domingo, 6 de junio de 2010

ENTRE MIL RUIDOS



SÓLO A MÍ ME OIGO

A nadie busco y nadie va conmigo;
si huyo del ruido, en mí solo me encuentro...
Camino en un desierto, pero dentro
está el Oasis verde que persigo.

A veces, con furor, grito y maldigo
lo que de fuera llega al mismo centro,
sin advertir que sólo lo de adentro
puede matar aquello que bendigo.

Ya el pensar terminó, ya sólo siento,
y sólo mi sentir se torna en vida.
Ya no grito, ni corro. El paso, lento

para antes llegar  -casi enseguida-
al pecho que se muere y que, sangriento,
espera entre temblores mi venida.



Luis Madrigal




viernes, 4 de junio de 2010

PODER DE LA PALABRA


PALABRA QUE ME ALCANZA Y NADA DICE

¿Qué puedo hacer...?
Si, envuelto en el más íntimo silencio
y profundo sentir, el verbo exhala
tanto latir ajeno, que se pierde
en el limbo del ser ...
Parece que existiera  -carne y cielo-
mas sólo es una sombra que aletea
y se extiende, tan lejos,  -dentro de mí-
que me arrebata del suelo en el que habito;
del aire que respiro y, al pasar, se queja
de tan brusco pisar sobre mi alma.
A veces, cual relámpago en la noche,
cual Arco Iris cuando la nube pasa,
surge y hace brillar el cielo,
resplandece de pronto en mi ventana...
Pero al poco se va, nunca se queda,
y vuelvo a la tiniebla y a la náusea
del suspiro que no cabe en el pecho
y, sin caber en él, hiela la brasa.
Otras, espera... Mas, sin limite que pueda
perforar el silencio, con taladro de plata...
Y vuelvo a la modorra, que el sopor alienta,
en oscura penumbra, cual la planta...
Dame, Señor, la luz, dame la fuerza
de oír y de escuchar esa palabra
que todo dice, Señor, cuando aparece...
¡Sin decir nada, Señor, sin decir nada!


Luis Madrigal




jueves, 3 de junio de 2010

UN NUEVO MÁRTIR


En vísperas del viaje papal a Chipre
Profundo pesar por homicidio de Obispo católico en Turquía
Era el Presidente de la Conferencia Episcopal en ese país

miércoles, 2 de junio de 2010

TRECE SONETOS DE AMOR (XI)




SE HACEN LEVES LAS HORAS AL MIRARTE

Me alienta la esperanza, al recordarte.
La certeza de estar en tu memoria
y, aun sin recuerdos, desandar tus historia...
La angustia me devora al esperarte.

Si breves son la horas al mirarte,
siglos parecen, razón ilusoria;
vueltas sin fin, cual cangilón de noria,
las ansias y el anhelo de encontrarte.

Mis ojos, caerán sobre tus ojos
-yo lo sé bien-  un día, frente a frente,
para saber de ti, sin más despojos...

Para sólo mirarte, sólamente,
mientras que tú me dices, sin sonrojos,
que a mí sólo has querido eternamente.



Luis Madrigal




viernes, 28 de mayo de 2010

SI NO ERES



QUE EL VIENTO ARRASTRE MIS CENIZAS

Es tanto mi sentir, que sólo siento
cargar sobre mi peso puro llanto,
arrastrar mi sufrir, que pesa tanto,
hacia un barranco gris, para que el viento

arrastre mis cenizas, y el lamento
que dentro de mi alma, con espanto,
tiembla al llorar, y no cubre otro manto
sino el dolor, que alcanza el sufrimiento.

Yo quería ser, mas ya no puedo nada
si no eres tú... Si el polvo te ha vestido,
polvo soy yo, mi voz ya está callada.

Si nunca más podré oír tu latido,
no vivo ya, mi vida está acabada.
Y sólo decir puedo que he vivido.



Luis Madrigal




 

VIENTOS SOLARES




CUANDO MUERA EL SOL Y SOPLE EL VIENTO

Cuando al fin muera el sol y sople el viento,
le diré, en son de mando, si te ha herido...
Si del Norte, alcanzó al Sur tan querido,
o si, a tu alma, llevó el sentimiento

de amor y devoción, con mi lamento
y la llama de mi pecho encendido,
entre rosas de pétalo dormido
que regué con mi llanto. Y aun sediento,

si el agua que arrastraba ya ha calmado
tu sed y la sequía de tus flores...
Si ha cubierto el Lago, tan llorado,

al que vierten arroyos tus amores.
Si ya tu bello rostro se ha colmado
de risa, como el mío de dolores.


Luis Madrigal


jueves, 27 de mayo de 2010

LOS MISTERIOS NO SE EXPLICAN



QUÉ TARDE PUDE ENCONTRARTE

Si de tus ojos, la luz 
que de ellos huye, para vestir mi sombra,
pudiera un sólo rayo iluminarme
y de tus labios el agua cristaliba
pudiera fresca mitigar mi sed;
si, cuando miro tu imagen.
muda y congelada,
pudiera oír una palabra,
entonces  -si así fuera-
enterraría la duda de mi existir sin vida
y un nuevo horizonte se abriría,
sobre el cansancio y el hastío,
sobre la naúsea y el vómito,
para arrastrar el músculo dormido
e inyectar en mis venas la propia sangre
que ayer ardía, como el hierro en la fragua...
No lo sabía, ni lo sabías, pero aquel torrente de vigorosa energía,
te esperaba y, cuando al fin pude encontrarte sobre las nubes,
ya se había convertido en llanto...
Abajo, la tarde ya caía, entre las sombras de la noche
y, aunque de lejos,
escuchaban ya mis oídos
el fúnebre doblar de una campana.


Luis Madrigal