viernes, 8 de julio de 2011

LA ECONOMÍA




¡La Economía...! Escribo el término con mayúscula, para referirme a la ciencia, o a la pretendida ciencia económica, si es que sus principios y postulados básicos, y fundamentalmente su forma invariable de verificarse los mismos, puede considerarse se cumple siempre, o en una gran parte de casos o situaciones. Porque de eso dependería la consideración como tal y verdadera ciencia, de la que dice ocuparse del estudio de la actividad económica. Yo no soy economista, ni mucho menos, por favor, ni nada que pueda parecérsele ni aproximársele aun de lejos. Un curso de "Economía Política", y otro de "Hacienda Pública", a los que tan sólo muy secundariamente presté la mínima atención, no me autorizan a decir ni media palabra al respecto. Por tanto, nadie me haga caso, no faltaba más. Sin embargo, como, al menos en España, últimamente, casi todo el mundo dice saber o quiere entender de todo, sin apenas entender de nada, por qué iba a privarme yo de decir lo que me venga en gana. Sobre todo en unos momentos en los que "la Ciencia del hambre"  -como se la definió en su día-  se encuentra de plano, cara a cara, o más bien "a cara de perro", con su verdadero y más exacto objeto material de estudio, el hambre.


Lo que a mí me gustaría decir hoy aquí, es que los españoles, continúan haciendo el idiota por las calles, mostrando oposición violenta y demagógica a los procesos judiciales de deshaucio, lo que sin duda debe andar muy próximo a la figura o perfil de algún tipo penal, por mucho que el instigador, o al menos el que permite a tales populachos que se quebrante abierta y directamente la ley, sea el perverso Sr. Ministro del Interior, don Alfredo Rubalcaba, que tiene nombre de futbolista argentino y hechos de malechor común, como parece no sería difícil demostrar. En lugar de tan ilegales y estúpidas prácticas, los sufridos españoles deberían pedir, de verdad, responsabilidades a alguien. Porque la situación de la economía española, más bien crítica y hasta objetivamente muy peligrosa para todos en general, no va a arreglarse por la miopía y desfachatez de tales gentes, siempre dispuestas a culpar "al sol" de sus males, sin atreverse a poner la vista en quienes,  progresivamente, y a pulso, se los han venido causando, hasta llegar a la situación presente, en la que objetivamente podría producirse la quiebra del Estado. ¿Quién ha sido?, me permito volver a repetir yo hoy aquí. ¿Acaso el "chapapote" de Galicia, originado por el "Prestige"? ¡Nunca mais...! Pero, hombres de Dios  -o de quien sean ustedes-  pero si ya, por una parte, en el proceso judicial seguido "para deslindar responsabilidades", previa práctica de la prueba pericial correspondiente, articulada con todos los detalles de la técnica de la navegación marítima, se demostró que la decisión de alejar aquel barco hacia alta mar, fue la medida más adecuada y eficaz. Item más, por otra parte, resulta asimismo probado  -y puede consultar quien lo desee a los propios mariscadores, al propio tiempo que a los distribuidores, establecimientos y consumidores de marisco gallego- que, tras al parecer los substanciosos nutrientes ingeridos por molucos, crustáceos y otras especies, precisamente gracias a los que contenía el "chapapote", el actual marisco es mucho más grande, más sano, más sabroso... ¡Que ironías tiene la vida...! Nada, todo lo que se pretendía como un horrible mal, para derrocar a un Gobierno que había llenado a rebosar las arcas del Estado, ha resultado siendo un enorme bien. ¡Ni en eso aciertan nunca!. Les pasa lo mismo que a los actuales jueces, que sólamente aciertabn en sus sentencias cuando dicen "fallo". Por el contrario, tras aquel, a la larga beneficioso accidente, y sobre todo tras los horrendos crímenes del 11M, "los de siempre" han vuelto a asolar a España, empobreciéndola hasta cotas alarmantes. Y de ello, ¿quién tiene la culpa?... "¿Quién ha sido?" Yo sé muy bien quién ha sido, y los españoles, muy en general, lo saben también. Sin fuda ha sido esa pandilla de harapientos intelectuales, incompetentes, incapaces e inútiles, bajo el "liderazgo" de la figura humana más indocumentada, estúpida y nefasta que, en toda su larga historia, incomprensiblemente, ha podido ajercer el poder político formal, en España. Lo que nadie sabe es  si podremos seguir comiendo caliente, dentro de más o menos tiempo. Porque, además de torpes e incapaces, son tan canallas y tan deshonestamente avarientos y malvados que, de ninguna manera, se van. Ignoran muy a propósito que la legitimidad de ningún político, ni de ningún Gobierno, es la legitimidad de origen en las urnas, sino mucho más la legitimidad de ejercicio del poder. Y de los resultados de ese ejercicio, o de la falta de él. Estos nefastos personajes, tienen que consolidar sus injustos privilegios, fundamentalmente los económicos, de escándalo y vergüenza para una sociedad medianamente próxima a cualquier tipo o clase de axiología. Y para eso hay que "aguantar". No abandonan el  poder, aunque nos hundamos todos en la miseria. Y habría que decir también ahora: ¡¿Quién ha sido?! ¡Nunca mais! Hay que decirlo en rotundo castellano: No volváis más. Nunca. Eternamente. Analfabetos. Canallas.

Ciertamente, hay que admitir la concurrencia de "la crisis", término impreciso y hasta contradictorio para explicar la verdadera situación que tan dolorosa y colectivamente se padece. Porque una "crisis", no es más que el cambio brusco que experimenta un enfermedad, pero generalmente "para mejorar" el estado del paciente, que de este modo puede curarse. Hasta tal punto esto es así que, como muy bien saben los médicos, el polo opuesto de curación es el que ofrece "la lisis", que consiste en la terminación lenta y favorable de la enfermedad. Es posible, es más, resulta cierto y seguro, que para los restantes países de Europa, los que constituyen la Unión Europea  -aunque no todos-  y para algunos otros fuera de la Unión, sí pueda tratrase de una verdaera crisis, en el sentido ya apuntado. Para otros, entre ellos España, no puede hablarse propiamente de "crisis"  -ni tan siquiera de lisis-  sino de depresión. La "depresión", llamada también recesión, es un estado decreciente de la actividad económica, en el que se produce más que se vende. No se vende, porque no se puede comprar, y esto último sucede a su vez por la incidencia del desajuste monetario. No circula el dinero. No hay dinero. Y sin dinero, no hay quien compre. Y, como ya decía, no ha sucedido ni sucede igual en todos los países, de los llamados "de nuestro entorno". No voy a decir, una vez más, en Alemania y Francia, sino tampoco en Holanda, Bélgica o Luxemburgo. En estos países, ya no hay "crisis",  hace mucho tiempo que dejó de haberla, porque en todos ellos se practicaron los ajustes debidos e introdujeron los correctores adecuados. También es verdad que hay otros en peor situación incluso que España: Islandia, Grecia, Irlanda o Portugal. Pero, en el primero de ellos, ese minúsculo islote próximo al Polo Norte, han tomado la sabia y justa decisión de juzgar al ex-Primer Ministro por su responsabilidad en el derrumbre del sistema bancario islandés, estimando negligencia grave su pasividad a fin de evitar tal catástrofe, pese a las advertencias de los organismos competentes internacionales. ¡Qué maravilla! No, desde luego, la del desplome del sistema, eso no, sino la de sentar en el banquillo de los acusados a un personaje político, para que responda de su estúpida e incalificable barbarie. El mandatario islandés permitió alegremente el endeudamiento sin limite de los Bancos. Y aquí, en España, cuántas otras salvajadas no se han hecho y cuántas otras peligrosas frivolidades no se han cometido. ¿Cuándo se podrá sentar a alguien en el banquillo, con su sonrisa estúpida y bobalicona, vuelta la cara a los fotógrafos, como quien ha hecho una gracia? Otro de esos países, Irlanda, incurrió en otra malandrinada similar, garantizó a los acreedores la totalidad  de sus créditos, es decir, hizo responables a los Bancos de la totalidad de sus deudas frente a aquellos. Pero, el caso más gracioso, más "cómico", aunque también dramático, es el de Grecia, cuna del humanismo y la filosofía, y actualmente sede de la corrupción más "olímpica". En Grecia  -como en España los chinos-   no se morían nunca los griegos y, ya gobernase el socialista Papandreu o el socialcristiano Karamanlis, los muertos seguían cobrando las pensiones más de cien años después de haberse ido a la tumba. Y después de su enésima huelga general, los señores de la UE, le dijeron a Grecia: ¿Cómo que van ustedes a seguir sin hacer nada? Miren ustedes: O ponen inmediatamente en marcha las medidas adecuadas, o ya pueden ir comenzando a vender islas. Pueden comenzar por Corfú, que es tal vez la más bonita. ¿Qué no tienen ustedes dinero? ¡Ya lo creo que tienen...! Y mucho. Todavía les quedan los restos del Partenón, los que no se llevaron los ingleses al Museo Británico; el Mausoleo de Halicarnaso; el Templo de Apolo.... Y van a pagar con eso. ¿Que se quedan ustedes sin "soberanía"? Pues, sí. Exactamente eso es lo que puede pasar. Exactamente lo mismo que tanto le extrañaba a la Ministro de Economía de España, esa "lumbrera" de Galicia, a la que el exministro, también socialista, en su mal día, don Julián García Valverde, siendo Presidente de RENFE, exigía a gritos que "se la quitasen de su vista". Yo lo oí, en vivo y en directo. García Valverde, tampoco era precisamente trigo limpio, pero era Economista del Estado, y sabía que esta mujer no sabía nada de Economía. ¿Vamos a quedarnos los españoles sin El Escorial y el Museo del Prado? Espero con toda mi alma que antes podamos quedarnos libres de tanta basura humana. Portugal, nuestro querido Hermano, además de vecino y siempre bueno y cariñoso con nosotros, no ha hecho nada apenas, quiero decir nada malo. Lo único malo que en su día sucedió es que Portugal y España fuesen dos Estados distintos e independientes.

Y así nos han ido las cosas a ambas naciones, aunque se dice por ahí que el puesto que ahora ocupa Durao Barroso en la UE lo hubiese ocupado Aznar, de no haber sucedido lo que sucedió. Esto es lo de menos. Lo grave, es lo ocurrido en España después de Aznar, que siguió una férrea disciplina presupuestaria y fiscal; obtuvo el importantísimo apoyo de los Estados Unidos, lo que favoreció la posición y el prestigio españoles en todo el mundo; llegó a tener, fruto del Tratado de Lisboa, una posición casi tan fuerte o preeminente como Alemania y Francia en la U.E. y, como ya he dicho, dejó llenas hasta arriba las arcas del Estado. Y lo que sucedió después, en sínteis, fue lo siguiente: Un imbécil, comenzó a vaciarlas, propiciando dádivas y subsisidios a todo trapo, y no sólo a "repartir" lo que otros habían logrado reunir, sino a pedir más dinero para "seguir repartiendo" lo que no era nuestro, y mucho menos suyo, lo que agigantó el endeudamiento, público y privado, hasta los actuales límites de casi tres veces el producto interior bruto (P.I.B.)  - Alemanía no llega ni a la mitad, y Francia a una parte-; multiplicó por mil los riesgos económicos, ya casi en principio insostenibles, de esa barbaridad, que tan mal remedio y "marcha atrás" tiene, la de las Comunidades Autónomas; destruyó la finalidad originaria de las Cajas de Ahorros, convirtiéndolas en nido de sanguijuelas políticas, sobre todo socialistas y, sobre todo, permitió cobarde y conniventemente, que esa lacra de los Sindicatos gobernasen España a su antojo, pese a hacerse las víctimas del capitalismo opresor. Eso fue lo que creo yo ha pasado. Y temo mucho, entre temblores y naúseas, lo que puede pasar. ¡¡Fuera!!  Cuanto antes. Luis Madrigal.-




miércoles, 6 de julio de 2011

LLEGARÁ CÁLIDA LA AURORA




AL DESPUNTAR EL ALBA SUAVE


Cayeron las heladas, y tus flores
como fuego arrasaron… ¡Y era hielo!
¿Cuándo el calor podrá abrasar tu cielo,
ya que no llevan fuego mis dolores?

¿Cuándo, algún día, los ásperos clamores
de la historia que fue, serán consuelo
de los frígidos témpanos…? Y anhelo
del alma que arde y cruje entre estertores.

Ese día, verás brillar la aurora
como fulge un diamante entre oro fino,
al despuntar el alba que enamora.

Súplica  que no pide, es fiel destino
que, en borrascosas nubes, atesora
cuanto amor es humano... Y es divino.



Luis Madrigal




lunes, 4 de julio de 2011

UN RECUERDO Y UNA LÁGRIMA



Cierto que el juego del futbol, es decir el espectáculo en el que con el tiempo se ha convertido y ha terminado siendo, no merece en absoluto mi interés ni mi aprecio, por no decir todo lo contrario. Pero, pese a ello, no puedo hoy por menos de dedicar un sentido  recuerdo y de verter también una lágrima, ante la noticia que he podido leer en los periódicos: El descenso a la Tercera División,  y hasta su propia desparición, del club de futbol representativo de mi Ciudad natal, la Cultural y Deportiva Leonesa. En realidad su primer y verdadero nombre, allá por el año 1923 en el que fue fundada, era antes que "Deportiva", el de "Sociedad Cultural", lo cual, aunque sólo fuera por eso, ya parecía despegarse de la pobreza de instrucción que tradicionalmente ha sido característica bastante común, salvo contadas excepciones, de los futbolistas y del mundo del futbol. Y, en una Ciudad que ha dado a España trece reyes, y con Asturias veintiuno, mucho más aún que el club de futbol representativo de la guipuzcoana ciudad de San Sebastián, bien pudo ser inicialmente considerada como "Real Sociedad Cutural y Deportiva Leonesa", nombre sin duda mucho más eufónico y glorioso, por ejemplo, sin que sirva de ofensa, que el de "Rayo Vallecano", u otros por el estilo. Una Sociedad que, ante todo, perseguía y primaba, entre sus objetivos, la extensión de la cultura, como no podía ser menos, dadas las características personales del promotor de su proceso fundacional, el periodista leonés Carmelo Hernández Moro, que firmó durante medio siglo su columna diaria en "El Diario de León" con el pseudónimo de "Lamparilla", gran humanista, a diferencia de los que ahora utilizan por la radio el infinitivo comanche "decir que", entre otras muchas burradas y falta casi total del más elemental acervo cultural. El caso es que, en este ya pasado mes de Junio, según pude leer, a expensas de confirmarse defintivamente la noticia, se ha producido, en principio, el descenso de categoría de "la Cultural", por falta de capacidad económica para pagar el salario  (¿habría que decir "honorarios?) de sus jugadores. En esto ha terminado el profesionalismo sin freno, la alocada y absurda carrera de pagar millones  y más millones  -¡últimamente de euros!-  a los futbolistas, mientras los biólogos, investigadores de la causa o causas del cáncer; los inventores, los verdaderos artistas, los médicos y los jueces, perciben cantidades ridículas por el ejercicio de sus transcendentales y socialmente vitales funciones. Pero, eso sí, a unos pequeños brutos del puntapié, del codazo, cuando no del escupitajo y la agresión con el cráneo, "el famoso cabezazo", no al balón, sino a a la cabezota del contrario, a esos, a pagarles, si no millones, miles. Y que siga la fiesta. Muchos clubs, de ciudades no ya como León, sino de mayor población y capacidad económica, habían sucumbido ya antes a causa de este desdichado fenómeno. Y ahora, le ha tocado a León. Bueno, como conclusión, sinceramente me alegraría mucho  -sería un honor, para mí-  de que León fuese la única ciudad de España sin equipo de futbol. Hace ya años que dispone de un Auditorio de Música, por cuyo escenario desfilan las mejores Orquestas. Y esto es mucho más importante.

Pese a todo lo dicho, yo siento hoy una pena especial, al recordar los días de mi infancia, caminado por la Corredera, hacia aquel viejo campo de futbol, cuyas tapias, en parte, aún eran restos de las viejas murallas de León que no pudo abatir Almanzor. Yo creía entonces que el futbol era algo maravilloso  -porque en efecto lo era, dada la belleza objetiva de este juego-  pero no podía imaginar en lo que con el tiempo iba a convertrirse. Entonces, algunos jugadores de "la Cultural", ciertamente también eran de fuera de León, no eran leoneses, y algo cobrarían puede ser, pero no eran tampoco estrictamente "profesionales" del futbol. Trabajaban para ganarse la vida con el sudor de su frente, y no exclusivamente con el que les producía correr en el campo, que era para ellos una diversión, sino aportando su esfuerzo a los diversos quehaceres que la sociedad requería de todos. Y, desde luego, la mayor parte, sí que eran leoneses y habían nacido en León, con lo cual el honor de representar a su propia Ciudad valía mucho más que un puñado de pesetas. Por aquel Campo de La Corredera, y después por otros con distinto nombre  -El Ejido, La Puentecilla, más tarde el "Antonio de Amilibia", en honor de Don Antonio de Amilibia y Zubillaga, el Presidente, Ingeniero de Minas, que logró el ascenso en el año 1955 a Primera División, han desfilado todos los equipos importantes de España, no sólo el Real Madrid y el Futbol Club Barcelona, sino todos lo que han sido famosos por haber jugado, en unas épocas o en otras en la Primera o Segunda División. Y en "la Cultural" jugaron asimismo excelentes jugadores, primerísimas figuras de este deporte en España, como César, el tantos años jugador básico del F.C. Barcelona, en unión de sus hermanos, "Calo" y Severino Rodríguez Álvarez, los hijos de Bernardo, el de la Fundición. Ricardo ("Calo") y Severino nacieron en Asturias y desde allí viniron con su padres, pero César, nació en León y allí se crió e hizo jugador hasta que el Barcelona lo decubrió y lo fichó, cediéndolo al Granada durante los años de su servicio militar en esta histórica ciudad española, que precisamente este mismo año ha retornado a la Primera División. Felicidades a los granadinos. Algún consuelo nos queda, en recuerdo de César.

De niño, yo ví jugar en La Corredera, a equipos importantes. En especial recuero al Sporting de Gijón, al Jerez, al Albacete, al Real Oviedo, al Real Valladolid, a la Unión Deportiva Salamanca, al Pontevedra, al Hécules de Alicante y, en aquella época, !al Arenas de Guecho!, que fue uno de los equipos más importantes de España, en el primer tercio del siglo XX, al ganar la Copa del Rey en 1919 y tres sub-campeonatos de la Primera División, en 1917, 1925 y 1927. Recuerdo también, además de los ya citados, a jugadores de la Cultural, verderamente magníficos, como los guardametas, Florenza, López, Pérez, Sánchez, Guerra y el vasco Galarraga. Defensas como Peñalosa, o el propio "Calo", medios del tipo de Marculeta o Severino, y delanteros como Gamonal, Romero, Orejón, Angelín, Isaac, llamado "el Gitano", Chovito, Tavilo y el gran Rosendo Hernández, "el Canario", que se fue al Español de Barcelona y jugó el Mundial de Brasil, en 1950, marcando uno de los tres goles al equipo de los EE.UU., en Curitiva. Y Estuve también en el campo, en aquella ocasión era el del El Ejido, que había sido construido por otro Club leonés, aunque viculado al Ejército del Aire, El Club Deportivo Maestranza, de la Maestranza Aérea de León, allá por estas mismas fechas, más o menos, en el mes de Mayo o Junio de 1955, cuando la Cultrural logró el ascenso a la Primera División, tras sucesivas brillantes campañas en la Segunda. Aquel día  -en su honor, quiero recordarlo-  el equipo que entrenaba Román Galarraga, y que venció en los últimos minutos por 2-1 al Real Avilés, estuvo formado por Amaro; Macario, Ponte, Foces; Nino, Clemen; Michel, Gallo, Chas, Vallejo y Pueyo. También recuerdo los gritos, frente al Ayuntamiento y el Gobierno Civil. "¡El Estadio, el Estadio...!", gritaba la multitud, enfervorizada. Se referían a un nuevo Campo que, en efecto se construyó para el año siguiente, ante el debut en Primera División y que inauguró el Atlético de Bilbao. Eso sí, los vizcaínos nos ganaron por 1-3, creo recordar. Hoy, cuando al fin el Ayuntamiento había construido un campo de futbol, pequeño, pero muy bonito y funcional, en el que incluso el equipo nacional absoluto de España, hoy Campeón del Mundo, ha disputado un encuentro internacional oficial  -contra Armenia-  León, parece ser, se va, quizá para siempre, del futbol. ¡Maldito futbol profesionalizado y puro negocio! ¡Viva siempre la Cultural y Deportiva Leonesa!. Luis Madrigal.-












domingo, 3 de julio de 2011

CON EL CORAZÓN


El corazón es un músculo cónico, o bien en forma de pera, que alberga a su vez un conjunto de otros músculos. Todos ellos, articulan una bomba de impulsión. Esta acción impulsora proporciona la fuerza necesaria para que la sangre, y las substancias que ésta transporta, circulen adecuadamente a través de la red de venas y arterias existentes en el cuerpo humano. El corazón, se encuentra situado en el interior del tórax, entre ambos pulmones. Posee cuatro cavidades, dos superiores  -las aurículas-  y dos inferiores, los ventrículos. Estas cavidades están separadas por tres tipos de tabiques, que las dividen. El corazón, es el órgano más importante del sistema circulatorio y se comporta como un infatigable y permanente trabajador, que día y noche bombea el líquido que nos mantiene vivos. Dicen los cardiólogos que, por término medio, el corazón humano late unas 70 veces por mínuto, mide 12,5 centímetros de longitud y pesa, aproximadamente, 450 gramos.

Otros órganos del cuerpo del hombre, el hígado, los riñones, o el páncreas, realizan funciones, si no tan vitales, aunque también, sí sumamente importantes para la vida. Y, en este sentido, podrían considerarse asimismo, como algunas otras vísceras o glándulas, con el mismo derecho, como mínimo, que el del corazón, a ser consideradas candidatos idóneos a ser sede de los sentimientos humanos. Tanto de los más excelsos y sublimes, como de los más míseros y execrables. Por ejemplo, de hecho, los antiguos egipcios  -concretamente los del siglo XIV a.JC- eligieron y adoptaron al hígado, como espejo más fiel de esos sentimientos. Baste con leer a Mika Waltari, en su obra más importante. Tal vez, aunque yo lo ignoro, en otros pueblos o culturas, o épocas, dichos sentimientos se albergaban en cualquier otro posible órgano o víscera, y eso sería así porque, en conclusión, parece ser, que la esencia del ser humano radica en el cerebro. Ahí está lo que somos y, en consecuencia lo que sentimos, queremos u odiamos, porque, dicen también, que ahí reside la facultad de razonar, de pensar, y las más pristinas esencias humanas, inteligencia consciente y voluntad libre.

Sin embargo, y sin duda sin el menor fundamento científico por mi parte, yo estoy convencido, cada día más, de que en esa insegregable unidad fisio-psico-espiritual en que consiste el ser humano, además de la razón, que es un arma de muy escaso alcance; de la inteligencia, que no a todos nos es dada con la necesaria agudeza para entender algunas cosas especialmente complejas, y de la memoria, ese "archivo de negativos", que tantas veces se nos pierde y extravía, además de todo eso, como entidad independiente de todo ello, existe también, no ya la psique, sino el alma. Y dicen también, que hasta pesa  -0,26 kg., exactamente- y que muy posiblemente, al ser inmaterial e invisible, tiene emplazamiento extra-cerebral. No la busquen, pues, tampoco los neurólogos en el cerebro, porque allí no han de encontrarla. Este total ignorante que soy yo, al menos, cada vez más, siente con mayor fuerza que todo cuanto de noble y sublime habita en mí  -aunque por desgracia también lo mezquino y egoísta-  reside en mi corazón. Tiene razón el pueblo llano y sencillo cuando habla de las gentes que tienen "un buen corazón"; o cuando da, o pide, o busca "con todo el corazón". Porque sólo con el corazón pueden hacerse las cosas más importantes. Luis Madrigal.-



 

viernes, 1 de julio de 2011

DESDE DOS BELLAS ROSAS A UN TOSTADERO CRUEL



No son las que originaron y mantuvieron la famosa Guerra, entre los años 1455 y 1485, los seguidores de la Casa de Lancaster contra los de la Casa de York, cuyas Casas, o familias, luchaban por el trono de Inglaterra, para determinar la sucesión de Eduardo III. Entre otras cosas, porque yo no planté, hace ya algunos años, este hermoso rosal, tan mal cuidado  -sin podas ni abonos regulares y oportunos, y a veces sin riego-  para luchar contra nadie, sino en signo y como símbolo de paz. Y, además porque la Rosa de York era blanca, y la de Lancaster roja. En cambio cada una de las que brotan de este viejo rosal, en una sola inflorescencia, trata de imitar progresivamente los colores de España. Primero, rojo; después, amarillo. ¿Puede apreciarse así, verdad? Y con eso, yo me siento muy orgulloso y satisfecho, sin aspirar a ningún trono, sino tan sólo a la paz permanente conmigo mismo. Y, ayer, cuando me despedía del benigno y placentero clima de Las Navas, y de su silencioso y solitario entorno, no pude resistir la tentación de tomar la fotografía precedente. Sin duda alguna, no es tan perfecta, ni tiene tanto arte  -o ninguno-  como las que obtiene nuestra querida amiga Alicia María Abatilli, de sus bodegones de flores y frutas. Pero yo no soy un artista, como lo es ella. Tomé esta foto, por la razón ya indicada, como despedida y para dejar constancia del inicio de mi viaje de regreso hasta el tostadero de Madrid, donde pude encontrarme, exactamente una hora después. También lo hice expresamente para poder ofrecérsela a ella, con todo mi cariño, y en reciprocidad a las que ella alguna vez me envía. En fin, este fue el kilómetro 0 de mi viaje de retorno.

Cuando llegué a la Estación de Ferrocarril de Las Navas, el aspecto que presentaba y el absoluto silencio que allí reinaba, me hicieron comprender y sentir que, al final de mi viaje, no iba a encontrar lo mismo. Ya lo sabía, desde luego, pero las situaciones  -toda situación-  siempre se agudizan por los contrastes. Por ello quiero compartir también con otra  de nuestras buenas amigas, Aída Niederheitmann, las que pude obtener a la hora que indica el reloj ferroviario que en alguna de ellas aparece. Estas otras fotos,  acreditan su soledad, y emplazamiento en pleno campo, frente a las inmensas hectáreas  de pinos que la circundan, lo que me hace pensar a mí que todas las estaciones de Ferrocarril del mundo deberían ser así:



Para mí, y puede que para muchas personas, el aspecto que refleja la fotografía inmediatamente precedente, es el ideal, y ciertamente no es el egoísmo lo que me impulsa a hablar así. Una Estación para mí solo, sin colas en las taquillas; sin maletas, empujones ni atropellos al caminar; sin excursionistas cargados de macutos, guitarras, cantimploras y farolillos de luz de gas; y sin niños abandonados, berreando tirados por el suelo... Cuando llegó el tren, que venía desde Vitoria y que casi no para, excepto en El Escorial y en Villalba de Guadarrama, hasta llegar a Madrid, muy pocas personas lo abordaron, juntamente conmigo, aunque a una considerable distancia. El tren, de composición más bien larga, lo permitía muy holgadamente. El aire acondicionado, en perfectas condiciones de funcionamiento y adecuada graduación, me hizo olvidar por completo que abandonaba mi particular paraíso de seis días, para dirigirme al infernal tostadero madrileño. Ya me daría cuenta del cambio, ya.

Por ello, tampoco pude evitar  el dejar correr mi vista hacía el fondo, más bien a la derecha de la fronda, sobre el segundo andén, donde quiere insinuar su silueta mi humilde casona. Adiós, hasta pronto, dije para mí:



Antes, tenía el tren que pasar y detenerse en El Escorial. Y como he efectuado tantas veces, en uno y otro sentidos, este viaje, sé muy bien que para captar una imagen del Monasterio, la Casa por excelencia de Felipe II, la Octava Maravilla del Mundo  -en aquella época junto al Coloso de Rodas, el Mausoleo de Halicarnaso, los Jardines colgantes de Babilonia, y otras-  no se puede esperar a que el tren se detenga en la Estación, porque, en tal caso, el Monasterio es invisible, sino disparar la cámara desde un punto rigurosamente exacto, en el que los árboles y otra abundante vegentación, por unos instantes, dada la velocidad del tren, dejan al descubiero el Monumento, aunque a una cierta distancia. Sabía que no era fácil, y más en esta ocasión en la que mi cámara era muy elemental. Máxime, al tener que hacerlo a través del cristal de la ventanilla, herméticamente cerrada. Pero, aun así, me acordé de Aída y de su interés en recordar lo que un día viera, o dejara de ver por visitar el Prado, ya no recuerdo bien, cuando vino a España y  -querida Aída-  esto es todo lo que pude conseguir, aunque tan toscamente, a través del cristal  y al paso del tren. Tendría que haber venido conmigo Alicia, estar a mi lado, pero... ella no estaba allí. En cualquier caso, te ofrezco el gigantesco edificio que en su día se construyó en forma de parrilla invertida, para celebrar la victoria en la Batalla de San Quintín, librada el dia  10 de Agosto de 1557, festividad de San Lorenzo, y en honor del mártir cristiano que fue martirizado, asándolo en una parrilla. Felipe II, era muy devoto de estas cosas. Aquella victoria humilló a Francia y la situó a los pies de Felipe II, el soberano español "en cuyos dominios no se ponía el sol". Tras haber invadido Francia en 1156 el Reino de Nápoles, por las tropas del Duque de Guisa, Felipe II ordenó a sus tropas, que se encontraban en los Países Bajos españoles, invadir Francia. La guerra abierta entre Enrique II de Francia y Felipe II de España entraba en su fase más crucial. Una parte de las tropas españolas eran soldados de los Tercios Viejos de Nápoles, por entonces bajo soberanía española. Mi fotografía, evidentemente es indigna de aquella gloria, pero pese a ello quiero también dedicársela con cariño a nuestro querido amigo el Capitán Escarlata, viejo luchador en Italia y Flandes:




Tendréis que pulsar sobre la foto, para ampliarla, y algo se podrá ver. No obstante, tampoco quiero que, ni Aída, ni nadie que pudiera acercarse a  este humilde texto, y que no conozca El Escorial, se quede sin apreciarlo debidamente. Desde luego para eso, entre tantas grandes cosas, se ha creado esta maravilla de Internet. Vean, en distinta perspectiva, una buena fotografía, de corte cinemascópico, de El Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, paso obligado entre las Navas del Marqués y Madrid, a distancia intermedia entre ambas:





En su conjunto, el magno edificio ocupa una superficie de 33.327 metros cuadrados, sobre la ladera meridional del Monte Abantos, a 1.028 m. de altitud (193 m. menos que Las Navas-Estación y 335 menos que Las Navas-Villa). Su diseñador original fue el Arquitecto de Felipe II, Juan Bautista de Toledo, en la segunda mitad del siglo XVI. Su continuador en la dirección de las obras fue Juan de Herrera y, posteriormente, Juan de Mijares, Gian Battista Castello "El Bergamasco", y finalmente Francisco de Mora. Su grandiosidad, no creo pueda tener parangón con ninguna otra edificación del mundo entero. Está dotado de 15 Claustros; 86 Escaleras; 9 Torres; 1.200 Puertas y 2.673 Ventanas. Traten de contarlas, calculando las que aparecen en las dos fachadas visibles de la fotografía precedente.

Me recosté plácidamente en mi asiento, tras haber hecho lo posible por complacer a Aída y ya, en algo más de media hora, estaba entrando el tren en la playa de vías de la Estación de Chamartín, muy cerca del lugar exacto en el que siglos más tarde penetró Napoleón Bonaparte en persona, como recuerda Galdós en uno de sus Episodios Nacionales, tal vez para tomar venganza de aquella derrota francesa. Claro, que, de ser así, hubiese tenido el corso doble trabajo, no solo por San Quintín, sino también por Pavía. Y, a propósito, pese a que ahora, con Sarkozy, que, más que francés, es húngaro  -no sé cómo se las arreglan los franceses para no ser franceses, gracias a Dios-  somos muy amigos, no hay que olvidar tampoco la sonora "pita" de ayer a Alberto Contador, llena de resentimiento y vergüenza porque hace casi medio siglo que un corredor ciclista francés, no gana el Tour de Francia, mientras que, los españoles en general, lo vienen ganando habitualmente, y en particular, Alberto lo ha gando -¡y limpiamente!-  durante los tres años consecutivos precedentes. Además del reciente y ultimo Giro de Italia. ¡Toma San Quintín y Pavía!. Sin contar Bailén.

Bien. Debo dejarme ya de los resquemores de la Historia y de la rivalidad con la vecina y hoy amiga Francia. El tren, se había detenido en la vía 4 de la Estación de Madrid-Chamartín. Nada más bajar del coche  -no debe decirse "vagón", los vagones son para las mercancías-  sentí cómo el fuego del infierno buscaba mi rostro... Y lo encontraba. Subí por las ecaleras mecánicas que conducen desde los andenes al vestíbulo. Allí volví, por poco tiempo, nuevamente al paraíso del aire acondicionado. Pero también a este otro nuevo ámbito:






Por un momento, pensé que los joyeros de París, habían venido a instalarse en Chamartín, pero, no. Mirando detenidamente se nota que es pura bisutería, aunque dicen que es plata:




Sin duda, pese al aire acondicionado, algunos debían sentir la necesidad de tomar un café, posiblemente con hielo, o buscaban la naturalidad de los productos puros, o a las drásticas medidas coyunturales de especial dureza, que desde hace ya algún tiempo suelen enunciarse en buen castellano bajo la fórmula de "café-café":




No había pasado demasiado tiempo desde la última vez que yo anduve deambulando por el Vestíbulo de Chamartín, pero los establecimientos comerciales y de servicios, de la más diversa índole, incluidos una sauna, una bolera, una pista de patinaje y una sala de fiestas nocturna, me parecían haber aumentado notablemente, en cantidad y variedad. Hasta tal punto, por un momento, mi sorpresa llegó a alcanzar tan alto grado de perplejidad, que, al fijar la vista en uno de ellos, llegué a pensar que nuestro querido amigo MAN había montado allí una peluquería un tanto sofisticada. La peluquería, llevaba su nombre, lo que me extrañó, porque lo propio de MAN son las factorías industriales, y no las peluquerías. Tanto más, comencé a disuadirme de mi repentino presentimiento, cuando advertí que era una peluquería especialmente diseñada para caballeros, si bien atendida por señoritas, para mayor y mejor especialidad, lo cual no me pareció propio de MAN. Eso sí, las señoritas, tal vez para hacer clientela, lucían peinado de hombre. Aun así, todavía no estoy del todo convencido y espero que él me lo aclare. Oye, MAN. ¿Es tuya o no la Peluquería de la Estación de Madrid-Chamartín? No dejes de aclarármelo, por favor. Oye, no creas que te engaño. Mira:



Sin embargo, en aquel momento, me dije que ya tendría tiempo MAN, cuando reaparezca de su misterioso paradero, de explicármelo. Así es que, bastante harto de tanta cosa, quise ver el efecto, ya temido por mi parte, que presentaban las cuatro torres gigantes, edificadas sobre suelo de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid, gracias a cuyo "pelotazo" pudo Don Florentino Pérez sacar de la ruina económica al que dicen  -los madridistas-  es el mejor equipo del mundo del siglo XX. Yo creo se exceden un poco, pero en cualquier caso al asomarme desde el rellano final de la escalera mecánica que conduce al Vestíbulo de la Estación, presencié con espanto el siguiente horror:












Este presuntuoso remedo de Manhattan, puede que dentro de un siglo haya podido cuajar en un urbanismo compacto y coherente, pero de momento, no sé en que consistirá el negocio (seguro que en algo substancioso para alguien sí que consiste), pero desde luego al conjunto urbanístico de la zona le sienta como a un santo dos pistolas. Es una opinión. Y ya se sabe que todas las opiniones son respetables. Los únicos sagrados, son los hechos, aunque yo creo que éste también lo es, un hecho lamentable. Bien, en vista del desastre, volví a entrar en el Vestíbulo, me sumergí por uno de los vomitorios, contemplé algunos trenes de cercanías que acaban de llegar y, en uno de ellos, me fui hasta Nuevos Ministerios, la Estación que enlaza Ferrocarril, Metro y Aeropuerto de Barajas, donde enlacé con el Metro y en él me fui a mi casa, tan cómodamente, porque también el Metro, como los autobuses, tienen aire acpondicionado. Iba muy ligero de equipaje y no están los tiempos para gastar el dinero en un taxi, que son muy caros. Luis Madrigal.-



martes, 28 de junio de 2011

LA SOLEDAD NO ES ESTAR SOLO

Como, en estos días, huyendo del sol que derrite el asfalto, la mayor parte de mi tiempo me encuentro completamente solo frente a un bosque de pinos, tan sólo de cuando en cuando oigo ladrar a algún perro lejano. Tampoco veo otra cosa sino copas de coníferas, en estrecho y fraternal, abrazo y sobre ellas, cuando luce el sol, la estela blanca que dejan en el cielo, intensamente azul, algunos aviones. Ya acabo de verla tan nítida y compacta, como si hubiese sido trazada por un gigantesco tiralíneas, como, en unos segundos, comienza a deshilachase, haciéndose progresivamente borrosa hasta desaparecer por completo del firmamento. Tengo entendido que esto tan sólo lo hacen los aviones a reacción, fenómeno que no entiendo ni tengo tampoco el menor interés en entender. Solamente me embelesa contemplarlo. Y mientras observo lo poco que me rodea, a la par que dentro de mí grita el silencio, no puedo dejar de pensar en la soledad, ese fenómeno que tanto aterra a los humanos. Mi meditación, se inicia contradiciéndome a mí mismo. La soledad consiste, sin duda, aunque lo sea aparentemente, en el hecho de “estar solo”. Pero, ¿qué es esto? ¿Qué es estar solo? ¿Consiste la soledad en el aislamiento, en la separación física de los otros? Me parece que no. Se puede estar apartado, perdido en una isla  -en un monte de pinos, como yo ahora-  y no estar solo. Como no lo estaba Robinson Crusoe, antes de encontrar a Viernes. Después, ciertamente, estuvo acompañado, pero antes no estuvo solo. Vivía de sus recuerdos, de las personas con las que había compartido la vida, incluso de las sensaciones más intrínsecamente incorporales que había experimentado anteriormente. Lo de menos es que pudiese subsistir aplicando, para hacer frente a los problemas materialmente inmanentes que le acuciaban, las “soluciones”, la técnica  -que no es otra cosa sino el modo de mejor hacer las cosas-  que había adquirido en la sociedad inglesa. Eso he leído yo a infinidad de ilustres filósofos sociales. Pero, ¡qué falso es eso! Robinson sabía cómo cazar o pescar, y cómo hacer fuego para asar lo que cazaba o pescaba , pero yo no soy capaz de detectar una fuga en la rosca que conecta la goma de alimentación del agua a un lavaplatos, ni mucho menos saber por qué no calienta el agua de la ducha un calentador de gas alemán, marca “Junker”, que me vendieron como una maravilla de permanente buen funcionamiento. Para eso tengo que llamar por teléfono a unos señores de Ávila, y ellos dirán si se trata de la “membrana”, o más bien de que están sucios los “quemadores”. Entretanto, puedo ducharme con agua casi fría. No es la mejor solución, pero con este calor es soportable. Únicamente puedo permanecer, estar, como Robinson, pero no puedo ser él. Ya no. No puedo vivir como él vivía. Porque vivir, es resolver la “maraña de problemas” en los que la vida consiste, según dictaminó Ortega. Él era un sabio, y tendría sus razones, pero yo, que no lo soy, me permito casi irreverentemente añadir: Resolver todos y cada uno de esos problema, por sí mismo, esto es, por uno mismo. Y eso es esencialmente imposible. Y, en tal caso, todo ser humano, además de pobre, es intrínsecamente un desvalido, porque pobre es el que “no tiene” (de modo implícito se entiende dinero y, en consecuencia, cosas), pero el desvalido es el que “depende de otro”. Y, en esta dimensión esencial de desvalimiento, es donde la soledad cobra su más agudo aguijón, su más deletéreo aliento. Porque las necesidades humanas, gracias a Dios, y nunca mejor dicho, no sólamente son materiales. Estas, se pueden soportar, que es lo mismo que aplicar la solución posible, aunque no sea la mejor o más adecuada. Pero las otras, las más esencialmente humanas, las necesidades del espíritu, cuando no pueden satisfacerse plenamente, no son soportables, sino que se padecen  y, en tal grado resultan angustiosas, que cualquier ser humano puede dilacerarse, partirse en dos, el que quisiera ser, para ver satisfechas tales necesidades del alma, y el que resulta siendo, cuando ya aquéllas ni son ni podrán ser colmadas. Entonces, justamente en ese instante, llama con amargura a su puerta la soledad. Sólo entonces está solo. Podrá hallarse en un estadio de futbol, en una sala de conciertos o formar parte de una peregrinación a algún santuario mariano, como le sucedió a Descartes. Pero, se econtrará solo; a lo sumo, rodeado de miles, o de millones, de otros solos. Y todavía cabe una soledad mayor, más radical: la de estar solo "de uno mismo". En esto pensaba yo hoy, esta misma mañana, mientras oía a lo lejos los ladridos de un perro y una estela blanca, nítida como si trazada fuera en el cielo con un tiralíneas, iba deshaciéndose poco a poco. Y entonces, escribí otro Soneto:
   

BRILLA LA LUZ, PERO NO ALUMBRA


¡Que solo estoy... que sola está mi vida,
sin que nadie la viva ni la sienta!
 Ni brilla como entonces, ni alimenta
suspiros entre nubes, ya caída.

Ni una palabra viva… Ni acogida
hallo, cuando la noche se aposenta
dentro de mí, y en mi alma macilenta,
entre llanto sacude la guarida.

Salgo a la luz, y ya la luz que brilla,
no puede ni podrá alumbrar mi vida.
Lejos de mí, hallé una maravilla,

pero se fue, casi sin despedida,
y ya no está… Mis pies eran de arcilla
y vuela sobre el mar, triste y herida.




Luis Madrigal


Las Navas del Marqués (Ávila), España, 28 de Junio de 2011

lunes, 27 de junio de 2011

HE PERDIDO EL AUTOBÚS

No tengo coche, automovil, quiero decir. Nunca lo he tenido, ni siquiera lo he querido y mucho menos aún ambicionado. En su día, eso sí (cualquiera se queda "sin papeles" en España),  obtuve brillantemente el Permiso de Conducción, que así se llamaba, y no "permiso de conducir", como decía la gente. La gente, en realidad, somos todos. Todos somos "la gente" cuando nos miran los demás, pero cuando yo miro, "la gente" son otros, todos los que no son "yo". Mi primer Permiso de Conducción, era de los antiguos, de aquellos que creo recordar eran de color rosa y de un papel especial, que se doblaba en tríptico. Ya no me acuerdo bien, aunque sí me ronda la memoria que hasta adquirí una carterita especial, y de piel, para guardarlo con el mayor esmero. Pero lo que más me gustaba de él, era su primer enunciado: "Reino de España", decía, para indicar la organización política internacional cuya potestad me otorgaba aquella licencia "para matar". Porque así hubiese sido, lo más probable, de haber tratado yo macabramente de hacer uso de ella. Tal vez, el muerto hubiese sido yo mismo, contra cualquier árbol de cualquier carretera, o quizá víctima, inocente o culpable, de algún choque frontal. Pensé en su momento que yo podría responder siempre de mi propia prudencia, pero nunca de la prudencia de los demás. Ya dijo Sartre que "el Infierno son los otros", pensamiento que jamás he podido compartir, pero aún así tampoco me parecía que "los otros" dejasen de constituir un peligro objetivo. Tenía razón yo. Algunos años más tarde, los juristas construyeron el concepto de "responsabilidad objetiva", cuestión sobre la que me encantaría extenderme, pero que no viene a cuento para nada.

El caso es que, esta misma mañana, me dirigía yo, por la pequeña carretera junto al pinar, que comunica las Estación de Las Navas con "Ciudad Ducal", donde dicen que viven los ricos, a tomar el Autobús que lleva hasta Las Navas. Y tuve la suerte de encontrarme con George, un rumano buena persona, como la mayoría de ellos, que vino a trabajar en la Yeguada "El Chopo", de la que es propietario mi buen amigo Carlos Suárez, un asturiano de bien, como todos, y de Campomanes, de donde sólo son algunos. Carlos lleva criando caballos de pura raza española hace ya años, y George, el rumano, le ayuda en esta delicada tarea. George, está casado con Dana y tiene dos niñas angelicales, Georgiana y Daniela, rubitas las dos, sumamente dulces y muy inteligentes, a las que yo pido cada verano que me den un  beso y, a cambio de este tesoro, tan sólo suelo regalarles libros en español y algunas golosinas. Por eso quizá, esta mañana, cuando George ha supuesto que me dirigía a tomar el autobús, para subir al pueblo, ha detenido su coche y se ha ofrecido bondadosamente a llevarme él. En el trayecto, he podido descubrir y saber que, contra lo que suponía, en rumano, "Dana" no es el diminutivo de "Daniela", sino al contrario.


Al fin hemos llegado a Las Navas y allí he podido hacer yo algunas cosas, aunque no todas las que pretendía y, pese a ello, dadas mis malas costumbres y mi habitual desorden, esta vez he perdido el Autobús de las 12,10. Ya no estaba allí George para auxiliarme y el siguiente bajaba a las 14,10, exactamente. A esa ahora, hasta por estos pagos, de más de 1.300 metros de altitud hace mucho calor, y esperar dos horas sin hacer nada,  me obligó a buscar algún lugar en el que refugiarme. Lo encontré en una Cafetería, nueva y moderna, donde me acomodé en su amplia terraza, cubierta por un inmenso toldo de color naranja, de esos que imitan a las olas del mar, no por el color sino por la forma, y que se pliegan o despliegan mediante unos tirantes de cuerda que los atraviesan. La Cafetería tenía aire acondicionado, lógicamente en su interior y, sin duda, me hubiese encontrado mejor que bajo el toldo, pese a librarme éste de los infernales  rayos del sol. Sin embargo preferí sentarme fuera porque recordé en ese momento la necesidad de compartir el calor, el de fuera y el de dentro, entre aquellos que ahora sufren el frío y, al parecer, de una forma especialmente cruda, pocas veces padecido con tanta intensidad. Por eso me senté fuera, más al calor que al frío. Un poco de calor para ellos, me dije. ¡Ah... si pudiera enviárselo! Pero aun así, les servirá. Aun así podrán sentir un poco de calor. Eso me dije. Me senté bajo el toldo y pedí un vermut al camarero, que me lo sirvió en unión de un tarrito de barro lleno de lo que aquí llaman  "revolconas", o bien "pote navero", un arrastre histórico de los tiempos remotos en los que "el pote" se colgana de un gancho sobre las brasas del suelo, y era el alimento cotidiano y habitual. Meras patatas hechas puré, pero adobadas o aderezadas con torreznos y pimentón. La fórmula es secreta y se custodia con mayor celo que los archivos del Vaticano. Son suaves y deliciosas. Siempre me gustaron mucho. Mientras tomaba el vermut y saboreaba las "revolconas", me desentendí en la medida que pude de la conversación que, a viva voz, mantenían unos estudiantes, probablemente de Arquitectura, o Arquitecto ya alguno de ellos (¿cómo puede extrañar que hablen tal alto los albañiles?), que parecía ejercer el magisterio entre los demás: "Arena, más agua, más calor, igual  a..." No pude oír el nombre del producto, o del resultado, porque, en aquel preciso momento, pasó una motocicleta por los aledaños, con el consiguiente efecto pernicioso de todas estas diabólicas máquinas. ¡De todos modos, qué demonio me importan a mí las conversaciones ajenas...!. Si mal está hablar a gritos en un lugar público, y en cualquier otra parte, peor está escuchar, aun a la fuerza, las conversasciones de los demás. Generalmente, para eso son muy prácticos esos taponcitos para los oídos que a veces se utilizan para dormir, pero en esta ocasión no los llevaba conmigo. No obstante, gracias al ruido de la motocicleta, pude librarme de aquella tediosa conversación entre arquitectos, ninguno de los cuales parecía ser, no ya Miguel Ángel o Leonardo Da Vinci, sino tampoco Le Courboisier. Y al fin pude fijar la vista en la acera de enfrente. Mis sensaciones ópticas, no mejoraron respecto a las acústicas. Una pequeña tienda para regalos, "El Trébol", cerrada a cal y canto. ¡Dios mío!, pensé, no están los tiempos para regalos. Unos metros más arriba, otra tienda de subsistencia y de dramático título: "Grandes ideas a pequeños precios".  ¡Qué falso...! A precio pequeño, la calidad siempre es más pequeña, es decir mala, y no digamos cuando se trata nada menos que de "ideas". Posiblmente, se tratará también de pequeñas ideas, si no se trata de malas. ¿Qué se creerá "la gente" que son las ideas?


Como pasaba el tiempo sin que llegase la hora del Autobús, me pareció que un sólo vermut, comercialmente hablando, no era una "ratio" (como dicen los Ingenieros, en las Escuelas de Negocios) excesivamente favorable para el dueño de la Cafetería, ni la relación "cuenta a abonar/m2 silla-hora" bien poco podría favorecerle, pedí otro vermut y esta vez la "tapa" consistió en una salchicha blanca a la plancha, montada sobre una patata frita en un trozito de pan. Creo que esto es lo que se llama un "canapé". No sabía mal, pero prefiero mil veces las "revolconas". Pero, muy especialmente, cuando ya iba por la mitad del segundo vermut  -conste que este vino de invento italiano, como es sabido, no es muy fuerte, ni a mí me marea-  me acordé de los que en ese mismo momento estarían pasando frío y, como no pude contenerme, escribí un Soneto:



QUISIERA MITIGAR FRÍOS HERMANOS
 

Es verano, y quisiera fuese invierno
para tomar la nieve entre mis manos
e insuflarte el calor, que a los humanos
hace latir el corazón, si es tierno.

Un poco de calor, desde este infierno,
quisiera compartir con los hermanos
fríos, que azotarán los altozanos
en inclemencia dura. Frío eterno.

Y no puede el calor hasta tu pecho
llevar el mío, sin que el Mar lo enfríe,
ni puedo cobijar bajo tu techo

más ilusión que la que, a veces, ríe.
Mas dejando mi amor insatisfecho
en verano e invierno... Sine die.


Luis Madrigal


Las Navas del Marqués (Ávila), España, 27 de Junio de 2011