domingo, 30 de enero de 2011

SOLEDAD QUE ME LLAMA



MONTAÑAS Y PIEDRA

A mis soledades voy, de las que vengo
sin que nada me asuste ni estremezca.
La vida es un camino y, cuando se anda,
entre ruido y tumulto, la cosecha
es muy breve y junto al trigo,
que creció rubio y puro allá en la era,
como puñales vuelan sobre el alma
mil cizañas de odio, que lo secan...
Lo asfixian y lo ahogan, para que el grano
sin sazonar en sí, allí se pierda.
Nada quiero del mundo, al que concurren
mil lenguas y gargantas sin sonido,
que lanzan al aire, cobijo de la nada,
nuevas nadas envueltas en bajeza,
para cegar la luz, sembrar las sombras
haciendo que la noche sea eterna.


Luis Madrigal




sábado, 29 de enero de 2011

ESE RAYO DE LUZ




QUE TOCA EL ALMA


Suaves las horas pasan y, en la tierra,
un Meridiano cruza por el cielo
que brilla sobre el mar y, bajo el suelo,
abre la luz que la razón entierra.

Ilumina la paz, nunca la guerra;
trae la fe y el amor, siempre el consuelo
para que, libre, el hombre alce su vuelo
sin arrastrar el odio, que destierra.

Ese rayo de luz quiero en mi alma
para alcanzar la vida, de tal suerte
que mis horas de angustia sean la calma;

que mi débil afán se haga más fuerte
y en mis manos deje caer la palma
que, por siempre, me libre de la muerte.





Luis Madrigal




viernes, 28 de enero de 2011

AL DESPUNTAR LA NOCHE



PREGUNTA LA CONCIENCIA


Un nuevo día ha pasado... Ya es historia
y, al declinar la luz, la noche acecha...
Quiere saber, al fin, si la cosecha
de cuantos pasos di fueron de gloria.

Quiere saber si, quieto, en mi memoria
podré guardar el día de esta fecha;
si mi conciencia alienta satisfecha...
Si ardi como una llama, o si fui escoria.

Descanso la cabeza entre mis manos
y se hunde mi lamento en un suspiro.
¿Vi, al caminar, los hombres como hermanos,

o los miré sin ver, si es que los miro?
¿Los vi divinos, aunque sean humanos,
o sólo lo hago así cuando deliro?



Luis Madrigal



jueves, 27 de enero de 2011

LA INSIGNIFICANCIA






























Acabo de cerrar un canal de TV temático, dedicado a la Historia. Después, en lugar de  permanecer sentado, me he puesto de rodillas mientras reflexionaba sobre mi propia insignificancia y le pedía perdón a Dios y, casi más a mí mismo, por haber cruzado alguna vez por mi pobre y pequeña cabeza la idea de que yo pudiese ser "algo" o "alguien", en cualquier faceta de las que el intelecto humano puede penetrar. ¡Qué pobreza, Dios mío, la mía, dicho esto de verdad y desde lo más profundo de mi ser interior....! El programa de TV, en realidad, más que de Historia, lo era de Ciencia matemática, con sus consecuentes aplicaciones a todo el mundo de la materia, muy en general y, por ende, al logro de infinidad de utilidades prácticas. Las dos mentes protagonistas principales, entre otras nada desdeñables, sino comparables a ellas, y eso sí, por riguroso orden de aparición en el tiempo, eran la de Newton  (25 de Diciembre de 1642 según el calendario Juliano, todavía usado por entonces en Inglaterra, o el 4 de Enero de 1643 con respecto a nuestro calendario Gregoriano) y la de Gotfried Wilhelm Leibniz (Leipzig, 1 de Julio de 1646 - Hannover, 14 de Noviembre de 1716). Newton, únicamente fue matemático, o si se quiere también físico, pero Leibniz, además de matemático tan genial como Newton, y también físico, fue además filósofo, jurista, bibliotecario y... ¡político!. Es para echarse a llorar y temblar, dando fuertes patadas entretanto contra el suelo, si, al pensar en esta última faceta, piensa uno también en los políticos de hoy, de ahora mismo, sobre todo en los españoles. Inglés el primero y alemán el segundo, por tanto, pero ambos miembros de la Royal Society, por aquellos siglos depositaria y maximo foro y exponente de la comunidad científica mundial. Ambos llegaron, por distintos caminos y con distintos métodos o discursos del pensamiento matématico, al descubrimiento del Cálculo. Se me ocurre a mí ahora que "pensar matemáticamente", no es lo mismo que "saber" Matemáticas, ni operar con fórmulas, ni menos aún pulsar la tecla de una calculadora. En consecuencia, la Matemática no es otra cosa sino una especie de Filosofía, que no utiliza los mismos signos (morfemas, lexemas o sintagmas), sino otros distintos (guarismos). Pero el pensamiento, la idea subyacente y, a su vez, expresada mediante unos u  otros, es la misma. Ambas expresiones, o ecuaciones, coinciden en el mundo de la abstacción más pura y absoluta.

Decía que ambos genios llegaron por distintos caminos y métodos al descubrimiento del Cálculo, pero medió una diferencia substancial. Mientras Isaac Newton guardaba celosamente sus averiguaciones y descubrimientos, Leibniz, los progagó "urbi et orbe", alcanzando superiores cotas de desarrollo, a juicio más tarde de la misma Royal Society, quien atribuyo a Newton el descubrimiento propiamente dicho y a Leibniz el desarrollo sistemático y completo del Cálculo matemático. A ello contribuyó, en su recepción fuera de Alemania, una familia de brillantes matemáticos suizos, de Basilea, dando lugar incluso a la creación de una escuela. Eran los Bernoulli, una singular familia en la historia de las ciencias. Sus orígenes los encontramos en la región de Flandes, paradójicamente cuna de pintores y artistas, región que estuvo largo tiempo a la cabeza de la civilización europea hasta que fue azotada por la epidemia de la intolerancia, por desgracia... del Duque de Alba. Los Bernoulli emigraron hacia tierras más al sur que aseguraban la tolerancia ideológica y la estabilidad económica propicia para tender sus raíces, y a principios del siglo XVII, se instalaron en Basilea. Ocho de los miembros de la familia destacaron en la actividad científica como geómetras. De estos, los cuatro más importantes fueron Jacob, llamado el Primero (1654-1705); Johann, el Pendenciero (1667-1748) hermano de Jacob; Nicolaus, el hijo del pintor (1687-1759) sobrino de Jacob, y Daniel, el Virtuoso (1700-1782) hijo de Johann. Pero todos los miembros de la familia Bernoulli se interesaron por el Nuevo Cálculo, en la forma de los diferenciales, como le llamó Leibniz. Crearon un potente arsenal de variadas expresiones analíticas, introdujeron muchas de las reglas para su manipulación y con sus ingeniosas habilidades en las matemáticas mixtas, ampliaron su alcance y su valor sociocultural en la Europa del siglo de las luces.

Sin embargo, nada de esto es lo que me ha inducido a ponerme de rodillas, tras presenciar el programa de TV. Puedo llegar a comprender y a admitir que el  valor común de la inteligencia y el talento humanos puede diversificarse en muchas ramas; que la abstracción pura puede concretarse, no sólo en la Matemática y la Física, que giran en torno a la materia, sino también en el arte, la poesía, la belleza estética, que me parecen más patrimonio del espíritu. Lo que mi pequeñez e insignificante consistencia intelectual, no pudo soportar fue el hecho de que Leibniz, durante la noche, incluso mientras dormía, generase dentro de sí mismo, y sin intervención de nadie, tal número de ideas, que, su desarrollo, le costaba toda la mañana del siguiente día, y a veces el día completo. No, eso no pudo soportarlo mi insignificante inteligencia. Sin duda, debe ser soberbia... La soberbia de los mediocres y hasta de los malos. Pero, ya bien se sabe: Contra soberbia... humildad, que no es otra cosa sino la verdad, como pensaba Teresa de Ávila.  Luis Madrigal.-




miércoles, 26 de enero de 2011

Música Culta (XXXVI) Georg MUFFAT (1653 - 1704)



Georg Muffat

( 1 junio 1653 -  23 febrero 1704)

Compositor barroco, nacido en Megeve, Saboya (actualmente Francia), de ascendencia escocesa. Estudió en París con Jean Baptiste Lully sobre 1663 a 1669, y fue Organista en Molsheim y Sélestat. También estudió Derecho en Ingolstadt, una vez se hubo establecido en Viena. Posteriormente  viajó a Praga y después a Salzburgo, donde estuvo al servicio del Arzobispo unos diez años. Por último, se trasladó a Italia, donde estudió el Órgano con Bernardo Pasquini, seguidor de la tradición de Girolamo Frescobaldi, y mantuvo contactos con Arcangelo Corelli, a quien admiraba profundamente. Desde 1690 hasta su muerte, fue Maestro de Capilla del Obispado de Passau.






SANTA JUANA DE ARCO



Juana de Arco es ejemplo de santidad para políticos católicos, dice el Papa

Encontrar en el Amor a Jesucristo la fuerza para amar y servir a la Iglesia de todo corazón


VATICANO, 26 Ene. 11 / 09:53 am (ACI

En la Audiencia General de este miércoles, el Papa Benedicto XVI resaltó que Santa Juana de Arco -condenada a morir en la hoguera en 1431 por jueces "incapaces de ver la belleza de su alma-, constituye "un ejemplo de santidad para los laicos comprometidos en la vida política, sobre todo en las situaciones más difíciles".

En el Aula Pablo VI el Papa destacó que Juana de Arco es una de "las mujeres fuertes que al final de la Edad Media, llevaron sin miedo la gran luz del Evangelio en las complejas peripecias de la historia".
Hija de campesinos acomodados, su vida se enmarca en el conflicto bélico que se conoce como la Guerra de los Cien Años, entre Francia e Inglaterra. A los 13 años, Juana sintió a través de la "voz" de San Miguel Arcángel "la llamada del Señor a intensificar su vida cristiana, y también a comprometerse en primera persona por la liberación de su pueblo".

Juana hace voto de virginidad y redobla sus oraciones, participando con un nuevo empeño en la vida sacramental. "La compasión y el compromiso de la joven campesina francesa ante los sufrimientos de su pueblo son todavía más intensos gracias a su relación mística con Dios. Uno de los aspectos más originales de la santidad de esta joven es este lazo entre experiencia mística y pasión política".

Al principio de 1429 Juana comienza su acción y superando todos los obstáculos encuentra al delfín de Francia, el futuro rey Carlos VII, que en Poitiers la somete a un examen por parte de algunos teólogos que "expresan un juicio positivo; en ella no hay nada malo, es una buena cristiana".

El 22 de marzo de ese mismo año Juana dicta una carta al Rey de Inglaterra y a sus hombres que asedian la ciudad de Orleáns. "su propuesta es de verdadera paz en la justicia entre dos pueblos cristianos, invocando los nombres de Jesús y María", dijo el Papa. Pero es rechazada y Juana debe luchar por la liberación de la ciudad. Otro momento importante es la coronación del Rey Carlos en Reims el 17 de julio de 1429.

El Papa Benedicto recuerda luego que la pasión de Juana comienza el 23 de mayo de 1430 cuando cae prisionera de sus enemigos en Compiegne y es conducida a la ciudad de Rouen, donde tendrá lugar su largo y dramático proceso que concluye con la condena a muerte.

El Santo Padre indica que al frente del proceso estuvieron dos importantes jueces eclesiásticos: el Obispo Pierre Cauchon y el inquisidor Jean le Maistre, pero en realidad lo conducen un grupo de teólogos de la Universidad de París, "eclesiásticos franceses que pertenecen al grupo político opuesto al de Juana y que tienen a priori un juicio negativo sobre su persona y su misión".

"Este proceso es una página terrible en la historia de la santidad y también una página que ilumina el misterio de la Iglesia, que al mismo tiempo es siempre santa y siempre necesitada de purificación".

"A diferencia de los santos teólogos que habían iluminado la Universidad de París, como Buenaventura, Tomás de Aquino o Duns Escoto, estos jueces son teólogos que carecen de caridad y humildad para ver en esta joven la acción de Dios" y no ven "que los misterios de Dios son revelados en el corazón de los pequeños mientras permanecen ocultos a los sabios y doctos. Los jueces de Juana son radicalmente incapaces de comprenderla, de ver la belleza de su alma".

Juana muere en la hoguera el 30 de mayo de 1431, con un crucifijo en las manos e invocando el nombre de Jesús. Veinticinco años después, el Proceso de Anulación abierto por Calixto III "concluye con una sentencia solemne que declara nula la condena y resalta la inocencia de Juana y su perfecta fidelidad a la Iglesia. Juana de Arco será canonizada en 1920 por Benedicto XV".

"El Nombre de Jesús que la Santa invocó hasta en los últimos instantes de su vida terrenal era como el continuo respiro de su alma, el centro de su vida. Esta Santa había entendido que el Amor abraza toda la realidad de Dios y del ser humano, del cielo y de la tierra, de la Iglesia y del mundo".

"La liberación de su pueblo es una obra de justicia humana que cumple en caridad, por amor de Jesús. El suyo es un hermoso ejemplo de santidad para los laicos comprometidos en la vida política, sobre todo en las situaciones más difíciles".

"En Jesús -prosiguió el Papa- Juana contempla también toda la Iglesia, la Iglesia triunfante del cielo, como la Iglesia militante en la tierra. Según sus palabras, 'es todo uno Nuestro Señor y la Iglesia'. Esta afirmación tiene un carácter realmente heroico en el contexto del proceso de condena, frente a sus jueces, hombres de iglesia que la persiguieron y condenaron".

Finalmente el Santo Padre señaló que "con su luminoso testimonio Juana nos invita a una medida alta de la vida cristiana: hacer de la oración el hilo conductor de nuestras jornadas; tener plena confianza en cumplir la voluntad de Dios, cualquiera que sea, vivir la caridad sin favoritismos, sin limites y sacar fuerzas del amor a Jesús para amar profundamente a su Iglesia".

En su saludo en español el Papa se dirigió de manera particular a "los fieles de la Parroquia de Santa Fe, a los Hermanos de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Fuensanta, de Morón de la Frontera, a los profesores venidos de Chile, así como a los demás grupos procedentes de España, México y otros países latinoamericanos".

"Que a ejemplo de Santa Juana de Arco encontréis en el amor a Jesucristo la fuerza para amar y servir a la Iglesia de todo corazón. Muchas gracias".


martes, 25 de enero de 2011

LA GLORIA




Al fin hube de regresar a Madrid, desde León, tras haber acompañado a mi hermana Mari Paz a su última morada. La muerte del ser humano es siempre un hecho doloroso, a veces desgarrador, que nos sitúa ante la única verdad de nuestra existencia. Muchos, y de muchas clases pueden ser los vínculos que nos ligan a las personas ajenas a nuestro propio "yo". En este caso, y con independencia de esos otros vínculos, surgidos libremente de nuestra voluntad -los que nosotros mismos decidimos crear un día- desparacen ahora para mí, en el mismo grado, todos los naturales que Dios me dió, sin participación alguna por mi parte. Ya me encuentro solo también de entre  todos los que, desde que nací, fueron mis hermanos. Progresivamente, uno tras otro, y alguno antes que mis propios padres, se han ido marchando de este mundo. Espero con toda la fuerza de mi alma que se encuentren ya todos ellos también reunidos junto al Señor de la Vida, y desde allí, por su intercesión me protejan y cuiden. Ellos, según creo todo lo firmemente que puedo, ya están en la Gloria y ésta no tiene fin.

Sin embargo, de tejas abajo, la muerte es el fenómeno que más radicalmente se identifica con la posición romanista del elemento accidental de término, en el negocio jurídico: "Dies certus an incertus quandum". Se sabe, indefectiblemente, que el día  -ese día-  llegará, pero no cuándo. Se teme que llegue, se hacen lúgubres cálculos materialistas por los técnicos en seguros sobre la vida, y pronósticos por los médicos, más o menos angustiosos o más o menos alentadores, pero cuando al fin, con pronósticos o sin ellos, de manera esperada o precipitadamente repentina, llega la muerte, naturalmente la de "los otros", la de quienes no son "yo", un escalofrío de angustia, un borbotón de sangre dentro del pecho, se acumulan dentro de mí, y es como si, por fuera, algo especialmente electrizante rozase mi piel. La muerte, sólo consiste en la extinción de los sentidos corporales, pero tengo por mi parte últimamente  la impresión, influenciado por una nueva y sin duda más racional Teología de los Novísimos, de que también se produce la extinción suprema del espíritu, del alma, en una superación del dualismo platónico, para conformar un cuadro de esperanza verdaderamente cristiano. Si hemos de aceptar que lo esencial de nuestra fe no es la inmortalidad del alma, sino la Resurrección de Cristo, hemos de superar a Platón, para convertirnos, de "creyentes platónicos", en creyentes cristianos.

Ya creo haber expuesto en este humilde Blog, en alguna otra ocasión, que cuando muere el ser humano, que es una unidad integral, muere todo él. Muere, desde luego, el cuerpo, que se hace rígido, frío, cadavérico, para terminar descomponiéndose a lo largo del tiempo, ya sea antes o después. Esto me parece indiscutible. Ahí están los sepulcros y, sobre todo, los osarios, inesperadamente descubiertos, repletos de tibias y cráneos de ojos vacíos, apilados y confundidos, entremezclados en una especie de "puzler" funerario. ¿Resucitarán esos cuerpos allá en el Valle de Josafat, cuando suenen las trompetas?. Ciertamente, nada es imposible para Dios.  Lo sorprendente en cambio es afirmar que, la muerte, no sólo produce la extinción del cuerpo sino también del alma. Que si muere el hombre, muere todo él, muere el cuerpo y muere también el alma, porque alma y cuerpo, como el oxígeno y el hidrógeno, constituyen una unidad substancial e inseparable. Si se separan, quedarán dos gases, pero agua no queda. Si el alma se separa del cuerpo, no puede saberse qué quedará, pero desde luego, hombre no. Pero, ¿cómo podrá ocurrir esto, si el alma es inmortal, según se ha dicho siempre, y según aún sigue proclamando la doctrina de la Iglesia? Me parece a mí, tengo esa impresión, de que tal doctrina es un arrastre histórico de un gran error. Albergo la esperanza, cada día más, de que no resucitaré, ni en ese célebre "ultimo día" de Josafat, ni "con el mismo cuerpo que tuve". ¿Con cual de ellos? Porque he tenido muchos, o varios, y todos han sido míos. Yo resucitaré, por la infinita Misericordia de Dios, en el mismo momento de mi muerte. Ciertamente, resucitaré "en el último día", pero ese día será el de mi último contacto personal con el Señor, dentro de la existencia y, a su vez, el primero de mi esencia. ¡Qué delicia...! Ahora resulta que, de verdad, la muerte es la Vida misma y ésta se alcanza únicamente muriendo, sin que tampoco me preocupe lo más mínimo que será de mi actual cuerpo, este ya viejo trasto, casi "amortizado" y sometido a revisiones médicas periódicas  -¿para qué he de necesitarlo ya?- ni me parezca esencial tampoco determinar que corporeidad habré de tener escatológicamente. Muy probablemente, ninguna, de un modo similar al de los lepidópteros al convertirse en imagos, o al de las serpientes cuando mudan su piel y ésta queda abadonada sobre el suelo hasta pudrirse y desaparecer. Nada de esto me inquieta, porque lo que resucitará, en el momento mismo de mi muerte, será mi espíritu y los espíritus puros no necesitan corporeidad alguna para seguir alentando y viviendo, dentro de un mismo "yo histórico".

No quiera el Buen Dios que nadie me excomulgue, no tanto por mi insignificante entidad teológica, como por aquello que ya dijo el Gran Papa Juan XXIII, al abrir el Concilio Vaticano II: "Aquí, no se va a excolmulgar a nadie". Claro que tampoco yo he dicho esto en ningún Concilio, pero, de hecho, a mi viejo Consiliario y amigo Don Felipe Fernández Ramos, Canónigo Lectoral de la Catedral de León (podría decir, aunque no suene demasiado bien, "por rigurosa oposición", siendo él muy joven, y más tarde Catedrático de Sagrada Escritura de la Universidad Pontificia de Salamanca, hoy Emérito, tampoco le ha dicho nada nadie, y menos aún excomulgado, por insistir en esta luminosa y consoladora idea, tras ya cerca de media docena de libros, entre monografías, opusculos y demás piezas literarias teológico-bíblicas, donde, a quien interese, podrá encontrar hasta agotar la materia los fundamentos bíblicos y teológicos de aquélla, repletos por otra parte de la más coherente lógica. Y si nadie le ha dicho nada a Don Felipe, ¿cómo me van a excomulgar a mí?.

El propio Don Felipe, me había dicho ya antes, algunas veces, y se ha ratificado contundendentemente al respecto, precisamente el pasado día en la Misa de funeral por mi hermana Mari Paz, que esto no es para "demostrar" nada a nadie, sino para creerlo de verdad y que con que lo creamos "tú y yo"  -me dijo- es suficiente. Porque lo creemos para nosotros. Y yo, pobre de mí, así lo creo y lo espero profundamente, no tanto para encontrar la paz, aunque también, sino sobre todo porque confío en la inmensa e infinita Misericordia de Dios. Con la muerte  -y tal vez Jean-Paul Sartre tenía razón-  desaparacen las llamas del infierno, para dar paso a la Gloria, donde ya no hay dolor, ni sufrimiento, ni desesperanza, ni vacío de felicidad, de ternura, de dicha, porque todo lo llena el amor de Dios. Luis Madrigal.-




En la imagen superior "La Gloria", cuadro del pintor de Carlos I de España, el célebre Tiziano Vecellio. En segundo término, facsimil de la protada del primer libro del Dr. Fernández Ramos, sobre este tema, "DE LA MUERTE A LA VIDA, Revisión de los novísimos", en Editorial San Esteban, Salamanca, 2005. Colección Trazos.