miércoles, 23 de diciembre de 2009

UN SONETO DE DOLOR... Y DE ESPERANZA



VOLVERÁS A ENCONTRARLE

Ahora que el corazón se halla entre el hielo
y, sin el Sol, es triste tu mirada;
ahora que tu alma, presa de la helada,
no acierta a suspirar, de desconsuelo...

Tan sólo es un alivio ver el cielo,
pese a que, gris, secuestre la mirada;
templar el alma, ayer enamorada
del fulgor que se fue... Alzar el velo

que no permite ver el Horizonte,
eterno e infinito, del reencuentro
en un Valle florido, tras el monte

del dolor y la angustia, que hoy es centro
del ser tan dolorido... ¡Sobreponte,
que el que se fue, no es fuera...! ¡Está muy dentro!


Luis Madrigal


A mi querida y desconocida amiga Marga Fuentes, que en el día de ayer, 22 de Diciembre, sufrió la amargura de perder a su buen padre. En nombre de quien, desde tan lejos, tanto la quiere, y también en el mío propio. Con todo nuestro cariño, te ofrecemos, querida Marga (y a quién mejor que a ti), esta maravilla del "Canticorum Jubilo", pieza músical del genio de George Friedrich Händel, clásica en el mundo académico universitario, pero que también puede ser símbolo de nuestra esperanza en la Felicidad eterna.








martes, 22 de diciembre de 2009

ESCARABUJO NEVADO

Un escarabujo no es, ni mucho menos, una excrecencia vegetal, de las que pueden tirarse a la basura sin el meor miramiento. El escaramujo, también conocido como gavanzo, es el fruto pomáceo de la rosa, es decir, de todo rosa, pero muy en particular del rosal silvestre, o especie "canina", una de las tres de las que pueden proceder todos los rosales. En crudo, cuando ya todos los pétalos de la rosa -esa flor espiritualmente tan bella- han muerto, el escaramujo, al que estuvieron insertos, es comestible, y constituye una excelente fuente de Vitamina C, tan necesaria y saludable para la vista y para la piel. También es fuente de mermeladas y confituras y un ingrediente fundamental en las tisanas. Todo ello, sumamente útil para la salud. Sin embargo, casi nadie, según creo, considera su entidad como algo tan sumamente útil y son frecuentes las podas de rosales, bajo el pretexto de debilitar la generación de nuevas rosas, en las que se los desprecia, para pasar a ser un componente más del fertilizante "compost", en una especie de basurero del jardín. La nieve sin embargo, es mucho más sabia, por lo que puede apreciarse, y cuando cae sobre la tierra, quiere tener en cuenta y consideración que los escaramujos aún no han terminado su razón vital de existir y, por ello, en la imagen de arriba, podemos ver como un copo de nieve acaricia y besa la piel de ese rojo escaramujo, a diferencia de lo que, por desgracia, suele suceder en la vida con los hombres, cuando han perdido ya para siempre los hermosos pétalos que embellecieron su juventud. Sin duda, la nieve es mucho más sabia y amorosa que los hombres. Luis Madrigal.-



domingo, 20 de diciembre de 2009

UN SONETO EN HONOR DE LA NIEVE




La copiosa nevada caída recientemente sobre León, a la que me refería en la entrada de ayer, en contraposición al frío de Madrid, sin que por ello hubiese caído aquí un solo copo, y algunas cosas más, conmovieron mis cimientos y raíces más hondas, porque la presencia de la nieve, y mucho más en aquel entrañable lugar, siempre me devuelve a los días de la infancia. Por último, al fin esta última noche ha nevado también sobre Madrid. Sin duda, por ello, cuando me acostaba, no pude resistir la tentación de escribir un Soneto en honor de aquella lejana nieve, y también de esta última tan reciente y próxima en el tiempo y en el espacio, aunque, sobre todo, recordando los tiempos que ya nunca han de volver.


CUANDO ERA UN NIÑO

Caía sin cesar, blanca, la nieve
y, junto al fuego, yo la contemplaba.
Nunca sabré a cuál de ellos miraba,
mas esa imagen es la que me mueve.

Después, ninguna herida fue tan leve
cuando el tiempo corría y no nevaba,
cuando, apagado el fuego, no brillaba
y ya sobre mi alma sólo llueve

el dolor de los años, que volaron...
El fuego se apagó y en mí no nieva,
aquellos tiernos copos ya se helaron;

cesó el arado, se quebró la esteva
y, a su pesar, los ojos que miraron
prefieren ver la nieve y... que no llueva.


Luis Madrigal




sábado, 19 de diciembre de 2009

FUERTE NEVADA EN MI CIUDAD NATAL





Mientras aquí, en Madrid, hace un frío que pela, pero apenas hace unos días pudimos observar una tímida nevada, que se arrenpintió antes de caer al suelo, me llega la noticia y las imágenes de una verdaderamente copiosa sobre León, que me lleva hacia mi ya lejana infancia y primera juventud, cuando colgaban de los aleros de las casas, unos enormes carámbanos, que los chicos de la época llamábamos "pirulís de la Habana", por su forma similar a la de aquellos coloristas dulces de caramelo, enfundados en oblea, en forma de cono alargado... Incluso, a veces, los chupábamos imaginando contendrían la misma dulzura, porque la pureza del agua convertida en hielo permitía eso y mucho más. En Madrid, nieva bastante menos, y menos aún en esta época de cambios atmosféricos, excepto el año pasado en el que el cielo nos obsequió con tres abundantes nevadas, sobre todo la primera de ellas, gracias a las cuales pudimos tener agua en abundancia durante todo el último verano. Esperemos que pronto pueda nevar también en Madrid, porque la nieve, además de parecerse mucho al algodón, no puede servir de otra cosa, a la corta y a la larga, sino de abundancia de bienes materiales e íntima satisfacción del espíritu. Sobre todo ahora, cuando está muy cerca la Navidad ¡Navidades Blancas...! ¡Oh, Blanca Navidad...! Luis Madrigal.-

Arriba, algunas fotografías de la Ciudad de León, durante la nevada del pasado día 16 de Diciembre






jueves, 17 de diciembre de 2009

EN ÁRIDO DESIERTO



Si ya ni una palabra
en soledad escucho;
si ya de tu suspiro
ni un "¡ay!" llega a mi oído...
Si de mis muchos males,
tu bien nunca recibo...
ya todo ha terminado.
En mí, ya sólo vivo
y muero sin que muera;
sin respirar, respiro...
Camino entre la sombra,
sin luz y sin camino;
sin agua que, a mis labios,
de alguna fuente viva,
pueda llegar y, fresca,
calme la sed... Mas, sigo
en árido desierto,
sin norte y sin destino.


Luis Madrigal





miércoles, 16 de diciembre de 2009

AQUEL LAGO TAN AZUL



¡Ay, Lago de aguas mansas, tus riberas
se habrán cubierto de casitas claras
en las que el sol se mira, y resplandece
hasta su rayo hallar -serena-
meciéndose una barca!

¡Ay, ondas de cristal, orillas verdes,
cielos azules, con unas nubes blancas,
ya no puedo teneros, no os veo,
que nadie os acerca hasta mi casa!

¡Ay, aire azul, pronto colmado de estío,
bajo un cielo cobalto, tachonado
de estrellas fulgurantes en la noche,
cuando la tarde cae
y una ilusión levanta!

Ya nunca volveré, ni en la distancia,
a gozar del encanto que gozaba...

Ya nunca más sabré qué ha sido de vosotros,
ni si seguís allí...

Si nadie os mira ya...
¡quién os mirara!


Luis Madrigal




martes, 15 de diciembre de 2009

¿QUÉ HARÉ SIN TU RECUERDO?



¿Qué haré si pierdo tu recuerdo
y... hasta tu nombre y, sin saberte,
te fundes con la niebla?
¿Donde iré entonces si ya, ni tu memoria,
puedo tener, en el afán dormido
de mi sueño despierto y palpitante?
¿Tenías nombre...? Sí... Apenas
si puedo retenerlo... Sólo evoco
aquel dulce mumullo de tu eco celeste
que, como canto matutino,
buscaba la hora en la que el sol
ilumina todas las sombras
y tiñe de oro la más verde esperanza...
Si ya ni te recuerdo, ¿qué haré entonces?

Luis Madrigal