, pueden ser terroríficos, puesto que, en lógica consecuencia, y según se postula, desde que es instalado en el existir, al ser humano no le es posible “creer” en nada, ni tratar de observar ninguna conducta ética, y menos aún solidaria, puesto que, según algunos de los postulados nihilistas, el ser humano tan sólo puede quererse única y exclusivamente a sí mismo. El hombre carece de toda capacidad de querer a otro, por lo que cuanto se predica en sentido contrario resulta una mera utopía, un imposible absoluto.

Con ello, ser nihilista es afirmar que nada, ningún concepto o valor esencial, de contenido moral, tiene una explicación que pueda ser probada y, en consecuencia, ser nihilista equivale también  a negar todo cuanto pretenda significar un valor axiológico, o moral. En este sentido, el nihilismo, no sólo es una conducta proveniente de un  pensamiento ateo, sino también un pensamiento radicalmente contrario al historicismo, a la dialéctica de la historia de orientación marxista, aunque no al devenir hegeliano del ser, sin que ello implique tampoco ninguna finalidad de orden superior, puesto que la existencia, por propia definición, no debe tomar por objeto, nada de lo que “no existe”. Esto abre el camino al vitalismo más placentero, restringiendo el dolor a lo estrictamente circunstancial, y por ello no caben ningún tipo de mártires ni de héroes dentro del pensamiento nihilista, al alentar éste la negación de todo dogma. Cierto que  -cabe entender más que lógicamente- para eludir la acusación de instrumento de auto-destrucción que pesa sobre este tipo tan oscuro de pensamiento, y que no albergaría otro fin para la Humanidad sino el del “suicidio colectivo”, algunos nihilistas conceptuales han defendido, o más bien propuesto, la posibilidad del llamado “nihilismo positivo”, abierto a opciones  y tendencias vitales que en ningún caso han llegado a determinar y concretar. Con lo cual el dramático problema de existir para no poder nunca ser nada, o mejor dicho, para ser únicamente eso  -nada-  por el mero hecho de existir, continúa sin resolverse.

Se ha pretendido tan extremada antigüedad del nihilismo, que hasta ha llegado a atribuirse a un sofista pre-socrático, Gorgias, para quien, paradójicamente, ni la propia idea de "nihilismo" puede cobrar sentido alguno, por sostener el más absoluto de todos ellos, lo cual la reduce al absurdo, generando su propia imposibilidad. Tal es así puesto que Gorgias piensa que "nada existe"; si existiese, no podría ser conocido y, de poder conocerse, no podría comunicarse, esto es, no podría ser comunicado. Esto, como filosofía, evidentemente no parece nada serio, por totalmente inconsistente. Tal vez por ello, ha llegado a afirmarse también que el nihilismo tiene su origen, nada menos que en el Eclesiastés, uno de los libros sapienciales del Antiguo Testamento, que, ciertamente como otros de su mismo género  -el de Job, entre ellos- parecen hacer fluctuar el pensamiento bíblico hasta corregirse a sí mismo, causando la impresión en el lector de que los valores más sublimes  -el amor, la justicia, la verdad, la paciencia-  y hasta la vida misma carece de sentido, sin constituir más que una serie de actos incoherentes y de acontecimientos sin importancia, todos los cuales concluyen con la vejez y con la muerte. Pero esto no es nihilismo, ni mucho menos, sino radicalmente todo lo contrario. Es vitalismo. La lección que verdaderamente deja el Eclesiastés es la de que, cuando todo lo que se vive es puesto al servicio de la vanidad humana (que constituye el leitmotiv del libro sagrado, de principio a fin (1, 2 y 12, 8), entonces, sí, la vida carece de sentido. Ciertamente, tanto a Cohélet como a Job, tan sólo puede dárseles una respuesta escatológica, de ultratumba, pero a todo hombre, incluso a los que piensan o creen únicamente en la vida terrenal, se les ofrece siempre un sentido vital, sobre la tierra que pisamos, fundado en la ilusión y la esperanza puramente humanas.

Por último, también se ha pretendido atribuir la concepción nihilista de la existencia al gran filósofo existencialista alemán Martin Heidegger lo cual es también por completo impreciso y rigurosamente falso. Es verdad que Heidegger es un filósofo existencialista, procedente de la fenomenología de Husler, pero, si se ahonda en el pensamiento heideggeriano más profundo, se concluirá que Heidegger, paradójicamente, casi es un “esencialista”, si bien se ocupe de determinar filosóficamente en qué consiste el existir. Y esto último, para el gran filósofo de Friburgo, consiste precisamente en ser, en llegar a ello en la totalidad de lo que su propia esencia puede representar para cada ser humano, en función de sus capacidades y de su libre voluntad y esfuerzo.

No puede caber duda alguna de que fue el ateísmo más radical, el más negro y corrosivo, el de Friedrich Nietzsche, el que, partiendo de la idea de “la muerte de Dios”, alumbró la teoría nihilista, propugnando que la vida terrenal carece de todo sentido. Nietzsche describió el cristianismo como una religión nihilista porque evadía el desafío de encontrar sentido a la vida terrenal, y que en vez de eso creaba una proyección espiritual donde la mortalidad y el sufrimiento eran transcendidos. Nietzsche cree que el nihilismo es un resultado de la muerte de Dios, lo que apareja o conduce a la consecuencia de la destrucción de todos los valores, por caducos y sin sentido alguno. Con ello, el nihilismo encuentra una fuerte base de entronque con el simple y mero ateísmo.

También es verdad que, en el campo de la propia Teología  -y de la Teología cristiana-  se ha desarrollado la idea de “la muerte de Dios”. Casi todos los teólogos de esta corriente, han sido protestantes, o luteranos, desde el iniciador de la misma, el estadounidense William Hamilton que se dio a conocer en el artículo publicado en el New York Times, titulado “Los nuevos teólogos conciben un cristianismo sin Dios”. Este crucial artículo se publicó el día 17 de Octubre del año 1965, y la muerte de Hamilton se ha producido muy recientemente. Esta teología de un cristianismo sin Dios, fue acogida también, tras Hamilton, por los también norteamericanos y protestantes Paul Matthews van Buren y Thomas Jonathan Jackson Altizer, y por el francés Gabriel Vahanian abriendo con ello el camino hacia una Teología inmanentista, esto es, no transcendente; a una Teología sin Dios, que limita el cristianismo a una mera ética de actitudes. Desgraciadamente, esta orientación, si bien protestante, no ha dejado de extenderse al ámbito católico universal, si no en cuanto a autores que la postulen, sí en la enseñanza en Institutos y Universidades y sobre todo, presente en la práctica pastoral de no escasos sacerdotes defensores de lo que se llamó “el éxito post-conciliar”, tras el Vaticano II, causando con ello un notable daño a la recta doctrina de la fe, el consiguiente escándalo y un no escaso número de “víctimas”, entre los hijos espirituales de Hamilton.  No obstante, no es nada singular, ni debe mirarse con malos ojos, que los teólogos de referencia sean protestantes, porque también Bultmann y Pannenberg lo son, al propio tiempo que compatibles en muchas de sus matizaciones con los puntos de vista teológicos del catolicismo.

Afortunadamente, otro teólogo católico, alemán y Profesor en Freising, Bonn, Münster y Tübingen, llamado Joseph Ratzinger, en 1968, tres años más tarde de la aparición en el New York Times de aquel diabólico artículo de Hamilton, afirmó con contundencia que no se es ni se comienza a ser cristiano en virtud de ninguna decisión ética, ni de ninguna idea, ni menos aún por el encuentro con la materia  -porque la materia es un ser que si bien ciertamente es, no puede comprenderse por sí mismo, no se autocomprende-  sino por el encuentro del hombre con el Logos, que no es otra cosa sino el pensamiento y comprensión precedentes a y de la propia materia y que no es ninguna idea, sino una Persona. Una Persona, que no sólo piensa sino que también ama, y por eso crea. Y que nos ha amado a todos, y a todo lo creado, hasta el fin.

Luis MADRIGAL

A mi nueva amiga
la religiosa dominica (O.P.) Sor. Cecilia Codina Masach,
que tan amablemente vino a este humilde lugar,
con el deseo de que haya podido conocerme.

¡O Spem miram!



martes, 4 de junio de 2013

SIEMPRE ES IGUAL



ETERNAMENTE INMUTABLES

Por fin, huye ya el frío. Se irá hacia el Polo Norte, donde habita junto a blancos bloques de hielo. Tal vez  -¡Dios lo quiera!-  deba regresar en el verano, para aliviar el sofocante calor. Así es la vida. Viene y va. Progresa y regresa. Avanza y retrocede. Una y otra vez se repite e imita a sí misma, sin advertir que quienes hemos de vivirla carecemos de memoria vital, o ésta se hace tan borrosa que siempre nos engaña. De este modo, también siempre nos sorprende, casi sin avisar. Se presenta a nuestra vista, a nuestros sentidos corporales, como si nunca hubiese sido ella así, del modo que encontramos sorprendentemente nuevo y extraño. Como si nunca hubiese tenido la misma consistencia, la misma estampa que divisamos, que oímos, que sufrimos en nuestra carne y a veces en nuestro espíritu. Sin embargo, aunque nos parezca distinta, siempre es la misma, siempre es igual. Somos nosotros mismos, quienes pretendiendo ser distintos y variables, somos eternamente inmutables… Y desde siempre condenados a tener que vivirla.

Luis Madrigal





viernes, 31 de mayo de 2013

ESTÁ SALIENDO EL SOL




Los cristales, a la luz reciben
como alimento propio, cuando cruza
y esplendorosa luce en la mañana.
También de ella se nutren
al ocultarse el sol, tras la montaña
que besa el horizonte, y su reflejo
rojizo, con amor, quiere besar el alma.
Quiero ser un cristal, tan trasparente
que la luz cruce en mí, al nacer el alba;
cuando el sol, ya maduro, alcanza el cénit
y al caer de la tarde, cuando acaba
su camino de luz, y otro Horizonte
al mismo sol alumbra y le traspasa.


Luis Madrigal





jueves, 30 de mayo de 2013

LA JUNGLA DE ASFALTO




EN UNA CALLE DE MADRID

Caminaba. Oía pasos, entre ruidos y voces que le asfixiaban al pasar, y que  herían cuanto habitaba en la oscura morada en que las luces cegaban toda luz… Siempre era noche. Caminaba sorteando amorfos bultos que acumulaban sobre sí sudor y sangre, necia y miserable, de todos los colores y orígenes del mundo. En la infernal jungla, no se oían trinos, ni sonidos musicales. Sólo, junto al estruendo de estampida, el piar de los gorriones que, en su huida del aire contaminado y apestoso, saltaban inquietos sobre las ramas de los árboles, sin entender ni formar parte de cuanto se arrastraba, llevando consigo un amargo lastre, de impiedad e inmundicia. Algunas de aquellas pequeñas aves, inocentes, incapaces de sufrir el hediondo hospedaje sobre el que se amparaban de las miserias de los hombres, emprendían súbitamente el vuelo, hasta desaparecer entre una nube negra que embadurnaba groseramente el azul del cielo. De pronto, mientras se llevaba las manos a la cabeza, pudo oír un espeluznante chirrido, seguido de un horrible estruendo y de un agudo lamento. Una bicicleta, conducida por un hombre, que circulaba por la acera, tupida de peatones y caminantes, se había llevado por delante a un viejecito de barba blanca, que ya caminaba dolorosamente, sin duda por prescripción facultativa, sirviéndose de unas muletas… ¡Maldita chusma, irredenta y canalla…!, hubiese dicho Friedrich Engels a su íntimo amigo Karl Marx. ¡Malditos…! Dijo él, mientras siguió caminando con temor a que le ocurriese otro tanto… ¡Malditos!, volvió a balbucear con indignación y asco, los que dicen velar por la convivencia en orden y armonía, promover la creación de la ley y… hacer que se cumpla. Malditos todos ellos, dije yo también entonces, y vuelvo a decir ahora.

Luis Madrigal


miércoles, 29 de mayo de 2013



DEL ROSAL SE HA CAÍDO UNA ROSA

Con el frío y la lluvia, en un momento,
del rosal una rosa se ha caído.
Dejó en el suelo, al caer, mi pecho herido
y un suspiro hasta el Mar se llevó el viento.

Aquel anhelo yace, con mi acento,
entrecortado, triste y aterido
como el aliento que, sin ser, ha sido
una noche tras otra, y diez y ciento.

Ahora ya sólo es mar… Sobre una playa
tendido y olvidado a su ruin suerte,
aquel aliento muere, en la batalla

que siempre pierde el débil frente al fuerte.
Mas prefirió, al olvido y su muralla,
mil veces, y otras mil, hallar la muerte.


Luis Madrigal





martes, 28 de mayo de 2013




MAYO DE LLUVIA Y FRÍO


Luchan las rosas con el frío -ausentes-
por apuntar al cielo, que es su cumbre.
Junto al hogar, el leño hace la lumbre
y densos ríos pueden hacer fuentes.

Así, frívolos pasos, en conscientes
ha de trocar  -de tanta podredumbre-
el humano latir… La pesadumbre,
en aliento feliz… Lúcidas mentes,

a cuanto habita y pisa  en el camino,
impregnar del aroma de las rosas
y, al caer de la tarde, en su destino,

volar en paz y amor cual mariposas
sobre el azul del cielo cristalino,
sin llenar de miseria oscuras losas.


Luis Madrigal