lunes, 22 de diciembre de 2008

LA AUSTERIDAD


Acabo de sufrir, no hace más de veinticuatro horas, la enésima “disfunción general” de mi Equipo informático, por utilizar un eufemismo, porque lo que aquí pasa es que no funciona nada. Comenzó tan penosa situación, por la pérdida o falta de sonido de salida, por mi parte, en Skype, un excelente programa de mensajería simultánea, a través del cual no sólo se puede “chatear” (que, en Bilbao, significa otra cosa bien distinta a romperse los riñones tecleando, para que el interlocutor lea lo escrito), sino además hablar, escuchar y hasta ver y ser visto, si se utiliza la modalidad denominada “videoconferencia”. Todo ello, sin interferencia alguna y con una nitidez muy superior a la que se obtiene cuando se habla con el vecino de la acera de enfrente por medio de Telefónica (antes -cuando la había- la Compañía Telefónica Nacional de España), y eso que yo suelo hablar con personas que se encuentran en Méjico o en la Argentina. Además, esto ya es casi sublime, a un coste cero de unidades monetarias, en cualquier tipo de divisas, a diferencia asimismo de lo que sucede con el latrocinio de Telefónica y su secuaz, para la telefonía móvil, Movistar, que parecen gozar de una patente de corso para atracar a los pacíficos e indefensos ciudadanos españoles, y posiblemente también a los de otros sufridos países. Las anomalías, siguieron, en grado superior y con mayores daños, por lo que se refiere al navegador de Internet que yo venía utilizando -Mozilla FireFox- debido a que la versión del Internet Explorer del que disponía -y había pagado- del señor Gates, o Microsoft, ¿no?, y tras una de las frecuentes “actualizaciones automáticas”, que suelen efectuarse, aproximadamente cada diez minutos, era un desastre de lentitud y dañosa irregularidad, me vi obligado a sustituirlo por FireFox. ¡Hay que ver qué nombres utilizan los americanos yanquis para bautizar a sus inventos…! ¡Zorro de Fuego!. Aunque también hay que decir que, gracias a ellos, vamos tirando los que somos incapaces de inventar nada, salvo la guitarra y el botijo de barro. El caso es, que, como todos los Programas o Aplicaciones (no vaya a llamarme la atención algún sacerdote de la Informática) han de operar en “entorno Windows”, que según un buen amigo mío, Ingeniero de Telecomunicaciones, es un "entorno" absolutamente inestable y detestable, impuesto de muy sospechosa manera, en detrimento de otros muchos mejores, como Linux, por ejemplo, quizá por ello, también FireFox dejó hace dos días de funcionar. Me envía un mensaje que exactamente dice: “FireFox no puede establecer una conexión con el servidor en es-es.start2.mozilla.com”. Ya lo saben ustedes. Lo digo por si alguno de mis 9.085 visitantes -por una vez quiere hacer de alma buena y decirme cómo diablos puedo yo resolver esta terrible anomalía, que me tiene prácticamente sin poder manejar mi Blog, al tener que hacerlo con el malvado Internet Explorer. No puedo quejarme de “visitantes”, según acredita el contador instalado en su día. Lo que sí me parece altamente desproporcionado es el número de aquéllos en relación con el de “comentaristas”, lo que indudablemente acredita que la inmensa mayoría de los que aquí entran, salen despavoridos inmediatamente, sin duda porque no les importa lo más mínimo lo que aquí encuentran. Lo comprendo y de nada me quejo. ¡Qué le vamos a hacer! Pero, en esta ocasión, lo único que suplico es que alguien pueda echarme una mano, siempre y cuando no sea “al cuello”.

En realidad, este desastre en cuanto al buen funcionamiento, no afecta tan sólo a los Ordenadores y a la Informática, sino a las más variadas especies de artilugios mecánicos, electro-mecánicos o similares, ya sean los automóviles, los frigoríficos, las lavadoras, los ventiladores, los receptores de TV, en cuanto a los decodificadores externos de TDT (no, no es el DDT, que era para matar cucarachas, sino la Televisión Digital Terrestre). Ya saben, lo del apagón total de la TV analógica, ya muy pronto. Y no he hecho más que iniciar la lista de “chismes y trastos” que por doquier proliferan en nuestros días para complicarnos la vida. No es que yo desee ni proponga el regreso hacia la “caverna”, aunque, algunas veces, siento una tentación casi irresistible de iniciar el camino hacia ella. Hacia la Caverna de Platón, naturalmente. Pero, sobre todo, esta abundancia de cosas -en contraste con la escasez de cerebros mínimamente pensantes- lo que sí me hace es recordar cada vez más a Zubiri, en relación con mi propia capacidad y temple para situarme a una prudencial distancia de todos esos objetos materiales, o corporales, del mundo exterior, susceptibles de apropiación, a los que llamamos “las cosas”. En esta actual sociedad progresiva -siempre lo es- y falsamente “progresista”, tengo demasiadas cosas, muchas bastante inútiles, y sobre todo corro el grave riesgo de no establecer una prudente distancia entre las cosas y “yo”, con el fin esencial de no “cosificarme”, en un proceso mucho más alarmante que el kafkiano, del que tan sólo resultaría que puedo transformarme en escarabajo, pero no en “cosa”. Porque, cuando el alma humana siente el dolor, la tristeza, la soledad, o la apremiante necesidad de resolver algún problema grave, no puede contar con las cosas, pese a “estar ahí”, porque las cosas, inmóviles y mudas, nada dicen, en nada consuelan, no tienen una mano amorosa que tendernos, sino tan sólo partículas de átomos -dicen que en constante movimiento, sí- pero a pesar de ello tampoco los átomos de la materia hablan, ni sienten. En tales situaciones, tan sólo las personas pueden auxiliarnos o consolarnos. Tampoco los Ordenadores, ni los Equipos informáticos.

Un joven “blogista” argentino, de Paraná, Juan Rizzo, a quien todos -incluso él a sí mismo- llaman “Pancho”, y que, a mi juicio, escribe muy bien, pero que muy bien, dedicaba hace días la última entrada de su Blog a los diferentes suplicios -que proponía asimilar- de Sísifo y de Tántalo. Sísifo fue condenado a la pena de subir, con sus propias manos, una enorme piedra a una altísima montaña y el suplicio surgía, una y otra vez, cuando casi a punto de situar la piedra en la cima, su enorme peso hacía que volviese a rodar hasta llegar otra vez a la falda. Albert Camus, quiso ver en este mito lo absurdo que, a su juicio, es la vida humana, porque, para Camus “Sísifo” es todo hombre. Pero el caso de Tántalo, a mi modo de ver, es distinto. Tántalo (de muy superior rango o alcurnia de parentesco mitológico, por ser hijo de Zeus, mientras Sísifo lo era del modesto Eólo), hubo de sufrir una pena, a mi juicio mucho más grave, pese a ser “hijo del Jefe” del Olimpo, lo que hoy resultaría imposible en los modernos Estados “de Derecho”. Tántalo, no fue condenado a no poder librarse del deseo -cosa que, en ocasiones, puede ser altamente saludable y sedante- sino a la imposibilidad absoluta de poder satisfacerlo, pese a pender de su cabeza los más abundantes y exquisitos frutos. Por eso, aunque Rizzo parece asimilar uno y otro castigos, respetuosamente, yo tengo que discrepar de tal asimilación, si bien no del talento del joven escritor.

Quizá, ya muy pronto, el mundo haya de darse cuenta, de que el castigo de los seres humanos de nuestra época, habrá de consistir, en algo mucho peor que los respectivos suplicios de Sísifo y de Tántalo juntos, porque, de seguir así las cosas, va a consistir en morir aplastados, estrujados por las cosas, que nos asfixiarán, después de habernos vuelto locos y de habernos robado la tranquilidad y la paz, casi justamente por el motivo contrario al de Tántalo, que entregó a los hombres los secretos divinos, y el néctar y la ambrosía de los dioses. Nosotros, en cambio sufriremos, por habernos convertidos en cosas, que simplemente se pueden comprar con ese excremento de Satanás que, para Giovanni Papini, era el dinero, y por haberle privado a Dios de que sean alimentados todos sus hijos, en lugar de ser masacrados, como ahora mismo sucede en el Congo, en África, por parte de los más poderosos de la Tierra, que explotan y hacen matar a los más humildes e indefensos.

Es cierto, por ello, que todos hemos de aprender a prescindir de las cosas, instaurando una nueva “cultura”, como hoy tanto se dice y repite, una “cultura” -digámoslo ya sin ningún miedo- no ya de la austeridad, sino una “cultura de la pobreza”. Para ser inmensamente ricos, no de cosas, sino de nosotros mismos. Aunque, sin contradicción alguna, cuando a veces la comprensión, el amor, la ternura, más incluso de quienes se encuentran a nuestro lado, pude venir de quiénes se hayan lejos… muy lejos, sin duda es muy necesario que Internet y los Ordenadores, las Computadoras, como dicen nuestros hermanos de América, funcionen perfectamente.

Van transcurriendo estos días, tan próximos a la Navidad, y el espíritu de ella no es precisamente el del despilfarro y el desenfreno. A ello, dedicaré por mi parte, en este humilde Blog, la correspondiente entrada en la Noche Buena, si es que consigo publicar lo que ya he programado en su integridad. Me temo que, quizá no sea posible oír la música de un Villancico leonés que, año tras año, me cantaba mi madre, mientras fui niño. Pero, si lamentablemente no pudiera oírse, en este humilde Blog, yo si tengo la certeza de que lo oiré con alegría, aunque quizá con una lagrima, en lo más profundo de mi propio ser. Luis Madrigal.-

Arriba, cuadro del estilo "expresionismo abstracto", del pintor Jackson Pollock, cuya originalidad llegaba a precindir del caballete, depositando el soporte en el suelo. ¡Hasta este tipo de "arte" se compra y posee hoy entre nosotros!.


sábado, 20 de diciembre de 2008

AQUÍ ESTÁ LA ESCLAVA DEL SEÑOR




A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando a su presencia, dijo:—Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres.

Ella se turbó ante estas palabras, y se preguntaba qué saludo era aquél.El ángel le dijo:

—No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Y María dijo al ángel:

—¿Cómo será eso, pues no conozco varón?

El ángel le contestó:

—El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.Ahí tienes a tu pariente Isabel que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.

María contestó:

—Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra
Arriba: "La Anunciación". Fra Angelico. Prado (Madrid)

domingo, 14 de diciembre de 2008

HAY QUE RESPONDER



La III Semana de Adviento, sigue estando ocupada preferentemente por Juan el Bautista y, en el Evangelio de este Tercer Domingo, su homónimo, Juan el Zebedeo, el Evangelista, nos ofrece un diálogo sumamente profundo, nada superficial, con aquel austero hombre del desierto que bautizada ahora en la orilla del Río Jordán. Hasta él, enviaron los judíos de Jerusalén una especie de "comisión", más o menos al uso de las que hoy en día se utilizan para descifrar los grandes escándolos públicos, en esta corrompida sociedad de nuestros días. La "comisión", nos dice el Evangelista, estaba formada nada menos que por sacerdotes y levitas, aunque parece ser que"había también enviados de entre los fariseos", según transcripción literal. Y, ¿para qué fueron estos enviados hasta Juan; qué era lo que querían investigar, o saber? Se interesaban por dos cosas, aunque en realidad, conectadas entre sí, resultan una sola. La primera pregunta que aquellos hombres hicieron a Juan, fue la de "Quién eres tú?. Implicitamente, se entiende quién eres tú, para hacer lo que haces, esto es, para bautizar. A lo que Juan, leyendo la intención en sus mentes respondió rapidamente: "Yo no soy el Cristo", es decir, el Mesias que, desde tiempos remotos, esperaba el pueblo judío. Le preguntaron entonces los enviados de Jerusalén, si acaso no era Elías, o algún Profeta, a lo que Juan igualmente respondó en sentido negativo. Y, un tanto asombrados, o escandalizados, aquellos hombres, por último, plantearon ya a Juan la cuestión de forma directa. "Por qué, pues, bautizas, si no eres el Cristo, ni Elías, ni Profeta?". Y la contestación, la respuesta de Juan, que es un testimonio de vida (no de crucifijos, rosarios o procesiones), es la que debe centrar toda nuestra atención. "Yo, bautizo con agua; pero en medio de vosotros está uno que vosotros no conocéis"

A quiénes, en nuestros días, tantas gentes pueden hacernos la misma pregunta, en tan distintos sentidos, directos e indirectos -"Quién eres tú", quiénes sois vosotros- debe interesarnos mucho saber y tener preparada de antemano nuestra respuesta, porque no podemos permanecer silentes, ni incontestes en lo que concierne al fondo de tal investigación. Hay que responder. Y también nosotros podemos decir que, tan sólo bautizamos con agua -y a veces ni con eso,- pero que siempre, en medio de todos, hay alguien al que ni ellos conocen, ni tal vez nosotros queremos conocer, porque nosotros, los posibles interrogados, nunca podremos ser "mejores" que los posibles interrogantes. Tan sólo, distintos. Ocupando distintas situaciones, circunstancias o peripecias de vida, pero no mejores que nadie, ni siquiera "buenos", porque "sólo Dios es bueno". Y, ¿quién puede conocer a Dios? A Dios, tan sólo puede conocerlo Dios. Y, por ello, nosotros tan sólo podemos conocerlo por medio del Hijo, el enviado del Padre, que por ello es el Cristo, el Mesías que los judíos esperaban y... todavía esperan. Los cristianos -para quienes ya ha venido al mundo, aunque próximamente volvamos una vez más a celebrarlo- hemos de fiarnos de la Palabra de Cristo, de su mensaje a los hombres y, únicamente dentro de ese Mensaje, podremos conocer el corazón de Dios. Y, no puede haber vuelta de hoja, ni posturas ambiguas y artificios convencionales, para eludir lo que en el Mensaje de Jesús se contiene. Su contenido esencial -y podríamos decir único- es el amor. Amor de verdad, espiritual, ciertamente, hacia todos los seres humanos, pero también material. Protección y amparo (aunque sea mínimo, porque nosotros no podemos lograr lo que tan sólo puede conseguirse mediante la decidida voluntad de quienes rigen el mundo) a quienes tienen hambre, frío, soledad y desamparo... Dios, por supuesto, no sabe nada de crucifijos, casullas, velas encendidas y... procesiones. ¡Qué bonitas son las procesiones! Sobre todo algunas, las que concentran más turismo. Pero, todo eso, lo hemos organizado nosotros, no Dios. A Él, tan sólo le mueve una sola cosa: el Amor. Porque lo es. Pasarán otros amores, todos los humanos, que borra la muerte o el tiempo, cuando se pierden o cuando -siendo a veces tan necesarios al alma humana- no se ganan, por ser imposibles. Pero no se acabará nunca el Amor. Por ello, en la liturgia de esta III Semana de Adviento, los ornamentos son de color blanco, que es el color símbolo por excelencia, no sólo de la pureza e integridad, sino también de la verdadera alegría. Luis Madrigal.-


Discover Various Artists!

viernes, 12 de diciembre de 2008

MÚSICA TAURINA (6) El Tío Caniyitas


No podría yo decir con exactitud no quién fue, pero sí qué fue el "Tío Caniyitas", que desde luego es un sobrenombre, o apodo de corte taurino. Sí sé, en cambio que tal sobrenombre lo obstentó un señor llamado, de verdad, José María Gaona Chau, sin que por ello tenga nada que ver con el brillante torero mejicano Rodolfo Gaona Jiménez, que llegó a España en 1908, inugurando con "Bombita" y "Machaquito" la Plaza de Vista Alegre, de Madrid, para terminar alternado con figuras como Joselito y Belmonte. Gaona Chau, en efecto fue el llamado "Tío Caniyitas", pero lo que yo ignoro es si en realizad fue un torero, en tal caso sumamente modesto, o poco famososo, o más bien un mero locutor taurino, que hizo su carrera, primero en la emisora Radio Andorra y después en Radio Intercontinental, junto a Adán de la Morena y la radiofonista Piedad Zamora, a través de la revista taurina de gran éxito "El Burladero". También parece cierto que Gaona Chau llegó a Madrid, desde Córdoba, aquel aciago año de 1947, por ser el de la muerte de Manolete en la Plaza de Linares. Gaona, se había asentado en Córdoba como un cordobés más, esto es, tenía arraigo en la Ciudad de los Califas, pero no hay datos acerca de si se encontraba allí como torero, antes de emprender rumbo a Madrid para dedicarse a su labor radiofónica. Eso sí, lo que parece ser que es seguro es que los autores de este pasosoble fueron José Sanz Pérez y Mariano Soriano Fuentes. Como todos los pasodobles, y en especial, para mi gusto, los taurinos, me parece de una gran belleza. Escúchenlo ustedes, escuchadlo todos, a ver qué os parece. Quizá, también os guste. Luis Madrigal


jueves, 11 de diciembre de 2008

CLARO DE LUNA


La luna -lo que se ve de ella, y seguramente, con mayor motivo, también lo que no se ve- es el cuerpo celeste más enigmático de cuantos haya. Quizá por ello, se le ha tenido siempre como uno de los símbolos más románticos del amor. A esa pálida luz, tal vez se han pronunciado las palabras más dulces y tiernas de cuantas los seres humanos se han dicho a lo largo de la historia de la Humanidad. Habría que ser Shakespeare, Rostand o José Zorrilla para poder encontrarlas. O Dante, mientras vivió Beatriz, o quizá Petrarca, cuando vivía Laura. Musicalmente, tampoco se escapa de ello el gran dios de la Música, aquel que podría haber dicho lo que de sí mismo dijo el petulante Rey de Francia, Luis XIV, llamado el "Rey Sol", a quien se atribuye -dicen ahora los historiadores que no fue asi- la célebre y omnipotete, además de ridícula, expresión: "L´État, c´est moi". ¡El Estado, soy yo!. Venga ya, hombre, menos lobos...! Porque si este señor tan ridículo hubiese sido "el Sol", Felipe II, de España, por supuesto, hubiera sido el sistema solar en pleno, o dos o tres constelaciones juntas. Pero, en fin, el caso es que, en la Música, también alguien hubiese podido decir: "La Música, soy yo". Pero, a pesar de su mal genio, no lo dijo. El que no lo dijo, como ya hemos apuntado, se llamaba como yo -pobre de mí- sólo que en alemán, Ludwig, aunque todo el mundo le conozca abreviadamente por Beethoven, quitándole el van, que pese a su reminiscencia holandesa, equivale sin duda al aristocrático von alemán. Y, cuando se habla del amor y de la luna, en Música, y fuera de ella incluso, casi todo el mundo recurre a la famosísima Sonata nº 14, falsa o erróneamente llamada "Claro de luna" (así llamó otro francés mediocre a una de sus obras, Claude Achille Debussy). Pero, no Beethoven. Él la llamó "Quasi una fantasia", muy probablemente -aparte de la inclinación de las nomenclaturas musicales hacia la hermosa lengua italiana- porque esa Sonata fue dedicada a quien se ha dicho fue el gran amor invisible e inmortal de Beethoven: La Condesa italiana Giulietta Guicciardi, a quien en 1827 el gran músico escribía aquella carta que nunca envió, y en la que el compositor se dirigía a aquella dama como "Mi amada inmortal". También se ha puesto en duda tal hecho, así como el verdadero contenido de las cartas halladas tras la muerte de Beethoven. Pero, esto, es quizá lo que menos importa, porque hasta se ha llegado a decir -estoy convencido de que con absoluto error, o falsedad, después de haber escuchado ahora, una vez más, esta Sonata- que Beethoven era misógino, y que la mujer de la que estaba enamorado era un ideal, alguien imposible de ver físicamente, que sólo existía en su mente. Y, de ahí que cortejara a damas que sabía de antemano le iban a rechazar. Nada más inicerto, o más falso. Porque lo cierto es que cuando Giulietta Guicciardi, que había rechazado a Beethoven para casarse con un conde, descubre la carta a la "Amada Inmortal", y descubre que era para ella, sus angustias y remordimientos durarían durante toda su vida. Lo que a mi me parece verdaderamente romántico y soñador es la propia Sonata en sí misma. Es tan triste, pero tan dulce, que inunda de paz. Es el placer dentro del sufrimiento; la alegría dentro de la tristeza. Hasta casi invita a la muerte, a la muerte de los sentidos corporales, pero para que sólo pueda vivir el alma. Para que pueda disfrutar de la oscuridad que baña la luna tenuemente, pero al mismo tiempo hasta penetrar en los entresijos más hondos y recónditos del alma enamorada. Yo, lamento enormemente no disponer ahora mismo de ninguna fotografía de la luna, en cualquiera de sus fases, pero, por tal motivo, casi prefiero ilustrar esta entrada con otra del Sol, aunque sea ya en su ocaso, cuando ninguna esperanza cabe de que ilumine nuestro camino. Luis Madrigal.-

Arriba, fotografía de la poetisa argentina Alicia María Abatilli, que, además de los más sensibles poemas, es capaz, de encerrar en su cámara fotografías de exquisita sensibilidad y arte plástico. Seguidamenete, una vez más, la romántica Sonata "Quasi una fantasia", indebidamente llamada "Claro de luna", del genial Ludwig van Beethoven.



Moonlight Sonata - Beethoven

miércoles, 10 de diciembre de 2008

SÓLO EL AMOR...

Alicia María Abatilli

¡Sólo el amor...!
Sólo el amor, misterio que arroba al alma
-desnuda, pura y sin arcilla-
sólo el amor,
puede dar vida al barro
y alumbrar lo que perdura.
Sólo el amor, la ternura
puede llevar. Y la calma;
suspiros y canciones, si el desgarro
llénala de angustia ... Y, en la marisma,
se proteje de sí...
Sólo el amor, "se ama",
como la lluvia báñase en sí misma.
¡Sólo el amor...!
Sólo el amor suspira, ama sin verse
y sin tocarse. Es cierto y puro.
Ama la arena,
en el aliento del largo estío;
corre, entre verdes campos. Es como un Río
que, allá en la Pampa, tiñe de verde el agua
-en su catarata-
noble y bravío,
para arrojarse -dulce- en un mar de plata...


Alphonso CARBAJAL

Madrid, Noviembre de 2008

03 - Sólo el amor.mp3 -