Han estimado incomprensible, algunos musicólogos, la presencia en Madrid de Luigi Boccherini y su traslado a nuestra Capital desde París, en 1768, cuando ya el músico comenzaba a encontrarse en su etapa de madurez, estimando que Madrid y en general España, en la segunda mitad del siglo XVIII constituía, en orden a la composición musical un lugar muy secundario. Sin embargo, Madrid, no era tan secundario. El mismo año de la llegada aquí de Boccherini, 1768, falleció José Nebra, uno de los más grandes maestros del barroco español, tras Salvador Durón y Antonio Literes, que había dado clases junto a Doménico Scarlatti al Padre Antonio Soler, residente en el Monasterio de El Escorial, que era un importante foco de cultura. Boccherini entró pronto en contacto con la zarzuela y con la tonadilla escénica de la época, llegando a dominar la mecánica del género, de lo que es muestra palpable su Clementina (la esposa fallecida en Arenas de San Pedro), a cuya obra se han atribuído conexiones manifiestas con Le Nozze di Figaro, que fue estrenada justamente nueve meses antes en Viena. Desde que Boccherini llegó a Madrid, donde vivió el clima ilustrado propiciado por el reinado de Carlos III, y que se mantuvo de alguna manera durante el de su desastroso hijo Carlos IV hasta la Guerra de la Independencia contra Napoleón, la Villa y Corte vivió momentos de esplendor en el cultivo de la música, dando lugar a diversas y muy notables academias musicales, lo que muestra una filarmonía cosmopolita. Hasta el especilista en Mozart, Georges de Saint Foix, ha admitido implicitamente la posibilidad de que el genio de Salzburgo llegase a estudiar las obras de Boccherini, y otro musicólogo, Giorgio Pestelli, llega a afirmar que, al comienzo de los años setenta, Boccherini se situó a la altura de Haydn e incluso del propio Mozart. La luminosidad y gracia de la música de Boccherini, que viene a evocar aquel ambiente madrileño, no le impidió penetrar en ocasiones en el mundo dramático de la corriente germánica conocida como Sturm und Drang (Tempestad e impulso), que praticó Haydn de los años sesenta a setenta. La Editorias AliaVox, ha publicado, con el patrocinio de la Generalidad de Cataluña y el Ayuntamiento de Madrid, un volúmen en CD, bajo la dirección de Jordi Savall, en el que, junto al Fandango para cuerda y guitarra y las dos Sinfonías, Opus 37 y 35, se publica su famoso quintettino in Do magggiore "Musica notturna della strade di Madrid" ( Op. 30), recordada en España como sintonía de la serie de Televisión Española "Goya" y más recientemente como parte de la banda sonora de la película "Master and Commander: Al otro lado del mundo", en 2003. Mañana, se cumplen 203 años de la muerte de Luigi Rodolfo Boccherini (Lucca, 19 de Febrero de 1743), que sucedió en Madrid, el 28 de Mayo de 1805 y aquí fue enterrado el maestro de Lucca, en la Iglesia de San Justo de la Calle del Sacramento, actualmente Basílica Pontificia de San Miguel.
Espero, queridos amigos, que podais escuchar esta maravillosa música, no sólo dedicada a Madrid, sino nacida de sus mismas entrañas. Es más, si queréis saber qué música bailaban los cuatro personajes del cuadro de Goya, "Baile a orillas del Manzanares", que inicia esta entrada, no tenéis más que pulsar sobre el reproductor con el que se cierra. No es la versión de Savall, ni mucho menos. Es la de Herbert von Karajan. Personalmente, a mí me gusta mucho más y, entre otras cosas, porque en ella no hay nada de catalán. Luis Madrigal.-
Respeto mucho las opiniones contrarias, especialmente la de las personas que, por pura sensibilidad-como la de los japoneses, que se van de la Plaza al segundo toro, o antes si la sangre ya ha corrido-o las de quienes puedan alegar otros motivos o similares sentimientos. Pero estoy hasta la coronilla de tanto imbécil (generalmente progresista e “intelectual de izquierdas”) perfectamente capaz de propinar con saña una patada a su perro, o a su gato, y que sin embargo se muestra intransigente y se manifiesta en público, hecho una furia, contra las Corridas de Toros. Algunos, hasta se encadenan y gritan tonterías, o simples barbaridades, conforme a los más elementales tratados de Ética, cuando no precisamente constitutivas de delito por su parte, conforme a las reglas y principios del Derecho penal. Como esa de llamar con ira, en público y a gritos, nada menos que “asesinos” a los matadores de toros, o a los empresarios, o a los meros aficionados al noble arte de la Tauromaquia y a la especial belleza de la Fiesta, porque eso sí que constituye precisamente más delito, al imputar a otros la comisión de uno no cometido. Sí, hombres, sí, -y mujeres-voy a tratar de demostrárselo, aunque ni merezca la pena hacerlo. ”¡Asesinos…!” ¿Pero quién ha podido decirles a ustedes semejante disparate?. Asesino, es el homicida, en cuya voluntad y conducta concurre alguna circunstancia agravante, de lo que se deduce que, ni siquiera el que propicia la muerte a un semejante, en cualquier situación, puede ser tildado de tal, si no concurre ninguna de dichas circunstancias. Premeditación, alevosía, etc., Actualmente contiene las ocho que hoy en día son aplicables, el artículo 22 del vigente Código penal español. El de “la democracia”, sí, no faltaba más, sin que tampoco éste mismo Código, que se promulgó el 23 de Noviembre de 1995, tipifique como punible ninguna acción consistente en matar toros en las Plazas,antes al contrario, hasta administrativamente, se regula dicha actividad. ¿O acaso no han oído ustedes hablar del “Reglamento Taurino”?. No se trata de dar a nadie ninguna lección de Derecho penal, ni tampoco de ninguna clase de reglamentos, siempre, científicamente, menos contundentes, por pertenecer a una rama residual y muy secundaria del Derecho. Pero quizá sí-es conveniente hacerlo de una vez-de pura y simple Ética natural, cuya disciplina ha de insertarse de plano en el campo de la Filosofía. Y a ello iremos, pero antes, conviene también decir a estos personajes, asimismo muy “demócratas”, sin entrar por ello en ningún análisis jurídico, que, con el cambio de Código penal, resulta ahora mucho más fácil, en España, asesinar a un ser humano que a un toro, si bien esté penadísimo-aunque luego tampoco sea tanto-atentar contra la vida de diversas especies de lagartos, lagartijas u otros especies zoológicas tan interesantes. Tengo razones y argumentos para explicar, si alguien lo desea, ambos asertos. Pero, ¿no les basta a ustedes con proteger a los lagartos? ¿O con defender altísimos presupuestos, capaces de arruinar al contribuyente, para elaborar estudios sobre lo que comen las cabras en la Sierra de Madrid?. En cualquier caso, pierden el tiempo pretendiendo hacerlo también con el toro de lidia español, porque su noble y heróico destino está asociado, por naturaleza y esencia, a morir, también con la mayor dignidad y con bastantes posibilidades de defensa, en un Coso taurino.
En efecto, analiza y determina la Ética más elemental, y también el Derecho Natural, que los animales no son sujetos de derecho, como tampoco lo son ni pueden serlo de obligaciones. Esto es, los animales-todos ellos-son cosas, más precisa y específicamente cosas semovientes, las cuales, junto a las muebles y a las inmuebles, constituyen la totalidad del universo de las cosas corporales, determinadas y apropiables, que el Derecho reconoce como pertenecientes al “mundo exterior”. Les guste a ustedes o no. Porque deben saber que socialmente todos nos regimos por el Derecho, y éste lo considera así. Ciertamente el Derecho positivo, ha de apoyarse, como predicó un gran jurista, antes agnóstico y después gran creyente, en “esa roca inconmovible del Derecho Natural”.Este señor, se llamaba Federico de Castro y Bravo, y es bien conocido y recordado con admiración por todo jurista que pueda preciarse de serlo, hasta los que hayan estudiado en la UNED y por apuntes, aunque esto ya resulte más difícil. Viene a cuento la cita, y la remisión al Derecho Natural, porque como algunos de ustedes son tan ignorantes, seguramente habrán podido pensar alguna vez, y hasta lo habrán dicho, que precisamente “los derechos” de los animales, como ustedes acostumbran y gustan decir, están amparados por el Derecho Natural. Pero resulta que es exactamente lo contrario. Con arreglo al “ius naturae”, los animales-lo siento mucho-carecen absolutamente de todo derecho, esto es, no tienen ninguno. El Derecho, en general, no es más que una herramienta, consistente en un sistema imperativo de normas reguladoras de la conducta humana, para perseguir y lograr la virtud de la justicia. Y no se puede confundir el medio, que siempre será tosco e imperfecto, con el fin. Pero es que, en cuanto al fin, que es lo esencial, no existe, no hay, una justicia sub-humana. No lo digo yo, lo dice, precisamente, el Derecho Natural. Estoy seguro que todos los tratadistas, desde los más clásicos, así lo han afirmado, pero, en todo caso, yo lo he leído, entre otros, en el del Profesor Luño Peña, una verdadera eminencia en la especialidad. Así pues, lidiar y dar muerte a los toros, no es un “asesinato”. De eso, nada de nada. Y de los “derechos de los animales”, menos aún. Deben ustedes documentarse antes de hablar. Y sobre todo, antes de insultar, injuriar y hasta, si se tercia, agredir, o cuando menos propiciar el acto sumamente violento y desagradable de “encadenarse”, aunque ello suponga en realidad, más bien, hacer el idiota.
Eso no quiere decir, ni mucho menos que deba maltratarse, y más si es con crueldad, a los animales, porque eso sería, o es, faltar a los deberes éticos de probidad y caridad, que también se tienen con los animales y hasta con las cosas. Pero, yo no puedo admitir que al toro de lidia se le maltrate, ni que se sea cruel con el mismo. Vive como un príncipe en las dehesas y, al final, no recibe una descarga de electricidad, como sus congéneres mansos (supongo que ustedes serán todos vegetarianos) que nutren a la humanidad con las proteínas de su carne. El toro de lidia, también alimenta con la suya. Aquí, muy cerca de mi casa, en la Avenida Donostiarra, de Madrid, hay una Carnicería que casi exclusivamente vende carne de toro de lidia. Está muy cerca de la Plaza de Toros de Las Ventas del Espíritu Santo. Quizá el nombre, se deba a que hasta la divina Providencia, su propio Espíritu, se complace en algún lance cuando torea algún diestro capaz de citar, mandar y templar como exigen los cánones, o cuando se liga una tanda de verónicas “hechas de aire”. Para eso Dios, puso todo lo creado a disposición y servicio del hombre. Hay argumentos hasta teológicos. Ustedes, no pueden entenderlo. Y les advierto que a Granero, Joselito, Manolete y “El Yiyo”, entre otros, les mató un toro, que no siempre son los toreros los que matan.
Desde luego, yo soy español y, aunque casi no entiendo nada del arte taurino (últimamente, gracias a mi buen amigo Carlos Tobes ya he podido distinguir entre “la suerte natural” y “la contraria”) y, si ustedes quieren, tampoco soy un aficionado capaz de ver más de tres toros, me declaro abierto partidario de nuestra Fiesta, que es muy bella, muy hermosa y seguirá siendo “nacional”, aunque ahora ya no quieran algunos que la Nación se llame España. Pero, no sólo aquí. Nuestros antepasados dejaron muy viva la tradición de tal arte en muchos países de nuestra América: Méjico (¡Viva México lindo!, y viva la memoria de Luis Castro “El Soldado”, Silverio Pérez, Carlos Arruza… y hoy la valentía y arte de Eulalio López “El Zotoluco”); Venezuela (ahora mismo Luis Bolívar, que a pesar de tener apellido de traidor, es un gran torero y antes los hermanos Girón, César y Curro); Colombia (el gran César), Perú (Guillermo Rodríguez o Adolfo Rojas), Ecuador (con José Díaz, “Chaleco II” o Guillermo Albán)… Es verdad que, en esas tres grandes naciones del Sur, Argentina, Chile, Uruguay, y también en otras latitudes, no hay tradición taurina, y su sensibilidad les acerca más a los caballos. Pero, también aquí al lado, en el hermano Portugal, ha habido toreros excelentes, como aquel Manuel Dos Santos, o Rui Fernades y hoy día Vitor Mendes o “Pedrito de Portugal, aparte del gran rejoneador Joao Moura. E incluso más arriba, más al Norte, nada menos que en la “civilizada” y cultísima Francia, que no sólo cuenta con Sebastian Castela (de quien se dice ser el número Uno mundial, cosa que yo no aceptaré mientras esté en activo Enrique Ponce), sino con “Les Arenes” del antiguo Circo romano de Nimes, y con las Plazas de Arles, Bayona, Beziers o Toulusse y, hasta 1893, por quiebra de la empresa, con una gran Plaza de Toros en el mismísimo París, la de Rue Pergolese, donde torearon nada menos que Lagartijo, Frascuelo, Mazantini y Guerrita. ¿Qué les parece?
Desde luego, a mí me parece excelente noticia que siga habiendo Toros y festejos taurinos. Hasta tal punto me parece bien, que he decidido incorporar a este Blog-en el que ya se remite ala Historia, la Filosofía, la Pintura, la Música-también la Tauromaquía, a la que nuestro Francisco de Goya dedicó una de las muestras más exquisitas de su arte pictórico, anticipándose, como el primer aguafortista, en el anuncio de la modernidad, con su serie de grabados “La Tauromaquia”. En consecuencia, amigos de Méjico (perdón, México), Venezuela, Colombia, Perú y Ecuador (disculpas si omito a alguien), podréis disponer desde hoy, en los correspondientes enlaces de este Blog de, en principio, tres páginas o sitios excepcionales y, además de la mejor música taurina que puede escucharse. Aparte del “Gato montés”,de ayer, que también hoy incluyo, estas otras dos muestras, “España cañí” y “Paquito Chocolatero”, completan la Banda, para poder ir alternándolas sucesivamente, en función de las buenas faenas.. Amigos y amigas argentinos, chilenos, uruguayos y… demás, mis disculpas. Tendréis que absteneros.A los demás: ¡Suerte, maestros…. Va por ustedes! . Con mi más cordial saludo. Luis Madrigal.-
Frascuelo, Iván García e Israel Lancho, que torearán hoy, en la Monumental de Las Ventas, la 18 Corrida de la Feria de San Isidro, de Madrid, con reses de Cuadri.
Frascuelo:
Madrid, 21. Septiembre.1948 Alternativa. Barcelona, 14. Abril. 1974 Padrino. Curro Romero Testigo: Paco Alcalde Toros de Juan Sánchez
Iván García: Castellón de la Plana, 1.Octubre.1983 Alternativa: Castellón, 27. Marzo.2003 Padrino: Joselito Testigo: El Juli Toros de Juan Pedro Domecq
Israel Lancho
Badajoz, 13. Septiembre.1979 Alternativa:Badajoz, 26. Junio.2007 Padrino: Manuel Díaz "El Cordobés" Testigo: Francisco Rivera Ordoñez Toros de Juan Albarrán
Muy al comienzo de los años sesenta-naturalmente del pasado siglo-el portavoz del “Círculo Católico de Terratenientes”, no importa de donde, escribió escandalizado al director de una revista de espiritualidad cristiana, a fin de hacerle llegar su encolerizada protesta, exigiendo severas sanciones contra los autores de algunos textos publicados en aquella revista. Literalmente, la carta era esta:
“Muy señor mío: Me dirijo a usted con el derecho que me dan mis doce años ininterrumpidos de suscriptor y lector de su revista, así como de otras de la misma editorial, “Cristrianismo Rural”, “Luz del Mundo” y “Juventud y Religión”, en la que, entre otras cualidades, he apreciado como virtud sobresaliente una gran ortodoxia y una sujeción total a las enseñanzas y criterios de la Iglesia en todos sus puntos. Y precisamente por ello una gran extrañeza me han causado(nos ha causado a todos los asiduos lectores de su revista en este Círculo Católico de Terratenientes) sus tres últimos números, en los que se recogen pensamientos y doctrinas francamente sectarias, tendenciosas y demagógicas. Por ello, me he creído, y respaldan esta carta otros contertulios del Cículo Católico, en el deber ineludible de indicárselo a usted para que revise su equipo de redacción, en el que parecen haberse introducido elementos masónicos o anarquistas.
Los textos publicados por usted, en los que me baso para establecer tan graves conjeturas, se hallan totalmente fuera de la línea de reconocida ortodoxia católica y social en que siempre se ha movido esa revista. En el número 188, correspondiente a Noviembre pasado, se lee: “Eso tienes que pensar de los ricos, son ladrones, salteadores de caminos, que roban a losque pasan, escondiendo los bienes de los demás en sus propias casas”. En el número 189, de Diciembre pasado, se leía esta sentencia, tan lapidaria como demoledora: “Todo rico es inicuo o heredero del inicuo”. Pero el texto más grave, de claras tendencias socializantes y comunistoides, aunque en él se habla de Dios (sin duda para mayor desconcierto) se recogía en la página 12 del número de Enero: “La naturaleza hizo que los bienes fueran comunes y el derecho privado que impide esto es una usurpación. Es injusto que tus semejantes no sean ayudados por sus compañeros, sobre todo habiendo querido Dios que la tierra fuese para todos. Lo que das al pobre no es de lo tuyo; le devuelves lo que es suyo, pues lo que es común para el uso de todos lo has usurpado tú”.
Nos parece bien fomentar el espíritu de caridad y ayuda al necesitado. En este Círculo Católico de Terratenientes organizamos todos los años en Navidad un reparto de canastillas[1] a las familias pobres de la ciudad. Pero, ¿no le parecen francamente desorbitadas y fuera de lugar las manifestaciones publicadas en su, por otros conceptos, admirable revista? Esperamos una rápida y pública rectificación de los artículos aludidos y la enérgica sanción de sus autores, cuyos nombres debieran desaparecer para siempre del cuadro de sus colaboradores habituales. Siempre dispuestos a la defensa de los elevados ideales y de la justicia, nos ofrecemos atentos, seguros servidores, A.S.”
La carta, tuvo inmediata respuesta por parte del director de la revista interpelada que, dada su brevedad, también transcribo íntegramente. “Muy señor nuestro: Lamentamos no poder tomar las medidas que nos recomienda con los autores de los textos recogidos en nuestra revista, por motivos insalvables. Las frases del número de Noviembre, las escribió San Juan Crisóstomo. Las del número de Diciembre, San Jerónimo. Y el texto del número de Enero, Sam Ambrosio, todos ellos en el siglo IV. Sopena de incurrir en el veredicto de herejes, alejándonos además, lo que sería más sensible, de la línea ortodoxa y social que usted nos elogia, no podemos rectificar la doctrina contenida en dichas afirmaciones, puesto que todas ellas proceden de Padres y Doctores de la Iglesia. Y, por otra parte, nos resulta también imposible aplicar a los autores las sanciones que usted demanda, puesto que todos ellos murieron hace ya muchos años. Atentamente, el Director”.
Quizá, habían pasado ya demasiados años, como para entender justificadas las quejas de aquellos “terratenientes católicos”, al comienzo de los años sesenta, porque la realidad social del siglo IV, como diría cualquier político, no es “extrapolable”, no ya al siglo XXI, en el que estamos, sino tampoco al año 1962, que todavía pertenecía al siglo XX. Ciertamente, en ninguno de cuantos documentos se ha pronunciado la Iglesia, desde el Syllabus o el Código Social de Malinas, ya en 1927, mostrando al mundo la autoridad moral de su Magisterio, se ha utilizado un lenguaje tan desgarrado y violento en contra de “los ricos”. Pero, también es cierto que ninguna tacha de heterodoxia ha recaído jamás sobre tales santos Padres, a los que en consecuencia puede considerarse vigentes en algún modo. Quizá, desde entonces, a lo largo de tantos siglos, lo que tan sólo ha moderado la Iglesia es el lenguaje, haciéndolo más cortesado y “civilizado”, en ese diálogo con el mundo que sirvió de leitmotiv al Concilio Vaticano II, y aun antes de él. Pero, en el fondo, ¿acaso no será cierto que todo rico continúa siendo “inicuo o heredero del inicuo”, según pensaba San Jerónimo?. Desde luego, con el Código Penal en la mano, y mucho menos con el Código Civil o la Ley Hipotecaria, no puede decirse razonablemente, en nuestros días, que, por el mero hecho de serlo, cualquier rico sea un “ladrón”, y menos aún un “salteador de caminos”, como sin contemplaciones ni rodeos afirmaba San Juan Crisóstomo. Aparte de infinidad de salvedades y matizaciones al respecto, ni ahora los ladrones roban ya de esa manera, sino de otras muchas bien conocidas, ni todo el mundo que se enriquece lo hace necesariamente de modo ilícito, sino, algunas veces, desde la más humilde condición, merced tan sólo a su inteligencia y esfuerzo. Peor parada aún quedaría la doctrina de San Ambrosio, que ciertamente no dejó especial huella enla teología de su tiempo, en cuanto a “la naturaleza común de los bienes” y, en consecuencia, a la “usurpación” que implica toda propiedad privada. Es necesario contrastar esta gruesa afirmación con la opinión al respecto de aquel Águila de Aquino que, ocho siglos más tarde, acumulaba hasta tres razones de peso a favor, no sólo de la licitud, sino hasta de la necesidad del derecho ala propiedad privada, de cuya licitud y necesidad hace derivar toda la filosofía jurídica-basada en la libertad-el derecho depropiedad, que la vigente Constitución Española garantiza, y el artículo 348 del Código civil define y concreta como “el derecho de gozar y disponer de una cosa sin más limitaciones que las establecidas en las leyes”.
Pese a ello, continúan siendo muchos los que “necesitando” vitalmente el lícito derecho a la propiedad, carecen totalmente de ella, sobre los bienes más esenciales para subsistir con dignidad y decoro. Nada menos que dos terceras partes de la Humanidad, en todos los lugares y continentes del Planeta. Y, por ello, quizá la “patrística” del siglo XXI-sin que por nuestra parte pretendamos negar desviaciones y radicalismos excesivos, ni tampoco incurrir en la excomunión-que hubiera podido conducir a cada cristiano a la “ortopraxis” podría haber estado representada por Hugo Assmann, Jules Girardi, Gustavo Gutierrez o Leonardo Boff… Porque, cuesta trabajo admitir, dejando para ello dormida la conciencia sobre la alhohada, que en el proceso general de “fabricación de ricos a costa de pobres”, puedan limitarse los seguidores de Jesús de Nazaret-además de “oír” Misa los Domingos y fiestas de guardar-a repartir canastillas. Porque, si las bicicletas “son para el verano”, las canastillas, no. Estas últimas, tan sólo parecen haberse inventado para ser distribuidas en Navidad (que, en España, es pleno y crudo invierno) quizá con el propósito de sosegar la mala conciencia de tantos “terratenientes”. Luis Madrigal.-
[1]“Canastilla”: Cestita, generalmente de mimbre, que contiene distintos objetos para el cuidado de niños recién nacidos, como jabón, colonia, ropita, etc…
Yo, no se aún si la Informática -a la que, según he podido leer en alguna parte, debe llamarse Cibernética, esto es, "Ciencia del que pilota"- es realmente una ciencia, desde luego en nigún caso como la "Sociología" o las "Ciencias de la Información", o si más bien es una técnica, propia en cuanto a su manejo práctico de chiquilicuatres, de esos mocosos de 13 0 14 años, que, según dice la Policía española "ya nacen con el ratón en la mano". En los tiempos de mi ya lejana infancia y juventud, ese tipo de cosas "prácticas" se aprendían en los billares o en los futbolines, que eran los ámbitos más concurridos y de concentración de malos estudiantes, aquellos, que no sólo se fumaban las clases, sino que no habían abierto un libro en su vida, mientras ya cerca de los 12 años, o antes, lo que sí comenzaban a fumar era cigarrilos "de hebra" y a tomar "chatos" en las malolientes tabernas. Ya en aquella época pasaban esas cosas, porque sin duda la tendencia del ser humano hacia ellas es fenómeno predicable de toda época o circunstancia histórica. Ahora por ejemplo, está muy de moda realizar piruetas y saltos circenses en las rinconadas de las calles, o en los pasajes comerciales, más bien hacia la caída de la tarde. Es una especie de danza deportiva, que desde luego requiere su técnica y modo de bien hacer, para no romperse la cabeza y con ello pueda derramarse el serrín que contiene. Pero, me resisto a pensar, y menos a creer, que con la Informática pueda pasar lo mismo. No quiero admitir que esta magnífica herramienta que tanto esfuerzo en todos los órdenes ha evitado ya a la humanidad, pueda ser pasto y dominio de estos elementos tan desprovistos del menor signo de talento y valor humano que, asimismo, supongo, son, más o menos, los que se dedican a "decorar" las paredes o los monumentos de las ciudades, bien sean de propiedad privada o pública. Sentiría en el alma que se tratase de los mismos productos humanos, o más bien humanoides. Pero no se qué me dice que, esas atrocidades, tanto la de atentar contra las fachadas de las casas y paredes de las calles, como las cometidas por esos tipos que llaman "hackers", ese neologismo tan mal utilizado para designar a los delincuentes que arruinan los discos duros de tantos Ordenadores por medio de técnicas informáticas -que llegan a aprender como podría hacerlo un mono, un primate superior- programando redes o sistemas operativos, nada tienen que ver con el innegable benefico universal que han representado la Informática y los "Hackers". Porque, el término "hacker" surgió entre los programadores del Massachusetts Insitute of Technology (MIT), en los años 60, cuando en España, ni tan siquiera habíamos llegado a "tomar el biberón" en esta materia y nadie hablaba de los PC, sino acaso, algunos, pocos, de "cerebros electrónicos". Yo, recuerdo ahora dos de los más famosos "cerebros electrónicos", y creo que primeros o únicos en aquellos comienzos de los años 60: El del I.N.P. y el de RENFE, donde el lenguaje de programación único era el llamado Fortran. Por ello, los verdaderos "hackers", no son esos canallescos y delincuentes piratas que antes se criaban en "los futbolines", sino los benéficos y seráficos seres que se entregan a la investigación pura, para ayudar a todos los "pulsateclas", como yo, y permitirnos acceder con ello a estas nuevas herramientas, tan útiles, instructivas y... necesarias. Sería un disparate identificar o confundir a estos señores (algunos de los cuales han sido galardonados con el Premio Principe de Asturias, como los inventores de Internet) con los golfillos de "los billares", que ahora dicen, han cambiado el taco por el ratón y "nacen con él en la mano".
Los veraderos "hackers" no roban, pues, información, ni destruyen la que se encuentra en los Ordenadores, simplemente por detruir, sino justamente los que hacen lo contrario, quienes construyen y crean. "Hackers" famosos han sido Richard Stallman, Ken Thompson, Eric S. Raymond o Adrian Lamo, sin olvidar a Linus Torvalds, creador del sistema Linux, al que dió esta denominación la mezcla de su primer nombre con el del sistema opreativo Unix.
Los piratas, los que roban información, los que destruyen tan sólo por el mal instinto que les anima e inspira -como en todos los órdenes de la vida- se denominan "Crackers". Es decir, son esos perfectos canallas de siempre, muestra y representación genuina y pura de la presencia del mal en el mundo, cuyo dramático hecho es una realidad insoslayable. Pero, eso sí, a estos despreciables sujetos, además de capturarlos, juzgarlos y enviarlos a la cárcel durante una buena temporada, no debería atribuírseles -como días pasados hicieron los analfabetos redactores, se supone socialistas, de Televisión Española- la noble denominación de "hackers". Más bien, debería llamárseles "hijos de perra". Es una opinión. Luis Madrigal.-
En honor a todos los hermanos argentinos, quiero resumir, esquemáticamente, para que pueda ser deducida, en el orden más rigurosamente lógico, la respuesta, a esta lamentable y triste pregunta: ¿DE QUIÉN SON LAS ISLAS MALVINAS?. Dígalo usted mismo, después de considerar objetivamente los hechos y circunstancias históricas siguientes:
Siglo XVIAlgunos navegantes de esta época, parece ser, conocieron ya estas islas, ignorándose si las reflejaron o no en sus cartas de navegación.
24.Enero.1600El holandés Sebald de Weert, descubre propiamente el Archipiélago, pero no lo ocupa ni le da nombre.
1609El pirata inglés (como casi todos los piratas) John Strong, denomina “Falkland” al estrecho que separa las islas principales (Gran Malvina, al occidente, y Soledad, al oriente), en honor del Vizconde Falkland, Tesorero de la Royal Navy, nombre que los ingleses aplicaron, a partir de entonces, a todo el Archipiélago, sin que, no obstante, osaran aproximarse al mismo, debido a la presencia de las tropas españolas en el Continente, a cuya plataforma patagónica están unidas dichas islas.
Siglo XVIIILas islas comienzan a ser frecuentadas por marinos franceses de Saint Malo y, desde este momento se las conoce como islas “maulinas” y, por evolución, Malvinas. El nombre castellano de dichas islas, tampoco es de origen inglés, sino francés.
1764Se emprende por los franceses la ocupación permanente de las islas, y Bougainville funda “Port Louis”, en las isla oriental.
1765Los británicos se establecen en la isla occidental y fundan “Port Egmont”.
1766Antes tales hechos, La Corona española-que aun impone su dominio en la zona-tras negociaciones con Francia, consigue que ésta abandone la isla oriental y, un año más tarde, los españoles fundan Puerto Soledad (después “Port Stanley” y después, por desgracia brevemente, Puerto Rivero).
1767Transferido el sector oriental nuevamente a la soberanía española, España organiza un expedición armada que logra el abandono británico del resto del Archipiélago, en 1774.
1774Desde este año, pues, hasta la Independencia de la República Argentina, las islas Malvinas permanecen bajo soberanía y administración española, integradas y dependientes del Virreinato de La Plata.
Independencia de Argentina:La Argentina, hereda los derechos de España sobre las islas, en 1820. Este mismo año, organiza el Nuevo Gobierno del Archipiélago, que se establece en Puerto Soledad, y dispone entera y totalmente de él, de un modo soberano, hasta el año 1833.
1833El 2 de Enero de 1833, sin mediar ningún género de disputa, y por sorpresa, la fragata inglesa “Clío”, amarra en Puerto Luis, desembarcando un grueso contingente de fuerzas británicas que enarbolan la bandera del Reino Unido.
Desde este momento, se suceden año tras año las sucesivas reclamaciones de la joven República Argentina, ante la Gran Bretaña y ante toda clase de foros internacionales.
1946Argentina, plantea la cuestión de las Malvinas ante las Naciones Unidas (ONU). Dicha Organización, resuelve la descolonización de las islas, a través de conversaciones entre las partes implicadas. Mal asunto. Hablar con los ingleses, es inútil. Los españoles lo sabemos por experiencia. En efecto, Gran Bretaña dilata una y otra vez tales negociaciones, dificultando la adopción de acuerdo alguno de orden práctico, que pueda dar cumplimiento a las resoluciones de la ONU, en cuyo arte son verdaderos maestros los ingleses.
1868Argentina declara su soberanía sobre las Islas Malvinas. Continúan los proyectos de negociación, con sus dilaciones y más dilaciones.
2.Abril.1982Buques y marines argentinos, desembarcan y ocupan militarmente las Islas, imponiendo la Administración, moneda y timbre argentinos.
Después… ya todo el mundo sabe lo que pasó. Pero… ¿hasta cuándo?
Hoy, es Corpus Christi. Y quizá porque ese “siempre habrá pobres entre vosotros”, ha sido definitivamente entendido en el sentido menos incómodo, desde hace ya bastantes años –muchos- se celebra en España, en esta festividad, el “Día Nacional de Caridad”, que promueve Cáritas Española. Ahora ya no es "nacional", claro, le han quitado este adjetivo, seguramente por superfluo o contradictorio. En cualquier caso, es uno de tantos “días”, alojados en el calendario para tratar de justificar lo injustificable, en la seguridad de que, lo que pretende erradicarse, continuará año tras año. Es lo natural. Si se acabasen los pobres, con ellos se acabarían las marquesas y las damas benefactoras; los roperos parroquiales y las campañas de cuestación económica. Todas ellas, ésta de la que hablo, la de Navidad, y todas las demás juntas. Pero, no, los motivos de las mismas, están garantizados, al estarlo la causa.
En cualquier caso, el eslogan del “día”, tiene que navegar no sólo contra la corriente de la naturaleza humana, sino contra una de las muestras más reiteradas, y más falsas, del estúpido manual español de dichos y refranes: “La caridad -eso sí, bien entendida- empieza por uno mismo”. Y sin embargo, tan cínica afirmación, constituye síntoma evidente de egoísmo, que es todo lo contrario al amor, por lo que resulta imposible entenderla de ningún otro modo. La caridad, es una virtud de alteridad y, por ello, ha de comenzar necesaria y esencialmente por un “alter”, por “los otros”, por quienes no son “yo” y por tanto se encuentran “fuera de mí”. Lo que sucede es que, tal virtud, no puede edificarse sobre el aire, sino sobre firmes y sólidos cimientos y, uno de ellos, sin duda el fundamental, es el de la justicia. Ésta, sí ha de alcanzar primero a uno mismo. En primer lugar, porque nadie puede ser justo con los demás, si es injusto consigo, merced a la injusticia autoinflingida. Ello repugna a toda filosofía moral y, además, resulta inútil o quizá imposible, tanto, no ya como echar agua al vino -porque esto si que es posible- sino más bien, como tratar de hacer la luz con tinieblas. La justicia, es una virtud “concéntrica”; su espacio se ensancha siempre, poco o mucho, tan sólo en virtud del centro que es el propio justo. Y, en segundo término, porque, efectivamente, hay algunos pobres que lo son tan sólo por haber pretendido antes, desordenadamente, ser “ricos”, sin la menor disciplina en la administración de sus recursos, en contraposición a quienes han hecho de su vida una carrera de prudencia y austeridad. Y no sería justo, en tales casos, ser “caritativo” con tales gentes, no podría ser.
Por lo tanto, es la justicia, y no la caridad, la que comienza por uno mismo. No se ha querido entender bien esto, e incluso hasta puede que se haya cultivado la falta de entendimiento. Pero, la caridad sigue un proceso inverso. El acto de amar -salvo egocéntrico y enfermizo narcisismo- no puede ser ontológicamente reflexivo, aunque lo sea, gramaticalmente, el verbo que expresa la acción. Ni aún el más primario y rudimentario grado de caridad podría expresarse en la forma tradicional -“amar a los demás como a mí mismo”- sencillamente porque yo puedo “amarme” muy mal, pero que muy mal. Habría que amar a los otros, y como mínimo, nada menos que “como Dios los ama”, y ni aun así podría alcanzarse la última y radical morada del amor. Porque el Amor, no sólo ama, sino que “se ama”. He aquí la cota suprema: Amar a los otros, “como el Amor se ama”, lo que implica la necesidad, no sólo de amar, sino de esforzarse en ser amado.
Cuando se ama así, de este modo, ciertamente es que ya se está fuera de este mundo -aún encontrándose en él- pero quizá sólo entonces la caridad viene a converger y hasta a identificarse con la justicia, porque la frontera de la justicia, es el amor. Y, hallarse “en la frontera”, no quiere decir no cruzarla, invadiendo el campo colindante. El amor “no se alegra con la injusticia, sino que se complace en la verdad”, pero sin contradicción, y al mismo tiempo, “todo lo excusa, todo lo cree, todo lo tolera…” Es cierto que no podemos renunciar a la justicia. El propio San Pablo, que cobra su más hermosa elocuencia al predicar el carisma del amor, reclamaba con energía su condición de ciudadano romano, exigía su derecho, “lo suyo”, y con ello la justicia que se debía a sí mismo.
La injusticia, tarde o temprano, a todos nos llega y avasalla. Altanera y despóticamente, unas veces; quizá solapadamente, otras. Torpemente siempre. No por ello debe ser llegada la hora del odio, de la venganza ni de la ira, sino la de la aceptación y el perdón, que es la forma más exquisita y pura de amor, aunque sea también la hora del llanto. Esto, es lo menos que puede concederse al corazón humano… Pero, no del llanto que inspiró, al antiguo oráculo de las Sibilas, la “fiera lid del Termodonte”, lleno de sangre y de cadáveres, según recoge Plutarco, sino el llanto de las Bienaventuranzas: “Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados… Los que padecen persecución por la justicia, porque suyo es el Reino de los Cielos…” Aunque pierdan para siempre el de la tierra. Lo propio de los vencidos, es llorar. Pero también dice Plutarco que, “si el vencido llora, el vencedor perece”. Desdichados, por ello, quiénes hayan de hacerse perdonar. Los que provoquen lágrimas. Los que nunca renuncian a tener y poseer lo que, por derecho propio, pertenece a otros. Y algunas veces, a todos. Podrá ser así un día y mil, en la sede de la iniquidad, donde reine quién reine y gobierne quién gobierne , siempre prevalece el desorden, la desigualdad, el egoísmo y la canallada, la arbitrariedad y el caos… Sobre todo cuando “gobiernan” los menesterosos y harapientos, de espíritu y de intelecto, que dicen hacerlo para quebrar la desigualdad de la injusticia, pero sin ocuparse de otra cosa sino de su deshonesta comodidad y enriquecimiento -para eso sí que son muy listos- en los que incurren por revancha y casi por propia naturaleza. Sin embargo, en el Reino de la Justicia -cuando llegue el fin y desaparezca todo lo que es imperfecto- los vencedores serán los vencidos, y los vencidos los vencedores. Mientras tanto, hijos de la luz y del espíritu, paciencia… Algunos, reciben en potencia el signo del amor. Pero la justicia, no es una virtud teologal, sino moral, y su sentido se halla grabado a fuego en la conciencia de cada hombre, como partícipe racional -aunque se niegue a admitirlo- de la eterna Ley. Mas, de entre todos, sólo unos pocos, los que lloran y son perseguidos, luchan todos los días por ella. Luis Madrigal.-