martes, 1 de diciembre de 2009

UNA DÉCIMA DE GERARDO DIEGO


Mi nueva y reciente amiga, y corresponsal de Blog, "Capuchino de Silos", cuyo nombre real y Ciudad en la que vive he conseguido saber por ella misma, publicaba en su delicioso Blog ("Capuchino" es Licenciada en Bellas Artes y musicóloga, o música, enamorada de Brahms, ademas de poetisa y pintora), un poema de Gerardo Diego, que yo quise comentar, y lo hice, entre otras cosas, enviándole a ella la famosisima Décima, titulada "Piedad", del mismo Gerardo Diego, por si no la conocía o no la tenía a mano. Y he aquí, que por causa de esos diablillos informáticos, que tanto incomodan, me dice que ha desaparecido el poema de su Blog. No voy a revelar los datos que conozco de "Capuchino de Silos" (¡que pseudónimo más bonito, verdad!) puesto que no tengo el menor derecho a ello. Tanpoco diré la maravillosa Ciudad española en la que tiene, muy en general, la suerte de residir, aunque haya de pagar en estos momentos un heróico precio por ello, pero sí, en su honor, y para general conocimiento de los amantes de la poesía, sobre todo de la Poesía sacra, reproduzco aquí nuevamente ese maravilloso poema:

PIEDAD

He aquí helados, cristalinos
sobre el virginal regazo
muertos ya para el abrazo
aquellos miembros divinos.
Huyeron los asesinos.
¡Qué soledad sin colores!
¡Oh, Madre mía, no llores!
¡Cómo lloraba María!
La llaman desde aquel día
la Virgen de los Dolores.


Gerardo Diego


Podría publicar en la cabecera de esta entrada infinidad de imágenes de la Virgen Dolorosa, pero he querido elegir, una vez más, a mi Virgen, a la de todos los leoneses, Nuestra Señora del Camino, patrona del Viejo Reino de León y de la Bimilenaria Imperial Ciudad que fue y es su Capital. También es una Dolorosa, de autor y época totalmente desconocidos.



lunes, 30 de noviembre de 2009

POR FIN, EL FRÍO


La verdad es que aquí, en Madrid, pero también muy en general en toda España, hemos tenido la suerte (o la desgracia) de atravesar los meses de Octubre y Noviembre, que dentro de unos minutos va a concluir, en medio de un clima, no ya otoñal sino veraniego. Los atuendos de manga corta, los días soleados y hasta calurosos, han sido habituales hasta ayer Domingo, 29 de Noviembre, precisamente el día en que se cumplían 585 años de la muerte de Pedro Martínez de Luna, Benedicto XIII de Avignon, quien a mi humilde juicio fue verdadero Papa de la Iglesia de Dios, pese a serlo de Avignon y pese a ser depuesto por el Concilio de Constanza, en 1417. Cada 29 de Noviembre es para mí recordatorio fijo, por ser el del nacimiento de mi padre, pero también el de la muerte de aquel gran hombre, tan injustamente tratado, cuya figura he tenido siempre como la más representativa de los grandes perdedores, tal vez por serlo yo mismo, aunque no grande, sino simplemente, en lo que a mí se refiere, un pequeño perdedor. El caso es que, quién sabe si tal vez por aquella injusta destitución de Constanza, cayó ayer el tremendo aguacero, con fuerte descenso de las temperaturas, que obligó a descolgar con urgencia de los armarios abrigos y gabardinas, además de los paraguas. Y así, con frío, se inció el día de hoy, último de Noviembre, festividad de San Andrés, el hermano de Pedro, que tampoco fue Papa, por ser el hermano menor e irse a predicar al Evangelio a Grecia, en lugar de hacerlo en Roma. Menudo argumento, proporcionó Andrés a los ortodoxos griegos, reforzado posteriormente por Focio y Miguel Celulario. Bien, el caso es que parecen haberse ido ya hasta otro año los apacibles días de Noviembre, en los que yo mismo, escribí este ya tardío pero entonces justificado Soneto, que el viento frío de hoy me hace añorar:

UN CÁLIDO NOVIEMBRE

Se acomoda el Otoño, placentero,
en su cobijo cálido y sonriente.
No quiere que el Invierno, tan hiriente,
rasgue la piel, como si fuera Enero.

De la nieve y la lluvia mensajero,
quiere rendir tributo al sol ardiente
como si fuera Julio, y deja ausente
el hielo de la cumbre... Tan ligero

hace correr las horas, que en Verano
discurren lentas y su luz prodigan.
Unas y otras, cogidas de la mano,

volverán a brillar, cuando persigan,
día tras día, un nuevo meridiano
que haga salir el sol y al sol bendigan.



Luis Madrigal



En memoria de los Otoños madrileños, llenos de luz y de sol, me complace ofrecer una canción que yo solía oír
de niño a mi hermana, en León, y que remueve ahora mis recuerdos. Perdonen, perdonad todos, amigos, que me remonte a 1800, en pleno reinado de Don Alfonso XII, el Pacificador, a Don Julián Gayarre, el gran tenor navarro y, sobre todo, a la luz de gas, pero es que, a veces, la historia se repite, en todo tiempo y en todos los lugares.



domingo, 29 de noviembre de 2009

Y UN SONETO MIRANDO AL MAR



TRAS HABERTE BUSCADO

He ido hasta el Mar y he visto su extrañeza...
Como en mi alma, brilla algún reflejo,
mas el azul de su gigante espejo
es ahora gris, colmado de tristeza.

Junto a sus mansas olas, la certeza,
de que mi ser caduco se ha hecho viejo,
he sentido sin ti... Y tu consejo
de convertir en fuerza mi flaqueza.

¿Es este Mar el mismo que soñabas
cruzar un día, desde el otro, hermano?
¿Es la playa de arena que esperabas

para pisar, cogida de mi mano
y reavivar el sueño que anhelabas...?
¡Ese sueño, murió aquel verano...!



Luis Madrigal



sábado, 28 de noviembre de 2009

TRES CUARTETOS INFORMALES A UNA SÓLA GOLONDRINA



I


Golondrina que vienes,
dile al Verano
que no se vaya pronto
y vuelva temprano.


II

Golondrina que vas,
dile al Invierno
que se quede dormido,
sin despertar.


III

Golondrina que anidas
bajo mi alero,
no le digas a nadie
mi desconsuelo.


Luis Madrigal




viernes, 27 de noviembre de 2009

HIJOS DE PERRA



Como no tengo el mal gusto de tener en mi casa una bandera inglesa, quiero decir una bandera de Reino Unido de la Gran... Bretaña e Irlanda del Norte, me he comprado una toalla de baño, de esas que se venden a los turistas para la playa, y casi tan grande como la que ondea en Buckingham Palace. Normalmente, he venido utilizandola para secarme después de la ducha, arrastrándo dicho trapo, aunque suavemente, y con cierto cuidado, por todas las partes de mi anatomía, a fin de no causarme el menor daño. Después la venía tirando al suelo para secarme sobre ella los pies y, por último, los zapatos. En realidad ya estaba harto de repetir esta operación desde hace días -concretamente desde que el diario "El Mundo", de Madrid, publicó la información que arriba precede. Además, como dicha bandera-toalla era tan grande de tamaño, al fin decidí trozearla, hacerla pedazos, y distribuirlos entre los empleados de una emprea de limpiezas, con la única condición de que los usen en los inodoros, exclusivamente. Eso sí, tuve la precaución de reservarme uno de los trozos para mi propio uso, con el fin de practicar en mi jardín el tiro al blanco, aunque sólo sea con una humilde escopeta de aire comprimido... Pero, ya, ya... el trozo del asqueroso trapo de referencia, ya bastante sucio de por sí, ha terminado como un colador. Se lo he contado a todos los ingleses que conozco y veo por la calle. También les he dicho que son unos hijos de perra (que también se escribe con "p"), además de piratas y chulos de mierda. Luis Madrigal.-


Nota importante: Los soldados de la fotografía de arriba son portugueses, tratando de apresar a otros piratas que, seguramente aprendieron su oficio de los ingleses, los cuales siempre lo han practicadado muy bien. Les ofrezco una hermosas canción en lengua inglesa. Que la disfruten.











miércoles, 25 de noviembre de 2009

TRAS LA HUELLA DE MI QUERIDO AMIGO "ALPHONSO CARBAJAL"



SÓLO LA NADA...

El sol ya se ocultó. Sólo la nada,
en que la noche abraza mi tristeza,
angustia el existir... ¡Cuánta aspereza
transpasa mi sentir como una espada.

No sé ya bien, si alba desconsolada
podrá sembrar en mí la fortaleza
de caminar en pie, con entereza,
cuando al día, otra sombra desolada,

arrebate su luz... Ya nada espero;
nada pido, ni doy. Ya nada tengo.
Sin peso, de equipaje voy ligero

y, en mi vivir, no sé si voy o vengo.
Sí sé muy bien que ayer no fui el primero
y el alma, de dolor, repleta tengo.


Luis Madrigal











martes, 24 de noviembre de 2009

MIENTRAS VOY "DES-SIENDO" (Memoria viva de un pasado muerto)



I

Entre los meses de Septiembre y Octubre del año 1940, pronunció Don José Ortega y Gasset, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, cinco lecciones sobre lo que él llamó "la razón histórica". He releido varias veces esas lecciones y siempre me ha parecido que la quinta de ellas (V), relativa a la cuestión de "qué es lo real", es la que puede explicar con especial profundidad aquello que efectiva y esencialmente lo es. Naturalmente, en lo que al ser humano atañe y se refiere. Y esta explicación, rigurosamente orteguiana y, como tal, inserta coherentemente en su sistema de pensamiento, podría sintetizarse en que, esencialmente, el hombre es el ser del "haber sido".

Pese a que pueda parecer un "trabalenguas", o algo enrevesado, la cuestión es muy sencilla: Cuando observamos lo que nos rodea, podemos ver dos cosas: La piedra -que "está ahí"- pero que también puede ser desplazada a otro lugar. Por tanto, no sólo está la piedra, sino también el movimiento. Y ambos, piedra y movimiento, son igualmente reales. Ahora bien, el cambio, el movimiento, es fácil de observar pero muy difícil de pensar. Por tanto -continúa Ortega- si digo: "esto, es", al pensar algo con movimiento, con posibilidad de cambio, me estoy contradiciendo, puesto que tengo que decir que "A", es al mismo tiempo "no A". En consecuencia, tengo que deshacer el primer pensamiento, borrarlo, des-pensarlo, tenerlo como no pensado. Y esto, es sumamente difícil, porque cada cosa, cada situación -cada sentimiento, me permito añadir yo- es variación, pero (vuelvo a Ortega) "su variación no varía". El ejemplo que propone el brillantísimo y gran maestro, sin duda es exacto: "El astro se mueve, pero su movimiento es uniforme". Esta ley invariable de las variaciones; ese ser estable que tiene lo inestable; ese ser idéntico que parece descubrirse detrás de lo contradictorio, ese ser, es la physis, la substancia o naturaleza de una cosa. Pero, la esencia física no es un conocimiento de la propia realidad. La teoría del conocer, la inteligencia, lo que pensamos, no es nunca la realidad, porque lo que pensamos es lógico y la realidad es ilógica. Por otra parte, cuando se trata de realidades que no son corpóreas, el ver será incorpóreo, no sensorial.

Es preciso, pues, conocer utilizando el mecanismo que los viejos lógicos llamaban el "modo ponendo tollens" (o el modo que "quito poniendo"), el modo que, al mismo tiempo que enunciamos algo, retiramos lo enunciado. En aquella ocasión, Ortega se encontraba hablando, como ya he dicho, en Buenos Aires y, literalmente, dijo aquello de que "como homenaje a esta Ciudad", había decidido denominar a su teoría del conocimiento, a su teoría noseológica, como la del "hasta por ahí no más", puesto que esta expresión, este castizo argentinismo, le parecía la manera perfecta de expresar el "modo ponendo tollens", que quito poniendo, que pongo quitando, para conocer la realidad. Pretendía construir así una Ontología no eleática -puesto que lo real es lo no idéntico, esto es, puro acontecer, movilidad, flujo- del mismo modo que Einstein había creado una Física no arquimédica ni euclidiana.

La realidad radical, es la vida, que nos es dada, pero no hecha y que, por tanto, es quehacer y antes programa, toda vez que, previamente a hacer algo, es preciso proyectar, programar, aquello que se va a hacer. Sin embargo, al mismo tiempo, la vida no sólo "es", sino también "des-es"; está pasando y aconteciendo en un flujo continuo. Cada hombre, es hoy lo que es, precisamente porque ayer fue otra cosa. En consecuencia, la vida es pasar y, por tanto, "des-ser". Si Heidegger había dicho que el hombre es "pastor del ser", Ortega rectifica ligeramente la órbita, o la perspectiva, afirmando que es un "peregrino del ser", algo o alguien que va siendo y des-siendo. Eso es vivir, eso es la vida. Y por ello, el ser humano no tiene naturaleza, lo que tiene es historia, que no es otra cosa sino movilidad y cambio. Por lo tanto, la razón pura, eleática, naturalista, jamás podrá entender al hombre. El hombre de hoy, lo es porque ayer fue otra cosa. Y esta razón narrativa, es "la razón histórica".


II

Así, pues, se es y se des-es. Desde luego, la vida, fundamentalmente, podría decirse primígenamente, consiste -creo yo con toda humildad, por mi propia cuenta- del modo más positivo y edificante, en ser, pero necesariamente también ha de fijar su contenido, por unas razones u otras, en des-ser lo que se ha sido, según ha quedado sentado anteriormente. No es esto lo mismo, por mucho que lo parezca, que "no ser". Esto último, constituye una posición y una actitud nihilista, frustrante y aniquiladora; incapacitante, inhabilitante y radicalmente vacía -la antítesis del ser- que encierra todo lo que dejo de ser, para "ser nada". ¡Nada...! ¿Puede esto caber, y ser comprendido, en cabeza alguna?. En este "no ser", cabe incluir también (como ya otras veces he dicho en este mismo humilde Blog) el olvido, que convierte, o disuelve, en nada lo que se ha sido y, cuando es absoluto, produce el mismo efecto que el no haber sido nunca. Tanto el no-ser como el olvido, son la nada, si capaces fuesemos de encerrar en nuestro entendimiento este horrible concepto, radical y absolutamente vacío de todo ser. Nada. Sería -y por desgracia es, demasiadas veces- como no nacer, como no haber nacido, y equivaldría a arrastrarse por las calles como un "bulto" antropomórfico, que, por haber renunciado a ser, tampoco puede existir. Ni tan siquiera llega a alcanzar la naturaleza y condición de "cosa", porque las cosas ni son ni existen. Simplemente, "están ahí", ocupando la posición y entidad sin vida del "dasein" heideggueriano.

El no-ser, creo yo, se produce casi siempre de un modo "automático" y, por tanto, imperceptible, sin que quien lo abraza, o más bien lo sufre, al ser invadido por tan absoluto vacío, pueda experimentar sensación dolorosa alguna, sino quizá, muy por el contrario, hasta se sienta alegre y contento de arrastrar su vida animal, vegetalizada, opaca, insípida, monótona, monocorde y monocolor. Creo que fue también Ortega, no estoy seguro, quién dijo que "el imbecil es feliz sobre la tierra". Y decía también -esto seguro- una de mis hermanas, a quien recuerdo diariamente, que circulaban sueltos por ahí algunas, o muchas, personas que no podían ser otra cosa sino "madera bautizada". Quizá el dicho podría resultar hasta blasfemo o sacrílego, pero puede que tampoco sea así, puesto que es principio teológico, firme e inconmovible, el de que la gracia de Dios, que se recibe en el sacramento del bautismo, descansa y se apoya sobre la naturaleza, a la que no puede anular, ni sustituir, ni ignorar, ni suplantar y, en consecuencia, desde este punto de vista dogmático, resulta admisible pensar que hasta "la madera" puede recibir la gracia de Dios, del mismo modo que Él puede hacer "hasta de las piedras, hijos de Abrahám". En esta perspectiva, cabe también aceptar que hasta algunos santos, humanamente, han sido "retrasados mentales", como yo mismo oí decir una vez de un tal "San Dositeo", el cual era tan torpe y tan desastroso en todas sus acciones que el Padre Superior del Convento -parece ser se trataba de un religioso mendicante- le prohibió hacer absolutamente nada sin su previo y paternal consentimiento. Enfermó San Dositeo, en ausencioa de su Superior, y enfermó tan grave y rápidamente que los médicos no podían explicarse el por qué no se moría. Cuando regresó el Padre Superior, y fue conducido a la celda del moribundo, éste exclamó: "Reverendo Padre, me da su paternal permiso para morirme?. El Superior movió afirmativamente la cabeza, y San Dositeo expiró. Este "no ser", el de "San Dositeo", no sirve como ejemplo, puesto que es el no-ser más grande y absoluto que un humano puede alcanzar, el de "no ser" para que sea Otro, el único que Es. Es el de San Pablo cuando decía. "Ya no soy yo quién vive, sino Cristo quién vive en mí". Naturalmente, esto no lo dijo Ortega, aunque yo creo que lo pensó, y si no que se lo hubiesen preguntado al Padre agustino Félix García, con el que se confesó aquella gran lumbrera antes de morir.

Pero, muy en general, este tipo de "anti-esencia" puede comprobarse en la vida, extra muros de todo lugar contemplativo. Y en este especifico sentido, que es el caso mayoritario, sucede lo contrario de lo ocurrido con aquel humilde fraile -que "no moría, vivo"- sino que se "vive muerto" permanentemente. Eso sí, sin permiso de nadie. El des-ser, en cambio, de alguna manera, o de muchas, está vinculado de modo más reflexivo y consciente a la inteligencia y voluntad humanas. Y en este sentido, cabe apreciar un matiz voluntario, o electivo (quiero des-ser lo que he sido) o, por el contrario y lastimosamente, necesario o forzoso (no quiero des-ser nada de lo que he sido, pero me veo obligado, forzado, a hacerlo). Cuando dejo de ser lo que he sido porque quiero, porque ya no encuentro razón o aliciente alguno para ello, apenas tampoco si me doy cuenta de lo que dejo o voy dejando de ser y, por supuesto, tampoco experimento el más mínimo dolor, sino acaso al contrario, un gran alivio. Pero, cuando forzosamente necesito dejar de ser lo que de algún modo fui, por débil o incipiente hubiera sido ello -aun cuando tan sólo pudiera tratarse de un mera ilusión o de un proyecto irrealizable- como también advierte Ortega en otro pasaje de su pensamiento, entonces, "me dilacero, me escindo en dos": El que fui, porque quise ser y el que ya no soy porque no puedo, ni depende de mí seguir siendo, pese a que me colmaría de alegría y de dicha poder hacerlo. Y esto, es sumamente doloroso, y quizá por ello decía Heidegger que la vida (más que programa y quehacer, como piensa Ortega) es "angustia". Ciertamenmte, lo es, pero -replicaba el propio Ortega- además de angustia, es empresa; siempre es tarea, porque, para que yo sufra, es preciso que siga viviendo. Si abandono la vida, la angustia deja de ser. Mas, si continuo viviendo, es porque acepto esa dolorosa tarea, la de dejar de ser lo que he sido, cuando esto se me impone, sin olvidarme por eso de ello, sino contemplando el vacío y el sufrimiento. Si se quiere, me parece a mí, es una forma de ser, des-siendo.

Lo que, en síntesis, al fin sucede es que, entre tanto, es necesario pararse, reposar un cierto tiempo; fortalecer mediante una higiénica gimnasia mental ese músculo inmisericorde que es el cerebro, dentro del cual se encuentra el pensamiento, y la imaginación, "la loca de la casa", que tanto puede hacer sufrir. Pero comienza la modernísima Bioneurología a plantearse la gran noticia de que no así el alma, que sería extra-cerebral. Es una gran noticia, mucho más grande que la conquista de los planetas y las galaxias, no sólo -lo cual ya es eternamente inmenso- por abrir directamente el camino hacia Dios, sino porque, si bien en el cerebro se alojan todos los recuerdos, los cuales pueden ser dolorosos, ante el programa frustrado (de lo que no pudo convertirse en quehacer), en el alma tan sólo reside el amor, y este siempre es benigno, porque nada reclama para sí, sino todo para el ser querido, para aquellos a quienes entregamos un día nuestro amor. Ello, a su vez, es indispensable mientras voy des-siendo lo que fui, con el auxilio instrumental, y hasta tosco si se quiere, de ciertos "trucos" a los que recurro; de algunas pobres "industrias humanas", en las que me ejercito; de habilidades terapeúticas, capaces de permitirme seguir viviendo, mientras voy des-siendo, de forma que, tras la hecatombe de la desilusión y el apasionamiento, muerto y sepultado, pueda quedar en pie algo de mí.

Personalmente -no me estoy refiriendo a ningún juego diletante- yo he permanecido por completo ausente de este humilde Blog -en el que, más que con nadie, trato de hablar conmigo mismo- durante exactamente quince días completos y algunas horas más. Sin duda, no son muchos para des-ser lo que he sido durante casi dos años, cuando aquella celestial melodía, llena de ángelicos matices, se inflamó al cruzar el inmenso Mar y depositó sobre mis cenizas un nuevo aliento de vida. Pero, tal vez, sí son suficientes para encontrar el reposo -el repos- que buscaba Descartes, cuando escribió el "Tratado de las pasiones", porque ese reposo cartesiano es y consiste en el desapasionamiento metódico, que conduce nada menos que a la divina morada en la que todos "nos movemos, vivimos y somos", y que encuentra en la afirmación de San Pablo el más sublime y transoceánico sentido. Luis Madrigal.-