sábado, 28 de noviembre de 2009

TRES CUARTETOS INFORMALES A UNA SÓLA GOLONDRINA



I


Golondrina que vienes,
dile al Verano
que no se vaya pronto
y vuelva temprano.


II

Golondrina que vas,
dile al Invierno
que se quede dormido,
sin despertar.


III

Golondrina que anidas
bajo mi alero,
no le digas a nadie
mi desconsuelo.


Luis Madrigal




viernes, 27 de noviembre de 2009

HIJOS DE PERRA



Como no tengo el mal gusto de tener en mi casa una bandera inglesa, quiero decir una bandera de Reino Unido de la Gran... Bretaña e Irlanda del Norte, me he comprado una toalla de baño, de esas que se venden a los turistas para la playa, y casi tan grande como la que ondea en Buckingham Palace. Normalmente, he venido utilizandola para secarme después de la ducha, arrastrándo dicho trapo, aunque suavemente, y con cierto cuidado, por todas las partes de mi anatomía, a fin de no causarme el menor daño. Después la venía tirando al suelo para secarme sobre ella los pies y, por último, los zapatos. En realidad ya estaba harto de repetir esta operación desde hace días -concretamente desde que el diario "El Mundo", de Madrid, publicó la información que arriba precede. Además, como dicha bandera-toalla era tan grande de tamaño, al fin decidí trozearla, hacerla pedazos, y distribuirlos entre los empleados de una emprea de limpiezas, con la única condición de que los usen en los inodoros, exclusivamente. Eso sí, tuve la precaución de reservarme uno de los trozos para mi propio uso, con el fin de practicar en mi jardín el tiro al blanco, aunque sólo sea con una humilde escopeta de aire comprimido... Pero, ya, ya... el trozo del asqueroso trapo de referencia, ya bastante sucio de por sí, ha terminado como un colador. Se lo he contado a todos los ingleses que conozco y veo por la calle. También les he dicho que son unos hijos de perra (que también se escribe con "p"), además de piratas y chulos de mierda. Luis Madrigal.-


Nota importante: Los soldados de la fotografía de arriba son portugueses, tratando de apresar a otros piratas que, seguramente aprendieron su oficio de los ingleses, los cuales siempre lo han practicadado muy bien. Les ofrezco una hermosas canción en lengua inglesa. Que la disfruten.











miércoles, 25 de noviembre de 2009

TRAS LA HUELLA DE MI QUERIDO AMIGO "ALPHONSO CARBAJAL"



SÓLO LA NADA...

El sol ya se ocultó. Sólo la nada,
en que la noche abraza mi tristeza,
angustia el existir... ¡Cuánta aspereza
transpasa mi sentir como una espada.

No sé ya bien, si alba desconsolada
podrá sembrar en mí la fortaleza
de caminar en pie, con entereza,
cuando al día, otra sombra desolada,

arrebate su luz... Ya nada espero;
nada pido, ni doy. Ya nada tengo.
Sin peso, de equipaje voy ligero

y, en mi vivir, no sé si voy o vengo.
Sí sé muy bien que ayer no fui el primero
y el alma, de dolor, repleta tengo.


Luis Madrigal











martes, 24 de noviembre de 2009

MIENTRAS VOY "DES-SIENDO" (Memoria viva de un pasado muerto)



I

Entre los meses de Septiembre y Octubre del año 1940, pronunció Don José Ortega y Gasset, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, cinco lecciones sobre lo que él llamó "la razón histórica". He releido varias veces esas lecciones y siempre me ha parecido que la quinta de ellas (V), relativa a la cuestión de "qué es lo real", es la que puede explicar con especial profundidad aquello que efectiva y esencialmente lo es. Naturalmente, en lo que al ser humano atañe y se refiere. Y esta explicación, rigurosamente orteguiana y, como tal, inserta coherentemente en su sistema de pensamiento, podría sintetizarse en que, esencialmente, el hombre es el ser del "haber sido".

Pese a que pueda parecer un "trabalenguas", o algo enrevesado, la cuestión es muy sencilla: Cuando observamos lo que nos rodea, podemos ver dos cosas: La piedra -que "está ahí"- pero que también puede ser desplazada a otro lugar. Por tanto, no sólo está la piedra, sino también el movimiento. Y ambos, piedra y movimiento, son igualmente reales. Ahora bien, el cambio, el movimiento, es fácil de observar pero muy difícil de pensar. Por tanto -continúa Ortega- si digo: "esto, es", al pensar algo con movimiento, con posibilidad de cambio, me estoy contradiciendo, puesto que tengo que decir que "A", es al mismo tiempo "no A". En consecuencia, tengo que deshacer el primer pensamiento, borrarlo, des-pensarlo, tenerlo como no pensado. Y esto, es sumamente difícil, porque cada cosa, cada situación -cada sentimiento, me permito añadir yo- es variación, pero (vuelvo a Ortega) "su variación no varía". El ejemplo que propone el brillantísimo y gran maestro, sin duda es exacto: "El astro se mueve, pero su movimiento es uniforme". Esta ley invariable de las variaciones; ese ser estable que tiene lo inestable; ese ser idéntico que parece descubrirse detrás de lo contradictorio, ese ser, es la physis, la substancia o naturaleza de una cosa. Pero, la esencia física no es un conocimiento de la propia realidad. La teoría del conocer, la inteligencia, lo que pensamos, no es nunca la realidad, porque lo que pensamos es lógico y la realidad es ilógica. Por otra parte, cuando se trata de realidades que no son corpóreas, el ver será incorpóreo, no sensorial.

Es preciso, pues, conocer utilizando el mecanismo que los viejos lógicos llamaban el "modo ponendo tollens" (o el modo que "quito poniendo"), el modo que, al mismo tiempo que enunciamos algo, retiramos lo enunciado. En aquella ocasión, Ortega se encontraba hablando, como ya he dicho, en Buenos Aires y, literalmente, dijo aquello de que "como homenaje a esta Ciudad", había decidido denominar a su teoría del conocimiento, a su teoría noseológica, como la del "hasta por ahí no más", puesto que esta expresión, este castizo argentinismo, le parecía la manera perfecta de expresar el "modo ponendo tollens", que quito poniendo, que pongo quitando, para conocer la realidad. Pretendía construir así una Ontología no eleática -puesto que lo real es lo no idéntico, esto es, puro acontecer, movilidad, flujo- del mismo modo que Einstein había creado una Física no arquimédica ni euclidiana.

La realidad radical, es la vida, que nos es dada, pero no hecha y que, por tanto, es quehacer y antes programa, toda vez que, previamente a hacer algo, es preciso proyectar, programar, aquello que se va a hacer. Sin embargo, al mismo tiempo, la vida no sólo "es", sino también "des-es"; está pasando y aconteciendo en un flujo continuo. Cada hombre, es hoy lo que es, precisamente porque ayer fue otra cosa. En consecuencia, la vida es pasar y, por tanto, "des-ser". Si Heidegger había dicho que el hombre es "pastor del ser", Ortega rectifica ligeramente la órbita, o la perspectiva, afirmando que es un "peregrino del ser", algo o alguien que va siendo y des-siendo. Eso es vivir, eso es la vida. Y por ello, el ser humano no tiene naturaleza, lo que tiene es historia, que no es otra cosa sino movilidad y cambio. Por lo tanto, la razón pura, eleática, naturalista, jamás podrá entender al hombre. El hombre de hoy, lo es porque ayer fue otra cosa. Y esta razón narrativa, es "la razón histórica".


II

Así, pues, se es y se des-es. Desde luego, la vida, fundamentalmente, podría decirse primígenamente, consiste -creo yo con toda humildad, por mi propia cuenta- del modo más positivo y edificante, en ser, pero necesariamente también ha de fijar su contenido, por unas razones u otras, en des-ser lo que se ha sido, según ha quedado sentado anteriormente. No es esto lo mismo, por mucho que lo parezca, que "no ser". Esto último, constituye una posición y una actitud nihilista, frustrante y aniquiladora; incapacitante, inhabilitante y radicalmente vacía -la antítesis del ser- que encierra todo lo que dejo de ser, para "ser nada". ¡Nada...! ¿Puede esto caber, y ser comprendido, en cabeza alguna?. En este "no ser", cabe incluir también (como ya otras veces he dicho en este mismo humilde Blog) el olvido, que convierte, o disuelve, en nada lo que se ha sido y, cuando es absoluto, produce el mismo efecto que el no haber sido nunca. Tanto el no-ser como el olvido, son la nada, si capaces fuesemos de encerrar en nuestro entendimiento este horrible concepto, radical y absolutamente vacío de todo ser. Nada. Sería -y por desgracia es, demasiadas veces- como no nacer, como no haber nacido, y equivaldría a arrastrarse por las calles como un "bulto" antropomórfico, que, por haber renunciado a ser, tampoco puede existir. Ni tan siquiera llega a alcanzar la naturaleza y condición de "cosa", porque las cosas ni son ni existen. Simplemente, "están ahí", ocupando la posición y entidad sin vida del "dasein" heideggueriano.

El no-ser, creo yo, se produce casi siempre de un modo "automático" y, por tanto, imperceptible, sin que quien lo abraza, o más bien lo sufre, al ser invadido por tan absoluto vacío, pueda experimentar sensación dolorosa alguna, sino quizá, muy por el contrario, hasta se sienta alegre y contento de arrastrar su vida animal, vegetalizada, opaca, insípida, monótona, monocorde y monocolor. Creo que fue también Ortega, no estoy seguro, quién dijo que "el imbecil es feliz sobre la tierra". Y decía también -esto seguro- una de mis hermanas, a quien recuerdo diariamente, que circulaban sueltos por ahí algunas, o muchas, personas que no podían ser otra cosa sino "madera bautizada". Quizá el dicho podría resultar hasta blasfemo o sacrílego, pero puede que tampoco sea así, puesto que es principio teológico, firme e inconmovible, el de que la gracia de Dios, que se recibe en el sacramento del bautismo, descansa y se apoya sobre la naturaleza, a la que no puede anular, ni sustituir, ni ignorar, ni suplantar y, en consecuencia, desde este punto de vista dogmático, resulta admisible pensar que hasta "la madera" puede recibir la gracia de Dios, del mismo modo que Él puede hacer "hasta de las piedras, hijos de Abrahám". En esta perspectiva, cabe también aceptar que hasta algunos santos, humanamente, han sido "retrasados mentales", como yo mismo oí decir una vez de un tal "San Dositeo", el cual era tan torpe y tan desastroso en todas sus acciones que el Padre Superior del Convento -parece ser se trataba de un religioso mendicante- le prohibió hacer absolutamente nada sin su previo y paternal consentimiento. Enfermó San Dositeo, en ausencioa de su Superior, y enfermó tan grave y rápidamente que los médicos no podían explicarse el por qué no se moría. Cuando regresó el Padre Superior, y fue conducido a la celda del moribundo, éste exclamó: "Reverendo Padre, me da su paternal permiso para morirme?. El Superior movió afirmativamente la cabeza, y San Dositeo expiró. Este "no ser", el de "San Dositeo", no sirve como ejemplo, puesto que es el no-ser más grande y absoluto que un humano puede alcanzar, el de "no ser" para que sea Otro, el único que Es. Es el de San Pablo cuando decía. "Ya no soy yo quién vive, sino Cristo quién vive en mí". Naturalmente, esto no lo dijo Ortega, aunque yo creo que lo pensó, y si no que se lo hubiesen preguntado al Padre agustino Félix García, con el que se confesó aquella gran lumbrera antes de morir.

Pero, muy en general, este tipo de "anti-esencia" puede comprobarse en la vida, extra muros de todo lugar contemplativo. Y en este especifico sentido, que es el caso mayoritario, sucede lo contrario de lo ocurrido con aquel humilde fraile -que "no moría, vivo"- sino que se "vive muerto" permanentemente. Eso sí, sin permiso de nadie. El des-ser, en cambio, de alguna manera, o de muchas, está vinculado de modo más reflexivo y consciente a la inteligencia y voluntad humanas. Y en este sentido, cabe apreciar un matiz voluntario, o electivo (quiero des-ser lo que he sido) o, por el contrario y lastimosamente, necesario o forzoso (no quiero des-ser nada de lo que he sido, pero me veo obligado, forzado, a hacerlo). Cuando dejo de ser lo que he sido porque quiero, porque ya no encuentro razón o aliciente alguno para ello, apenas tampoco si me doy cuenta de lo que dejo o voy dejando de ser y, por supuesto, tampoco experimento el más mínimo dolor, sino acaso al contrario, un gran alivio. Pero, cuando forzosamente necesito dejar de ser lo que de algún modo fui, por débil o incipiente hubiera sido ello -aun cuando tan sólo pudiera tratarse de un mera ilusión o de un proyecto irrealizable- como también advierte Ortega en otro pasaje de su pensamiento, entonces, "me dilacero, me escindo en dos": El que fui, porque quise ser y el que ya no soy porque no puedo, ni depende de mí seguir siendo, pese a que me colmaría de alegría y de dicha poder hacerlo. Y esto, es sumamente doloroso, y quizá por ello decía Heidegger que la vida (más que programa y quehacer, como piensa Ortega) es "angustia". Ciertamenmte, lo es, pero -replicaba el propio Ortega- además de angustia, es empresa; siempre es tarea, porque, para que yo sufra, es preciso que siga viviendo. Si abandono la vida, la angustia deja de ser. Mas, si continuo viviendo, es porque acepto esa dolorosa tarea, la de dejar de ser lo que he sido, cuando esto se me impone, sin olvidarme por eso de ello, sino contemplando el vacío y el sufrimiento. Si se quiere, me parece a mí, es una forma de ser, des-siendo.

Lo que, en síntesis, al fin sucede es que, entre tanto, es necesario pararse, reposar un cierto tiempo; fortalecer mediante una higiénica gimnasia mental ese músculo inmisericorde que es el cerebro, dentro del cual se encuentra el pensamiento, y la imaginación, "la loca de la casa", que tanto puede hacer sufrir. Pero comienza la modernísima Bioneurología a plantearse la gran noticia de que no así el alma, que sería extra-cerebral. Es una gran noticia, mucho más grande que la conquista de los planetas y las galaxias, no sólo -lo cual ya es eternamente inmenso- por abrir directamente el camino hacia Dios, sino porque, si bien en el cerebro se alojan todos los recuerdos, los cuales pueden ser dolorosos, ante el programa frustrado (de lo que no pudo convertirse en quehacer), en el alma tan sólo reside el amor, y este siempre es benigno, porque nada reclama para sí, sino todo para el ser querido, para aquellos a quienes entregamos un día nuestro amor. Ello, a su vez, es indispensable mientras voy des-siendo lo que fui, con el auxilio instrumental, y hasta tosco si se quiere, de ciertos "trucos" a los que recurro; de algunas pobres "industrias humanas", en las que me ejercito; de habilidades terapeúticas, capaces de permitirme seguir viviendo, mientras voy des-siendo, de forma que, tras la hecatombe de la desilusión y el apasionamiento, muerto y sepultado, pueda quedar en pie algo de mí.

Personalmente -no me estoy refiriendo a ningún juego diletante- yo he permanecido por completo ausente de este humilde Blog -en el que, más que con nadie, trato de hablar conmigo mismo- durante exactamente quince días completos y algunas horas más. Sin duda, no son muchos para des-ser lo que he sido durante casi dos años, cuando aquella celestial melodía, llena de ángelicos matices, se inflamó al cruzar el inmenso Mar y depositó sobre mis cenizas un nuevo aliento de vida. Pero, tal vez, sí son suficientes para encontrar el reposo -el repos- que buscaba Descartes, cuando escribió el "Tratado de las pasiones", porque ese reposo cartesiano es y consiste en el desapasionamiento metódico, que conduce nada menos que a la divina morada en la que todos "nos movemos, vivimos y somos", y que encuentra en la afirmación de San Pablo el más sublime y transoceánico sentido. Luis Madrigal.-







martes, 10 de noviembre de 2009

TRILOGÍA PARA UNA DESPEDIDA (Los últimos poemas de Alphonso Carbajal)







I

SOMBRA QUE SE HACE ESPERA

Yo sé muy bien que estás en Primavera
y los rosales trepan tu ventana...
Y sé también que una rosa temprana
presta su olor a aquélla fiel gerbera.

Las flores, siempre encuentran la manera
de brillar a la luz que, soberana,
alumbra su color cada mañana,
lo mismo que mi sombra se hace espera.

Se apagó la canción y tu mirada...
Si triste sonreía, ahora se ha ido.
¿Dónde estará? Mi alma atormentada

sufre el vacío pleno, aun perdido,
como una barquichuela en tierra anclada,
y no deja de amar lo que no ha sido.



II

SÓLO ESPERO LA NOCHE

Ya nada espero -ni busco- y dejo al tiempo
huir vacío al limbo de las horas,
donde la nada se funde con la nostalgia y la tristeza.
Siento el frío que baja de las cumbres
y se desposa con el silencio,
que grita dentro de mí y oscurece mi vida.
¡Quisiera volar...! Poder cruzar el Mar y, en un segundo,
estar -sin ser- donde habita la esencia y brilla la palabra.
¿Cómo será? ¡Si ya mis alas, sin nervio y abatidas,
no pueden soportar el peso de mi alma,
que convulsa se agita dentro de mí...!
Estoy aquí. Sólo... estoy solo. Nada busco, ni pido.
Nada espero.
Solamente la noche, cuando entre las nubes
alguno de sus rayos de luz descansa sobre los hierros
de mi ventana.



III

ADIÓS... SIN EL CORAZÓN

Si la vida en espera es ya la nada
y al corazón inunda el sentimiento;
si, cuando ya no hay nada, el sufrimiento
deja el pecho vacío y, ni una almohada

puede absorber el llanto, atormentada
gime el alma, que no encuentra cimiento,
ni calma, ni sosiego... Ni un momento
se libra del vacío, ensimismada.

¡Terminó la canción...! Ya nunca el canto
tornará en melodía mi suspiro.
Sólo -frío- el adiós tendió su manto.

Nada veo a mi paso, y lo que miro
veo sin ver... Haber querido tanto
ha agotado mi aliento... No respiro.



Alphonso Carbajal






sábado, 7 de noviembre de 2009

¡CÓMO SUENA LA BUENA MÚSICA!


¡Qué diferencia...! ¡Cómo suena la música -la buena- "en vivo y en directo". ¡Qué diferencia con la "enlatada", por buena pueda ser la "lata", o el envase. Otra vez, y mil, se puede comprobar que todas las cosas, como los frutos naturales, en su propia entidad substantiva, tal y como nacieron para cumplir su destino, son los que verdaderamente nutren y alimentan, sin ningún aditamento nocivo.

He tenido el placer de asistir, este pasado Jueves, día 5 de Noviembre, al 1er Concierto de los Ciclos musicales de la Comunidad de Madrid 2009-2010, que hasta el próximo 23 de Junio, ya entrado el Verano, ofrecerá en el Auditorio Nacional la Orquesta Sinfónica de Madrid. Caminaba yo ese día, ya a punto de anochecer, hacia el Auditorio con una falsa, o al menos aparente "sospechosa" duda, sin duda todo ello fruto de mi analfabestismo musical, que continúa siendo amplio, tanto en profundidad como en extensión. Ciertamente, la Música es, o me parece a mí, inabarcable y, si me lo permiten, incomprensible. Algo que , en su dimensión y objetivo final, no puede ser obtejo de conocimiento sino de sentimiento. Pero, por una parte, aquel compositor, con el que iba a iniciarse el concierto, para mí en aquellos momentos prácticamente desconocido -G. Gombau, decía el Programa- y aquella obra suya: "Don Quijote velando las armas", me causaba la falsa impresión de ir a escuchar una monserga de ruidos, dodecafónicos o no, o más bien "de cacharrería", como esos con los que nos obsequian los nuevos rectores de Radio Nacional (Radio Clásica), en 96.5 de FM, tras su inicialmente anunciada "revolución musical", que yo tuve tristemente ocasión de escuchar cuando la anunciaron, bajo el "leiv motiv" de que la música clásica era para todos, para el pueblo, lo cual es verdad, y estoy de acuerdo en ello, pero no a base de entender por tal lo que estos señores socialistas, o íntimos amigos de ellos -de los bárbaros que mandan y desgobiernan ahora, y que sin duda extienden a todos los ámbitos sus torpes tentáculos como un pulpo gigante- piensan o creen que es la música clásica. Ejemplo aleccionador: Ni se cómo se llama (porque apago la radio inmediatamante), sin soportar un segundo tal bazofía, esperpéntica y pretendidamente musical, que emiten estos energúmenos antes del Programa "Ars canendi". Menos mal que tampoco han retirado este último Programa, como hicieron con "La Noche Cromática", porque ciertamente será para musicólogos eruditos y especilistas en el bel canto, pero necesariamente ha de tener su lugar. Y hace ya mucho que, en la indicada emisora musical, no he podido volver escuchar a los grandes de verdad, sustituidos por una caterva de segundones, al estilo propio -en la música como en todo- de los peores de cada casa y de cada cosa, que son estos señores que ahoran mandan en España.

Pero, en esta ocasión, era mi propia incultura musical la que me hacía albergar tal sopecha. ¡Que torpe e infundado temor! En primer lugar, aunque de modo precipitado y entre candilejas, pude saber, gracias a las Notas al Programa, que "G. Gombau" no era ningún francés, sino un español nacido en la académica Salamanca en el año 1906. La "G" inicial tampoco era la de "Gastón", Gérard, Gerôme, Gilbert ni Grégoire, no, aquella "G" era la de Gerardo. Gerardo Gombau había nacido en el mismo año y en la misma Ciudad en la que Don Miguel de Unamuno había escrito su "Vida de don Quijote y Sancho", acontecimiento literario que muy probablemente comentó el maestro con el padre de nuestro músico, don Venancio Gombau, fotógrafo salmantino aficionado a la Ópera, con el que parece ser conversaba frecuentemente don Miguel. Naturalmente, esto en nada podía influir a levantar el ánimo de mis sospechas, puesto que, ni todos los españoles son "toreros", o "gallegos" aunque vivan en la Argentina, ni todas las francesas son tan descocadas como sugiere Miguel Miura en "Ninette y un señor de Murcia". Y, por la misma razón, ha habido enormes, excelentes músicos franceses, que no es necesario recordar. Sin embrago, el poema sinfónico "Don Quijote velando las armas", de Gerardo Gombau, no desmerece de ninguno de ellos y sus obras... Es una gran obra orquestal, a mi humilde juicio de las pocas que pueden constituir lo mejor del sinfonismo español, en la que el oyente, hasta el más inculto como yo mismo, siente desde el primer momento un divino fervor especial y ya, por momentos, puede ir "viendo" tanto al Caballero de la triste figura, en la aureola de sus meditaciones más sublimes, como a su amada Dulcinea del Toboso, idealizada por Cervantes, hasta convertir a una humilde y tosca aldeanan en la más hermosa de todas las criaturas terrenales. Dice Andrés Ruiz Tarazona, en sus "Notas al programa" de este concierto, que el poema sinfónico de Gombau parece inspirado en el Capítulo III de la Primera Parte del Quijote, y que Unamuno, en su obra literaria, quiso resaltar "el hecho de que Don Quijote hubiera sido armado caballero por un bellaco y dos rameras... las doncellas Tolosa y Molinera, de Toledo y Antequera, respectivamente, a quienes otorgó se antepusieran el honroso Doña a sus nombres". Sin embargo, mientras escuchaba esta bellísima música, en algún momento particular de sus acordes, como una de esas asociaciones de ideas tan libres y espontáneas que ni un mismo puede explicar ni controlar, "sentía" yo, por mi cuenta, que estaba leyendo a Unamuno cuando dice, tampoco recuerdo la página ni me he molestado en buscarla, que, al morir, es cuando Don Quijote recobra la razón y con ello reniega y se arrepiente de todas sus locuras de caballero andante. Pero entiende Unamuno -y esto es lo significativo para mí- que pese a ello el quijotismo no muere. Y no se acaba, tan sólo, porque allí, junto al lecho de muerte de Don Quijote, está Sancho, el materialista, el que no podía comprender los ensueños de su señor. Y es él, el receloso y desconfiado Sancho, el sensato y pragmático Sancho, el que precisamente hereda la divina locura de su amo, al exclamar: "Mire no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como lo tenemos concertado: quizás tras de alguna mata hallaremos a la señora Dulcinea desencantada, que no haya más que ver." Y dice Unamuno: "Consérvale a Sancho su sueño, su fe, ¡Dios mío!, y que crea en su vida perdurable y que sueñe ser pastor allá en los infinitos campos de Tu Seno, endechando sin fin a la Vida inacabable que eres Tú mismo; consérvasela, ¡Dios de mi España! Mira, Señor, que el día en que tu siervo Sancho cure de su locura se morirá, y al morir él se morirá su España, tu España, Señor". ¡Oh, Don Miguel, maestro tan querido y admirado...! Tú, ya te fuiste también -va a hacer dentro de muy poco exactamente 73 años, desde aquel último día del terrible 1936- pero, si ahora vivieras, albergo la gran duda de si no pensarías también que, acaso, ese fatal día ya ha llegado. A nosotros, los españoles, que somos lo único malo -lo peor- de España, tan sólo nos queda la esperanza de que, en el futuro, en lugar de esta hedionda masa, roma y atrofiada, enferma y moribunda, surja una nueva semilla de seres humanos, tan españoles como tú, aunque a los de tu tierra no les guste que lo fueras, ni ellos quieran serlo... Al menos con un poco, una sola brizna, del mucho talento que animó a Gerardo Gombau. Luis Madrigal.-

Lamentablemente, en esta ocasión, no he podido encontrar ninguna muestra de la obra de Gombau "Don Quijote velando las armas", pero sí el I Tema del "Don Quijote" de Richard Strauss, op. 35, que también fué ofrecida íntegramente, asi como la Octava Sinfonía de Dvorak, todo ello bajo la dirección del laureado maestro Jesús López Cobos.