sábado, 19 de diciembre de 2009

FUERTE NEVADA EN MI CIUDAD NATAL





Mientras aquí, en Madrid, hace un frío que pela, pero apenas hace unos días pudimos observar una tímida nevada, que se arrenpintió antes de caer al suelo, me llega la noticia y las imágenes de una verdaderamente copiosa sobre León, que me lleva hacia mi ya lejana infancia y primera juventud, cuando colgaban de los aleros de las casas, unos enormes carámbanos, que los chicos de la época llamábamos "pirulís de la Habana", por su forma similar a la de aquellos coloristas dulces de caramelo, enfundados en oblea, en forma de cono alargado... Incluso, a veces, los chupábamos imaginando contendrían la misma dulzura, porque la pureza del agua convertida en hielo permitía eso y mucho más. En Madrid, nieva bastante menos, y menos aún en esta época de cambios atmosféricos, excepto el año pasado en el que el cielo nos obsequió con tres abundantes nevadas, sobre todo la primera de ellas, gracias a las cuales pudimos tener agua en abundancia durante todo el último verano. Esperemos que pronto pueda nevar también en Madrid, porque la nieve, además de parecerse mucho al algodón, no puede servir de otra cosa, a la corta y a la larga, sino de abundancia de bienes materiales e íntima satisfacción del espíritu. Sobre todo ahora, cuando está muy cerca la Navidad ¡Navidades Blancas...! ¡Oh, Blanca Navidad...! Luis Madrigal.-

Arriba, algunas fotografías de la Ciudad de León, durante la nevada del pasado día 16 de Diciembre






jueves, 17 de diciembre de 2009

EN ÁRIDO DESIERTO



Si ya ni una palabra
en soledad escucho;
si ya de tu suspiro
ni un "¡ay!" llega a mi oído...
Si de mis muchos males,
tu bien nunca recibo...
ya todo ha terminado.
En mí, ya sólo vivo
y muero sin que muera;
sin respirar, respiro...
Camino entre la sombra,
sin luz y sin camino;
sin agua que, a mis labios,
de alguna fuente viva,
pueda llegar y, fresca,
calme la sed... Mas, sigo
en árido desierto,
sin norte y sin destino.


Luis Madrigal





miércoles, 16 de diciembre de 2009

AQUEL LAGO TAN AZUL



¡Ay, Lago de aguas mansas, tus riberas
se habrán cubierto de casitas claras
en las que el sol se mira, y resplandece
hasta su rayo hallar -serena-
meciéndose una barca!

¡Ay, ondas de cristal, orillas verdes,
cielos azules, con unas nubes blancas,
ya no puedo teneros, no os veo,
que nadie os acerca hasta mi casa!

¡Ay, aire azul, pronto colmado de estío,
bajo un cielo cobalto, tachonado
de estrellas fulgurantes en la noche,
cuando la tarde cae
y una ilusión levanta!

Ya nunca volveré, ni en la distancia,
a gozar del encanto que gozaba...

Ya nunca más sabré qué ha sido de vosotros,
ni si seguís allí...

Si nadie os mira ya...
¡quién os mirara!


Luis Madrigal




martes, 15 de diciembre de 2009

¿QUÉ HARÉ SIN TU RECUERDO?



¿Qué haré si pierdo tu recuerdo
y... hasta tu nombre y, sin saberte,
te fundes con la niebla?
¿Donde iré entonces si ya, ni tu memoria,
puedo tener, en el afán dormido
de mi sueño despierto y palpitante?
¿Tenías nombre...? Sí... Apenas
si puedo retenerlo... Sólo evoco
aquel dulce mumullo de tu eco celeste
que, como canto matutino,
buscaba la hora en la que el sol
ilumina todas las sombras
y tiñe de oro la más verde esperanza...
Si ya ni te recuerdo, ¿qué haré entonces?

Luis Madrigal





sábado, 12 de diciembre de 2009

OTRO SONETO A LA LUZ DE LA LUNA



NO PUEDO VIVIR DE NADA

No puede el sentimiento cobrar vida
si la vida no se hace sentimiento;
ni es posible que el grito o el lamento
rasguen el aire antes de la herida.

Ni una llegada antes que una partida,
ni una torre espigada sin cimiento,
ni hoja que murió tendida al viento,
ni el llanto sin el alma dolorida.

Nada fue, y sólo es nada lo que tengo.
Y, sin nada tener, soy un suspiro
perdido en la distancia. Un voy que vengo

de la nada que soy, y a la que miro
mientras el tiempo corre y se hace luengo.
Y, sin sueño, ni luz, sólo deliro.


Luis Madrigal



viernes, 11 de diciembre de 2009

¡OH, LA POESÍA...!


NUNCA...

Si nunca podré verte, ya mi suerte
está escrita en el agua, o en la arena
de una playa lejana. O en el aire.
Tal vez, vive en una botella naúfraga
que sucumbió en el Mar.

Si nunca oiré tu canto, mis oídos
han muerto, y el silencio se ha hecho eco del trueno
cuando el rayo ilumina mi noche oscura.
Quizá arrulla en la noche de estío
mi letargo invernal, bajo la nieve.

Si nunca te miraré a los ojos,
¿para qué ver?, pese a que los míos
pugnen con la luz, para apresar el color
y alimentar mi memoria, mientras tu cuello de cisne
se eleva sobre las más altas montañas.

Si nunca he de tomar tu mano,
al arrullo de las olas,
nunca podré volar y, en vez de elevarme hasta el cielo,
vagaré errante por los caminos polvorientos,
que herirán mis pies y harán sangrar mi alma.

Luis Madrigal