miércoles, 4 de noviembre de 2009
martes, 3 de noviembre de 2009
¡MALDITAS COLAS!





Una cola -o dos y hasta varias al mismo tiempo- es, o son, generalmente, una larga fila india de personas que discurren pesadamente hacia una ventanilla, o mostrador. Inútil ser riguroso con la definición académica: "Hilera de personas que esperan vez". ¡Eso!. ¿Quién dá la vez? ¡Qué asco!. Yo, desde siempre, me he negado a pronunciar tal adocenado formulario. Como dice un viejo y buen amigo mío, prefiero ser "trece en docena". A veces, la omisión de tales palabras casi sacrales, en una maldita cola, me ha costado muy caro, porque, tras aguantar un buen rato, casi siempre de pie, nadie me había dado "la vez" y he tenido que recurrir a referencias o circunstancias coetáneas al momento de mi llegada respecto a quienes allí padecían el suplicio. Volviendo al academicismo, la expresión "hacer cola", hasta ha sido recogida en el Diccionario RAE y consiste en "esperar, formando hilera con muchas personas, para poder entrar en una parte o acercarse a algún lugar con algún objeto". Debe subrayarse la palabra "muchas" como elemento o requisito esencial de la definición. En cuanto al objeto, la consiguiente ventanilla o mostrador, puede ser la de un Banco -una entidad financiera, quiero decir- para los ciudadanos de segunda que simplemente efectúan operaciones de la misma índole, para lo cual no necesitan, ni merecen ser recibidos por el Director en su despacho, entre cortinas, butacones de piel y suave penumbra. Esto queda reservado a los ciudanos ricos, aunque sean unos patanes de los que se rascan las espalda en los restaurantes con la pala del pescado, porque acaba de tocarles la Lotería, o bien se han hecho millonarios apretando tornillos, rellenando botes de aire o de alguna otra manera similar y mucho menos honorable. Es decir, robando a diestro y siniestro (generalmente a "siniestra", o más bien desde ella). Estos últimos, nunca hacen cola, porque para ello disponen de quien la haga por ellos. Ya sea para sacar las entradas del cine, teatro, futbol o corrida de toros. Incluso, a veces -¡oh milagro!- hasta para visitar un Museo, con ocasión de alguna exposición extraordinaria o especial, aunque nunca jamás -eso es imposible- para entrar en una Biblioteca. Para esto, nadie hace cola. España, cuando yo nací, que era pobre y destartalada, también era ya un país de colas. Entonces, dicen que el fenómeno se debía a Franco y al hambre de la post-Guerra. Recuerdo aquellos establecimientos oficiales de mi niñez, en León, que se habían dispuesto (además de la tristemente famosa Comisaría de Abastecimientos y Transportes, "ABASTOS") para suministrar alimentos básicos a los sufridos españoles... Hasta recuerdo sus nombres, creo. Uno de ellos, se llamaba O.R.A.P.A., según me parece. Otro, S.E.R.P.E. Nadie me pregunte por el significado de las siglas. Jamás me interesé en ello, pero ahora simplemente las recuerdo como a quien asalta una vieja pesadilla nocturna, en las que nos persigue un toro y no podemos correr sin que por ello tan fiero animal nunca nos alcance, lo que quintaesencia y multiplica la fatiga y el sufrimiento. ¡Por fin, uno despierta y recupera la tranquilidad y el sosiego! Pero, esto de las colas, no se acaba nunca, parece ser. Y quién sabe si al fin terminarán algún día, cuando todos los ciudadanos del mundo puedan conectarse a Internet desde su casa, incluso para votar en las elecciones (ya sean legislativas, municipales, autonómicas o europeas) ese ejercicio tan inútil, se haga cómo se haga, o bien se haga o no, ya que consiste en hacer el paripé, Esto es, en elegir a las personas para distintas atenciones en teoría muy importantes y excelsas, y que aquéllas nos conduzcan después al caos, al aburrimiento, al vacío y al desorden más absoluto, cuando no a la pobreza y nuevamente al hambre. En estos últimos días, precisamente, y casi va ya para un mes o más, las colas más repugnantes, injustas, arbitrarias, fruto de un acto de despotismo y prepotencia, son las que ha organizado el Exmo. Ayuntamiento de Madrid, por no decir directamente su Alcalde, don Alberto Ruiz Gallardón, hijo de su difunto padre y persona, en apariencia brillante y ecuánime, pero está visto que mucho menos de lo que parece. Desde luego, la causa de estas colas municipales -que en realidad son postales- no creo que haya sido establecida por Bando, que es el instrumento propio de un Alcalde para disponer una norma jurídica, tanto como cualquier otra, aunque la última y de ínfima categoría en el rago normativo. El Bando ni figura siquiera en la famosa pirámide del profesor Kelsen. Yo no sé cómo habrá sido, porque aunque soy del oficio -triste oficio, cada vez más triste- nunca he sido ni soy especialista en la materia, esa rama tan secundaria, por no decir espúrea del Derecho y, más aún, del llamado Derecho Muncipal. En general no tengo la menor confianza en ninguna de las llamadas Administraciones públicas. No en vano, ya dijo un gran administrativista, en el prólogo a uno de sus tratados, que el adjetivo pública, cuando se aplica a una mujer cobra automáticamente un sentido manifiestamente peyorativo, pero si se aplica a la Administración, supera las cotas más elevadas del mismo sentido. Tristemente, pese a las sublimes palabras de Alexis Toqueville: "El hombre crea las Repúblicas y los Principados, pero el Municipio parece salir de las manos de Dios", últimamente, tan primaria y singular institución se ha convertido en España, ya sean grandes o pequeños los Municipios y sus correspondientes Ayuntamientos, no sólo en una jaula de grillos, sino en una institución especialmente especializada, sirva la redundancia, en no cumplir los fines y las obligaciones mínimas para cuya realizaciçón existen. Esto último, más bien sucede en los Ayuntamientos pequeños, pese a que ahora ("demasiadas torres para tan poco viento", como diría alguien muy importante, creo que fué Góngora a Lope, o al revés, no recuerdo muy bien), el Ayuntamiento de cualquier pueblucho se haga llamar "Excelentísimo Ayuntamiento de". Uno de los que se caracterizan más acusadamente por el incumplimiento sistemático de lo que la vieja Ley de Régimen Local llamaba "obligaciones mínimas municipales", es el Excelentísimo Ayuntamiento de Las Navas del Marqués (Ávila), fundamentalmente en lo que se refiere al Barrio o "Colonia" de la Estación, cuyos vecinos moradores satisfacen igualmente los impuestos y exacciones correspondientes, pero, según dicen que dice el -supongo también "Excelentísimo"- Sr. Alcalde, él no hace nada de nada bajo el argumento sumamente antijurídico y anticonstitucional, de que en aquel distrito nadie vota, y por tanto nadie puede votarle nunca a él. Y también este pequeño municipio, no sólo el de "Mega-Madrid", ha incrementado ahora, arbitaria e ilegalmente, una tasa, llamada de "Basuras", cobrando pingües cantidades. El de Madrid, ciertamente, sí que los presta, a diferencia del ya citado de Las Navas del Marqués, pero no fundamenta su coste y en las tasas eso es capítulo esencial, el del cálculo y razonamiento del coste del servicio prestado. Pero el caso de Madrid (no voy a penetrar en la ilegalidad de base y de fondo del asunto, que me parece especie menor) es mucho más grave y doliente. El Ayuntamiento de la Capital de España, está enviando, uno a uno, a los propietarios de fincas urbanas, por correo certificado con aviso de recibo, un requerimeinto de pago de tal tasa, arbitrariamente desgajada del I.B.I., en el que se encuadró siendo Alcalde de la Capital don Enrique Tierno Galván, asimismo con muy deficiente técnica jurídica. Y como, normalmente los requeridos no se encuentran en sus casas a la llegada del cartero y el servicio público de Correos (y antes Telégrafos) no funciona desde la nefasta UCD, las colas kilométricas, que discurren además entre peligrosas escaleras, en la Sucursal o Estafeta núm 20, de la Calle Alcalde López Casero, están a punto de causar alguna desgracia humana, en tanto las gentes se estrujan como si se tratase de cucarachas, que es por lo que toman los políticos a los ciudadanos, aparte de paralizar el resto de los servicios postales. Para eso está el Ayuntamiento de Madrid, además de para endeudarse caprichosamente tratando de organizar los JJ.OO. En este caso, además de injusta y arbitraria, la medida municipal es abiertamente cruel. Circulan en Internet diversas muestras de recurso, todas ellas aceptablemente fundadas, pero lo que ninguna de ellas dice es que ningún recurso puede suspender la ejecución de un acto administrativo, ni que, para ello, para que pueda operarse la suspensión, es legalmente preciso prestar caución, es decir garantizar, normalmente mediante aval bancario, el importe de la tasa. Quienes dispongan de dinero, desde luego, pueden permitirse el lujo de que, de momento, tal importe no ingrese en las caprichosamente resecas arcas municipales y si, en este mundo hubiese justicia, no llegaría a ingresar nunca, porque los Tribunales de Justicia, por infinidad de razones, se encargarían de ello. Paciencia, queridos madrileños. Este señor, tan híbrido y "zigzagueante", a mí no me ha gustado demasido nunca, pero cada vez me gusta menos. Espero que de una vez le expulsen del Partido Popular y se vaya con sus amigos y parientes socialistas. Me declaro abiertamente "esperantista", aunque tan sólo pueda ser para poder entendenderme, en ese proyecto de lengua universal con los ciudadanos noruegos, nacionalidad que estoy a punto de solicitar, a fin de que el Sr. Alcalde Madrid, no me convierta en una cucaracha estrujada contra las demás, las cuales, a riesgo de despeñarse por una escalera, sueltan venablos contra su necia Autoridad... Si es que no me acojo antes a la doble que me brinda mi querida Argentina y me voy a vivir a Buenos Aires... Quizá, mejor a Córdoba. Mucho mejor. Luis Madrigal.-
En la imágenes de arriba, diveroso tipos y clases de colas. Junto a una bella canción mejicana
En la imágenes de arriba, diveroso tipos y clases de colas. Junto a una bella canción mejicana
lunes, 2 de noviembre de 2009
REINA DE TODOS LOS SANTOS

La Festividad, tan clásica, y tan inexacta en la consideración popular, en España, de acudir en masa a los cementerios para recordar a los que se fueron, en lugar de hacerlo hoy, Día de Difuntos, ha pasado un año más. Seguramente, todavía habrá muchas personas, de entre las creyentes, que se pregunten -o no- o bien no acierten a entender que es eso de "los santos", además de "nombres" para designar a las personas, para nominarlas, podríamos decir ahora con toda propiedad, porque, en buen castellano, "nominar" es precisamente eso, "poner" o "imponer nombre" a algo, especialmente a las personas, aunque también a los animales o a las cosas. Y no como en esos horribles repugnantes juegos o concursos de la TV, en los que se dice -se mal dice- "nominar" a los concursantes, pretendiendo decir que se les designa para algo, generalmente para abandonar el estúpido juego o experimento, entre gentes de la más baja estofa y degradada condición humana. Ejemplo sumo del fenómeno, ese asqueroso y maldito juego, obsceno y procaz, abiertamente inmoral y sobre todo de pésimo gusto, llamado "Gran Hermano", que anima y alimenta una mujerona vieja y fea, llena de costurones y arrugas, pero sin duda de muy baja categoría humana, al prestarse a semejante desvergüenza pública simplemente porque le llenan los bolsillos de dinero. Con los santos, de momento, aún no se hacen estos experimentos de escarnio, que naturalemnte serían blasfemos. Simplemente el nombre que tuvieron, se usaba antes -ya casi tampoco- para ser utilizado también por otros seres humanos, con el propósito de que pudiesen imitarles en sus virtudes y en su santidad. Ahora ya no. Ahora, se impone a los niños, cuando nacen, nombres que nada tienen que ver con los santos, y de tal guisa se les llama -a las niñas- "Coral", "Jazmín", "Preciosa", o "Cielo" (sin ninguna connotación sobrenatural o teológica); bien se utilizan los árabes "Aixa", "Soraya" o "Zaida"; los florales "Amapola" o "Camelia", cuando no se hace uso de esa sarta de nombres ingleses, sobre todo si pertenecen a famosas actrices o modelos, "Davinia", "Abie", "Ashley", "Audrey", "Brenda" o "Carrie". Los niños, tampoco "se van de rositas" a la hora de atribuirles nombre, siendo significativas y ya famosas las "cosechas" propias de la moda. En efecto, en otra dimensión menos sacral, o más laical, hay nombres de época, por puro modismo o ireflexivo y maniático propósito, entre las gentes que no pueden resistirse a ello. En particular, pasó ya hace muchos años, la "cosecha" de los "Javis", pero recientemente, hace no muchos menos, se produjeron unas "añadas" insistentes y contumaces de "Sergios" y más tarde de "Adrianes". Exactamente, no se por dónde anda la moda en estos momentos, pero estoy seguro de que se habrá inventado algo al respecto. Extraño fenómeno, aunque inocuo y sin peligro social alguno. Desde luego, lo que casi nadie se llama ya es "Emilio" o "Julio", ni mucho menos "Dolores" (por aquello de que podría asimilarse a "Picores" o "Escozores") y parecen haberse terminado para siempre las "Ascensiones", "Asunciones", "Encarnaciones" o "Purificaciones"... La verdad es que, tal hecho, carece por completo de toda transcendencia. Lo esencial, porque esto es lo único que no pasa, es que "los santos", en el sentido más exacto de lo que son y representan, han de servir para mucho más que, simplemente, para recordar con su nombre a otros seres. Posiblemente, nadie debería ser declarado "santo", ni puesto en los altares ni en las estampitas. Eso es al menos lo que yo siempre he intuido y en estos momentos pienso con mayor convicción personal. Porque "los santos", no son otra cosa, sino -por vía de ejemplo- unos cristales tan perfectos, tan puros y limpios, que se limitan a dejar pasar la luz a través de ellos. Naturalemente, la Luz, la única que puede iluminar todas las sombras, todos los arcanos de la existencia y del misterio del hombre. Y eso... tan sólo Dios, el autor de la luz, puede saberlo. No me fío de los cánones del Codex que regulan "las causas de los santos", ni tampoco mucho del "promotor de la fé", vulgarmente llamado "el Abogado del Diablo". No, sinceramente, no me fío nada. Monseñor Escrivá de Balaguer, es ya santo hace algunos años. En cambio aún no lo es la Madre Teresa de Calcuta... Y no hay congregación o "cofradía" que se precie de algo, que no ande buscando con paciencia, esfuerzo y alguna otra cosa bastante lejana a la santidad, la declaración de santo de su fundador o fundadora. A este paso, hasta podría terminar siendo "santo" este señor, llamado Kiko Argüello (además Kiko con "k"), que anda por ahí con una guitarra bajo el brazo y que, aparte de ser un pésimo pintor de iconos insulsos y de mal gusto, está "barriendo" y haciendo adeptos a "magnis iteneribus" entre gentes de más que elemental cerebro, más o menos lo mismo que la vidente de El Escorial, que asimismo resultaría siendo "santa". Ya, en otras ocasiones, me he referido al fenómeno en este mismo indocumentado y seguramente desvergonzado Blog. Pido perdón a quien proceda, pero eso es lo que pienso. Por ello, quizá esta Fiesta innominada particularmente, en cuanto a la santidad de nadie, y ampliamente generalizada respecto a la de quienes de verdad la hayan alcanzado (Dios lo sabrá), me parece una excelente ocasión de pedir su intercesión, porque sin duda, y no sólo precisamente 144.000 (otra interpretación que ha conseguido millones de dolares en el mundo, a base de tocar el timbre por las casas) son los que allí se encuentran, con sus vestiduras blancas, lavadas en la Sangre del Cordero. Sin duda, hay muchos más, por no decir que casi todo hombre nacido de mujer. Ellos son quienes pueden acordarse de nosotros y, por sus méritos y la Misericordia de Dios, librar del abismo de la nada, el hastío y la perversión, a esta pobre Humanidad doliente. Ellos, desde luego, no pudieron llegar hasta el estado que eternamente poseen, sin la ayuda amorosa y también misericorde de la siempre dulce Virgen María, la Reina de todos ellos, y cuyo melodioso nombre arameo significa "Inmensa como el Mar". Dios te salve, María, Reina de todos los Santos. Luis Madrigal.-
miércoles, 28 de octubre de 2009
SOY UN "MANAZAS", PERO NO TAN NARCISISTA

No aprenderé nunca a caminar por este complicado mundo de Internet y de los Blog. Resulta que, como sí que soy un poco vanidoso, avergonzado una vez más de tener tan pocos "seguidores", frente a tantos otros Blogs o Bloges, que los cuentan por centenares, he tratado de corresponder a mi última gentil seguidora, "Eterna Aprendiz", en justa reciprocidad, como en el mundo diplomático, pero al tratar de hacerlo, aún no sé por qué azares de dichos complicados artilugios, en lugar de declararme "seguidor" de ella, lo he hecho de mí mismo. Perdonen todos ustedes, perdonad queridos amigos, pero no cuento con 22 seguidores, como podría darse a entender, a primera vista, en la columna derecha de mi propio Blog, sino tan sólo 21. El "seguidor" número 22, soy yo mismo, si ustedes me hacen el favor de fijarse en tan ridículo detalle. Esto es, que soy "seguidor" de mi mismo, como aquel Ministro de la Dictadura de Franco al que llamaban el Ministro de Información, no "y" Turismo, sino "de" sí mismo, para provocar al propio tiempo la rima jocosa. Todavía no he logrado saber cómo puedo "quitarme" de enmedio, en el sentido menos cruento y suicida de la palabra. Simplemente, no sé cómo diablos se suprime el estatus o condición de seguidor. Supongo que no podrá hacerse respecto a los demás, esos generosos seres que han decidido leer las idioteces que escribo, pero sí debería poder hacerse en lo que se refiere al "autoseguimiento". Se admiten y ruegan consejos y sugerencias, porque, ¿para que puedo o necesito yo hacer semejante cosa? Es cierto que no soy capaz de controlarme ni conducirme a mí mismo, pero ¿seguirme?. Eso si que no lo necesito en absoluto. No necesito seguirme porque siempre estoy conmigo. Luis Madrigal.-
lunes, 26 de octubre de 2009
ABRAZADO A LA TRISTEZA. Otro soneto de Alphonso Carbajal

LO MISMO QUE MI PENA
Cuando en el mar diviso tu reflejo
y siento el dulce canto de las olas;
cuando el trigal se llena de amapolas,
tiñiendo al sol de su color bermejo.
Cuando tu rostro veo en un espejo
y muestran ya tus rosas sus corolas;
cuando sin ti las horas huyen solas
y el plenilunio brilla, sólo dejo
abierta mi ventana... Que la luna
de ti traerá el consuelo, y ya la aurora
apareja su carro, por fortuna.
Su sonrosada luz, en buena hora
podré gozar, serena y oportuna,
lo mismo que mi pena gime ahora.
Alphonso Carbajal
jueves, 22 de octubre de 2009
ARREPENTIMIENTO Y PERDÓN

He tenido ocasión de leer en algún sitio, por cierto muy querido para mí, que las rosas -supongo que sólo algunas- piden clemencia por las culpas ajenas y, tal vez por ello, prefieren ser molidas en un mortero de sal que despertar una nueva mañana escindidas entre el arrepentimiento y el perdón. Naturalmente es una metáfora, una bella metáfora, porque las rosas no pueden experimentar ni arrepentimiento ni perdón, sentimientos éstos privativos de los seres humanos. Al menos que de momento se sepa. Personalmente, yo me alegraría mucho de saber que las rosas, esas flores tan bellas, pueden albergar sentimientos. Pero, por el momento, a mí me parece que la expresión de referencia, necesariamente, ha de referirse a las personas, a los seres humanos. Y esto es lo que me ha hecho meditar por un momento, porque, dentro de la infinidad de matices que pueden concurrir en uno y otro de estos dos conceptos, el arrepentimiento y el perdón, en función del punto de vista desde el que puedan analizarse, lo substancial, según me parece, es que, en principio resultan antagónicamente contradictorios, o como mínimo opuestos. Desde luego, considerando uno y otro desde el punto de vista de las culpas ajenas, ninguno de ellos pueden hallar cabida en la conciencia propia, porque nadie puede ni arrepentirse ni pedir perdón por las culpas de otro, de las que es absoluta y radicalmente inocente, por muy próximo y hasta íntimo pueda resultar, respecto a ese otro, ya sea en la amistad, en el amor o hasta en el propio e íntimo parentesco. Solo cada cual es responsable de sus propios actos, nunca de los actos de los demás, por muy cercanos se encuentren, ya sea floreciendo en el propio rosal, ya víctima de las espinas que siempre tratan de guardar y proteger a las rosas, y que por ello siempre pueden causar alguna gota de sangre al acercarse a ellas. Pero, como me parece, en principio arrepentirse y perdonar -de lo que son respectivamente acciones el perdón y el arrepentimiento- si no contradictorias, sí parecen cuestiones muy distintas y, por ello, seguramente resulta muy coherente experimentar un sentimiento intermedio entre el arrepentimiento y el perdón. Sin embargo, en primer término, el arrepentimiento, siempre es un acto exclusivamente personal y unilateral. Sólo "yo" puedo arrepentirme, porque ello consiste en sentir pesar por haber hecho o no haber hecho algo, que tan sólo y únicamente a mí me concierne y que únicamente yo pude o no pude hacer o haber hecho, sin que en ello puedan intervenir de modo alguno los demás. Y en este mismo sentido, también lo es el perdón en su aspecto activo y unilateral, es decir la petición de clemencia, o de indulgencia, por mi parte al otro, a aquél a quién he ofendido. Yo sólo puedo arrepentirme y yo sólo puedo pedir perdón. Nadie puede ni arrepentirse ni pedir perdón por mí. Pero el perdón difiere del arrepentimiento, en albergar dentro de sí, no sólo una dimensión activa y unilateral, sino también pasiva y bilateral, la de perdonar a otro por la ofensa recibida, o por algún tipo de deuda u oblligación pendiente, para que alguien que "no es yo" pueda obtener la gracia de ser perdonado. Por ello, me parece que despertar cada mañana, como las rosas, escindido entre el arrepentimiento y el perdón, debe ser una angustioso estado de conciencia, del que tan sólo puede liberarnos el despejar la duda, existencial y esencial, de si acaso hemos de arrepentirnos de algo, hecho o no hecho, que no debimos o debimos hacer, y en tal caso si hemos de perdonar o más bien de pedir perdón para poder ser perdonados. Personalmente, yo siempre me despierto pidiendo perdón. No soy ninguna rosa. Por cierto, ¿tendrán corazón las rosas? Quizá lo tenían, o lo han tenido alguna vez y lo han perdido... Luis Madrigal.-
miércoles, 21 de octubre de 2009
CUANDO SE PONE EL SOL

Ahora, en estos últimos días, me ha dado por "robar" imágenes -fotografías- de entre las que publica FLICKr, y hoy he encontrado esta que arriba se muestra. La he titulado, por mi cuenta, "Cuando se pone el sol". Para ser más exacto, debería haber añadido "sobre el mar". Pero, está claro, que nunca es posible la exactitud, en nada. No lo es en las definiciones, sea cual fuere el concepto. Definir es casi imposible, aunque el objeto que trate de definirse sea tan elemental como una simple mesa, o una silla... No digamos si lo que es preciso o necesario definir es un concepto, o una idea. Y tampoo es facil hacerlo con las fotografías. A lo sumo se les puede poner -como dicen los periodistas- "un pie". Un pie de foto. Los periodistas, como la mayor parte de ellos no piensa, siempre pueden arreglarse con los pies, al igual que los futbolistas, quienes lo hacen en el sentido más estricto de la palabra. Se valen de los pies, aunque a veces lo hagan de la cabeza, pero tan sólo por fuera, ya sea para "rematar" a gol, ya para propinar al contrario un cabezazo en un pómulo, o en un ojo, seguido de un "escupitajo" y de algún insulto mortificante, generalmente relativo a la madre del insultado. Por eso, tal vez, los futbolistas, son casi todos millonarios en unidades monetarias corrientes, aunque generalmente sean también analfabetos en casi todos los idiomas cultos y en la totalidad de las lenguas "bárbaras". Por eso atraen el furor de las masas, su admiración más profunda, siendo universalmente conocidos y admirados. La única explicación posible del fenómeno, es la de que las masas, se han quedado, poco a poco, sin minorías, sin minorías egregias que puedan fermentarlas, más o menos del mismo modo que la levadura hace con la harina para que pueda convertirse en pan. Disculpen ustedes, disculpad, mis fieles y escasísimos lectores (si es que acaso alguno de ellos lee lo que escribo), pero es que hoy, y ya hace algún tiempo, estoy sumamente aburrido, cansado, desorientado y confuso. Por no añadir también, a todo ello, para que rime en consonante, profuso y difuso. Y cuando me encuentro así, en vez de sembrar, desparramo y digo inmensas tonterías como estas que acabo de pronunciar "ex cathedra", y "urbi et orbe". Para eso dispongo de este magnífico medio de Internet y de Blogger, que se brinda a ello, salvo que alguien con alguna dosis de sentido lo denuncie, no por obsceno ni políticamente peligroso, ni ninguna otra cosa por el estilo, sino simplemente por estúpido. Para eso, para la estupidez y la estulticia, aún no se ha inventado la censura, ni los interdictos prohibitorios, o prohibitivos. Nada. Cualquiera puede decir, como es demasiado frecuente comprobar a diestro y siniestro, en este mundo de los Blog, montones de estúpidas y diparatadas memeces. Y no pasa nada de nada. Al contrario, suelen recibir grandes elogios y jubilosas manifestaciones. Por qué, entonces, no puedo decir yo otras tantas o similares estupideces. No puede uno estar siempre pendiente de pronunciar aleccionadoras palabras, ni sabias sentencias, sino que, de vez en cuando, debe y tiene que decir alguna perfecta tontería, para demostrar que es perfecta y dolorosamente humano. Y eso es lo que yo he preferido hacer hoy. Eso sí,les he ofrecido a todos, y os he ofrecido queridos selectos amigos, una maravillosa puesta de sol... sobre el mar. ¡Vamos, vamos, elógienme, elogiadme apasionadamente... Decid que soy maravilloso. ¿O tal vez no es así?. Luis Madrigal.-
Y un ruego: Por favor nadie desprecie la sublime melodía que seguidamente se ofrece. Decía un gran músico, que estaba muy bien hecha.
Y un ruego: Por favor nadie desprecie la sublime melodía que seguidamente se ofrece. Decía un gran músico, que estaba muy bien hecha.
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