sábado, 8 de octubre de 2011

DOS SONETOS ANTES DE SALIR EL SOL



I


TAN SÓLO VIVIRÉ DE TU RECUERDO

Ya nada soy, ni eres, ni ya el viento
traerá a mí tu sonrisa, entre las olas
del Mar que nos separa, y caracolas
deja en la arena que hace de cimiento.

No volverás a oír de mí el lamento
en la amargura de mis horas solas
y en el trigo, que nace entre amapolas,
ahogaré, al caer la luz, mi sentimiento.

Tan sólo viviré de tu recuerdo
que, aun débil, nunca muere… Siempre es vivo
y ha de latir sin ti en mi pecho, cuerdo,

aunque loco me sienta, y aflictivo
sea para mí tan duro desacuerdo
y haga mi amor de ti siempre cautivo.


II

NUNCA MÁS

Ya nunca más seré… Ya nunca herido,
tú no serás en mí lo que sentía.
Nunca más pediré lo que pedía,
ni podré hallar calor, yerto de frío.

Nunca más, más querré, sino lo mío.
Ya no podré querer lo que quería,
ni ver con tal pasión lo que veía,
ni nunca más fluir, azul, tu Río.

Encontrarás la paz, la luz, el fuego,
mas no arderá en la noche con tal brío.
No podrá ser, por más que ahora o luego

se alce desde el mar el son bravío
que arrulló tu vivir, ayer tan ciego.
Y puedas ver que hoy está vacío.


Luis Madrigal





jueves, 6 de octubre de 2011

EN LAS OSCURAS HORAS DEL OTOÑO




CUANDO, AL FIN, SE MUERE UNA ILUSIÓN


Una ilusión es una imagen, o un concepto, al margen por completo de la realidad. Es, justamente, lo que no es real y, en consecuencia, es lo que “no es”. Es decir, la nada. Pero también puede ser, y lo es con suma frecuencia, una pura esperanza, o quizá tan sólo un sueño de que algo se cumpla y llegue a ser realidad. Y en este último sentido, siempre es la complacencia en una cosa, en algún fin, y sobre todo en una persona. Sin embargo, en el sentido más dolorosamente retórico, demasiadas veces, por no decir casi siempre, puede identificarse como una ironía, cruel y lacerante. Por eso, a quien padece alguna ilusión, se le llama “iluso”, cuyo término, pese a proceder de illudere (burlar), también algunas veces no quiere decir tanto ser engañado, seducido o burlado, sino que, más bien, puede aplicarse a todo aquel que es propenso a ilusionarse, a soñar. Incluso a hacerlo contra corriente, pese a las razonables advertencias de aquella persona con la que sueña.

Pese a ello  -a veces pese a todo-  las ilusiones son los refugios en los que se cobija el alma humana en la oscuridad de la noche, especialmente en el Otoño, cuando ya baja casi helado el viento de la Montaña. Entonces, las ilusiones muestran más descarnadamente su propiedad de meras ideas, platónicas e inmaculadas, pero al propio tiempo tan sumamente débiles como para no poder ya seguir alentando en nosotros mismos. Mientras lo hacen, hay vida  -verdadera y real-  porque hasta lo imposible cabe siempre dentro de la esperanza. Esta última, tan sólo se acaba cuando la ilusión ya no puede vivir más su pobre realidad de sueño, de ser que no es, para terminar consigo misma. Por eso, tal vez, aquel hombre sabio  -¡nada menos que un judío!-  pudo sentenciar en cierta ocasión, con tan radical y doloroso acento, para salvar de la ruina moral y existencial a un buen amigo, lo que podría parecer impropio, ya pueden ver ustedes que gran error, de un judío: “Si pierdes el dinero, no has perdido nada; si pierdes la salud, has perdido la mitad, pero si pierdes la esperanza, lo has perdido todo”. Y si, según el dicho popular, “mientras hay vida, hay esperanza”, cuando la esperanza se muere, nos hemos muerto también nosotros mismos. Tal vez por eso advierte la Escritura santa: “¡Ay del solo, porque, si está caído, ¿quién lo levantará?... Si está triste, ¿quién lo consolará?”  Desde luego, nadie está obligado, ni puede, a salir de sí mismo  -solamente Dios puede hacer eso-  para levantar al caído o consolar al triste.  Y cuando Dios no cree conveniente hacer tal cosa, tan sólo cabe seguir caminando. Bajo las estrellas del cielo. Luis Madrigal.-


 
 

miércoles, 5 de octubre de 2011

AMOROSA UTOPÍA




QUE PUEDAS TÚ SENTIR LO QUE YO SIENTO



A Dios le pido que tu amor sea el mío
y que al ponerse el sol  -azul el cielo-
hasta la tierra baje a mí el consuelo,
aunque en tu pecho habite el hielo frío.

Que arda como en la hoguera - rojo el brío-
de tu pasado ser, y rasgue el velo
de toda oscuridad… Y que tu anhelo
llene de luz mis horas como un río.

Que puedas tú sentir lo que yo siento
y que mi nada, en ser, encuentre vida.
Sería como encontrar el viejo aliento

en que fluye el vivir… Y la bebida
del agua cristalina que, al sediento,
devuelve, tras la sed, su vida huida.



Luis Madrigal
 
 
 
 
 
 

miércoles, 28 de septiembre de 2011

MÁS LEJOS QUE DE GANTE...




NO NOS CANSAREMOS JAMÁS


Según tengo entendido han declarado los dos Altos Tribunales (incluido ese que no debería existir, cueva o nido de politicastros disfrazados de jueces), que el mapa autonómico de España  -sin duda para desgracia de sí misma-  está permanentemente abierto. ¡Hala, vengan “autonomías”, gobiernos y parlamentos… hasta que nos arruinemos todos de una vez! Pero, eso sí, puestos a jugar a tan estúpido juego, ¿por qué no hemos de jugar todos, y no sólo algunos? Ya que el invento, ingenuamente diseñado para tratar de eludir 2 riesgos, ha provocado 17 siniestros, por uno más no vamos a dejar de arruinarnos, ni a evitar que los señores de Bruselas nos inviten, para dar “marcha a tras”, si es que tal despropósito la tiene, en lugar de ir comenzando a “vender islas”, como tendrán que hacer al final con Grecia, a vender el Museo del Prado. Para empezar y, después, a vender España entera. Antes de que esto llegue a suceder, los leoneses, que contribuimos en tan notable medida a crear España, queremos también tener el honor y el asco de contribuir a destruirla. Y exigimos de nuevo, una vez más, nuestra Propia Comunidad Autónoma, la nuestra propia. ¿Cantabria, La Rioja, Murcia, y hasta Madrid, sí, y León no? Eso no se sostiene históricamente. No hay inconveniente alguno en admitir el diagnostico orteguiano de que España es una creación artificial de Castilla, pero también hay que admitir que León es “el padre y la madre de Castilla”, su progenitor. Por tanto, que León no es Castilla, sino indispensablemente previo y muy anterior a Ella, lo saben hasta las ratas de Valladolid, que por cierto también era antes León. Naturalmente, no me refiero, en particular, a ningún honrado vallisoletano, ni mucho menos a todos los vallisoletanos en general, sino tan sólo a las ratas, esos deleznables roedores, tan repugnantes y peligrosos, que habitan en todas las latitudes del Planeta y, por tanto, sin duda alguna, seguro que también en Valladolid. Es más, allí moran muy especialmente y en gran cantidad, si hemos de tomar como referencia una de las novelas  -“Las ratas”-  de la que es autor uno de los más preclaros hijos de Valladolid, Don Miguel Delibes, que en paz descanse.

Que León es “antes que” y “antes de”, no lo saben solamente las ratas de Valladolid, sino que lo supo también una rata nacida por desgracia en el propio León  -en la Provincia-  de muy discutible talento, político y humano, excepción hecha, probablemente, del dominio de los 26 Puntos Programáticos de la Falange, con el debido respeto a aquel gran soñador  -también orteguiano, como humildemente lo soy yo mismo- que tanto amó a España y se llamó José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, III Marqués de Estella (Madrid, 24 de Abril de 1903 – Alicante, 20 de Noviembre de 1936). Pero, aquel funesto sujeto, que decía seguir sus pasos, fue prácticamente el artífice exclusivo de que en León, (crucificado ya en el siglo XIX, cuando se efectuó la división administrativa de España, con la creación de las Universidades, y de las Regiones militares y Provincias Eclesiásticas, entre otras circunscripciones), culminase el parón del reloj de la Historia, detenido ya en 1230, y fuese “rematado”, en el post-franquismo, excluyéndolo de esta pamema de las “Autonomías”. Bien mirado, con verdaderos ojos de auténtico patriotismo español, nos queda el consuelo de no haber contribuido a semejante ruina, pero también la amargura de sufrir el desprecio hacia nuestra gloriosa Historía, como si León no ocupase  -y por algo será-  todo un cuartel entero en el escudo de España.

Ocasión perdida de reparar alguna otra arbitrariedad, aunque más bien también debida al caciquismo y baja estatura humana de otros “patriotas” leoneses, de similar o análoga catadura. Porque, en realidad el reloj de la historia leonesa, y de su economía, no se paró en 1230, cuando Fernando III, el Santo, que era hijo de un leonés, Alfonso IX, decidió unir León y Castilla para siempre. Se paró mucho después, cuando la multinacional francesa Fasa-Renault, a punto de instalare en León, lo hizo en Valladolid, poniendo en hora y marcha desde entonces el de la Ciudad esteparia. Ahora, para rematar el proceso de atropello e indefensión, esta paramera urbe, se ha hecho con la capitalidad de todo un territorio, con el que jamás pudo soñar, con el que nada tiene que ver y que le cae muy lejos. ¿O acaso saben en Valladolid donde se sitúan la Peña de la Canda, Posada de Valdeón u Oseja de Sajambre? ¿Acaso no están tales lugares más lejos de Valladolid que  -poniendo en prosa a Calderón-  Valladolid de Gante? Es decir, de Bruselas, donde dicen que se cuece hoy todo en Europa. Pero, para los leoneses, es un insulto que nada de cuanto les afecta pueda cocerse en Valladolid, que ya ni les mira siquiera. Tan sólo mira hacia Madrid, por ver si puede engordar un poco más. Para eso, mil veces mejor el “centralismo” de Madrid. A pesar del General Franco. Luis Madrigal.-








lunes, 26 de septiembre de 2011

UN CANTO PUDOROSAMENTE SACRÍLEGO




PARA ENTRAR EN EL CIELO,
NO HACE FALTA MORIR


Soñaba antaño ser  -blanca-  una nube
para entrar en el cielo por la altura
y gozar, junto a ti, de la hermosura
de la luz celestial, como un querube.

Un copo de algodón, que sube y sube,
hasta alcanzar de amor suave ternura.
Soñaba que crecía mi andadura
y ya en el cielo había lo que hube.

Tendría que morir, dejar el suelo
sobre el que ahora camino, y sus rastrojos...
Tendría que emprender un alto vuelo

y pudrirse en la tierra mis despojos.
Mas, pronto vi que, para alzarse al cielo,
no hace falta morir... Bastan tus ojos.




Luis Madrigal







viernes, 23 de septiembre de 2011

HA LLEGADO EL OTOÑO



Son en Madrid ahora mismo las 11 horas y 5 minutos del día 23 de Septiembre. Acaba de comenzar el Otoño en España. Todavía no han de caerse las hojas de los árboles. Este “primer Otoño”, es dulce y plácido, quizá aún más que el verano. Más reflexivo y quieto, puesto que camina hacia los días más breves y oscuros, los del Invierno, en los que baja la niebla desde las altas cumbres, para quedarse prendida en las esqueléticas y desnudas copas de los árboles. También, cada ser humano, camina cada día hacia su futuro desnudo y esquelético, sin solución de continuidad posible. A veces, se arrastra en soledad y busca los ocres colores otoñales, como amoroso refugio en el que el recuerdo llene sus horas.  Este misterio del tiempo, nunca pasa, pero nos pasa, nos envuelve poco a poco, y pretende terminar en la nada. No me llevará a mí a ese lugar inimaginable, nunca posible, de vacío absoluto y eterno... De conmovedora y esperpéntica abstracción de lo que “no es”… ¡La nada! No, no me arrastrará allí. A tal intento nihilista y desintegrador, opongo la Esperanza… Sin duda, me conducirá a la muerte, pero ni el tiempo podrá advertir siquiera que, para mí, la muerte será la Vida. Luis Madrigal.-



 

miércoles, 21 de septiembre de 2011

MÁS RESPETO, VAQUEROS...



Desde luego, resulta comprensible para todo aquel que hace o produce algo -y cada vez más, por el camino que vamos-  la presencia común de la publicidad. Humildemente, tan sólo era llamada antes "propaganda", pero las modernas técnicas "científicas", ostentosamente pretenden convertirla en cosa de más altos vuelos. He ahí el "marketing". Otra "necesidad" para poder vender algo, aun cuando se trate de cacerolas o de papel higiénico. No obstante, según tengo entendido, la publicidad es ciencia de distinta rama a la del "marketing", aunque pueda o deba ser encuadrada en el tronco común de todas esas ciencias que no lo son, incluida, por ejemplo, la Sociología positiva, o "método de la encuesta", tantas veces practicada por los vendedores de "kleenex" al lado de un semáforo.

Sin embargo, quienes profesan semejante ciencia  -la publicidad-  y se llaman a sí mismos "publicistas", como si se tratara del propio Maurice Hauriou (mucho más que los ingeniosos y verdaderos artistas que la ilustran con sus dibujos y pinturas), deberían imponerse también a sí mismos un cierto límite  -naturalmente, de orden estricta y rigurosamente cultural-  a fin de no lesionar principios o bienes sumamente respetables, como por ejemplo la Música o el Arte. ¿Quién no ha presenciado la sacrílega degradación de Beethoven o de Leonardo Da Vinci, en algunos de esos asquerosos anuncios producidos para vender papel higiénico, u otro producto por el estilo? También deberían ser mucho más respetuosos con la Historia. Por lo tanto, con las figuras, si se quiere no más excelsas, pero sí que han procurado y conseguido en algún momento el bienestar de colectividades enteras. ¿Quién no ha reparado alguna vez  -en esa peste de la TV o fuera de ella-  en que el "genio" de quienes se hacen llamar "publicistas" sin saber siquiera qué significa eso, profana torpe y alevosamente, con la mayor impunidad, verdaderas obras de arte? Tan repulsivo fenómeno se hace notar quizá más en la Música que en la Pintura, pero también ésta ha sido demasiadas veces objeto de mofa, con el pretexto o la intención de vender algo.


Y algo similar, a mi modesto juicio, según he podido comprobar por mí mismo recientemente, ha sucedido con el título atribuido a un cartel que en estos días anuncia leche de vaca y circula masivamente por Las Navas del Marqués, Provincia de Ávila, y que es el que ilustra esta entrada. Es insultante e ingrato que se llame a una vaca "La Marquesa de Las Navas", después de haberlo sido, además de Duquesa de Medinaceli y de Denia y Tarifa, la Excma. Sra. Doña Ángela Apolonia Pérez de Barradas y Bernuy, una de las personalidades más destacadas de la sociedad madrileña y española en la segunda mitad del siglo XIX. Amiga y protectora del gran poeta José Zorrilla, y de la que el Marqués de Valdeiglesias pudo decir que “tuvo la arrogancia, la finura y la suave modulación del gracejo andaluz que caracteriza a la mujer cordobesa”. La descripción del Conde de Romanones es aún más señera: "He conocido a no pocas damas de gran linaje; pero sin ofenderlas afirmo que la Duquesa Ángela de Medinceli era un ejemplar único: todo lo reunía. En lo físico, de elevada estatura, tan bien proporcionada que no llamaba la atención por su talla, sino por su talle; la tez morena, de ojos garzos, pequeños, con un estrabismo apenas perceptible, pero llenos de gracia; de cejas pobladas; breve y correcta la nariz; de boca bien dibujada, ligeramente sombreada de vello, acentuando su atractivo. A los sesenta años era todavía una hermosa mujer y, aun cumplidos los setenta, a cierta distancia producía buen efecto". Ya en sí mismos, tales rasgos guardan radical lejanía con los de una vaca, por buena y nutritiva pueda ser su leche.

Pero además, sus habituales contertulios eran Alonso Martínez, Castelar, Romanones, Zorrilla, Nuñez de Arce, Velarde, Echegaray, Manuel del Palacio, Moya, el marqués de Cerralbo y otros de similares caraterísticas. Y ella, evitaba en lo posible la presencia de señoras que desvirtuasen la amena conversación de aquellos intelectuales y hombres inteligentes. Colaboró con Concepción Arenal, fue la fundadora de La Cruz Roja Española y, durante la guerra de Africa, en los salones de su palacio se instaló un taller donde se hacían prendas para los heridos. Pese a ello, en mi humilde opinión, su mejor obra fue la de la plantación de numerosísimas hectáreas de pinos resineros, precisamente en Las Navas del Marqués, para lo cual trajo a España a resineros franceses, que introdujeron a los lugareños en la técnica, emprendiendo una actividad industrial, resinera y maderera, de notable influencia. Aún hoy, se conservan esos inmensos pinares, aunque ya la resina haya pasado su época, llenos de calma y de sosiego para el espíritu. De todo ello se benefició en notable medida, y aún puede disfrutarlo el pueblo de Las Navas, que en consecuencia debería honrar su memoria de modo más delicado, en lugar de insultarla, como si se tratase de algún "choto" más. No todo lo de allí puede ser capítulo de vacas y de vaqueros. Yo, sinceramente me entiendo republicano, de conciencia y de sentimiento, porque creo que la verdadera "aristocracia"  -en su sentido más etimológico-  es la de la inteligencia, la de la Ciencia y el Arte, como repetía Cajal, al final de sus días académicos, a sus alumnos de Medicina. Pero también creo, con la misma firmeza y devoción, que a quienes hacen algo verdaderamente provechoso y útil a la comunidad  -precisamente por ser verdaderos "aristócratas", al margen por completo, incluso tal vez "a pesar" de sus títulos nobiliarios- ha de guardárseles el debido y necesario reconocimiento.

Solicito humildemente, por ello, del Sr. Alcalde-Presidente del Ayuntamiento de Las Navas  -por si el mismo tiene algo que ver en el asunto y está dentro de sus potestades administrativas-  la inmediata retirada de tan repugnante cartel de propaganda. Por injusto, por inculto y por ser de pésimo gusto. ¡Claro que  donde Doña Ángela plantó aquellos inmensos pinares, no fue en el pueblo de Las Navas...! Lo hizo en los parajes de lo que, también gracias a ella  -que cedió al efecto terrenos de su propiedad-  terminó siendo "La Estación", la Estación del Ferrocarril, cuya población se encuentra en estado de verdadero abandono por parte de un Ayuntamiento que sistemática y reiteradamente incumple sus obligaciones mínimas, tal vez porque, según he oído decir, a su vez ha dicho el Señor Alcalde, allí no le vota nadie. Aún así. Luis Madrigal.-


A Doña Ángela,
que disfrutará desde la tumba
la deliciosa música, tan española, de Luigi Boccherini,
en reparación de semejante y grosero insulto