domingo, 7 de agosto de 2016

ROJO PRUNEDA



PARA TRES MUJERES Y UNA NIÑA

Se lo oí decir a una persona, luego a otra y sucesivamente a otras más. A estas alturas ya es general el comentario: Se puede volver de nuevo a la Cantina de La Estación. Y se vuelve, en notable cantidad y frecuencia. La remodelación del local ha sido relativamente ligera pero armónica y en sintonía con el famoso "rojo Pruneda". Mi viejo amigo José Antonio, el mismo que diseñó aquel proyecto de reforma de la Estación, para instalar paneles de energía solar que satisfaciesen todas sus necesidades de este carácter, incluso la de calefacción. Y no sólo en el edificio de viajeros sino hasta bajo los andenes, para que los viajeros no se enfriasen los pies al subir al tren, en los gélidos días de invierno. Todo un lujo. José Antonio Pruneda, era y deseo que siga siendo, un Arquitecto de gran talento, no sólo arquitectónico, sino además un excelente dibujante artistíco, admirador como muchos de su mismo oficio del gran "Corbu", aquel genial suizo. Además, era un muy documentado cinéfilo, más o menos habitual en las tertulias de José Luis Garci  -"Qué grande es el Cine"-  en unión del entonces mero Fiscal de la Audiencia de Madrid, Torres-Dulce, que también lo era y lo será, aunque Don Eduardo finalmente dimitiese gloriosamente de su alto cargo de Fiscal General del Estado.

Pero...¡aquel Proyecto! Fue un absoluto fracaso. Y no por culpa de Pruneda, sino de un insensato senador socialista que fue a Bruselas y se trajo un buen puñado de "equs" (entonces todavía no existía el €) para hacer un curioso experimento, que prácticamente se impuso a RENFE: Dotar de paneles solares a una estación de ferrocarril, en un lugar de clima especialmente frío en invierno y... ¡comprobar qué era lo que pasaba! Lo que pasó fue un cataclismo térmico. Tras haber desinstalado la caldera de la calefacción de carbón y sus radiadores (primero disparar y después apuntar), los factores de circulación se morían de frío  -entre ellos mi querido y entrañable amigo "Garci", Andrés Garcíe Sastre, al que tanto recuerdo-  y hubo que recurrir a un sistema eléctrico tradicional, mucho más caro y de menor rendimiento calorífico. Según el Proyecto, la ejecución de la obra debería haberse realizado en cuatro meses, pero duró cuatro años y no sólamente fue terminada de una manera chapucera, vergonzosa y vergonzante, sino que los pretendidos paneles solares aún hoy brillan por su ausencia.



Pese a todo ello, el rojo Pruneda permaneció en las columnas que soportan las cubiertas de los andenes y otros elementos, y asi se conservan hoy. Este color puede verse en diversas estaciones, casi todas ellas de la Línea Madrid-Irún, pero La Estación de la que estoy hablando es la de Las Navas del Marqués, en el km. 83,00 de dicha línea, ya en la Provincia de Ávila. Desde ella escribo en este mismo momento y gracias a ella, a su estación Wifi "Cantina1", puedo hacerlo en este humilde Blog, a través de Internet.

Este histórico y amoroso lugar, "La Cantina", que durante tantos años regentó y dirigió abnegadamente aquel matrimonio ejemplar, Pili y Juanito, prestando a todos excelentes servicios, ha vuelto por sus viejos fueros, ofreciendo similares servicios generales, con el añadido de fabricar y vender pan. Diariamente. Un pan riquísimo, además de una estación WiFi que, como ya he dicho, permite la conexión rápida y segura a Internet, a todas las horas del día, incluso ya entrada la noche. En lo demás, se han recuperado los servicios de terraza, así como toda clase de tapas, bocadillos y raciones. Y el encargo de comidas para llevar a casa, incluídas paellas de diversa clase. Magnífico, excelente. Para los viajeros y para los estacioneros, como se dice en el argot ferroviario, tanto profesionales como "amateurs".

Todo ello, sin duda alguna se debe  -y hay que felicitar también a RENFE o más bien a ADIF-  a la nueva concesionaria del servicio de Cantina, una extraordinaria mujer, Begoña Llamas Acedo, con mentalidad y actidudes empresariales, que desde la ya indicada remodelación del local, ha ido incorporando todas las comodidades y ventajas indicadas. Es de desear que los beneficiarios cooperen con entusiasmo, no sólo a que se mantengan las excelencias del servicio, sino a mejorarlas y perfeccionarlas.

Begoña es ayudada, por las mañanas y a veces también a la caída de la tarde, por su hija Alba, una criatura especialmente bondadosa, perteneciente a la especie humana, ya en proceso de extinción, de los que consideran que la vida es una ocasión única para echar una mano a los demás, sin más propósito que éste, el de ayudar a un semejante, en lugar de aplicar a las diversas posibles situaciones de necesidad ajena el conocido y miserable dicho: "No es mi problema". Para Alba, los problemas ajenos son suyos propios y como tal se comporta altruistamente. Además es una niña muy guapa, lo cual es un factor secundario, pero también muy atractivo, porque la belleza, en el sentido más preciso del concepto que expresa esta noble palabra, forma parte del arte, hasta constituir su objeto y fin más específicamente genuino.

En la pared de la izquierda de la Cantina, entrando desde el andén por la parte central, continúa instalado un expendedor de tabaco. Natalia, baja cada cierto tiempo, por las mañanas, a observar el estado de las existencias que contiene el dispensador y repone las carencias a fin de que permanezca siempre bien dotado. Ya es sabido que "el tabaco mata", según el eslogan legalmente impuesto a las empresas fabricantes. Pero continúa habiendo fumadores, que siguen haciendo uso de su libertad de fumar. La salvedad tiene por mi parte el único fin de excusar a Natalia, titular de la concesión del Estanco que hay en el pueblo de Las Navas, casi en frente de la Ermita del Cristo de Gracia. No es posible incriminar a Natalia, haciéndole cómplice, ni menos aún cooperador necesario, del delito de homicidio por causa de tabaquismo, al utilizar las cajetillas de tabaco como instrumento delictivo. De ninguna manera. Falta el móvil del crimen, la intención, que es esencial en todo tipo de delito. Natalia, se limita a hacer lo que podría hacer cualquier otra persona, para equilibrar la economía del establecimiento que explota y dirige. Y su amabilidad y sonrisa tiene también un especial encanto. Yo, compré en su Estanco, hace ya años un bolígrafo de diseño muy atractivo, que conservo y utilizo de vez en cuando, para que no se desgaste. Tendré que comprarle otro a Natalia este mismo Verano, porque la verdad es que son muy bonitos y no excesivamente caros.

Bien. Ya están, bajo el "rojo Pruneda", las tres mujeres que hacen de la Nueva Cantina de la Estación de las Navas del Marqués, un lugar muy agradable en relación con sus propios fines.

Pero falta alguien más. A veces, con Natalia, baja también una niña. Una niña de unos ocho años, de ojos llenos de vida y armonioso cabello castaño oscuro que alcanza reflejos rubios a la luz del sol, muy despierta y con cara de ser muy lista. Es su hija, y no se llama "Davinia", "Jenifer", "Tamara" o aún cosas peores. Se llama Candela. Precioso nombre, cuyo origen es sagrado y además español por los cuatro costados de España. A Candela, le gusta la Poesía y se interesa por ella. Es la guinda del pastel. Casi se podría decir, si los de La Cantina de Las Navas fuesen monárquicos, que Candela es la perla de la corona.

Luis Madrigal

Cantina de la Estación de Las Navas del Marqués,
7 de Agosto de 2016

lunes, 1 de agosto de 2016

EN EL BOSTEZANTE TEDIO DEL VERANO






UN AVE DEL PARAÍSO

SOBRE ANTONIO ESCUDERO, UN AMIGO DE ISRAEL


El ambito socio-cultural de Las Navas del Marqués, provincia de Ávila, está formado por la conurbación que integran el propio pueblo de Las Navas, la colonia "Los Matizales", la Estación del Ferrocarril (en la segunda línea férrea cronológicamente establecida en la Península, la de Madrid a Irún, tercera de España, porque la primera de todas, fue extrapeninsular, la de Guines a la Habana, en Cuba, cuando la perla del Caribe y de la Corona española, todavìa era España) y por último la pretendida lujosa urbanización privada llamada "Ciudad Ducal", según a mí me parece hoy ya decadente. En todo este ámbito, es universalmente conocida una persona sobre la que sin duda, recaerán muy diversas opiniones, o más bien simples sensaciones. Y toda sensación, en lo que tiene de subjetiva, no puede dejar de ser relativa y necesariamente provisional. Cualquier definición del hombre  -de todo hombre-  siempre es provisional, porque, mientras está vivo, nunca está acabado del todo -nunca esá terminado de hacer-  y cuando al final ya está acabado, entonces ya no está. La persona  -el hombre al que me refiero-  es la de Don Antonio José Escudero Ríos. Lo de "Don", esto es, el tratamiento que a toda persona de sexo masculino atribuye el sistema legal de igualdad que otorga la Constitución Española  -la CE78, como dirían esos extraños juristas que, como tales, son los politólogos- es algo que el propio Antonio exige para sí mismo, toda vez que también él lo dispensa a todos los demás. Precisamente por ello, Antonio es una persona no sólo sencilla sino especialmente humilde, porque la humildad, esencialmente, es la verdad. Antonio es humilde, como todos o como casi todos los sabios que lo son de verdad, es decir que son verdaderamente sabios. Yo, comienzo a tener la impresión de que Antonio Escudero, efectivamente lo es. Es de esta sublime condición. Y no un humilde sabio, sino un sabio humilde.

Antonio, recorre casi diariamente a pie  -es decir camina-  los duros y, en algunos tramos o parajes, abruptos y esforzados senderos del ámbito de referencia, sin exclusión de su belleza de empinadas pendientes, de un modo similar a como vuelan los pájaros o las abejas, en cuanto al resultado final y esencial de su vuelo. Es decir, transportando algunas semillas para su fertilización. Las semillas que Antonio transporta y deposita son los libros, algunos de ellos esenciales para entender algunas cosas también de esta misma índole, y además toda clase de revistas, folletos, separatas, opúsculos, fotocopias y demás material intelectualmente fructífero, que carga sobre si, bien en una reducida mochila, bien en ocasiones en un pesado carterón. Antonio los presta y, al cabo de algún tiempo, los recoge de los prestatarios casi a domicilo, sin interés alguno, poniendo de manifiesto la nota esencial que caracteriza la figura contractual del préstamo, la gratuidad. Antonio es un agente natural en la polinización de la cultura.

Antonio, ama el silencio y la soledad, hasta el punto de parecer estar especialmente diseñado  para ser, no "un lobo solitario" cruel y cruento, sino más bien un manso cordero, y sobre todo un ciervo libre en busca de las fuentes de la vida, entre los arboles del bosque o las verdes praderas del Edén. Pero, casi siempre al atardecer, en la hora crepuscular, Antonio, algún día, puede recalar, efectuar parada en alguno de los rincones en los que algún humano bosteza. Y entonces, abre la magia de su palabra sencilla y profunda al mismo tiempo que saturada de imágenes vivas, de citas eruditas e ignotas, transformando -como buen orteguiano- su ensimismamieto en alteración y convirtiéndose en un ameno conversador. Antonio dialoga con toda sencillez, para que cualquiera pueda entenderle, pero eso sí, si se eleva el listón, aunque sea por casualidad, su palabra abandona la anécdota para abordar la categoría, porque no en vano es filósofo puro, en el sentido rigurosamente académico.

Antonio planta árboles y deposita flores en los sepulcros de quienes fueron sus amigos. Es tan amigo de sus amigos que lo sigue siendo después de la muerte. Y no lo hace por "cumplir" con nada ni con nadie, sino desde lo más profundo de convicciones muy serias y paradigmáticas. Últimamente ha seguido doce días de ayuno, bebiendo tan sólo el agua cristalina de las fuentes porque, citando a su admirado Yehudá Halevi, "el ayuno nos hace como ángeles, libres de determinaciones naturales". 

Si se preguntase por Antonio a la gente que anda por aquí habitualmente, bien en el verano o en cualquiera otra época, una buena proporción diría que está más loco que una cabra. Yo mismo pude pensarlo hace ya mucho tiempo. A él, esto no le importa absolutamente nada. Si dicen eso de él, allá quien lo diga. Ni piensa molestarse en pedirle la menor explicación. Estoy así de seguro no porque el mismo Antonio me lo haya dicho con total determinación muy recientemente, sino por haber llegado por mi mismo a esta conclusión, por propia deducción lógica. Ya está más que comprobado que aquellos a quienes llamamos "tontos", lo son únicamente porque piensan de manera distinta a nosotros. Y exactamente pasa con los que llamamos "locos". Pero Antonio no es ninguna de las dos cosas. Yo he llegado a la conclusión de que es todo lo contrario. Me parece un hombre sincero y honesto, aparte de sabio y humilde.

En cualquier caso, Antonio no es nada vulgar, ni masificado, ni de ninguna de las especies lanares tan frecuentes en el lugar. Nada de eso. Es muy admisible que otros no podamos ni tengamos fuerza para ser como él es y, en consecuencia muy lícito no ser así. En una gran parte, también es mucho más cómodo, mucho más blando y mucho menos sacrificado y hasta espartano. Se puede admitir también que Antonio pueda ser un personaje visionario y romántico. Incluso un "iluminado". Pero, si lo fuese, no sería un alumbrado, como lo fueran los miembros de aquel movimiento español del siglo XVI, relacionados con la corriente mística que sostenía la posibilidad de la perfección mediante la oración, sin necesidad de rito alguno. Sería más bien un un aloisius, un sereno portador de la luz. O, en todo caso, un distinguido miembro del movimiento intelectual europeo del siglo XVIII.

Esta sublimación espiritual ha inspirado e impulsado a Antonio, nada menos que a hacerse caballero templario y, en esta perspectiva, a fundar la Orden Nueva de Toledo (Novus Toleti Ordo) de la que él mismo es Gran Maestre, y a vivir, en vez de en el año en curso de la era cristiana, en el Anno Templi DCCCXXVI. Yo le he solicitado ya mi ingreso, que espero ver otorgado por el Capítulo General.

Sin embargo a Antonio aún no se le ha ocurrido vestirse como los caballeros templarios, pero tampoco se viste en ninguna boutique de moda masculina. No es un dandy, sino que hasta puede llegar, sin cobrar nunca la silueta de harapiento mendigo, a observar el aspecto externo al que alguien, en alguna ocasión, se atrevería a ofrecer una limosna, desde luego sin saber que podría recibirla de él, en muy diversos capítulos verdaderamente importantes. Uno de ellos  -pese a que ello constituya en él la apariencia de un conversador y divulgador monotemático, cuando no monocorde y monocolor-  es el de su apasionada defensa y amor a Israel, el pueblo elegido, que para nosotros los cristianos es la misma Iglesia fundada por Jesús de Nazaret, un judío al que siguieron otros Doce judíos. Jesús, en efecto es una planta que enraíza en el Antiguo Testamento y florece en el Nuevo. Por eso, cuando hablo con Antonio yo no me olvido de que nuestra religión común, la suya y la mía, es el judeo-cristianismo y de que en, en este sentido, los judíos son nuestros hermanos mayores en la Fe. De que procedemos de la Sinagoga, de la misma en la que habló Jesús, y de que el canto gregoriano procede de la salmodia. Este punto de contacto, me une muy especialmente a la defensa que Antonio, allá donde vaya, hace de Israel.

En fin, en este mundo de carnaval, donde pueden explicarse perfectamente los sonidos que emiten cada una de las especies animales que lo habitan (así, verbi gracia, los burros rebuznan, los perros ladran, las gallinas cacarean, etc, etc.) y donde cada cual luce la piel, capa o pluma correspondiente a su especie, Antonio Escudero sería un ave del paraíso. Del paraíso perdido. Y no tanto del que cantó John Milton sino del que tantos se afanan, o nos afanamos en perder cada día. Antonio, no. Vive en él. Y le gusta mucho. Yo le admiro, porque me gustaría también mucho poder ser como él.

Luis Madrigal

Las Navas del Marqués (Ávila, España)
Cantina de La Estación
1 de Agosto de 2016

viernes, 29 de julio de 2016

ESTARÁ MI ESPÍRITU



ESTARÁ CON ELLOS MI ESPÍRITU

Pasarán las horas, los días y las noches
y pasarán  -muriendo-  las olas en la playa,
quizá entre rocas ya muertas.
El tiempo seguirá su ruta y su canción,
hasta alcanzar el punto omega
en el que comenzó su giro y su eclosión alfa.
Yo, no estaré ya. Me habré hecho aire,
encendido y susurrante,
como el que, en las tardes de verano,
pone su acento en las ventanas ardientes;
en la tierra calcinada por los rayos del sol,
mientras suspira un hilo de agua freca.
Yo, no estaré... Mas, estará mi aliento
que, en las noches serenas,
de luna plateada y misteriosa,
insuflará el espíritu de mi ser e inyectará mi sangre
en las venas de cuantos además de existir -o estar ahí-
bostezando tras las esquinas, quieran ser.
Para tejer guirnaldas de luz sobre la noche oscura.

Luis Madrigal

Las Navas del Marqués (Ávila, España)
Julio de 2016

miércoles, 27 de julio de 2016

PISADAS EN LA ARENA



PASO SIN PASAR, AL PASO


Paso sin pasar, al paso.
Y sin pasar, nunca veo
mi silueta, el parpadeo
de una nube en cielo raso.

Me falta memoria, acaso
y  -sin memoria-  el deseo
de vivir como yo creo
he de vivir, mientras paso.

En lontananza, el ocaso
parece un ascua, que leo
con letras de fuego. Seo
de cielo en la tierra. Y paso.


Luis Madrigal



Las Navas del Marqués (Ávila, España)





lunes, 25 de julio de 2016

SANTIAGO, SALVA A ESPAÑA




A EUROPA Y AL MUNDO


Es muy conocido el grito, porque lo es  -es un grito-  "Santiago y cierra España". Creo recordar haber dicho, ya hace años en este mismo humilde Blog, que es el grito, o lo fue, de la Caballería española. Y en este sentido, Santiago (el Santiago Matamoros de la tradición) es el encargado de hacerlo. De "cerrar" España, que es tanto como entrar, o trabar combate, con las armas. ¿Contra quién? Inicialmente contra el moro, contra el sarraceno. Casi ocho siglos les costó a nuestros antepasados, los españoles de entre los años 721 y 1492, enviar al lugar del que procedían, a aquellos fanáticos de Alah y Mahoma. También es sabido que "no hay más Dios que Aláh y Mahoma es su Profeta". En realidad Aláh, no es otra cosa, en su raíz semita primitiva, sino "el dios que asciende, que es poderoso". Es el "equivalente a", esto es, el mismo Dios, que Elohim, un plural de intensidad. El plural de intensidad en las lenguas semíticas, más que un plural propiamente dicho, es un adverbio de cantidad, un plural mayestático, de dignidad, de excelencia. Es un plural de tal fuerza que sirve, o se utiliza, para subrayar enérgica y enfáticamente una idea transcendental y transcendente, generalmente la de la misma divinidad.

Tal nombre no aparece nunca en el Antiguo Testamento, sino que se introduce, con la primera y las tres últimas letras de "Abdulah", como mera abreviatura, en el panteón de las deidades paganas de Arabia. En consecuencia, no sólo es el mismo Dios, único y universal, al que los israelitas llaman Elohim sino, cronológicamente muy posterior, en cuanto al nombre. Para ello basta recordar que los judíos andan por el año cinco mil y pico de su era; los cristianos, por el año 2016, de la nuestra, y los musulmanes, seguidores del profeta Mahoma, aproximadamente por el 1400, de la suya. Esto lo explica casi todo, o al menos explica muchas cosas. Entre otras, las masacres ocasionadas por las salvajadas terroristas de Nueva York, Madrid, Londres, Paris, Niza, Munich e incluso las de Constantinopla (antes Bizancio y hoy Estambul) o las de Egipto, Marruecos o Túnez. La Fe en Dios, además de ser firme, ha de ser necesariamente civilizada y libre, o no será verdadera Fe. Y es indudable  -tal vez debido a lo que ahora se llama la inculturización- que la civilización de los pueblos sólo se alcanza con el paso del tiempo. También, en sus días, se produjeron las Cruzadas, pero desde entonces han transcurrido ya muchos siglos. Durante la Reconquista de España, los españoles acudimos al Apostol Santiago, y desde entonces se hicieron hasta castizas determinadas expresiones, como la ya citada de "Santiago Matamoros"  -algunos de nuestros pueblos llevan ese nombre-  hasta conformar el lema de la Caballería militar española, el Arma de Caballería, cuyo himno concluye con la expresión ya citada: "¡Santiago y cierra España!".

Sin embargo cuando, en nuestro tiempo, tengo entendido que hasta se ha cerrado la Academia de Caballería, en Valladolid, nadie se acordaba ya de semejante grito. Los musulmanes (y nosotros para ellos también  somos tal) son hermanos nuestros en la Fe, aunque en rigor tan solo sean primos carnales. Ellos proceden de Ismael, a través de Agar, y nosotros de Isaac, a través de Sara. Todos de Abraham. De Ibrahim. Me refiero a los musulmanes civilizados, a los verdaderos musulmanes, y no a esta canallesca secta terrorista,  sangrienta y cruel. Y por ello pienso quizá no estaría de más, aparte de otros cauces posiblemente más inteligentes y propiamente civilizados, coherentes también con la raíz del problema, que los potenciales militares del universo al que se ha declarado tan cobarde e infame guerra, se concentrasen de nuevo en torno al Apostol Santiago, al grito, esta vez, no sólo de España sino de Europa y del Mundo, para aniquilar para siempre a los asesinos.

No sé si la propia España, mi querida y machacada patria, está en este momento por tal labor, no sólo sin Gobierno sino sin fe en sí misma, casi en el trance de consumación de aquello que tan casi milagroso le parecía a Bismarkc, cuando, en cierta ocasión, le interrogaron al respecto. Me refiero, desde luego, a Otto Eduard Leopold von Bismarck-Schönhausen, Príncipe de Bismarck y Duque de Lauenburg, más conocido como El Canciller de Hierro. Se cuenta en efecto que alguien le preguntó acerca de que país le parecía el más fuerte del planeta. El Canciller, respondió al instante sin duda alguna: España, dijo, porque llevan los españoles varios siglos tratando de destruirla y no lo han conseguido.

Yo, pobre de mí, aun confío que nuestro Apostol Santiago, cuya gloriosa festividad hoy ni se celebra en la Comunidad Autónoma en la que transitoriamente me encuentro, y pese a ser ella el núcleo germinal de España, nos salvará a todos los españoles. A la Europa que peregrinó hacia Compostela y al universo mundo.


Luis Madrigal

Las Navas del Marqués (Ávila)
25 de Julio de 2016

viernes, 22 de julio de 2016

OTRA VEZ EN LAS NAVAS



PASA EL CRISTO DE GRACIA


Busco y no hallo a ese Dios al que se adora
entre humo de incienso y luz de velas,
sin cruzar de los hombres las cancelas
donde habita el Ser que es, hora tras hora.

Día y noche, sin paz, mi mente explora
del existir la causa, sin cautelas
ni manantiales secos. Sin estelas
aradas en el mar, que la ola azora.

Enigma que en la mente no ha cabida
si al corazón la llama nunca enciende.
Misterio de la Vida no vivida

que tan sólo a la muerte fiel transciende
para brillar por siempre así encendida
y alumbrar un morir resplandeciente.



Luis Madrigal



Las Navas del Marqués (Ávila, España)
9-14 de Julio de 2016

viernes, 17 de junio de 2016

UN RECORDADO OLVIDO





DON FELIPE

Me escribe, en relación con este humilde Blog que casi nadie lee, como es lógico, un viejo amigo. La expresión "viejo amigo", no guarda la menor relación, en este caso, con la mojama u otros productos arrugados o mohosos, sino más bien con los buenos vinos jóvenes que, tras el transcurrir del tiempo, se cargan de fortaleza y vigor, además del sabor y del olor. En este caso, del "buen olor de Cristo", el propio y exclusivo de Jesús de Nazaret, el Redentor del hombre. Lo que mi "joven viejo amigo" me reprocha, sintiéndose decepcionado al mismo tiempo, y con toda razón, es el no haber podido encontrar nada de nada, escrito por mí mismo, en este Blog, a raíz del reciente fallecimiento del M.I.Sr. Don Felipe Fernández Ramos, Canónigo Lectoral de la Catedral de León, Catedrático de Sagrada Escritura en la Pontificia Universidad de Salamanca, hasta su jubilación. Pero la decepción y justo reproche no traen causa de tal momento, ni de la inmensa sabiduría de Don Felipe en materia bíblica, sino de cuando no era tan "sabio", sino simplemente nuestro Consiliario Diocesano en la  -vaya por las paradojas-  vieja Juventud de la Acción Católica Española. La JACE, para los amigos y "conocidos". La entidad inventora (en la isla de Mallorca) de los "Cursillos de Cristiandad". Aquel Don Felipe joven, de tan solo 33 años, casi recién llegado de Jerusalén, donde había culminado, por el momento, sus estudios bíblicos, en la Escuela de Teología de la Ciudad Santa, tras haberlo hecho inicialmente en Salamanca y en Roma. 

Suena ya  -y lo es-  a tópico, pero ¿que podría yo decir de Don Felipe, además de dolerme muy en lo hondo por su muerte? En mi insignificante opinión, Don Felipe, en los últimos años, y sin duda desde hacía ya bastantes otros, había llegado a ser un verdadero sabio en Teología Bíblica. Sus tesis en la materia, sobre aspectos capitales, para mí, no sólo eran  -además de fronterizamente "heréticas"- aguda y brillantemente innovadoras. La Teología, si es que es una ciencia, no puede permanecer al margen de la evolución epistemológica, como todas las demás ciencias, ya lo sean de la materia o del logos, inluso del Logos joánico que, con poca fortuna, San Jerónimo tradujo por Verbo. Esto último, descaradamente, lo digo yo, aunque nunca se lo oí, ni he podido leerlo en cuanto él escribió. Pero, alguna de estas teorías de Don Felipe, personalmente me produjo, no sólo sorpresa y admiración, sino, debo decir que una inmensa paz y alegría. Tengo que remitirme, al respecto, a uno de sus últimos libros, "De la muerte a la Vida", y si cabe más aún que al propio libro- por su brevedad y síntesis nuclear- a la recesión u opúsculo, "Revisión Bíblico-Teológica de los Novísimos", editada como separata de la revista "Naturaleza y Gracia", en Mayo de 2004, bajo Abstract final. Sin duda es una alegría descubrir que la pretendida "división" entre alma y cuerpo no es más que una deformación, debida a la antropología dualista platónica. Jesús, jamás habló del alma (nephes), sino siempre de la vida del ser del hombre, contemplado como una unidad integradora e integral. Y por ello, en la concepción de la existencia más allá del tiempo media una rigurosa incompatibilidad entre "inmortalidad" (del alma) y "resurrección". Lo inmortal, no puede resucitar, y por ello lo esencial del cristianismo no es la inmortalidad del alma, sino la Resurrección de Cristo. De ella participaremos, "el último día", pero ese día no será otro sino el de nuestro último contacto personal con el Señor durante nuestra existencia terrena. Y por ello, la muerte, no es más que una mera "sustitución", o si se quiere separación, pero que no separa el alma del cuerpo, sino que tan sólo "sustituye la forma peculiar de ser de la persona humana por una nueva forma de vida". Esto es lo que nos otorga la resurrección. Esa nueva forma es concebida por Dios como una transformación, en la que cada ser humano conservará su "yo" histórico, sin que podamos saber "cómo" será nuestra "corporeidad", o bien nuestra entidad espiritual, porque eso tan sólo Dios puede saberlo.

Por todo ello, la escatología intermedia, o la teoría del tiempo, espacio o estado que ha de mediar entre la muerte y esa nueva forma de vida, debe ser suprimida, por razones puramente físicas. Si, según Stephen Hawking, los fenómenos del Universo son impensables sin las nociones de espacio y tiempo, en términos de relatividad general, no tiene sentido hablar del espacio y del tiempo fuera de los límites del Universo. También por razones teológicas. Se dice que las constituciones dogmáticas contienen definiciones "ex cathedra", y en este sentido se puede constatar el "atrincheramiento" de la Iglesia tras la constitución Benedictus Deus, de Benedicto XII, en el año 1336, sobre las realidades últimas, conocidas como novísimos, (muerte, juicio, infierno o gloria) -las ésjata- que, por tanto, quedaron definitivamente zanjadas. Pero ni la definición ex catedra de las ésjata puede eludir la última intervención de Dios  -el Ésjaton-  en la dimensión salvífica de la historia. En síntesis, la concepción tradicional no es más que una escenificación creada por la imaginación del hombre.

No obstante, sin duda, para alcanzar "el descanso merecido" que anuncia San Pablo, el hombre deberá afrontar ese "exámen final", en una evaluación continua y progresiva de toda su vida. Jesús no precisó las modalidades de ese juicio, pero si cabe afirmar que ocupa un lugar céntrico en su predicación, que no puede ser desplazado a la periferia, porque es la consecuencia lógica del amor de Dios, que ha sido manifestado en la gracia del perdón, aunque toda concepción humana que elimine o mitigue el pensamiento del juicio y la seriedad del mismo es directamente opuesta al Evangelio. Directamente contraria a la predicación de Jesús.

De estas ideas de Don Felipe, vengo yo alimentándome últimamente. Dicen que la hora de su muerte, para todo hombre es "la hora de las alabanzas". Don Felipe, ciertamente, a mi sincero modo de ver, dentro del cariño que siempre sentí por él, y desde luego de la admiración que le profesaba, no era una persona precisamente humilde, o tal vez era, por el contrario, mucho más humilde de lo que algunos pensábamos. Por lo que me cuentan sus últimos días, prácticamente "atado" en el sillón en que permanecía, a fin de poder sostenerse, fueron los de una plácida sonrisa y un gesto de paz en el rostro. No sé porque tengo la convicción de que ese juicio tan serio que él afirmaba, le habrá declarado inocente de toda culpa, por caber perfectamente en la infinita misericordia de Dios. Desde este mundo, cada vez más infame, le envío las sublimes notas de los dos himnos entre los cuales se movió su vida.



Luis Madrigal